Archivos para noviembre, 2010

Paderborner Domchor – Veni Veni Emanuel

Publicado: noviembre 30, 2010 en Música

¡Oh ven!, ¡Oh ven, Emanuel!
Libra al cautivo Israel,
Que sufre desterrado aquí,
Y espera al Hijo de David.
Estribillo:
¡Alégrate, oh Israel!
Vendrá, ya viene Emanuel.

 

¡Oh ven, Tú, Vara de Isaí!
Redime al pueblo infeliz
Del poderío infernal
Y danos vida celestial.

¡Oh ven, Tú, Aurora celestial!
Alúmbranos con tu verdad,
Disipa toda oscuridad,
Y danos días de solaz.

¡Oh ven, Tú, Llave de David!
Abre el celeste hogar feliz;
Haz que lleguemos bien allá,
Y cierra el paso a la maldad.

Escrito originalmente en latín por autor desconocido,  siglo XI d.C.

 

Envejecer

Publicado: noviembre 29, 2010 en Meditaciones

por Enric Capó
Meditaciones

Envejecer no es madurar. Madurar es llegar, como persona, a lo más elevado de mis posibilidades humanas. Envejecer, en cambio, es camino de descenso, de renuncias, de pérdidas. Es, por tanto, un camino cargado de nostalgias, de una cierta amargura, de sensaciones de dejar de ser, de no importar, de no servir. Desde lo alto de la cresta de la montaña –como dice un popular canto espiritual- miramos hacia abajo y vemos el río que hemos de atravesar. Sabemos que nunca habrá camino de subida. Nosotros –o la vida misma- nos lo podemos hacer más fácil, podemos crear espacios o tiempos de gozo y de diversión, pero el camino es finalmente inflexible.
Nuestra sociedad no ofrece muchas oportunidades a los ancianos. Apenas les permite convivir con todos los demás. Ya no hay lugar para ellos en los espacios normalmente pequeños donde viven las familias. Se los segrega. Se los aloja en instituciones especializadas. Se les ofrece una cierta comodidad, unas atenciones sanitarias adecuadas, pero los ancianos con los ancianos. Que se lo pasen muy bien entre ellos, pero la presencia de los más jóvenes en su vida se hace cada vez más esporádica. Envejecer es ir quedándose solo. Unos, los amigos, porque van muriendo y nos dejan. Otros, porque se ocupan en otros caminos y desaparecen de la vida de los mayores.

Pero no todo es triste en este período de la vida. Al contrario, puede ser un período hermoso y creativo si lo vivimos, no en la resignación de no poder evitarlo, sino en la ocupación de centrarnos en el valor y las posibilidades de la vida presente y de la del Espíritu. Jesús nunca envejeció. No se lo permitimos. Lo matamos en plena juventud. Pero él nos enseña a vivir en la acción comprometida y en la esperanza de las cosas mejores. Nos introduce en un camino que siempre es de subida y nos invita a vivir cara a la eternidad. Y esto no quiere decir sólo cara al futuro. Quiere decir, sobre todo, cara a las cosas que perduran, que no mueren, que nunca se acaban.

Envejecer, pues, ofrece al creyente la posibilidad de volver a la soledad interior, a la profundidad de la vida, allí donde Cristo se hace presente. Frente a la decadencia del cuerpo, encuentra compensaciones en el cultivo de la vida del Espíritu y en el servicio generoso a los demás. La sensatez que suele acompañar el proceso de envejecer puede darle herramientas suficientes para hacer de este período de la vida una época de crecimiento, al estilo del apóstol Pablo: “aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” (“ Co 4,16).

La fe ha de ser el elemento clave en esta etapa de la vida. Evita que sucumbamos a la presión negativa de nuestra sociedad que lleva a los ancianos a sentirse inútiles o, ahora que hay pensiones de jubilación aceptables, a ser considerados sólo como consumidores potenciales. Ser cristiano es mantener el valor de la vida y de la esperanza. Es cierto que envejecer es, humanamente, la última etapa de la vida, pero no somos seres derrotados que aguardan el fin inevitable. Somos vencedores que esperan la gran victoria de la vida: volver a la casa del Padre. Y, en esta espera, Jesús da la oportunidad, también a los ancianos, de vivir en esperanza e ilusión. En el horizonte del cristiano no hay una tumba, sino una cuna. Hay una nueva vida que nos espera y que nos invita a continuar aquí y ahora nuestra tarea de dar testimonio y servir.

Copyright © 2010 Iglesia Evangélica Española, una iglesia protestante


Noviembre 29, 2010.


Esta mañana a las 11:30 am. El Dpto. de Inmigraciones de la ciudad de Los Angeles (ICE por sus siglas en Inglés) decidió no deportar a la pastora Margarita Monzalve y conceder más tiempo para estudiar su caso.

La presencia de una delegación numerosa de apoyo, una lista de 2, 000 peticiones y mas 100 cartas de apoyo firmadas por obispos, pastores y líderes denominacionales fue parte del paquete que presentó la defensa de la pastora esta mañana.
Una vez dentro de las instalaciones del ICE solo permitieron a La pastora Margarita estar representado por el abogado Chris Scherer y el pastor Walter Contreras. Quienes entregaron la documentación de la defensa respectiva, preparada por Peter Schey & The Center for Human Rights and Constitucional Law.

El Rev. Contreras manifestó al oficial asignado, sobre el apoyo abrumador y la preocupación de la comunidad religiosa mediante la presentación de las peticiones y la lista de los firmantes. Solo bastaron esperar 15 minutos para que el ICE diera la noticia que se suspendía la deportación y volverían a revisar su caso.

Estamos seguros que el apoyo que recibió la pastora Monzalve de la comunidad de Fé ha sido poderosa y determinante para que se reabra su proceso y se detenga la deportación inminente que se debía cumplir esta mañana.
A la salida de los recintos del ICE, había una atmósfera de alegría y esperanza en toda la delegación.
Gracias a Dios y a la sensible comunidad de Fé que acompaña a la pastora Margarita en estos momentos cruciales de su vida.

Noticias PdD Artículo & Fotografía Samuel Nieva

Shalom: vida en abundancia

Publicado: noviembre 29, 2010 en Iglesia, Misión Integral, Teología

Por René Padilla

“El ladrón no viene más que a robar, y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (Juan 10:10).

La vida “en abundancia” en referencia a la cual Jesús define su misión es la vida que en el Antiguo Testamento se define en términos de shalom, vocablo hebreo cuyo sentido es tan rico que en la antigua traducción griega del Antiguo Testamento (denominada Septuaginta o Versión de los Setenta) se usan más de veinticinco palabras griegas para traducirlo. Shalom es prosperidad, salud integral, bienestar material y espiritual, armonía con Dios, con el prójimo y con la creación. Shalom es plenitud de vida.

Desde este punto de vista, no se justifica la concepción de la vida plena en términos exclusivamente espirituales. La teología según la cual la vida que Cristo ofrece es una vida ultramundana, más allá de la historia, está emparentada con el pensamiento griego con su énfasis en la dicotomía entre la eternidad y el tiempo, el alma y el cuerpo, lo espiritual y lo material. Necesita ser corregida por la visión bíblica, para la cual la esperanza escatológica incluye una nueva creación—”un cielo nuevo y una nueva tierra” (Is 65:17)—y la resurrección del cuerpo.

La vida “en abundancia” o “eterna” es la vida del Reino de Dios que ha irrumpido en la historia en la persona y obra de Jesucristo y que culminará en la segunda venida de Cristo, la Parusía. Es la vida en que, aquí y ahora, todas las cosas son hechas nuevas por el poder de Dios (cf. 2Co 5:17); es vida que deriva su calidad de la relación con Dios y se manifiesta en todas las esferas de la sociedad, en el trabajo, en la familia y en la iglesia.

Los que, en conformidad con la misión de Jesucristo, promueven la plenitud de vida no pueden menos que tomar a pecho las difíciles cuestiones que plantea el sistema económico actual, un sistema que define la vida en términos de tener en lugar en términos de ser. La vida “en abundancia” no es vida en que abundan los bienes materiales. La vida “en abundancia” es la vida en que se cumple cabalmente el propósito para el cual Dios la creó y la sustenta; es la concreción del amor y la justicia del Reino de Dios. Se la fomenta en la medida en que se vive conforme al propósito de Dios, se anuncia el mensaje de la vida en Cristo, se denuncia toda necrofilia, y se actúa en servicio de la vida en todas sus dimensiones.

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`El dinero es dios´ en Wall Street

Publicado: noviembre 29, 2010 en Cine, Teología

JOSÉ DE SEGOVIA

“La ambición es uno de los grandes problemas del ser humano”, dice Oliver Stone. En las dos películas que ha dirigido sobre Wall Street, él cree que la pregunta es la misma: “¿Qué es lo que alguien puede llegar a estar dispuesto a hacer por dinero?” Este es el dilema que tiene que afrontar Gordon Gekko, el poderoso ejecutivo de la bolsa de Nueva York –interpretado por Michael Douglas– que tiene en la avaricia su religión. “La crisis en la que estamos es una consecuencia en definitiva” –para Stone– de que “el dinero es Dios”.

23 años después del film original, el director ha hecho una secuela de Wall Street con el subtítulo: El dinero nunca duerme. Esta extraña continuación hace una crónica del paso del tiempo que ha hecho que esta sociedad considere legal, lo que en los años ochenta llevó a Gekko a la cárcel. Si en 1987 Stone destapaba la corrupción interna del entonces glamoroso y admirado mundo de la bolsa, que consideraba la codicia “buena”, ahora muestra cómo “la codicia es legal”. El abyecto bróker busca su redención por la recuperación del amor perdido de su hija. Un giro sorprendente, que ha hecho que muchos califiquen al film de conservador y convencional, cuando en el fondo resulta tan extraño e imprevisible como el original.

Cuando Stone hace la primera película en 1987, hubo un lunes negro en octubre, en que la bolsa perdió más de quinientos puntos, haciendo tambalear el sistema financiero con el terremoto más intenso desde el crack del 29. El director decidió entonces fechar la acción en 1985, cuando la inestabilidad imperaba en los sistemas bursátiles. Mero oportunismo, pensaron algunos, cuando el realizador le daba vueltas a una película sobre el mundo de las finanzas desde que escribió el guión de El precio del poder para Brian de Palma y Al Pacino en 1983.

HIJO DE UN BRÓKER
El padre de Stone fue bróker en Wall Street toda su vida. Este agente de bolsa judío no era un hombre rico, pero pudo enviar a Oliver a estudiar a Yale, donde fue compañero de Bush. Su carrera muestra la mala conciencia del pensamiento liberal en Estados Unidos. Si su padre era republicano y odiaba a Roosevelt, a sus 64 años, Stone sigue describiendo en una reciente entrevista su enfrentamiento a la ideología paterna como “la batalla de su vida”. Su cine no es la obra de un provocador y oportunista, sino un continuo ejercicio de exorcismo de su mala conciencia –como claramente ha demostrado Marga Durá en su brillante estudio sobre el realizador en Dirigido Por–.

Stone no sólo revisita sus vivencias, sino se pregunta por lo que no vivió y le hubiera gustado experimentar. Si en Platoon (1986) cuenta sus recuerdos de Vietnam, en The Doors (1991) se imagina cómo debería haber sido el verano del amor y las drogas. “El cine se convierte para el autor –dice Durá– en un modo de saldar las deudas pendientes con lo que fue y lo que quiso ser”. Esto hace que sus películas resulten a veces desconcertantes.

Las motivaciones de Stone tienen poco que ver con lo cinematográfico y todo con su realidad vital. Sus muchos detractores le juzgan generalmente por razones ideológicas, cuando en su obra se borra la frágil frontera entre el personaje y su autor. Una de sus excentricidades más curiosas es la forma como se identifica con el protagonista de sus películas. Aunque hay actores del método que se comportan como el personaje que van a interpretar –estilo Pacino–, no hay directores que se metan en la piel de sus personajes, como hace Stone.

Cuando hace Salvador (1986), el director sale de juerga salvaje con el protagonista. En Platoon se comporta como un comandante con los actores. Mientras hace las dos partes de Wall Street, se le puede ver en todas las fotos del rodaje luciendo trajes caros, a la vez que invierte en la bolsa. Al realizar Nacido el 4 de julio (1989) se siente aquejado de muchos males, que los médicos diagnostican como psicosomáticos. En la filmación de The Doors toma peyote y se marcha de los bares de Sunset Boulevard sin pagar. Todo esto resulta grotesco, para una industria que ya no ve el cine más que como un medio de entretenimiento.

EN BUSCA DE REDENCIÓN
Como dice Ángel Sala, la segunda parte de Wall Street es “una reflexión sobre el paso del tiempo”. La frialdad del thriller inicial se convierte ahora en un drama sentimental. Cuando todos esperan un polémico análisis de las causas de la actual crisis económica, Stone muestra al maduro Gekko en busca de redención. En el agrietado rostro de Michael Douglas se puede ver todo lo que ha pasado, hasta el cáncer que todavía no le habían diagnosticado al actor y lo ha convertido probablemente en su última película. El principio no puede ser más prometedor. Gekko sale de la cárcel con su viejo teléfono móvil, extrañado ante la limusina que espera al recluso afroamericano, que acaba de ser liberado con él.

Los nuevos valores de Wall Street son gente sana como el personaje que interpreta Shia LaBeouf. Nada de las fiestas salvajes de los ochenta. No se exhibe la cocaína o la prostitución de lujo. La película se desdibuja cuando la acción se concentra en los jóvenes protagonistas, pero gana fuerza cuando se centra en los personajes más viejos. Veteranos como Frank Langella o Eli Wallach hacen papeles impresionantes. La relación entre maestro y alumno, aprendizaje y redención, está en la clave de este díptico, que busca ahora rehabilitar a Gekko.

No es extraño que el tema de la reconciliación con el padre sea el que despierte los más profundos sentimientos del maduro Stone, buscando reconciliarse con la memoria del padre bróker con el que ha estado luchando toda su vida. Esa es la explicación del carácter melancólico y sensible de una conclusión, que se olvida de las conspiraciones financieras, para hablar de asuntos más íntimos. No son concesiones comerciales, sino ansía de redención, lo que lleva a Stone a buscar el padre que hay en Gekko.

LA AMBICIÓN QUE SIRVE AL DINERO
Fue Nietzsche ya el que observó que la ausencia de Dios en la cultura occidental había sustituido la divinidad por el dinero: “Lo que antes se hacía por amor a Dios, ahora se hace por amor al dinero”. La cultura de la codicia ha dominado este nuevo milenio, donde la avaricia ya es legal. No es sin embargo un problema nuevo. Jesús advierte más sobre el peligro de la codicia, que el del sexo. Lo sorprendente es que nadie parece sentirse culpable por ello.

El Evangelio nos habla de Zaqueo, un recaudador de impuestos (Lucas 19), despreciado por la sociedad. En aquella época Israel era además una nación conquistada. Los romanos oprimían a los judíos con impuestos, utilizando a estos agentes como colaboradores. Todo el mundo los despreciaba. Un “pecador” (v. 7) era alguien marginado. ¿Qué llevaría a un hombre como ese a tener semejante ocupación?, ¿dónde estaba la atracción de traicionar a tu familia y vivir como un paria en tu propia sociedad? La respuesta es clara: el dinero.

El recaudador de impuestos estaba autorizado a sacar beneficio de lo que cobraba. Pedía más dinero de lo que daba al gobierno. Hoy llamaríamos a eso extorsión. Era una actividad enormemente lucrativa. Zaqueo era además un recaudador “principal” (v. 2), que estaba a la cabeza misma del sistema. Era alguien rico, pero odiado.

Pablo dice que la codicia es una forma de idolatría (Colosenses 3:5; Efesios 5:5). Ya que no es sólo amor al dinero, sino algo que produce una increíble ansiedad. Jesús por eso nos advierte que “la vida de un hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12:15). Porque la codicia hace que uno se defina por lo que tiene y consume. Basamos nuestra identidad personal en el dinero.

GRACIA LIBERADORA
Los idólatras aman, confían y obedecen a sus ídolos. Si “el dinero es un dios”, como Stone dice, lo podemos amar, confiar y obedecer. Lo amamos, porque nos pasamos el día pensando en nuevas formas de hacer dinero, fantaseando en cosas que comprar y envidiando a los que tienen más que nosotros. Confiamos en él, porque sentimos que nos da control sobre nuestra vida, nos ofrece seguridad y esperanza. Lo obedecemos, porque como Gekko, somos capaces de “vender nuestra alma” por dinero.

Si vivimos para el dinero, somos esclavos del dinero, aunque digamos que servimos a Dios (Lucas 16:13-15). Si decimos que nuestra identidad y seguridad está en Él, no podemos estar dominados por la ambición y la ansiedad. Ya que no podemos servir a dos señores. Jesús ve por eso a mucha gente religiosa tan perdida, como las prostitutas y los corruptos recaudadores de impuestos. Al llamar al avaricioso Zaqueo (Lc. 19:3-7), queriendo no sólo hablar, sino comer con él, Jesús nos muestra que la salvación es por gracia, no por reforma moral o cumplimiento de la ley.

No era Zaqueo, sino Jesús, el que quiso entrar en su vida. Es por gracia que él descubre la generosidad, yendo más allá de lo que la ley exigía, dando cuatro veces más de lo que debía (vv. 8-10). Aquel que no diezmó su vida y su sangre por nosotros, nos hace “deudores a su gracia”, queriendo entregarle nuestra vida. La salvación de Dios no viene en respuesta a una vida cambiada, sino que nuestra vida cambia en respuesta al regalo de su salvación. La pregunta de Zaqueo no es cuánto tengo que dar, sino cuánto puedo dar. ¿Qué puede cambiar nuestro codicioso corazón en verdadera generosidad? ¡Sólo la gracia transformadora de nuestro Señor Jesucristo!

No te tienes que preocupar por el dinero, en la cruz Dios nos muestra que Él cuida de nosotros y nos da seguridad. No necesitamos envidiar el dinero de otros, su amor y salvación nos da una identidad que el dinero no puede darnos. El dinero no puede redimirnos de la tragedia de nuestra vida. Hace falta un amor mayor que el que Gekko siente por su hija, para liberarnos de la tiranía que el dinero tiene sobre nosotros: El amor de Aquel que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros (2 Corintios 8:9).

Su gracia es la que nos enriquece, dándonos un tesoro en los cielos (1 Pedro 2:9-10). Porque ¿dónde estará sino tu tesoro, cuando todo te falte? La herencia de Dios es tener a Dios como un Padre eterno. Su amor nunca nos fallará. La satisfacción que Él nos da, no es comparable a nada de lo que el dinero nos puede ofrecer. ¡Él nunca nos decepcionará!

José de Segovia es periodista, teólogo y pastor en Madrid

© J. de Segovia. ProtestanteDigital.com

El pan y la Palabra

Publicado: noviembre 29, 2010 en Iglesia, Misión Integral, Teología

JUAN SIMARRO

La alimentación por parte de Jesús a las multitudes, nos enseña que los cristianos no sólo necesitan compartir la Palabra. Este compartir no siempre es algo preferente. Sin embargo, en muchas ocasiones, los cristianos tienden a hacer del compartir la Palabra un acto único y autosuficiente, con lo cual dejamos el Evangelio mutilado.

Así pensaban también los discípulos en el episodio de la multiplicación de los panes y los peces por parte de Jesús. Jesús está en el desierto rodeado de multitudes que se describen “como ovejas sin pastor”. Tiempo y tiempo con Jesús hasta que se hace tarde. Sus estómagos estaban vacíos. Seguían a Jesús y querían permanecer con él para escucharle… y recibieron su enseñanza. Los discípulos, como muchos de los cristianos hoy, pensaron que ya era suficiente y que había que despedirlos. Ya iban espiritualmente alimentados.

Así, estos discípulos que aún tenían mucho que aprender del Maestro, se dirigen a él y le dicen: “Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y compren pan…” Pero Jesús les hace entender que ni él ni los discípulos están solamente para enseñar, para verbalizar el mensaje, sino también para alimentarlos en su hambre física, en sus estómagos vacíos: “Dadles vosotros de comer”. Así, cuando los discípulos habían hablado de comprar, Jesús les hace cambiar su posicionamiento mercantilista y les habla de dar, verbo más adecuado para el “ya” del Reino que irrumpe con la figura de Jesús.

Es la diferencia que hay entre la lógica del mundo y la lógica de Jesús. Los discípulos aún estaban en la lógica mercantilista de este siglo, de los sistemas económicos en los que no se fundamenta el cristianismo. Siguen pensando en que cada hombre debe comprar sus cosas. Y, quizás, si alguien no puede es su problemática. Pero Jesús cambia esta lógica mercantilista por la lógica de la solidaridad de aquellos que le iban a seguir y formar una nueva comunidad. Ni siquiera se trataría de que los más ricos o los mismos discípulos comprasen algo para darles después de manera asistencialista. No debe estar el que puede comprar para dar y el que, en pobreza, recibe. En la lógica del Reino no hay asistencialismos paternalistas. Se ha de mirar lo que se tiene y darlo, repartirlo igualitariamente.

En la lógica de Jesús cada uno tiene que mirar sus despensas, sus cestos o sus bolsillos, ver lo que se tiene y ponerlo a disposición de todos los hambrientos. No debe haber hambre ni tampoco acumuladores en la nueva comunidad de seguidores de Jesús. Así, se da la pregunta de Jesús: “¿Cuántos panes tenéis?” Esta sigue siendo la pregunta de Jesús a sus seguidores en todo el mundo. ¿Cuánto tenéis?, porque hay mucha gente que tiene hambre. No importa que seas un creyente del NORTE rico o del SUR empobrecido. Saca lo que tienes y ponlo en las manos del Señor para que sea distribuido igualitariamente. Esa es la lógica del Reino que irrumpe con el Maestro. Es la única forma de romper con el sistema mercantilista regido por el dios Mammón y entrar en la lógica del Reino de Dios. La lógica del Reino comienza con compartir. Compartir no sólo la Palabra, sino también el pan. Ser cristiano es compartir el Pan y la Palabra. El Reino de Dios se da allí donde ambas cosas se comparten.

La otra cosa que aprenden los discípulos es que, fuera de la lógica del comprar y dentro de la lógica del compartir, los seguidores de Jesús tienen otra función importante. Jesús partió los panes y los entregó a sus discípulos para que los pusiesen delante de los hambrientos. Esto era ya una labor diacónica, una labor de servicio. Deberían convertirse en siervos y poner el pan delante de estos comensales cansados y hambrientos. Por tanto, la lógica del Reino ya no es la lógica del poder económico que todo lo puede comprar, sino la lógica de quien quiera ser el primero, debe ser el servidor de todos. Se trata de una lógica cristiana que no se basa en el destacar ni en el tener dinero o poder, sino en tener capacidad de servicio. Y que nadie se atreva a decir que quiere seguir a Jesús fuera de estas líneas.

Lo importante es creer que esta lógica del Reino es posible. Que se puede dar de comer a una multitud con unos panecillos. Los discípulos también tuvieron que creer y pasar de su pregunta “¿qué es esto para tantos?” a una lógica de confianza y comenzar a recostar a la gente sobre la hierba. Cuando está la disposición de compartir y se cree, todo es posible… hasta vaciar los bolsillos, los cestos y los almacenes cambiando nuestra mentalidad mercantilista y nuestra lógica de este siglo, por la lógica del Reino, del dar y del servicio. Sería el principio de una nueva justicia: la del Reino en donde se da, en donde se comparte el pan y la palabra.

Juan Simarro es Licenciado en Filosofía, escritor y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid


© J. Simarro. ProtestanteDigital.com

Cisneros ¿precursor de la Reforma?

Publicado: noviembre 29, 2010 en Historia, Iglesia

CÉSAR VIDAL

De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (IV): En España no hubo Reforma (1)

Durante siglos se ha insistido en la afirmación de que España fue una de las naciones europeas donde no arraigó la Reforma protestante del s. XVI y que era lógico que así fuera porque sus antecedentes la obligaban a optar por el campo de la Contrarreforma de manera inexorable. En otras palabras, no hubo protestantismo como si algo casi genético impidiera a un español ser protestante y cuando se da un caso semejante nos encontremos ante una verdadera rareza. Semejante afirmación sólo puede ser fruto de la ignorancia o de la conveniencia porque la verdad histórica es muy diferente. En España, la Reforma prendió con un éxito notable si se tiene en cuenta el peso de la Inquisición y la política de los Austrias totalmente al servicio de la Contrarreforma. Si, al fin y a la postre, esa Reforma fue extinguida no se debió a otra circunstancia que a la sangre y el fuego expandidos por la Inquisición.

Los siglos XIV y XV estuvieron caracterizados entre otros aspectos de relieve histórico por un sentimiento de creciente y gravísima crisis en el seno de la iglesia católica. Durante aquellos agitados años, la corte papal se trasladó de Roma a Avignon para satisfacer los intereses de los reyes de Francia produciéndose lo que se ha dado en denominar la Cautividad babilónica de la iglesia (1305-1377); se produjo el denominado cisma de Occidente (1378-1417)- en virtud del cual existieron simultáneamente dos papas que se excomulgaban entre si y que se presentaban respectivamente como el único pontífice legítimo-fracasaron los intentos por restaurar la unidad entre el papado y el patriarca de Constantinopla pese a la amenaza turca que terminó aniquilando Bizancio en 1453 y se multiplicaron las voces de aquellos que, como John Wycliffe o Jan Huss, deseaban una reforma en profundidad de la iglesia no sólo en el ámbito moral sino también en el teológico.

El hecho de que además algunos papas fueran, fundamentalmente, príncipes italianos volcados en aumentar sus posesiones o de que Bohemia hubiera sobrevivido con una visión distinta del cristianismo permite afirmar, con el historiador católico Joseph Lortz, que la unidad del cristianismo occidental ya estaba rota antes de la Reforma protestante. Insistamos en el aspecto “occidental” porque la ruptura de la comunión con Oriente ya se había producido durante la Edad Media al plantear el obispo de Roma unas pretensiones que las denominadas iglesias ortodoxas encontraron inaceptables y carentes de base histórica.

No resulta extraño que en un contexto tan crispado como el del s. XV los mejores teólogos de Occidente sostuvieran la tesis de la superioridad del concilio general sobre el papa (¿quién podía asegurar que el papa no podía convertirse en un hereje tras antecedentes en ese sentido como los de los papas Honorio o Vigilio que habían caído en la heterodoxia?) o que se iniciaran los primeros intentos de publicar textos críticos del Nuevo Testamento en su lengua original.

Desde luego, si algo parecía indiscutible a finales del s. XV era que la iglesia occidental necesitaba una reforma, que ésta tenía que operarse en profundidad y que el momento de su inicio no podía verse retrasado indefinidamente. Una posición de ese cariz era defendida por personajes que iban de Lorenzo Valla a Erasmo, de Tomás Moro a Luis Vives. Y no se trataba de una posición alarmista o absurda. Un católico tan fiel y piadoso como Johann Geyler von Kayserberg (1445-1510) afirmaría que “la Cristiandad está destrozada de arriba abajo, desde el papa al sacristán, desde el emperador hasta los pastores”. No exageraba un ápice. Como señalaría ya en el s. XX, el historiador católico J. Lortz, las “fuerzas puras” habían sido borradas y, por otra parte, los intentos de reforma quedaron circunscritos –y aún eso por muy poco tiempo– al seno de las órdenes religiosas.

De manera bien significativa, los primeros pasos para realizar esa indispensable Reforma fueron dados en España. Paradójicamente además, los esfuerzos reformadores comenzaron no en la base -más o menos ilustrada- sino en la cúpula jerárquica. La figura dominante de este período -y no sólo en el área espiritual- fue el cardenal Cisneros. Nacido en 1436, su muerte se produjo en noviembre de 1517, tan sólo ocho días después de que Martín Lutero clavase en las puertas de la iglesia de Wittenberg sus famosas Noventa y cinco tesis sobre las indulgencias. La fecha de su fallecimiento no pudo resultar más significativa cronológicamente porque lo cierto es que coincidió con el final de un ciclo histórico muy concreto y el comienzo de otro totalmente distinto.

Desde buen número de puntos de vista, Cisneros fue un auténtico adelantado a su tiempo. Otorgó, por ejemplo, una enorme importancia a la lengua vernácula en medios religiosos e impulsó incluso la traducción de obras latinas a aquella. De esa forma, antes de que Lutero tradujera el Nuevo Testamento al lenguaje del pueblo, los españoles podían contar con versiones impresas de los Evangelios y de las Epístolas en lengua vulgar. Al mismo tiempo atendió a la reforma de la conducta del clero como se desprende de los sínodos de Alcalá y Talavera de 1497 y 1498. Pese a pertenecer a una orden -la franciscana- en la que la erudición tenía un papel menor en comparación con el que se le concedía en otras, el proyecto que Cisneros acarició con más entusiasmo fue el de fundar una escuela o universidad donde se dar una buena formación al clero proporcionándole antes de los estudios teológicos el conocimiento de otras disciplinas. Merced a esta concepción, un Colegio de Artes Liberales debía formar al estudiante en el conocimiento del latín, del hebreo y de otras lenguas semíticas, y tendría que dar una especial importancia al aprendizaje del griego ya que en esta lengua se había redactado originalmente el texto del Nuevo Testamento.

El sueño de Cisneros se hizo realidad en buena medida gracias a la fundación de la Universidad de Alcalá. El objetivo del cardenal – eminentemente educativo – era ciertamente ambicioso porque además de sacar al clero de su penosa falta de cultura, perseguía realizar una reforma del conjunto de la iglesia mediante sínodos y formar de manera especialmente atenta a la gente del pueblo.

A diferencia de sus sucesores, Cisneros demostró tener una especial habilidad a la hora de abordar temas que supuestamente indicaran la posible existencia de ideas heréticas. Muy abierto, no persiguió jamás a personas que -supuesta o realmente- las defendieran ; estimuló la crítica del texto de las Sagradas Escrituras y propugnó su estudio. Fruto de esta actitud fue la elaboración de la Biblia Políglota Complutense, en hebreo, griego y latín, o las obras de Pedro de Osma, un profesor de teología en la universidad de Salamanca, y de Nebrija, un discípulo del anterior. Los aportes bíblicos y teológicos de estos dos personajes -injustamente olvidados como tantos otros a lo largo de la historia española- sorprenden por su lucidez, rigor y erudición.

Anticipándose a Erasmo y, por supuesto, a Lutero, realizaron importantísimos estudios sobre el texto original del Nuevo Testamento y acerca de la historia católica. Dado que estos últimos no contribuían precisamente a fundamentar las pretensiones del pontífice romano -algo en lo que coincidían otros humanistas extranjeros- las reacciones adversas no se hicieron esperar. Nebrija fue acusado de herejía, pero el propio Cisneros lo protegió de los intentos de acabar con él. En cuanto a Osma, pese a las condenas papales dirigidas contra su persona, pudo ser alabado por el citado Nebrija en su Apología, una obra significativamente dedicada al propio Cisneros.

El impacto de Cisneros tuvo una repercusión considerable no sólo entre el sector más culto de la sociedad sino muy especialmente entre la gente del pueblo que comenzó -décadas antes que los anabautistas suizos, por ejemplo- a reunirse en las casas para estudiar sencilla y libremente los textos del Nuevo Testamento.

Frente a una iglesia oficial que situaba en una segunda posición a aquellos fieles que no pertenecían a estirpe de cristianos viejos, Cisneros había abierto las puertas a una vivencia espiritual integradora en la que lo importante no era la ascendencia genealógica sino el deseo sincero de conocer las Escrituras y vivir de acuerdo a ellas. Precisamente, en ese contexto prendería la Reforma española propiamente dicha.

Continuará…

Artículos anteriores de esta serie:

1 Juan Calvino y la Inquisición
2 Enrique VIII y los protestantes ingleses
3 Inglaterra y María la sanguinaria

César Vidal es escritor, historiador y teólogo

© C. Vidal, Protestante Digital.com