Archivos para noviembre 2, 2010


Por C. René Padilla

Lo que hace posible una misión de amor genuino, al estilo de Cristo, es la compasión. Cuando no hay compasión, podemos tener dinero para llevar a cabo programas de acción social y (tal vez) una ideología para motivarnos y darnos sueños de un nuevo mundo, pero entonces nuestra misión no es al estilo de Jesús.
Siempre ha habido cristianos que tienen una teología muy “progresista” pero que no viven de acuerdo con ella. Su teología es muy idealista, pero su vida práctica no refleja lo que ella dice. Sin embargo, también pasa lo contrario: hay cristianos cuya teología deja mucho que desear, pero cuya vida práctica nos sorprende: es una vida motivada por la compasión, una vida de servicio en respuesta a las necesidades del prójimo, de preocupación por los niños, de identificación con los pobres, de voluntad de hacer todo lo posible para cambiar la situación de las personas más vulnerables de la sociedad. Se diría que la compasión suple lo que le falta a la teología.

Una temática constante en la mayoría de las grandes conferencias organizadas por gente evangélica, en las últimas tres décadas, es la responsabilidad de los cristianos frente a las necesidades sociales, políticas y económicas de nuestros pueblos. Lo que hoy día estamos viendo es en gran medida el resultado, no solamente de esos congresos o reuniones, sino de toda una labor teológica y pedagógica, conjugada con el serio agravamiento de la situación, que exige a muchos a tomar conciencia de que no es posible seguir predicando un evangelio desencarnado de la realidad.

Hasta muy recientemente mucha de la evangelización de las iglesias evangélicas era desencarnada. Se orientaba a la salvación del alma pero pasaba por alto las necesidades del cuerpo. Ofrecía la reconciliación por medio de Jesucristo, pero dejaba de lado la reconciliación del hombre con su prójimo, basada en el mismo sacrificio de Jesucristo. Proclamaba la justificación por la fe, pero omitía toda referencia a la justicia social enraizada en el amor de Dios por los pobres.

Frecuentemente este énfasis estaba vinculado a otro, muy grande, en el crecimiento numérico de la Iglesia. A cuenta de incrementar el número de miembros en las filas evangélicas, se caía en la reducción del Evangelio, haciendo de éste un mensaje para el individuo pero no para la sociedad, para la vida privada pero no para la pública. Muchas iglesias no han superado todavía estas distorsiones, y las controversias les impiden participar creativamente en lo que Dios quiere hacer en el mundo para cumplir su propósito redentor. Sin embargo, hoy abundan casos de ministerio integral que muestran un cambio radical que se está dando en el pueblo evangélico latinoamericano en lo que atañe a la manera de encarar su ministerio. Son señales que apuntan a un nuevo día en la historia de la Iglesia evangélica en América Latina. Y lo que hace posible esas señales no es otra cosa que la compasión.

Compartelo

http://www.kairos.org.ar/blog

Culmina Lausana 3 en Ciudad del Cabo

Publicado: noviembre 2, 2010 en Iglesia

SAMUEL ESCOBAR

Culmina Lausana 3 en Ciudad del Cabo

El Congreso de Evangelización conocido como Lausana 3 en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, ya es historia. Un artículo de Samuel Escobar, asistente y participante destacado de los tres Congresos Lausana celebrados desde 1974.

El Domingo 24 de octubre se realizó el culto de clausura y el Lunes 25, mientras se escribían estas líneas miles de los participantes viajaban de regreso a los 198 países de los que provenían. Al iniciarse una semana antes, el Domingo 17 por la noche, eran 4,200 los participantes y representaban un amplio espectro del mundo llamado “Evangélico”.

El nombre de Lausana 3 hace referencia al primer encuentro de este tipo que se realizó en 1974 en la mencionada ciudad suiza. La reunión de 1974 fue convocada por el evangelista Billy Graham y un conglomerado de entidades evangélicas interesadas en la cooperación para intensificar la tarea de evangelización a nivel mundial. Este tercer Congreso ha sido organizado por el Comité de continuidad de Lausana, en el cual se hermanan una variedad de movimientos evangélicos, y con la ayuda de la Alianza Evangélica Mundial.

Los organizadores del Congreso que acaba de terminar en Ciudad del Cabo querían mantenerse dentro del llamado “espíritu de Lausana”. La expresión hace referencia por una parte a la voluntad de cooperación por encima de barreras denominacionales y organizativas y por otra a un concepto de evangelización y misión que hoy se ha dado en llamar “misión integral”. Ésta incluye no únicamente la comunicación verbal del Evangelio sino también la calidad de una presencia evangélica en el servicio a las necesidades humanas y la defensa de los derechos humanos. El “Pacto de Lausana” es el documento producido en 1974, expresión de un consenso de evangélicos de todo el mundo que firmaron unas dos mil quinientas personas. Es un documento que tiene quince párrafos y que expresa las convicciones evangélicas básicas respecto a la Biblia y la fe cristiana y presenta una agenda misional que toma en cuenta los desafíos de ese momento. Quince años después, en 1989, se realizó un Congreso llamado Lausana 2 en la ciudad de Manila en Filipinas.

Este tercer encuentro del 2010 en Ciudad del Cabo ha permitido ver hasta dónde el “espíritu de Lausana” ha inspirado la acción y reflexión de evangélicos en todo el mundo. En Ciudad del Cabo se dieron la mano obispos de iglesias antiguas como los Anglicanos y Luteranos, junto a pastores y evangelistas de diversas iglesias Pentecostales, de la Alianza Cristiana y Misionera, de varios tipos de Presbiterianos, y cantidad de iglesias independientes, para mencionar solamente a algunos de los presentes. Cientos de organizaciones de servicio social iniciadas por nuevas generaciones de evangélicos, estaban representadas por personas ávidas de aprender de las experiencia de otros y de contar sus propias historias con entusiasmo. Educadores teológicos de Asia, África y América Latina que usan literatura inspirada por el Pacto de Lausana, me expresaron generosamente su gratitud por lo que latinoamericanos como René Padilla y este servidor hemos escrito desde 1974.

Para alguien como yo que viene de la rica tradición de los GBU, de vida espiritual alimentada por una lectura inteligente y respetuosa de la Biblia y por la oración nutrida de dicha lectura, fue una delicia participar cada mañana en el tiempo de estudio bíblico. El texto de la Epístola de Pablo a los Efesios se leía de manera personal y grupal y todos los participantes estaban agrupados en mesas de seis personas. En mi mesa, por ejemplo, estaban Philemon Choi, un psicólogo chino de Hong Kong; Peter Kuzmic, un educador teológico que reparte su tiempo entre Estados Unidos y Croacia; Richard Turnbull, Director de un Seminario anglicano en Oxford; y el sueco Lars Dahle que dirige una misión evangélica en Noruega. Todos habíamos releído la Epístola antes de llegar a Sudáfrica y disfrutamos compartiendo hallazgos y perspectivas complementarias. Fuimos también enriquecidos por los expositores: Ajith Fernando de Sri Lanka, Ruth Padilla de Borst de Costa Rica, John Piper de Estados Unidos, Vaughan Roberts de Inglaterra, Calixto Odede de Kenya, y Ramez Atallah y su esposa Rebeca, de Egipto. Numerosas personas manifestaron que este tiempo al que se llamó “Celebración de la Biblia” fue uno de los más valiosos del Congreso.

La segunda parte de la mañana se dedicó cada día a una temática específica de exposiciones matizadas por testimonios e historias. Los temas centrales fueron : la defensa y exposición de la verdad, la construcción de la paz de Cristo en un mundo fragmentado, el testimonio del amor de Cristo a personas de otras religiones, el discernimiento de la voluntad de Dios para la evangelización mundial; el llamado a que la Iglesia de Cristo vuelva a la humildad, la integridad y la simplicidad; y la cooperación dentro del cuerpo de Cristo hacia un nuevo equilibrio global. Dos testimonios de esta sección me impresionaron en forma especial.

Cristina Mac Millan una canadiense del Ejército de Salvación que trabaja entre los pobres y que contaba cómo dos pobres de esos que duermen en las calles, al escuchar un mensaje evangelístico difundido frente a ellos por un altoparlante le preguntaron “¿Por qué estos señores nos gritan tanto?” El otro fue el testimonio de Libby Little, la viuda del optometrista Tom Little, de Nueva York. Ambos llevaban varios años sirviendo con un equipo médico en áreas remotas de Afganistán, en un programa de prevención de la ceguera. A mediados de Agosto de este año Tom fue asesinado con otras nueve personas y los talibanes se atribuyeron el crimen. Con gran dignidad y haciendo un esfuerzo para que el dolor no la dominara, Libby contó lo que su esposo había hecho en los días previos a su muerte y lo que se ha podido saber de sus últimos momentos. Fue un momento conmovedor dramatizando el costo del discipulado y el servicio misionero.

Las tardes se repartían entre centenares de opciones de reflexión sobre temas misionales llamados “multiplexes” y “diálogos” con personas interesadas en la práctica de la misión cristiana o la reflexión sobre ella. Apenas si se puede dar una idea de la multiplicidad de opciones mencionando algunas de más de doscientas que estaban disponibles: la evangelización que gusta a todos: narrar historias, tendencias económicas globales y sus implicaciones para la iglesia global, Pablo necesita a Apolos: educación teológica y misión, la misión en la Europa post-cristiana, el desafío islámico en Europa, la moderna esclavitud del tráfico de personas y lo que puede hacer la iglesia global, la misión en las grandes ciudades, integridad y autenticidad en el liderazgo. Así por ejemplo, mis compañeros de cuarto de hotel, dos empresarios españoles, gustaron mucho de la sesión sobre “negocios como forma de misión”, y la de “Pablo necesita a Apolos”.

Las noches se dedicaron a presentaciones regionales que nos permitieron tener unos vistazos de lo que está sucediendo en la extensión y vivencia del Evangelio en el mundo. En la noche dedicada a América Latina hubo un breve diálogo entre René Padilla y Samuel Escobar, ambos veteranos de Lausana 1974. En los seis minutos en que se les permitió hablar ofrecieron una breve historia de la tensión creativa que ha caracterizado al movimiento de Lausana, la contribución de América Latina al mismo, en especial el papel de la Fraternidad Teológica Latinoamericana y los cuatro Congresos de Evangelización (CLADE), tres de los cuales siguieron los planteamientos del Pacto de Lausana aplicándolos a la situación latinoamericana.

Padilla planteó tres interrogantes para la misión cristiana en el futuro: 1) El desafío de un discipulado radical del cual brote la misión, 2)El desafío de la globalización y sus efectos de injusticia en el mundo que causa pobreza, y 3)El desafío de la destrucción del ecosistema.

Hubo situaciones inesperadas como en todo evento de este tipo. La delegación de doscientas personas que tenía que venir de China no recibió permiso de su gobierno para abandonar el país. Por otro lado algún hacker inutilizó el sistema de comunicación del Congreso por internet durante más de veinticuatro horas. Sin embargo, todos comentaban la eficiencia de la organización, nada fácil con tantas nacionalidades, idiomas y tradiciones teológicas.

Para el pastor bautista colombiano Harold Segura, que actualmente ministra desde Costa Rica con la organización Visión Mundial, quien mantuvo diariamente un blog con su crónica y comentario, tanto la noche del sábado como el culto final fueron un broche de oro del evento. Describiendo el culto final que duró casi tres horas dice Segura: “Ahí estaba el pueblo evangélico representado por cuatro mil personas, de más de 200 diferentes países del mundo, de diversas culturas, distintos idiomas y, también, vale destacarlo aquí, variados enfoques teológicos (y litúrgicos, que no se nos olvide). Este es el pueblo evangélico y aquí estuvo presente. No hablamos los mismos idiomas, ni pensamos la fe de la misma manera. ¿No es esta una de las mejores riquezas que tenemos? Creo que sí. Prefiero esta diversidad que tantas veces me hace sentir incómodo, a una Iglesia monolítica y regida por una sola forma de cantar, creer, pensar y vivir. La diversidad que propuso Lutero y por la que fue acusado de desestabilizar la unidad de la Iglesia. La diversidad que debemos alentar y valorar después de Lausana III. Eso soy, evangélico; de los de corazón planetario (para recordar la expresión de Segundo Galilea) y convicción ecuménica.”

En sucesivos artículos seguiré dando cuenta de aspectos que considero significativos de este tercer Congreso, con la perspectiva que me da el privilegio de haber estado en los tres congresos de Lausana, hasta el momento. Mi perspectiva en esta serie seguirá siendo muy personal.

Samuel Escobar es catedrático emérito de Misionologia en el Seminario Teologico Bautista del Este, en Pennsylvania, EEUU; y profesor del Seminario Teologico de la UEBE en Madrid

© S. Escobar, ProtestanteDigital.com (España, 2010)

© 2003- 2010, Protestante Digital. España.