Archivos para noviembre 6, 2010


Por Nicolás Panotto

Una de las preguntas históricas de la iglesia cristiana: ¿qué es la misión? Ella se hace ya que todo cambia. La iglesia cambia. El mundo cambia. Las personas cambian. Por ende, la misión cambia. Es un término construido desde una infinidad de interpretaciones, experiencias, contradicciones, falencias, esperanzas y errores históricos. Por todo esto, es una pregunta aún vigente.

De aquí mi deseo levantar algunos interrogantes que creo pertinentes para hacernos. Pueden parecer perogrulladas, pero justamente en muchas ocasiones encontramos las respuestas más profundas a través de los planteos más “simples”.

¿La misión agranda o abre la iglesia?

Se ha cuestionado mucho la comprensión “numerológica” de la misión, en donde se la comprende como la búsqueda de métodos para hacer crecer la iglesia. El “éxito” se mide por la cantidad de “almas” (palabra no inocente, ya que los cuerpos parecen ser solo paquetes caminantes) que ingresan a las filas de la congregación. Ya conocemos las consecuencias de esta mirada: iglesias repletas de gente desconectada entre sí, consumiendo de un modelo o un mercado religioso “a la última moda”. Las personas se fetichizan (no ellas mismas sino las estructuras), transformándose en un número más. Y tengamos cuidado: esto no sucede solamente en las llamadas “mega iglesias”. Es un imaginario muy corriente en el mundo evangélico en general, sea cual fuere el tamaño de la congregación.

La misión sí tiene que ver con el ingreso de personas a nuestras comunidades eclesiales, pero en tanto éstas se abran al mundo y se transformen en una comunidad de referencia y convivencia. La iglesia no debe buscar presas como un cazador. Su misión es ser un espacio que sirva al prójimo, que atienda a los desfavorecidos, entendiendo la salvación como esa acogida que irrumpe la rutina de la cotidianeidad mecanizada y la estrechez afectiva vigentes en nuestro mundo. Como la iglesia en Hechos 2, 41-47: debemos procurar vivir alternativamente, y que sea Dios quien añada.

¿Acaso la misión no tiene que ver con la gente?

Otra perogrullada, pero no tanto… Sí, la misión tiene que ver con la gente. Pero, ¿qué entendemos por “gente”? ¿Son acaso una masa homogénea, o un complejo conjunto de individualidades, instituciones y dinámicas? ¿Qué lugar tienen en nuestra misión? Pero sobre todo: ¿no son personas reales, de carne y hueso, con historias, emociones, traumas, alegrías, fortalezas, debilidades y necesidades? Muchas veces perdemos este sentido de realidad en nuestra misión. “La gente” pasa a ser receptáculo de nuestros romanticismos, idealizaciones, hasta dogmas y moralinas. ¿Pero comprendemos que todo lo que hacemos, decimos, pensamos y pronunciamos tiene que ver con personas reales que viven una cotidianeidad, tal cual nosotros y nosotras? ¿Practicamos una misión según lo que escuchamos y vemos de cada persona, o imponemos una agenda? Si lo que importa son las personas en tanto tales, ¿acaso no deberíamos dejar atrás tantas luchas intestinas por imponer (nuestros) “principios” y escuchar la realidad de “la gente”? Sí, es un “riesgo”: el riesgo de perder nuestro cómodo lugar de “centro del mundo” para abrirnos a la compasión, tal como hizo Jesús.

¿La misión es o se hace?

Ya nos habrá quedado claro que no existe la misión, como paquete predeterminado de prácticas, discursos y acciones. No existen modelos prefijados. Como dice Mateo 28,19, la misión es un “mientras vamos”, un caminar continuo, un proceso que se va viviendo, resignificando, reconsiderando, en la medida que sigamos andando. Quedarnos en un lugar, por más lindo y seguro que parezca, nos impide ver las bellezas que tenemos por delante. La misión es un envío constante al mundo, a la realidad en la que estamos, que siendo coherente con ese contexto complejo y en continuo cambio, se resignifica a ella misma, transformando sus prácticas y nociones fundantes (sea Dios, Iglesia, Evangelio, etc.) No es un paquete, un lugar (de poder), una forma, un discurso. Es un movimiento infinito que nos abre al mundo infinito que habitamos. La misión se hace en el camino.

¿Nos dejamos hablar por la misión?

Se habla de que la misión debe ser pertinente a nuestra realidad, que debemos comprometernos con la sociedad, con sus penurias… “para ser luz”. ¿Pero somos concientes de lo que ello implica? La sociedad con la que nos comprometemos posee una complejidad muchas veces ignorada por la iglesia; de aquí, sus respuestas facilistas a través de fórmulas o moralinas que pretenden dar una respuesta acabada a cuestiones demasiado complicadas. Al comprometernos con la comunidad, nos damos cuenta de que existen desafíos aún mayores, hasta desconocidos, por estar allí. Por eso la misión misma nos habla para su propio cambio. La gente, las experiencias, los fracasos y las complejidades que se hacen ver en dicho compromiso misional, nos interpelan. ¿Lo escuchamos? ¿Lo sentimos? ¿Respondemos a ello o seguimos estancados en nuestro “pequeño mundo muy feliz”?

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CIUDAD DE MEXICO, 05/11/2010 (ALC/ProtestanteDigital)
Aún cuando persisten denuncias de intolerancia religiosa en Chiapas, la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) avaló al Gobierno de ese estado mexicano, señalando que es “un ejemplo de avanzada a nivel nacional” en el tema de los derechos humanos.

La expresión fue de Rodrigo Escobar Gil, relator de la CIDH para Costa Rica, México y República Dominicana, declaraciones que a su vez fueron secundadas por Felipe González, presidente de la CIDH durante la comparecencia del Gobernador del Estado de Chiapas ante el pleno de este organismo en Washington.

Sin embargo, Luis Antonio Herrera, Coordinador de Comunicación Social Región Altos del Consejo Estatal de Iglesias Evangélicas del Estado de Chiapas, expresó que la CIDH “tiene un problema grande con esta afirmación”, ya que desde este estado “no podemos decir lo mismo, cuando se viven casos de intolerancia por el tema religioso, situación que ha llevado a varias familias a estar exiliadas de sus comunidades, separadas de sus seres queridos, viviendo de la caridad y en condiciones difíciles solo por profesar una religión diferente a la de sus agresores y expulsadores”.

EL DOLOR DEL EXILIO
Herrera destacó que las familias perseguidas no pueden estar de acuerdo con lo que declara la CIDH porque ellos tienen algo que ni la CIDH ni el Gobierno del Estado de Chiapas conocen y que es el dolor del exilio, este dolor que sin temor a equivocarme, duele más que todas las declaraciones que se han hecho desvirtuando el origen del problema y tratando de encubrir la falta de capacidad de sus funcionarios y de interés del Gobierno del Estado de Chiapas en atender la problemática”.

Asimismo criticó que el Sr. Felipe González, presidente de la CIDH, se atreva a declarar que el Gobierno de Chiapas “incorpora a las minorías”, sin reconocer que en las instalaciones de La Albarrada de San Cristóbal de las Casas, están refugiadas 11 personas evangélicas indígenas por haber sido expulsadas de su comunidad Lázaro Cárdenas Chilil, Mpio. de Huixtán, Chiapas, desde hace casi un año.

Desde noviembre de 2009 las autoridades de procuración de Justicia y el Gobierno local no han podido solucionar el problema. Además de ello, Herrera denunció en un comunicado que también están los exiliados de Nachig y los problemas de seis comunidades más en Chiapas, estado que a los ojos del mundo aparece como el más humanitario.

Fuente: ALC – Edición: ProtestanteDigital.com


 

 

La Iglesia Torre Fuerte de la ciudad de Morelia, Michoacán, víctima de secuestros. Michoacán, es el tercer lugar donde ocurren delitos de fraude y extorsión telefónica

México | Viernes 5 de Noviembre, 2010 | Por Isidro Cadena |
(NoticiaCristiana.com).
La Iglesia Torre Fuerte de la ciudad de Morelia, Michoacán, ha sido víctima de secuestros y extorsiones por parte del crimen organizado, al menos cuatro pastores evangélicos, quienes pese fueron liberados son parte ya del registro de quienes fueron privados de su libertad o perjudicados.
Así lo manifestó, el pastor Uriel Rendón, quien reconoció que integrantes de la congregación a la cual pertenecen no han escapado a extorsiones y secuestros por parte del crimen organizado, sin embargo dijo que los actos delictivos se habían frenado con la detención de plagiarios.
La iglesia Torre Fuerte, cuenta con más de 300 iglesias cristianas, de las cuales 250 se tienen registradas en Michoacán y las restantes al interior de la República Mexicana, principalmente en la zona Centro-Occidente.
Michoacán, es el tercer lugar a nivel nacional en lo que se refiere a los delitos de fraude y extorsión telefónica, después de Guerreo y el Estado de México, quienes se encuentran en los dos primeros lugares, así lo informó la directora estatal de Prevención del Delito y Participación Ciudadana, Elia Baltazar Tavera.