Archivos para noviembre 7, 2010

Creer en Dios

Publicado: noviembre 7, 2010 en Meditaciones

Creer en Dios, por Enric Capó

Meditaciones

 

Si un día me encontrara con uno de estos periodistas o sociólogos que van por la calle haciendo encuestas religiosas a la gente y me preguntaran si creo en Dios, me parece que me gustaría contestar que, a pesar de ser pastor protestante, no creo en él. Y al hacerlo, estoy convencido de que diría la verdad como creyente y como cristiano, porque cada día estoy más lejos de esta imagen estereotipada de Dios que se esconde detrás de las encuestas y que anida en la mente de la gente. También me gustaría dar un respuesta parecida sobre la existencia del diablo. Tengo muy claro que hay un dios en el que no creo. Es el Dios explicación, o el Dios proyección de nuestros deseos, o la máquina eterna que lo puso todo en movimiento, o el dios castigador que, a través de los siglos, ha sido el tormento de los hombres, o el dios manipulado que justifica la religión. No es realmente que no crea en él, ya que puede haber –y los hay- elementos válidos en todo esto. Mi respuesta sería como una especia de protesta para decir que la imagen que el mundo no creyente en general  -y también muchos creyentes- tienen de Dios no se corresponde con la imagen que Cristo me ha enseñado a amar.

 

 

Hoy es difícil hablar de Dios porque, al hacerlo, en seguida te clasifican y te sitúan en un fichero en el que no te encuentras cómodo. Cuando hace muchos años leí el libro de Gironella “100 españoles y Dios”, recuerdo que me identifiqué mucho más con buen número de los que decían no creer en él que con el teísmo estéril de una mayoría que se confesaban creyentes. A la hora de tener que escoger uno de los bandos quizás me situaría  en el de los clasificados como no creyentes que se toman la vida en serio que en el de los que, al mismo tiempo que dicen que creen en Dios, se han hecho de él una imagen idolátrica. Y quizás, al hacerlo así, me acercaría a aquellos cristianos de los primeros tiempos del cristianismo a los que los paganos acusaban de ser ateos.

 

Hay una imagen folclórica de Dios de la que me siento muy alejado. Sobre todo del Dios religioso, preocupado por si mismo, celoso de culte y enamorado de su gloria; el dios doctrinario y cruel, que tiene amigos y enemigos, que determina el futuro de los hombres según “la sana doctrina” y menosprecia la vida presente para centrarlo todo en un futuro más allá de la muerte; el dios  simplista, el del cielo y el infierno, el del blanco o negro, el de religioso o ateo; el dios que no distingue, que es incapaz de ir más allá de los atributos que le otorgamos y que son como un corsé que le impide moverse con libertad, que le impide, incluso, ejercer su misericordia. No creo que este dios sea el Dios de los profetas, que amaba más la justicia que la fastuosidad del culto, ni el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo que recibe con un abrazo sin fin al hijo perdido, ni el del apóstol Pablo que perdona al culpable. Me gusta más el Dios de las prostitutas del evangelio que se adelantan a las grandes figuras del mundo religioso; el Dios de la mala fama, amigos de publicanos y pecadores; el Dios clavado en la cruz, indefenso e impotente; el Dios cuya grandeza es su capacidad de amar, de sacrificarse, de darse por nosotros; el Dios que ha querido estar presente en el mundo bajo la imagen del pan partido y el vino derramado, la imagen de la entrega total y absoluta que nos habla de la imptoencia del crucificado y de la fuerza del amor.

 

¿Quién es mi Dios? Me es muy difícil definirlo. Está muy por encima de mis capacidades de síntesis. Pero puedo decir que es el Dios ligado a la vida, a mi vida, a aquella vida que él creó y me ha dado. Creer en él, pues, es creer en la vida, en sus infinitas posibilidades, en su sentido de presente y de futuro, de inmanencia y trascendencia.  Y también a la inversa: creer en la vida es creer en Él. No tenemos apenas herramientas a nuestro alcance para hablar con El con propiedad y exactitud. Estamos demasiado limitados. Pero Dios no es para ser definido mucho más allá de la definición de Juan:”Dios es amor”. El lenguaje propio en el contexto de Dios no es el de las definiciones, ni el que tiene necesidad de usar la tercera persona singular. Dios no habría de ser jamás El. Es siempre un Tú que nos confronta y del que no deberíamos hablar, sino hablarle. El lenguaje adecuado para Dios es finalmente, esencialmente, el de la oración, que es el  lenguaje de la comunión, de la amistad, de la armonía.  La persona humana que investiga en la profundidad de su vida, no encuentra allí un vacío, sino que encuentra a Dios, a pesar de que no lo conozca ni lo reconozca. Dios, como  sentido de la vida, está escrito  en cada una de las fibras de nuestro ser, sólo hay que dejarlo florecer, que salga fuera e ilumine la vida.

 

Día a día, en el mundo del evangelio, allí donde encontramos a Cristo, crecemos en el conocimiento de Dios. Día a día somos llamados a hacer nuestra su vida, en todo aquello que tiene de solidaridad con los más pequeños de nuestro mundo y en todo aquello que nos habla de esperanza y de eternidad. Dios es la presencia de un amor eterno e invisible que en Cristo se ha hecho visible y accesible a todos nosotros. En su compañía, siguiendo sus caminos, lo encontraremos como “el paracleto” (Jn 14,16), el consolador, el que siempre nos acompaña  y nos salva del nihilismo de un mundo sin alma para mostrarnos que “la vida es más que el alimento y el cuerpo que el vestido”. Que más allá de comer y beber, llorar y reír, nacer y morir, crecer y envejecer, hay un sentido profundo de la vida que Cristo nos ha descubierto y que llamamos Dios. En Él, y sólo en Él, el mundo y la vida reencuentran su sentido,

 

Enric Capo

Copyright © 2010 Iglesia Evangélica Española, una iglesia protestante

 


CERVANTES-ORTIZ

 

A sólo siete años del medio siglo de los inicios de la Reforma luterana, parecería que el desgaste religioso que han sufrido las comunidades herederas de esta corriente de vida y pensamiento ha menguado también el impacto cultural del protestantismo en todas sus variantes. Nada más lejos de la realidad, aunque visto sin triunfalismos, hay que aceptar que las diversas oleadas revivalistas (o avivamentistas), que también, por fuerza, producen resultados culturales, han contribuido a que el legado protestante, sobre todo a través del rostro evangélico, cobre fuerza cada vez que se establece histórica y socialmente.

 

Parecería, también, que las nuevas generaciones de creyentes, tan volcadas como están hacia el gusto por la música, tienden a olvidar algunos de los demás aspectos y expresiones en los que la fe protestante se ha vaciado para transmitir mucho de su genio. Vale la pena, por lo tanto, hacer un breve recuento de algunas de dichas manifestaciones para valorar hasta dónde llega hoy, en los inicios del siglo XXI, la capacidad protestante de transformarse y, de manera proteica, seguir siendo un vehículo plural del Evangelio. Algunos de los/as autores/as a mencionar, no siempre se asumieron como creyentes convencionales, pero la distancia que tomaron de las iglesias establecidas no disminuye la importancia de su testimonio artístico.

 

Hace poco, el pintor Lucas Cranach (el Viejo, 1472-1553), uno de los más grandes pintores del Renacimiento alemán, ha sido reconocido en Roma mediante una exhibición de su obra. Fue uno de los más notables artistas ligados a la Reforma, especialmente debido a sus retratos de Lutero y a la manera en que aplicó plásticamente sus postulados. Las famosísimas manos en oración (Las manos del apóstol, 1508), de Alberto Durero (1471-1528), concentran en una sola imagen todo el espíritu de la Reforma (aun cuando es anterior a ella), gracias a su extraordinaria síntesis. Su trabajo posterior, ligado al del príncipe elector Federico de Sajonia, el mismo que apoyó a Lutero, siempre se ha asociado al movimiento reformador. En el espectro protestante holandés (y reformado), Rembrandt (1606-1669) y Vincent Van Gogh (1853-1890) trasladaron a imágenes sublimes el espíritu de la fe. El primero, mediante una lectura verdaderamente deslumbrante de los personajes bíblicos, y el segundo a través de un manejo impresionante de la luminosidad, sobre todo en sus famosos girasoles, metáfora visual de las palabras en que Jesús se define a sí mismo como la luz del mundo.

 

En la música, se ha dicho que nadie entendió mejor a Lutero que Juan Sebastián Bach (1685-1750), gracias a que su percepción de la grandeza de Dios se encuentra desplegada majestuosamente en sus obras. Su enorme aprecio por la tradición bíblica, tal como aparece en obras maestras como La Pasión según san Mateo (1727) y diversas cantatas, o en sus innumerables obras para órgano. Jorge Federico Händel (1685-1759), a su vez, famoso por su oratorio El Mesías (1741), integró el arte vocal inglés, el barroco italiano y la excelencia organística alemana. Sus cantatas de tema bíblico también son una referencia obligada.

 

El nombre del judío converso Félix Mendelssohn también es inevitable en un recuento de este tipo. José de Segovia ha resumido en una frase magnífica las aportaciones de este gran músico: “Dedicó una de sus sinfonías a la Reforma y recuperó La Pasión según San Mateo, de Bach. Su fe evangélica le lleva a hacer un oratorio sobre Pablo, usando solamente el texto bíblico, y otro sobre Elías, con algunos de los mejores coros de alabanza que se han hecho en la historia de la música”. La Sinfonía de la Reforma concluye con “castillo fuerte”, el más famoso himno de Martín Lutero.

 

En la literatura hay varios nombres de poetas y novelistas que también han “traducido” el espíritu protestante a sus ámbitos culturales específicos. Así, en Inglaterra, James Hogg (1770-1835) se sumergió en los abismos de la predestinación con su novela Memorias privadas y confesiones de un pecador justificado (1824), en la que radicaliza la experiencia enfermiza de fe de su personaje mediante la figura del doble. Hoy es considerada, según las modas de la época, como una novela gótica. En Estados Unidos, Emily Dickinson (1830-1886) liberó su fe calvinista de las amarras del dogma para forjar una poesía alegre y a la vez sumamente crítica en relación con los temas religiosos. Habiendo estudiado teología en el seminario para señoritas Mary Lyon de Mount Holyoke, escribió en soledad y aislamiento una obra que sólo se descubrió después de su muerte. La presencia de la Biblia es muy fuerte en su poesía: “El brillo del sol me habla esta mañana,/ y la afirmación de Pablo se vuelve real:/ ´el peso de la Gloria´. […]/ La fe de Tomás en la anatomía/ era más fuerte que su fe en la Fe. (…) ¿Por qué censuraríamos a Otelo,/ cuando el criterio del Gran Amante dice:/ ´No tendrás otro Dios que yo´?”.

 

En Francia, André Gide (1869-1951) y Jean Paul Sartre (1905-1980), ambos de familias protestantes y ganadores del premio Nobel, exploraron intensamente el tema de la libertad, como una especie de revancha personal. Un nombre discordante es el de John Updike (1932-2009), fiel seguidor del “divertido teólogo” que era para él Karl Barth. Éste último, desde sus alturas de reflexión, jamás habría imaginado la posibilidad de propiciar el surgimiento ¡de un novelista barthiano!, con toda la “mala fama” que este adjetivo adquirió en los círculos conservadores. Updike sigue esperando a sus lectores protestantes.(1)

 

Desde América Latina, Rubem Alves (Brasil, 1933) también ha ido más allá de los límites de la fe que recibió para expresarse con una autenticidad liberadora y sumamente refrescante. Este filósofo y cronista de la vida cotidiana se quejaba amargamente desde los años ochenta de que en el subcontinente el protestantismo aún no ha dado frutos culturales reconocibles. Acaso el tiempo le ha dado la razón y sean las telenovelas brasileñas el espacio en donde se han volcado los caracteres culturales con que el protestantismo popular se expresa mejor.

 

En el cine, los nombres ligados a la herencia protestante son varios y muy interesantes: los nórdicos Carl Dreyer (Ordet. La Palabra, 1955) e Ingmar Bergman (1918-2007) autor de El séptimo sello y la trilogía sobre la ausencia de Dios), desde el luteranismo más ascético; Jean-Luc Godard (1930), con una lectura contemporánea radical del nacimiento virginal de Jesús (Yo te saludo, María, 1984); y Paul Schrader (1946), con una capacidad narrativa potenciada por un pasado teológico que no logra ocultar. Suyos son el guión de La última tentación de Cristo (1988), de Martin Scorsese y otras fábulas modernas en donde la religión reaparece como tormento y posibilidad (Hardcore, Gigoló americano).

 

En fin, que hasta la saga familiar televisiva de Los Simpson entra de lleno en el espectro de la influencia protestante, aunque con sus matices propios de esta época. Éstas son sólo algunas muestras del enorme abanico cultural que representa el protestantismo, un poco con la mirada puesta en el pasado, pero ante nuevos retos y posibilidades.

 

 

1) Cf. John McTavish, “John Updike and the Funny Theologian”, http://theologytoday.ptsem.edu/jan1992/v48-4-article3.htm.

Cervantes-Ortiz es escritor, médico, teólogo y poeta mexicano.

 

© L. Cervantes-Ortiz, ProtestanteDigital.com (España, 2010).


CHICAGO (ELCA) — El Consejo Eclesial de la Iglesia Evangélica Luterana en América (ELCA, por sus siglas en inglés) decidió el 8 de octubre afirmar el concepto de un nuevo diseño de la organización nacional de la ELCA en el 2011, dijo el reverendo Mark S. Hanson, obispo presidente de la ELCA, en un anuncio hecho el 11 de octubre al personal de la organización nacional.  El consejo autorizó a los funcionarios de la organización adoptar las acciones necesarias en cuanto a personal e implementar el nuevo diseño a partir del 1 de febrero de 2011, que es el inicio del próximo año fiscal.

El consejo eliminó resoluciones concurrentes de la Constitución de la ELCA en relación a las unidades de la organización nacional y adoptó nuevas resoluciones concurrentes para implementar el diseño y establecer líneas de responsabilidad, informó Hanson.

El consejo también expresó su agradecimiento al personal de la organización nacional, asegurando que “tendrán en sus oraciones” a los empleados afectados personalmente por una reducción de personal a raíz del nuevo diseño.

“Este nuevo diseño prepara a la organización nacional para realizar una contribución fuerte y vital a los ministerios de esta iglesia y al trabajo de los compañeros por todo el mundo”, dijo Hanson al Servicio Noticioso de la ELCA.  “El nuevo diseño también asume que continuará el apoyo financiero para estos ministerios vitales, y nos posibilita participar en estos ministerios de una forma más flexible y con mayor planificación”.

Los miembros del consejo adoptaron la decisión durante una reunión especial llevada a cabo por medio de conferencia telefónica, siendo la mayor parte de la misma en sesión ejecutiva por implicar al personal.

Actualmente hay 16 secciones y unidades no incorporadas, además de tres oficinas en la organización nacional.  De acuerdo al diseño aprobado por el consejo, habrá tres unidades de la organización nacional y tres oficinas, de acuerdo a la propuesta que hizo llegar Hanson por escrito al consejo.  Los ministerios incorporados de manera independiente continúan.

La implementación del nuevo diseño significará que el personal de la organización nacional, con 358 integrantes incluidos los 270 aquí, en la oficina de la organización nacional, se reducirá en aproximadamente 65 empleados o el equivalente a 60 empleos de tiempo completo, dijo Hanson.  Además, como casi la mitad del presupuesto de apoyo a la misión de Misión Global de la ELCA cubre los costos del personal de misión, las reducciones en las unidades afectarán hasta a cinco miembros del personal de misión actualmente en servicio, explicó el reverendo Rafael Malpica Padilla, director ejecutivo.

El personal afectado directamente por el nuevo diseño será notificado el 11 de octubre con respecto a sus puestos.

“El personal de la organización nacional más directamente afectado por estas decisiones ha servido a esta iglesia con distinción.  Incluso mientras oramos para pedir nuevas oportunidades para su servicio, proseguiremos con nuestros esfuerzos sobre la base del buen trabajo que han realizado”, aseguró Hanson.

Hanson nombró en junio un equipo de diseño del personal de la organización nacional, compuesto por siete personas, para evaluar y proponer cambios en la organización nacional “a la luz de las necesidades cambiantes de misión y ministerio de esta iglesia y de los recursos a disposición de la organización nacional”, escribió.  En especial, Hanson aseguró que la decisión se precipitó por una importante caída en los ingresos para el apoyo a la misión, los cuales provienen de fondos que las congregaciones de la ELCA aportan a la organización nacional y que comparten con los 65 sínodos de la iglesia.

“En el 2008, después de los ajustes por la inflación, el valor de los ingresos para el apoyo a la misión se había reducido a la mitad desde la fundación de esta iglesia en 1988″, escribió Hanson al consejo. “Del 2008 al 2011, la estimación del apoyo a la misión de la organización nacional disminuyó de $65.3 millones de dólares a $48 millones de dólares”.  El trabajo del equipo de diseño se basa en un rango calculado de entre $45 millones de dólares y $48 millones de dólares en ingresos anuales en apoyo a la misión para los próximos tres años, aseguró Hanson.

El equipo de diseño consultó con la Conferencia de Obispos de la ELCA y su comité ejecutivo; comités del Consejo Eclesial; líderes y personal de la organización nacional; el Grupo de Trabajo de Unidos hacia el Futuro (Living into the Future Together, o LIFT) grupo designado con el fin de estudiar la ELCA y hacer recomendaciones para su futuro, y asesores externos.

El Consejo Eclesial considerará decisiones adicionales con respecto al nuevo diseño en la reunión a celebrarse entre el 12 y el 14 de noviembre, y lo mismo hará la Asamblea General de la ELCA en agosto de 2011.

Hanson explicó que el equipo de diseño se centró en dos prioridades de la organización nacional: acompañar a las congregaciones como centro cada vez más importante de la misión evangélica, y desarrollar la capacidad de la ELCA para el testimonio evangélico y el servicio en el mundo con el fin de aliviar la pobreza y trabajar por la justicia y la paz.

Escribió que las metas del equipo de diseño eran diseñar una organización que coopere “de manera efectiva y eficaz” con los compañeros de ministerio, que maximice los recursos por medio de una infraestructura operativa eficiente, que comunique e interprete mejor la efectividad y eficacia de la respuesta de la iglesia al mundo, que aumente la colaboración y responsabilidad y que refleje los valores centrales de la iglesia.

Relaciones interdependientes, clave para el diseño de la organización nacional

“Alcanzar las prioridades de esta iglesia depende de unas sólidas relaciones interdependientes entre las congregaciones, los sínodos, la organización nacional y las agencias e instituciones de esta iglesia”, escribió Hanson en el resumen de su propuesta. “Estas relaciones interdependientes ampliarán la capacidad para la misión de esta iglesia, promoverán la responsabilidad y proporcionarán la mejor administración de los recursos de esta iglesia”.  Agregó que será una prioridad de la organización nacional el contribuir a crear tales relaciones con los compañeros de misión y entre los mismos.

Tres unidades creadas por el nuevo diseño nacional son Misión Congregacional y Sinodal, Misión Global y Fomento de la Misión.  Las resoluciones concurrentes adoptadas por el consejo describen las funciones de cada unidad:

+ Unidad para la Misión Congregacional y Sinodal: La unidad para la Misión Congregacional y Sinodal promoverá y facilitará el trabajo de los sínodos, congregaciones y compañeros con el fin de convertir a las congregaciones en centros vitales para la misión y crear coaliciones y redes para promover la justicia y la paz. Su trabajo incluye crear y revitalizar las congregaciones; desarrollo de liderazgo; proporcionar recursos litúrgicos y de adoración; fortalecer el discipulado; apoyar los ministerios multiculturales y el compromiso de esta iglesia de ser inclusiva; promover las relaciones con compañeros en la educación; facilitar la participación de esta iglesia en la promoción de los derechos humanos, y actividades relacionadas que sirvan a la misión evangélica de sínodos y congregaciones.

+ Unidad para la Misión Global: La unidad de Misión Global proporcionará el apoyo integrado de la obra de esta iglesia en otros países y será el medio por el cual las iglesias en otros países participen en la misión con esta iglesia y sociedad. La unidad de Misión Global creará capacidad y proporcionará apoyo para la misión en las siguientes áreas:

a. Comunidad Global: mantenimiento de relaciones de iglesia con iglesia y los esfuerzos mutuos para el testimonio evangélico, desarrollo del liderazgo, uso compartido del personal de misión y trabajo de colaboración.

b. Formación y Relaciones para la Misión: aprendizaje y crecimiento mutuo con iglesias compañeras, y con los sínodos y congregaciones de la ELCA en el modelo de acompañamiento para la misión; relaciones con sínodos compañeros; adultos jóvenes en la misión global; relaciones con organizaciones luteranas independientes relacionadas con la misión global, y esfuerzos de misión para los compañeros en comunión plena.

c. Diaconía: satisfacer las necesidades humanas y trabajar en colaboración con compañeros para la prosperidad de la comunidad humana por medio de la participación en el desarrollo internacional y la respuesta a los desastres.

+ Unidad para el Desarrollo y Promoción de la Misión: La unidad de servicio de la organización nacional es la unidad de Fomento de la Misión, que será responsable de coordinar la comunicación de esta iglesia, su mercadotecnia, relaciones públicas, financiamiento de la misión, donativos importantes, donativos planificados y la gestión de la base central de datos de la ELCA. También supervisará el trabajo de los siguientes:

a. La revista en inglés The Lutheran

b. La Fundación de la ELCA

Hanson anunció que la Unidad para la Misión Congregacional y Sinodal estará encabezada por el reverendo Stephen P. Bouman, quien actualmente es director ejecutivo de Alcance Evangélico y Misión Congregacional de la ELCA.  También anunció que Malpica Padilla, quien en este momento es el director ejecutivo de la Misión Global de la ELCA, liderará la Unidad de Misión Global, y que el reverendo Howard E. Wennes, quien ha fungido como presidente en funciones de la Universidad Luterana de California en Thousand Oaks y fue obispo del Sínodo del Gran Cañón de la ELCA, será el director ejecutivo interino de la Unidad para el Desarrollo y Promoción de la Misión.

La Oficina del Obispo Presidente asumirá la responsabilidad del discernimiento teológico, incluyendo justicia para las mujeres y estudios. La mayoría del resto de funciones se mantiene sin cambios, al igual que la mayoría de las funciones de la Oficina del Secretario y la Oficina del Tesorero.