Archivos para noviembre 22, 2010


Publicado por: juanstam

 

Dios es luz, desde siempre, y brilla ahora en nosotros (Ap 21:23; 22:5)

 

Ya hemos señalado que la Biblia comienza y termina con el tema de la luz (Gn 1:3,14-18; Ap 21:23; 22:5), y de hecho, es uno de los temas más centrales de todo el libro.[1] En el Apocalipsis, la primera descripción del Hijo de hombre señala que “su rostro era como el sol cuando brilla con todo su esplendor” (1:16; cf. 10:1; 22:16; Mt 17:2). La primera visión de Dios describe “al que está sentado en el trono” no con símbolos antropomórficos (cabello blanco, ojos como fuego) sino por el hermoso brillo de tres gemas (jaspe, cornalina y esmeralda) que proyectan todo el espectro policromático del arco iris (4:3). Dios es luz, y en forma muy apropiada el Apocalipsis describe a Dios y a su reino por la belleza de la luz reflejada y refractada por las más bellas joyas de toda la creación (21:11,18-21).[2] De los ángeles también se destaca el brillo de su luz (10:1; 18:1, el esplendor del ángel iluminó toda la tierra; cf. 15:6). La esposa del Cordero viste lino resplandeciente (lo que no es una propiedad natural del lino; 19:8; vs. 18:12,16) y la nueva Jerusalén, que es ella misma, “resplandecía con la gloria de Dios” (21:11).[3] Mientras el destino final de Babilonia es de tinieblas densas e impenetrables, sin tener ni una lámpara (18:23; cf. 8:12; 9:2; 16:10)[4], la historia de la luz de la gloria de Dios culmina en una permanente teofanía, cuando todo será revelación de Dios en su gloria y hermosura (NIDOTT I:328).

 

Isaías 60:19, que Juan cita en 21:23, tiene su propia teología de luz y tinieblas.[5] En el capítulo anterior el profeta denuncia el pecado, la injusticia y violencia en el pueblo:

 

La mano del Yahvéh no es corta para salvar,

ni es sordo su oído para oír.

Son las iniquidades de ustedes las que los separan de su Dios…

Ustedes tienen las manos manchadas de sangre

y los dedos manchados de iniquidad.

Sus labios dicen mentiras…

Nadie clama por la justicia…

Se apresuran a derramar sangre inocente (Is 59:1-4,7).

 

El resultado de tanto pecado no puede ser luz, sino con su pecado engendran tinieblas:

 

Conciben malicia y dan a luz perversidad…

Esperábamos luz, pero todo es tinieblas;

claridad, pero andamos en densa oscuridad.

Vamos palpando la pared como los ciegos,

andamos a tientas como los que no tienen ojos.

En pleno mediodía tropezamos como si fuera de noche (59:4,9-10).

 

Pero entonces el pueblo se arrepiente y busca a Dios de nuevo:

 

Hemos sido rebeldes, hemos negado a Yahvéh.

¡Le hemos vuelto la espada a nuestro Dios!

Fomentamos la opresión y la traición,

proferimos las mentiras concebidas en nuestro corazón…

Yahvéh lo ha visto y le ha disgustado ver que no hay justicia alguna…

Por eso su propio brazo vendrá a salvarlos;

su propia justicia los sostendrá…

El Redentor vendrá a Sión’,

¡vendrá a todos los de Jacob que se arrepientan de su rebeldía (59:13-16,20)

 

Ahora, con el arrepentimiento y conversión del pueblo, nace la luz sobre ellos. La transformación es total y muy dramática:

 

¡Levántate y resplandece, que tu luz ha llegado!

¡La gloria de Yahvéh brilla sobre tí!

Mira, las tinieblas cubren la tierra,

y una densa oscuridad se cierne sobre los pueblos.

Pero la aurora de Yahvéh brillará sobre ti,

sobre ti se manifestará su gloria.

Las naciones serán guiadas por tu luz, cf 42.6

y los reyes por tu amanecer esplendoroso…

Verás eso y te pondrás radiante de alegría (60:1-3).

 

Igual que en Apocalipsis 21, la gloria del Señor es la forma específica de esa anhelada luz.[6] Y será tal la gloria divina en toda la tierra, que ya no harán falta el sol y la luna:

 

Ya no será el sol tu luz durante el día,

ni con su resplandor te alumbrará la luna,

porque Yahvéh será tu luz eterna;

tu Dios será tu gloria.

Tu sol no volverá a ponerse,

ni menguará tu luna;

será Yahvéh tu luz eterna,

y llegarán a su fin tus días de duelo (Is 60:19-20).

 

Dios como la luz del mundo es también el tema de muchos salmos:

 

Yahvéh es mi luz y mi salvación,

¿a quién temeré?

Yahvéh es el baluarte de mi vida,

¿quién podrá amedrentarme? …

Una sola cosa le pido a Yahvéh,

y es lo único que persigo:

habitar en la casa de Yahvéh,

todos los días de mi vida,

para contemplar la hermosura de Yahvéh

y recrearme en su templo… (Sal 27:1-4; cf. Ap 21:3)

Porque en ti está la fuente de la vida,

y en tu luz podemos ver la luz (Sal 36:10; cf. Jn 1:4).

Yahvéh mi Dios, tu eres grandioso;

te has revestido de gloria y majestad.

Te cubres de luz como con un manto;

extiendes los cielos como un velo…

Tu hiciste la luna, que marca las estaciones,

y el sol que sabe cuando ocultarse.

Tu traes la oscuridad, y cae la noche…

pero al salir el sol… sale la gente a cumplir sus tareas…

Cantaré a Yahvéh toda mi vida (Sal 104:2,19-23,33)

 

Para el salmista, la luz de Dios se nos comunica por su palabra, para iluminar la senda de nuestra vida:

 

Tu palabra es una lámpara a mis pies;

es una luz en mi sendero…

La exposición de tu palabra nos da luz,

y da entendimiento al sencillo (Sal 119:105,130)

 

El Nuevo Testamento mantiene esta teología de la luz, pero con variantes y avances. “Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad” (1Jn 1:5). Es “el Padre de las luces, en quien no hay cambios ni sombra de cambios” (Stg 1:17 BJ; cf. 2Co 4:6), “que vive en luz inaccesible, a quien nadie ha visto ni puede ver” (1Tm 6:16). Pero el Nuevo Testamento da al tema un énfasis cristológico y no duda en llamar a Cristo, igual que el Padre, como “la luz del mundo” (Jn 8:12). Los evangelios sinópticos ven a Jesús como cumplimiento de las promesas proféticas del Mesías como luz a las naciones en medio de las tinieblas (Mt 4:16 con Is 9:2; cf. Ro 2:19; Lc 2:32 con Is 42:6; 49:6).[7] El cuarto evangelio relaciona ese tema con la encarnación como presencia de Dios en la tierra, con mención especial del tiempo de la vida terrestre de Jesús (Jn 8:12; cf. 1:3; 9:15; 12:35-36). Para la escatología realizada de Juan, desde la encarnación de Cristo “las tinieblas se van desvaneciendo y brilla la luz verdadera” (1Jn 2:8).

 

En el libro de los Hechos los tres relatos de la conversión de Pablo (Hch 9:1-9; 22:1-11; 26:12-18) destacan la importancia de la luz en su encuentro con el Señor. Según la defensa ante Agripa, Cristo lo comisionó a Pablo “para que les abras los ojos y se conviertan de las tinieblas a la luz” (26:18). En textos como Hch 26:23 la predicación del evangelio se describe como “proclamar la luz”. Según 2Tm 1.10, Cristo “destruyó la muerte y sacó a luz la vida incorruptible mediante el evangelio”. En paralelismo con la misión de Jesús, Pablo también está enviado a traer luz a los ciegos y a los que están en la oscuridad (Hch 13:47; Ro 2:10; Is 42:7; 49:6). En estos pasajes, “la luz” es sinónimo del evangelio (1P 2:9).[8]

 

En su gran declaración de la fiesta de cabañas, cuando Jesús proclamó, “Yo soy la luz del mundo”, dijo a continuación, “El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8:12). En Cristo, Dios nos da la luz de su rostro para que andemos en ella (1 Jn 1:7). Es más: Jesús, quien es la luz del mundo, dijo también que nosotros somos la luz del mundo (Mt 5:14; cf. Ef 5:8). Según el impresionante símil de Filipenses 2:15, somos hijos de luz que “brillan como estrellas en el firmamento” (Fil 2:15; 1Ts 5:5). “Dios, que ordenó que la luz resplandeciera en las tinieblas, hizo brillar su luz en nuestro corazón para que conociéramos la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo” (2Co 4:6).

 

Aquí debemos recordar también que el brillo del “lino resplandeciente” del vestido de la novia del Cordero consiste precisamente en las obras justas nuestras; es en nuestro compromiso, aquí en esta tierra, con el reino de Dios y su justicia que brilla la gloria de Dios en nosotros (Ap 19:8). En términos similares, el Salmo 90 describe el reflejo del resplandor de Dios en nosotros y nuestras vidas: “¡Sean manifiestas tus obras a tus siervos, y tu esplendor a sus descendientes! Que la hermosura del Señor [NoYaM-AaDoNâY] nuestro Dios esté sobre nosotros. Confirma en nosotros la obra de nuestras manos…” (90:16-17).

 

Es imposible ver la gloria de Dios sin reflejar esa luz radiante de alguna manera. Cuando Moisés bajó del monte Sinaí, después de haber visto a Dios, su rostro brillaba con el resplandor de la gloria divina, pero él no se daba cuenta (Ex 34:29-35). Moisés no sabía, pero todo el pueblo se daba cuenta. Cuando la gloria del Señor ilumina nuestras vidas, no se trata de estarnos mirando en un espejo, con narcisismo espiritual, sino de reflejar la belleza de Dios en nuestro estilo de vida y en todas nuestras acciones:

 

Brilla en mí

Dios la luz de tu amor brilla,

en la oscuridad siempre brilla,

Cristo brilla en nosotros,

tu verdad libertad nos ha dado,

Brilla en mí, brilla en mí.

Coro: Brilla Jesús, llena al mundo de paz

y gloria, Espíritu pon el fuego en mí.

Brillo de amor, llena el mundo de tu justicia

Y que en tí, Señor, podamos ser luz.

Aquí estoy en tu gran presencia,

de las sombras a tu grandeza,

por tu sangre hay luz en mi vida,

Entra y quita todas las tinieblas.

Al mirar tu luz tan grande,

reflejamos tu amor triunfante.

tú nos llevas de gloria en gloria,

transformando toda nuestra historia,

Brilla en mí, brilla en mí…

[1] El lector puede buscar en una concordancia exhaustiva de la Biblia las siguientes palabras: Luz, lucero, lumbrera, lámpara, luminoso, antorcha, candelero, alumbrar, iluminar, tinieblas, oscuridad y otras. Sobre el tema bíblico de la luz, pueden consultarse TDOT I:147-167; NIDOTT I:324-329; Coenen I:462-474; IDB III:130-132; ISBE III 1986:134-136; Spicq III 1996:470-491; Dodd 1978B:208-218.

[2] Las piedras preciosas figuran también entre los lujos de Roma y su comercio (17:4; 18:12,16). La descripción de la Nueva Jerusalén da menos importancia a las perlas, que eran la pasión del imperio y el símbolo de la opulencia, y más al brillo y la belleza de las piedras preciosas.

[3] El lino fino de Babilonia es costoso, pero no resplandece (18:12,16), pero el lino fino de los ángeles (15:6), de la esposa del Cordero y de la nueva Jerusalén brilla con la gloria de Dios.

[4] Pueden consultarse también Ex 10:22; Isa 8:19-22: Am 5:18-20; Sof 1.15; 2P 2:7 y otros textos.

[5] Juan generalmente alude muy indirectamente al Antiguo Testamento, sin citarlo textualmente. La referencia a Is 60:19 en Ap 21:23 es probablemente lo más próximo a una cita textual en todo el libro.

[6] Isa 60 provee el trasfondo bíblico también para la venida de los reyes y las puertas que no se cierran (Is 60:5-17 Ap 21:24-26).

[7] De manera parecida, Ap 21:23 y 22:5 son un claro cumplimiento de Is 60:19-20, aunque Juan no lo señala así.

[8] En algunos pasajes, la luz del rostro de Dios significa bendición o salvación (Nm 6:25. la clásica bendición aarónica).

“Me cansé”

Publicado: noviembre 22, 2010 en Iglesia

por Ricardo Gondim

¡Me cansé! Entiendo que el mundo evangélico no admite que un pastor confiese su cansancio. Conozco muchos pasajes de la Biblia que prometen restaurar a los inválidos. Comprendo que el profeta Isaías enseña que Dios restaura las fuerzas de aquel que ha perdido el vigor. También se que Jesús da alivio a los cansados. Por eso, ya me preparo para las censuras de aquellos que van a escandalizarse con mi confesión y considerarán que soy un derrotista. Sin embargo, no puedo disimular: me encuentro exhausto.

No, no me cansé de Dios o de mi vocación. Continúo entusiasmado con lo que hago; amo a Dios, como también amo a mi familia y a mis amigos. Permanezco esperanzado. Mi agotamiento tiene otras fuentes.

Me cansa el discurso repetitivo y absurdo de aquellos que mercadean con la Palabra de Dios. Ya no aguanto más que se tomen versículos sacados del Antiguo Testamento, que se aplicaban a Israel, para vender ilusiones a quienes llenan las iglesias buscando alivio. Esa posibilidad mágica de revertir una realidad cruel me destruye, porque se que es pura propaganda engañosa. Me cansé de los programas radiales donde los pastores no anuncian más los verdaderos contenidos del evangelio; porque gastan el tiempo alardeando las virtudes de sus propias instituciones. Causa hastío saber de las infinitas campañas y reuniones de oración, todas con el propósito exclusivo de abarrotar sus templos. Considero a los amuletos evangélicos cosas horribles. Me cansé de tener que estar explicando la abismal diferencia que existe entre la verdadera fe bíblica y las creencias populares supersticiosas.

Me cansa la lectura simplista que algunos sectores evangélicos hacen de la realidad. Me siento triste cuando percibo que la injusticia social es vista como una conspiración satánica, y no como fruto de una construcción social perversa. No se consideran los siglos de preconceptos, ni que existe una economía perversa que opera privilegiando a las elites desde hace siglos. No aguanto más cultos para atar demonios o para quebrar las maldiciones que están sobre Brasil y sobre el mundo.

Me cansa la aburrida repetición de las teologías sin creatividad ni riqueza poética. Siento lástima de los teólogos que se contentan reproduciendo lo que otros escribieron hace siglos. Presos por los moldes de sus escuelas teológicas, no logran admitir que existen otros puntos de vista en la lectura de las Escrituras. Conviven con una teología prefabricada. No alcanzan a ver su pobreza porque creen que basta profundizar en el conocimiento “científico” de la Biblia, y develarán los misterios de Dios. La aridez fundamentalista agota mis fuerzas.

Me cansan los estereotipos pentecostales. Que doloroso es observarlos: sin una nueva visitación del Espíritu Santo, buscan crear ambientes espirituales con gritos y manifestaciones emocionales. No hay nada más desolador que un culto pentecostal con una coreografía cuidadosa, pero sin vitalidad espiritual. Me cansé, incluso, de los chistes contados por los propios pentecostales sobre los dones espirituales.

Me cansé de escuchar historias sobre evangelistas extranjeros que vienen a soplar sobre las multitudes. Me dejan desanimado porque se que provocan a las personas a “caer bajo el poder el Dios” para sacar fotografías o grabar el acontecimiento y después hacer fortunas en sus países de origen.

Me cansan las preguntas que me hacen sobre la conducta cristiana y el legalismo. Recibo todos los días varios mensajes electrónicos de personas que me preguntan si pueden beber vino, usar piercing, hacerse tatuajes, recibir tratamiento con acupuntura, etc. La lista es enorme y parece inacabable. Me cansa esa mentalidad pequeña, que no sale de las insignificancias, que no concibe un ejercicio religioso más noble; que no piensan en los grandes temas. Me cansa la gente que necesita bozales, que no sabe ser libre y no logra caminar con principios. Considero intolerable convivir con aquellos que se conforman a una existencia bajo el dominio de la ley y no del amor.

Me cansan los libros evangélicos traducidos al portugués. No tanto por las traducciones mal realizadas, tampoco por los ejemplos tomados del golf o del béisbol, que nada tienen que ver con nuestra realidad. Me cansan los paquetes prefabricados y el pragmatismo. Ya no aguanto más libros con diez leyes o veintiún pasos para cualquier cosa. No logro entender como una iglesia tan vibrante como la brasileña necesita copiar los ejemplos del Norte, donde la abundancia es tanta que los profetas denuncian el pecado de la complacencia entre los creyentes. Me cansé de tener que opinar si estoy de acuerdo o no con un nuevo modelo de iglecrecimiento copiado y que está siendo adoptado aquí en Brasil.

Me cansa la falta de belleza artística de los evangélicos. Hace poco tiempo fui a ver un show de música evangélica, sólo para salir de allí devastado. La música era mediocre, la poesía ordinaria, y lo peor, se percibía el interés comercial tras el evento. Que diferente del día que me senté en la sala San Pablo, para escuchar la música que Johann Sebastian Bach (1685-1750) compuso sobre los últimos capítulos del Evangelio de San Juan. Bajo la batuta del maestro, subimos al Gólgota. La sala se llenó de un encanto mágico en los primeros acordes; cerré los ojos y me sentí en un templo. El maestro era un sacerdote y nosotros, la platea, una asamblea de adoradores. No logré contener mis lágrimas en los movimientos de los violines, oboes y trompas. Aquella belleza no era de este mundo. Envueltos en misterio, transcendíamos la mecánica de la vida y nos transportábamos para el lugar donde Dios habita. Mis lágrimas en aquel momento también fluían con pesar por la distancia estética de la actual cultura evangélica, contenta con tan poca belleza.

Me cansa tener que explicar que no todos los pastores son ambiciosos y que las iglesias no existen para enriquecer a su liderazgo. Me cansé de tener que dar explicaciones todas las veces que hago cualquier negocio en nombre de la iglesia. Tengo que demostrar que nuestra iglesia no tiene ninguna deuda impaga, que no es rica y que vivimos con un presupuesto ajustado. No existe nada más extenuante que ser obligado a demostrar, a familiares y amigos no evangélicos, que aquel último escándalo del periódico no representa a la gran mayoría de los pastores que viven dignamente.

Me cansan las vanidades religiosas. Es agobiante observar a los líderes que adoran cargos, posiciones y títulos. Desprecio los acuerdos políticos que arreglan las elecciones para los altos puestos denominacionales. Me cansé de las vanidades académicas, con las maestrías y los doctorados que solo enriquecen los currículos y generan una tonta soberbia. No soporto escuchar que otro más se autoproclamó “apóstol”.

Se que estoy cansado, sin embargo, no permitiré que mi cansancio me vuelva cínico. Decidí luchar para no atrofiar mi corazón.

Por eso, elijo no participar de una máquina religiosa que fabrica íconos. No me pelearé por los primeros lugares en las fiestas solemnes patrocinadas por gente importante. Jamás ofreceré mi nombre para componer la lista de oradores de cualquier conferencia. Renuncio a querer adornar mi nombre con títulos de cualquier especie. No deseo ganar aplausos de auditorios famosos.

Buscaré la convivencia de los pequeños grupos, preferiré comer con los amigos más queridos. Mi refugio será al lado de personas simples, pues quiero aprender a valorar los momentos sencillos de la vida. Leeré más poesía para entender el alma humana, más novelas para continuar soñando y mucha buena música para hacer la vida más hermosa. Deseo meditar otras veces delante de la puesta del sol para, en silencio, agradecer a Dios por su fidelidad. Quiero volver a orar en lo secreto de mi cuarto y a leer las Escrituras como una carta de amor de mi Padre.

Es posible que otros se encuentren tan cansados como yo. Si ese es tu caso, te invito a cambiar de agenda; romper con las estructuras religiosas que absorben las energías; volver al primer amor. Jesús afirmó que de nada sirve ganar el mundo entero y perder el alma. Todavía hay tiempo de salvar la nuestra.

Traducido por:  Gabriel Ñanco


WARMI : AMAÑA WAJAYCHU, AMAÑA LLAQUIYCHU/MUJER: YA NO LLORES,  YA  NO SUFRAS

En las zonas alto-andinas  del Perú, 07 de cada  10 mujeres  sufre violencia de género . No hay  MIMDES, ni Comisarías  de la Mujer, ni  autoridad  que las defienda, menos aún  cartillas ,palabras de consuelo, ni  textos en quechua  para  ellas , quienes  se quedan sin denunciar estos hechos.

Por esta razón,   la   reconocida  actriz y cantautora Magaly Solier, estrena un spot, una página web, poster y literatura alusiva para erradicar la violencia que afecta a las mujeres quechua-hablantes.

“Había una señora en mi pueblo, y de la cual  me refiero en mi disco “Warmi” (mujer en quechua), ella siempre llamaba a mi madre para que la defienda porque su esposo la ahorcaba con su propio cabello hasta que no podía respirar.

Desde que era muy niña siempre vi violencia, siempre vi hombres pegando a las mujeres. Hay que poner un alto a esto” expresa la joven artista.

CONVOCATORIA A LA PRENSA

Estos materiales de difusión  en español  ,  y la cartilla en quechua “WARMI : AMAÑA WAJAYCHU, AMAÑA LLAQUIYCHU” (Mujer , ya no llores, ya no sufras) serán presentados  este jueves   25 de noviembre “Dia  de la No violencia contra la Mujer”  A LAS  10   AM.,  en la Av. Petit Thouars 991-Santa Beatriz- lugar donde  reaparecerá con  un nuevo “look”, Elizabeth Alanya,  la mujer- símbolo  de la  Violencia doméstica, quien en julio pasado fue víctima de una cruel quemadura producida por su conviviente al arrojarle agua hirviendo en el rostro.

“Alto a la Violencia”, es  una campaña patrocinada por la Sociedad Bíblica Peruana- cuyo Director Ejecutivo, Dr. Roberto Miranda , manifestó que  pretenden  cubrir  este vacío y ausencia del Estado, a través de la entrega gratuita  en las zonas alto-andinas , de una Cartilla  que incluye palabras de consuelo y un test psicológico en quechua ayacuchano, a fin que ayude a evitar estos casos en  regiones poco atendidas del Perú.


Elizabeth Alanya, la mujer que fue quemada en el rostro y parte del cuerpo con agua hirviendo por su conviviente, se convirtió en el símbolo de la campaña “Alto a la Violencia”, lanzada por la Red por una Familia sin Violencia

La campaña busca crear conciencia sobre la necesidad de cesar las agresiones contra mujeres, niños y personas en general, informó la agencia Andina.

La Red, conformada por diez organizaciones, como la Sociedad Bíblica Peruana, Paz y Esperanza, Compasión Internacional, entre otras, desarrollará esta campaña en dos etapas: Prevención, y Atención Sicológica y Pastoral a las víctimas de la violencia.

Pablo Gutiérrez, director de programas de la Sociedad Bíblica, informó que, en primer término, se harán tareas preventivas con material impreso especialmente preparado en el que se orienta a las mujeres a actuar en casos de violencia y se da pautas a los hombres sobre el comportamiento que se debe observar en el hogar y en la vida de pareja.

Según indicó, todo este material será distribuido en comisarías y centros y organizaciones para a mujeres.

La parte de asistencia pastoral y sicológica comprenderá atención con sicólogos para las víctimas de violencia que busquen esa ayuda en la sede de la Sociedad Bíblica.

Además, se realizarán seminarios para formar promotores contra la violencia intrafamiliar y se tiene proyectado capacitar a través de las iglesias cristianas, a cerca de cinco mil mujeres sobre cómo afrontar una situación de violencia y ayudar a las víctimas de la violencia doméstica.

“Queremos contribuir a lograr que casos como el de Elizabeth Alanya nunca más sucedan. Tenemos que sensibilizar a la gente sobre la necesidad de frenar la violencia de una vez por todas”, anotó Gutiérrez.

Por su parte, Alanya dijo que participará en la campaña para lograr que ninguna otra mujer sufra lo que a ella le tocó vivir.

( RPP Noticias)