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Inglaterra y María la sanguinaria

Publicado: noviembre 23, 2010 en Historia, Iglesia

CÉSAR VIDAL

De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (III) Enrique VIII, fundador del protestantismo inglés (2)

En contra de lo que suele afirmar cierta propaganda católica, la muerte de Enrique VIII fue precisamente la que proporcionó a los protestantes la oportunidad de iniciar la Reforma en Inglaterra.

Precisamente al anularse la legislación de Enrique VIII sobre herejes pudieron regresar del continente no pocos protestantes exiliados. El impulso para esta reforma procedería de Eduardo VI, el rey niño sucesor de Enrique VIII, y de sus dos protectores Somerset, partidario de un luteranismo moderado o melanchtoniano, y de Warwick, de tendencia calvinista.

Sólo en 1552, un lustro largo después del fallecimiento de Enrique VIII, se procedió a la aprobación de una confesión de fe que, a diferencia de las impulsadas por el difunto rey, era de contenido protestante. Con todo, la situación distaba mucho de haber quedado zanjada. En 1553, murió el piadoso Eduardo VI y le sucedió su hermana, la católica María. Las esperanzas de que la tolerancia eduardiana se mantuviera durante el reinado de María no tardaron en desvanecerse.

El 3 de enero de 1555, el parlamento -que se mostró tan dócil con María como con su padre- votó el regreso a la obediencia a Roma y el final del cisma. Los bienes de la iglesia católica siguieron, no obstante, secularizados como había sucedido históricamente ya antes y volvería a acontecer después, por ejemplo, con las desamortizaciones liberales.

El cambio religioso tuvo, desde luego, siniestras consecuencias. María, pronto apodada “la sanguinaria” ejecutó a 273 protestantes mientras los exiliados se elevaban a centenares. Quizá una política más tolerante habría conservado a buena parte de la población en el seno del catolicismo, pero las hogueras de María obtuvieron el efecto contrario. Cuando el 17 de noviembre de 1558 expiró la reina, la mayoría de los ingleses respiró con alivio y los protestantes reanudaron su proyecto reformador.

Con todo, la tolerancia de Isabel fue tan considerable que hasta 1570 el papa no la excomulgó. Con ello sólo consiguió afianzarla en el trono y convertir en irreversible la Reforma.

A pesar de todo, la iglesia anglicana no había surgido de un choque frontal con Roma sino que, previamente, se había producido un cisma de claro contenido dogmático católico. Esa circunstancia contribuye a explicar el carácter templado del protestantismo inglés, un protestantismo que, contra lo que suele creerse, nada tuvo que ver con un rey como Enrique VIII que lo persiguió con decisión e incluso saña.

Artículos anteriores de esta serie:

1 Juan Calvino y la Inquisición
2 Enrique VIII y los protestantes ingleses

César Vidal es escritor, historiador y teólogo

© C. Vidal, Protestante Digital.com