Archivos para febrero, 2011


Juan Stam


Efesios 4:7-13 y los “apóstoles” de hoy[1]

Sobre la posibilidad o no de tener apóstoles hoy, los dos pasajes bíblicos más importantes son Hechos 1:21-22 y 1 Corintios 15:1-9. Curiosamente, los defensores del movimiento neo-apostólico evaden sistemáticamente esos dos pasajes, y corren más bien a su texto favorito, Ephesios 4:11, que de hecho no dice nada sobre el tema. Además, las evidencias de Hechos 1 y 1 Corintios son exégeticos, basadas en las mismas palabras del texto, pero los argumentos neo-apostólicos de Efesios 4:11 no son exegéticos sino son inferencias que ellos sacan del texto, a espaldas de otras evidencias bíblicas.

En artículos anteriores hemos señalado que “el paradigma definitivo” del concepto bíblico de “apóstol” se encuentra en Hechos 1 y 1 Corintios 15. Según el primer texto, el sucesor de Judas tenía que ser uno “de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros”, desde Juan el Bautista hasta la Ascensión de Jesús, para que calificado así “sea hecho testigo, con nosotros, de su resurreción” (Hch 1:21-22; 4:33). La función del apóstol es la de ser testigo, con base en su propia experiencia personal e histórica. Por eso, escribe Oscar Cullmann, “el apostolado es, por definición, una función única que no puede ser prolongado”.[2]

Un pasaje paralelo, en Hch 10:37-41, repite en lenguaje muy parecido el requisito de ser testigos presenciales, llamados por el mismo Jesús para dar testimonio de la resurrección. En ese texto Pedro le cuenta a Cornelio que “nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén… A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase; no a todo el pueblo sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos, y nos mandó que…testificásemos que el es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos”.

Ese requisito de haber sido discípulo y testigo ocular de la resurrección era un problema difícil para Pablo, quien afirmaba ser apóstol, llamado por Jesús mismo (Rom 1:1; 1Cor 1:1), pero no parecía cumplir esa condición indispensable (ver 1Cor 9:1-6; 2Cor 10-11; 12:11-12). Ante sus enemigos que negaban que él era apóstol, Pablo defiende su apostolado precisamente en los mismos términos de Hechos 1.[3] Primero Pablo señala que Cristo Resucitado apareció a Pedro, a los doce y “a los demás apóstoles” (15:5-7, siempre con el mismo verbo, ôfthê, clara referencia a las apariciones físicas del Resucitado durante el período entre la resurrección y la Ascensión, Hch 1:3).[4] Después Pablo se incluye en ese mismo registro de testigos oculares, pero como excepción y como el último, al escribir “y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí” (15:8, con el mismo verbo).[5] Por eso se describe como “un abortivo”, nacido fuera del tiempo normal.[6]

Los datos históricos confirman lo dicho por Pablo, que él era el último en ser llamado al apostolado (aun posterior a Matías). En todo el Nuevo Testamento y todos los documentos históricos de la iglesia antigua no aparece ninguna evidencia de la elección de un sucesor a ningún apóstol que ha muerto. Pocos años después de la elección de Matías, Heródes hizo matar al apóstol Jacobo, hermano de Juan (de los hijos de Zebedeo), uno de los doce, pero no se escogió ningún sucesor a Jacobo.[7] Tampoco hubo sucesor de Pablo cuando murió. El historiador Eusebio reporta la muerte de diferentes apóstoles, pero jamás narra el nombramiento de un sucesor. Esto confirma la enseñanza de Hechos 1 y 1 Cor 15, que el oficio y el título de “apóstol” se limita a los testigos ocualeres de Jesús, entre sus contemporáneos históricos.

Otro requisito para ser apóstol era el haber sido nombrado directa y personalmente por Jesús mismo, como ocurrió durante su ministerio en la tierra (Mr 3:14; 6:30).[8] Ya para la elección de Matías Cristo había ascendido, pero los discípulos recurrieron a procedimientos judíos bien conocidos. Fue un proceso de tres pasos: primero, reflexión seria y acción responsable (definir requisitos; estudiar candidatos para escoger a dos, ambos calificados para el puesto, Hch 1:21-23), después oración (1:24) y finalmente echar suertes entre los dos candidatos antes aprobados (1:26). Esto era precisamente el método normal para conocer la voluntad de Dios y aun para escoger los oficiantes (Lc 1:8-9) y los sacrificios para el culto del templo (Lv 16:8-10; Neh 10:34),[9] como “echar suerte delante de Jehová nuestro Dios” (Jos 18:6,8,10).[10] El pasaje significa, entonces, que no fueron los apóstoles que escogieron a Matías, sino que fue Dios mismo. De igual manera, Pablo insiste en que él no fue nombrado apóstol por los doce ni por otras personas humanas sino por Jesús mismo (Gal 1:1,11-2:9; 1Tim 2:6-7 NVI).[11]

Todas estas evidencias muy claras, bien fundadas en la exégesis de los textos bíblicos que hablan explícitamente del oficio apostólico, sus requisitos y su duración, indican que éste por su propia naturaleza se limitó necesariamente a los testigos oculares contemporáneos de Jesús. Ahora, si Efesios 4:11 enseñara lo contrario, sería una contradicción flagrante en la enseñanza bíblica sobre este tema. Pero este texto, que habla mucho del origen de los cuatro oficios que Cristo,[12] en su Ascensión, dio a la iglesia naciente, no dice absolutamente nada sobre la respectiva duración de cada uno de ellos, o más precisamente, la forma distinta en que cada uno de ellos había de ejercer su función en el futuro. El argumento neo-apostólico, de que los distintos oficios mencionados tienen que ser todos de la misma naturaleza y duración, no sólo carece totalmente de base exegética en el texto, sino es una suposición gratuita con el evidente propósito, no de entender y aclarar el texto, sino de defender una tesis a priori ajena al texto.

El tema de Efesios 4:1-16 puede resumirse como “Unidad y diversidad en el cuerpo de Cristo, para su crecimiento integral”. Pablo[13]exhorta a los efesios a “guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (4:3) y señala siete expresiones de esa unidad (4-6). En seguida se refiere a los diferentes dones y oficios en la iglesia (4:7-11)[14] y el propósito y resultado de éstos en la edificación y madurez del cuerpo (4:12-16). En el bloque central aparece tres veces el verbo dídwmi (dar): en el aoristo pasivo (edothê, “fue dada”, 4:7) y dos veces edwken (4:8,11, aoristo activo). Todo el énfasis de 7-11 cae en el acto de dar los dones, en el momento específico de la Ascensión de Jesús (4:8-10).[15] Es claro que se trata de una sola acción de Cristo en un tiempo definido del pasado. Del futuro no dice nada, ni positivo ni negativo, de ninguno de los cuatro oficios.

El Salmo 68, que Pablo cita aquí, tiene muchas interpretaciones pero todas ellas parten del concepto de una marcha triunfante de Dios sobre la tierra, para recibir después el botín de su victoria:

Que se levante Dios,

que sean dispersados sus enemigos…

aclamen a quien cabalga por las estepas…

Cuando saliste, oh Dios, al frente de tu pueblo,

cuando a través de los páramos marchaste,

La tierra se estremeció…

Van huyendo los reyes y sus tropas…

Los carros de guerra de Dios se cuentan por millares;

del Sinaí vino en ellos el Señor para entrar en su santuario.

Cuando tú, Dios y Señor, ascendiste a las alturas,

te llevaste contigo a los cautivos;

tomaste tributo de los hombres, aun de los rebeldes (cf. v.29-31),

para establecer tu morada…

Dios aplastará la cabeza de sus enemigos…

Por causa de tu templo en Jerusalén,

los reyes te ofrecerán presentes.

(Sal 68:1,4,7,12,17,18,21,29; cf. 34-35 NVI)

En resumen, Dios va en marcha sobre la tierra, entra en batalla, vence a sus enemigos y recibe botín de ellos. En la tradición judía, la frase “ascendiste a las a las alturas” se interpretaba como la subida de Moisés al Sinaí, o del arca al Monte Sión, o implícitamente el regreso de Dios al cielo despues de derrotar a los enemigos del pueblo.

En Efesios 4 Pablo da una versión cristológica del mismo salmo, pero con diferencias sorprendentes:[16]

“Cuando ascendió a lo alto,

se llevó consigo a los cautivos,

y dio dones a los hombres”

(¿Qué quiere decir eso de que “ascendío”,

sino que también descendió a las partes bajas,

o sea, a la tierra?

El que descendió es el mismo que ascendió

por encima de todos los cielos,

para llenarlo todo. (Efes. 4:8-9; cf. 1:23 NVI)

En esta atrevida relectura del Salmo 68, Pablo introduce varios cambios: al “subió” de Salmo 68:18 Pablo agrega “también descendió”; omite las descripciones de marchas y batallas, pero mantiene el tema del botín, como símbolo de los dones; donde el salmo dice “recibiste dones”, Pablo lo cambia a “dio dones”.[17]

¿Por qué será que Pablo haya escogido este texto antiguo, aparentemente tan alejado del tema entre manos, y que le requería hacer cambios tan grandes en el texto hebreo? El texto mismo sugiere que Pablo quiere relacionar la repartición de dones y oficios con la Ascención de Jesús. “Este mismo” (autos), que descendió y ascendió, “constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas”, etc, como también en su Ascension dio carismas y repartió dones” (4:7).[18] LLama la atención esta conexión de los dones, tanto de 4:8 como de 4:11, con un momento histórico ya pasado y específicamente la Ascención, a diferencia del Pentecostés (cf. Hch 1:22, apóstoles como testigos de la Ascensión).[19]

De esa manera, todo este pasaje confirma nuestra tesis que nuestro texto (4:11) afirma el origen de todos los dones en Jesucristo Resucitado y Ascendido a la derecha del Padre, pero no dice nada, ni explícita y implícitamente, sobre el futuro distinto de cada uno de los cuatro oficios mencionados. Otros textos enseñan con toda claridad que el testimonio apostólico tuvo que ser de una vez para siempre, peroque “profetas, evangelistas y pastores-maestros” tenían un futuro distinto. Eso de ninguna manera implica que el apostolado iba a tener ese mismo tipo de futuro.

¿Significa eso que ahora no necesitamos apóstoles? ¡Jamás! Siempre necesitamos “los apóstoles” pero para nada necesitamos “nuevos apóstoles”, como si no fueran suficientes y adecuados los que nombró Jesús. Éstos “apóstoles” de hoy no pueden ser apóstoles auténticos, porque no pueden cumplir con los requisitos definitivos de dicho puesto, como estipula el Nuevo Testamento. Pero a través de los siglos, cuando fieles cristianos han “perseverado en la doctrina de los apóstoles”, ha estado presente con toda su fuerza el ministerio de ellos. Ellos son el fundamento sobre el que tenemos que construir en cada generación, pero no nos toca echar de nuevo una y otra vez ese fundamento histórico echado por ellos (Ef 2:20; Col 1:23). Los apóstoles siguen viviendo, siglo tras siglo, en su testimonio al Señor de señores. Ahora el Nuevo Testamento es el lugar por excelencia donde nos encontramos con ese Cristo que vivió, murió, resucitó y ascendió hace dos mil años pero que vive por los siglos de los siglos. En comparación con la grandeza y poder de ese ministerio, nuestros modernos “apóstoles” no pasan de ser una triste parodia.

Oscar Cullmann, en un enjundioso artículo titulado “la tradición”, afirma el apostolado único e irrepetible de los apóstoles originales y lo relaciona con la definición del canon del Nuevo Testamento.[20] Cullmann distingue entre el tiempo de los apóstoles, como fundamento, y el tiempo de la iglesia (p.182). Los apóstoles pertenecen todavía al tiempo de la revelación directa, el tiempo de la encarnación (p.183). Así es que el testimonio apostólico nos coloca en la misma presencia de Jesucristo (p.188); Cristo habla directamente por ellos (p.192). El paso del tiempo de los apóstoles al tiempo de la iglesia posapostólica se marca por la definición del canon del Nuevo Testamento (pp. 193-203). En la iglesia de mediados del siglo dos surgían muchos escritos apócrifos, enteramente legendarios (p.195) y “la tradición en la iglesia no ofrecía ninguna garantía de verdad” (p.196). Entonces, “con un acto de humildad”, la iglesia posapostólica “ha sometido toda tradición posterior elaborada por ella misma al criterio superior de la tradición apostólica codificada en las santas Escrituras” (p.196). De ahí en adelante, toda tradición de la iglesia tiene que ser juzgada por la tradición apostólica. Es por ignorar esto, afirma Cullmann, que la iglesia católica cae en el error de la sucesión apostólica y la infalibilidad papal. Problemas parecidos surgen con el movimiento neo-apostólico. Disminuir la normatividad de los apóstoles lleva, tarde o temprano, a disminuir la normatividad de su testimonio apostólico, el Nuevo Testamento.

¡Los apóstoles viven hoy y nos hablan por medio de las sagradas escrituras! Y al hablar ellos, como muestra Cullmann, habla Jesucristo mismo. ¿Podrán haber creyentes que no hayan escuchado la voz del Salvador en las palabras del Nuevo Testamento, y no hayan visto a Cristo en la página inspirada? Los apóstoles no han muerto ni se han quedado mudos. Ellos siguen viviendo y hablando por medio de su fiel testimonio al Señor.

Cuando cualquier texto se lanza a la historia, nadie sabe qué futuro podrá tener ese texto, nadie sabe cuál podrá ser el “delante” de ese texto. El autor muere, pero su texto sigue su marcha por el tiempo. De seguro San Pablo ni imaginaba la “vida futura” que iba a tener esa carta que escribió a los hermanos de Roma. Tres siglos después, en un jardín de Milán, un profesor de retórica y filosofía escuchó la voz de un niño que decía “tolle, lege” (toma, lee), y Agustín de Hipona tomó el libro de Romanos, lo leyó y su vida fue transformada. Más de un milenio después le tocó a un joven biblista agustino enseñar un curso sobre Romanos, Martín Lutero descubrió el secreto de la justificación por la fe y “se me abrieron las puertas del paraíso”. Después, el 24 de mayo de 1738, en una capilla morava en el pueblo de Aldersgate, Inglaterra, un misionero fracasado escuchó la lectura del Prefacio a Romanos de Lutero, y “faltando  unos quince minutos para las nueve” Dios habló a Juan Wesley, por medio del apóstol Pablo, y Wesley “sintió un calor extraño en su corazón y confió en Cristo como su único Salvador”. Y el libro de Romanos sigue su camino, tocando vidas y trasnformándolas, porque en ese libro habla Jesucristo por medio del Espíritu Santo.

¡No, mil veces No, los apóstoles no se han muerto, ni se han quedado mudos! Ellos siguen dando su testimonio al único Señor y Salvador, el Crucificado y Resucitado que está sentado a la diestra del Padre.

¡Gracias a Dios por los santos apóstoles y su testimonio! Pero de sus imitadores modernos, que Dios nos libre.


[1] Sobre estos “apóstoles” se puede consultar, en juanstam.com, “¿Es bíblico tener apóstoles hoy?” (31 agosto 2008; restaurado 14 julio 2009), “Un debate sobre el movimiento apostólico” (3 julio 2009), y “La Biblia y los ‘apóstoles’ de hoy” (18 octubre 2009)

[2] Estudios de teología bíblica (Madrid: Studium, 1973) p.184.

[3] Es importante recordar que en este pasaje Pablo refuta a dos errores a la vez: el de los corintios que negaban la resurrección y de los que negaban que él era apóstol. Ya que el apóstol era por definición “testigo de la resurrección”, Pablo pudo refutar a ambos errores con un solo argumento.

[4] Al mencionar “los demás apóstoles” en esta lista, Pablo muestra que ellos también eran testigos oculares de la Resurrección.

[5] Aquí no se trata de visiones espirituales , como la de Esteban (Hch 7:55, a quien Pablo no incluye en la lista de testigos oculares) ni la de Pablo mismo (2 Cor 12:1-13). Se trata de las apariciones físicas del Resucitado, en las que él hasta comía con ellos (Lc 24:30,41-43).

[6] Pablo fue el único apóstol que se convirtió y fue comisionado por Jesús después de los cuarenta días que menciona Lucas; en ese sentido, nació fuera del tiempo, como única y última excepción a la regla.

[7] La diferencia entre los dos casos fue que por su traición Judas se descalificó para dicho oficio y murió en la infidelidad, mientras Jacob cumplió fielmente su ministerio hasta su muerte.

[8] Algunos preguntan por qué Jesús mismo no nombró el sucesor a Judas durante los cuarenta días que enseñaba a los discípulos. Podría ser porque aun no habían sido testigos de su ascensión (Hch 1:22); aun no estaba completa su función de testigos presenciales históricos. Este hecho reconfirma la restricción del título “apóstol” a los testigos contemporáneos de Jesús.

[9] Sobre el echar suertes en las prácticas del templo de Salomón, véanse los comentarios de Hechos por Barclay, Wikenhauser, F.F. Bruce y Haenchen.

[10] El Antiguo Testamento habla de echar suertes unas 75 veces, sobre todo para la repartición de la tierra productiva: con la conquista de Canaán (Nm 26:55, 33:54; Jos 13:6 y frecuente); con el retorno de Babilonia (Neh 11:1); y en la Palestina escatológica de Ezequiel (Ez 48:29; cf. Am 7:17).

[11] Por eso Pablo se identifica casi siempre como “apóstol por la voluntad de Dios” o “por mandato de Dios nuestro Salvador y de Cristo Jesús nuestra esperanza” (1 Cor 1:1; 2 Cor 1:1; Ef 1:1; Col 1:1; cf. 1Tim 1:1; 2Tim 1:1).

[12] La insistencia neo-apostólica en que sean cinco oficios en 4:11 y no cuatro revela no sólo su desorientación hermenéutica sino tambien su terca resistencia a la exégesis gramática del texto inspirado. Aun sin conocer el griego, queda claro de la traducción castellana que son cuatro; en RVR, NVI y otras versiones, los punto y coma dividen los oficios en cuatro, marcada cada uno también por la palabra “otros”, pero eso no aparece entre “pastores” y “maestros”. En el griego, cada uno de los tres primeros lleva el artículo definido, pero un solo artículo une a “pastores” con “maestros”. Según la regla de Granville Sharp, cuando eso pasa en una serie de sustantivos que no sean nombres propios, los que llevan un solo artículo se refieren a un mismo objeto. Los dos términos juntos podrían interpretarse como “pastores docentes”, dejando abierta la posibilidad de otros maestros que no sean pastores (Stg 3:1; los apóstoles también enseñaban). Los pastores son los principales maestros del pueblo de Dios, y enseñar la Palabra (alimentar a las ovejas) es su principal tarea y función.

[13] Muchos eruditos creen que Efesios fue escrito no por Pablo sino por un discípulo suyo. Esa hipótesis no cambiaría nuestro argumento sobre el apostolado.

[14] La palabra “oficio” no es el término más exacto para los cuatro grupos de personas señalados en el texto pero capta adecuadamente el sentido.

[15] El dio legei de 4:8 y el autos de 4:11 vinculan la cita de Sal 68 tanto con los carismas personales de 4:7 como con los oficios eclesiales de 4:11. Aunque de hecho el Espíritu sigue repartiendo dones a los fieles (1 Cor 12:7,11), en Efes 4:7 es Cristo que los repartió al volver a su Padre.

[16] La versión aquí no corresponde ni al texto hebreo ni a la LXX. Es posible que se deriva de un midrash judío.

[17] Este último cambio puede responder a una versión rabínica del salmo, según la cual Moisés subió al Monte Sinaí y dio dones (la Ley) al pueblo de Dios.

[18] Ver nota 16. La cita del salmo 68 califica tanto a 4:8 como a 4:11.

[19] Por eso aqui Pablo ve a Jesús como fuente de los dones, a diferencia del Espíritu Santo. Son diferencias de énfasis.

[20] Oscar Cullmann, Estudios de teoogía bíblica, Madrid: Studium, 1973, pp. 165-204.

Las relaciones del enfermo terminal

Publicado: febrero 27, 2011 en Sociedad, Teología

Judith Buchanan

Tocar la presencia de Dios en medio de la enfermedad terminal (IV)

27 de febrero de 2011

Antes de ir a la cruz, al despedirse de sus discípulos Jesús les dio su paz: su shalomque implica su bienestar y salud que se experimenta en las relaciones dentro de una vida comunitaria.La comunidad de creyentes que forma una iglesia local provee el contexto donde el creyente enfermo terminal puede experimentar este shalom a pesar de su enfermedad y así encontrar la fuerza para seguir adelante.41 Ahora aporta menos al grupo en cuanto a lo que es capaz de hacer, pero puede ser apreciado por quien es y disfrutar de dar y recibir amor, el amorágape.42 Una traducción de Job 6:14 es “el que retira la compasión al prójimo, abandona el temor de Sadday” que implica que las muestras de compasión contribuyen a nuestro culto a Dios.43 Por lo tanto, la presencia de personas enfermas y discapacitadas en una iglesia da más oportunidad para mostrar compasión y, al hacerlo, enriquecen el culto que se ofrece a Dios. A la vez los miembros de la comunidad eclesial pueden respaldar y abrigar a los que padecen enfermedades terminales, para que a través del grupo se sientan fortalecidos y experimenten el shalom. En esto la oración es importante cuando la comunidad lleva las peticiones del enfermo a la presencia de Dios.

Algo que los cristianos rusos han apreciado durante sus años de persecución es que el que sufre nunca está solo sino que el peso de su sufrimiento es compartido con los creyentes que oran, estén donde estén.44 De acuerdo con esto está el testimonio del pastor Michael Wenham quien ha confesado que siempre se siente mejor después de la oración a su favor a pesar de que su enfermedad sigue empeorando, lo atribuye al hecho de que ha sido posible tocar la presencia del Dios de amor.45 A veces es difícil saber como orar pero estos momentos proveen oportunidades para poner los problemas del enfermo delante de Dios y permitir que su Espíritu interceda a favor de esta persona.46 Por lo tanto al tocar la presencia de Dios en oración, no hace falta decirle lo que tiene que hacer.

El mandato del Jesús resucitado a sus discípulos en el evangelio de Juan: “como me envió el Padre, así también yo os envío” deja claro que los discípulos están encargados de seguir con la misión de Jesús. De la misma manera que Él trajo el reino de Dios y lo encarnó en medio de la sociedad de su tiempo así también los discípulos están llamados para hacer lo mismo.

Los creyentes que son enfermos terminales tienen el enorme privilegio de poder seguir este ejemplo y hacer palpable el reino de Dios y por lo tanto la presencia de Dios para otros pacientes en situación similar. Cada visita al hospital con las esperas tan largas para ver al médico o recibir un tratamiento, pueden ser una oportunidad para ayudar a otros a tocar la presencia de Dios que sostiene al creyente en su camino y le da esperanza.

Simplemente una sonrisa puede aliviar la preocupación o depresión de un enfermo, mientras otro será ayudado por la promesa de oración o una palabra de ánimo. Otros querrán saber qué es lo que da fuerzas al creyente y le ayuda a ver su situación con una luz positiva. Al cumplir el mandato de Jesús de esta manera, el creyente con una enfermedad terminal encontrará un nuevo sentido para su vida que se va apagando.

La presencia de Dios hace posible mirar a la vida en vez de a la muerte, sostiene al enfermo durante su caminar y le da esperanza y sentido para vivir. Por eso el enfermo puede decir con Job: “el Señor dio y el Señor quitó: ¡Bendito sea el nombre del Señor”47La relación con Dios en el presente que no termina con la muerte, es la relación prioritaria a todas las demás relaciones y hace posible para el creyente seguir adelante con su enfermedad aún conociendo su pronóstico.48 Por tanto, la oración a favor de una persona así no debe estar enfocada hacia la sanidad o a la resignación frente a la enfermedad. Más bien debe estar orientada a buscar tocar la presencia de Dios.

Bibliografía
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Gill, D. W., en Atkinson, D. J. y Field, D. H., “Esperanza”, Ética Cristiana y Teología
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Autor: Judith Buchanan
© Protestante Digital 2011

 

La vida no es biutiful

Publicado: febrero 27, 2011 en Cine

José de Segovia

Javier Bardem es un hombre agobiado por la culpa y el dolor en la película del director mexicano Alejandro González Iñárritu, que le ha valido el premio Goya al mejor actor, el del Festival de Cannes y la nominación al Oscar por Biutiful.

22 de febrero de 2011

El titulo no puede ser más irónico. Esta es una historia sórdida en una Barcelona fea y miserable, que muestra la realidad social más cruda de inmigrantes ilegales, que intentan sobrevivir en talleres clandestinos, trabajando en la construcción o vendiendo en la calle. Su protagonista es un español que vive de la explotación de extranjeros.

El personaje de Bardem tiene un nombre tan poco habitual –Uxbal–, como el carácter moral que representa. Como ha dicho el famoso crítico de cine de Chicago, Roger Ebert, en una época en que “millones se entretienen con películas de una violencia fría y amoral, a veces es bueno simplemente ver a un ser humano que le importan las consecuencias de sus actos”. Bardem es aquí “un hombre que sufre sencillamente porque no puede hacer cosas buenas”.

El tenebrismo moral del director de Amores perros y21 Gramos nos vuelve a presentar un melodrama, dominado por sus temas recurrentes –la pobreza, la violencia y la muerte–, esta vezsin su habitual guionista, Guillermo Arriaga. Tras el conflicto surgido enBabel, los dos intentan mostrar su personalidad en películas Biutiful de Iñárritu y Lejos de la tierra quemada de Arriagaque muestran la ausencia de su colaboración. Aunque Biutifulcarece de la complejidad que hacía de sus títulos anteriores un auténtico puzle, sigue mostrando la tendencia de Iñárritu a perderse en historias colaterales, como la de los explotadores chinos.

Estamos sin embargo ante una historia dominada por un solo personaje interpretado por Bardem con la fisicidad que ha hecho de él un auténtico animal escénicoen una sola ciudadlos suburbios de un barrio periférico de Barcelona, en las antípodas de la postal turística que Woody Allen filmó en Vicky Cristina Barcelonacon una narración directa en su propia idioma castellanoy el de los inmigrantes el senegalés wolof y el chino–. Biutiful traza así un mapa del dolor en torno a un individuo que muestra una capacidad ilimitada para acumular infortunios.

UN RÉQUIEM PROFUNDO
La historia es casi de culebrón. Uxbal es un huérfano que amontona desgracias. La madre de sus hijos es una alcohólica bipolar irresponsable, que le es infiel con su propio hermano drogadicto. Vive en un submundo de trapicheos ilegales, sucio y sin escrúpulos. Y para colmo, le diagnostican un cáncer en estado terminal…

Iñárritu cuenta esta tragedia en un tono grave, que hace que algunos le califiquen de grandilocuente y excesivo. El Negro sin embargo –como le llaman en México, por su visión nada alegre de la vida– no deja de recordarnos que “nuestra existencia, tan rápida como el parpadeo de una estrella, sólo nos revela su inefable brevedad al sabernos cerca de la muerte”.Dice Octavio Paz que la muerte en la cultura mexicana es corporal –se ve y se toca–, mientras que para los norteamericanos es abstracta y desencarnada –no se ve, sino que se reduce a la ausencia, la desaparición de la persona–.

Biutiful es para el director mexicano “una reflexión acerca de nuestra breve y humilde permanencia en esta vida”. Su naturalismo adquiere sin embargo un carácter sobrenatural, al atribuir al protagonista la capacidad de comunicarse con los que acaban de morir presentada también como un don indeseable, al estilo del protagonista de Más allá de la vida de Clint Eastwood. Sólo que aquí adquiere la solemnidad de tratarse de un enfermo terminal que, habiendo frecuentado la muerte de los demás, se dispone a asistir a la suya propia.

Iñárritu dice que se pregunta últimamente “¿a dónde vamos?, ¿en qué nos convertimos cuando morimos?”. Su respuesta –como la de Eastwood–, no es la de un creyente: “En la memoria de otros”. El protagonista tiene la nostalgia del padre, que murió con integridad en la dignidad del exilio mexicano, mientras que él vive en vergüenza. En la angustiosa y vertiginosa carrera contra el tiempo, que Uxbal enfrenta, su vida recibe una nueva luz, a medida que cae por el oscuro pozo de la muerte.

INVIERNO DEL ALMA
Para algunos, la vida tiene la luz del verano, el verde de la primavera o las hojas caídas del otoño. El agua corre, hay risas y calor. El invierno, al principio, no muestra la belleza de esos paisajes nevados y destellantes plantas heladas. Son escenarios yermos de árboles pelados, cielos grises y plantas marrones muertas.

En el invierno temprano de Biutiful todo está roto. La vida decae y uno no está todavía preparado para marcharse. Nuestra oscura existencia en esta ciudad nos enfrenta a un mundo cruel, que vemos desde los ojos dolorosos de Bardem. Su turbia conducta es responsable en parte de la injusticia que provoca tanto dolor, temor y ruina en torno suyo. Aunque su compasión por los niños muestra la desolación de un alma huérfana, que ansía ver el cuerpo exhumado y expatriado de un padre que nunca conoció, para acariciarlo y besarlo entre lágrimas.

Son los hijos de Uxbal los únicos que logran arrancarle una sonrisa. Y es sólo con los ojos de un niño que la muerte adquiere una luz invernal, mientras la nieve cae lentamente.Junto a la figura de la lechuza muerta que aparece al principio, vemos ahora al padre desconocido con ojos infantiles, haciendo el sonido del agua y el viento.

Iñárritu dedica a esta película a su padre, que sufre una enfermedad terminal como la de Uxbal, aunque con ochenta años. Ve sus cosas buenas y sus cosas malas y concluye que “nadie es totalmente bueno ni totalmente malo”. Ya que como “no somos ni diablos ni ángeles”, le parece que “somos un poco las dos cosas”…

CON OJOS DE NIÑO

El cine de Iñárritu nos confronta con una realidad que a nadie le resulta agradable. Películas como ésta, sin embargo, nos ayudan a entrar en el dolor del mundo y darnos cuenta lo que otros experimentan. La inocente observación de la niña que da título a esta historia nos recuerda que la vida se ve de forma diferente con ojos infantiles.Esta es además la redención del personaje, no en particular algo que haga por los demás.

Jesús también nos dice que debemos hacernos como niños para entrar en el reino de los cielos(Mateo 18:3). Esto no es posible, sin embargo, sin haber muerto antes a uno mismo. Ya que “el que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo para vida eterna la guardará” (Juan 12:25).

Es cuando perdemos toda confianza en nosotros mismos y nos vemos débiles e impotentes, que buscamos la ayuda de otros. Recibimos así la gracia cuando nos vemos indignos de recibir cualquier bondad de parte de Dios. Nos damos cuenta de que estamos sin recursos e incapaces de poder salvarnos del juicio. Y clamamos por gracia y Dios tiene misericordia de nosotros en Cristo.

Esa gracia es la que nos lleva de la mano aún por “valle de sombra de muerte, no temiendo mal alguno, porque El estará con nosotros” (Salmo 23:4). Él es “el buen Pastor que da su vida por las ovejas” (Jn. 10:11). En la oscuridad de la noche, “su vara y su cayado nos infundirán aliento”, sabiendo que “ciertamente el bien y la misericordia nos seguirán todos los días de nuestra vida” (Sal. 23:6). Porque viviremos en la casa del Padre, que nos espera al final de este bosque nevado.

Autores: José de Segovia Barrón

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El culto a la Virgen María

Publicado: febrero 27, 2011 en Iglesia, Teología

César Vidal

De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (XVI) Los protestantes no creen en la Virgen (4)He venido señalando en las últimas semanas cómo resulta totalmente inexacto decir que los protestantes no creen en María. más bien, habría que decir que creen únicamente lo que la Biblia dice sobre María y que no sienten ninguna obligación de creer aquello que no sólo no aparece en la Biblia sino que incluso ha sido creído con el paso de los siglos

La Biblia establece de manera taxativa que sólo se puede rendir culto a Dios. Así, en el Decálogo entregado por Dios a Moisés se afirma: “Yo soy YHVH tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mi. No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas, ni las honrarás” (Éxodo 20, 3-5. Ver también Deuteronomio 5, 6-9).En el mismo sentido la Biblia indica: “A YHVH tu Dios temerás, y a él solo servirás” (Deuteronomio 6, 13).

No deja de ser significativo que el mismo Jesús, tentado por Satanás, repitiera expresamente ese mandamiento:

“Escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a El solo servirás culto” (Lucas 4, 8).

Ese servicio sagrado rendido en exclusiva a Dios es una de las características esenciales de la visión espiritual recogida en la Biblia. Frente a la posibilidad de rendir culto a otros seres, Josué afirma que él y su casa servirán a YHVH únicamente (Josué 24, 15-8). Los salmistas insisten en ese servicio que sólo puede dispensarse al único Dios (Salmo 2, 11; 101, 6; etc) y Jesús enseñó que sólo se puede servir a Dios (Mateo 4, 10). Al respecto, no deja de ser significativo que en los escritos apostólicos sólo se hable de culto y de servicio al único Dios y a nadie más (Hechos 20, 19; Filipenses 3, 3; Hebreos 9, 14; 12, 28; Apocalipsis 7, 15). Obedeciendo, pues, el mandato de Dios entregado a Moisés y corroborado por Jesús y los apóstoles, los protestantes sólo podemos y debemos rendir culto y servir al único Dios.

En un intento de justificar el hecho de otorgar culto a otros seres que no son Dios – una acción que la Biblia considera idolatría – el catolicismo ha terminado diferenciando distintas formas de culto como el culto de latría (para Dios solo), el de hiperdulía (para María) y el de dulía (para los santos).

La verdad, sin embargo, es que la Biblia no distingue jamás entre diferentes clases de culto ni afirma que algunas sean lícitas si, en vez de dispensarse a Dios, se dispensan a criaturas. Por el contrario, insiste en que sólo puede servirse y otorgarse culto a Dios y además, de manera explícita, conecta los términos relacionados con la dulía sólo con Dios y jamás con María o los santos. Jesús indica claramente que no se puede servir (doulein) a dos señores –algo que, imaginamos, valdrá para un Señor y una señora– (Mateo 6, 24) y los apóstoles relacionan la dulía única y exclusivamente con Dios (Hechos 20, 19; Romanos 12, 11; I Tesalonicenses 1, 9), lo cual, dicho sea de paso, armoniza totalmente con la enseñanza de la Torah, pero colisiona con la del catolicismo.

Algo semejante hay que señalar en cuanto a la mediación de María y de los santos en que cree el catolicismo. Una vez más, los protestantes nos aferramos al testimonio de la Palabra de Dios. Fue Jesús – y no Lutero, Calvino o cualquier otro teólogo reformado – el que afirmó: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mi (Juan 14, 6)

Sin duda, Jesús hubiera podido señalar que se podía llegar al Padre por otros caminos vg: gracias a la mediación de su madre o de algunos de sus seguidores. Lo que afirmó fue totalmente opuesto a esa posibilidad.

No sólo eso. Además Jesús recalcó que podrían pedir al Padre no en nombre de su madre o de alguno de sus discípulos, sino sólo de él (Juan 14, 13; 15, 16; 16, 24, etc). Esperamos que nuestros amigos y conocidos católicos comprendan que prefiramos seguir las enseñanzas de Jesús al respecto a unas prácticas humanas que no aparecen en las Escrituras y que se han ido perpetuando con el paso de los siglos. Porque ciertamente la iglesia primitiva supo con toda claridad que no había varios mediadores sino uno solo. Así, el apóstol Pablo enseñó taxativamente: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a si mismo en rescate por todos…” (I Timoteo 2, 5-6).

De nuevo, permítasenos obedecer la enseñanza de los apóstoles y afirmar con alegría y esperanza que sólo hay un mediador, aquel que murió en rescate por nuestros pecados – algo que, obviamente, no hizo María ni tampoco ningún santo – y al que podemos dirigirnos con confianza porque es el Sumo pontífice adecuado para nosotros pecadores (Hebreos 2, 14-18; 4, 14-16).

Resumiendo, pues, debemos señalar que respetamos la figura de María e incluso podemos considerar digna de ejemplo su sumisión a Dios su salvador (Lucas 1, 47). De la misma manera, podemos considerar que algunos personajes de la Historia del pueblo de Dios como Abraham, Moisés o Pablo dieron a lo largo de su vida ejemplos de cómo debían comportarse los creyentes.

Sin embargo, no por ello nos resulta menos obvio que, de acuerdo con la enseñanza de la Biblia, sólo se puede rendir culto a Dios y que sólo Cristo es mediador entre El y los hombres.

Salir de esa conducta nos colocaría en una peligrosa situación de distanciamiento de la enseñanza de la Biblia que – pensamos que será fácil de entender – no podemos asumir.

Como antaño señaló Josué, los demás pueden hacer lo que buenamente les parezca, pero nosotros sólo rendiremos culto al único Dios y no a ninguna criatura por buena que haya podido ser (Josué 24, 15).

CONTINUARÁ: Los protestantes no creen en la Virgen (V): lo que los protestantes no creen de María (IV): virginidad perpetua y corredención

Autores: César Vidal Manzanares

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Juan Simarro

 

Retazos del evangelio de Dios a los pobres (IX)

“De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis”. Texto completo en Mt. 25: 31-46.

Esta es una parte del Evangelio a los pobres que más nos debería hacer reflexionar, ya que no se trata solamente de que dejemos a los empobrecidos, marginados y excluidos tirados al lado del camino sin que seamos movidos a misericordia, como en la parábola del Buen Samaritano, sino que el texto de Mateo 25 nos lleva a la visión de cómo repercute esto en la sensibilidad de Dios mismo. Dios percibe la omisión de la ayuda como si hubiéramos sido inmisericordes con Él mismo. Es la mayor llamada de atención que nos hace el Evangelio a los pobres.

Lo que no hemos hecho por uno de estos que tienen hambre, hemos dejado de hacerlo por el mismo Dios. Jesús, el experto en sufrimiento, se queda también al lado del camino, al lado de los sufrientes del mundo, cuando omitimos la ayuda. Por tanto, podemos dejar también a Dios tirado al lado del camino cuando cometemos el pecado de omisión.

La verdad es que el Evangelio a los pobres que nos deja Jesús suena con una radicalidad tan fuerte a nuestros oídos que, quizás, tenemos problemas para comprometernos en esa forma tan radical que demanda el concepto de projimidad que nos deja Jesús, nos da miedo… podríamos temblar al pensar que nuestras insolidaridades para con el prójimo son insolidaridades para con Dios mismo al que podemos dejar tirado en la estacada. Hiere a nuestra sensibilidad el pensar que estamos dejando tirado a Dios al lado del camino. Nos interpela menos el dejar tirado a nuestro prójimo, pero está en la relación de semejanza que nos habló Jesús.

Quizás es por eso que el cristianismo lo hemos ido adaptando, de forma cómoda, para que nuestra sensibilidad no se sienta tan radicalmente llamada al compromiso. En lugar de esta radicalidad en la línea horizontal del Evangelio a los pobres, en la relación de servicio al prójimo, hemos adoptado una espiritualidad un tanto desencarnada en busca de una relación más cercana con el más allá y con los ángeles, que con el prójimo que gime y grita al lado del camino implorando misericordia. Le damos la espalda en muchas ocasiones, faltando a los deberes de projimidad, sin darnos cuenta que lo que estamos haciendo es dar la espalda a Dios mismo.

Es tanta la responsabilidad y el compromiso actuante que nos demanda, tanto la fe como el Evangelio a los pobres, que nos da miedo de que trastorne todas nuestras comodidades, goces y disfrutes insolidarios. Es como si Jesús fuera demasiado lejos en sus demandas para con el prójimo, pero esto lo vemos en toda la Biblia y se resume con las palabras de Jesús en donde el amor a Dios y el amor al prójimo se ponen en relación de semejanza. Así, pues, en la situación de pobreza en el mundo, o en nuestras ciudades, cuando dejamos al prójimo desnudo, sin albergue y hambriento sin hacer nada y sin ser llamados al compromiso, estamos dejando tirado a Jesús mismo.

Es curioso que lo que el texto nos demanda es cubrir simplemente las necesidades básicas, aunque todo esto bíblicamente sea el comienzo de la búsqueda de la justicia y la denuncia del despojo de los pobres, pero el texto parece que no nos habla de ayudas excelsas, ni de sacrificios ímprobos. Nos habla de dar de comer, vestir, albergar, visitar… Es la importancia de la ayuda asistencial, aunque el proceso culmine con la búsqueda de justicia. Es la línea que va marcando el proceso de puesta en marcha de la solidaridad cristiana en el seguimiento del Evangelio a los pobres.

Esta línea del Evangelio a los pobres nos muestra la importancia y la repercusión de nuestras acciones comprometidas y liberadoras, de nuestros compromisos solidarios y, en su caso, la maldad de la omisión de la ayuda. Es tal la relación y comunión de Dios con los hombres, que la omisión de nuestras acciones de fe, le afectan profundamente. Por eso separa de su lado a los insolidarios y a los que han sido sordos ante el grito de los pobres, ante su dolor, ante su hambre.

Así, el pecado de omisión, tal y como se ve en Mateo 25, es callarse o pasar de largo ante las necesidades de los empobrecidos del mundo, de los tirados en las cunetas por falta de misericordia de tantos que dicen querer servir a Dios. El pecado de omisión, no es sólo un pecado contra el hombre, sino contra Dios. Por tanto, no hay ningún Evangelio que no pase por las líneas del Evangelio a los pobres que nos anunció Jesús. Es lo que dio identidad a Jesús como el Mesías enviado y es lo que da identidad a los auténticos seguidores de Jesús.

Así, pues, a los insolidarios y acumuladores que se ponen vestimentas religiosas y se dan golpes de pecho buscando la espiritualidad cristiana, no los creáis. Si ellos anduvieran por las líneas de la auténtica espiritualidad cristiana, deberían actuar como Zaqueo: repartir los bienes entre los más pobres.

Mateo 25 nos dice que Dios no puede salvar a los insolidarios que, pudiendo, no actuaron y dejaron en el hambre, en la desnudez y en la intemperie a sus prójimos necesitados. Son condenados por esta omisión porque, según estos textos, no es Dios quien los separa de sí, sino que fueron ellos los que dejaron a Dios tirado al lado del camino: “Lo que no hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis”.

Esto no quiere decir que la salvación sea por obras. Lo que quiere decir es que la salvación por fe implica una fe viva y actuante que sabe que creer es comprometerse tanto con Dios como con el hombre, con el prójimo.

Señor, no nos dejes gozarnos en el disfrute insolidario, no nos des alegría hasta que no entendamos las líneas que tú nos dejaste en el Evangelio que, siendo para todos, tú nos quisiste hablar de forma específica del Evangelio a los pobres.

Autores: Juan Simarro

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El Vaticano avaló ordenación de la pareja alemana que tiene dos hijos y tendrán permiso especial para seguir casados

Martes 22 de febrero de 2011 – 09:48 pm
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(AP)

(AP). En un acto extraordinario que necesitó la aprobación papal, un luterano converso fue ordenado el martes sacerdote católico en Alemania y se le autorizó además que continúe casado con su esposa, la cual se hizo monja.

El cardenal Joachim Meisner ordenó a Harm Klueting, de 61 años, en una ceremonia privada en el seminario de la ciudad, dijo la arquidiócesis de Colonia.

El papa Benedicto XVI concedió a Klueting permiso especial para que continúe casado con su esposa Edeltraut Klueting, quien en 2004 se hizo monja carmelita.
El portavoz del Vaticano, reverendo Federico Lombardi, dijo que esta excepción es rara, pero han ocurrido casos similares. “Esto no ocurre todos los días”, agregó.

Klueting y su esposa eran luteranos cuando se casaron en 1977 y fueron clérigos de esa corriente religiosa antes de su conversión al catolicismo hace varios años. La pareja tiene dos hijos mayores.

La arquidiócesis de Colonia dijo en un comunicado que la pareja no tendrá que cumplir con el voto tradicional del celibato si continúa en matrimonio, una decisión muy inusual debido a que el celibato es tradicionalmente requisito fundamental para los sacerdotes católicos.

No fue posible contactar a Klueting y su familia para que hicieran declaraciones sobre el particular y se desconoce si continúan viviendo como pareja.
Lombardi afirmó que carecía de información específica sobre los Klueting, o declaraciones del Papa sobre el caso.

Klueting es profesor de teología histórica en la Universidad de Colonia y enseña teología católica en la Universidad de Friburgo en Suiza. A partir de ahora, Klueting también prestará servicios como asesor espiritual de estudiantes universitarios.

La arquidiócesis difundió fotografías de la ceremonia de ordenación. En algunas imágenes, Klueting aparece con cabello gris corto y barba, utiliza una vestimenta blanca y sencilla de sacerdote mientras recibe la bendición de Meisner. Este último vestía su sotana con una cubierta amarilla con bordados y llevaba puesta una mitra dorada de cardenal.

 

ElComercio.pe

 

Pronto los alimentos no alcanzarán

Publicado: febrero 20, 2011 en Noticias

El crecimiento de la población, la disminución de recursos y el cambio climático harían que el mundo se “aprete el cinturón”, según expertos.

En un futuro podríamos superar el límite de los 10 mil millones de personas en el mundo. (AP)

El crecimiento de la población, la disminución de los recursos y el cambio climático está poniendo a la Tierra al límite de su capacidad, tanto que la población mundial deberá comer menos. Así lo advirtieron expertos durante el congreso de de la Asociación Estadounidense para el Avance de las Ciencias (AAAS).

“Si no podemos proveer adecuadamente a siete mil millones de personas,¿cómo podremos alimentar a nueve mil millones?“, preguntó Joel E. Cohen de la Universidad Rockefeller. “Si pronto no se logra aumentar la productividad de la agricultura, todo el mundo deberá “apretarse el cinturón”, añadió durante el evento de la AAAS.

“La agricultura es el mayor enemigo de nuestro planeta”, afirmó el experto Jason Clay de la ONG ecologista World Wildlife Fund. “Actualmente desperdiciamos un litro de agua para ganar una caloría en alimentos”, agregó.

Un pronóstico oficial de Naciones Unidas sobre la población se puso en duda, pues según éste en 2050 la población mundial aumentará en dos mil millones de personas y luego comenzará a reducirse levemente. La falta de control natal en la África subsahariana y en Asia podría llevar a la población mundial a superar el límite de los 10 mil millones, indicó John Bongaarts, de la organización independiente Population Council en Nueva York.

 

Perú21.pe