Archivos para febrero 9, 2011


Las «iglesias genéricas» son casi mayoría en EEUU
La pregunta `¿De qué denominación eres?´ es cada vez menos relevante entre los jóvenes evangélicos.

9 de febrero de 2011, NUEVA YORK

Un artículo reciente del periódico Wall Street Journal asegura que, al menos en Estados Unidos, posiblemente estamos siendo testigos de la progresiva muerte de las denominaciones cristianas.

Según la Encuesta sobre la religión de la Universidad Baylor, las iglesias sin denominación ahora representan el segundo grupo más grande dentro del abanico que conforman las iglesias protestantes estadounidenses y también son las de más rápido crecimiento.

Russell D. Moore, decano del Seminario Teológico Bautista del Sur en Louisville, escribió una nota publicada por Wall Street Journal donde dice que los estudios realizados por organizaciones laicas y cristianas indican que cada vez menos cristianos estadounidenses se identifican con una particular denominación religiosa, como los metodistas, bautistas, presbiterianos y pentecostales.

Moore asegura que cada vez más cristianos eligen una iglesia no por pertenecer a una denominación concreta, sino basándose en cuestiones más prácticas. ¿El templo es fácil de encontrar? ¿Me gusta la música? ¿Existen grupos de apoyo para los que luchan contra las adicciones?

Según el decano, esta tendencia es una extensión natural de la experiencia evangélica de Estados Unidos. Después de la Segunda Guerra Mundial la nueva generación de evangélico enfrentó a las congregaciones que consideraban les faltaba vida espiritual. Las personas pertenecían a una iglesia pero parecía que dentro del templo no tenían una experiencia que marcase sus vidas.

CAMBIOS EN LAS IGLESIAS
Los nuevos grupos e iglesias renovadores vieron crecer la burocracia cuando la denominación se hizo más grande y se pasó de enviar misioneros a predicar por todo el mundo a la producción de documentos técnicos sobre temas como la política energética.

Moore cree que los renovadores desean volver a lo básico, para recuperar la centralidad de una relación personal con Jesús; cumpliendo el tópico siempre presente en el púlpito evangélico: “Ser miembro de una iglesia no te hace cristiano, de la misma forma que vivir en un garaje no te convierte en coche.”

Esta renovación al margen de las denominaciones ha tenido diversas consecuencias, una de ellas las megaiglesias. Antes de 1955, prácticamente no existían mega-iglesias en EE UU (congregaciones con más de dos mil personas en el culto dominical). Ahora, en cambio, hay entre 850 y 1.200 mega-iglesias y muchas de ellas no pertenecen a ninguna denominación, según una Investigación del Instituto Hartford para la Religión.

IDENTIDAD GENÉRICA
Otro factor que influye en el desapego de las denominaciones es que muchos nuevos creyentes a menudo carecen de raíces en las tradiciones históricas y culturales de las grandes denominaciones, y en cambio las numerosas iglesias evangélicas que tienen una identidad genérica les abren sus puertas sin complicaciones de arrastrar sus propias tradiciones y cultura.

El autor termina diciendo que hay algunas señales de una creciente iglesia centrada en el mensaje evangélico. Sobre todo “muchos evangélicos jóvenes pueden estar a punto de reconsiderar su doctrina confesional, por la sencilla razón de que están mostrando signos de fatiga con el estilo de vida consumista típico de los evangélicos”.

A modo de ejemplo, Moore ha mencionado a predicadores de la prosperidad como Joyce Meyer que, según expone en su libro “Eat the Cookie, Buy the Shoes,”, anima a los cristianos a “iluminar” su vida comiendo galletas y comprando zapatos.

En contraste con esta postura, el decano bautista citó el libro “Radical” de David Platt, un predicador de Alabama que está motivando a miles de jóvenes a rescatar su fe mediante la reducción de su alto nivel de vida, y dar su tiempo y dinero a organizaciones de ayuda social llevadas por las Iglesias.

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Siervos inútiles somos

Publicado: febrero 9, 2011 en Iglesia, Misión Integral, Teología

Juan Simarro

Retazos del evangelio a los pobres (VII)

“Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer hicimos”. Texto completo en Lucas 17:7-10.

Una de las características que deben tener todos aquellos que quieran seguir a Jesús en las líneas del Evangelio a los pobres -no hay otra forma de seguirle-, es la de la humildad, así como la del reconocimiento de que se depende en todo del Señor de los campos, de la creación, del universo, de los hombres, todos igual en dignidad y derechos. Dentro de los parámetros del Evangelio a los pobres, tiene que haber ausencia de prepotencia, reconocimiento del otro como superior a nosotros mismos, independientemente de cuál sea su situación. Reconocimiento de siervos o esclavos de aquél que, como grupo específico dentro de los destinatarios de su Evangelio, eligió a los pobres de la tierra y vio en ello sus señas de identidad como Mesías. Es la única manera de que podamos decir con alegría: “Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer hicimos”… Sólo así podremos experimentar la felicidad del siervo.
Las palabras “prepárate, cíñete, sírveme” dichas cuando nos acercamos al Señor ya cansados, se configuran como todo un mensaje. Alguien nos está diciendo: Yo primero. No obstante, debemos recordar siempre que en estas líneas de servicio, por semejanza entre el amor a Dios y al hombre y por la identificación que Dios tiene con el sufrimiento de los débiles y despojados del mundo, este “yo primero”, lo podríamos interpretar como “el prójimo primero” y, especial y específicamente, el prójimo en necesidad.
Estas líneas de servicio que encajan perfectamente en las estructuras del Evangelio a los pobres, nos están exhortando a que la vivencia del Evangelio tenga unas líneas prácticas y de arraigo en la realidad socioeconómica hasta que nos demos cuenta de que, aunque la contemplación, la espiritualidad mística, la búsqueda de gozo y disfrute, el recibir parabienes por nuestro servicio y puesta en práctica del Evangelio, debe quedar en su lugar -pues tampoco queremos eliminar estos conceptos-, estas vivencias no nos deben apartar un ápice de las líneas de servicio tanto a Dios como al prójimo. El servicio a Dios y el servicio al prójimo son como las dos caras de la misma y única realidad. Sólo el que sirve puede, en autenticidad, disfrutar de la exaltación en la alabanza, de la oración y del culto. Fuera del servicio, estas prácticas pueden ser como una molestia a los oídos de Dios, “metal que resuena o címbalo que retiñe”.
Si la salvación es por gracia, el servicio también debe ser gratuito en todos los aspectos. De ahí que esta frase que tan bien encaja en las estructuras y conceptos del Evangelio a los pobres:“Cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos”, sólo les es posible vivirla a los que han captado tanto la gracia como la gratuidad en el servicio. De ahí que nadie debe servir ni trabajar, tanto en la ayuda al prójimo en la línea del Evangelio a los pobres, como en los campos de la evangelización, ni de la misericordia, ni de la enseñanza, pensando en el reconocimiento o cierto agradecimiento de Dios por nuestro trabajo.
De gracia recibimos, debemos dar y actuar de gracia. El que algún día el Señor pueda recompensarnos no debe entrar en nuestros parámetros de servicio. Recordad que cuando hayamos servido hasta la extenuación, debemos continuar con la frase: Siervos inútiles somos. Sólo hemos hecho lo que debíamos.
Así, si no queremos servir gratuitamente, si no queremos arar los campos donde hay tantas personas que sufren injustamente, si no queremos ni nos sentimos llamados a pacentar a los que tienen hambre, si no queremos cavar los campos endurecidos por la opresión, la explotación y el despojo de los débiles, si sólo queremos gozarnos en la tranquilidad y falso sosiego de los injustos, si el sufrimiento del prójimo a nosotros no nos afecta, de nada nos sirve el ritual, que será vano, de las iglesias.
Si no nos preparamos, si no nos ceñimos, si no damos de comer y beber, nuestra situación como cristianos es triste y desoladora. No hemos entendido, no sólo lo que implica el Evangelio a los pobres, sino que no hemos entendido la auténtica vivencia de la espiritualidad cristiana. Fuera de estas estructuras de bondad y misericordia, sólo se puede vivir una religiosidad insolidaria, no el cristianismo del Maestro.
La frase que estamos comentando en la línea del Evangelio a los pobres de considerarnos siervos inútiles porque sólo hemos hecho lo que debíamos, nos debe llevar a contemplar la integralidad del Evangelio con tantas líneas de servicio, de las cuales Jesús nos dice “porque ejemplo os he dado”, líneas de servicio que nos conducen a la vivencia de un Evangelio integral… sin esperar nada a cambio.
Si aceptamos la salvación por gracia, como un don gratuito, sin que Dios nos pida a cambio esfuerzos, sacrificios, cilicios, cenizas o penitencias, nuestra respuesta debe estar en la línea de la gratuidad del servicio… por coherencia. Si no, no hemos entendido el Evangelio, ni ha calado en nosotros la gracia de Dios. ¡Qué dispuestos estamos a aceptar como gracia, como don gratuito, todo lo que Jesús sufrió en nuestro lugar, y cómo tiramos por la borda estos dones graciosos al dar la espalda al que necesita algo de la gratuidad de nuestro servicio! “De gracia recibisteis, dad de gracia”, servid de gracia. Sólo así entenderemos las líneas, los parámetros, los conceptos y los mandamientos que conforman el Evangelio de Dios a los pobres, sólo así podremos entender a Jesús: Evangelio de Dios a los pobres.
Señor, si aceptamos tu gracia, la salvación por gracia, como don gratuito, sacude nuestras conciencias hasta que sepamos servir de gracia, sn esperar nada a cambio.Que podamos hacer lo que los siervos inútiles que trabajan, sin esperar nada a cambio, hasta hacer todo lo que debían.

Artículos anteriores de esta serie:

1 El evangelio a los pobres: retazos
2 El rico y Lázaro
3 Los pobres, Moisés y los profetas
4 Todo en el cielo y todo en la tierra
5 Ricos inquietos y ricos satisfechos
6 El deber del siervo

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Vida más allá de la vida

Publicado: febrero 9, 2011 en Cine

Más allá de la vida es una de las películas más sorprendentes e interesantes de Clint Eastwood. Aunque muchos insisten en lo extraño de su propuesta, no hay nada raro en que alguien con ochenta años se pregunte qué hay después de la muerte. “Todas las religiones han tratado de enfrentarse a esta pregunta”, dice Eastwood.

 

Lo que le atrajo sin embargo de esta historia, es que “tiene un sentido espiritual, sin un toque religioso en particular”. Como toda creación humana, nos habla más de la amargura del más acá, que de la esperanza del más allá.

Puesto que es la conciencia de la muerte, la que nos revela la tragedia de la vida. Es así como descubrimos “el fracaso o la futilidad del éxito, la imposibilidad del amor o la frustración de las relaciones perdidas”. Son, como dice Antonio José Navarro en Dirigido Por, “prolegómenos de la muerte, aunque, irónicamente, sean parte de la vida”. Más allá de la vida examina con poética melancolía las vivencias de unos personajes, cuyas vidas se cruzan, en su atormentada relación con un mundo, “donde la compasión y la indiferencia son difíciles de distinguir”.

Así la periodista Marie (Cécile de France) descubre la frivolidad inconsciente de su vida, cuando sobrevive al tsunami mientras pasa sus vacaciones en Indonesia. El niño londinense Marcus (el impresionante Frankie McLaren), sufre las injusticias de la vida, que producen la repentina muerte de su hermano gemelo, mientras su madre alcohólica es ingresada en un centro de rehabilitación y él es destinado a un hogar de acogida en un mundo donde se siente perdido. A la vez que George (un contenido Matt Damon) lleva una existencia solitaria en San Francisco, a causa de unos dones excepcionales que le incapacitan para asumir las responsabilidades y cargas que la vida conlleva.

FIGURAS ESPECTRALES
El cine dirigido por Eastwood ha mostrado siempre una ambivalente relación entre los vivos y los muertos. Desde el universo onírico de su debut a lo Hitchcock en Escalofrío en la noche (1971) hasta la figura espectral de Gran Torino (2006), hay todo un recorrido por vengadores angélicos que irrumpen en el horizonte con dimensión fantasmal –como los protagonistas de sus westerns, Infierno de cobardes (1973), El fuera de la ley (1976), El jinete pálido (1985) o el mismo Sin perdón (1992) –.

Sus protagonistas parecen a veces cadáveres vivientes –como el Red Stovall de El aventurero de medianoche (1982) o el Charlie Parker de Bird (1985) –. Incluso en las historias más luminosas –como Los puentes de Madison (1995) –, hay un secreto del pasado que transforma la vida en este presente mundo gris. Muchos han recordado, a propósito de esta última película, el personaje de la médium Minerva en Medianoche en el jardín del bien y del mal (1997), que nos dice que “para entender a los vivos, hay que comunicarse con los muertos”.

La pasión de Eastwood por los claroscuros hace que en su cine abunden las secuencias lúgubres y oscuras. Las imágenes del director de Mystic River (2003) y Million Dollar Baby (2004) están llenas de sombras densas y profundas, que aquí contrastan con la luz de unas escenas de colores fuertes y saturados, como sugiriendo la diferencia entre la vida y la muerte. Más allá de la vida nos muestra el carácter misterioso e inquietante de la muerte, que revela la fragilidad humana.

UNA HISTORIA DICKENSIANA
El guionista y dramaturgo británico Peter Morgan –autor de La reina, El último rey de Escocia o El desafío: Frost contra Nixon– escribió esta historia después de leer el libro de una periodista inglesa, Justine Picardie, sobre la muerte repentina de su hermana.En él narra cómo visita médiums espiritistas y personas que dicen poder transmitir la voz de los muertos, a la vez que experimenta un proceso de luto. Morgan piensa así en ese niño que pierde a su hermano gemelo, cuando muere un íntimo amigo suyo, que le deja preguntándose en el funeral dónde está ahora y qué habrá pasado.

El agente de Morgan lo envió a una productora que pensó en alguien interesado en lo sobrenatural como Night Shyamalan. Estando un día con Spielberg, le escuchó una conversación con él por teléfono y pidió a Morgan que reescribiera el guión. Al final Spielberg prefiere el original, que propone a un ya octogenario Eastwood. El director se enfrenta así por primera vez a tres historias cruzadas, que hace confluir con dificultad en la Feria del Libro de Londres.

El personaje de Matt Damon (George) tiene una especial devoción por Dickens. Su retrato decora el recibidor del apartamento y cada noche escucha esos audio-libros ingleses en los que un conocido actor –como Derek Jacobi en la película–, lee fragmentos de obras como Cuento de Navidad o los Papeles póstumos del Club Pickwick. Por si esto fuera poco, George visita su casa-museo en Londres y escucha al protagonista de Yo, Claudio leer partes de uno de sus libros en vivo. Uno de los grandes temas de Eastwood –la infancia maltratada– logra así su dickensiano reflejo en el vulnerable y sensible Marcus, cuyo dolor te conmueve hasta las lágrimas.

PENSAR EN LA MUERTE
Decía Platón que la verdadera filosofía no es sino una meditación sobre la muerte. El tono lento y moroso de Más allá de la vida choca a un público actual, escasamente preparado para la reflexión que supone la contemplación solemne de un tema tan serio y grave. Quien piensa que tras la espectacular reconstrucción del tsunami índico del año 2004, viene una película de atropellada acción al estilo comercial que impera hoy en Hollywood, se verá totalmente decepcionado. Lo que Eastwood llama ya su película francesa, tiene poco que ver con el entretenimiento del cine de evasión, que no se quiere enfrentar a las cuestiones realmente importantes de la vida.

Durante mucho tiempo pensamos, como el poeta Paul Valery, que la muerte es eso que sólo suele suceder a los demás. Cuando uno llega sin embargo a la edad de Eastwood se encuentra que la muerte es algo personal e intransferible.Una cita a la que ninguno de nosotros podemos escapar, que constituye la mayor certeza a la que nos enfrentamos en esta vida. Algo que nos iguala, sea cual sea nuestra condición y fortuna en este mundo. Haríamos bien por lo tanto en pensar más sobre ella…

El escritor William Saroyan dijo antes de morir de cáncer en 1981: “Todos tenemos que morir, pero yo siempre he creído que se podría hacer una excepción en mi caso”. Es así cómo generalmente vivimos, como si nuestro caso fuera a ser la excepción. Woody Allen ha dicho: “Yo no tengo miedo de morir, sólo no quiero estar allí cuando eso ocurra”. Es la falsa confianza por la que pensamos que no debemos temer a la muerte, porque nunca vamos a coexistir con ella. Se ve como una amenaza, que termina con nuestra existencia. Pero ¿qué ocurriría si la muerte no es el fin?

¿VIDA DESPUÉS DE LA VIDA?
El guionista Peter Morgan, dice Eastwood que no cree que haya vida más allá de la muerte. Lo que explica el cómico peregrinaje del niño Marcus por los gabinetes de toda clase de médiums y parapsicólogos. La supuesta ciencia del que graba psicofonías mediante un absurdo cacharro es puesta al nivel de la vidente que finge hablar con espíritus. El mundo esotérico está lleno de fraude y superchería. Los religiosos que aparecen hablando también en los videos de Internet suenan igualmente falsos, aunque invoquen el nombre de Jesucristo.

Por otra parte, la historia le da una cierta credibilidad a las experiencias cercanas a la muerte, que popularizó el llamado Dr. Moody en Vida después de la vida (1975), que era en realidad un personaje esotérico fascinado por el ocultismo y las religiones orientales. La idea de que hay una evidencia científica para la vida después de la muerte, porque la gente ve figuras y luces, mientras experimenta una sensación de paz, convence al personaje de Marie, tras entrevistarse con la doctora que interpreta la recuperada actriz suiza Marthe Keller –que parece un trasunto de la tanatóloga espiritista Kubler-Ross–.

Estas experiencias de las que habla la película no son de personas que han estado realmente muertas, sino que les parecía que se morían, o estaban sólo “clínicamente muertas”. Hay para ello explicaciones físicas –una falta de oxigeno en el cerebro, que produce alucinaciones–, neurológicas o espirituales, pero lo que básicamente ocurre es que la gente ve lo que quiere ver. La sensación de paz y bienestar refleja el deseo humano de que al final nuestros actos no tengan consecuencias. Puede ser por lo tanto un engaño incluso de aquel que se presenta como ángel de luz (2 Corintios 11:14). Puesto que niega la realidad de un juicio después de la muerte.

PERDÓN Y VIDA ETERNA
El personaje de la joven con una sonrisa –interpretada por Bryce Dallas Howard– que George encuentra en el curso de cocina, esconde un drama que refleja la necesidad del perdón. Su contacto psíquico trae una voz del pasado de un padre arrepentido que busca el perdón de su hija.La reacción significativa de ella es la huída, por la que se rompe lo que parecía el principio de una bonita relación. El pasado deja así heridas que el presente no puede curar.

El perdón de Dios es el acto por el que coloca nuestra vergüenza sobre Cristo y deja caer sobre Él las consecuencias de todo nuestro mal. Es un perdón completo e incondicional. ¿Cómo puede pasar por alto nuestras ofensas? Lo hace por su gracia y la obra de Jesucristo. En la cruz ha echado sobre su espalda todos nuestros pecados (Isaías 38:17). O sea que ya no puede verlos. El Salmo 103:12 dice que los ha puesto a la distancia que está el oriente del occidente. Son extremos que nunca se encuentran. Así el pecado está fuera de la vista de Dios. No es que esté ciego y ya no pueda verlo. Es que no quiere verlo. O mejor dicho, ve al pecador que tiene fe,por la justicia de Cristo Jesús, que pagó nuestro castigo.

La vida que nos da Jesús no es sólo eterna en la duración, sino plena en su satisfacción. En esta vida, todo llega un momento que nos decepciona. Queremos algo con todo nuestro ser, pero en cuanto lo tenemos, deja de interesarnos. No es así con la experiencia eterna de tener a Dios como Padre. Esa es de un asombro constante…

No sé cuánto recordaremos de lo que ha pasado antes, pero hay algo en el tiempo y en el espacio que nunca olvidaremos. El que está sentado en el Trono es un Cordero inmolado, sacrificado por nosotros. La cruz nos dirá mucho más de lo que nos ha dicho hasta ahora. Nos mostrará en qué consiste el amor de Dios, inagotable e insondable, al que volveremos una y otra vez. Algo que despertará en nosotros una continúa alabanza. “Porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos” (Apocalipsis 7:17).

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César vidal

De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (XIV) Los protestantes no creen en la Virgen (2)

La semana pasada examiné sucintamente cómo el mito de que los evangélicos no creen en María no se corresponde con la realidad y apunté igualmente a lo que sí creen sobre ella en relación a lo sucedido antes del ministerio público de Jesús.

Concluía así
que de la vida de María antes del ministerio público de Jesús, sólo tenemos algunos datos gracias a dos de los veintisiete escritos del Nuevo Testamento,
que María aparece como una joven virgen judía desposada con José
que quedó encinta por obra del Espíritu Santo y no tuvo relaciones sexuales con José “hasta que dio a luz a su hijo primogénito”
que le fue anunciado por un ángel que su hijo iba a ser el mesías
que María era una judía piadosa cuya esperanza espiritual era la propia del pueblo de Israel expresada en los términos propios del judaísmo de la época, de ahí que, por ejemplo, contemplara a Dios como a su salvador y reconociera su propia “bajeza”
que, como judía piadosa, cumplió fielmente con lo prescrito en la Torah en materia de purificación y de fiestas y
que distaba, a pesar de su piedad, de ser perfecta no entendiendo lo que hacían los pastores en Belén y todavía menos la respuesta que Jesús le dio a ella y a José tras perderse en el viaje a Jerusalén. Precisamente porque no entendía esto, lo guardó en su corazón y lo meditaba continuamente.
¿Qué creemos los protestantes del resto de la vida de María? Pues, por decirlo de manera sencilla, lo que enseña el Nuevo Testamento. María aparece siempre como una mujer piadosa, fiel al Señor, aunque imperfecta, que no comprendía a cabalidad el ministerio de su hijo Jesús.

La primera referencia a María es, seguramente, la relacionada con las Bodas de Caná (Juan 2:1-11) a las que acudió junto a Jesús y algunos discípulos (2:1-2). Cuando el vino se terminó, María se lo indicó a Jesús. No tenemos razones para pensar que María actuó movida sino por buenas razones aunque, por ejemplo, Juan Crisóstomo afirmó que sólo la guiaba el deseo de preeminencia. Desde luego, resulta obvio que Jesús no aceptó una supuesta mediación de María. En Juan 2:4 se recoge que le dijo: “¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora”. A decir verdad, cuando se vuelca el texto griego al arameo original no hay duda alguna sobre la interpretación del texto. Jesús no sólo llama a María “mujer” rechazando la idea de que pueda tener algún privilegio por darle a luz sino que además indica que su petición no tiene lugar. Al respecto, no deja de ser significativo que la Biblia de Jerusalén – una traducción católica – señale en nota a pie de página que la respuesta de Jesús es un “semitismo que rechaza una intervención”. Así lo vemos también nosotros. Y lo debió de ver María porque se limitó a decir a los sirvientes que hicieran lo que Jesús les dijera.

No es la única vez recogida por los Evangelios en que Jesús rechazó la intervención de María. Por ejemplo, cuando María y los hermanos de Jesús – sobre los que hablaré en otra entrega – pretendieron interrumpir su predicación para hablar con él, la respuesta no pudo ser más clara: “extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana y madre” (Mateo 12:48-50. Véase también: Marcos 3:31-36; Lucas 8:19-21). Desde luego, en ningún momento, Jesús consideró que la condición de su madre fuera superior a la de otros. Para él, de manera expresa, ser su discípulo era tan importante como ser su madre algo que, dicho sea de paso, ningún católico podría aceptar. No sólo eso. Jesús insistió en que había condiciones espirituales superiores a la de ser su madre. Eso es lo que encontramos, por ejemplo, en Lucas 11:27-28: “mientras él (Jesús) decía estas cosas, una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo y los senos que mamaste. Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan”. Las palabras de Jesús no indican – como han señalado algunos historiadores – falta de afecto hacia su madre, pero sí muestran cuáles eran sus prioridades espirituales y, a sus ojos, escuchar la palabra de Dios y guardarla era mucho más importante que haber sido su madre.

Ese equilibro personal de Jesús hacia su madre explica que uno de sus últimos cometidos fuera el de procurar que su madre contara con abrigo y cobijo después de su muerte. Tal y como recoge Juan 19:25-27, mientras se hallaba en la cruz, Jesús dejó a María al cuidado del discípulo amado, algo lógico si tenemos en cuenta que los hermanos de Jesús “no creían en él” (Juan 7:5). Este pasaje de Juan ha sido utilizado frecuentemente por autores católicos como una referencia a la maternidad universal de María. Se trata de un tema que abordaremos en una entrega posterior, pero ya podemos adelantar que semejante interpretación ni siquiera es aceptada por teólogos católicos de peso. Por ejemplo, L. Ott, un teólogo católico conservador, señala en relación con la supuesta maternidad de María sobre los creyentes: “Faltan las pruebas escriturísticas expresas. Los teólogos buscan apoyo bíblico en las palabras de Cristo en Juan 19:26 ss: “Mujer, he ahí a tu hijo” “He ahí a tu madre”, pero, de acuerdo con el sentido literal, dichas palabras se refieren sólo a las personas a quienes van dirigidas: María y Juan” (Fundamentals of Catholic Dogma, Cork, 1966, p. 214). Cualquier protestante estaría totalmente de acuerdo con esa interpretación.

Las referencias a María tras la muerte de Jesús son muy escasas. No tenemos ninguna noticia de que Jesús resucitado se le apareciera, aunque quizá, sólo quizá, formara parte de los quinientos hermanos a los que se apareció a la vez (I Corintios 15:6). Sí sabemos que estuvo presente en las reuniones de la comunidad cristiana de Jerusalén (Hechos 1:14) y, de nuevo quizá, que lo estuviera durante el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés, aunque no se puede asegurar. De hecho, a partir de Hechos 1, 14 perdemos su rastro en la Biblia ocupada, sin embargo, de narrar la vida de personajes como Esteban, Felipe, Timoteo y, por supuesto, Pedro y Pablo. Desde luego, si los primeros cristianos vieron a María de una manera lejanamente parecida a como la ven los católicos actuales se ocuparon rigurosamente de no dejar la menor huella. Por supuesto, es más lógico deducir que simplemente nunca la contemplaron como los católicos de hoy en día.

Resumiendo, pues, los datos que tenemos sobre María en el Nuevo Testamento relacionados con el ministerio público de Jesús y con la vida de los primeros cristianos se reducen a que:
Durante el ministerio público de Jesús, María intentó intervenir en varias ocasiones y Jesús siempre rechazó esa intervención.
Jesús subrayó una y otra vez que también era su madre aquel que escuchaba la Palabra de Dios y la obedecía, y que la condición espiritual de los discípulos era superior a la de su madre.
Jesús encomendó el cuidado de su madre al discípulo amado.
Carecemos de noticia de que Jesús se apareciera a María tras la resurrección y
En el año 30 d. de C., María, junto a los hermanos de Jesús, formaba parte de la comunidad cristiana de Jerusalén. A partir de ahí, el Nuevo Testamento no dice nada de ella.
Como señalaba en la anterior entrega, todo lo que la Biblia dice de María, los protestantes lo creemos firmemente. A contrario sensu – y tendremos ocasión de verlo en próximas semanas – no creemos aquello que no enseñan las Escrituras y que incluso colisiona con lo que éstas nos muestran.

Pero sobre eso hablaremos, Dios mediante, a partir de la semana que viene.

CONTINUARÁ: Los protestantes no creen en la Virgen (3): lo que los protestantes no creen de María.

Artículos anteriores de esta serie:

1 Juan Calvino y la Inquisición
2 Enrique VIII y los protestantes ingleses
3 Inglaterra y María la sanguinaria
4 Cisneros ¿precursor de la Reforma?
5 Juan de Valdés y la Reforma en España
6 Juan de Valdés huye de la Inquisición
7 Españoles del siglo XVI con la Reforma
8 Las ekklesias y «la» Iglesia católica
9 La verdadera Iglesia no tiene Papa
10 Salvación por gracia, no por obras
11 Carta de Santiago: fe, salvación y obras
12 Obispos casados
13 Los protestantes y la Virgen María

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El FBI realiza pericias contra la iglesia de la Cienciología por tráfico de personas

Miércoles 09 de febrero de 2011 – 09:59 am

(Foto: AP)
(Agencias). La iglesia de la Cienciología está siendo investigada por el FBI por tráfico humano y uso indebido de personas en trabajos no remunerados. Es decir, por esclavizar a numerosos seguidores de la secta, según detalla Europa Press.

Tom Cruise habría utilizado a fieles de la iglesia de la Cienciología para que le realicen trabajos personales que merecían un pago por mano de obra, suponiendo un gran desembolso para el actor. En cambio, estos trabajos se hicieron de manera gratuita, o casi gratuita, para la estrella de “Misión Imposible”, que ahorró así una buena cantidad de dinero.

TESTIMONIOS
John Brosseau, ex miembro de la iglesia de la Cienciología, confesó que durante el periodo en el que fue seguidor de la secta tuvo que realizar varios trabajos para Cruise por orden de David Miscavige, cabeza de esta iglesia, que no fueron pagados como mano de obra normal.

“Cruise me preguntó, “¿Dios, puedes arreglar mi moto para que quede mejor?’, miré a Miscavige, y Miscavige dijo que sí”, reveló Brosseau.

De este modo, Brosseau trabajó para arreglar dos motos que Tom Cruise le trajo, una Triumph y una Honda. Así, participó en un trabajo que cuesta miles de dólares, pintando y rearmando las dos motocicletas del actor, cobrando 50 dólares a la semana, cuando se suponía “que estaba trabajando por la mejora de la humanidad”.

El Comercio-Perú