Archivos para febrero 18, 2011

Al César lo que es del César…

Publicado: febrero 18, 2011 en Sociedad

Extraño más que nunca a mi querido Perú, pero me alegro en sumo grado no estar allí en esta temporada de elecciones, escuchando at nauseam las propagandas electorales—más bien electoreras; viendo toda la ciudad afeada por carteles, pancartas, pintarrajos y las fotografías de tanto vivo quienes por más que expongan su mejor sonrisa, no pueden esconder la evidente nariz de Pinocho que les afea el alma. Lo peor: la asquerosa, mentirosa, sínica y barata demagogia de la mayoría de los candidatos y candidatas.

¿Que así es la democracia? Pues no Señor. Mal de muchos, consuelo de tontos. Les gusta que sea así a los oportunistas, arribistas, mercenarios de la política, interesados en llegar al poder para servirse de él en todo lo que puedan, menos servir al pueblo. La democracia no es así, o no debería ser así.

La democracia está así porque  la mayoría popular no ha madurado aun o no ha despertado del marasmo en el que el pasado la ha adormecido.

La democracia está así porque en esa inmadurez o adormecimiento el pueblo olvida fácilmente las mentiras y patrañas que los candidatos cometieron en otras oportunidades. El pueblo tiene flojera de hacer una evaluación profunda y consciente al trabajo de los que se acomidieron a gobernar el país.

La democracia está así porque parte del pueblo en su inmadurez y adormecimiento perdona los latrocinios y crímenes de lesa humanidad que los candidatos o sus antecesores cometieron, muchas veces impunemente.

La democracia esta así porque algunos recibieron unas cuantas monedas, o  un favor, o una migaja de pan que les cayó a la mano del suculento botín de aquellos mañosos sinvergüenzas que son muchos de los políticos profesionales u oportunista.

La democracia está así, porque la mayoría del pueblo cree que las obras de los presidentes, ministros, congresistas, alcaldes, etc., son favores que estos le hacen al pueblo. Pues no es así. Los políticos postulan por que quieren o se sienten capaces. El pueblo los elije para que hagan su trabajo por el cualse les paga y no poco. El trabajo de ellos es mejorar la calidad de vida para todo el pueblo; para eso se les paga de la misma manera que se nos paga a nosotros por cumplir con nuestro trabajo. Con la gran diferencia que a eso señores, por cumplir con su deber, el pueblo no solo les paga un salario bastante envidiable, sino que tienen muchísimos otros beneficios, dizque porque son padres y madres de la patria. Hasta donde yo sé, un verdadero padre o una verdadera madre se sacrifica por sus hijos y les da a ellos lo mejor que puedan, sin esperar nada a cambio. Yo a mi padre y a mi madre no les pagué con otra cosa que no sea mi gratitud y ellos se sintieron más que satisfechos con ello. De estos me siento sumamente muy orgulloso, pero de muchos de aquellos siento asco y vergüenza.

Pero sobre todo, la democracia esta así porque la educación no está en el primer ni en el segundo y en muchos casos ni en el tercer lugar de las escala de valores de la mayoría de las familias peruanas. Es esa falta de conocimiento, de preocupación por una buena información, hace que  la mayoría de peruanos sean presa fácil de la melosa retórica electorera con la que son engañados.

La democracia peruana—y latinoamericana—necesita una cura de confianza que la ha perdido después de siglos de mentiras, robos y crímenes. La democracia peruana necesita de hombres y mujeres probos que renuncien, en nombre de la democracia, a todos esos exagerados emolumentos y beneficios que no hacen más que atraer a oportunistas como la miel a las moscas. La democracia peruana necesita de hombres y mujeres con conciencia clara y limpia que renuncien a la inmunidad parlamentaria y se sometan de inmediato al fuero judicial para demostrar su inocencia, pues, quien nada debe nada teme. La democracia peruana necesita de hombres y mujeres honrados que dejen revisar sus valijas, como cualquier otro ciudadano, cada vez que viajen, pues, si no hay nada que esconder no hay nada que temer. La democracia peruana necesita de un congreso que sea renovado por tercios cada dos o tres años, el que no trabaja que se vaya a su casa. Solo estas medidas podrán hacer que la democracia peruana sea lo que una verdadera democracia debe ser: por el pueblo, con el pueblo, para el pueblo.

Pero como las cosas hoy distan mucho de ser así, me alegro no estar en el Perú en esta temporada electoral.

Rev. Pablo B. Espinoza

 


Isaac Bigio / Mundo Al Día

LIMA | Mucho se menciona el hecho de importancia que tiene la Hermandad Musulmana, el partido más antiguo y fuerte de Egipto, en haber influido en Hamas y otros movimientos islámicos y en la posibilidad de transformar a su país en una suerte de nuevo Irán.

Sin embargo, Egipto no es sólo la cuna del más antiguo e influyente nacionalismo mahometano, sino también de la mayor población cristiana del mundo árabe y del Medio Oriente.

Se estima que entre el 10% al 15% de los 80 millones de egipcios creen en la Biblia y no en el Corán. Uno de ellos, Boutros Ghali, fue el secretario general de las Naciones Unidas en 1992-96.

Hay muchas personas que suelen identificar a los árabes con el Islam, lo cual es un grave error. Si bien el Corán está en árabe, sólo 1 de cada 6 de los 1,500 millones de musulmanes que hay en el mundo tiene a ésta como su lengua materna. Por otra parte, hay 30 a 40 millones de cristianos y más de 1 millón de judíos árabe-hablantes.

En el Medio Oriente nació el cristianismo 6 siglos antes que Mahoma y el judaísmo al menos 2,000 años antes que dicho profeta. Los judíos y los cristianos más antiguos que hay provienen de esa región.

Si bien casi todos ellos usan el árabe a diario, algunos prefieren reclamar sus raíces en los pueblos previos a la invasión árabe. Muchos de los 3’5000,000 maronitas, quienes componen casi la mitad del Líbano, país que fue separado de Siria por los franceses para crear la única república árabe dominada por cristianos, pretenden ser “fenicios”. Hay entre 3 a 4.5 millones de cristianos provenientes de Iraq y Siria que se consideran asirios.

Hay entre 10 a 20 millones de coptos quienes vienen del valle del Nilo. Ellos son la principal minoría religiosa en Egipto, donde se proclaman como los herederos directos del pueblo de los faraones, mientras que hablan una lengua demótica que proviene de ellos.

Esta es el copto, la misma que se escribe en el alfabeto griego (y no en jeroglíficos) y que se ha venido convirtiendo en una lengua litúrgica como el latín.

Muchas de esas iglesias tienen su propia estructura local. Por ejemplo, los coptos tienen a Shenouda III como su 117mo Papa, el cual reside en Alejandría. Sin embargo, hay congregaciones coptas, asirias, libanesas, armenias y en todo el Medio Oriente que son ortodoxas, católicas o protestantes.

Los coptos en Egipto llegaron a ser muy importantes durante la monarquía y la dominación británica. La mayoría de los grandes negocios estaban en sus manos. Sin embargo, el régimen actual que Nasser impuso en Egipto desde 1952 afectó las propiedades de muchos de ellos, mientras que la ideología pan-arabista buscaba hacer que los coptos se arabizasen. En Sudán los coptos perdieron los privilegios que tuvieron durante la colonia británica y a muchos de ellos se les ha negado la ciudadanía.

Los cristianos han jugado un rol clave en la independencia de Sud-Sudán, mientras que en Egipto siguen siendo la principal minoría no musulmana dentro de un gran país islámico.

Es bueno recordar que una gran parte de los cristianos del Medio Oriente emigraron a las Américas. Una decena de jefes de Estado o de gobierno de América Latina han tenido ancestros árabes. Las mayores concentraciones de ellos están en Brasil, Argentina y México. En el Nuevo Mundo hay tantos o más maronitas que en el Líbano. En EE.UU. hay entre 100 a 500 mil asirios y uno de ellos (Andre Agassi) llegó a ser el número 1 del tenis mundial.

 

Diario el Correo-Perú.


Juan Simarro
Retazos del Evangelio a los pobres (VIII)
“Venid, benditos de mi Padre…porque tuve hambre y me disteis de comer”. Texto completo: Mateo 25:31-46.

“Cuando el hijo del hombre venga en su gloria”… entonces será este juicio que será de carácter global: “serán reunidas delante de Él todas las naciones”. Todos serán examinados y sólo habrá dos resultados posibles: el que uno vaya en este examen a la derecha o a la izquierda del Padre. Es el único resultado previsto por Dios. Nadie va a poder eludir este examen. El test que tenemos que pasar es el de si hemos tenido una fe viva, una fe actuante, una fe que obra a través del amor, como diría después el apóstol Pablo. Este examen tiene a los pobres como centro. Está en la línea del Evangelio a los pobres.

Los que se pondrán a la derecha, aprobando el examen, serán los que puedan contestar positivamente a estas preguntas: ¿Ha movido tu fe montañas, te ha movido tu fe al servicio a los pobres, hambrientos, desnudos y sedientos, te ha implicado en la acción de ayuda al prójimo necesitado, tu fe fue tan viva como para moverte a la misericordia, al hacer y buscar justicia a los débiles del mundo… o simplemente estaba muerta? La respuesta si es positiva, nos acerca a Dios, si es negativa nos separa de Él para siempre a la condenación eterna. En el fondo de todo, están los pobres. La fuerza radical y aplastante del Evangelio a los pobres.

 

La radicalidad es clara y definitiva: quien no apruebe este examen perderá la salvación y pasará a la eterna condenación. No podemos apelar a la bondad y al sacrificio de Jesús en la cruz, sin tener en cuenta el concepto de projimidad, de búsqueda de la justicia, del hacer misericordia y actuar en el servicio al necesitado. La influencia del Evangelio a los pobres no queda sólo en la formulación teórica de ser un grupo o colectivo que se nombra de forma específica como destinatarios del Evangelio. El Evangelio a los pobres está lleno de recomendaciones y mandamientos cuyo incumplimiento mata nuestra fe y nos separa de Dios para siempre.Muchas veces nos gustaría tener una fe que nos elevara hacia lo eterno, que nos identificara más con lo angélico, una fe que actúa en nosotros como un simple sentimiento de seguridad, comodidad o gozo en lo sobrenatural, una fe estática, contemplativa y de autogozo, pero la fe nos demanda otras cosas. La fe sin acción se muere y deja de existir. Los que pasen el test, serán los que hayan tenido una fe actuante y comprometida que nos convierte en las manos y los pies del Señor en medio de un mundo de dolor… Los que han entendido el Evangelio a los pobres.

El examen del juicio de las naciones, en relación con nuestro compromiso con Dios y con el hombre y, fundamentalmente, con el hombre tirado al lado del camino, es el que probará si nuestra fe ha sido genuina. La fe genuina está en línea con el Evangelio a los pobres, con la acción solidaria, con la dignificación de las personas, con la liberación de los oprimidos. El hambre que quitamos, la sed que apagamos, los desnudos que vestimos son todo el icono de una acción liberadora que busca justicia para los pobres y apaleados de este mundo. La fe verdadera no puede quedar quieta y contemplativa ante un mundo empobrecido y lleno de dolor dando la espalda al grito de los pobres del mundo. Esto es un desprecio al Evangelio de Jesús, al Evangelio a los pobres.

El tema central de todo este pasaje, en línea con el Evangelio a los pobres, es el siguiente: Por una parte, Jesús se identifica con nuestras acciones liberadoras, con las acciones solidarias de sus hijos a favor de los pobres, y se siente afectado en su sensibilidad divina por la fe muerta que omite la acción solidaria, que omite la búsqueda de justicia en el mundo. Por otra parte, Dios se identifica también con el apaleado, con el injustamente tratado, con el empobrecido y oprimido, con el despojado por la acumulación injusta y desmedida de los enriquecidos del mundo que agrandan sus graneros pensando solamente en ellos mismos.

Todo esto es así hasta el punto que en esta identificación con estas líneas del Evangelio a los pobres, ya en su forma práctica y actuante en el mundo a través de las solidaridades y el amor de sus hijos, llega a decir las expresiones “a mí lo hicisteis”, en su forma positiva y “a mí no lo hicisteis” en su forma negativa. Dos expresiones que dan cierto miedo cuando pensamos en el juez justo que nos va a examinar nada menos que para aceptarnos y acogernos con él para siempre, ejemplo de salvación eterna, o para rechazarnos y dejarnos en un lugar aparte en una condenación sin remedio, para siempre. En este test, tanto nosotros como la iglesia, nos jugamos la credibilidad ante Dios, el ser o no agentes de liberación o iglesias del reino.

Por tanto, en un Evangelio que tiene a Dios como centro y, en segundo lugar y en semejanza, en un Evangelio que también tiene como centro al hombre, especialmente al hombre apaleado y empobrecido, a los pobres, la nota aprobatoria del test será la siguiente: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino, porque tuve hambre y me disteis de comer… lo que hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”. Has aprobado. Bien buen siervo y fiel. El suspenso, se dirá con estas palabras condenatorias: “apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer… De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis”.

El olvido de los pobres, del hombre en su situación de sufrimiento, el ser sordo ante el grito por misericordia y justicia para con los oprimidos y empobrecidos del mundo, separa de Dios. Esa es la dureza del Evangelio a los pobres. Pero tiene su lado dulce, aprobatorio, de acogida y de salvación, para todos aquellos que, en el nombre de Dios, han acogido, alimentado, quitado la sed y vestido a aquellos que siendo nuestros prójimos, han quedado heridos y apaleados, despojados y robados de dignidad y excluidos, tirados como basura al lado del camino… cuando son criaturas o hijos de Dios.

Señor ayúdanos a comprometernos con tu Evangelio, con el Evangelio a los pobres. No nos des disfrute hasta que no nos metamos en estas líneas solidarias de servicio que demanda la visión práctica del Evangelio a los pobres.

Protestante Digital.com


Tocar la presencia de Dios en medio de la enfermedad terminal (II)

13 de febrero de 2011

Pensar en cómo tocar la presencia de Dios en medio de la enfermedad terminal nos ayuda a seguir el ejemplo de los teólogos de liberación, con una cristología desde abajo que empieza con “la realidad de Jesús de Nazaret, su vida, su misión y su destino”.Durante su vida Jesús estuvo con enfermos. Muchas veces los sanó, pero no siempre, como se ve en el relato del paralítico de Betesda donde sólo uno de la multitud de enfermos alrededor del estanque experimentó sanidad, y que fue no tanto una obra de caridad sino una señal para mostrar que Jesús era el Mesías.Jesús se encontró constantemente con personas necesitadas –lo que incluía enfermos y sufrientes–y tenía compasión de ellos, lo que se manifestaba no solamente en milagros para aliviar el sufrimiento, sino en enseñanza para poder caminar mejor en esta vida con ello. En una ocasión dijo: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación”.“Los que lloran” tiene que incluir a los enfermos terminales que han perdido su salud y se enfrentan con su propia muerte. La consolación del Buen Pastor es algo práctico que da fuerzas para seguir adelante. Se encuentra la realidad de esto en la visita no planeada de un amigo en un momento de crisis, en la provisión de un/a compañero/a de habitación compatible con el paciente durante una hospitalización, un regalito que llega en un momento de depresión o la intervención a tiempo cuando ha habido una equivocación en el tratamiento.

En cierto sentido, Jesús de Nazaret ha ido delante del enfermo terminal abriendo camino. Durante su corta vida tenía muy claro su destino: la cruz; pero andar hacia ella no fue fácil como se ve en su lucha en Getsemaní. Delante estaba el maltrato, los azotes, las heridas, la falta de sueño, la impotencia, el dolor y por fin, después de mucho sufrir, la muerte. No es para sorprenderse que quisiera escapar de ello y por eso la oración: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa … pero no sea como yo quiero, sino como tú”.

Fue una oración no contestada en que no consiguió su propia voluntad. Al contrario, logró entregarse voluntariamente al Padre para cumplir su plan a favor de toda su creación. Nadie ha llegado a tanto sufrimiento como el Hijo cuando llegó a experimentar el abandono del Padre. A la vez el Padre, quien entregó su Hijo para este fin, sufría con el dolor de un padre amante por la pérdida de su hijo, y no solamente por su Hijo sino por todos los seres humanos, dado que fue “hecho por nosotros maldición”. De esta manera llega a ser “el Dios y Padre de los abandonados” entre los cuales se pueden incluir los enfermos terminales.

Es por eso que a través de la cruz pueden encontrar la presencia consolador del Padre y además encuentran la verdad de que “Cristo, volcado a nosotros y abandonado en su muerte por nuestra causa, es el hermano y el amigo al que todo podemos confiar porque él todo lo conoce y padeció todo lo que nos puede afectar… y mucho más.”

Al pensar en los sufrimientos de Jesús, un tipo de espiritualidad mística que se encuentra en Rusia, puede ser de ayuda. Es una manera de entender toda la vida como consistiendo tanto de lo bueno como de lo malo totalmente mezclado. Así no se puede ni se debe escapar del sufrimiento –tan íntimamente entretejido con lo bueno—sino que hay que participar en ello para poder conocerlo y verlo transformado. Tenemos el ejemplo supremo de esto cuando vemos a Jesús muriendo en la cruz. Su muerte –la entrega del bueno al malo–permite la victoria sobre la muerte. Es el camino que ofrece a sus seguidores cuando les dijo: “si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”.Él va delante de los que le siguen en este camino rocoso y difícil, pero a la vez viene hacia ellos para unirse a su participación en el sufrimiento de este mundo. Así la presencia de Dios es la guía y la seguridad del enfermo terminal.

Artículos anteriores de esta serie:
1. Tocar la presencia de Dios en medio de la enfermedad terminal (1)

Autores: Judith Buchanan
© Protestante Digital 2011

La Inmaculada Concepción

Publicado: febrero 18, 2011 en Historia, Iglesia, Teología

César Vidal
De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (XV) Los protestantes no creen en la Virgen (3) 

En las últimas semanas he examinado sucintamente cómo el mito de que los evangélicos no creen en María no se corresponde con la realidad. Los protestantes creen sobre María todas y cada una de las palabras que contienen las Escrituras. Llegados a este punto, debe señalarse que no se sienten obligados a creer nada más, pero en ellos – y seguramente sorprende.

Una de las creencias más populares – ciertamente, dogma – del catolicismo acerca de María es la de su inmaculada concepción. En breve, la creencia señala que María no nació con la marca del pecado original, una circunstancia única ya que no se da en ningún otro ser humano. Las Escrituras, desde luego, no contienen la menor mención a ese dogma y, a decir verdad, lo que enseñan de manera terminante es que TODOS – sin excepción alguna – pecaron y están destituidos de la gracia de Dios (Romanos 3:23-24), situación de la que sólo se puede salir mediante la fe en el sacrificio expiatorio de Cristo (Romanos 3:25 ss). 

Ni que decir tiene que cualquier católico medianamente instruido – insisto: medianamente instruido – sabe que la salutación del ángel a María contenida en Lucas 1:28 no significa que María no cometiera nunca pecado sino, simplemente, que Dios la favorecía al elegirla para concebir al mesías. Al respecto, no deja de ser significativo que en un interesante tratado de mariología el sacerdote católico J. M. Carda afirme: “La Sagrada Escritura no habla de los orígenes históricos de María ni alude expresamente a privilegio alguno en su concepción” (El misterio de María, Madrid, 1986, p. 55) o que señale que la referencia angélica de Lucas 1:28“no indica por si mismo una plenitud de gracia, como la indica, en cambio, la expresión pleres kharitos que se aplica a Cristo (cf. Juan 1:14)… La palabra dirigida a ella por el ángel significa sencillamente agraciada” (Idem, Ibidem, p. 56). No hace falta decir que los evangélicos compartimos ese punto de vista porque es el correcto que se desprende de la Biblia y del conocimiento de la lengua griega. Baste decir que en Efesios 1:6 se califica a los creyentes en general con el mismo término que a María en Lucas 1:28 y hasta donde yo sé no creo que nadie piense que hemos nacido sin la marca del pecado original.

De hecho, no deja de ser curioso que la primera referencia a que María no hubiera nacido sin la marca del pecado original no tuvo lugar hasta el s. V y la sostuvo… un hereje. Se trataba de Julián de Eclana, un miembro de la secta de los pelagianos, que negaba los efectos del pecado original en la especie humana. Para el hereje, María no podía haber cometido nunca pecado. Agustín de Hipona, respondiendo al herético Julián, señaló que si María se había visto libre de pecado no se debía a haber nacido sin él, sino a que había nacido de nuevo como señalaba Juan 3. No deja de ser curioso que cerca de un milenio después la iglesia católica proclamara dogmáticamente la posición del hereje y rechazara la de Agustín de Hipona. La Historia del catolicismo – sin duda, apasionante – abunda en episodios semejantes.

En el s. VIII, comenzó a celebrarse por primera vez – y en Oriente – el nacimiento de María, pero, de manera bien reveladora, no se hizo ninguna referencia a que el mismo hubiera tenido lugar sin pecado y lo mismo sucedió cuando esa fiesta llegó a Occidente nada más y nada menos que en el s. XII.

En otras palabras, durante más de un milenio las iglesia mantuvieron una posición sobre este tema mucho más cercana al protestantismo que al catolicismo actual. Sí, fue mucho más de un milenio porque todavía en el s. XIII, el famosísimo Tomás de Aquino, autor de la Summa Theologica, negaba la Inmaculada concepción por cierto sin que sobre él recayeran sanciones eclesiásticas. Así, en su Brevis Summa de fide dedicada a su compañero Fray Reinaldo, Tomás de Aquino escribió: “Ciertamente (María) fue concebida con el pecado original, como era natural… Si no hubiera sido concebida con pecado original, no habría necesitado ser redimida por Cristo y, de ser así, Cristo no sería el Redentor universal de los hombres, lo que derogaría la dignidad de Cristo” (CCXXXII bis. Hay traducción española: Compendio de teología, Barcelona, 1985).

Desde luego, no deja de ser revelador que en este tema, Tomás de Aquino sostuviera una posición similar a la del protestantismo… y totalmente contraria con el catolicismo actual. Al respecto, es significativo que cuando la mencionada obra se editó en castellano en 1862, el traductor, Carbonero y Sol, se permitiera omitir el párrafo que tan mal casaba con la enseñanza católica. Como prueba de falta de honradez intelectual y sectarismo, estuvo bien; como señal de amor a la verdad, resultó deleznable.

A finales del s. XIII, Duns Scoto hizo todo lo posible por imponer la creencia en la inmaculada concepción, pero su éxito fue limitado. El papa Sixto IV – franciscano como Scoto – se negó a apoyarla insistiendo en que nada había sido establecido todavía al respecto (DS 1426). Que a casi milenio y medio de distancia, la iglesia católica no se hubiera definido sobre tema tan importante da, desde luego, mucho que pensar. En 1439, un concilio reunido en Basilea definió el dogma, pero… el concilio no estaba en comunión con la sede papal lo que impidió que el dogma pudiera ser aceptado como tal.

Todavía en 1546, en el concilio de Trento, se tomó la decisión de no definir el dogma(DS 1516) porque a nadie se le ocultaba la posición de Tomás de Aquino y de tantos otros que habían negado la inmaculada concepción. Tan poco claro estaba el tema que en 1617, Paulo V prohibió las discusiones públicas sobre el mismo y en 1622, Gregorio XV extendía la prohibición a las conversaciones privadas. La única excepción eran los dominicos – seguidores de Tomás de Aquino a fin de cuentas – que podían abordar el tema, pero sólo en el seno de la orden y entre ellos, sin presencia de otros.

Finalmente, el dogma fue definido el 8 de diciembre de 1854 por la bula pontificia Ineffabilis Deus haciendo tabula rasa de las Escrituras, de las opiniones de teólogos como Agustín de Hipona y Tomás de Aquino y de lo que había creído el cristianismo occidental durante la mayor parte de la Historia.

Tras este breve examen, creo que mis amigos católicos comprenderán sobradamente por qué los evangélicos no creemos en la Inmaculada Concepción.

  • Sobre ella nada dice la Biblia y nada se creyó al menos hasta el s. XII salvo algún hereje como el refutado Julián de Eclana.
  • Contra ella se expresaron rotundamente Agustín de Hipona y Tomás de Aquino.
  • Sobre ella seguía existiendo controversia en el seno del catolicismo todavía en el s. XVII lo que acarreó prohibiciones papales de abordar el tema
  • El dogma no fue definido hasta la segunda mitad del s. XIX lo que, en términos históricos, equivale a ayer por la noche y
  • Si, finalmente, la iglesia católica se contradijo al definir el dogma ni nos sorprende ni nos turba. Nunca hemos creído que la iglesia católica fuera la única verdadera y episodios como éste nos confirman en esa apreciación.

Realmente, ¿puede alguien creer que sería sensato que arrojáramos por la borda lo que enseña la Biblia y lo que muestra la propia Historia del cristianismo occidental para abrazar un dogma de mediados del s. XIX? Cuesta creerlo.

Continuará

 

Protestante Digital.com

Sagrado versus profano en Rouault

Publicado: febrero 18, 2011 en Arte

José de Segovia

Se ha presentado en el Museo de Bellas Artes de Bilbao una exposición del pintor francés Georges Rouault (1871-1958) sobre Lo sagrado y lo profano.

15 de febrero de 2011

Este artista, todavía desconocido para el gran público, se dio a conocer con Matisse en la exhibición que inauguró el fauvismo en 1905, pero continuó trabajando al margen de los movimientos de vanguardia, prefiriendo definirse como un “pintor cristiano”. Es autor de una obra de profunda carga espiritual, intensamente dramática, que nos hace recorrer paisajes crepusculares, entre retratos desgarrados de prostitutas y payasos, escenas judiciales y motivos del Evangelio. Todo un modelo y ejemplo de lo que significa ser un artista cristiano a principios del siglo XX.

 

Rouault nació en 1871 en un sótano de París, cuando su madre había ido a refugiarse de los bombardeos de la artillería de Versalles, que intentaba acabar con la Comuna. Creció en una aldea en medio de la pobreza, que retrató con toda su miseria en sus Arrabales de las grandes penas. Su padre es un humilde ebanista empleado en una fábrica de pianos, de quien heredará el celo artesanal por un trabajo bien hecho, mientras su abuelo le introduce a la pintura moderna de artistas como Manet. A los catorce años entra como aprendiz en el taller de un maestro vidriero y comienza a asistir a cursos por las tardes en la Escuela de Artes Decorativas.

 

En 1890 decide dedicarse plenamente al arte y se matricula en la Escuela de Bellas Artes de París, donde estudia con Matisse, llegando a serel alumno favorito de Gustave Moreau. A los 25 años se convierte al cristianismo, después de una larga búsqueda personal, por medio de un cura llamado Vallée, al que había conocido en casa de un amigo. Comienza entonces a hacer cuadros de tema bíblico. Uno de ellos, El niño Jesús entre los doctores, obtiene un premio en 1894, pero su profesor le aconseja abandonar la Escuela y seguir por su cuenta. Su maestro muere poco después de un cáncer de garganta y Rouault tiene una crisis a principios de siglo, mientras su familia se marcha a Argelia y él decide buscar a ese curioso esteta católico llamado Huysmans, que está intentando formar una comunidad de artistas cristianos en la abadía de Ligugé.

 

EL LADO OSCURO DE LA VIDA

Al volver a París, Rouault cae enfermo, teniendo que retirarse al campo para recuperarse. El descanso, acompañado del aire, la luz y el cielo de la Alta Saboya, le animan finalmente a hacerse conservador del recién creado Museo Moreau. Trabajando allí descubre en la biblioteca un libro del autor católico Léon Bloy, que le conmueve profundamente. Sus violentos escritos producen una admiración tal en Rouault, que inicia una profunda amistad con el escritor y el filósofo Maritain. Los gustos de Bloy en arte, sin embargo, eran más bien convencionales, por lo que siente cierto rechazo por sus acuarelas en las que representa a personajes marginales como prostitutas, gente que trabaja en el circo, pero también jueces y aristócratas de aspecto repulsivo.

 

Sus prostitutas, a pesar de su desnudez, no son en modo alguno amorales, sino que representan la prostitución con toda su inmoralidad y depravación. Así como sus tribunales reflejan la corrupción. Aunque dice: “Si he hecho de los jueces figuras tan lamentables, es porque traducía sin duda la angustia que siento a la vista de un ser humano que va a juzgar a otros hombres”. Aclara por eso que “si ha llegado a confundir la cabeza del juez y la del acusado, ese error no denunciaba sino mi desconcierto”. Porque “a los jueces en cuanto tales no los puedo condenar”, dice Rouault.

 

Estas figuras simbólicas se hacen en los años veinte cada vez más humanas. Su perspectiva sin embargo no es la del humanismo, sino que presenta la alternativa cristiana al absurdo que reflejan el surrealismo y el existencialismo. Pero la respuesta para Rouault no está en un sentimentalismo color rosa, al estilo de mucho del llamado arte cristiano, sino en una visión que va más allá del humanismo, para mostrarnos la verdadera humanidad. Esto es lo que ha fascinado a pensadores protestantes como Rookmaaker. Ese sería también el aspecto profético de Rouault que han perdido muchos artistas evangélicos. Cuando una vez le preguntaron por qué pintaba cosas feas, su respuesta fue que ojalá pudiera hacer cosas bonitas. Ya que la perspectiva cristiana no es pesimista, ni optimista, simplemente realista.

 

EL CIRCO DE LA VIDA

En 1917 Rouault firma un contrato con el famoso marchante Ambroise Vollard, por el que queda ligado al representante de Manet, Gauguin y Picasso durante treinta años. El pacto suponía la adquisición de toda la obra del pintor, más de setecientos cuadros, con la condición de que le dejara terminar todo lo que había comenzado. Rouault se dedica así con total intensidad a su trabajo. El artista instala su taller en la planta alta de la casa de Vollard, que le agobia con continuos encargos, hasta que un día de 1939 muere su marchante en un accidente de coche.

 

Sus herederos precintan entonces la entrada al estudio, impidiéndole el acceso a sus numerosas notas y apuntes. Mantiene así un contencioso hasta 1947, cuando una decisión judicial le reconoce finalmente sus derechos y puede recuperar la mayor parte de los trabajos, aunque quema cientos de sus obras delante de un notario, ya que en su opinión no podía concluirlas. Un gesto que repitió un par de veces más a lo largo de la siguiente década, y que tuvo bastante repercusión en su época.

 

Rouault tomaba su obra muy en serio, pero no su persona. Cuando en 1921 la prestigiosa editorial Gallimard le pide un autorretrato para la cubierta de un pequeño libro que iban a publicar sobre su obra, el artista les envía su retrato con un sombrero de payaso. Al ver el libro impreso, apenas se irritó al contemplar cómo habían eliminado cuidadosamente el sombrero. La pasión de Rouault por el circo no tiene nada que ver con esa visión romántica que ve al payaso como algo divertido. Su interés no es decorativo, sino existencial al mostrarlo como una metáfora de la tragedia de la vida.

 

“He visto claramente que el payaso era yo, éramos nosotros”, le explica en una carta a un crítico de arte. Ya que “ese traje rico y cubierto de lentejuelas nos lo da la vida, todos somos payasos más o menos”. Puestos que “nos escondemos detrás de nuestras propias máscaras personales”.

 

En 1908 se casa con una pianista llamada Marthe, que estará a su lado el resto de su vida. Ella da clases para poder mantener a sus cuatro hijos y juntos suelen pasar los domingos por la tarde con los Maritain. Este filósofo neo-tomista, discípulo de Bergson, tenía cierto interés por el arte. Por lo que mantenía amistad con Chagall y había escrito un libro sobre Arte y escolástica (1920), en el que comenta la obra de Rouault. Su arte busca sinceramente mostrar la vida desde una perspectiva cristiana. Lo que le lleva a hacer cuadros cuya oscuridad no sólo transmite una inmensa tristeza, sino también una profunda piedad, ante la devastadora realidad que presenta la miseria humana.

 

MISERERE

A lo largo de la segunda década del siglo pasado, el estilo de Rouault va evolucionando hacia formas más rotundas, delimitadas por un grueso contorno; paulatinamente, la acuarela y el guache dejan paso al óleo, que se aplica en gruesas pinceladas llenas de materia. Simultáneamente, desarrolla una importante actividad como grabador, produciendo una serie entre 1914 y 1927, que no será publicada con el título de Miserere hasta 1948. Esta colección, que abarca 58 planchas, es considerada su obra maestra, ya que sintetiza toda su creación. Parte de ella se puede ver en esta exposición.

 

Los matices de negros y grises, que la reproducción fotográfica es incapaz de dar, se contemplan aquí con toda su sutileza y armonía en obras tan impresionantes como En el país de la sed y del miedo o El payaso herido, que hace preguntándose ¿Quién no se maquilla? ydenunciando la actitud que nos hace vivir Creyéndonos reyes.

 

Las escenas se suceden en silencio como una película muy lenta, en la que cada plano hubiera sido trabajado durante años. Reyes y damas de alta alcurnia se mezclan en sus grabados con criminales, mendigos, prostitutas, payasos y muertos, al lado de escenas del Evangelio, en las que vemos a Jesús de niño con María, su bautismo, cruz y resurrección. Estas son las obras de Rouault que han alcanzado mayor difusión en el mundo. Es este impresionante trabajo, confiesa “como cristiano”, que “en estos tiempos tan azarosos”, no cree “sino en Jesús crucificado”.

 

Aunque en su madurez Rouault sigue fiel a sus temas habituales, a partir de 1918 la figura de Cristo pasa a ocupar un lugar preeminente en toda su obra.Sus cuadros son cada vez más cubiertos de materia, tomando la apariencia de bajorrelieves.

 

Pese a su deliberado aislamiento respecto al devenir de las corrientes artísticas de la primera mitad del siglo, Rouault gozó en las últimas décadas de su vida de un gran prestigio. Nombrado Caballero de la Legión de Honor en 1925, desde 1930 se suceden sus exposiciones, tanto en Francia como en el extranjero. Su obra adquiere unas tonalidades cálidas y pierde gran parte de su anterior dramatismo. Sus últimos años se desarrollan en un ambiente sosegado y feliz. En 1956, el agotamiento que le causa su avanzada edad le impide seguir pintando y en 1958 muere a los 86 años. Al poco tiempo, su familia donaría al Estado francés más de ochocientas obras inacabadas.

 

Este “cristiano de tiempos antiguos” nos da una nueva visión de la fe en el arte. Es cierto que su compromiso espiritual no fue siempre bien acogido, ya que era considerado a veces con suspicacia. Su impaciencia con el mundo hizo también que rara vez se sintiera satisfecho con su obra. La verdad es que, como creyente, Rouault no se hacía ilusiones con la vida, que veía como una preparación para la felicidad futura. Una vez le preguntaron en una ocasión: ¿qué consejo daría a los artistas jóvenes? Él contestó: “¡Que se arrepientan y pidan perdón a Dios por sus pecados!”…

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