La revolución de Jesús es de abajo a arriba

Publicado: marzo 10, 2011 en Entrevista, Misión Integral, Sociedad


La revolución de Jesús es de abajo a arriba

Una entrevista a Juan Simarro, licenciado en Filosofía, escritor y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid. Entrevista realizada por Jacqueline Alencar.

Difícilmente cuestionable es la labor que Juan Simarro (Villacañas, Ciudad Real, 1945), realiza al frente de Misión Evangélica Urbana, un ministerio que ha cumplido veinticinco años de dedicación a los más desprotegidos.
Pregunta.- ¿Fue Jesús un revolucionario? Me parece que su estilo de vida distaba mucho del de la sociedad de su época, es más, del de los religiosos de su época.
Respuesta.- Jesús fue totalmente revolucionario, siempre que entendamos bien el concepto “revolucionario”. Un revolucionario pacífico, pero que los valores que predicaba, los valores del Reino, eran un revulsivo para la sociedad, un trastoque de los valores imperantes, lo mismo en el campo religioso, que en el social, que en el económico o el cultural.
Un revolucionario que hizo su revolución desde abajo, desde los bajos fondos, desde los pobres, los desclasados, los proscritos… revalorizando a sectores que eran estigmatizados y marginados de alguna manera, como era la situación de la mujer, la de los niños, la de los tildados de ignorantes que eran considerados malditos, los enfermos que también tenían el estigma de que quizás algo malo habían hecho contra Dios o que era simplemente un castigo de Dios. Dios revaloriza revolucionariamente y trastoca los valores imperantes, valores marginantes y humillantes para los más débiles con su frase que impregna toda su enseñanza, sus prioridades y estilos de vida: “Los últimos serán los primeros”… incluso en el mundo del trabajo y de los asalariados, como se ve en la parábola de “Los obreros de la viña”.
Su revolución es una revolución integral y pacífica, de abajo a arriba. El posicionamiento de Jesús, incluso en la evangelización, fue evangelizar desde los de abajo, desde el compromiso con los pobres, desde los abismos de los desclasados y de los que parecía que no tenían lugar en la sociedad, de los que eran rechazados, incluso, de los ritos religiosos de los que formaban círculos con los autoconsiderados puros.Su revolución alcanza también al terreno religioso en donde no tiene ningún recelo en condenar a los religiosos insolidarios, como en la parábola del Buen Samaritano, a los religiosos de golpe de pecho, pero que son tildados de hipócritas, sepulcros blanqueados por fuera, pero que por dentro son putrefacción y nido de gusanos.

Revoluciona el mundo de los religiosos tachándoles de que cuelan la hormiga y se tragan el camello, que diezman y practican el ritual, pero que olvidan lo más importante de la ley: “La justicia, la misericordia y la fe”. Jesús fue un revolucionario tal que sus palabras siguen sonando hoy tan fuertes como hace ya más de veinte siglos. Si hoy en las iglesias cristianas se recuperaran realmente los valores del Reino y se pusieran en práctica, aún serían valores revolucionarios que trastocarían lo que se hace y se dice dentro de las iglesias.

La revolución de Jesús no sólo afectaba a la vida de las congregaciones religiosas, sino que afectaba al propio individuo que había de cambiar su corazón y su mente, su forma de percibir al prójimo. El concepto de projimidad de Jesús es totalmente revolucionario. Creo que aún la iglesia no ha captado en profundidad las dimensiones y las implicaciones de este concepto, el de prójimo o el de projimidad, del que Jesús llega a decir que el amor a Dios y al prójimo están en una relación de semejanza.

La revolución de Jesús sólo la puede captar el que nace de nuevo. Nos es necesario nacer de nuevo para poder captar la profundidad, la anchura y la largura de la revolución que Jesús trae con sus valores, sus prioridades y sus estilos de vida. Muchas veces asusta y se ve como una utopía. Es posible que haya una utopía del reino, pero hemos de ser utópicos y caminar adelante por esta línea revolucionaria pacífica que nos dejó Jesús.

P.- Él dijo que el Reino de Dios se había acercado… ¿Nos hemos enterado los cristianos de hoy de esta relevante noticia?
R.- A veces se dice que Jesús nos trajo el Reino de Dios, que con Él irrumpe todo este reinado moldeado por un conjunto de nuevos valores, pero que, en su lugar, los cristianos hemos hecho la iglesia. No es que yo apoye totalmente esa idea, porque yo amo a la iglesia y ésta tiene su función en el mundo. El problema es cuando la iglesia actúa como si el Reino de Dios no se hubiera acercado, como si no estuviera entre nosotros. Entonces la iglesia cae en el ritual, en una ética de cumplimiento y olvida lo fundamental: La aplicación práctica de los valores que Jesús nos dejó en las parábolas del Reino y en tantos otros pasajes de los Evangelios.

Resumiendo: Puede haber iglesias que no son las iglesias del Reino. Si todas las iglesias cristianas fueran realmente iglesias del Reino, serían un fermento mucho más fuerte y transformador de la sociedad que lo son actualmente. Tampoco es fácil que haya iglesias del antirreino, que serían iglesias dominadas por el poder de Satanás, pero sí puede haber iglesias que, como me dices en tu pregunta, no se hayan enterado bien de que hay ahí unos valores del Reino, un Reino que irrumpe en nuestra historia con la figura de Jesús, unos valores que, en muchos casos, descafeinamos y los cubrimos con otros valores como el de la riqueza como prestigio, la adoración del poder y del dinero, el despojo de los pobres, la desigual redistribución de los bienes del planeta tierra, las desmedidas acumulaciones de bienes por parte de algunos…. Estos valores entran también en nuestras congregaciones y muchos cristianos no valoran, ni perciben, ni siguen la gran noticia de que el Reino de Dios ya está entre nosotros.

Hoy la Iglesia necesita este mensaje que sonó ya hace más de veinte siglos: “¡Arrepentíos, porque el Reino de Dios se ha acercado!”. Si asumiéramos realmente la presencia del Reino con sus valores, veríamos que muchos de los valores que entran en nuestras iglesias, encajan en una contracultura bíblica que hace que para nosotros hoy sea irrelevante la gran noticia de que el Reino de Dios “ya” está entre nosotros.

Si nos hubiéramos enterado, globalmente, todos los cristianos de que el Reino de Dios se ha acercado, más aún, de que nosotros debemos colaborar en el acercamiento del Reino a toda la tierra, a los pobres de la tierra, que necesitamos colaborar a que los auténticos valores se lancen como contracultura contra el mundo de los que acumulan en sus mesas la escasez del pobre, como dice la Biblia, la realidad de los cristianos y de la iglesia sería diferente. Los valores del Reino son buscadores de justicia, de projimidad, de solidaridad cristiana, de devolución de dignidad a los robados de ella, de sacar de los profundos abismos a aquellos que han sido lanzados a ellos por el egoísmo de sus congéneres, de los que deberían ser sus hermanos.

Hay que trabajar para que la iglesia se conciencie de que el Reino de Dios, aunque exista un “todavía no”, está “ya” entre nosotros. Si la iglesia llegara a ser iglesia del Reino con total conciencia y compromiso, las cosas comenzarían a cambiar a un mundo injusto, un mundo escandaloso y despojador de los débiles. Es entonces cuando el mensaje evangelístico y las buenas nuevas de Salvación comenzarían a escucharse con más atención en el mundo. Muchos no escuchan y pasan de las buenas nuevas de salvación, por falta de coherencia de los cristianos para con la predicación de que el Reino de Dios se ha acercado.

P.- Se está recordando, en los últimos tiempos, a los hermanos cuyas voces fueron acalladas por la hoguera de la Inquisición, allá por el siglo XVI. ¿Podemos decir que fue abolida esta institución? O es que quedan resabios…
R.- Yo diría que la Inquisición ya no existe en la forma y manera en que en su día existió. De todas formas, hoy hay historiadores que pueden hablar mejor que yo de este tema. Yo lo vería de una manera menos histórica. Creo que aún pueden quedar resabios inquisidores de muchas formas y de muchas maneras. Una inquisición con menos fuerza aniquiladora de vidas, con menos patíbulos u hogueras, al menos hablando desde nuestro contexto occidental, pero que anima a muchos a que silencien, desprecien, olviden, critiquen y, en su caso maten, aunque sea sin hoguera y sin patíbulo, a los que quieren vivir la espiritualidad cristiana desde el compromiso con Dios y con el prójimo. A muchos inquisidores modernos les gusta más la celebración del ritual no comprometido. Estos aguantan con dificultad el compromiso de los cristianos que quieren vivir su vida en compromiso, siendo las manos y los pies del Señor en medio de un mundo de dolor.

Por tanto, yo no voy a hablar de los resabios asesinos que quedan de la inquisición, pero sí he experimentado el poder inquisidor de algunos que, quizás, han querido quemarme… quizás no en la hoguera. Yo he experimentado algo de la fuerza del poder inquisitorial en mi vida… aunque poco, porque, gracias a Dios, la mayoría de los creyentes e iglesias de nuestro país me apoyan y están a mi lado, orando por mi ministerio, donando para la obra social que hacemos y comprometiéndose en muchos aspectos con nuestro trabajo a favor de prójimo en el nombre del Señor. Quizás sea un privilegiado y el Señor me ha protegido mucho en estas áreas inquisitoriales.

Hoy hay una inquisición silenciosa que intenta olvidarnos, no tenernos en cuenta, minusvalorar la fuerza del cristianismo, que es potencia, poder de Dios para todo aquel que cree. Hoy puede haber fuerzas inquisidoras que aún cierran templos, que no apoyan a los movimientos evangélicos ni con las mismas posibilidades de subvenciones, ni con las mismas cesiones de terrenos para equipamientos religiosos porque quieren que la voz de algunos cristianos, que proclaman un Evangelio transformador, se calle. Sigue habiendo fuerzas inquisidoras y discriminatorias… ¿cada vez menos? Es posible.

Lo peor es cuando practicamos la inquisición internamente, unos creyentes para con otros, cuando los que parece que tienen un pensamiento único que consideran lo total y absolutamente verdadero, practican la inquisición con sus hermanos, juzgándolos y desprestigiándolos, incluso jugando con conceptos políticos partidistas o politizando realidades espirituales. Hay inquisición cuando falta amor, cuando falla el concepto de projimidad, cuando hay prepotencia y desprecio al que no piensa exactamente igual que yo… Hay muchas formas de ser inquisidores.

P.- Insisto con el mismo tema: ¿consiguió la hoguera acallar esas voces?
R.- La hoguera no sólo consiguió acallar esas voces, sino que las potenció. La sangre de los mártires dio color a su mensaje. La historia suele olvidar menos a los injustamente asesinados o quemados, que a aquellos que apoyan a los que queman, a los inquisidores. Es posible que la hoguera perfeccionara sus obras. El fuego no puede matar el espíritu, la voz que sigue sonando a través de la historia, de sus escritos, de sus compromisos, de sus ejemplos.

El sambenito que a estilo escapulario portaron algunos de aquellos a los que quisieron acallar sus voces en la hoguera, se ha convertido en una prueba inolvidable de compromiso hasta la muerte. Y este compromiso habla mucho más fuerte que las palabras de los necios, que los inquisidores inclementes contra algunos justos. Nunca se olvidará ni el testimonio, ni el trabajo de aquellos cristianos condenados a la hoguera. Ahí queda como voz amplificada por un megáfono gigante que nunca podrán acallar todos los inquisidores del mundo.

Así, pues, cuando hoy algunos, como nuevos inquisidores, quieren callar las voces de los que ellos creen equivocados o heréticos, pero que están siguiendo a Jesús de una forma comprometida, lo que hacen es dar megafonía, ánimo y respiro a los que trabajan en nombre de Dios. Y, siguiendo las palabras de Jesús, si fuera posible que los inquisidores del mundo acallaran los gritos de los voceros y luchadores por la justicia, las piedras gritarían. Ninguna hoguera, ningún poder inquisidor podrá acallar la voz de los que siguen al Maestro… porque esa voz está bendecida y llena de poder de lo alto.

P.- Jesús proclamó pero también alimentó. ¿Podríamos decir que su Misión fue Integral?
R.- El Evangelio que nos trajo Jesús era, realmente, integral. Si en un lado de la balanza pudiéramos poner sus palabras y en el otros sus acciones, habría equilibrio. Si en un lado pudiéramos poner sus estilos de vida, sus compromisos y prioridades y en el otro su mensaje, habría equilibrio. Si en un lado pudiéramos poner sus referencias al amor de Dios, a la espiritualidad y a la salvación eterna y en otro se pusieran su concepto de projimidad, su compromiso con el hombre sufriente, con los marginados, excluidos y pobres, habría equilibrio.

No comprendo a los que quieren reducir la espiritualidad cristiana a una relación vertical con Dios, mientras son insolidarios con el prójimo. No comprendo a los que se refugian en el ritual para ser sordos a los gritos de los pobres. No comprendo la mentira de los que dicen amar a Dios y dan la espalda al hermano que le necesita. No entiendo un cristianismo de cumplimientos del ritual y que se olvida de su compromiso con el hombre. No entiendo a los que levantan las manos sólo hacia el cielo y no son las manos del Señor en medio de un mundo de dolor… No lo entiendo.

En Jesús la Diaconía y el mensaje iban juntos. Unas veces comenzaba hablando y otras actuando, pero nunca desequilibró la balanza que nosotros debemos mantener equilibrada en las relaciones entre Dios y el prójimo. Quizás enfatizamos poco que el amor a Dios y al prójimo están en relación de semejanza. Hablamos mucho de la parábola del Buen Samaritano, pero nos fijamos poco en la condena de los religiosos que anteponen el ritual a la misericordia. Diezmamos y cumplimos con algunas de las jotas y las tildes de la ley, pero, a veces, olvidamos que lo más importante de la ley es la justicia, la misericordia y la fe. Una fe que, como dice el Apóstol Pablo, actúa por el amor.

El mensaje de Jesús fue integral desde que presentó su Programa en la sinagoga leyendo el libro del profeta Isaías, hasta su muerte. Si somos o queremos ser sus discípulos, la vivencia que tengamos de la espiritualidad cristiana debe ser integral… quizás para que nuestra fe no se muera o deje de ser. No sea que nos convirtamos en religiosos seguidores del ritual y que sólo tenemos una ética de cumplimiento con respecto a prácticas religiosas vanas.

Por tanto, una persona que dice haberse convertido, si no se ve lanzado a hacer cambios en su forma de percibir la sociedad y el prójimo, si no experimenta cambios en la forma de ver el escándalo de la pobreza en el mundo, si no se siente llamada a la práctica de la projimidad, si su amor al hombre no se puede parangonar con el amor a Dios, quizás debe empezar a dudar de su fe… o a replantearse toda su vida cristiana. Lógicamente, buscando la integralidad. La preocupación por el prójimo no debe reducir a algo secundario la alabanza, la oración, el leer y compartir la Palabra… la relación personal con Dios. Si sólo miramos hacia arriba podemos caer en un misticismo vano que a Dios no le agrada, y si sólo miramos hacia abajo podemos convertir el cristianismo en un humanismo que incluso puede ser ateo. Hay que buscar la integralidad en la vivencia de la espiritualidad cristiana. Siguiendo a Jesús. Es la clave.

P.- ¿Sigue esta tónica Misión Urbana, la entidad que usted dirige?
R.- Eso es lo que hemos intentado en Misión Urbana desde sus inicios. Misión Urbana, además de su acción y de su compromiso social, es una Entidad Evangelizadora. Las Misiones Urbanas en el mundo intentan la integralidad del Evangelio. A los primeros misioneros urbanos que se acercaban a los suburbios y focos de conflicto para llevar alimentos, medicinas, ayuda social y consuelo, les llamaban “los hombres del libro”, porque siempre llevaban la Biblia consigo.

Nosotros, en la Misión de Madrid, también intentamos esto. En la historia de la Misión se ha evangelizado en la calle, se han dado muchísimos mensajes, usando el método del tablero, en la mismísima Puerta del Sol de Madrid. Tenemos literatura evangelística en diferentes idiomas, hacemos devocionales al comienzo de algunos programas… No nos hemos dedicado a la ayuda social aséptica al estilo de un ayuntamiento.

También, en nuestra forma de trabajo, hemos querido compaginar la acción social y la evangelización con la concienciación social y la sensibilización de los cristianos en torno a los contenidos bíblicos de compromiso con el prójimo, de búsqueda de la justicia y de denuncia social siguiendo a los profetas y a Jesús como el último de los profetas.

Así, nuestra acción social, nuestras publicaciones, nuestra participación en revistas, radio o televisión, nuestras conferencias o seminarios…, unido todo ello a la evangelización y al compartir en nuestros centros la Palabra, va formando un todo integral en la línea que estamos tratando y siguiendo el ejemplo de Jesús.

P.- ¿Qué se siente después de 25 años siendo una de las voces proféticas que clama a favor de los más débiles?
R.- Yo no sé si, realmente, Misión Urbana o yo mismo hemos sido una voz profética. Lo hemos intentado. Hemos trabajado para ello…, pero el Señor es el que lo sabe. Hemos escrito, hemos hablado, hemos viajado… quizás gritado. Es verdad que hemos intentado seguir el ejemplo profético. Esa era nuestra intención y deseo. Ese era nuestro ministerio. Yo, personalmente, después de 25 años, aunque sé que he trabajado y he escrito, sé que he viajado llevando siempre el mismo mensaje, he visitado un tan alto número de iglesias en el ámbito interdenominacional, aunque he atendido a miles de personas en exclusión social y he intentado limpiar las lágrimas de los más pobres, aunque sé que he alimentado, vestido, consolado -no sólo desde Misión Urbana, sino que me siento partícipe de la acción social de tantas iglesias que han comenzado sus ministerios de acción social debido a mi visitación y trabajo-, tengo el sentimiento de que lo que he hecho es demasiado poco, que he encontrado poco eco, que me hubiera gustado, por ejemplo, escribir mucho más y mejor, tener más medios… que mi voz se hubiera oído más. Pero no estoy descontento. Doy gracias al Señor por lo que Él me ha usado. Quiero continuar a su servicio para ir cumpliendo muchas de las cosas que aún me faltan por hacer.

Es verdad que mi voz, sea escrita o hablada, ha sonado mucho a favor de los débiles, que la obra social de las iglesias de España han tenido un referente en Misión Urbana, que hemos sido constantes durante veinticinco años… y lo que nos queda. Mi sentimiento es de agradecimiento. Agradecimiento a Dios y a todos aquellos que nos han sostenido y ayudado. Un sentimiento de agradecimiento, mezclado con una actitud de humildad porque lo poco o lo mucho que hemos conseguido ha sido gracias a la misericordia de Dios.

P.- En pleno siglo XXI, ¿tienen un lugar especial los pobres y excluidos en la misión de la iglesia local y universal?
R.- Sí tienen su lugar. Quizás un lugar restringido y no el lugar que deberían ocupar si todas las actividades, preocupaciones y compromisos de la Iglesia estuvieran en línea con los valores del Reino y con las prioridades y estilos de vida de Jesús. Es tan enfática la Biblia en el concepto de “prójimo”, es tan enfática en la preocupación por los débiles del mundo, por los pobres y por los despreciados y marginados, que la iglesia les debería dar un lugar mucho mayor, tanto en su voz como en su acción.

Un lugar en el que los pobres no se sintieran sólo objeto de nuestra misericordia, sino sujetos partícipes de su propia liberación e integración en la iglesia tanto local como universal. Para ello la iglesia debería seguir los posicionamientos de Jesús en su Evangelización. Muchas veces evangelizamos desde los integrados, desde los posicionados en la sociedad… Jesús evangelizaba desde los pobres, desde abajo. Si la iglesia quiere dar a los pobres el lugar que les corresponde, debe comenzar por ahí. Bajarse a la arena de la realidad, a los focos de conflicto y marginación y, desde allí, en total coherencia, lanzar sus mensajes de cambio y de transformación de las personas.

No predicamos la depauperación de la Iglesia, sino la vivencia del Evangelio en compromiso con los más débiles. La acción y la coherencia de los cristianos es lo que ratifica la verdad de la palabra que compartimos. Acción y coherencia que debe estar unida a los gritos de denuncia contra la opresión, contra el desigual reparto de las riquezas, contra la excesiva acumulación de bienes en tan pocas manos. En la medida en que los cristianos vayan consiguiendo unos mayores niveles de justicia en el mundo, irán dando un mayor lugar en la iglesia a los pobres.

Los pobres pueden tener un lugar especial en la Iglesia, aunque no todos estén presentes en el ámbito de nuestras congregaciones. Los pobres están en la iglesia y la iglesia con los pobres, cuando se les tiene presentes, cuando se trabaja por su liberación social y por su salvación, cuando se asumen compromisos de ayudas y cambios… aunque los pobres no se agolpen para estar presentes en nuestras congregaciones.

Cuando la iglesia sea consciente de que debe ser una iglesia del Reino con todo lo que ello implica, el lugar de los pobres en la iglesia comenzará a ampliarse y las estructuras sociales injustas que empobrecen y marginan, comenzarán a resquebrajarse y cambiar. La voz y la acción de los cristianos en el mundo, podría resultar en que el lugar que la iglesia diera a los pobres, fuera mucho más amplio que las cuatro paredes de la iglesia. Sería la iglesia en el mundo en justicia y compromiso.

P.- Escuché hace un tiempo que Dietrich Bonhoeffer cambió radicalmente su visión cuando se enfrentó con la pobreza en Barcelona y en Harlem. ¿Con quién o con qué tuvo usted ese encontronazo?
R.- Yo no sé si puedo hablar de encontronazo al estilo del Bonhoeffer. Mi encontronazo ha sido tan fuerte en la contemplación de los pobres del mundo, como en la contemplación de la opresión y despojo de los pobres por parte de los acumuladores del mundo. Es un encontronazo doble. Lo que sí puedo decir es que mi trabajo y mi relación con los pobres, ha cambiado mi visión del cristianismo. Si se pudiera decir que uno se puede convertir dos veces, yo diría que tuve una nueva conversión en contacto con los pobres del mundo. Mi visión del Evangelio pasó a ser diferente, mi experiencia profunda de la cercanía de Jesús en mi vida la he experimentado de una forma muy especial en relación con la pobreza. Dios se mueve entre los pobres de una manera muy visible. La vivencia del cristianismo es más integral, se vive la espiritualidad de una forma más encarnada, se comprende mejor la lectura de los Evangelios… se entiende mejor el posicionamiento de Jesús.

Mi doble encontronazo se ha dado cuando, desde el trabajo con los pobres, he podido ver cómo un pequeño número de personas consume indignamente lo que necesita el resto de la humanidad. Mi encontronazo no violento está también en la incomprensión de tantos corazones egoístas ante un mundo en donde el 80% está en pobreza. Mi encontronazo está contra ese escándalo y vergüenza humana que es la miseria y el robo de dignidad de tantas personas en el mundo.

Mi encontronazo también está contra aquellos que viven un cristianismo de ritual y de sacristía de espaldas al dolor de los pobres, mi encontronazo está con los que se callan, haciéndose así cómplices, ante la muerte de tantos niños por el hambre y por falta de vacunas o enfermedades vencibles y por falta de agua potable. Mi encontronazo se da con un mundo injusto en donde no se asumen compromisos reales para eliminar el hambre del mundo. Un escándalo que se podría eliminar con la práctica de los valores cristianos, si hubiera auténtico compromiso en el seguimiento a Jesús. La culpa es del egoísmo y de la codicia humana contra quienes mantengo mi encontronazo y mi denuncia.

P.- También recibe críticas, algunas desde casa, ¿perseverar antes que claudicar?
R.- Sí recibo críticas. También desde casa… pero recibo también muchas comprensiones, muchos apoyos. Son tantas las comprensiones que recibo, que me olvido de las críticas. En mi experiencia son menos las críticas que el respeto que se tiene a mi ministerio, mi trabajo y mis escritos.

De todas formas, cuando recibo una crítica, la tengo siempre en cuenta y pienso en si puede tener alguna parte de verdad. Yo respeto también las críticas, pero no creo que éstas me hagan claudicar… porque si no me convencen con la verdad de la Palabra, si no me muestran que me estoy equivocando gravemente en mi vivencia y comprensión del Evangelio, es imposible la claudicación. Yo no hago la acción social, ni el trabajo en la sensibilización de la sociedad o de las personas ante estos temas, por simple altruismo, sino que para mí es una cuestión teológica, una forma de vivir mi fe en compromiso, una forma de seguir a Jesús. Y esta línea jamás puede conducir a la claudicación, sino al fortalecimiento de la fe, de las convicciones cristianas.

P.- Si hiciéramos una radiografía de la Iglesia de este siglo, ¿diría que es necesaria una Re-forma?
R.- Yo creo que la iglesia cristiana siempre debe estar reformándose hasta llegar a la plenitud del modelo como “iglesia del Reino”. Yo, cuando escribo, busco reforma. No siempre la radiografía de la Iglesia en este siglo se corresponde con la iglesia que sigue los valores del Reino. Si no estuviéramos abiertos a que la reforma continúe como actitud permanente, perderíamos el rumbo. Es posible que parte de la cristiandad lo haya perdido dejándose moldear por los valores del mundo que son antivalores para con Dios, son contracultura para con las líneas de compromiso con el prójimo que nos deja Jesús.

La iglesia debe estar abierta a seguir reformándose hasta llegar al modelo perfecto. Reformarse también en su forma de entender las dimensiones de la Misión diacónica de la Iglesia. La Iglesia debe alternar entre levantar sus manos y sus ojos al cielo, para también bajarlas y ponerlas a funcionar misericordiosamente buscando justicia. Porque, si no es así, es posible que nos lleguemos a encontrar con las situaciones que narra el profeta Isaías. Si no hacemos el bien, si no hacemos justicia al huérfano y a la viuda como símbolo de los débiles y pobres del mundo, Dios no va a escuchar nuestras oraciones y alabanzas. Va a ser sordo a nuestro ritual. Nuestro olor a incienso le va a ser desagradable y va a dar la espalda a nuestras fiestas solemnes.

No debemos dar nunca por terminada la reforma, no sea que, como ocurrió en Isaías 58, estemos buscando a Dios cada día, trayéndole ofrenda y haciendo cilicio y ceniza, pero estemos explotando a nuestros trabajadores y no dando de comer al hambriento ni vistiendo al desnudo. Dios quiso que el profeta gritara “a voz en cuello” contra esos inicuos para que se reformaran y llegaran a entender lo que Dios pide de sus hijos, el tipo de ritual que Dios quiere que está unido al concepto de projimidad que nos trajo Jesús.

P.- ¿Cuál es su próximo proyecto literario? Sé de buena fuente que escribir una novela es su asignatura pendiente.
R.- La verdad es que tengo varias novelas escritas y no he tenido tiempo de promocionarlas, quizás ni de corregirlas en profundidad para que lleguen a ser publicadas. Lo he hecho por simple placer literario. Esa faceta tan importante para mí está un poco aparcada… pero creo que debo retomarla. He dedicado mi vida y mi tiempo al servicio a los más pobres. Espero que el Señor me dé tiempo e ilusión para poder hacer algo en esta faceta tan interesante y que tanto me gusta.

El tiempo en mi vida ha pasado muy rápidamente y me he centrado más en la acción social cristiana que en la literatura que tanto me gusta. No sé si el futuro me deparará salud y ánimos para trabajar estas áreas abandonadas. Tengo ilusión por vivir, por continuar haciendo cosas.

A pesar de que no soy un hombre fuerte, el Señor me ha cuidado y no tengo ningún problema importante de salud. ¿Me dará el Señor larga vida para que pueda trabajar estas áreas casi olvidadas? Cuando era niño me operaron de mi pierna izquierda y, estando ingresado en el hospital, estaba leyendo la Biblia y me topé con un texto del Salmo 91 que, no sé por qué, nunca he olvidado: “Me invocará y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida y le mostraré mi salvación”. Si el Señor también, en medio de tantas promesas y consuelos que ofrece, me concede el tener “larga vida”, creo que podré hacer todavía muchas cosas… pero si Él me llamara antes, estoy aquí dispuesto.

Terminamos la entrevista. Damos las gracias a Juan Simarro por dedicarnos su tiempo inestimable, que escasea ante tanto clamor por justicia, pan, Palabra, misericordia…
Os sugerimos la lectura de algunos de sus libros: Diaconía o las Obras de la Fe; Jesús, Evangelio de Dios a los pobres; Desde el corazón de la ciudad (CLIE); Cristianos ante la pobreza (CLIE); Inmigrantes: el multiforme rostro de Dios (CEM).

Autores: Jacqueline Alencar
© Protestante Digital 2011

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