Archivos para abril 7, 2011

Mi Vida sin Ti

Publicado: abril 7, 2011 en Iglesia

Estos 4 minutos y 23 segundos son prodigiosos.

Y enseña más sobre el matrimonio que los cientos de libros que se han escrito.

A veces todo se resume en unos sencillos consejos, pero claro, hay que aplicarlos.

El amor es entregarse y con Dios es más fácil, pues él ya sabe de que se trata.

Disfrútalo.

 

JPC.CLIPS

Superhéroes y padres ausentes

Publicado: abril 7, 2011 en Arte, Literatura
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Superhéroes y padres ausentes

Un estudiante de Barcelona de 22 años, Pablo Muñoz, describe en Padres ausentes (Alpha Decay, 2011)la pasión por los tebeos de superhéroes de toda una generación.

5 de abril de 2011

Expresa en el libro que esta generación “descubre los primeros sinsabores de la vida en medio de familias desestructuradas fruto de la eclosión del divorcio libre”.Este interesante ensayo enlaza la melancólica educación sentimental de un lector preadolescente catalán en los años noventa, con la cultura popular norteamericana de escritores como Michael Chabon y Jonathan Lethem, hijos de matrimonios rotos en los años setenta, que tienen el mismo vínculo emocional con esos personajes de cómic.Lo que conocemos como el baby boom es un fenómeno demográfico que aconteció en muchos países europeos y Estados Unidos tras la segunda guerra mundial, pero que en España no se produce hasta los años sesenta. Lo que en estos países se vivió en la adolescencia durante aquella época, aquí no se conoció hasta diez o veinte años después. Las aficiones, modas y preocupaciones sociales, unen así varias generaciones en distintos países, donde el tebeo forma una parte esencial de la cultura popular, marcada por la desintegración familiar que se vive a finales del siglo pasado.

La ley del divorcio, promulgada en España en 1981, permite que muchos rehagan su vida, buscando una nueva pareja, pero a cambio deja toda una generación de padres ausentes, que ha llegado ahora a la edad de contar sus amargos recuerdos de aquellos años. Escuchar estas historias, no es un ejercicio agradable para aquellos que no han asumido todavía su responsabilidad por la infelicidad de unos hijos, que son todavía mandados de casa en casa cada fin de semana. El viaje emocional de lectores como Pablo Muñoz, anhelando los superpoderes que pudieran cambiar su vida, es realmente conmovedor. Nos da una clave nueva para entender la cultura juvenil.

LA MUERTE DESUPERMAN
El libro de este estudiante de periodismo de la Universidad Autónoma de Barcelona, comienza con La muerte de Superman. El personaje nacido del anhelo mesiánico de dos judíos neoyorquinos en los años treinta –recreados en la novela de Michael Chabon, Las aventuras de Kavalier y Clay(Debolsillo, 2004)–, murió en una serie de Dan Jurgens, que leyó Pablo Muñoz el verano de 1994. Tenía seis años, cuando ese otoño se estrenó también en Mataró El rey león de Disney, otra “historia de un padre muerto y un hijo perdido”.

Para el autor de Padres ausentes, “el conflicto entre Kal-El (Superman) y su padre, Jor-El, es uno de sus principales atractivos y uno de sus grandes motivos dramáticos”. Como padre de todos los superhéroes, Superman se convierte en el primero de una serie de “huérfanos dispuestos a encontrar su relato en la Tierra”.La muerte del hijo perdido es también la del hijo pródigo, que es la última esperanza de supervivencia de una herencia, donde tenemos nuestras raíces, dice Muñoz.

No es extraño que la fábula de Disney de El rey león, “cargada de dolor”, en la que un cachorro debe vengar la muerte de su progenitor a manos de su tío, le hace emprender un emocionante y solitario viaje a una generación, que atraviesa la jungla de la vida con la nostalgia del padre ausente. La obra de Michael Chabon –nacido en 1963– está llena de ese sentimiento de abandono y orfandad, desde el divorcio de sus padres, cuando tenía once años.Criado con su madre judía, transmite esa infancia sin padre a los primos protagonistas de su novela, que sueñan con el vengador hebreo, protagonista de un cómic trasunto de Superman, como mesías defensor de la viuda y el huérfano.

HÉROES VULNERABLES
El cómic de Spiderman, La muerte de los Stacy –que acaba de publicar ahoraPanini y que le he comprado a mi hijo, para poder leerlo yo– es una de las referencias clave de Padres ausentes. Es una obra escrita por Stan Lee y Gerry Conway en los años setenta, una época que fascina a muchos jóvenes hoy. Tanto que el seudónimo que Pablo Muñoz ha escogido para su original blog es Alvy Singer, el personaje que crea la figura actual de Woody Allen en Annie Hall (1977).

A partir de los años sesenta el cómic de superhéroes entra en lo que los expertos llaman la edad de plata –para diferenciarla de la edad dorada, que abarca desde los años treinta hasta los cincuenta–. Hombres como Stan Lee y Jack Kirby cambian a esos seres superpoderosos por unas figuras cuya fuerza reside en su debilidad. Son individuos vulnerables que han sufrido un accidente o están afectados emocionalmente por una tragedia. Así Peter Parker se convierte en Spiderman al ser picado por una araña y morir su padre adoptivo –el tío Ben– en un despiadado asesinato.

Los nuevos personajes de la casaMarvel –frente a los antiguos de DC– producen empatía por su humanidad. Ya que están llenos de miedos e inseguridades. La acción tiene lugar también aquí y ahora –no en una Metrópolis intemporal e inalterable, como la de Superman–. Las desventuras de Spiderman ocurren en el mismo Nueva York, que ven en las series de policías en televisión todos sus lectores. Una ciudad dominada por el crimen, donde muere también el padre de la novia de Spiderman –un capitán de policía que representa otra figura paternal para el personaje–, antes de perder también a su gran amor, Gwen Stacy. El dolor va acompañado aquí de una sensación de fracaso.

LA FORTALEZA DELA SOLEDAD
Es en los setenta también cuando se cría sin madre en Nueva York, el autor preferido del escritor de Padres ausentes, Jonathan Lethem –nacido el mismo año que yo, 1964–, que recrea su infancia en la poderosa novela La fortaleza de la soledad(Debolsillo, 2005). El libro trata de dos chicos de Brooklyn, educados en un ambiente liberal de artistas –como el autor, que creció en una comuna–. El niño protagonista –Dylan, como el ídolo del autor– es abusado por sus vecinos, hasta ser protegido por un chico mayor afroamericano llamado Mingus –hijo de un cantante de soul drogadicto y nieto de un antiguo predicador–, que le introducirá en el mundo del cómic.

El título mismo de la novela viene de la residencia imaginaria de Superman. Como el escritor, el personaje vive en un mundo de fantasía. Lethem dice que estaba tan obsesionado por la primera película de Star Wars, que la vio veinte veces cuando aún estaba en los cines. La historia gira en torno a un anillo mágico, que les permitiría huir de este mundo terrible, haciéndose invisibles. Aunque Superman vive en Metrópolis, es en la Fortaleza de la Soledad donde es realmente él mismo, rodeado de las estatuas de sus padres ausentes.

El cómic más actual que comenta Pablo Muñoz esMarvel 1985 –publicado por esa misma casa el año 2008–. Escrito por Mark Millar, un católico practicante escocés nacido en 1969, que empezó a escribir tras la repentina muerte de sus padres. La serie cuenta la historia de un niño solitario, que vive el divorcio de sus padres en los años ochenta. Absorbido por los tebeos, verá cómo en su vida aparecen los superhéroes infiltrados, cuando se muda a la casa de su padre, recién divorciado. La historia acaba como no podía ser de otra manera, con el progenitor fallecido, trasladado a un limbo, que no es otra cosa que el universo Marvel.

EL CORAZÓN PATERNAL DE DIOS
Dios se presenta en la Biblia como un Padre, que no es como los padres que tenemos en este mundo, a menudo ausentes.Es nuestro Padre celestial. Cuando pensamos en nuestro padre en la tierra, no siempre es alguien amoroso, en quien podemos confiar. Como padres, a menudo no somos fieles. Ya que no nos entregamos absolutamente. Preferimos nuestro propio bienestar y realización, a la seguridad de nuestros hijos. En una generación marcada por el divorcio desenfrenado y el maltrato infantil, el nombre del padre produce rabia, resentimiento y rechazo.

No es extraño que muchas personas heridas intenten ignorar o negar la existencia de un Padre en los cielos. Jesús es el Superhéroe que nos enseña a llamar a Dios Padre(Mateo 6:9), porque Él merece toda nuestra confianza. “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” dice en el Evangelio según Juan 14:9. Jesús nos revela a Dios como un Padre amante, clemente y misericordioso. El problema es que para sentirlo así, antes tenemos que conocerle. Ya que sólo “los que le reciben y creen en Él, son hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

Dios es el único Padre que nunca nos fallará. Aún “si fuéramos infieles, Él permanece fiel”(Timoteo 2:13). De hecho, no le encontramos a Dios, sino que Él nos encuentra a nosotros. Como un Padre amante, siente nuestro dolor más profundamente que nosotros. Ya que “tiene cuidado de nosotros” (Pedro 5:7). No tenemos que ganar su afecto, porque Él nos acepta tal y como somos, cargando con nuestra culpa y vergüenza en Cristo Jesús.

Si queremos librarnos del resentimiento por los fallos de nuestros padres humanos, ¡descubramos el maravilloso amor de nuestro Padre divino!

Autores: José de Segovia Barrón

© Protestante Digital 2011


Juan Simarro
Retazos del evangelio a los pobres (XVII)

“Arrepentíos, porque el Reino de los cielos se ha acercado”. Mateo 3:2. “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede entrar en el Reino de Dios”. Juan 3:3.

Quizás los cristianos no hayamos captado en su profundidad el cambio de valores, el nuevo orden de cosas que supone el Reino de Dios que irrumpe en nuestra historia con la vida y la enseñanza de Jesús. Ya hemos dicho en otras ocasiones lo que implican los valores del Reino que aparecen en las parábolas, valores dignificadores de los débiles, de los oprimidos, de los desempleados por su debilidad y porque nadie los quiere contratar, de la revolución que significa el hecho de que los últimos pasen a ser los primeros, los valores que acogen en el banquete del Reino a los pobres y lisiados, a los excluidos de la sociedad, a los despreciados y a los ignorantes.

Si en la sociedad en la que vivió Jesús toda este trastoque de valores podía parecer algo subversivo, una inversión de valores que podía parecer un escándalo, una destrucción de todos los valores viejos sociales que marginan y el intento de crear una nueva sociedad, un nuevo orden de valores que revolucionara las viejas esencias que dividían a los hombres en dignos e indignos, ricos y pobres, últimos y primeros, fuertes y débiles, dándose esta inversión revolucionaria de valores que fueron difíciles de aceptar en la época de Jesús.

La única diferencia entre la época en la que irrumpe el Reino y la nuestra, es que a Jesús lo crucificaron los religiosos de su época, y hoy, los religiosos de nuestros días, simplemente muestran su indiferencia hacia estos valores y pasan a la vivencia de un cristianismo cómodo, no comprometido y de autodisfrute.

Tampoco queremos defender, a pesar de que estamos escribiendo desde el compromiso con los pobres de la tierra desde Misión Evangélica Urbana, un cristianismo que se fundamente solamente en el compromiso social. Somos conscientes que un humanismo ateo, podría defender también la dignificación de los proscritos y la liberación de los pobres de la tierra.

La revolución, la subversión y el nuevo orden de cosas que implica la irrupción del Reino, va muchos más allá de estas vivencias y de estos hechos que pueden cambiar la realidad sociopolítica. Implica una revolución que cambia al hombre, que le renueva en su interior y en su exterior, en sus relaciones sociales y en su relación con Dios. Es como si se quisiera destruir todo el viejo orden de valores y conseguir que nazca un hombre nuevo, renovado espiritualmente, y que la relación que tenga tanto con Dios como con el hombre, sea a partir de una muerte de lo viejo y un nacimiento de lo nuevo.

Es por eso que para entender el Reino de Dios y sus valores hay que pasar por la experiencia que Jesús quería que pasara Nicodemo y todo aquel que quiera entrar en el Reino de Dios: Nacer de nuevo. El que nace de nuevo no va a tener problemas con el nuevo orden de valores que exponen las parábolas del Reino y tampoco va a caer en una especie de humanismo que, como hemos dicho, incluso podría ser ateo.

Los valores del Reino son una llamada de atención, un reto subversivo para aquellos cristianos que quieren vivir el cristianismo desde la comodidad de los cumplimientos de rituales insolidarios con el prójimo, al igual que lo son para aquellos que se centran sólo en los cambios sociales sin haber pasado por el nuevo nacimiento. El que no nace de nuevo, rompiendo con el viejo hombre y los viejos valores, no puede entrar en el Reino de Dios.

El nuevo orden de cosas, el nuevo orden de valores del Reino, implica la vivencia integral de la espiritualidad cristiana. Esta integralidad abarca el nuevo nacimiento, el cambio interior, el amor a Dios que nos lanza a la dignificación de las personas, a la denuncia social desde ese nuevo ser y sentir arraigados en Dios mismo, a la práctica del concepto de projimidad que nos ha dado Jesús. O sea, que, siguiendo el Evangelio, tanto desde Misión Evangélica Urbana, como desde estas series de artículos o estos escritos en Protestante Digital, no caemos en la ingenuidad de la defensa de un simple cambio social que se podría defender igualmente desde cualquier humanismo que podría ser, como ya hemos dicho, incluso ateo.

Es por eso que en varias ocasiones he podido hablar de la teología de la acción social que se vive desde los valores del Reino y desde el cambio que implica la aceptación y deseo de muerte a lo viejo y de nacer a lo nuevo en una renovación total. El compromiso social dentro de las líneas de projimidad y de los valores del Reino es algo teológico, es algo que dimana de la profunda vivencia de la espiritualidad cristiana. Que nadie se confunda nunca pensando que desde estos artículos estamos defendiendo algo estrictamente sociopolítico.

Sin embargo, sin olvidar la necesidad de cambio espiritual y nuevo nacimiento para enfrentarse a la vivencia de un cristianismo integral, sí tenemos que decir que el ejemplo de Jesús que hemos de seguir no acepta una sociedad desigual dividida entre acumuladores y pobres, oprimidos y opresores. No acepta una sociedad injusta en la que los derechos de los débiles son pisoteados, en donde una gran cantidad de personas en el mundo son como un sobrante humano, despojada y excluida de todo bien social, viviendo en el no ser de la marginación y en la infravida de la exclusión.

Hay que hacer, siguiendo las líneas del nuevo orden social que implica la instauración del Reino, toda una inversión de valores, aunque parezca algo revolucionario y subversivo… a la vez que se vive una espiritualidad cristiana que implica la muerte a lo viejo y el nuevo nacimiento a una realidad nueva que transmuta las relaciones entre los hombres, que vive la projimidad desde los parámetros que marca Jesús que nos dice que el amor a Dios y el amor al hombre están en una relación de semejanza y que el que dice que ama a Dios y aborrece a su hermano, es mentiroso.

Los valores del Reino implican un cambio radical en donde, realmente, los últimos pueden llegar a ser los primeros, aunque esto para la mente humana y para el hombre conformado por el egoísmo y la necedad del poseer parezca realmente una locura. También la cruz de Cristo es una locura para los que no han pasado por la experiencia de morir y resucitar. Pero este morir y resucitar, este nuevo nacimiento, el abrirnos a una nueva vida por fe, va a ser lo que realmente nos hace entender la urgencia y la necesidad del cambio de valores que implica la instauración del Reino entre los hombres.

Si es verdad que el Reino de Dios no se va a instaurar por simples esfuerzos sociales, también es verdad que la aceptación del Reino y el renacer a una nueva vida, nos va a llevar a la lucha por la justicia y la dignificación del prójimo despojado y sufriente. Esa es la grandeza de los valores que nos deja Jesús. Esa es la grandeza de ese nuevo orden de cosas que propone Jesús y que ha de apoyarse en los valores del Reino que él nos deja.

Autores: Juan Simarro

© Protestante Digital 2011

 

Lutero y el antisemitismo

Publicado: abril 7, 2011 en Historia, Iglesia, Luteranismo

César Vidal Manzanares
De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (XXI): Lutero y el antisemitismo
El papel de la iglesia católica durante el Holocausto es, sin ningún género de dudas, uno de los episodios más controvertidos en la Historia del s. XX. Es lógico que así sea porque el antisemitismo fue rampante en naciones católicas como Austria o Polonia; porque Pío XII firmó un concordato con Hitler; o porque el papel de la jerarquía católica fue esencial pa.
En los últimos años, algunos autores católicos han intentado desviar la atención de posibles responsabilidades de la iglesia católica en el Holocausto hacia la supuesta culpabilidad de Lutero en ese episodio. Merece la pena detenerse en el tema porque, aparte de disipar mitos sobre el protestantismo, de él se deriva una reflexión indispensable sobre uno de los grandes dramas de la Historia.De entrada, Lutero manifestó al inicio de su carrera como reformador una compasión hacia los judíos que no era habitual en la Alemania católica de la época. No deja de ser significativo que en uno de sus escritos de esa época llegue incluso a indicar que hasta cierto punto la falta de conversión de los judíos al cristianismo arranca, fundamentalmente, del maltrato que ha recibido de la iglesia católica. Durante los años siguientes, los judíos dejaron de tener interés para Lutero envuelto en una controversia teológica en la que se jugaba personalmente la vida y Europa, su futuro.

De esa situación, salió al final de su vida al redactar un tratado titulado “Los judíos y sus mentiras” (1543). El texto, efectivamente, rezuma un deplorable anti-semitismo, pero me atrevo a señalar que constituye una de las obras más profundamente católicas de Lutero. La razón es obvia: hasta Lutero habían llegado noticias de cómo los judíos difundían la noticia de que Jesús era el hijo de una prostituta: “Así lo llaman (a Jesús) el hijo de una prostituta y a su madre, María, una prostituta, que lo tuvo en adulterio con un artesano. Con dificultad tengo que hablar de una manera tan áspera para oponerme al Diablo. Ahora bien, saben que hablan tales mentiras por puro odio y voluntariamente, únicamente para envenenar a sus pobres jóvenes y a los judíos simples contra la Persona de nuestro Señor, para evitar que acepten Su doctrina”

La acusación era cierta ya que, efectivamente, en algunos pasajes del Talmud se hace referencia a que María es una adúltera y Jesús es llamado específicamente bastardo. De hecho, esa razón fue una de las que más pesaron en el papado para ordenar quemas del Talmud durante la Baja Edad Media y también la que llevó a algunos editores judíos a suprimir los pasajes para evitar ser objeto de esa represión papal.

Sin embargo, Lutero no se limitaba en su acusación a los insultos dirigidos contra Jesús y su madre. Además, consideraba que los judíos eran un colectivo que, mediante la usura, oprimía a los más humildes. La afirmación puede ser matizada, pero es la misma que desde hacía siglos venía vertiendo la iglesia católica sobre los judíos provocando decisiones civiles y eclesiales de especial dureza contra ellos.

Ante esa situación, Lutero proponía como solución – “la de los reyes de España” cita expresamente – es decir, la expulsión llevada a cabo por los Reyes Católicos en 1492. Puede o no gustar, pero lo cierto es que si alguna vez a lo largo de su dilatada carrera apoyó Lutero una decisión católica reciente fue ésa.

Visto con perspectiva de tiempo, el texto de Lutero es innegablemente lamentable.Lejos de seguir la línea propia de la Reforma de respeto a la libertad de expresión y de culto, Lutero se dejó llevar por la cólera que le provocaban las injurias contra Jesús y María -¿algún católico de la época habría actuado con más moderación?- y optó por la solución católica medieval al problema judío que venía aplicándose desde hacía siglos: la expulsión.

Ciertamente, si Lutero fue culpable de algo especialmente en este escrito fue de no seguir las líneas marcadas por la Reforma sino de continuar una multisecular tradición católica. Es precisamente esa circunstancia la que explica la reacción que provocó el panfleto de Lutero. A pesar de ser un autor profundamente odiado en el mundo católico, no he conseguido dar con un solo texto católico de su época que le afeara sus conclusiones, seguramente porque la coincidencia con lo que pasaba en la Europa católica era muy notable. Sin embargo, en la Europa protestante, el texto de Lutero fue repudiado. El príncipe de Hesse –que, supuestamente, debía haber escuchado la enseñanza de Lutero– se negó rotundamente a expulsar a los judíos siguiendo el ejemplo de los Reyes católicos y los mantuvo en su territorio. Felipe Melanchton, la mano derecha de Lutero, también manifestó su oposición al texto señalando que no debía seguirse sus directrices.

Fue la posición generalizada de las iglesias nacidas de la Reforma y era lógico que así fuera. La Reforma había introducido en las mentes y los corazones de las personas un principio fundamental que no era otro que el de juzgar las acciones y las enseñanzas de todos los hombres a la luz de la Biblia. Partiendo de esa base, nadie se consideró obligado a seguir el criterio de Lutero si chocaba con la Biblia lo que, dicho sea de paso, era el caso. En el mundo católico, apenas unos años antes, el papa había celebrado la expulsión de los judíos de España con una serie de festejos entre los que se incluyó una corrida de toros. Ahora, a pesar de la autoridad moral de Lutero, en la Europa protestante nadie lo siguió en sus conclusiones.

Al respecto, y por analizar una situación contemporánea, no deja de ser curioso que exista una causa de beatificación de Isabel la católica que pasa por alto el episodio de la expulsión de los judíos y, a la vez, haya católicos que pretenden cargar a Lutero con la responsabilidad del Holocausto precisamente por proponer como solución al “problema judío” la llevada a la práctica por esa misma Isabel.

El mito anti-protestante no pasa de ser un mito, pero, como hemos visto en otras ocasiones, viene caracterizado por la ignorancia o por la mala fe. Ciertamente, el Holocausto tuvo algunas raíces históricas previas al nacimiento de Hitler, pero de ello me ocuparé en la siguiente entrega.

CONTINUARÁ: El antisemitismo de Lutero y el Holocausto: el origen de las primeras medidas antisemitas de Hitler

Autores: César Vidal Manzanares

© Protestante Digital 2011