Archivos para mayo 1, 2011


Las muertes de los periodistas Chris Hondros y Tim Hetherington sacuden a una profesión que ha encontrado en las revueltas árabes la oportunidad de hacer el trabajo de siempre

RAMÓN LOBO 01/05/2011

Cada generación de periodistas de guerra tiene sus muertos. A menudo, son los mejores: Gerda Taro (España), Enrie Pyle (Pacífico), Robert Capa (Indochina), David Seymour (Egipto), Kurk Schork, Miguel Gil (Sierra Leona)… Muertes que impactan en los demás porque recuerdan que no existen los inmortales, que las guerras destruyen, hieren, mutilan. Donde caen soldados y milicianos, caen periodistas. Las muertes de Tim Hetherington y Chris Hondros, el pasado 20 de abril en Misrata, han conmocionado a una profesión sacudida por la crisis, la incertidumbre, la desorientación y la escasez publicitaria. Se acabaron los tiempos de las grandes coberturas sin límite de gasto; ahora se cuenta cada euro como si fuera el último de un manantial que se seca.

La primavera árabe es la primavera del periodismo de guerra. Tras dos conflictos terribles, Irak y Afganistán, donde no ha sido posible moverse libremente porque un bando no quería -el bando que secuestraba y degollaba-, ha regresado la guerra de siempre, la de Bosnia, la de Líbano, en la que la parte débil acoge a los reporteros extranjeros porque quieren que su historia se conozca; esa es, a veces, su única munición para ganar la guerra.

Hetherington, 40 años, no tenía nada que demostrar: venía de ganar en Sundance el premio al mejor documental estadounidense conRestrepo, realizado junto a Sebastian Junger, 49 años, que lo acaba de plasmar en un libro: Guerra(Crítica).

Libia no era un viaje como otros, era el inicio de un nuevo proyecto con Junger, un trabajo en profundidad que les iba a ocupar meses. Llegó a Bengasi y buscó a Jon Lee Anderson, un viejo amigo, para pedirle consejo. No le gustó el ambiente, el caos que reinaba en la capital rebelde y a los cuatro días decidió regresar a casa. “El asunto estaba muy loco”, asegura Anderson en conversación telefónica. Pero Hetherington no duró mucho en Nueva York. A las 48 horas tomó un avión y volvió a El Cairo. “Decía que un bichito le comía por dentro, que las guerras se retroalimentan con las imágenes y que él quería trabajar con detenimiento sobre esto”, cuenta Lee.

Jon Lee le conocía bien, de la guerra de Liberia, una de las más crueles de África con Sierra Leona y Congo. “Tim era poco inglés. Había estudiado en Oxford, pero no se le notaba. Creo que la culpa la tenía Nueva York, y África. Era un hombre muy amable, unpana, como dicen en América Latina. Pese al éxito de Restrepo no tenía demasiado dinero. A Libia llegó como freelance (por libre) sin ninguna garantía. Era un aventurero que se había humanizado. La última noche que nos vimos en El Cairo hablamos de cosas personales. Me contó su plan de casarse con su novia somalí”.

“La amígdala puede procesar una señal auditiva en 15 milisegundos, el tiempo que tardaría una bala en recorrer unos nueve metros. La amígdala es rápida, pero muy limitada: solo puede provocar un reflejo y esperar a que el pensamiento consciente lo recoja. Es lo que se conoce como reacción de alarma e incluye movimientos de protección”, escribe Junger en Guerra.

“Tenía que haber ido con él a Misrata. No lo hice por un problema personal [su mujer estaba embarazada]. Teníamos un nuevo proyecto, queríamos hacer un trabajo que nos iba a ocupar hasta otoño. Ahora me siento triste y estoy desorientado”, explica Junger desde Nueva York. “Existe una progresión vital natural en la que el reportero necesita trasladar su trabajo a los libros y a los documentales. Con el paso de los años no tienes la misma energía; cuando eres joven y tienes esa energía careces de la sabiduría necesaria”.

Los periodistas que van a guerras son supersticiosos, como los toreros. Miman los detalles esenciales: la misma agencia de viajes, la misma maleta, la misma ropa a la ida y a la vuelta, no cambiar nunca de conductor en mitad de la misión, no permitir que le saquen fotografías…

A Hetherington le generó inseguridad viajar a Libia sin su amigo, su compadre, Sebastian Junger. Cinco meses juntos en el valle de Korengal, el valle de la muerte, hermanan: cinco viajes entre junio de 2007 y junio de 2008 empotrados en la segunda sección de la compañía Batalla: 150 hombres que libraban la quinta parte de los enfrentamientos de la OTAN en Afganistán. Sin Junger, Tim se sintió huérfano. Le animó a regresar a Libia saber que su amigo Chris Hondros, 41 años, el experto en guerras de la agencia Getty, se encontraba de camino o a punto de viajar con destino a Misrata.

Hondros, como Hetherington, pertenecía a la generación de las guerras de Irak y Afganistán, fotógrafos que han construido sus reputaciones en los últimos 10 años. Es la generación que comienza a trabajar en Kosovo, en 1999, o tras el 11-S.

“Lo ocurrido en Misrata me recuerda a lo que pasó con Kurt Schork y Miguel Gil en 1999. También eran dos de los mejores y sus muertes tuvieron un hondo efecto en sus amigos, la generación criada en las guerras de los Balcanes, sobre todo en Bosnia. Cuando sucede una desgracia así, los periodistas se plantean si merece la pena seguir. Se trata de una decisión personal”, asegura Santiago Lyon, jefe de fotografía de Associated Press y veterano de Bosnia.

“La amígdala no necesita más que una sola experiencia negativa para decidir que algo constituye una amenaza, y después de un tiroteo, todos los hombres de la sección habrán aprendido a reaccionar al chasquido de las balas y a ignorar los sonidos mucho más fuertes de los hombres que hay a su lado devolviendo fuego”, asegura Junger en Guerra.

Hondros era un fotógrafo valiente. Siempre demasiado cerca, como Goran Tomasevic, 42 años, de la agencia Reuters. “La mañana del día en el que murió, Chris entró en un edificio ocupado por soldados de Gadafi pegado a una unidad rebelde que trataba de tomarlo. Si observas esas fotos”, dice Lyon, “te das cuenta de lo cerca que estaba de la acción, más cerca imposible. Ese es el trabajo: meterse en situaciones peligrosas y salir de ellas, pero no funciona”. El miércoles, una semana después de la muerte de Hondros, se celebró en Brooklyn su funeral. Acudieron más de mil personas. Entre ellas, su novia, con quien se iba a casar en esa misma iglesia en agosto.

Robert Capa, el fotoperiodista de guerra por excelencia, decía: “Si tu foto no es suficientemente buena, es que no estás suficientemente cerca”. Capa no solo se refería a la distancia física, también a la mental y emocional.

Enrique Meneses, 81 años, autor de las célebres fotos de Fidel Castro y el Che Guevara en Sierra Maestra, ha pasado parte de su vida coqueteando con esa cercanía. Meneses sostiene que “el fotoperiodismo es contar una historia con una cámara; cómo vive el soldado, cómo se cansa, cómo se deprime”. “Para contar una guerra hay que estar allí, no en la frontera viendo pasar refugiados. Libia está lleno de gente joven, de freelance que se buscan la vida, que quieren estar donde se encuentra la acción, persiguiendo la foto que puede dar la vuelta al mundo”.

“La mayoría de los tiroteos se desarrolla con tanta rapidez que los actos de valentía o cobardía son prácticamente espontáneos. Un soldado puede vivir el resto de su vida lamentándose por una decisión que ni siquiera recuerda haber tomado; puede recibir una medalla por hacer algo que había acabado antes incluso de saber que lo estaba haciendo”. (Junger, Guerra).

Cada generación tiene sus muertos y sus fotos-símbolo. Sucede con la más importante, la de Vietnam. Aquella fue una guerra tan bien narrada y fotografiada que EE UU la perdió tras perder el apoyo de su opinión pública. Vietnam esconde miles de tragedias: gas naranja, napalm, May Lai. Para los fotoperiodistas de aquella generación, a la que pertenece Manu Leguineche, hay una fecha maldita: 10 de febrero de 1971. Cuatro de los mejores fotógrafos, Henri Huet (43 años), de AP; Larry Burrows (44), de Life; Kent Potter, 23 de UPI, y Kaisaburo Shimamoto (34), de Newsweek, perdieron la vida cuando su helicóptero se extravió y fue abatido.

Sudáfrica fue otra escuela de excelentes fotoperiodistas: produjo el Club del Bang Bang.Cuatro fotógrafos -Greg Marinovich, João Silva, Kevin Carter y Ken Ken Oosterbroek- crecieron como reporteros y personas en la lucha contra el apartheid. Dos de ellos están muertos. A Oosterbroek lo mató una bala de francotirador en 1994 y a Carter, autor de la foto de la niña sudanesa desmayada sobre una tierra yerma con un buitre detrás, lo mató su desgana por sobrevivir. Marinovich resultó herido cuatro veces en su carrera; Silva perdió sus piernas en octubre en Afganistán.

“Yo era el tercer hombre en la línea, y de repente puse mi pie quizá un poco más a la izquierda o un poco más a la derecha y bam”, explicaba Silva en el programa Fresh Air,de Terry Gross, desde el centro médico Walter Reed Army, donde aprende a caminar con prótesis. “Básicamente, escuché un sonido metálico, ¡bang!, y salí despedido. Mi reacción inicial fue pedir ayuda a los que estaban cerca, también aturdidos por la explosión, pero me agarraron con fuerza y me sacaron de la zona de muerte”.

La emisora estadounidense PBS (Public Broadcasting System) contó, en un programa emitido tras las muertes de Tim y Chris en Misrata, que Silva siguió tomando fotografías mientras le evacuaban y que le pidió a su compañera del The New York Times, Carlotta Gall, que le prestara el teléfono satélite. “Llamé a mi mujer. Le dije: escucha, he visto cómo mis piernas se han ido, pero creo que voy a estar bien. Creo que voy a sobrevivir”.

“Por alguna razón, fue entonces cuando me di cuenta de lo fácil que es pasar de los vivos a los muertos: un día te enteras que han matado a alguien en Las Vegas, y al día siguiente tú eres ese muerto para una tercera persona”. (Junger en Guerra).

Emilio Morenatti trabaja en Associated Press. Sus compañeros le destacan por su exquisita calidad. “Sabes que es una foto de Morenatti nada más verla; tienen sello propio”, dice uno de ellos. Emilio tuvo más suerte que João Silva. Cuando viajaba en agosto de 2009 empotrado con las tropas estadounidenses en Kandahar, su vehículo pisó una mina anticarro. Todos los que iban dentro resultaron heridos. Él perdió la pierna izquierda por debajo de la rodilla. Tras una larga rehabilitación, también en el Walter Reed (quería estar con los soldados que habían pasado por lo mismo que él), ha vuelto al trabajo: Haití, Egipto, Túnez, Libia.

“Cuando te llega una noticia como la de Tim y Chris, lo primero que piensas es que no puede ser real. Si algo así sucede a los mejores, a los más experimentados, significa que nadie está a salvo. He visto a gente herida a mi lado y después he sido yo el herido. No es la experiencia lo que te protege, te protege la buena o mala suerte. Cuando estás en la primera línea del frente, como estaban ellos, es necesaria una mayor cantidad de suerte”.

A Morenatti no le preocupa el futuro de la profesión: “Al final, siempre son los mismos. La experiencia es la que te permite fotografiar mejor. No me preocupa si son de plantilla o freelance, lo que me preocupa es no hay nadie en Siria, que dependemos de los sirios que colocan en Internet vídeos tomados con sus teléfonos. No me da miedo el cambio. Empecé hace 25 años y entonces había personas que se resistían al paso del blanco y negro al color; después de la fotografía analógica a la digital. Siempre habrá alguien dispuesto a pagar por fotografías de alta calidad”.

Worl Press Photo of the year 2007 (Korengal valley, Afganistan. Setiembre 16)

Tim Hetherington, UK. for vanity fair

En una entrevista, hace años, Silva definió con inteligencia y emoción la esencia del oficio: “Tengo esta fascinación, la de ser testigo de primera mano de la historia. Siempre quise mostrar la realidad de una zona de guerra a aquellos que son lo suficientemente afortunados de no vivir las realidades de las zonas de guerra. Nosotros vamos allí y nos exponemos creyendo que nuestro trabajo tiene un impacto en la sociedad”.

http://www.elpais.com


Leopoldo Cervantez-Ortíz

Beatificación de Wojtyla y el vaivén religioso de Calderón

Como parte del grupo amplio de mandatarios de todo el mundo que asistirán a la beatificación de Karol Wojtyla, Felipe Calderón anunció formalmente su viaje a Roma.

1 de mayo de 2011

Estará pues presente en Roma el domingo 1 de mayo. Con ello, se tomó muy en serio el hecho propagandístico, ampliamente difundido, sobre todo por el duopolio televisivo, de que el papa polaco tenía “el alma mexicana”, y que la supuesta preferencia de dicho pontífice por la nación mexicana es un signo destacable de su labor eclesial.

Analistas de diversos signos han señalado que este bombardeo mediático  no es más que una “cortina de humo” ante la situación tan complicada por la inseguridad y la violencia que aquejan al país y que Calderón renuncia a algunas de sus responsabilidades con tal de congraciarse con la mayoría católica  de la población, lucrando políticamente así con razones religiosas.

Evidentemente, surgen varias interrogantes a la hora de valorar la visita de Estado de Calderón a Roma: sus preferencias religiosas que, en efecto, coinciden con poco más del 80% de la población mexicana, no pueden ser impuestas ni esgrimidas como “razón política o diplomática” ante una realidad cuya pluralidad está siendo demostrada con los resultados del censo de 2010. Miguel Ángel Granados Chapa le reprochó que, a despecho de la celebración del Día del Trabajo, en medio de circunstancias laborales complicadas (el incumplimiento de su gobierno para abrir un número elevado de empleos), Calderón haga este viaje sin la sensibilidad política para dar la cara ante los sindicatos.

 Calderón, como antes Vicente Fox, no ha dudado en vulnerar lo establecido por la Constitución en relación con el Estado laico y también con la investidura presidencial , tan cuestionada desde su asunción en 2006. Este viaje, en particular, subraya Granados Chapa atenta directamente contra la ley: “El artículo 25 de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público establece sin lugar a dudas que las autoridades ‘no podrán asistir con carácter oficial a ningún acto religioso de culto público, ni a actividad que tenga motivos o propósitos similares’. La visita presidencial a Roma corresponde exactamente a la conducta descrita en este ordenamiento, y por lo tanto Calderón lo viola a sabiendas” ( Reforma,  25 de abril de 2011). Otorgarle un barniz estrictamente diplomático a semejante desacato constituye una nueva provocación de los gobiernos emanados del Partido Acción Nacional, tradicionalmente ligados al catolicismo conservador.

Los sectores críticos de Calderón están de acuerdo en que este nuevo pretexto “diplomático” para hacer manifiestas sus creencias entran en el esquema de confrontación con la laicidad del Estado y que implican una clara incomprensión de las implicaciones de la misma para su comportamiento como Jefe de Estado, al colocarse, de manera facciosa, al servicio de una religión en particular. Agrega Granados Chapa: “La casa presidencial pretendió disimular la violación a la ley al anunciar la visita de Calderón al Vaticano. Dijo que ‘en respuesta a una invitación diplomática, el jefe del Ejecutivo ( sic , por no saber que siendo un poder unipersonal el Presidente no tiene jefe, sino que él mismo es el Ejecutivo) realizará una visita oficial a la Santa Sede para asistir el primero de mayo próximo a la ceremonia de beatificación del Papa Juan Pablo II, a realizarse en la plaza de San Pedro en la Ciudad del Vaticano”.

 Desde que Fox se arrodilló para besar el anillo papal de Wojtyla, ha quedado claro que la tradición laica le importa muy poco a estos gobernantes católicos , quienes suponen que el maridaje entre religión y política no vulnera a las minorías, cuyo derecho a la disidencia y a la libertad de ejercerla ha encontrado, en el caso de los cristianismos no católicos, múltiples trabas para su manifestación, como sucede aún, ante la pasividad de los diversos niveles de gobierno, en varios estados de la República.

Y todo  esto sucede precisamente en los días en que se cuestiona, desde el ámbito católico más radical, la cercanía de Calderón con un grupo evangélico , Casa sobre la Roca, dirigido por Alejandro Lucas Orozco ( y su esposa  Rosi , diputada federal), con quien ha tenido tratos electorales, debido a los cuales lo nombró director del Instituto de las Personas Adultas Mayores (Inapam), y a quien se le entregó en renta una casa expropiada a un importante narcotraficante en la Ciudad de México. Un reportaje de la revista  Proceso ( Arturo Rodríguez García, “Calderón, el evangélico” , 24 de abril), y de  El Diario de Cohauila ,  han circulado ampliamente, de lo que se hizo eco el periodista Raymundo Riva Palacio (“La roca de Calderón”, 25 de abril), muestra los vaivenes religiosos de Calderón, quien no vacila en cambiarse de bando cuando las circunstancias lo obligan. Dicho reportaje se refiere también a un video de Youtube en el que Calderón prácticamente predica en una reunión, cuando era presidente electo, del grupo religioso en cuestión.

Un fragmento del reportaje citado, afirma: “Beneficiada por el gobierno de Felipe Calderón —que le ha prodigado puestos oficiales, candidaturas del PAN y hasta propiedades aseguradas al crimen organizado—, la organización religiosa La Casa sobre la Roca (CSR) ha causado molestia entre los panistas doctrinarios e incluso entre presuntos militantes de la organización ultraderechista El Yunque”. Y acerca del video: “En ese video Calderón usa el argot evangélico: ‘Creo firmemente que hemos sido enviados, cada quien en su vida, algunos de ustedes como abogada, maestro, artista, médico; cada quien ha sido enviado para una misión, pero entre todos tenemos una misión y yo diría una orden, que es buscar el reino de Dios y su justicia aquí en la Tierra”, arenga, mientras los presentes gritan amén y aplauden de pie. ¿Cómo podemos buscar el reino de Dios y su justicia aquí? Tenemos que asumir la tarea de transformar a nuestro México, hacer que México sea un testimonio viviente precisamente de amor y de justicia. Creo que lo que va a transformar a nuestro país no es convertirlo en un país de gente que recibe sino de gente que da. No es sólo ayudar al que lo necesita sino también, como dice el viejo dicho, no es sólo dar el pescado sino enseñar a pescar, necesitamos un país de pescadores y qué bueno que hay un gran pescador que nos puede ayudar mucho en eso’, decía Calderón”.

 Riva Palacio, por su parte, advierte : “Las insinuaciones de que la pareja presidencial abandonó el catolicismo para convertirse al cristianismo han sido desmentidas, pero la influencia de Casa de la Roca como vector evangelista genera cismas dentro del PAN, en términos religiosos, y es aprovechado por los grupos que enfrentarán al candidato que pretenda Calderón se quede con la nominación presidencial”.

 De modo que esta visita al Vaticano pone sobre la mesa, una vez más, los manejos políticos irreflexivos de Calderón , cuya gestión sigue siendo cuestionada por la población en general, y por la escasez de resultados en su guerra contra el crimen organizado, que ha causado miles de muertos, la mayor parte de los cuales sin ninguna implicación con las partes en conflicto, mientras se acerca a los grupos religiosos que mejor sirven a sus propósitos.

Autores: Leopoldo Cervantes-Ortiz
© Protestante Digital 2011