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John Dejanjuk, durante una de las sesiones del juicio. | Ap

Rosalía Sánchez | Berlín

Actualizado jueves 12/05/2011 07:35 hora

Una camilla y unas mantas esperan en el tribunal regional de Munich la llegada, hoy, de John Demjanjuk, de 91 años, que acudirá para escuchar el veredicto por la acusación de complicidad en el asesinato de más de 27.900 judíos. Con esta sentencia terminará el último gran juicio contra un criminal nazi celebrado en Alemania y el tribunal se enfrenta a una decisión de todo o nada.

Desde que EEUU entregase a Demjanjuk a las autoridades alemanas, el 12 de mayo de 2009, la estrategia de la defensa ha sido presentar al acusado como a una víctima de coacción de los nazis y después como una víctima de malos tratos por parte del sistema judicial alemán. Demjanjuk ha acudido reiteradamente a los juzgados en silla de ruedas y en camilla, custodiado por enfermeros, oculto su rostro siempre bajo una gorra viera y unas gafas de sol.

Ha protagonizado varios desmayos y ha conseguido prolongar el juicio debido a supuestos problemas de salud que los médicos del tribunal no consideraban más allá de los achaques habituales de una persona de su edad. Durante los dos años que ha durado el juicio, su voz no se ha escuchado en la sala ni una sola vez, supuestamente debido a que su debilidad le impide incluso hablar.

Durante las 90 sesiones celebradas ha permanecido hierático e inexpresivo, aunque algunos testigos afirman que en las pausas se le ha visto bastante más activo, gesticulando e intercambiando argumentos con su abogado, Ulrich Busch, que ha pedido la absolución.

El tiempo, definitivamente, ha jugado a favor de Demjamjuk. Y la burocracia también. El paso de los años ha impedido a la Fiscalía presentar testigos que pudieran identificarlo como uno de los temibles Trawniki del campo de Sobibor, donde sirvió entre marzo y septiembre de 1943, puesto que todos los supervivientes que quedaban han ido muriendo por el camino de este larguísimo proceso.

La Fiscalía ha presentado como prueba la hoja de servicios número 1393, en la que aparece identificado con su primer nombre de pila, Iwan Demjamjuk, pero este fue cambiado por John tras emigrar a EE.UU. y la defensa cuestiona que se trate de la misma persona.

La biografía del acusado es la prueba palpable de que la historia es siempre mucho más complicada de lo que podamos imaginar. En su infancia en Ucrania, sobrevivió a la gran hambruna posterior a la colectivización estalinista.

Con 22 años fue enviado al frente a luchar contra los alemanes y fue hecho prisionero por los nazis y condenado a morir, como millones de prisioneros soviéticos, de hambre, frío o extenuación, ya que no se les proporcionaba alimento, mantas o medicinas. Demjamjuk, sin embargo,encontró la forma de sobrevivir y se hizo entrenar como trawniki, guardia voluntario que controlaba a los presos desde dentro, y fue destinado a Sobibor, en el sureste de Polonia.

Es allí donde ocurren la mayoría de los crímenes que se le imputan como cómplice activo del Holocausto y peón de la industria de la muerte nazi. Pero tras la guerra consigue huir a EE.UU. sin ser juzgado y lleva allí una vida ejemplar como empleado de Ford, en Cleveland, durante 25 años.

Cuando los servicios secretos israelíes lo localizan, es deportado a Israel y condenado a 5 años de prisión hasta que la aparición de nuevos documentos pone en duda que sea realmente ‘Iván el terrible’ y se le permite volver a EE.UU. Las víctimas del Holocausto, sin embargo, no se rinden, y consiguen en 2009 su deportación a Alemania, donde todavía es posible el juicio.

El juez Ralph Alt ha escuchado en el alegato final de la defensa que “el verdadero asesino es Alemania” y el argumento de que no se puede juagar a alguien obligado por los nazis a participar en el holocausto, una negación de la responsabilidad individual que ha calado incluso en la Fiscalía, que finalmente ha pedido solo 6 años de prisión.

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