Archivos para mayo 16, 2011


Imagen en Cañar | ONG Plan

ELMUNDO.es | Madrid

Uno de cada tres niños del Cantón de Cañar, en Ecuador, tiene a uno o los dos cabezas de familia en el extranjero. La ONG Plan trabaja en esta zona que ha reducido su población de 120.000 habitantes a la mitad debido a la emigración a España y Estados Unidos.

Esta situación la viven más de 8.000 menores en Cañar. Sin padres, los niños se ven obligados a madurar a marchas forzadas para convertirse en los nuevos cabezas de familia y sacar adelante a sus hermanos pequeños. De los 60.000 habitantes, 28.000 son menores de edad.

El Cantón, situado en el centro de Ecuador, es una de las zonas con mayores flujos migratorios del país. La emigración comenzó a finales de la década de los 60 debido a la situación de crisis económica pero se aceleró profundamente en la década de los 90.

Esta emigración ha influido en la pirámide poblacional del cantón de Cañar donde el número de personas de entre 25 y 49 años es sensiblemente menor que la media nacional. Esto también ha tenido su impacto en los nacimientos. Así, en Cañar hay menos niños menores de cuatro años que la media de Ecuador.

“La emigración de los padres por causas económicas es una de las situaciones más traumáticas que puede vivir un niño. El desequilibrio emocional y el impacto en la marcha de sus estudios deja una huella de por vida. Estos niños son un sector de la población a los cuales Plan atiende”, explica Concha López, directora general de la ONG en España.

¿Quién se encarga de los niños?

En la mayoría de los casos son los abuelos u otros familiares cercanos quienes cuidan de sus nietos, pero en el 1% los mecanismos de solidaridad no funcionan y los menores acaban viviendo solos o, incluso, al cargo de hermanos más pequeños.

Muchos jóvenes se ven obligados a asumir responsabilidades de manera prematura. Un 8% de los adolescentes con padres emigrantes acaba dejando los estudios. Esta cifra aumenta hasta el 11% en el caso de las jóvenes, de los indígenas y de las familias que no reciben remesas.

“Mi hermana no va al colegio desde que se fue mi papá. Ella arregla la casa y nos cuida. Sólo ella habla con mi papá”, cuenta Jacinto, un niño de 11 años de Cañar e hijo de un emigrante.

La hermana de Jacinto no es un caso aislado. Como indica el informe ‘Niñez y migración en el Cantón Cañar’, realizado por Plan en colaboración con otras organizaciones, los menores pertenecientes a familias con emigrantes dedican una media de cinco horas al día a las tareas domésticas frente a las dos horas que emplean los hijos de padres no emigrantes.

La acción de Plan ayuda a tener acceso a la educación y mejoras sanitarias. “Lo mejor es tratarles igual que al resto de menores pero si vemos que están atravesando alguna dificultad, alguien de nuestro equipo le visita y habla con sus familiares para solucionar el conflicto”, explica Pilar Guanoluisa, facilitadora del desarrollo comunitario de la ONG en Ecuador.

La crisis hace volver a los ecuatorianos

Sólo la cuarta parte de los padres emigrantes de Cañar tienen intención de reagrupar el núcleo familiar en el país de destino. “Mi papá se fue cuando yo tenía siete meses y mi mamá, cuando yo tenía cuatro años. Mis hermanitos nacieron en Estados Unidos y ahora están aquí de vacaciones un mes y medio. Yo hablo con mi mamá y no con mi papá porque no lo conozco. Nunca he visto una foto de él”, explica Karen una niña de Cañar de 9 años.

La crisis económica mundial ha provocado que un gran número de ecuatorianos emigrados estén retornando a su lugar de origen. Entre finales de 2008 y febrero de 2011, 14.000 inmigrantes han abandonado España con la colaboración de la SENAMI (Secretaría Nacional del Migrante de Ecuador) y más de 112.000 han solicitado información sobre los pasos que tienen que seguir para regresar.

Una vez de vuelta a su lugar de origen, los padres se encuentran cara a cara con hijos a los que, en algunos casos, dejaron cuando eran bebés. Otros, no vuelven para quedarse.


La ONG Plan trabaja en 1.050 comunidades de 56 cantones pertenecientes a 11 provincias de Ecuador. Sus programas apoyan de manera directa el crecimiento, desarrollo y bienestar de 55.000 niños y niñas.


El científico considera que no hay nada después del momento en que el cerebro deja de funcionar

Lunes 16 de mayo de 2011 – 03:24 pm
Paraíso, Universo,  Vida después de la muerte
(Reuters)

Londres (EFE). El reconocido científico británico Stephen Hawking, autor de “Una breve historia del tiempo”, cree que la idea del paraíso y de la vida después de la muerte es un “cuento de hadas” de gente que tiene miedo a fallecer.

Así lo afirmó el científico más destacado del Reino Unido en una entrevista publicada hoy en el periódico británico “The Guardian”, en la que vuelve a poner énfasis en su rechazo a las creencias religiosas y considera que no hay nada después del momento en que el cerebro deja de funcionar.

Hawking resalta que su enfermedad -la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA)- le ha llevado a disfrutar más de la vida a pesar de las dificultades que ello implica, ya que el mal que padece es neuro-degenerativo progresivo y le impide moverse y hablar.

“He vivido con la perspectiva de una muerte prematura durante los últimos 49 años. No tengo miedo de morir, pero no tengo prisa por morirme. Es mucho lo que quiero hacer antes”, dijo el científico.

“Yo considero al cerebro como una computadora que dejará de funcionar cuando fallen sus componentes. No hay paraíso o vida después de la muerte para las computadoras que dejan de funcionar, ese es un cuento de hadas de gente que le tiene miedo a la oscuridad”, señaló el ex catedrático de Matemáticas Aplicadas y Física Teórica de la Universidad de Cambridge.

En su entrevista, Hawking, de 69 años, resalta la importancia de disfrutar de la vida y hacer cosas buenas y se refiere también a las pequeñas fluctuaciones cuánticas, que en el comienzo del universo fueron las “semillas” que dieron paso a la formación de las galaxias, las estrellas y la vida humana.

El científico, que habla con la ayuda de un sintetizador de voz, sugiere que sería posible descifrar nuestros orígenes con instrumentos modernos, que podrían ayudar a detectar antiguas huellas en la luz espacial dejada en los primeros momentos de la formación del universo.

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