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Impresiones de y desde Ecuador

Publicado: junio 12, 2011 en Entrevista, Sociedad

Jacqueline Alencar

Impresiones de y desde Ecuador

 Estoy en Quito (Ecuador).

12 de junio de 2011

Asisto a un encuentro literario con mi esposo, pero también con la intención de conocer en 10 días algo más de este país andino del que sólo tenía pocas referencias y algún conocido. Así como un hermano de Otavalo que asiste a mi iglesia.

 Mis planes eran descansar y leer en el avión.  Pero resulta que no eran los Suyos. Ya desde la fila para entrar en el avión nos encontramos con muchos ecuatorianos. Casi sin pensarlo empezamos a hablar con personas de todas las regiones de Ecuador que son tres: Sierra, Costa y Oriente. Más Galápagos.

Quedamos para hablar más tarde con uno de ellos. Saber de su vida en España, etc. Sentí una cercanía intensa hacia esta gente, algo me conectó con ellos y ya no pude parar. Al buscar nuestros asientos una chica ecuatoriana se sentó a mi lado. Y me contó que iba a su país por un mes. Trabaja esporádicamente, ahorra todo lo que puede porque necesita ayudar a sus padres, así como ellos la habían ayudado toda su vida. Esto en América Latina es casi un deber, una cuestión de honra, honrar a tus mayores.

Busco al de la fila. Tiene ganas de hablar. De contar que va a su país “para ver”, pero que ha dejado a su novia en España y “ella no quiere saber de ir para Ecuador”. “No me quedaré en mi país”. Hoy por hoy no tiene trabajo. Se siente partido entre dos amores, como lo estamos tantos otros que ya no somos ni de aquí ni de allá. Descubro que hay millones que se sienten así. ¿A alguien le importa? Él es de Santo Domingo. Los hago recordar su música: el pasillo, la salsa, la cumbia. Las comidas: la cocada, el ceviche, el encocado. El coco es uno de los ingredientes estrella en la costa. Los que están a su lado comentan cosas; todos tienen una historia que contar.

A mi lado se sientan Carmen Hernández y su primo Miguel Ángel, de 10 años. Son ecuatorianos. Le hago una breve entrevista que consintió sin dudarlo:

 ¿A qué vas a tu país?
Volvemos definitivamente. Mis tíos con sus dos niños, Miguel Ángel es uno de ellos. Yo ya estaba cansada; ellos por falta de trabajo. La crisis ha cambiado la situación.

 ¿Cuánto tiempo viviste en España?
Nueve años en Valencia. Pensé regresar antes, pero me quedé. Tenía que mantener a mis padres. Él está enfermo y mi madre apenas trabaja.

 ¿Crees que en España hay racismo?
Dicen que hay algo, pero a mí me han tratado muy bien. Nunca tuve problemas.

 ¿Es fácil dejar este país que te acogió?
No. Ni siquiera me despedí de mis amigos. En mi trabajo dije que volvería dentro de dos meses. No he podido decirles adiós, es muy doloroso. Te acostumbras. En Ecuador están mis padres, mas parte de mi vida está en España. Peor lo va a tener mi primo. Llegó a España con sólo dos años de edad. Ahora tiene diez. ÉL piensa que se va de vacaciones y está contento. Pero dice que dentro de seis meses regresa, que sólo va de paseo. (Yo le pregunto a Miguel Ángel si está contento de volver a Ecuador y si le gusta. Dice que sí, sonriendo. Pero que vuelve a España dentro de seis meses, confirmando lo que dice su prima. Habla el valenciano y le gusta la paella; y su cole, sus amigos. ¡Qué duro para un niño esto de las migraciones!).

 ¿Cómo ves el futuro en tu país; sabes qué te espera allí?
No. Tengo que empezar de nuevo. He cambiado, habrá cosas a las que me va a ser difícil acostumbrarme. Tengo algunos ahorros; sin embargo, si no encuentro trabajo… Mis padres dependen de mí. No lo sé. El futuro es incierto.

Aprovecho y le digo que yo también tengo problemas y tristezas, pero aunque me afectan, Dios me da la fortaleza para seguir adelante. Le hablo de Su amor, de su Hijo y su Obra en la cruz. De abandonar lo viejo para empezar algo nuevo. “Yo no practico ninguna religión”, dice. “Pero en Valencia tenía una amiga evangélica que trabajaba con niños y jóvenes (lo dice con admiración). También conocí a una señora española, evangélica, que ayudaba mucho a los extranjeros. Siempre me visitaba. La llamábamos “mamá Trini”. Y he oído que mis parientes en Ecuador, que eran católicos, ahora son evangélicos”. Yo pensaba para mí: ojalá ellos continúen la siembra en este corazón.

 Sigo caminando por los pasillos del avión, buscando…  Me he enganchado a ellos. Veo a un señor mayor, o tal vez no lo es tanto, pero pesan los años de preocupaciones, los problemas, la nostalgia. ¿Vuelve? Le pregunto sin ambages. “Sí –dice-, después de trece años en España. Hace seis que no trabajo y no queda otra”. Se lleva a tres nietos. Sus hijas se quedan en San Sebastián. ¿Cómo lo trataron los vascos?, le pregunto. “Muy bien, dice entusiasmado, la pena es que se acabó el trabajo. No podía aguantar más”. Noto que vuelve tal como salió de su país. Sólo con la carga de tener que empezar de nuevo.

 Sigo caminando y escucho las conversaciones : “En España puedes caminar seguro por las calles hasta las tantas, no te pasa nada”. Una chica española va a ver a su pareja que fue deportada cuando ella estaba embarazada. “Le llevo a la niña para que la conozca”. Pero no quiere quedarse en Quito. “Mi madre y mi hermana me ayudan porque estoy en paro. Pero allí mi hija estará más segura. En Ecuador si te enfermas y no tienes dinero te mueres”.

Esto es muy fuerte para mí, tengo el corazón hecho pedazos. Estoy triste. Ni siquiera había pisado suelo ecuatoriano y ya me enfrentaba con sus realidades cotidianas.

 Llegamos al aeropuerto de Quito . Me voy despidiendo de los amigos ecuatorianos. Unos iban a Baños, otros para Manaví, y otros en el mismo avión seguirían hasta Guayaquil.

Antes de salir alguien nos esperaba para llevarnos al hotel Amaranta. Lo seguimos, y  la primera impresión que tuve fue la de unos niños, entre tres y siete años, que se lanzaban a ofrecerme chicles. Alguno también tenía su cajita con lo necesario para lustrar zapatos.  Recordé a los niños de la calle de Huaraz, en Perú, donde, como muchos saben, trabaja la ONG cristiana Turmanyé (de AS).

 Estas escenas son muy dolorosas. Nadie se detenía, todos pasaban de largo.  Recordé la parábola del Buen samaritano de la que tanto nos habla Juan Simarro. Sí, es más fácil pasar de largo. Un coche nos esperaba, pero yo me detuve porque el amor pudo más. No es difícil llorar ante tanto abandono. Son unos niños, dije, me los quiero llevar. No sabéis la impotencia que se siente. Les dimos algún dinerito y no les aceptamos los chicles. Por lo menos hoy comerán algo mejor pensé. Pero sé que mañana será más de lo mismo. Debemos sentir carga por los más necesitados de pan y de Palabra. Pregunto: ¿Si soy cristiano podría darme el lujo de no conmoverme y hacer algo? Mi manual de instrucciones: la Biblia, me dice que no.

 Quiero darme un poco de tregua y nos dirigimos al centro histórico de Quito.  Empezamos por la plaza de la Independencia. Nos rodean niños lustrabotas de la calle. Y recuerdo el trabajo de Eli Stunt con los chicos de la calle de Huaraz. Estos están solos. Hablo con David de 13 años quien trabaja desde los 12. Para ayudar en casa, dice. Gana unos 35 dólares al mes trabajando los fines de semana. Estudia. Lo acompañan Iván, Cristian, Fredy y Wilson. Alrededor de 28 se reúnen en la plaza.

De allí visitamos la iglesia de la Compañía, cuyo interior resplandece por estar revestida de oro. Fuera se ganan la vida mujeres y hombres que por la calle venden cepillos de dientes, helados artesanales, mandarinas, aguacates; son hileras de vendedores ambulantes que engruesan la economía sumergida. Madres acompañadas de sus pequeños hijos. Su oficina es la calle y su mesa de trabajo un taburete donde coloca 6 manzanas. Poco le darán por ello.

La zona antigua es bonita. Colonial. Está bien conservada. También te puedes tomar un buen café con pasteles a precios europeos.

 Todos se buscan la vida en este país de algo más de catorce millones de habitantes. Donde el salario mínimo es de 260 dólares americanos.  El dólar es la moneda oficial, que en el año 2000 sustituyó al Sucre. Pregunto a una mujer que vende cordones para zapatos si ha mejorado la situación del país desde la llegada del presidente Rafael Correa. “Yo sigo vendiendo cordones, no sé más”, me dice. Un escritor comenta que ha mejorado la salud y la educación, pero que se recortan ciertas libertades, como la de prensa.

Este es el panorama que encontrarán los que vuelven.

Quedan muchos días y lugares por delante. Estaremos en Otavalo, Esmeraldas y Atacames. Y quiero saber qué opinan los evangélicos.

Autores: Jacqueline Alencar
© Protestante Digital 2011


Samuel Escobar

 	Evangélicos y elecciones en el Perú

 En las últimas semanas el Perú ha ocupado espacio en la prensa escrita y virtual española.

12 de junio de 2011

Fundamentalmente porque el domingo 5 se realizó la segunda vuelta de un proceso electoral que ha polarizado al país. En los días previos a la elección la propaganda electoral llegó a extremos de violencia verbal que desfiguraron la imagen pública de los dos contendientes. Una era Keiko Fujimori , hija del ex – presidente Alberto Fujimori quien está preso por abusos contra los derechos humanos y corrupción. El otro era Ollanta Humala , oficial del ejército peruano que se hizo muy conocido en un intento de golpe militar que no prosperó, y que en anteriores elecciones mantuvo un discurso de nacionalismo radical. Con cierto grado de simplificación podemos decir que Keiko Fujimori tenía el apoyo de la derecha tradicional y Ollanta Humala el de la izquierda. El premio Nobel Mario Vargas Llosa llegó a decir que elegir entre estos dos candidatos era igual a tener que elegir entre el sida y el cáncer, aunque él mismo al final anunció que votaría por Humala. En la primera vuelta de las elecciones otros tres candidatos que podríamos llamar de centro no llegaron a ponerse de acuerdo y alcanzaron cada uno porcentajes menores de la votación.

 Los evangélicos del Perú también han sido afectados por la polarización. Siguiendo una táctica similar a la de su padre, Keiko Fujimori puso como cabeza de su lista de congresistas al pastor Julio Rosas, conocido líder de la Alianza Cristiana y Misionera, una de las iglesias no pentecostales que más ha crecido en el Perú. Pastores de iglesias carismáticas hicieron propaganda por Keiko en sus iglesias y una conocida figura evangélica de la televisión, el cubano Rodolfo Gonzales, la invitó a sus programas y oró por ella en público. Keiko contaba también con el apoyo del cardenal católico Juan Luis Cipriani, miembro conspicuo del Opus Dei y amigo cercano de Alberto Fujimori. Un conocido periodista evangélico era el encargado de imagen de la candidata.

 Por otra parte, el Dr. Darío López, pastor pentecostal y Presidente del Concilio Nacional Evangélico del Perú (CONEP) escribió a título personal varios ensayos , difundidos por internet, recordando la manera en que Alberto Fujimori había manipulado a los votantes evangélicos en el pasado y los comprobados abusos de su gobierno contra los derechos humanos, frente a los cuales el CONEP en su día había expresado públicamente su repudio. Varios otros pastores y líderes evangélicos unieron su voz a la del pastor López dando así su apoyo tácito al candidato Humala, en la segunda vuelta. La prensa de Keiko Fujimori acusó de comunistas y “caviares” a los evangélicos que expresaron públicamente su crítica a la candidata.

 En la votación del domingo 5 el candidato Humala ganó con un 51.48 % de los votos y Keiko Fujimori obtuve el 48.51%. [1] El mensaje de cambio social de Humala, para que haya un reparto más equitativo de la bonanza económica que el Perú ha tenido en la última década, logró atraer el voto de las regiones más castigadas por la pobreza y la exclusión. En las semanas anteriores a la segunda vuelta el candidato Humala había moderado su discurso y había prometido no alterar la política económica de los anteriores gobiernos que había atraído inversores y gestionaba un ritmo de desarrollo notable. Hay quienes interpretan este cambio de Humala como el haber pasado de la influencia de Hugo Chávez de Venezuela a la de Lula da Silva, de Brasil.

En el Perú hay un Congreso unicameral. En la primera vuelta de las elecciones postularon treinta y ocho candidatos evangélicos, de los cuales dieciséis son pastores y veintidós son laicos. Han sido elegidos ocho congresistas evangélicos, cuatro pastores y cuatro laicos. De los ocho congresistas cinco pertenecen a “Fuerza 2011” el partido de Keiko Fujimori, uno a “Gana Perú” el partido de Ollanta Humala, y los otros a agrupaciones más pequeñas. El pastor Julio Rosas consiguió 75,322 votos en Lima y el pastor Humberto Lay, quien lleva años incursionando en la política, consiguió 215,076 votos en Lima. El pastor y teólogo Eduardo Nayap, nativo de una de las etnias de la selva peruana consiguió 17,556 votos en la región de Amazonas. [2]

 En su artículo “Un día después”, circulado por internet, el Dr. Darío López, presidente del CONEP reconoce que la comunidad evangélica está polarizada. Su análisis me parece claro y acertado: “Para un sector de la comunidad evangélica, la participación política se trata simplemente de tener presencia en los espacios de poder y capturarlos con el objetivo de defender sus intereses religiosos particulares. Este sector no tiene en cuenta que la política es una opción personal en la cual no se tiene que utilizar a la comunidad religiosa con fines políticos partidarios, y olvida que la política tiene que ver con el buen gobierno, con compartir el poder y con educación para incursionar en el espacio público.

Para otro sector de la comunidad evangélica, la participación política y la incidencia pública, más allá de los intereses religiosos particulares, se relacionan con una afirmación de su ciudadanía. Intervienen en los asuntos públicos porque consideran que allí se construye ciudadanía y porque entienden que se trata de un espacio en el que se incide, se negocia y se formula agenda para el bien común. Consideran que se tiene que estar presente en los espacios de poder porque son los lugares en los que se debate, analiza y articulan propuestas para la defensa y la consolidación de la democracia.”

 La conclusión del artículo del pastor López es una palabra necesaria en este momento a fin de poder superar la polarización : “Cada ciudadano evangélico tiene el legítimo derecho de expresar públicamente su punto de vista político y su preferencia electoral, sin que nadie le discrimine o lo considere menos creyente que otro. Ser de derecha, de centro o de izquierda, no es ningún pecado ni una traición a la identidad evangélica. Son expresiones políticas con las cuales los ciudadanos, evangélicos y no evangélicos, pueden simpatizar o adherirse, sin que esto signifique una negación de su condición de discípulo de Jesucristo. Nunca debemos olvidar que cualquiera sea nuestra posición política o nuestra opción electoral, ninguno de nosotros tiene el monopolio de la verdad o puede pretender que su opción política partidaria es la única expresión cristiana valida y la única que se aproxima a los principios del reino de Dios. Todas las expresiones políticas son factura humana y, por lo tanto, tienen las limitaciones propias de las construcciones humanas y no son en ningún sentido absolutas.”

 Al liderazgo evangélico del Perú le corresponde ahora una tarea de reconciliación que permita no sólo que los evangélicos hagan su aporte ciudadano, reconocido por quienes conocen la realidad social del país, sino también que puedan servir como marco de referencia para que los políticos rindan cuentas ante la ciudadanía que ha votado por ellos.


 [1] Porcentajes al ser escrutado el 99% de los votos. Diario El Comercio de Lima, 9 de junio 2011.
 [2] Datos de un resumen producido por el periodista evangélico Tito Pérez Quiroz.

Autores: Samuel Escobar
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En Turkmenistán

Descubren la iglesia cristiana más antigua de Asia Central

El templo pudo haber sido construida durante el Reino de los Partos, en el siglo III dC.

10 de junio de 2011, TURKMENISTÁN

Mientras trabajaba en la restauración de una construcción medieval en el oasis de Merv, ubicado en el desierto de Turkmenistán, el arqueólogo veneciano Gabriele Rossi Osmida ha descubierto lo que parece ser la iglesia más antigua de Asia Central.

El templo, que podría ser de la época del Reino de los Partos, se encontraría dentro de la estructura de Haroba Kosht (en lengua turcomana, castillo en ruinas) cuya restauración fue encargada por el gobierno de Turkmenistán a la misión de Rossi Osmida.

“La construcción de un templo cristiano en tiempos tan antiguos y en el corazón de Asia central aparece en algunos textos del siglo IV y siglo VI que hablan de la predicación del apóstol Tomás -o de sus discípulos- en el  oasis de Merv , por donde pasó en su misión de evangelización que habría llegado hasta la India”, explica el arqueólogo veneciano en la web Scienzaoline.com.

 HALLAZGO
Durante las obras de restauración del edificio, la misión italiana se encontró con una cruz nestoriana en bronce. Después de esta, han aparecido diversas piezas de cerámica con símbolos paleocristianos: cruces, panes, peces, uvas, vides y corderos.
 “Con este descubrimiento ya no hay ningún tipo de duda de que Haroba Kosht es la iglesia más antigua de Asia central”,  sostiene Rossi.

La primera planta de la iglesia “no es muy amplia, como en las iglesias que se construían en Oriente en los primeros siglos de nuestra era”. La segunda planta pudo haber sido construida en los tiempos de apogeo del  nestorianismo  en Merv (siglo V dC), como indican los documentos de la época que dicen que junto al Palacio Real Sasánide se había construido una basílica y un monasterio.

 ABANDONO
Los antiguos documentos señalan que el fundador en esta última época fue Bar Gheorghys. Después de que las tropas de Gengis Kham destruyeran Merv en sólo tres meses, el oasis fue abandonado durante dos siglos y “nunca volvió a tener el esplendor inicial”.

Los nestorianos se movieron a Iraq y Siria y allí terminó la historia de esta iglesia abandonada en el desierto.

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En España

Cada año decenas de inmigrantes renuncian al islam para abrazar la fe evangélica

Muchos omiten contárselo a sus familias por miedo al rechazo y la “muerte civil” del converso.

12 de junio de 2011, BARCELONA

En un  reportaje de Ignacio Cembrero en El País  se relata una ceremonia de bautismo evangélico. “¿Crees en el Señor Jesucristo como único y suficiente salvador?”, pregunta, con voz firme, el pastor José Luis Fernández. “Sí”, contesta en el mismo tono el creyente, y se deja sumergir en la pila bautismal del tamaño de una pequeña piscina.

Esta modalidad de bautismo se repite cada domingo en las parroquias evangélicas de España, pero la que se desarrolla en Les Roquetes de San Pere de Ribes (Barcelona) es especial:  el bautizado se llama Mohamed Karami, ingeniero industrial de 37 años, y es un inmigrante marroquí . “Es el primer exmusulmán al que bautizo”, señala orgulloso José Luis.

Con la camiseta blanca empapada, Karim se dirige al micrófono y toma la palabra. Habla de las “muchas etapas” de su vida, de la “curiosidad” que sintió por la religión de su mujer, que es latinoamericana, y por fin, de ese año 2008 en el que “ocurrió algo muy especial”. “Tuve un encuentro con el Señor”. “Le entregué mi vida”. “Fue mi nueva fecha de nacimiento”, concluye.

El centenar de fieles, en su mayoría españoles, que abarrotan el templo irrumpen a aplaudir al tiempo que en la pantalla de un televisor aparece la letra de unos cánticos que entonan con fuerza. Los más entusiasmados, los que más dan palmas al ritmo de la música, son dos pastores, Hassan, de Alhucemas (Marruecos), y Said de Cabilia (Argelia), muy dedicados a la inmigración.

 Entre los fieles hay también dos marroquíes que, como Mohamed, renunciaron al islam para convertirse hace años al cristianismo  y dos chicas jóvenes de Tánger que, según cuentan, han acudido “por curiosidad”.

 MIEDO AL FUNDAMENTALISMO ISLÁMICO
Las dos chicas son advertidas de que en el templo hay un fotógrafo y un periodista, y les buscan afanosamente. “Por favor, que no salgan nuestros nombres ni nuestros rostros en el periódico”, nos ruegan. “Podríamos tener problemas con nuestra familia si se entera”, aseguran.

Mohamed, el bautizado, tampoco le ha contado a su madre, de 73 años -su padre militar falleció durante la guerra del Sáhara Occidental- su conversión. “Algún día iré a Marraquech, se lo diré y lo acabará aceptando”, afirma.

 Hay países musulmanes que prevén la pena capital para los que hacen apostasía, pero incluso en los que no estipulan ese castigo, la conversión significa la muerte civil del converso “, sostiene el periodista cristiano libanés  Camille Eid , autor del libro Cristianos llegados del islam , publicado en 2006 en Italia. “De ahí que hasta los inmigrantes sean remisos a declarar su nueva fe”.

Mohamed recuerda que cuando se empezó a acercar al cristianismo, a través de su suegra, le “gustó que se pudiera orar cantando con alegría”. “A nosotros, los musulmanes, nos cuesta mostrar nuestros sentimientos”, se lamenta. “El bautismo es para mí anunciar que crees y que has entregado tu vida al Señor”.

La pasión que muestra Mohamed sorprende. “Los conversos deben superar tantas trabas psicológicas y hasta jurídicas que su envite es auténtico y entusiasmado”, precisa Camille Eid.

 EL POR QUÉ DE LA CONVERSIÓN
 Mohamed tiene claro por qué se ha hecho evangélico y no católico : “No puedo aceptar que deba haber (además de Jesús) un intermediario entre Dios y yo”. La mayoría de los exmusulmanes conversos al cristianismo optan por la fe protestante por razones más prácticas: sus pastores predican mucho más el Evangelio que los sacerdotes católicos.

Said, el pastor argelino, por ejemplo, consagra las tardes de los sábados a reunir en una iglesia metodista de la calle de Aragón de Barcelona, a una decena de conversos como él con otros tantos inmigrantes marroquíes que “quieren saber en qué consiste nuestra religión”.

En torno a una modesta merienda, los primeros cuentan sus experiencias, los segundos, preguntan. “Cristo nunca dijo que no te van a mirar mal por seguirle”, les explica Said. “No hay que dejarse intimidar”, prosigue. “Hay que levantar alta la bandera”. “Las batallas se ganan con la palabra y no con los fusiles”. “Y la palabra es Cristo”. Después lee la Biblia y por último los conversos rezan en árabe y español.

 ¿Cuántos musulmanes se convierten al año al cristianismo en España? No hay ninguna estadística. En Francia, donde la comunidad musulmana es más numerosa, se estima que son unos 600. En España son con seguridad menos, muchos menos en todo caso que el número de españoles que se hacen musulmanes y que además lo proclaman. Lógico, según Camille Eid, “porque en el islam solo hay una puerta de entrada, pero no de salida”.

Fuentes: El País

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