Archivos para junio 25, 2011


por Mike Breen

Jonathan Dodson (cuyo blog hizo una revisión de nuestro libro Lanzamiento de Comunidades Misioneras) recientemente escribió un artículo para la VERGE Network,  sobre: 8 maneras simples para ser misionero. Me encantó su tren de pensamiento y pensó que era la pena compartir.

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Hacer misión no es un evento que añadimos a nuestras vidas que ya están ocupadas. Es nuestra vida. La misión debe ser la forma en que vivimos, no es algo que añadir a la vida: “. Dondequiera que vayan, hagan discípulos …”, “Camina con prudencia hacia los extranjeros”, “Deja que tu palabra sea siempre sazonada con sal”, “estar preparados para dar una defensa de vuestra esperanza “. Podemos ser misionero de manera cotidiana, sin sobrecargarnos nuestros horarios. Aquí están algunas sugerencias:

1. Comer con los no cristianos. Todos comemos tres veces al día. ¿Por qué no hacer un hábito de compartir una de esas comidas con un no cristiano o con una familia no cristiana? Ir a comer con un compañero de trabajo, no tu solo. Invitar a los vecinos a una cena familiar. Si es demasiado trabajo para preparar una gran cena, simplemente pedir una pizza y enfoca tu conversación. Cuando vayas a salir a comer invita a otros. O lleva a su familia a los restaurantes de estilo familiar, donde podrá sentarse a la mesa con desconocidos y entablar conversación. Comida al aire libre e invitar a los cristianos y no cristianos. Huir de la subcultura cristiana.

2. Caminar, no manejes. Si usted vive en una zona peatonal, tienen la costumbre de salir y caminar por su vecindario, complejo de apartamentos, o de la escuela. En vez de conducir a la oficina de correo, tiendas de conveniencia, o apartamento, a pie para llegar por correo, tiendas de comestibles, y otras cosas. Sé deliberado en tu caminar. Saluda a la gente que no conoces. Entablar conversaciones. Llama  la atención por pasear al perro, teniendo un 6-pack (y acción), con los niños. Hacer amigos. ¡Sal de tu casa! Debes tener interés en tus vecinos. Hacerles  preguntas. Ora cuando sales a caminar. Ahorra un poco de gas, el planeta, y algunas personas.

3. Sé una persona metódica. En lugar de saltar por toda la ciudad por gasolina, comida, cortes de pelo, salir a comer, y el café, ir a los mismos lugares. Conoce el personal. Ir a los mismos lugares a la misma hora. Sonríe. Haz preguntas. Ser metódico. Haz amigos en los cafés por toda la ciudad. Mis amigos de Starbucks donaron una tonelada de pasteles que sobraron a nuestra iglesia 2-3 veces a la semana. Las usamos para reuniones de la iglesia y, ocasionalmente, dar a las personas sin hogar. Construir relaciones. Ser un metódico.

4. Comparte una afición con los no cristianos. Escoja un hobby que se puede compartir. Salir y hacer algo que disfrute con los demás. Trata de hacer Deportes de la liga de tu Ciudad. Remo (futbol) local y los equipos de ciclismo. Comparte tu afición enseñando las lecciones a otros. Enseña  clases de costura, clases de piano, violín, guitarra, tejido, clases de tenis. Sé una persona de oración. Sé intencional. Sé atractiva (o). Que se diviertan. Sé tú mismo.

5. Hable con sus compañeros de trabajo. ¿Qué tan difícil es eso? Toma tus descansos  con mucha  intencionalidad. Salga con su equipo o grupo de trabajo después del trabajo. Muestre interés en sus compañeros de trabajo. Escoge a cuatro y ora por ellos. Forma grupos de mamá en tu vecindario y no lo haga exclusivamente para cristiano. Organiza un calendario de fechas de juego para los niños de la vecindad. Trabaja en la misión.

6. Sé un voluntario con las organizaciones no lucrativas. Encontrar una sin fines de lucro en alguna parte de la ciudad y toma un sábado al mes para servir a tu ciudad. Lleva a tus vecinos,  a tus amigos o a tu grupo pequeño. Pase tiempo con tu iglesia, sirviendo a la ciudad. Una vez al mes. ¡Usted puede hacerlo!

7. Participar en eventos de la ciudad. En vez de jugar X-Box, ver televisión o navegar por la red, participe en eventos de la ciudad. Ir a la recaudación de fondos, festivales, campañas de limpieza, espectáculos de verano, y conciertos. Participa misionalmente. Entabla conversaciones. Estudia de la cultura. Reflexiona sobre lo que ven y oyen. Ora por la ciudad. Ama a tu ciudad. Participa con la ciudad.

8. Sirve a tus vecinos. Ayudar a un vecino para su matrimonio, en la cosecha, ayuda a  construir  un gabinete, ayuda a arreglar un coche. Pase por la asociación de vecinos o de oficina de los apartamentos y pregunte si hay algo que usted puede hacer para ayudar a mejorar las cosas. Pregunte a su policía local y de Bomberos, si hay algo que usted puede hacer para ayudarlos. Sea creativo. ¡Solamente sirva!

No cometa el error de hacer “la misión” como otra cosa que añade a su horario. En su lugar, haga Ud. la misión dentro de su programación existente.

by Mike Breen

Jonathan Dodson (whose blog did a review of our book Launching Missional Communitiesrecently wrote an article for the VERGE Network on 8 simple ways to be missional. Loved his train of thinking and thought it was worth sharing.

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Missional is not an event we tack onto our already busy lives. It is our life. Mission should be the way we live, not something we add onto life: “As you go, make disciples….”; “Walk wisely towards outsiders”; “Let your speech always be seasoned with salt”; “be prepared to give a defense for your hope”. We can be missional in everyday ways without overloading our schedules. Here are a few suggestions:

1. Eat with Non-Christians. We all eat three meals a day. Why not make a habit of sharing one of those meals with a non-Christian or with a family of non-Christians? Go to lunch with a co-worker, not by yourself. Invite the neighbors over for family dinner. If it’s too much work to cook a big dinner, just order pizza and put the focus on conversation. When you go out for a meal invite others. Or take your family to family-style restaurants where you can sit at the table with strangers and strike up conversation. Cookout and invite Christians and non-Christians. Flee the Christian subculture.

2. Walk, Don’t Drive. If you live in a walkable area, make a practice of getting out and walking around your neighborhood, apartment complex, or campus. Instead of driving to the mailbox, convenience store, or apartment office, walk to get mail, groceries, and stuff. Be deliberate in your walk. Say hello to people you don’t know. Strike up conversations. Attract attention by walking the dog, taking a 6-pack (and share), bringing the kids. Make friends. Get out of your house! Take interest in your neighbors. Ask questions. Pray as you go. Save some gas, the planet, and some people.

3. Be a Regular. Instead of hopping all over the city for gas, groceries, haircuts, eating out, and coffee, go to the same places. Get to know the staff. Go to the same places at the same times. Smile. Ask questions. Be a regular. I have friends at coffee shops all over the city. My friends at Starbucks donate a ton of left over pastries to our church 2-3 times a week. We use them for church gatherings and occasionally give to the homeless. Build relationships. Be a Regular.

4. Hobby with Non-Christians. Pick a hobby that you can share. Get out and do something you enjoy with others. Try City League sports. Local rowing and cycling teams. Share your hobby by teaching lessons. Teach sewing lessons, piano lessons, violin, guitar, knitting, tennis lessons. Be prayerful. Be intentional. Be winsome. Have fun. Be yourself.

5. Talk to Your Co-workers. How hard is that? Take your breaks with intentionality. Go out with your team or task force after work. Show interest in your co-workers. Pick four and pray for them. Form mom groups in your neighborhood and don’t make them exclusively Christian. Schedule play dates with the neighbors’ kids. Work on mission.

6. Volunteer with Non-Profits. Find a non-profit in your part of the city and take Saturday a month to serve your city. Bring your neighbors, your friends, or your small group. Spend time with your church serving your city. Once a month. You can do it!

7. Participate in City Events. Instead of playing X-Box, watching TV, or surfing the net, participate in city events. Go to fundraisers, festivals, clean-ups, summer shows, and concerts. Participate missionally. Strike up conversation. Study the culture. Reflect on what you see and hear. Pray for the city. Love the city. Participate with the city.

8. Serve your Neighbors. Help a neighbor by weeding, mowing, building a cabinet, fixing a car. Stop by the neighborhood association or apartment office and ask if there is anything you can do to help improve things. Ask your local Police and Fire Stations if there is anything you can do to help them. Get creative. Just serve!

Don’t make the mistake of making “missional” another thing to add to your schedule. Instead, make your existing schedule missional.

http://mikebreen.wordpress.com


Escrito por : Entrecristianos.

Muchas veces cuando se prentende hacer cambios de paradigmas surgen discusiones que en realidad no llegan a nadacruzazul.jpg puesto que lo que se dice no ayuda a nutrirnos en el tema e incluso confunde.  Una de las discusiones actuales es en relación a la Iglesia Emergente.  Mucho se dice a favor y otro tanto en contra y las discusiones no ayudan al lector a tratar de discenir las ventajas y desventajas de este movimiento.  Recientemente C. Wess Daniels trató de categorizar los tipos de iglesias emergentes y creemos que su contribución puede ayudar al lector a una mejor comprension.

A continuación damos un resumen de lo escrito por Daniels que clasifica los diversos tipos de iglesias emergentes dentro de un mismo movimiento

1. Modelo Deconstruccionalista: Es quizás el grupo emergente más conocido pues este tipo de iglesias son postmodernas en el amplio sentido de la palabra. Estos cristianos han sido influenciados por la deconstrucción, un enfoque filosófico postestructuralista y del discurso filosófico de Derrida, Lyotard, Foucault y Caputo. Este modelo centra su atención en que los cristianos deben adoptar el postmodernismo y con ello la necesidad de contextualizar el Evangelio a los tiempos actuales. Ikon y su fundador Peter Rollins es un buen ejemplo para este tipo de iglesia. También se puede incluir a Tony Jones y Brian McLaren en esta tipo decategoría. Se podría decir que este modelo adopta la cultura posmoderna, se opone al modernismo, y a menudo se opone también a la iglesia institucional con lo que no es raro que se inclinen por estar a favor de no ubicarse dentro de ninguna denominación.

2. Modelo Premodernista/Agustiniano: Este modelo ha influido mucho también dentro del movimiento emergente y usualmente se opone al modelo anterior pero de una manera muy amistosa. En lugar de tratar el postmodernismo como lo entiende la filosofía de Nietzsche y el grupo anterior, estos cristianos se inclinan más hacia un estilo de postmodernismo renacentista (similar a lo que está representado en la Toulmin Cosmopolis). Bien sea porque se basan en el pensamiento modernista temprano o se ubican en la etapa pre-moderno. San Agustín y Santo Tomás son figuras claves para este grupo. La ortodoxia radical de John Milbank, James K. Smith entre otros, son fieles ejemplos de este modelo. Su teología tiende a poner mucho énfasis en la tradición dentro del marco general de la fe cristiana, en lugar de simplemente basarse en la contextualización. Este grupo nos enseña que revisar la historia nos puede revelar un camino mejor, y que al profundizar en ella con seguridad se encontrará sabiduría beneficiará a entender y dar solución a los que dilemas espirituales de hoy. Este modelo tiende a ser más favorable con la iglesia institucional, y entiende muy bien el tipo de iglesia que desea ser.

3. Modelo De la Iglesia de la Paz Emergente (o Emegente Anabautista): Este modelo de iglesia emergente se posiciona con las tendencias no conformistas de Jesús,  De esta manera, la Iglesia debería seguir sus huellas usando métodos no violentos demostrando  así el amor hacia los enemigos y el cuidado a los pobres. Viene a ser una renovación del ascetismo del que se ha escrito mucho últimamente. En la actualidad hay miembros de muchas denominaciones e iglesias involucradas en este modelo de paz. Es un modelo que no acepta que exista cultura que se pueda calificar como la idónea. Ven a Jesús (y su encarnación) como el modelo cultural a proponer. Los cristianos que se definen por este grupo de iglesias emergentes han sido influidos por Wittgenstein, Barth, Bonhoeffer, John H. Yoder, McClendon y Nancey Murphy. Ejemplos claros de este grupo son Jarrod McKenna y el Peace Tree (Árbol de Paz), Rob Bell y su Iglesia Mars HillShane, Shane Claiborne, y algunos menonitas. Este grupo puede existir en cualquier sabor denominacional y usualmente se opone a la iglesia institucional y es de la opinión que la contextualización es importante sólo si el ministerio de Jesús y su mensaje continua en vigencia y no pierda su esencia.

4. Modelo Fundamentalista: Dentro del movimiento emergente es el ala más conservador por la forma como interpreta la Escritura.  Enfoca su eclesiología en forma tradicional (predicación estándar, música de adoración típica de un culto, etc), pero procurando ser al mismo tiempo  innovadores en la forma de evangelizar. Esta innovación puede verse porque algunos se reunen en bares, aceptan que las personas se pongan tatuajes, pueden utilizar palabras que tradicionalmente no son aceptables en el púlpito, usan música de rock pesado en el culto.  Todo esto puede brindar una atmósfera de “alternabilidad” en los servicios. Estas iglesias se pueden encontrar en diversas denominaciones, o ser iglesias independientes que generalmente se transforman en megaiglesias. Siguen el evangelicalismo tradicional pues se apegan a las tradiciones, y suelen ser conservadores tanto en el plano político como teológico.  Sin embargo mantienen una postura abierta a la cultura por razones de evangelismo.  Suelen parecerse teológicamente a iglesias tradicionales en relación a la doctrina. En este grupo de gente podemos destacar a Mark Driscoll, Dan Kimball, Erwin McManus y la gran variedad de “nuevos servicios” que ofrecen algunas mega-iglesias como Willow Creek.

 

http://www.entrecristianos.com


Juan Simarro Fernández

Retazos del evangelio a los pobres (XXVI)

“Viendo la multitud subió al monte; y sentándose vinieron a él sus discípulos, y abriendo su boca les enseñaba diciendo: Bienaventurados…”. Mateo 5: 1-3.

 

Las Bienaventuranzas, esta parte esencial del Sermón del Monte, no se preocupan especialmente de una espiritualidad desencarnada, no son consejos para que las personas sean más piadosas, no intentan el cultivo del espíritu pensando en el más allá.

 Las Bienaventuranzas están llenas de humanidad encarnada.  Tanta humanidad que no pueden pasar de largo de los problemas de los pobres, de los tristes, de los hambrientos e injustamente tratados. Se configuran, así, como una respuesta de misericordia y como promesas de felicidad para aquellos que están hundidos en el no ser de la pobreza y el sufrimiento humano. Tienen la urgencia de aquel, que siendo experto en sufrimiento como lo era Jesús, tiene que lanzar un grito de emergencia como respuesta al sufrimiento y a la insolidaridad humana que hunde a tantos en la infravida de la pobreza y del desconsuelo.

Mientras los demás maestros religiosos incidían en una ética de cumplimiento de rituales, de mandamientos humanos, de prescripciones y de una pureza piadosa basada en la estricta observancia de múltiples normas, Jesús, sorprendentemente para muchos de los integrados de aquella época, en las Bienaventuranzas les va a hablar de una forma diferente: les podía hablar de los pobres, tanto de los económicamente pobres como de aquellos que son pobres por su desconsuelo, por su llanto, por ser personas oprimidas o pertenecer al grupo de los hambrientos del mundo. Era una forma totalmente revolucionaria y novedosa de hablar.

 Era una forma de hablar totalmente diferente de los líderes religiosos del momento.  Mostraba un camino nuevo y distinto para los sufrientes del mundo, para los proscritos y privados de dignidad. Era como una corriente de aire fresco para los pobres de la tierra que eran despreciados y rechazados por los religiosos del momento. Sus palabras eran como un rayo de luz en medio de las tinieblas de una religiosidad alejada de los planes de Dios para con los débiles del mundo. Eran una forma no violenta de liberación que se ha mostrado como muy difícil de seguir por aquellos que se declaran discípulos del Maestro experto en sufrimiento. Los cristianos de hoy necesitan hacer toda una inmersión en los valores del Sermón del Monte, de las Bienaventuranzas.

Las personas que les escuchaban, la mayoría de ellos gentes sencillas que se sentían atraídos por un mensaje que les llegaba como una gran novedad y que les abría nuevos caminos insospechados en aquellos ambientes religiosos, se quedarían gratamente sorprendidas, sería como si las ventanas del cielo se estuvieran abriendo para ellos por primera vez. Era un Evangelio misericordioso, que proclamaba una justicia también llena de misericordia para con los que sufren, para los despojados y oprimidos.

 No sé si las personas que les escuchaban podrían ser conscientes de la revolución que implicaban las sentencias de Jesús en el terreno religioso.  No sé cuántos de ellos podrían captar de forma consciente esa revolución que implicaban las Bienaventuranzas para los pobres y desconsolados del mundo, pero no cabe duda que el Reino de Jesús que irrumpía en nuestra historia era un Reino con valores liberadores dentro de la no violencia, a no ser que se pueda hablar de la violencia verbal que las palabras de Jesús causarían en los religiosos de la época. Esta parte esencial del Sermón del monte, era algo totalmente novedoso, algo que nosotros, muchas veces, en nuestras modorras espirituales insolidarias, no somos capaces de captar en un mundo insolidario en donde, desgraciadamente y de forma bastante amplia, esta insolidaridad afecta a los que se llaman seguidores del Maestro del Sermón del Monte.

 No es que quiera hacer una crítica a la forma en que se vive el cristianismo hoy en la mayoría de las iglesias, sino que intento un esfuerzo de reflexión para que nos preguntemos qué ha sido de aquella frescura novedosa que implicaban en sí las Bienaventuranzas.

Por eso me atrevo a hacer las siguientes preguntas:

¿Qué ha pasado con aquel ardor que hacía que las masas humildes, los pobres, los despreciados y proscritos siguieran esos mensajes, esas sentencias liberadoras y comprometidas con los débiles del mundo que eran estas sentencias esenciales y que dan sentido a todo el Sermón del Monte?

¿Por qué hemos dejado que se apague aquél fuego que eran las sentencias de Jesús, sus bienaventuranzas? ¿Acaso estamos apagados espiritualmente? ¿Acaso nuestra fe está mortecina o definitivamente muerta para que no podamos captar la urgencia, el grito solidario y aquella fuerza evangélica que nos trajo Jesús con su Evangelio a los pobres?

¿Qué necesitaríamos para poder reavivar el fuego que ardía en los labios de Jesús al sentarse ante sus discípulos y las multitudes para enseñarles? ¿Qué hemos de hacer para que el Evangelio sea así de atractivo para que las gentes caminen tras el mensaje de los cristianos? ¿Cómo podríamos sumergirnos en la frescura y en el fuego del mensaje de Jesús?

Quizás yo no os sepa decir el cómo, el camino para poder seguir la revolución solidaria de Jesús con los pobres y con los sufrientes. Pero sí os puedo decir una cosa:  Hay que estar dispuesto a pagar el precio de la práctica y enseñanza de este evangelio solidario con los excluidos del mundo.

Jesús pagó el precio. Quizás su compromiso con los pobres y robados de dignidad, quizás el hacer un Evangelio tan diferente de las líneas insolidarias que seguían y practicaban los religiosos de la época de Jesús, fue lo que llevó a Jesús a la cruz, a la muerte del dador de la vida, a la muerte del creador de todo lo que existe.

Quizás cada una de estas bienaventuranzas, cada una de estas sentencias solidarias con los pobres, los hambrientos y los desconsolados del mundo, eran, simbólicamente hablando, los clavos que clavaron a Jesús en la cruz. Ocho sentencias que dieron lugar a los ocho clavos, valga la imagen simbólica con la que en este momento hablo, que clavaron a Jesús en la cruz por comprometerse con los pobres y sufrientes del mundo. El Evangelio a los pobres le llevó a la cruz, aunque, indudablemente, la cruz tenía una trascendencia global de redención de toda la humanidad, de todo aquél que cree en Él.

 Si hoy la iglesia se comprometiera con las líneas de las Bienaventuranzas de Jesús con un compromiso serio y total, es posible que la indiferencia que los poderosos del mundo, religiosos, políticos o acumuladores, dejara de ser tal indiferencia.  Saltarían a la palestra intentando destruir el movimiento solidario y misericordioso que es el Evangelio.

Hemos de ser valientes y no rehuir de las solidaridades, compromisos, estilos de vida y prioridades de Jesús. Si no, seremos todo, excepto seguidores del Maestro de Nazaret.

Autores: Juan Simarro Fernández

© Protestante Digital 2011