LA IGLESIA Y EL MOVIMIENTO HOMOSEXUAL

Publicado: julio 8, 2011 en Iglesia, opinión, Sociedad

Por Sergio Fratti|Columnista Invitado de Christian Post

No existe un desafío ético que enfrenten las iglesias hoy que sea más radical que el debate homosexual.

Tiende a ser polarizado entre “homofobia y “homofilia”, esto es, entre aquellos que sienten una repulsión emocional hacia las personas homosexuales, y aquellos que ven las relaciones homosexuales como equivalentes moralmente al mismo matrimonio.

¿Estamos limitados a esta alternativa? ¿O es posible desenredar nuestras emociones de nuestras convicciones? ¿Existe una forma cristiana de combinar el pensamiento bíblico correcto y una actitud igualmente bíblica de entendimiento, respeto y apoyo para personas con orientación homosexual?

1. ¿QUé ES LA HOMOSEXUALIDAD?

Definición de homosexualidad. La homosexualidad es pensar persistentemente en encuentros eróticos con personas del mismo sexo, encuentros que pueden hacerse realidad o no.

En otras palabras, es hacer planes deliberadamente para acariciar fantasías sexuales o llevar a cabo conductas sexuales con alguien del mismo sexo y cooperar en ellas.

2. MITOS COMUNES SOBRE LA HOMOSEXUALIDAD

Nos enfrentamos hoy con serios mitos que empañan la verdad sobre la homosexualidad.

PRIMER MITO: Las personas nacen homosexuales.

En años recientes, algunos han afirmado que la orientación homosexual se determina biológica y genéticamente de la misma manera en que se fija el color de los ojos o del pelo.

Como base para tal afirmación se han utilizado unos pocos estudios científicos, dos en particular. El Dr. Simon LeVay condujo un estudio en 1991 en los cerebros de cuarenta y un cadáveres. Los cadáveres eran de diecinueve hombres homosexuales y dieciséis hombres más seis mujeres que se presumía eran heterosexuales. LeVay informó que en los hombres homosexuales había un grupo de neuronas en una sección específica del cerebro que por lo general era menor que en los hombres heterosexuales. Como resultado de ello elaboró la hipótesis de que el tamaño de esas neuronas puede hacer que una persona sea heterosexual u homosexual.

Sin embargo, para que esa teoría sea cierta, los estudios tendrían que demostrar que la diferencia en tamaño ocurre cien por ciento de las veces. Pero ni siquiera el propio estudio del doctor LeVay pudo probar eso.

El segundo estudio fue realizado en 1991 por el Dr. J. Michael Bailey y el Dr. Richard Pillard. Estos señores examinaron lo extendida que está la homosexualidad entre mellizos y hermanos adoptados cuando al menos uno de ellos es homosexual. Entre otras cosas descubrieron que cincuenta y dos por ciento de los gemelos estudiados eran ambos homosexuales. De ahí sugirieron que la composición genética puede ser la razón por la que tantos gemelos son homosexuales.

No obstante, para que su teoría sea realidad no debe haber nunca un caso en que uno de los gemelos sea heterosexual y el otro homosexual. Es genéticamente imposible, pues ambos gemelos comparten los mismos genes cien por ciento.

Si la orientación sexual es genética, entonces ambos gemelos siempre tienen que ser, o bien heterosexuales, o bien homosexuales.

El descubrimiento de Bailey y de Pillard, de que sólo se dio en cincuenta y dos por ciento de los casos, desacredita su propia hipótesis. De hecho, sus hallazgos muestran que los factores no genéticos desempeñan un papel importante en la determinación de la preferencia sexual.

SEGUNDO MITO: La homosexualidad es una alternativa inofensiva.

A pesar de la imagen normal e inofensiva que a menudo se le atribuye a la homosexualidad, los hechos revelan que, igual que la conducta heterosexual inmoral, las personas que se involucran en actividades homosexuales pagan un precio triste y trágico: física, emocional y espiritualmente.

Físicamente. Además de las complicaciones debilitantes comunes entre hombres que practican actividades homosexuales, también se pueden contraer muchas enfermedades e infecciones venéreas.

Puesto que pocos pueden mantener la «monogamia», la promiscuidad aumenta rápidamente la propagación de estas enfermedades, entre las cuales están la hepatitis B, pequeños tumores anales, herpes, gonorrea, sífilis, etc.

Las mismas producen síntomas de gripe, enfermedades crónicas del hígado, fuertes diarreas, calambres, úlceras y hasta la muerte.

La más conocida e igualmente peligrosa de todas las enfermedades venéreas es el SIDA. En los Estados Unidos, esta mortal enfermedad afecta mayormente a los hombres que participan en actos homosexuales, a los que usan drogas intravenosas y a sus compañeros sexuales.

Se calcula que treinta por ciento de todos los hombres de veinte años de edad que practican la homosexualidad contraerán SIDA para cuando tengan treinta años de edad o morirán de esa enfermedad.

Emocionalmente. Un precio emocional que se paga frecuentemente entre los homosexuales es la depresión. A esto normalmente le acompañan fuertes sensaciones de soledad y culpa, las cuales se adormecen sólo con alcohol o con «un contacto sexual más». Las relaciones homosexuales femeninas están particularmente cargadas de un carácter extremadamente dominante y de celos.

Espiritualmente. Aunque no se puede ver tan fácilmente, la consecuencia espiritual es la más costosa. Igual que sucede con otros intentos de independizarse de Dios, la homosexualidad nos separa de la única Fuente verdadera de vida. Crea la ilusión de que podemos sobrevivir a nuestro decepcionante mundo por nuestra cuenta sin el

Dios que anhela darnos el regalo de la vida (Apocalipsis 22:17).

Pero una vida sin el Dios de la vida no tiene verdadero significado, gozo ni amor. En el mejor de los casos, sólo se puede descubrir una fugaz y hueca imitación.

TERCER MITO: Las referencias bíblicas que condenan la conducta homosexual no se refieren a la homosexualidad como la conocemos hoy.

Algunas personas especulan que los pasajes bíblicos que indican que la actividad homosexual es pecaminosa se refieren a un tipo completamente distinto de homosexualidad del que se practica hoy.

Por ejemplo, sugieren que Levítico 18:22, el cual dice:

Lev. 18:22

No te echarás con varón como con mujer; es abominación.

Sólo condena la homosexualidad asociada con prácticas religiosas paganas.

Una afirmación similar se hace respecto a los comentarios del apóstol Pablo sobre la conducta homosexual en Romanos 1:24-27, 1 Corintios 6:9,10 y 1 Timoteo 1:9,10. Algunos proponen que las afirmaciones de Pablo se referían únicamente a la pederastia (relación sexual entre hombres y niños) o a la prostitución que había en la adoración pagana.

En cualquier caso, se argumenta que Pablo no estaba pensando en relaciones homosexuales «en las que hay amor y compromiso».

Una de las mayores faltas en este tipo de especulación es que no hay nada en el contexto que rodea a esos pasajes que justifique el limitar el significado de esos versículos a la homosexualidad que hay en la adoración pagana o en la pederastia.

El significado ciertamente incluía esas actividades, pero no hay evidencia para sugerir que Pablo se refiriera a ellas exclusivamente.

Por otro lado, el contexto muestra, por ejemplo, que es imposible restringir el significado de Romanos 1:24-27 a la pederastia dado que Pablo habló de la homosexualidad femenina de la misma forma que habló de la masculina:

Romanos 1:26,27

…aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros…

Además, un examen de la palabra griega arsenokoites, la cual fue usada por Pablo en 1 Corintios 6:9 y en 1 Timoteo 1:10, muestra claramente que su intención era condenar toda lascivia y conducta homosexual, incluyendo lo que sucede hoy.

Hace mucho tiempo que los eruditos bíblicos comprendieron que la palabra griega arsenokoites, que se traduce «afeminados» en 1 Corintios 6:9 y «homosexuales» en 1 Timoteo 1:10 [Biblia de las Américas], significa «uno que se acuesta con varón como con mujer, sodomita».

También se ha demostrado que los judíos de la civilización griega adquirieron la palabra arsenokoites del texto griego del Antiguo Testamento de Levítico 18:22 y 20:13, los cuales condenan la actividad homosexual en general.

Es evidente que Pablo no restringió el significado de esta palabra a cierto tipo de conducta homosexual.

Hasta los antiguos escritos griegos la usaban en un sentido amplio que incluía cualquier conducta homosexual. Por tanto, según Pablo, toda forma de actividad homosexual es pecado.

CUARTO MITO: Los homosexuales no pueden cambiar.

La Biblia dice claramente que las personas pueden vencer la homosexualidad.

1Corintios 6:9-11

¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis: que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, (10) ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los calumniadores, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. (11) Y esto erais algunos de vosotros, pero ya habéis sido lavados, pero ya sois santificados, pero ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios.

Pablo vio de cerca cómo el poder de la misericordia y la gracia de Dios cambiaban drásticamente la vida de la gente, independientemente de sus luchas.

Y Dios puede hacer hoy lo mismo por cualquier persona.

3. LA RESPUESTA DE LA IGLESIA.

La iglesia es generalmente homofóbica, y atacamos causando la aversión de esas personas hacia la iglesia y hacia Dios.

1Corintios 6:9-11
¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis: que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, (10) ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los calumniadores, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. (11) Y esto erais algunos de vosotros, pero ya habéis sido lavados, pero ya sois santificados, pero ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios.

1Cor.6 dice que estas personas no entraran al reino de Dios, pero también dice que son iguales a los estafadores, y a los calumniadores, los borrachos, y a los adúlteros. Pero hoy magnificamos el pecado de la homosexualidad rechazándolos de tajo.

El problema es: que los homosexuales son un grupo que lucha por ser aceptados sin cambiar, no vemos a los estafadores, o a los adúlteros, protestando en la calle “¡Déjennos estafar en paz, déjennos adulterar en paz, exigimos respeto a nuestro derecho de emborracharnos!”

La iglesia tiene dos funciones en cuanto a esto:

1. Declarar cual es el estándar de Dios, decir lo que Dios dice y piensa sobre el tema
Mateo 19:4-6
¿No han leído que en el principio el Creador ‘los hizo hombre y mujer’,(5) y dijo: ‘Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo’? (6) Así que ya no son dos, sino uno solo. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. (NVI)

El estándar de Dios es que el matrimonio debe ser heterosexual y monógamo.

2. Debe enseñarles a los hombres como alcanzar el estándar de Dios.
1Corintios 6:11
Y eso eran algunos de ustedes. Pero ya han sido lavados, ya han sido santificados, ya han sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios.
Es responsabilidad de la iglesia guiar al Señor de manera sabia a las personas con preferencias homosexuales, lamentablemente en nuestra América latina nos hace falta mucho más que abrir la mente, abrir el corazón y las puertas de la iglesia con la fe y la intención de que estas personas puedan ser alcanzadas y sus vidas cambiadas por el poder de Dios.

http://spanish.christianpost.com

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