El evangelio según los Simpsons

Publicado: agosto 10, 2011 en Cine

José de Segovia Barrón

Cuando el creador de Los Simpsons, Matt Groening, era boy-scout, cuenta en una entrevista que robó una Biblia de Los Gedeones de la habitación de un hotel, y subrayó todo aquello que le parecía sucio. Cuando lo descubrió su jefe de exploradores, Groening dijo que para aplacar su furia le contó que había orado a Dios, y le había dicho “sé que me perdonarás por no creer en Tí”. Esta actitud irreverente, al borde siempre de la blasfemia, está todavía presente en esta serie de animación que se ha convertido en el programa de televisión más popular del mundo. Pero ¿por qué van los Simpsons a la iglesia?, ¿qué nos dicen sus oraciones, y cómo citan la Biblia?. Este es el tema de un reciente libro en EE.UU.

La imagen rebelde y corruptora de menores de Bart Simpson ha hecho que muchos conservadores, George Bush entre ellos, vean este espectáculo como un signo claro de la decadencia moral americana desde 1989. Pero para entender el evangelio según los Simpsons hay que darse cuenta que abarca desde la sanidad por fe hasta las misiones, pasando por el unitarismo o los parques de atracciones cristianos. Esta curiosa mezcla de fascinación y sospecha está muy bien reflejada en los dos personajes que representan más claramente la religión en la serie: Ned Flanders y el Reverendo Lovejoy.

Flanders es un irritante evangélico que vive al lado de los Simpsons. Algo reprimido (“dí cualquier cosa, que no lo habré hecho”), y a menudo fanático (“yo guardo hasta la comida kosher, por si acaso”), Ned sin embargo es un verdadero cristiano, que muestra su fe por sus obras. Homer le describió una vez como alguien “más santo que Jesús”. El Reverendo Lovejoy es sin embargo un pastor que representa casi todas las denominaciones en su Primera Iglesia de Springfield, donde van los Flanders, los Simpsons, y casi todo el pueblo. Tiene el aspecto pomposo y sedante de un tele-evangelista del valium. Su fundamentalismo es a veces incendiario (“la ciencia ha fracasado de nuevo ante las aplastantes evidencias de la religión”), pero otras frío y profesional (“hago lo puedo con un material como éste”). Homer le ha descrito en una ocasión como “el tipo que da esos sermones en la iglesia, capitán cómo-se-llame”.

Cuando Flanders, por razones que no vienen aquí al caso, tiene que adoptar a los hijos de los Simpsons, descubre que todavía no han sido bautizados, por lo que llama angustiado al Reverendo. Éste irritado por haber sido molestado cuando estaba disfrutando de su afición a los trenes en miniatura, responde con desprecio: “Ned, ¿has pensado en alguna de las otras principales religiones? Son prácticamente lo mismo”. Inmediatamente su tren se estrella, soltando humo. Ned coloca un cartel entonces en la puerta que dice “nos hemos ido a bautizar”, y se dirige al río. Allí los niños son finalmente “rescatados” por Homer, que logra evitar que el agua caiga de un cáliz dorado. Aunque el intento de Ned de un bautismo forzado es poco admirable, sin embargo es interesante que su sinceridad nunca se pone en cuestión. Es una persona auténtica, que a veces se muestra fuerte, pero también tiene debilidades.

El Reverendo Lovejoy sin embargo es un claro representante de lo peor de la religión organizada. Su fe es algo nominal y vacío. Se enorgullece de haber vuelto a poner la maqueta en el vestíbulo de la iglesia, como uno de sus grandes actos de fe. Y cuando un cometa amenaza destruir Springfield, Homer se lamenta diciendo: “En momentos así me gustaría que fuera un hombre religioso”. Pero el Reverendo corre histérico por la calle, gritando: “¡Se acaba todo!, ¡ya no hay más rezos!”. Sin embargo Ned ha construido un refugio al que invita a todo el pueblo. Y cuando está tan lleno que no se puede cerrar la puerta, se ofrece como mártir. Le dice entonces a su hijo: “Si me vuelvo loco de miedo, quiero que dispares a papá si intenta volver adentro”. La gente sale entonces avergonzada, y lo único que destruye el cometa es el refugio.

Pero no debemos entusiasmarnos demasiado con San Flanders, ya que uno de los autores de Los Simpsons, Steve Tompkins, ha dicho: “Creo que la calidad del humor está en proporción indirecta con las verdaderas creencias de la persona”. Ya que “cuánto más se muestren, menos divertido resulta”. Su papel es provocar, dice. Mark Pinsky ha escrito todo un libro sobre la vida espiritual de esta familia animada. Para ello ha grabado todos los episodios de la serie y mantenido entrevistas con varios de sus autores. Uno de ellos, Al Jean, dice que se considera “alguien que cree en las enseñanzas de Jesucristo, pero no es un gran aficionado de la religión organizada”. Él comenzó a trabajar en la serie en 1989, por lo que ha escrito con Reiss más de doscientos episodios. “Desde muy temprano mostramos a los personajes yendo a la iglesia”, dice. Pero “la gente es muy sensible con estas cosas”, por lo que evitan siempre las imágenes de Cristo, sobre todo en la cruz.

Marge es tal vez el miembro más fiel de los Simpsons. Ella es la que dice a los niños que deben ir a la iglesia para “aprender moral y decencia”. Así sabrán “cómo amar a su prójimo”. Pero la escena siguiente muestra al Reverendo en el púlpito con una cita apócrifa del Antiguo Testamento, llena de violencia sangrienta. Ya que el evangelio según los Simpsons es eso: la necesidad de vivir en paz y amor con tus vecinos. Pero la realidad es otra. Y es ahí de donde parte el verdadero Evangelio. No de bonitos deseos, y buenas obras, sino de la impotencia del hecho de que no podemos vivir como debiéramos. El cristianismo no consiste por lo tanto en los sacrificios de Flanders, ni en la vida cómoda del Reverendo, sino en el sacrificio que Cristo hizo una vez y para siempre. Esa es la única buena obra que nos salva. Por lo que no se trata se ser buenos, sino nuevos. Y eso es algo que sólo el Espíritu de Dios puede hacer por medio de nuestra confianza en la justicia de otro, Cristo Jesús, que llevó nuestras contradicciones bajo el peso de esa cruz que no pueden mostrar Los Simpsons, porque su mensaje sigue siendo demasiado ofensivo.

 

http://www.entrelineas.org

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