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Chile: movilización con dignidad

Publicado: agosto 21, 2011 en Sociedad

Eugenio Orellana

Chile: movilización con dignidad

«No nos mueve hundir el Titanic; sólo repartir los botes con decencia»

21 DE AGOSTO DE 2011

En los primeros 50 años aproximadamente del siglo XX, la ciudad de Temuco, a 700 Km. al sur de la capital de Chile y conocida también en aquellos tiempos como Capital de la Frontera, era un hervidero de actividad productiva de la que el trigo era el rey. Las inmensas máquinas trilladoras, conocidas en la jerga local como automotrices, atravesaban la ciudad a paso lento cual inmensos animales metálicos parecidos a los  transformers  que años después hemos aprendido a ver en los filmes de ciencia ficción. Iban de un fundo (finca) a otro para recoger el trigo que, como decimos, era lo que le daba vida y riqueza a la Región de la Frontera.Juntamente con esta actividad febril que comenzaba a fines de noviembre y terminaba a principios de marzo, era posible ver una gran cantidad de agricultores de aspecto ario que, entremezclados con la raza autóctona destacaban por su tamaño, el color de su piel, de su cabello y de sus ojos; sus brazos y manos desarrollados más allá de lo que nos parecía normal a fuerza de trabajo y hablando un castellano enrevesado que decía a las claras que no eran oriundos de ese suelo sureño.A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, los gobiernos chilenos, empeñados en darle un impulso al desarrollo de la Región de la Frontera, favorecieron las emigraciones de trabajadores alemanes que, casi en bandadas, llegaron con sus familias en plan de conquista del Sur de Chile. La conquista de los Roloff, de los Karow, de los Reinicke, de los Vorpal, de los Burkhardt, de los Emenegger, de los Ulrich, de los Pritzke (para nombrar solo a algunos a quienes conocí) se haría, no obstante, no a través del expediente político y ni siquiera económico. Se haría a través del expediente del trabajo duro y sacrificado.

 Si los alemanes avecindados en la Región de la Frontera nos dejaron una buena herencia a modo de ejemplo fue ese inquebrantable sentido de responsabilidad en materia de trabajo. Establecieron maestranzas, repararon automotrices, fabricaron piezas, salieron a trillar. Comenzaban apenas amaneciendo, almorzaban a la carrera entre hierros y tractores, seguían hasta la noche cuando regresaban a casa listos para continuar al día siguiente. Ni una queja, ni una protesta, ni una mala cara. Solo trabajar. Eso era lo bueno de ellos. Lo positivo de estos inmigrantes.

Don Christian Reinicke, sembraba, criaba animales, ordeñaba las vacas, hacía mantequilla, la empacaba en cantidades de un kilo, ponía veinte o treinta paquetes en una maleta (sin ruedas, las de aquellos tiempos) y venía a Temuco a venderla a quienes habitualmente la comprábamos. No mandaba a nadie; él mismo lo hacía.
Pero hubo algo no tan bueno que defendieron y por unos años cultivaron con la misma fiereza con que trabajaban el campo.

 Les quedaba, todavía, ese complejo de superioridad que trató de imponerse a todo el mundo por allá por los años 40. Convivían con los chilenos pero no se mezclaban con nosotros. Éramos amigos, concurríamos a la misma iglesia, participábamos en algunas actividades sociales y deportivas juntos, pero no más allá. Querían, al parecer, mantener la raza pura. Y para lograrlo, por muchos años evitaron la mezcla genética con los chilenos. Primer craso error. No aceptaban los matrimonios mixtos, favoreciendo las uniones entre ellos. Segundo craso error. Esto significó que por una generación o dos, las calles de Temuco vieran gran cantidad de descendientes de alemanes con su aspecto físico característico. Ya no hablaban con una mezcla de alemán y castellano pese a que seguían dominando ambos idiomas. Hablaban un castellano sin acento y un alemán perfecto.  Llegó el día, sin embargo, en que ese intento por «mantener pura la raza» comenzó a desaparecer  hasta que en el día de hoy casi no existe. Los jóvenes y las jovencitas alemanes terminaron casándose con chilenas y chilenos y se produjo la mezcla que enriqueció a ambas razas: la chilena y la alemana. Cada una aportó lo suyo y todos ganaron. Hoy día, en muchos casos, los apellidos arios han sido absorbidos por los chilenos, y las cabelleras rubias y los ojos azules han cedido ante el empuje avasallador del cabello negro y los ojos cafés.

También ha habido cambios en las áreas de producción y de trabajo. Ya no se ven los grandes automotrices yendo de un punto a otro de la ciudad en procura del precioso grano de oro. El trigo también ha perdido su condición de enriquecedor de la economía regional. Temuco y la amplia región que capitanea como ciudad principal, ya no es la Zona Triguera de Chile. Muchos de los descendientes de aquellos esforzados colonos han sido absorbidos por la ciudad al punto que hoy es posible encontrarlos en una oficina, en una tienda, manejando un restaurante, enseñando en una escuela o atendiendo a clientes en un bufete de abogado.

 A estas alturas, algún lector quizás se pregunte a qué viene toda esta larga introducción. Ya lo diremos.

 El fenómeno que tuvo lugar con los alemanes avecindados en el Sur de Chile (y estos no tuvieron nunca nada que ver con la tristemente famosa Colonia Dignidad de la zona de Parral) no se ha dado en el campo social chileno. Hoy día, seguimos siendo gobernados por los descendientes de quienes lo hicieron cien, doscientos, trescientos años atrás. De los países latinoamericanos, Chile sigue siendo el número uno en diferencias sociales. Y los Errázuriz de hace doscientos años, siguen en 2011 manejando el país a través de sus descendientes. Los Errázuriz, los Bulnes, los Larraín, los Sanfuentes, los Valdés, los Subercaseaux, los Aldunate, los Valdivieso para nombrar solo a algunos, de antes, siguen siendo los «señores» de ahora.

 Los alemanes a que hemos hecho referencia en este artículo no vinieron a hacerse dueños del país. Estos otros sí. Y a ellos se les han sumado los Piñera, los Longueira, los Velasco, los Chadwick, los Golborne y hasta los Hinzpeter.

 El movimiento estudiantil chileno tiene, entre sus varias banderas de lucha, ésta: que se acabe la educación privilegiada para los privilegiados. La siguiente frase en una pancarta resume este aspecto de la lucha: «No nos mueve hundir el Titanic; solo repartir los botes con decencia».  Hay una relación estrecha entre este eslogan y lo dicho por Camila: «¿Seguiremos educando solo a las élites socioeconómicas? ¿O nos aseguraremos de implementar un sistema de acceso que permita que todos los jóvenes con talentos y habilidades, independiente de su origen y capacidad de pago, puedan permanecer en la Universidad?»

 ¿Cómo es que las élites se han perpetuado en el poder político y económico de la nación? Sencillo. Ellos son los abogados, los ingenieros, los economistas, los arquitectos, los diplomáticos, muchos de los cuales, además de sus profesiones liberales, han devenido políticos. Así es como son ellos los que dictan las leyes, las aprueban, dan los golpes de timón a la cosa pública de manera de favorecer siempre sus intereses. Si fuese posible ver, hoy día, la telaraña que forman «los grandes apellidos» en el entramado de poder en Chile veríamos que entre parientes cercanos y lejanos, de primero, segundo o tercer grado, son dueños de la economía macro chilena.

¿Hay algo de malo en esto? No necesariamente. Solo que lo que se quiere no es que el Titanic se hunda sino que los botes se repartan con decencia.

(No resisto la tentación de poner aquí, un poco entre paréntesis, algo que ocurrió cuando el Presidente Allende formó su primer gabinete. De alguna manera actuando con el mismo sentir expresado 41 años más tarde por los estudiantes en huelga, el doctor Allende nombró a gente del pueblo como sus colaboradores inmediatos. Altamente capacitados pero ninguno perteneciente a las élites socioeconómicas. Lo curioso del caso es que cuando se dieron a conocer los nombres estalló risa general entre los Errázuriz, los Valdés, los Larraín, los Aldunate. ¿Ministro un Fernando Flores? Risa general. ¿Ministro un Zorrilla? ¡Ja, ja, ja! ¿Ministro una Mireya Baltra? ¡No me hagan reír! ¿Un Mario Astorga? ¿Un Juan Carlos Concha? ¿Un Carlos Matus? ¡Qué ofensa para los Aldunate! ¡Y para los Larraín, y los Bulnes y los Pérez-Cotapo!

«No nos mueve hundir el Titanic; solo repartir los botes con decencia».

 Mientras tanto, «el pulso» que se están echando los estudiantes con el gobierno continúa. Los primeros, por su lado, exponiendo sus vidas y analizando para después rechazar las propuestas de solución cosmética que los segundos les hacen; y éstos, empecinados en defender sus derechos y los de sus afines; para ello, recurren a tres expedientes básicos: uno, la fuerza policial entremezclada con el apoyo de los medios (¡cómo echamos de menos  El Clarín !); dos, las amenazas y tres, ignorar lo fundamental en el petitorio de los estudiantes: el retorno de la responsabilidad educacional chilena a todos los niveles al Ministerio de Educación y segundo, el fin del lucro con la educación.

 Algo que los políticos y los dueños de los medios al servicio de las élites socioeconómicas no pueden controlar es el recurso de los medios alternativos de comunicación, léase la Internet y los numerosos sitios que informan lo que la televisión y los periódicos silencian. En uno de ellos, precisamente, encontramos la siguiente nota que transcribimos pues muestra una faceta que de ser imitada, puede llegar a marcar la diferencia en este conflicto.

 Se titula: «Yo decidí perder el año académico». Y dice:
Hace unos días se me presentó un dilema. Según mis planes académicos este semestre tenía que cursar la Práctica Profesional, última labor para obtener mi título universitario. De la veintena de estudiantes de Pedagogía en Historia, Geografía y Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, PUCV con estos mismos planes, sólo siete podíamos comenzar a cursarla, debido a que todos los demás no cuentan con los prerrequisitos necesarios ya que no se ha cerrado el primer semestre. Desde el Decanato de Educación fueron claros; de no terminar las movilizaciones dentro de la quincena de agosto sólo los que cumplen con las formalidades exigidas podrían comenzar el curso, asistiendo a clases tanto en el colegio como en el lugar que con los profesores a cargo dispusieran. Entonces plantearon la pregunta ¿Van a cursar o no la Práctica durante este semestre?

Tengo una hija, una pareja con sueldo de profesor, muchas responsabilidades y proyectos a los cuales responder, y junto a esto una cantidad de años importantes ya vinculada a esta universidad. Pude enumerar más de 10 razones para hacer la Práctica Final cuando buscada dirimir frente a este dilema, cada una de ellas más urgente e importante que la otra.

Y me imaginaba lo que piensan en sus casas o en las tomas, los cientos de miles de estudiantes cuando desde el Gobierno, municipios, directivas de colegios o rectorías se les amenaza con “perder el año”. Y ahí tomé mi decisión. HOY DECIDO, CON TODOS LOS COSTOS QUE ESO IMPLICA, PERDER EL AÑO ACADÉMICO.

Estoy convencida que estamos atravesando por una coyuntura política de amplia envergadura, donde la crítica social se extiende hacia todo el sistema imperante, arrojando una crisis de legitimidad del sistema político que pronostica cambios insospechados.

Y la historia nos ha enseñado que los grandes cambios siempre tienen grandes costos. Cientos de obreros, de mujeres y niños sufrieron y han sufrido la dura represión, el hambre y el frío por lograr mejores condiciones laborales, cientos de miles de pobladores se han levantado pese a sus miserias para exigir viviendas y condiciones de vida dignas. Incluso sangre se ha derramado, ¡incluso eso! ¿Y nosotros no vamos a estar dispuestos a atrasarnos un año en la consecución de metas académicas? Suena hasta mezquino siquiera preguntárselo.

Cualquier triunfo será para todos, y cualquier derrota deberemos compartirla también. Hoy cada uno de los que levanta la bandera de una sociedad justa y digna para todo el pueblo, debe saber que carga en sus espaldas con la entrega de millones de hombres y mujeres que antes que nosotros estuvieron dispuestos a defender los derechos de sus familias y en ese rumbo lo dieron todo, incluso sus vidas. De ello debemos ser dignos, estar a la altura.

Y pensaba en tener que pedirle perdón a mi hija por no poder el próximo año estar disponible para traer mejores condiciones económicas al hogar, perdón a mi pareja y familia por no poder ayudarlos como quisiera el próximo año, y pedir perdón también a los que depositan expectativas académicas en mí. Pero al mirarlos, y saber que esta nueva generación de la que me siento parte, tiene todo el potencial de ser la portadora de un mundo nuevo, sé que más que un perdón les debo entregar una promesa; la promesa y compromiso que esto valdrá la pena, que hoy son cientos de miles los que están dispuestos a seguir luchando, dispuestos a no claudicar, dispuestos a defender con toda la fuerza necesaria la justicia y dignidad tantas veces prometida, y tantas veces usurpada.

Perder el año académico no es nada, hay costos hoy y mañana que serán aun mayores, y si verdaderamente queremos forjar un mundo nuevo, debemos estar dispuestos a esto y a muchísimo más.

Ya habiendo decidido perder el año, si esto sirve como un pequeño aliciente para que se tenga la fuerza de seguir movilizados, habrá valido la pena.

Convencida que esta generación no defraudará los intereses históricos de todo un pueblo.
Carla Amtmann
Estudiante Pontificia
Universidad Católica de Valparaíso.

 Decisiones como la de Carla Amtmann y las de los que sin importar la lluvia, el frío (Chile está en agosto en pleno invierno con lluvias, heladas y nevazones que este año han sido particularmente agresivas) y la posibilidad de un daño físico grave y hasta la muerte se mantienen en huelga de hambre son expresión elocuente de un movimiento que está lejos de ser un carnaval o una entretención, como algunos medios no se cansan de describirlos. 

Un aporte final. Alguien me hizo llegar  este  link  especialmente ilustrativo de lo que está ocurriendo en Chile . Se sorprenderá al abrirlo y recorrerlo.

Autores: Eugenio Orellana
©Protestante Digital 2011


Jacqueline Alencar

René Castro (Perú): la Iglesia, poderosa agencia educativa

Una entrevista a René Isaías Castro García, profesor del Seminario Evangélico de Lima y presidente del Instituto de Investigaciones Políticas Nueva Humanidad.

Ha sido durante cerca de 40 años profesor en universidades de Lima. Es Pastor suplente en la iglesia Metodista del Perú. También ha realizado estudios doctorales de Historia y Filosofía del Arte y de Educación en la Universidad Mayor de San Marcos. Es pintor y escritor. Ha publicado la novela  Los viejos leones  (Lima, 1969)

 Pregunta.- ¿Podría hacernos un recuento de la implantación evangélica en el Perú? ¿Cuáles los inicios?
 Respuesta.-  Un primer dato es que con la independencia en 1821, el libertador José de San Martín, de origen argentino -quien atravesó los Andes con su tropa para libertar Chile y luego Perú-, una vez derrotado el Virrey Pezuela y proclamada la independencia del Perú en 1821, invitó al inglés Diego Thomson para que dirigiera el proceso educativo en la naciente nación. Diego Thomson era protestante y usaba el método Lancasteriano, además fue el primer difusor de la Biblia.
El establecimiento de la primera iglesia Metodista a fines del siglo XIX fue en la ciudad porteña del Callao -principal puerto del continente en la costa central cerca a Lima-, debido a que había mucho comercio marítimo con la potencia inglesa y muchas agencias de aduanas eran dirigidas por ingleses y estos eran protestantes de origen Wesleyano. John Wesley fue fundador del movimiento metodista que impactó socialmente a la Inglaterra del siglo XVIII.
En el Callao, debido a la presencia de protestantes ingleses y nuevos creyentes peruanos, se creó el Cementerio Británico para las familias protestantes, porque, además, vinieron otras misiones de iglesias evangélicas, principalmente de Estados Unidos de América, de Inglaterra y Escocia.

 P.- ¿Qué figuras relevantes destacaría en ese período misionero?
 R.- Aparte de Thomson, recordamos a Francisco Penzotti, un colportor evangélico que hizo un buen trabajo distribuyendo Biblias en varios países de Sudamérica con auspicio de una Sociedad Bíblica misionera. Debido a la intolerancia religiosa fue apresado y confinado en la prisión del Castillo Real Felipe en el Callao; sin embargo, por ser un extranjero, y ante las protestas de los evangélicos y las denuncias en foros internacionales, tuvo que ser puesto en libertad.
Las primeras décadas del siglo XX se caracterizaron por la implantación de iglesias evangélicas como la presbiteriana, la metodista, la bautista y la Iglesia Evangélica Peruana que tuvo como impulsor al misionero Juan Ritche. Publicaciones aurorales de esas épocas fueron las revistas “Renacimiento” y “Acción y Fe”. Otras denominaciones que crecen son la Iglesia Pentecostal y la Alianza Cristiana, Los Nazarenos y los Peregrinos. El Ejército de Salvación de origen Wesleyano, es un caso especial.
También es importante mencionar el establecimiento de los primeros colegios evangélicos, especialmente para las mujeres que estaban relegadas y discriminadas por la religión oficial y por el Estado, quienes no tenían las mismas oportunidades que los varones para acceder a una educación. Son históricos el Colegio América del Callao (Callao High School) fundado en 1887, el María Alvarado (Lima High School) y el Andino en Huancayo. Todos los metodistas y parte de la Iglesia Presbiteriana de Escocia en Lima tenemos al centenario Colegio San Andrés (Anglo Peruano), donde enseñaron señeras figuras de la intelectualidad y de la política peruana. En estos colegios estudiaron los hijos de familias judías hasta que posteriormente crearon el colegio León Pinelo. Uno de los aportes a la modernidad por parte de estas instituciones fue la enseñanza del inglés, como expresa el escritor e investigador peruanoel doctor Samuel Escobar.
Un destacado intelectual que aportó al mundo académico por la década de los 20 y 30 en la Universidad Nacional de San Marcos fue el director del colegio San Andrés, el doctor John A. Mackay, que entre su producción intelectual destacamos su libro  “El otro Cristo español”  inspirado en la obra de don Miguel de Unamuno, pero contextualizado a la escena peruana.

 P.- ¿Cuáles cree que han sido las causas que aquí motivaron el crecimiento de la fe evangélica?
 R.- Es un crecimiento lento pero efectivo en el primer medio siglo, donde los miembros expresaban una ética marcadamente diferente a la del medio social y su religiosidad oficial. Eran auténticos cristianos purificados en la fragua de la persecución o discriminación religiosa frente a una iglesia oficial protegida por el Estado según rezaba la Constitución de esos tiempos. En 1915 se logra en el Congreso la Ley de Libertad Religiosa, no por obra de representantes evangélicos en el Parlamento, sino por la iniciativa de tribunos anticlericales, liberales y masones.
 En esta etapa hubo preeminencia de iglesias históricas con contribuciones en el campo educativo y social, fundaron algunas clínicas y dieron atención a la mujer. Lograron ante las autoridades que se estableciera que antes del matrimonio religioso debía efectuarse el civil.
La iglesia adventista no siendo evangélica dio una enorme contribución a la educación en la costa y sierra sur del país, teniendo el reconocimiento de la Nación. Actualmente tiene la Universidad “El Inca” con un modelo pedagógico innovador de escuela y trabajo, y son más de medio millón de fieles.
En el segundo medio siglo se experimenta un crecimiento manifiesto de los pentecostales en Perú y América Latina; a fines del siglo XX eran el 80% de la población en el continente, mayormente provenían de los sectores más pobres que frente a la exclusión social encontraron en la fuerza del Espíritu Santo sus expresiones particulares de religiosidad. Rescataron los dones de lenguas de la iglesia primitiva que los reformadores habían olvidado, y respondían a las necesidades sociales con sanidades y cambios de vida para liberarse de la tiranía y esclavitud del alcohol y otros vicios. Numéricamente las iglesias históricas pasan a un segundo plano. Todo esto se dio en un escenario social donde los gobiernos no pudieron solucionar el problema de las desigualdades sociales entre ricos y pobres.
La Teología de la Liberación nacida en América Latinatuvo protagonismo en sectores de la iglesia católica como entre alguna iglesia evangélica histórica en el Perú, siendo un tema confrontacional entre grupos militantes en pro y en contra. La mayor experiencia marcada fue por el movimiento Iglesia y Sociedad en Argentina y Uruguay de inspiración ecuménica.
En el Perú, a partir de 1980 hasta el 2000, la iglesia evangélica, a través del Concilio Nacional Evangélico, es protagonista en lo concerniente a la defensa de los Derechos Humanos por causa del fenómeno de la violencia terrorista de Sendero Luminoso y la contra ofensiva de parte del ejército, donde en la sierra alto andina y la selva nuestras comunidades evangélicas fueron víctimas, estimándose unos 600 pastores muertos.
En la década del nuevo siglo el escenario es turbulento, con un nomadismo de los creyentes que siguen creciendo. Las estadísticas hablan de un 15% de la población nacional.
Una problemática es que sin mayor sustento bíblico, teológico y de ideario social, muchos líderes de mega iglesias acceden al terreno político, pero con propósitos subalternos. Ellos tienen los bolsones de votos pero no las ideas, salvo excepciones.
Todo esto está llevando a que sectores de profesionales estén considerando levantar una plataforma de intervención política como consecuencia natural de la misión integral.

 P.- ¿En qué áreas deben mejorar los evangélicos en Perú?
 R.- Primeramente en la unidad. Tuvo razón el teólogo escocés Estuardo Makintosh que al dejar el Perú vaticinó que seguiríamos creciendo, pero igualmente continuaríamos atomizándonos. Otro estudioso como Orlando Costas afirmó que no todo crecimiento es bueno, pues hay células cancerígenas.
Actualmente tenemos un Concilio Nacional Evangélico, CONEP, que es referente histórico y cuenta entre sus miembros con la mayor denominación que son las Asambleas de Dios de más de un millón de miembros. El CONEP tiene diálogo con el Estado y pertenece al Acuerdo Nacional surgido luego de la década de dictadura cívico-militar de Fujimori. Ha suscrito el Informe de la Verdad y de la Reconciliación del país CVR, informe que es rechazado por el APRA, partido histórico que acaba de abandonar el poder dejando una secuela de corrupción. El problema es que muchos evangélicos han militado en sus mejores tiempos, pero ahora que ha dado un giro total lo siguen haciendo sin rubor alguno.
Hay mucho que comentar al respecto, pero lo dejamos a los buenos historiadores que surgen de nuestras canteras del movimiento universitario evangélico. Los temas que expongo están muy bien documentados en sendos libros de diferentes autores, lo mío es una visión personal como al fin es toda historia.
Una segunda representación del espectro evangélico es UNICEP, que en estos últimos años ha actuado en unidad con el CONEP en el proyecto de Ley de Igualdad Religiosa, constituyendo esta unidad una incomodidad al gobierno de turno hasta el mes de julio de este año. Lastimosamente este proyecto fue alterado con el apoyo de líderes evangélicos al margen de estas instituciones y que tienen cercanía al poder, de modo que se conservaron intereses de la Iglesia Oficial.
En segundo lugar, en la Reflexión no sólo teológica, mejor dicho en un pensamiento contextual que piense al país como escenario de su misión integral. Es contradictorio que los líderes que llegan con votos al Parlamento o gobiernos regionales y locales – salvo excepciones- manifiesten carencias de bases bíblicas de la responsabilidad social, y así es fácil caer en un clientelismo político y de provecho propio sin mayor horizonte.
En tercer lugar, debido a que ya es visible la presencia de la población evangélica entre los políticos profesionales, ellos nos buscan y ofrecen espacios a cambio de nuestros votos; de nuestra parte debemos tener cuidado y preparación para participar lúcida y responsablemente en el espacio público local, regional y nacional.

 P.- ¿Va la reflexión teológica de la mano de ese dinamismo del que tanto se habla? 
 R.- En absoluto, tenemos que definir cuánto de ese crecimiento se debe a que la iglesia es refugio de las masas y cuánto es un movimiento transformador de la sociedad.
Un aspecto fundamental es develar qué teología hay detrás de nuestros servicios educativos; por ejemplo, ¿cuál es nuestra definición de educación cristiana?, porque la iglesia es una poderosa agencia educativa que forma o deforma al ciudadano evangélico. ¿Somos habitantes o ciudadanos? Porque el ciudadano hace ciudad, hace país. Existe reflexión teológica que toma al país como tema, pero esto tiene que seguir desarrollándose a partir de las experiencias sociales. Un no rotundo a la teología de balcón.

 P.- Háblenos de su labor docente y del trabajo que se viene desarrollando en el Seminario Evangélico de Lima…
 R.- Hace siete años que ingresé a enseñar Historia. Yo vengo de enseñar más de tres décadas en universidades nacionales y privadas en el área de las humanidades. Una primera aproximación a lo social es que descubrí que la Historia del Arte está hecha de pura sociología para explicar fenómenos, que a cada escuela le corresponde una revolución social o científica. Las paredes se habían derrumbado. Psicología y política eran caras de la misma moneda, era el desorden personal y el desorden social…
Asumo mi tarea para ayudar a los estudiantes a que comprendan el país para hacer un mejor trabajo cuando egresen…, eso es todo.
El Seminario actualmente está en proceso de transformación, es el más importante del país, pero no soy el llamado a expresar sus planes, soy un simple profesor contratado y punto.
Pero es importante decir que el Instituto de Investigaciones Políticas Nueva Humanidad que presido, formado por teólogos y profesionales de diferentes carreras, en convenio con el Seminario Evangélico de Lima, SEL, de manera inédita ha abierto un Diplomado en Ciencias Políticas y el próximo mes abrirá el mismo servicio en la ciudad de Trujillo, a setecientos kilómetros al norte de Lima. Esperamos aportar a las soluciones sociales del país como cuerpo de Cristo; si su presencia acercó el Reino de Dios y su justicia, debemos seguir esa huella.

 P.- ¿Cómo se ve desde aquí a los evangélicos europeos? ¿Se realizan trabajos conjuntos?
 R.- En este momento no hay puntos de referencia. Ya no podemos pensar que Europa es el modelo. Religiosamente somos conscientes que se secularizó, las iglesias son monumentos históricos y que sólo asisten los ancianos. Si hay actividad se debe a grupos de inmigrantes cristianos que manifiestan su fe y esto podría revitalizarse. Pero la xenofobia es otro signo a tomar en cuenta.
Conversaba con un misionero cuya iglesia de Estados Unidos lo enviaba en misión transcultural a un continente exótico con un excelente soporte, pero su desilusión era que la misma iglesia que lo enviaba a trabajar con otras culturas ponía cercos en su país para que los inmigrantes no entraran a ella…

 P.- ¿Es algo normal hablar de Misión Integral en el mundo evangélico peruano?
Existen diferentes sectores en nuestra realidad evangélica que atraviesan todos los estratos de pensamiento que va de un fundamentalismo rural hasta un liberalismo teológico y económico, ojo, no digo ecuménico, porque se sabe que el neoliberalismo ha sido bendecido en grandes cónclaves eclesiásticos mundiales. Por ello ha habido dinero para financiar ciertas organizaciones para eclesiásticas, pero no para financiar proyectos políticos de inspiración evangélica en América Latina. Peor aún si recusan el neoliberalismo que actualmente muestra su caducidad con la crisis de Europa y EE.UU.
Estamos ad portas de celebrar los 50 años del movimiento universitario evangélico en Perú -AGEUP- y queda la esperanza que de estas generaciones salga una respuesta contundente al país como real expresión de la misión integral. El movimiento ha sido depositario de esta visión y ha ido madurando su proyecto. Pero para el mundo evangélico nuestro es una tarea a seguir desarrollando.

 P.- ¿Qué piensa de la incursión de los evangélicos en la política?
 R.- Dentro de la perspectiva del Reino de Dios es válida. Por otro lado, en estas dos últimas décadas hemos presenciado el pésimo desempeño de evangélicos en el Congreso –salvo excepciones-, donde no han sido mejores que los no evangélicos, y constatamos que cada vez son más los hermanos que buscan estas representaciones, pero sin ninguna o poca preparación. Felizmente existen investigadores e historiadores que se van dando cuenta de este desempeño para mejorar en el presente y futuro.
Incursionar en la política demanda un alto grado de preparación, digo, si se quiere llegar a ser gobierno. La estructura del Estado es frondosa y para ser eficiente y competitiva necesita expertos además de un talante ético. En plazo inmediato debe aspirarse a gobiernos locales y colocar en el parlamento a una docena de hermanos preparados integralmente, eso es posible ahora. Pero debe asumirse la cultura de rendir cuentas a sus electores.
Todo depende de la educación, de nuestra teología en la iglesia y en nuestros colegios, si sólo informamos y formamos para retener tradiciones, o informamos, formamos y transformamos a la sociedad.

Autores: Jacqueline Alencar
©Protestante Digital 2011

¿Reliquias neoevangélicas?

Publicado: agosto 21, 2011 en Iglesia, Sociedad, Teología

Carlos Martínez García

¿Reliquias neoevangélicas?

En este mismo espacio,  la semana pasada, me ocupé de analizar el fenómeno de algunas reliquias de Juan Pablo II que serán llevadas en peregrinación por las distintas regiones de México  durante cuatro meses.

 En las últimas dos décadas se han multiplicado agrupaciones que todavía los especialistas no se ponen de acuerdo en cómo llamar. Algunos les denominan neoevangélicos, otros más paraevangélicos, no faltan quienes se refieren a ellos como neopentecostales y/o neocarismáticos.  Sus reuniones, que son masivas, se caracterizan por manifestaciones de emotividad, música marcadamente rítmica e interpretada por una banda de calidad profesional. Los expositores, que en varios de tales grupos les llaman conferencistas, son buenos contando relatos y echan mano del humor, o de arengas para motivar a la audiencia.

Lo anterior no implica un juicio de valor sobre las prácticas mencionadas, sino que intento describir los énfasis de los organismos que prefieren denominarse a sí mismos nada más como cristianos. Desde su perspectiva, lo que hacen es restituir el  ethos  del cristianismo primitivo, marginando los entendimientos y las prácticas históricas que otros cristianos han tenido del mismo periodo.

Sin saberlo, o sabiéndolo convenientemente lo olvidan, tienen tras de sí una larga lista de predecesores que también quisieron regresar a los orígenes del movimiento cristiano. Por ejemplo, para mencionar sólo una de esa herencias, usan la Biblia de canon corto, es decir sin deuterocanónicos, en las distintas traducciones existentes de fuentes protestantes. Quieren que sus congregantes lean la Biblia, aunque su hermenéutica sí tiene ciertos rasgos distintivos que los coloca a cierta distancia del protestantismo evangélico y el pentecostalismo históricos.

 Su acercamiento a Las Escrituras tiene muy poco cuidado con entender el texto en su contexto original.  Su lectura se va más por el lado simbólico, pero con símbolos anacrónicos que meten a la Biblia para luego transportarlos a la realidad actual y buscar su aplicación mecánica de acuerdo a ciertas orientaciones teológicas esquemáticas. En no pocos de estos grupos estimulan una identificación mecánica entre el Israel contemporáneo y el de los tiempos bíblicos. Al hacerlo, exaltan toda manifestación cultural (vestimenta, instrumentos musicales, danzas, etc.) israelí para presentarla como voluntad divina para los cristianos hoy.

 Los grupos neoevangélicos/neocarismáticos, mayormente los aglutinados en mega iglesias, han incorporado la casi, o a veces franca, veneración por objetos y personas que son vistos como mediadores para obtener bendiciones especiales de Dios.  De ahí que se estimule a su interior la adquisición de pañuelos santos, el aceite consagrado, envío de delegaciones para que intercedan en oración por peticionarios que no pudieron hacer el viaje con el grupo para orar en el Monte Santo. También hay reuniones especiales en las que los congregantes desfilan bajo, o al lado de, objetos que los líderes dicen que son sagrados: un manto, una reproducción del Arca de la Alianza, una estrella de David, una Menorah.

Los objetos ya no son vistos como coadyuvantes en el culto, por ejemplo velas para simbolizar la luz de Dios que irradia en las tinieblas, sino como instrumentos sagrados, que en sí mismos tienen un poder especial y son imprescindibles para recibir gracia de Dios. Y si los objetos se han sacralizado en dichas prácticas, también quienes los administran son percibidos como agentes especiales sin los cuales los creyentes comunes están imposibilitados de ser bendecidos, restaurados, sanados.

 La Biblia misma pasa de ser un medio que contiene la Revelación progresiva de Dios, a ser vista como objeto sagrado  que lo mismo es levantado en alabanza que usado como instrumento para tocar a las personas con el objetivo de que así serán bendecidas. Recuerdo vívidamente un encuentro con un líder de estas agrupaciones, que mayormente se niegan a ser llamadas iglesias. En cierto momento de nuestra conversación abrió su portafolios y saco de él algo envuelto en un paño lujoso. Al desenvolverlo me percaté de que el paño contenía una Biblia, con reverencia la tomó y besó su cubierta, antes de leerme un pasaje.

La sacralización de los objetos y personas, poniendo a ambos por encima del común de los demás hombres y mujeres, enfatizar que un fragmento de cierto material y/o un determinado (en el argot neocarismático) apóstol, salmista, siervo, varón es necesario para que se derrame el Espíritu, es simple y llanamente ir contra la enseñanza neotestamentaria del sacerdocio universal de los creyentes ( 1 Pedro 2:9-10 ). En el pasaje se habla de una realidad interior (hecha posible mediante la obra de Cristo Jesús), que debe exteriorizarse para testimonio, en palabras y conducta, a los demás.

 Lo exterior no es, como se lo dijo Jesús a unos fariseos y maestros de la ley, lo que corrompe (o bendice de manera instantánea) a los seres humanos.  Lo que destruye a otros, y a nosotros mismos, lo que es bendición a otros, y a nosotros mismos, es lo que anida en nuestro corazón y después se convierte en acciones de uno u otro signo. Al respecto el capítulo 7 de Marcos,  versículos 1-23 , es un ejemplo magistral del concepto que tenía Jesús acerca de la obsesión de los fariseos por los rituales exacerbados y la sacralidad de los objetos. Con su resurrección Jesús, entre muchas otras cosas, rasgó el velo del templo “de arriba abajo” ( Mateo 27:51 ), como señal de que con su sacrificio ese velo, antes íntegro, quedaba superado por su vida, muerte y victoria sobre la muerte.

 Es un regreso al fariseísmo, o la construcción de un neo fariseísmo, la divinización de objetos y personas. En dicho proceso se pierde de vista lo más importante: que Cristo Jesús es la manifestación plena de Dios, y que ante tal grandeza nada es comparable ni necesario.

Autores: Carlos Martínez García
©Protestante Digital 2011