Archivos para agosto, 2011


Por Ana Vargas|Corresponsal de Christian Post

En una carta emitida por Presidentes de Concilios o Alianzas Evangélicas de Países Sudamericanos está contenida la voz de las Iglesias llena de indignación, pues la crisis en Estados Unidos aseguran afecta no sólo a los norteamericanos, sino a las economías circundantes, por lo cual pidieron a la población resistir, y al gobierno mirar el bien de los más necesitados.

La misiva con remitente Sudamericano de Naciones como Uruguay, Perú, Argentina, Ecuador, Brasil y Honduras, entre otras, insta a la población Estadounidense a mirar la causa de los más necesitados agregándose en una sola voz para hacerse escuchar en las decisiones gubernamentales que sólo miran el bien de los pudientes, según afirma la carta.

“Nos parece inmoral que los políticos, con algunas excepciones, sólo abracen los intereses de los ricos, prefiriendo el recorte de la ayuda social a los más necesitados. Sabemos de la generosidad y solidaridad del pueblo americano, y de los emprendimientos a través de programas de ayuda al pobre ejecutados por iglesias y organizaciones civiles en Latinoamérica. Por eso nos parece inconcebible que el sector económicamente pudiente, no haga los esfuerzos necesarios para asumir responsablemente la deuda generada por toda la nación. Pagar más impuestos, no les llevara a ellos a la bancarrota. Recortar beneficios sociales a jubilados, enfermos, etc. Si pone en riesgo la vida de esas personas. ¿ No es esto brutalmente injusto?”.

Y es que como solución a la dura crisis que azota absolutamente a los más pobres, los gobiernos han recortado los presupuestos destinados a los programas sociales de ayuda a los más necesitados, además de elevar los impuestos que claro afectan de igual manera a los más pobres, en este caso los Latinos.

El escrito donde ministros de las varias naciones de habla hispanos expresan su descontento sobre las decisiones, contiene también un llamado de exhortación a las Iglesias a contribuir no solamente con las ayudas que bien agradecieron, sino también con una muestra de moral, pues las acciones de los gobernantes carecen de la misma por implementar los programas sin pensar los daños.

Las economías del continente y del mundo entero dependen en sobre manera de la economía Norteamericana, pues el dólar aunque bien tiene altibajos leves, es una de las monedas más poderosas del planeta, por la cual penden muchas naciones de su desarrollo, por sobre todo las latinoamericanas.

La carta está también firmada y apoyada por ministros Evangélicos de México, Centro americanos y algunos otros países del Sur como Chile.

 

 

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Chile: movilización con dignidad

Publicado: agosto 21, 2011 en Sociedad

Eugenio Orellana

Chile: movilización con dignidad

«No nos mueve hundir el Titanic; sólo repartir los botes con decencia»

21 DE AGOSTO DE 2011

En los primeros 50 años aproximadamente del siglo XX, la ciudad de Temuco, a 700 Km. al sur de la capital de Chile y conocida también en aquellos tiempos como Capital de la Frontera, era un hervidero de actividad productiva de la que el trigo era el rey. Las inmensas máquinas trilladoras, conocidas en la jerga local como automotrices, atravesaban la ciudad a paso lento cual inmensos animales metálicos parecidos a los  transformers  que años después hemos aprendido a ver en los filmes de ciencia ficción. Iban de un fundo (finca) a otro para recoger el trigo que, como decimos, era lo que le daba vida y riqueza a la Región de la Frontera.Juntamente con esta actividad febril que comenzaba a fines de noviembre y terminaba a principios de marzo, era posible ver una gran cantidad de agricultores de aspecto ario que, entremezclados con la raza autóctona destacaban por su tamaño, el color de su piel, de su cabello y de sus ojos; sus brazos y manos desarrollados más allá de lo que nos parecía normal a fuerza de trabajo y hablando un castellano enrevesado que decía a las claras que no eran oriundos de ese suelo sureño.A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, los gobiernos chilenos, empeñados en darle un impulso al desarrollo de la Región de la Frontera, favorecieron las emigraciones de trabajadores alemanes que, casi en bandadas, llegaron con sus familias en plan de conquista del Sur de Chile. La conquista de los Roloff, de los Karow, de los Reinicke, de los Vorpal, de los Burkhardt, de los Emenegger, de los Ulrich, de los Pritzke (para nombrar solo a algunos a quienes conocí) se haría, no obstante, no a través del expediente político y ni siquiera económico. Se haría a través del expediente del trabajo duro y sacrificado.

 Si los alemanes avecindados en la Región de la Frontera nos dejaron una buena herencia a modo de ejemplo fue ese inquebrantable sentido de responsabilidad en materia de trabajo. Establecieron maestranzas, repararon automotrices, fabricaron piezas, salieron a trillar. Comenzaban apenas amaneciendo, almorzaban a la carrera entre hierros y tractores, seguían hasta la noche cuando regresaban a casa listos para continuar al día siguiente. Ni una queja, ni una protesta, ni una mala cara. Solo trabajar. Eso era lo bueno de ellos. Lo positivo de estos inmigrantes.

Don Christian Reinicke, sembraba, criaba animales, ordeñaba las vacas, hacía mantequilla, la empacaba en cantidades de un kilo, ponía veinte o treinta paquetes en una maleta (sin ruedas, las de aquellos tiempos) y venía a Temuco a venderla a quienes habitualmente la comprábamos. No mandaba a nadie; él mismo lo hacía.
Pero hubo algo no tan bueno que defendieron y por unos años cultivaron con la misma fiereza con que trabajaban el campo.

 Les quedaba, todavía, ese complejo de superioridad que trató de imponerse a todo el mundo por allá por los años 40. Convivían con los chilenos pero no se mezclaban con nosotros. Éramos amigos, concurríamos a la misma iglesia, participábamos en algunas actividades sociales y deportivas juntos, pero no más allá. Querían, al parecer, mantener la raza pura. Y para lograrlo, por muchos años evitaron la mezcla genética con los chilenos. Primer craso error. No aceptaban los matrimonios mixtos, favoreciendo las uniones entre ellos. Segundo craso error. Esto significó que por una generación o dos, las calles de Temuco vieran gran cantidad de descendientes de alemanes con su aspecto físico característico. Ya no hablaban con una mezcla de alemán y castellano pese a que seguían dominando ambos idiomas. Hablaban un castellano sin acento y un alemán perfecto.  Llegó el día, sin embargo, en que ese intento por «mantener pura la raza» comenzó a desaparecer  hasta que en el día de hoy casi no existe. Los jóvenes y las jovencitas alemanes terminaron casándose con chilenas y chilenos y se produjo la mezcla que enriqueció a ambas razas: la chilena y la alemana. Cada una aportó lo suyo y todos ganaron. Hoy día, en muchos casos, los apellidos arios han sido absorbidos por los chilenos, y las cabelleras rubias y los ojos azules han cedido ante el empuje avasallador del cabello negro y los ojos cafés.

También ha habido cambios en las áreas de producción y de trabajo. Ya no se ven los grandes automotrices yendo de un punto a otro de la ciudad en procura del precioso grano de oro. El trigo también ha perdido su condición de enriquecedor de la economía regional. Temuco y la amplia región que capitanea como ciudad principal, ya no es la Zona Triguera de Chile. Muchos de los descendientes de aquellos esforzados colonos han sido absorbidos por la ciudad al punto que hoy es posible encontrarlos en una oficina, en una tienda, manejando un restaurante, enseñando en una escuela o atendiendo a clientes en un bufete de abogado.

 A estas alturas, algún lector quizás se pregunte a qué viene toda esta larga introducción. Ya lo diremos.

 El fenómeno que tuvo lugar con los alemanes avecindados en el Sur de Chile (y estos no tuvieron nunca nada que ver con la tristemente famosa Colonia Dignidad de la zona de Parral) no se ha dado en el campo social chileno. Hoy día, seguimos siendo gobernados por los descendientes de quienes lo hicieron cien, doscientos, trescientos años atrás. De los países latinoamericanos, Chile sigue siendo el número uno en diferencias sociales. Y los Errázuriz de hace doscientos años, siguen en 2011 manejando el país a través de sus descendientes. Los Errázuriz, los Bulnes, los Larraín, los Sanfuentes, los Valdés, los Subercaseaux, los Aldunate, los Valdivieso para nombrar solo a algunos, de antes, siguen siendo los «señores» de ahora.

 Los alemanes a que hemos hecho referencia en este artículo no vinieron a hacerse dueños del país. Estos otros sí. Y a ellos se les han sumado los Piñera, los Longueira, los Velasco, los Chadwick, los Golborne y hasta los Hinzpeter.

 El movimiento estudiantil chileno tiene, entre sus varias banderas de lucha, ésta: que se acabe la educación privilegiada para los privilegiados. La siguiente frase en una pancarta resume este aspecto de la lucha: «No nos mueve hundir el Titanic; solo repartir los botes con decencia».  Hay una relación estrecha entre este eslogan y lo dicho por Camila: «¿Seguiremos educando solo a las élites socioeconómicas? ¿O nos aseguraremos de implementar un sistema de acceso que permita que todos los jóvenes con talentos y habilidades, independiente de su origen y capacidad de pago, puedan permanecer en la Universidad?»

 ¿Cómo es que las élites se han perpetuado en el poder político y económico de la nación? Sencillo. Ellos son los abogados, los ingenieros, los economistas, los arquitectos, los diplomáticos, muchos de los cuales, además de sus profesiones liberales, han devenido políticos. Así es como son ellos los que dictan las leyes, las aprueban, dan los golpes de timón a la cosa pública de manera de favorecer siempre sus intereses. Si fuese posible ver, hoy día, la telaraña que forman «los grandes apellidos» en el entramado de poder en Chile veríamos que entre parientes cercanos y lejanos, de primero, segundo o tercer grado, son dueños de la economía macro chilena.

¿Hay algo de malo en esto? No necesariamente. Solo que lo que se quiere no es que el Titanic se hunda sino que los botes se repartan con decencia.

(No resisto la tentación de poner aquí, un poco entre paréntesis, algo que ocurrió cuando el Presidente Allende formó su primer gabinete. De alguna manera actuando con el mismo sentir expresado 41 años más tarde por los estudiantes en huelga, el doctor Allende nombró a gente del pueblo como sus colaboradores inmediatos. Altamente capacitados pero ninguno perteneciente a las élites socioeconómicas. Lo curioso del caso es que cuando se dieron a conocer los nombres estalló risa general entre los Errázuriz, los Valdés, los Larraín, los Aldunate. ¿Ministro un Fernando Flores? Risa general. ¿Ministro un Zorrilla? ¡Ja, ja, ja! ¿Ministro una Mireya Baltra? ¡No me hagan reír! ¿Un Mario Astorga? ¿Un Juan Carlos Concha? ¿Un Carlos Matus? ¡Qué ofensa para los Aldunate! ¡Y para los Larraín, y los Bulnes y los Pérez-Cotapo!

«No nos mueve hundir el Titanic; solo repartir los botes con decencia».

 Mientras tanto, «el pulso» que se están echando los estudiantes con el gobierno continúa. Los primeros, por su lado, exponiendo sus vidas y analizando para después rechazar las propuestas de solución cosmética que los segundos les hacen; y éstos, empecinados en defender sus derechos y los de sus afines; para ello, recurren a tres expedientes básicos: uno, la fuerza policial entremezclada con el apoyo de los medios (¡cómo echamos de menos  El Clarín !); dos, las amenazas y tres, ignorar lo fundamental en el petitorio de los estudiantes: el retorno de la responsabilidad educacional chilena a todos los niveles al Ministerio de Educación y segundo, el fin del lucro con la educación.

 Algo que los políticos y los dueños de los medios al servicio de las élites socioeconómicas no pueden controlar es el recurso de los medios alternativos de comunicación, léase la Internet y los numerosos sitios que informan lo que la televisión y los periódicos silencian. En uno de ellos, precisamente, encontramos la siguiente nota que transcribimos pues muestra una faceta que de ser imitada, puede llegar a marcar la diferencia en este conflicto.

 Se titula: «Yo decidí perder el año académico». Y dice:
Hace unos días se me presentó un dilema. Según mis planes académicos este semestre tenía que cursar la Práctica Profesional, última labor para obtener mi título universitario. De la veintena de estudiantes de Pedagogía en Historia, Geografía y Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, PUCV con estos mismos planes, sólo siete podíamos comenzar a cursarla, debido a que todos los demás no cuentan con los prerrequisitos necesarios ya que no se ha cerrado el primer semestre. Desde el Decanato de Educación fueron claros; de no terminar las movilizaciones dentro de la quincena de agosto sólo los que cumplen con las formalidades exigidas podrían comenzar el curso, asistiendo a clases tanto en el colegio como en el lugar que con los profesores a cargo dispusieran. Entonces plantearon la pregunta ¿Van a cursar o no la Práctica durante este semestre?

Tengo una hija, una pareja con sueldo de profesor, muchas responsabilidades y proyectos a los cuales responder, y junto a esto una cantidad de años importantes ya vinculada a esta universidad. Pude enumerar más de 10 razones para hacer la Práctica Final cuando buscada dirimir frente a este dilema, cada una de ellas más urgente e importante que la otra.

Y me imaginaba lo que piensan en sus casas o en las tomas, los cientos de miles de estudiantes cuando desde el Gobierno, municipios, directivas de colegios o rectorías se les amenaza con “perder el año”. Y ahí tomé mi decisión. HOY DECIDO, CON TODOS LOS COSTOS QUE ESO IMPLICA, PERDER EL AÑO ACADÉMICO.

Estoy convencida que estamos atravesando por una coyuntura política de amplia envergadura, donde la crítica social se extiende hacia todo el sistema imperante, arrojando una crisis de legitimidad del sistema político que pronostica cambios insospechados.

Y la historia nos ha enseñado que los grandes cambios siempre tienen grandes costos. Cientos de obreros, de mujeres y niños sufrieron y han sufrido la dura represión, el hambre y el frío por lograr mejores condiciones laborales, cientos de miles de pobladores se han levantado pese a sus miserias para exigir viviendas y condiciones de vida dignas. Incluso sangre se ha derramado, ¡incluso eso! ¿Y nosotros no vamos a estar dispuestos a atrasarnos un año en la consecución de metas académicas? Suena hasta mezquino siquiera preguntárselo.

Cualquier triunfo será para todos, y cualquier derrota deberemos compartirla también. Hoy cada uno de los que levanta la bandera de una sociedad justa y digna para todo el pueblo, debe saber que carga en sus espaldas con la entrega de millones de hombres y mujeres que antes que nosotros estuvieron dispuestos a defender los derechos de sus familias y en ese rumbo lo dieron todo, incluso sus vidas. De ello debemos ser dignos, estar a la altura.

Y pensaba en tener que pedirle perdón a mi hija por no poder el próximo año estar disponible para traer mejores condiciones económicas al hogar, perdón a mi pareja y familia por no poder ayudarlos como quisiera el próximo año, y pedir perdón también a los que depositan expectativas académicas en mí. Pero al mirarlos, y saber que esta nueva generación de la que me siento parte, tiene todo el potencial de ser la portadora de un mundo nuevo, sé que más que un perdón les debo entregar una promesa; la promesa y compromiso que esto valdrá la pena, que hoy son cientos de miles los que están dispuestos a seguir luchando, dispuestos a no claudicar, dispuestos a defender con toda la fuerza necesaria la justicia y dignidad tantas veces prometida, y tantas veces usurpada.

Perder el año académico no es nada, hay costos hoy y mañana que serán aun mayores, y si verdaderamente queremos forjar un mundo nuevo, debemos estar dispuestos a esto y a muchísimo más.

Ya habiendo decidido perder el año, si esto sirve como un pequeño aliciente para que se tenga la fuerza de seguir movilizados, habrá valido la pena.

Convencida que esta generación no defraudará los intereses históricos de todo un pueblo.
Carla Amtmann
Estudiante Pontificia
Universidad Católica de Valparaíso.

 Decisiones como la de Carla Amtmann y las de los que sin importar la lluvia, el frío (Chile está en agosto en pleno invierno con lluvias, heladas y nevazones que este año han sido particularmente agresivas) y la posibilidad de un daño físico grave y hasta la muerte se mantienen en huelga de hambre son expresión elocuente de un movimiento que está lejos de ser un carnaval o una entretención, como algunos medios no se cansan de describirlos. 

Un aporte final. Alguien me hizo llegar  este  link  especialmente ilustrativo de lo que está ocurriendo en Chile . Se sorprenderá al abrirlo y recorrerlo.

Autores: Eugenio Orellana
©Protestante Digital 2011


Jacqueline Alencar

René Castro (Perú): la Iglesia, poderosa agencia educativa

Una entrevista a René Isaías Castro García, profesor del Seminario Evangélico de Lima y presidente del Instituto de Investigaciones Políticas Nueva Humanidad.

Ha sido durante cerca de 40 años profesor en universidades de Lima. Es Pastor suplente en la iglesia Metodista del Perú. También ha realizado estudios doctorales de Historia y Filosofía del Arte y de Educación en la Universidad Mayor de San Marcos. Es pintor y escritor. Ha publicado la novela  Los viejos leones  (Lima, 1969)

 Pregunta.- ¿Podría hacernos un recuento de la implantación evangélica en el Perú? ¿Cuáles los inicios?
 Respuesta.-  Un primer dato es que con la independencia en 1821, el libertador José de San Martín, de origen argentino -quien atravesó los Andes con su tropa para libertar Chile y luego Perú-, una vez derrotado el Virrey Pezuela y proclamada la independencia del Perú en 1821, invitó al inglés Diego Thomson para que dirigiera el proceso educativo en la naciente nación. Diego Thomson era protestante y usaba el método Lancasteriano, además fue el primer difusor de la Biblia.
El establecimiento de la primera iglesia Metodista a fines del siglo XIX fue en la ciudad porteña del Callao -principal puerto del continente en la costa central cerca a Lima-, debido a que había mucho comercio marítimo con la potencia inglesa y muchas agencias de aduanas eran dirigidas por ingleses y estos eran protestantes de origen Wesleyano. John Wesley fue fundador del movimiento metodista que impactó socialmente a la Inglaterra del siglo XVIII.
En el Callao, debido a la presencia de protestantes ingleses y nuevos creyentes peruanos, se creó el Cementerio Británico para las familias protestantes, porque, además, vinieron otras misiones de iglesias evangélicas, principalmente de Estados Unidos de América, de Inglaterra y Escocia.

 P.- ¿Qué figuras relevantes destacaría en ese período misionero?
 R.- Aparte de Thomson, recordamos a Francisco Penzotti, un colportor evangélico que hizo un buen trabajo distribuyendo Biblias en varios países de Sudamérica con auspicio de una Sociedad Bíblica misionera. Debido a la intolerancia religiosa fue apresado y confinado en la prisión del Castillo Real Felipe en el Callao; sin embargo, por ser un extranjero, y ante las protestas de los evangélicos y las denuncias en foros internacionales, tuvo que ser puesto en libertad.
Las primeras décadas del siglo XX se caracterizaron por la implantación de iglesias evangélicas como la presbiteriana, la metodista, la bautista y la Iglesia Evangélica Peruana que tuvo como impulsor al misionero Juan Ritche. Publicaciones aurorales de esas épocas fueron las revistas “Renacimiento” y “Acción y Fe”. Otras denominaciones que crecen son la Iglesia Pentecostal y la Alianza Cristiana, Los Nazarenos y los Peregrinos. El Ejército de Salvación de origen Wesleyano, es un caso especial.
También es importante mencionar el establecimiento de los primeros colegios evangélicos, especialmente para las mujeres que estaban relegadas y discriminadas por la religión oficial y por el Estado, quienes no tenían las mismas oportunidades que los varones para acceder a una educación. Son históricos el Colegio América del Callao (Callao High School) fundado en 1887, el María Alvarado (Lima High School) y el Andino en Huancayo. Todos los metodistas y parte de la Iglesia Presbiteriana de Escocia en Lima tenemos al centenario Colegio San Andrés (Anglo Peruano), donde enseñaron señeras figuras de la intelectualidad y de la política peruana. En estos colegios estudiaron los hijos de familias judías hasta que posteriormente crearon el colegio León Pinelo. Uno de los aportes a la modernidad por parte de estas instituciones fue la enseñanza del inglés, como expresa el escritor e investigador peruanoel doctor Samuel Escobar.
Un destacado intelectual que aportó al mundo académico por la década de los 20 y 30 en la Universidad Nacional de San Marcos fue el director del colegio San Andrés, el doctor John A. Mackay, que entre su producción intelectual destacamos su libro  “El otro Cristo español”  inspirado en la obra de don Miguel de Unamuno, pero contextualizado a la escena peruana.

 P.- ¿Cuáles cree que han sido las causas que aquí motivaron el crecimiento de la fe evangélica?
 R.- Es un crecimiento lento pero efectivo en el primer medio siglo, donde los miembros expresaban una ética marcadamente diferente a la del medio social y su religiosidad oficial. Eran auténticos cristianos purificados en la fragua de la persecución o discriminación religiosa frente a una iglesia oficial protegida por el Estado según rezaba la Constitución de esos tiempos. En 1915 se logra en el Congreso la Ley de Libertad Religiosa, no por obra de representantes evangélicos en el Parlamento, sino por la iniciativa de tribunos anticlericales, liberales y masones.
 En esta etapa hubo preeminencia de iglesias históricas con contribuciones en el campo educativo y social, fundaron algunas clínicas y dieron atención a la mujer. Lograron ante las autoridades que se estableciera que antes del matrimonio religioso debía efectuarse el civil.
La iglesia adventista no siendo evangélica dio una enorme contribución a la educación en la costa y sierra sur del país, teniendo el reconocimiento de la Nación. Actualmente tiene la Universidad “El Inca” con un modelo pedagógico innovador de escuela y trabajo, y son más de medio millón de fieles.
En el segundo medio siglo se experimenta un crecimiento manifiesto de los pentecostales en Perú y América Latina; a fines del siglo XX eran el 80% de la población en el continente, mayormente provenían de los sectores más pobres que frente a la exclusión social encontraron en la fuerza del Espíritu Santo sus expresiones particulares de religiosidad. Rescataron los dones de lenguas de la iglesia primitiva que los reformadores habían olvidado, y respondían a las necesidades sociales con sanidades y cambios de vida para liberarse de la tiranía y esclavitud del alcohol y otros vicios. Numéricamente las iglesias históricas pasan a un segundo plano. Todo esto se dio en un escenario social donde los gobiernos no pudieron solucionar el problema de las desigualdades sociales entre ricos y pobres.
La Teología de la Liberación nacida en América Latinatuvo protagonismo en sectores de la iglesia católica como entre alguna iglesia evangélica histórica en el Perú, siendo un tema confrontacional entre grupos militantes en pro y en contra. La mayor experiencia marcada fue por el movimiento Iglesia y Sociedad en Argentina y Uruguay de inspiración ecuménica.
En el Perú, a partir de 1980 hasta el 2000, la iglesia evangélica, a través del Concilio Nacional Evangélico, es protagonista en lo concerniente a la defensa de los Derechos Humanos por causa del fenómeno de la violencia terrorista de Sendero Luminoso y la contra ofensiva de parte del ejército, donde en la sierra alto andina y la selva nuestras comunidades evangélicas fueron víctimas, estimándose unos 600 pastores muertos.
En la década del nuevo siglo el escenario es turbulento, con un nomadismo de los creyentes que siguen creciendo. Las estadísticas hablan de un 15% de la población nacional.
Una problemática es que sin mayor sustento bíblico, teológico y de ideario social, muchos líderes de mega iglesias acceden al terreno político, pero con propósitos subalternos. Ellos tienen los bolsones de votos pero no las ideas, salvo excepciones.
Todo esto está llevando a que sectores de profesionales estén considerando levantar una plataforma de intervención política como consecuencia natural de la misión integral.

 P.- ¿En qué áreas deben mejorar los evangélicos en Perú?
 R.- Primeramente en la unidad. Tuvo razón el teólogo escocés Estuardo Makintosh que al dejar el Perú vaticinó que seguiríamos creciendo, pero igualmente continuaríamos atomizándonos. Otro estudioso como Orlando Costas afirmó que no todo crecimiento es bueno, pues hay células cancerígenas.
Actualmente tenemos un Concilio Nacional Evangélico, CONEP, que es referente histórico y cuenta entre sus miembros con la mayor denominación que son las Asambleas de Dios de más de un millón de miembros. El CONEP tiene diálogo con el Estado y pertenece al Acuerdo Nacional surgido luego de la década de dictadura cívico-militar de Fujimori. Ha suscrito el Informe de la Verdad y de la Reconciliación del país CVR, informe que es rechazado por el APRA, partido histórico que acaba de abandonar el poder dejando una secuela de corrupción. El problema es que muchos evangélicos han militado en sus mejores tiempos, pero ahora que ha dado un giro total lo siguen haciendo sin rubor alguno.
Hay mucho que comentar al respecto, pero lo dejamos a los buenos historiadores que surgen de nuestras canteras del movimiento universitario evangélico. Los temas que expongo están muy bien documentados en sendos libros de diferentes autores, lo mío es una visión personal como al fin es toda historia.
Una segunda representación del espectro evangélico es UNICEP, que en estos últimos años ha actuado en unidad con el CONEP en el proyecto de Ley de Igualdad Religiosa, constituyendo esta unidad una incomodidad al gobierno de turno hasta el mes de julio de este año. Lastimosamente este proyecto fue alterado con el apoyo de líderes evangélicos al margen de estas instituciones y que tienen cercanía al poder, de modo que se conservaron intereses de la Iglesia Oficial.
En segundo lugar, en la Reflexión no sólo teológica, mejor dicho en un pensamiento contextual que piense al país como escenario de su misión integral. Es contradictorio que los líderes que llegan con votos al Parlamento o gobiernos regionales y locales – salvo excepciones- manifiesten carencias de bases bíblicas de la responsabilidad social, y así es fácil caer en un clientelismo político y de provecho propio sin mayor horizonte.
En tercer lugar, debido a que ya es visible la presencia de la población evangélica entre los políticos profesionales, ellos nos buscan y ofrecen espacios a cambio de nuestros votos; de nuestra parte debemos tener cuidado y preparación para participar lúcida y responsablemente en el espacio público local, regional y nacional.

 P.- ¿Va la reflexión teológica de la mano de ese dinamismo del que tanto se habla? 
 R.- En absoluto, tenemos que definir cuánto de ese crecimiento se debe a que la iglesia es refugio de las masas y cuánto es un movimiento transformador de la sociedad.
Un aspecto fundamental es develar qué teología hay detrás de nuestros servicios educativos; por ejemplo, ¿cuál es nuestra definición de educación cristiana?, porque la iglesia es una poderosa agencia educativa que forma o deforma al ciudadano evangélico. ¿Somos habitantes o ciudadanos? Porque el ciudadano hace ciudad, hace país. Existe reflexión teológica que toma al país como tema, pero esto tiene que seguir desarrollándose a partir de las experiencias sociales. Un no rotundo a la teología de balcón.

 P.- Háblenos de su labor docente y del trabajo que se viene desarrollando en el Seminario Evangélico de Lima…
 R.- Hace siete años que ingresé a enseñar Historia. Yo vengo de enseñar más de tres décadas en universidades nacionales y privadas en el área de las humanidades. Una primera aproximación a lo social es que descubrí que la Historia del Arte está hecha de pura sociología para explicar fenómenos, que a cada escuela le corresponde una revolución social o científica. Las paredes se habían derrumbado. Psicología y política eran caras de la misma moneda, era el desorden personal y el desorden social…
Asumo mi tarea para ayudar a los estudiantes a que comprendan el país para hacer un mejor trabajo cuando egresen…, eso es todo.
El Seminario actualmente está en proceso de transformación, es el más importante del país, pero no soy el llamado a expresar sus planes, soy un simple profesor contratado y punto.
Pero es importante decir que el Instituto de Investigaciones Políticas Nueva Humanidad que presido, formado por teólogos y profesionales de diferentes carreras, en convenio con el Seminario Evangélico de Lima, SEL, de manera inédita ha abierto un Diplomado en Ciencias Políticas y el próximo mes abrirá el mismo servicio en la ciudad de Trujillo, a setecientos kilómetros al norte de Lima. Esperamos aportar a las soluciones sociales del país como cuerpo de Cristo; si su presencia acercó el Reino de Dios y su justicia, debemos seguir esa huella.

 P.- ¿Cómo se ve desde aquí a los evangélicos europeos? ¿Se realizan trabajos conjuntos?
 R.- En este momento no hay puntos de referencia. Ya no podemos pensar que Europa es el modelo. Religiosamente somos conscientes que se secularizó, las iglesias son monumentos históricos y que sólo asisten los ancianos. Si hay actividad se debe a grupos de inmigrantes cristianos que manifiestan su fe y esto podría revitalizarse. Pero la xenofobia es otro signo a tomar en cuenta.
Conversaba con un misionero cuya iglesia de Estados Unidos lo enviaba en misión transcultural a un continente exótico con un excelente soporte, pero su desilusión era que la misma iglesia que lo enviaba a trabajar con otras culturas ponía cercos en su país para que los inmigrantes no entraran a ella…

 P.- ¿Es algo normal hablar de Misión Integral en el mundo evangélico peruano?
Existen diferentes sectores en nuestra realidad evangélica que atraviesan todos los estratos de pensamiento que va de un fundamentalismo rural hasta un liberalismo teológico y económico, ojo, no digo ecuménico, porque se sabe que el neoliberalismo ha sido bendecido en grandes cónclaves eclesiásticos mundiales. Por ello ha habido dinero para financiar ciertas organizaciones para eclesiásticas, pero no para financiar proyectos políticos de inspiración evangélica en América Latina. Peor aún si recusan el neoliberalismo que actualmente muestra su caducidad con la crisis de Europa y EE.UU.
Estamos ad portas de celebrar los 50 años del movimiento universitario evangélico en Perú -AGEUP- y queda la esperanza que de estas generaciones salga una respuesta contundente al país como real expresión de la misión integral. El movimiento ha sido depositario de esta visión y ha ido madurando su proyecto. Pero para el mundo evangélico nuestro es una tarea a seguir desarrollando.

 P.- ¿Qué piensa de la incursión de los evangélicos en la política?
 R.- Dentro de la perspectiva del Reino de Dios es válida. Por otro lado, en estas dos últimas décadas hemos presenciado el pésimo desempeño de evangélicos en el Congreso –salvo excepciones-, donde no han sido mejores que los no evangélicos, y constatamos que cada vez son más los hermanos que buscan estas representaciones, pero sin ninguna o poca preparación. Felizmente existen investigadores e historiadores que se van dando cuenta de este desempeño para mejorar en el presente y futuro.
Incursionar en la política demanda un alto grado de preparación, digo, si se quiere llegar a ser gobierno. La estructura del Estado es frondosa y para ser eficiente y competitiva necesita expertos además de un talante ético. En plazo inmediato debe aspirarse a gobiernos locales y colocar en el parlamento a una docena de hermanos preparados integralmente, eso es posible ahora. Pero debe asumirse la cultura de rendir cuentas a sus electores.
Todo depende de la educación, de nuestra teología en la iglesia y en nuestros colegios, si sólo informamos y formamos para retener tradiciones, o informamos, formamos y transformamos a la sociedad.

Autores: Jacqueline Alencar
©Protestante Digital 2011

¿Reliquias neoevangélicas?

Publicado: agosto 21, 2011 en Iglesia, Sociedad, Teología

Carlos Martínez García

¿Reliquias neoevangélicas?

En este mismo espacio,  la semana pasada, me ocupé de analizar el fenómeno de algunas reliquias de Juan Pablo II que serán llevadas en peregrinación por las distintas regiones de México  durante cuatro meses.

 En las últimas dos décadas se han multiplicado agrupaciones que todavía los especialistas no se ponen de acuerdo en cómo llamar. Algunos les denominan neoevangélicos, otros más paraevangélicos, no faltan quienes se refieren a ellos como neopentecostales y/o neocarismáticos.  Sus reuniones, que son masivas, se caracterizan por manifestaciones de emotividad, música marcadamente rítmica e interpretada por una banda de calidad profesional. Los expositores, que en varios de tales grupos les llaman conferencistas, son buenos contando relatos y echan mano del humor, o de arengas para motivar a la audiencia.

Lo anterior no implica un juicio de valor sobre las prácticas mencionadas, sino que intento describir los énfasis de los organismos que prefieren denominarse a sí mismos nada más como cristianos. Desde su perspectiva, lo que hacen es restituir el  ethos  del cristianismo primitivo, marginando los entendimientos y las prácticas históricas que otros cristianos han tenido del mismo periodo.

Sin saberlo, o sabiéndolo convenientemente lo olvidan, tienen tras de sí una larga lista de predecesores que también quisieron regresar a los orígenes del movimiento cristiano. Por ejemplo, para mencionar sólo una de esa herencias, usan la Biblia de canon corto, es decir sin deuterocanónicos, en las distintas traducciones existentes de fuentes protestantes. Quieren que sus congregantes lean la Biblia, aunque su hermenéutica sí tiene ciertos rasgos distintivos que los coloca a cierta distancia del protestantismo evangélico y el pentecostalismo históricos.

 Su acercamiento a Las Escrituras tiene muy poco cuidado con entender el texto en su contexto original.  Su lectura se va más por el lado simbólico, pero con símbolos anacrónicos que meten a la Biblia para luego transportarlos a la realidad actual y buscar su aplicación mecánica de acuerdo a ciertas orientaciones teológicas esquemáticas. En no pocos de estos grupos estimulan una identificación mecánica entre el Israel contemporáneo y el de los tiempos bíblicos. Al hacerlo, exaltan toda manifestación cultural (vestimenta, instrumentos musicales, danzas, etc.) israelí para presentarla como voluntad divina para los cristianos hoy.

 Los grupos neoevangélicos/neocarismáticos, mayormente los aglutinados en mega iglesias, han incorporado la casi, o a veces franca, veneración por objetos y personas que son vistos como mediadores para obtener bendiciones especiales de Dios.  De ahí que se estimule a su interior la adquisición de pañuelos santos, el aceite consagrado, envío de delegaciones para que intercedan en oración por peticionarios que no pudieron hacer el viaje con el grupo para orar en el Monte Santo. También hay reuniones especiales en las que los congregantes desfilan bajo, o al lado de, objetos que los líderes dicen que son sagrados: un manto, una reproducción del Arca de la Alianza, una estrella de David, una Menorah.

Los objetos ya no son vistos como coadyuvantes en el culto, por ejemplo velas para simbolizar la luz de Dios que irradia en las tinieblas, sino como instrumentos sagrados, que en sí mismos tienen un poder especial y son imprescindibles para recibir gracia de Dios. Y si los objetos se han sacralizado en dichas prácticas, también quienes los administran son percibidos como agentes especiales sin los cuales los creyentes comunes están imposibilitados de ser bendecidos, restaurados, sanados.

 La Biblia misma pasa de ser un medio que contiene la Revelación progresiva de Dios, a ser vista como objeto sagrado  que lo mismo es levantado en alabanza que usado como instrumento para tocar a las personas con el objetivo de que así serán bendecidas. Recuerdo vívidamente un encuentro con un líder de estas agrupaciones, que mayormente se niegan a ser llamadas iglesias. En cierto momento de nuestra conversación abrió su portafolios y saco de él algo envuelto en un paño lujoso. Al desenvolverlo me percaté de que el paño contenía una Biblia, con reverencia la tomó y besó su cubierta, antes de leerme un pasaje.

La sacralización de los objetos y personas, poniendo a ambos por encima del común de los demás hombres y mujeres, enfatizar que un fragmento de cierto material y/o un determinado (en el argot neocarismático) apóstol, salmista, siervo, varón es necesario para que se derrame el Espíritu, es simple y llanamente ir contra la enseñanza neotestamentaria del sacerdocio universal de los creyentes ( 1 Pedro 2:9-10 ). En el pasaje se habla de una realidad interior (hecha posible mediante la obra de Cristo Jesús), que debe exteriorizarse para testimonio, en palabras y conducta, a los demás.

 Lo exterior no es, como se lo dijo Jesús a unos fariseos y maestros de la ley, lo que corrompe (o bendice de manera instantánea) a los seres humanos.  Lo que destruye a otros, y a nosotros mismos, lo que es bendición a otros, y a nosotros mismos, es lo que anida en nuestro corazón y después se convierte en acciones de uno u otro signo. Al respecto el capítulo 7 de Marcos,  versículos 1-23 , es un ejemplo magistral del concepto que tenía Jesús acerca de la obsesión de los fariseos por los rituales exacerbados y la sacralidad de los objetos. Con su resurrección Jesús, entre muchas otras cosas, rasgó el velo del templo “de arriba abajo” ( Mateo 27:51 ), como señal de que con su sacrificio ese velo, antes íntegro, quedaba superado por su vida, muerte y victoria sobre la muerte.

 Es un regreso al fariseísmo, o la construcción de un neo fariseísmo, la divinización de objetos y personas. En dicho proceso se pierde de vista lo más importante: que Cristo Jesús es la manifestación plena de Dios, y que ante tal grandeza nada es comparable ni necesario.

Autores: Carlos Martínez García
©Protestante Digital 2011


BEN STERNKE

Post image for Always Enough

Lately I have been reflecting on the story of Jesus feeding the five thousand (Mark 6:30-44), and I think it has a lot to say to those of us seeking to cultivate people and communities that can move out in discipleship and mission.

Anyone who has actually tried to do this stuff knows how difficult it is, how fraught with unanticipated challenges and constant feelings of inadequacy. It’s easy to think that no “progress” is being made, it isn’t moving fast enough, and maybe I don’t have what it takes to do this stuff in the first place. I have come to believe, though, that all of this is a necessary part of the training Jesus will take us through as we seek to join him in his mission. It’s the same training the first disciples went through in the feeding of the five thousand.

Like us, the disciples first saw a need: people were hungry. Jesus had been teaching all day and the disciples prudently suggest that because of the lateness of the day and the remoteness of the location, they ought to be dismissed to go to the surrounding villages to buy something to eat. They saw a need and attempted to fill it with their own ingenuity and street-smarts.

Jesus, however, gives them a bit of a shock with his own suggestion: “You give them something to eat.” The disciples are incredulous. “Do you have any idea how much it would cost to buy food for all these people? Are you really suggesting that we do that? Are you crazy?” They’re still attempting to solve the problem with their own abilities and intelligence, and they’re despairing because they realize there is no way they can do anything even remotely close to what Jesus is suggesting.

Jesus then asks them the question that gets to the heart of what he’s trying to teach them: “How many loaves do you have?” he asks, “Go and see.” The disciples answer, “Five–and two fish.” Jesus tells everyone to sit down on the grass, and I can imagine the disciples thinking, “He’s going to start a riot! How are we going to split this up to feed five thousand men?”

But Jesus simply takes the little sack lunch, looks up to heaven and gives thanks, breaks the loaves, and tells the disciples to start handing out food. The result is, in Mark’s understated prose: “They all ate and were satisfied, and the disciples picked up twelve basketfuls of broken pieces of bread and fish.”

Jesus always leads and commands us to do that which we could never accomplish in our own ability. You give them something to eat. Stretch out your hand. Take up your mat and walk. Heal those who are sick. Cleanse the lepers. Raise the dead. Make disciples of all peoples.

And when we come face-to-face with the impossibility of what we’re trying to do, and finally start to give up doing it in our own strength, Jesus says, “How many loaves do you have?” The disciples count them up and give them to Jesus. This is essential. They don’t give him a few of the loaves and keep a few for themselves, just in case. They giveeverything to Jesus, relinquishing the meager provisions they had, trusting Jesus to do something with them. The disciples wouldn’t get their loaves and fish back in the same form they gave them.

Jesus took what was offered, insufficient as it was, looked up to heaven and gave thanks, broke the loaves, and gave them to the people. It’s the same structure as the Eucharistic meal: taken, blessed, broken, given. That which was offered in trust is gathered up into the life of the kingdom, broken and distributed, and finally multiplied to meet the need, bringing dinner to five thousand families, plus leftovers!

Whatever you have is always enough when it is offered to Jesus completely, because God multiplies it to meet the need, however large.

So if you’re discouraged in the journey of cultivating communities of formation and mission, I implore you to resist the temptation to throw in the towel. The reason it’s hard is because we’re learning not to strive in our own strength. I also implore you to resist the temptation to, in frustration, engineer solutions birthed in your own ability or intelligence. Keep looking to Jesus and offering him what you have, however meager. Whatever you offer will be taken up into the life of the kingdom, broken and transformed by God’s power, and multiplied to meet needs you could never hope to meet in your own ability.

They’ll probably even be leftovers.


VERGE NETWORK

Many times it’s difficult to find practical ways to be a blessing in your workplace. Rapid pace, mounting deadlines, or co-worker conflict can often derail even the best of intentions to say and show the love of Jesus at work.

Recently, Josh Reeves posted some very practical ideas for blessing others in the workplace:

1. Instead of eating lunch alone, intentionally eat with other co-workers and learn their story.

2. Get to work early so you can spend some time praying for your co-workers and the day ahead.

3. Make it a daily priority to speak or write encouragement when someone does good work.

4. Bring extra snacks when you make your lunch to give away to others.

5. Bring breakfast (donuts, burritos, cereal, etc.) once a month for everyone in your department.

6. Organize a running/walking group in the before or after work.

7. Have your missional community/small group bring lunch to your workplace once a month.

8. Create a regular time to invite coworkers over or out for drinks.

9. Make a list of your co-workers birthdays and find a way to bless everyone on their birthday.

10. Organize and throw office parties as appropriate to your job.

11. Make every effort to avoid gossip in the office. Be a voice of thanksgiving not complaining.

12. Find others that live near you and create a car pool.

13. Offer to throw a shower for a co-worker who is having a baby.

14. Offer to cover for a co-worker who needs off for something.

15. Start a regular lunch out with co-workers (don’t be selective on the invites).

16. Organize a weekly/monthly pot luck to make lunch a bit more exciting.

17. Ask someone who others typically ignore if you can grab them a soda/coffee while you’re out.

18. Be the first person to greet and welcome new people.

19. Make every effort to know the names of co-workers and clients along with their families.

20. Visit coworkers when they are in the hospital.

21. Bring sodas or work appropriate drinks to keep in your break room for coworkers to enjoy. Know what your co-workers like.

22. Go out of your way to talk to your janitors and cleaning people who most people overlook.

23. Find out your co-workers favorite music and make a playlist that includes as much as you can (if suitable for work).

24. Invite your co-workers in to the service projects you are already involved in.

25. Start/join a city league team with your co-workers.

26. Organize a weekly co-working group for local entrepreneurs at a local coffee shop.

27. Start a small business that will bless your community and create space for mission.

28. Work hard to reconcile co-workers who are fighting with one another.

29. Keep small candy, gum, or little snacks around to offer to others during a long day.

30. Lead the charge in organizing others to help co-workers in need.

Be sure and check out the full article here.

Do you have some other ideas or ways that you’ve been missional at work? Let us know below in the Comments section!

Missional Tip: Pick one of these ideas and act on it this week. Let us know in the comments how it went!

[ HT: Zach Nielsen and Brad Andrews]

http://www.vergenetwork.org


by Mike Breen

One of the things we have to develop if we are to be missionaries to those around us is the ability to step back from our culture and observe it carefully and thoughtfully. We do this so we can best connect the Gospel of Jesus — of his available Kingdom — with the culture we live in. We also do it so we can be careful not to let toxic pieces of the culture we are seeking to redeem insinuate themselves into our worldview. That’s why we are told “be in the world, but not of it.” Being observers and exegeters of culture teach us how to “be not of it.”

Let me offer an example that, perhaps, will stir the pot.

If you read The Culture Code by Clotaire Rapaille (and if you’re serious about reaching the American culture, you need to read it), he talks about the culture of the United States. He says many things, but one thing he mentions is that part of the “code” of America is the culture of abundance. We don’t just buy what we need, we buy far above and beyond that. In fact, if you get down into the history of this country, you see that this is actually woven into the fabric of America since its’ inception. It’s absolutely fascinating.

So in this culture we find ourselves in, abundance is good.

But it goes further than that. We ascribe certain qualities and virtues to abundance — “success” or “value” or “meaning.” In American culture, a simple formula is this: The more money/stuff/friends/houses you have = the more successful/valuable/meaningful you are. It’s a simple formula and we probably see it all around us. People base their personal identity and value on the degree of abundance they are living into. We know this is destructive. All we have to do is look at our current financial system and see how unstable this is. Yet it’s all around us.

What’s interesting is how it is playing out in more subtle ways, insinuating itself into much of the world Christians inhabit. The sad reality is that churches/pastors live by the same simple formula: The more you have = the more successful/valuable/meaningful you are. In other words, the more people go to your church, the better you are as a pastor. The more people that show up on a Sunday morning, the more successful you are. We’ll even reward you with special perks to affirm you are special: The conference circuit. If your church gets big enough, we’ll stick you on a stage with the spotlight on you in front of thousands and thousands of your peers, who lean forward with baited breath, waiting to hear what you have to say.

The more people in your church = the more successful and influential you are. Or more simply, “Big = right.”

Here’s my question: Who says so?

Who in the world says that formula is right? Where in scripture can I find it written that people with the biggest churches are the most successful in the eyes of Jesus and his Kingdom? Now I’m not saying that big churches can’t be successful in the eyes of the Kingdom, I’m simply saying it’s not a given. I’m saying that just because you have a lot of people coming to your church doesn’t mean you’re actually preaching and living out the Gospel of Jesus. This formula we’ve accepted in our church culture is an adoption of the wider culture, not the culture of real Kingdom life. It has insinuated itself into our thinking and we must see how toxic it is. In fact, you would have a hard time convincing me that our enemy’s strategy isn’t to let a certain % of churches grow to reinforce this toxic and warped way of thinking. It pushes us away from true Kingdom success, so it’s not really a loss for him, is it?

Really hear what I’m saying. It’s not that big churches are bad. I’m not saying we shouldn’t want our churches to grow and see more and more people come to faith and be discipled. I pastored one of the largest churches in Europe. But I didn’t evaluate the success of our church on the size or % growth of our church attendance.

It’s about quality, not quantity. If I had to pick between a church of 50 people who were all disciples and Kingdom citizens or 5,000 people who went to my thing on Sunday but few were actual disciples…I’d take the smaller group every time. EVERY TIME. Because that is what Jesus valued most, it’s what I value most.

How many churches at the end of the year ask themselves, “Did we grow this year?” and use the answer to this question as a barometer of success or failure? Yes, of course we want our churches to grow and see more people come to faith. But that is in the Lord’s hands, not our own. Life in the Kingdom of God says that success is faithfulness. Period. Success is obedience. Success is doing what God has asked you to do and being faithful to him, letting him control outcomes. Daniel in the Old Testament refused to eat the food of the culture for fear of being contaminated. My friends, our churches and our minds are contaminated. The “world” has crept in and warped the way we see things.

The value of your ministry is not evaluated on how big it is and how fast it is growing, as if we were stockholders evaluating the growth of the shares we hold. Your ministry is successful if, and only if, you and your community are obedient to what God has asked you to do. Ask yourself this question: Are we being faithful?

There were times in Jesus’ ministry when he had more than 20,000 people coming to hear him speak, hanging on every syllable, wondering what he’d say or do next. This same man lost next to everyone, with even his closest friends leaving him. We see the same kind of journey for the Apostle Paul. Yet in the eyes of the Kingdom, both are “successful” because they were obedient.

Perhaps there is no better way to close this post than with the covenantal prayer that John Wesley would use and has become a guiding prayer in my own personal journey. May it comfort and disturb you:

I am no longer my own, but thine.
Put me to what thou wilt, rank me with whom thou wilt.
Put me to doing, put me to suffering.
Let me be employed for thee or laid aside for thee,
exalted for thee or brought low for thee.
Let me be full, let me be empty.
Let me have all things, let me have nothing.
I freely and heartily yield all things to thy pleasure and disposal.

And now, O glorious and blessed God, Father, Son and Holy Spirit, thou art mine, and I am thine. So be it. And the covenant which I have made on earth, let it be ratified in heaven.

Amen.

 

http://mikebreen.wordpress.com

Ap17 La ramera (exégesis)

Publicado: agosto 19, 2011 en Teología

JUAN STAM

Apoc 17:1


Al presentarse ante Juan, el ángel le invita a ver una nueva visión: “Ven, te mostraré el castigo de la gran prostituta que está sentada sobre muchas aguas” (17:1). Aunque el ángel sólo ofreció a Juan una visión del castigo de la ramera, procedió a darle mucho más de lo que había prometido. La repentina introducción de esta nueva figura simbólica no deja de sorprendernos, pues nada al final del capítulo trece nos hizo esperar más episodios del drama del dragón ni todo un personaje nuevo, mucho menos una ramera. Esta escandalosa metáfora viene a completar la galería de imágenes del imperio romano: es un monstruo inspirado por un dragón, promovido por un falso profeta; es Babilonia (14:8) y es una meretriz corrupta y vulgar. Así culmina la retórica político-demonológica de Juan.

Esta es la primera vez que aparece la palabra krima (sentencia, castigo) en el Apocalipsis. A diferencia de krisis, que acentúa más el proceso judicial, el énfasis de krima cae en el resultado como “un veredicto judicial de condena” (Lc 24:20; 2 P 2:3; 1 Clem 51:3; Thompson 1998:159). Por eso, en estos capítulos no se trata de un proceso de juicio, para determinar la inocencia o la culpa de ella, sino de la ejecución definitiva de la justicia divina contra ella. En el pasaje, el juicio contra la ramera consistió precisamente en su destrucción. Con eso, Dios comenzó a responder al grito de los mártires debajo del altar, reclamando justicia (Ap 6:10; cf. 19:2) . Esta realización de la justicia es el tema central de todo este bloque textual.

Juan introduce a la ramera como una figura ya conocida por los lectores, posiblemente de la tradición oral o de las escrituras hebreas. Pablo Richard (1994:159) señala la relación de las palabras pornê (prostituta), porneia (prostitución), y porneuô (prostituirse) con el verbo extra-bíblico de pernêmi, vender, venderse. Richard percibe esa misma connotación comercial en el texto: los reyes se prostituyen en Roma, donde se venden por una cuota de poder y riqueza. Como comenta Pikaza (1999:191), Roma era “un mundo que se vuelve compra-venta” de vidas y almas, títulos reales y tratados comerciales, poder y riqueza que sólo podía otorgar el imperio.

Del pasaje entero queda muy claro que la ramera no es una mujer sino una ciudad (17:5,18). Era común entre los antiguos, y especialmente los profetas hebreos, personificar a las ciudades como si fueran personas, y especialmente como mujeres (Keener 2000:404; Collins 1990:1012). Según Is 66:7-11, Sión es una mujer gritando con dolores de parto y que da de mamar a su criatura. Ezequiel 16 describe la relación de Yahvé con Jerusalén como una historia de amor desde el nacimiento hasta la pubertad de ella (16:4-7) y su eventual infidelidad al Señor (16:15-52); Ez 23 cuenta la historia sexual de dos hermanas, llamadas Aholá y Aholibá, como parábola del adulterio espiritual de Samaria y Jerusalén. Eso deja claro que la ramera del Ap 17 no es una “trabajadora sexual” y que el pasaje no tiene nada que ver con la conducta sexual de ella ni de ninguna mujer, sino que describe la idolatría y corrupción de una ciudad llamada “Babilonia”.

En el AT el adulterio (o fornicación) y la prostitución fueron símbolos muy comunes para diversas formas de desobediencia y pecado, mayormente de Israel pero también de otras naciones. La frecuente idolatría de Israel se describía como adulterio, por ser infidelidad a su pacto con Dios, entendida como infidelidad al matrimonio (Dt 31:16; Is 57:3-13; Jer 5:7; Ezq 43:7,9 y algunos otros pasajes). Las prácticas idolátricas de los israelitas se consideraban como fornicación, aparte totalmente de cualquier sentido sexual, porque el pacto entre Dios e Israel tuvo la forma y la fuerza de un juramento matrimonial (Ez 16:59), de modo que Israel es la esposa de Yahvé y Yahvé es el esposo de Israel (Jer 3:14,20; Newsome y Ringe 1990:378). Según Jeremías, cuando se rompe ese pacto Dios puede divorciar a Israel (3:1-2,7-8). Puesto que ninguna otra nación goza de esta relación especial con Yahvé, sólo Israel puede cometer adulterio contra Dios (Ladd 1978:196; Pikaza 1999:194).

Mucho más común, sin embargo, es la denuncia de infidelidad espiritual como prostitución, principalmente de parte de Israel. Jeremías, en un pasaje lleno de detalles gráficos, fustiga esta conducta de Israel (3:1-3,6-9; 25: cf. 2:20; 5:7; 13:27). Aun más explícito y mordaz, Ezequiel describe la historia de Israel como la escandalosa degradación sexual de dos hermanas, Aholá (Israel del norte) y Aholibá (Judá; Ez 23:1-49; cf. 16:1-52). Aunque el enfoque se concentra en la idolatría, el profetas denuncia también las relaciones comerciales (16:29), la violencia y el asesinato (23:37,39,45). En sólo dos pasajes los profetas acusan a otras naciones de prostitución. Isaías, después de denunciar a Tiro larga y vehementemente por su explotación comercial de otros países, lo tilda de ramera (23:17-18). En los mismos términos, Nahum denuncia a Nínive, capital del poderoso imperio asirio, como “ciudad sedienta de sangre… insaciable en su rapiña (3:1)” y “esa ramera de encantos zalameros, esa maestra de la seducción” (3:4). Nahum condena también el comercio de Nínive (3:16, “Aumentaste tus mercaderes más que las estrellas del cielo”) y a sus dignatarios y oficiales (3:17).

El predominio de acusaciones de prostitución contra Israel en vez de adulterio, que hubiera sido más lógico, merece una explicación. Ambos términos generalmente incluyen la idolatría, pero “prostituirse” sugiere correr de un ídolo a otro, “abrir sus piernas” a cualquier hombre que le aparezca (Ez 16:15,25) y fornicar bajo todo árbol frondoso (Jer 3:6). También implica, en estos textos, acción habitual (Ez 16:25, “fornicaste sin cesar”), indiscriminada, disoluta y desvergonzada (Jer 3:3). Fundamental a toda la descripción es el aspecto comercial, el estar dispuesto a venderse por ganancias materiales. Una ciudad-ramera hará cualquier cosa para aumentar su poder y su riqueza.

Aunque el pecado de idolatría figuraba casi siempre en las denuncias de prostitución, de ninguna manera se limitaba a eso ni tampoco a pecados de naturaleza religiosa o espiritual, como queda claro de los textos que acabamos de resumir. Además de los pecados sexuales, la idolatría y la brujería, se destaca fuertemente el elemento comercial. Muchos pasajes relacionan el tema también con las alianzas políticas, como el pecado de confiar en otros países y ejércitos (Egipto, Asiria, Babilonia; Ez 23:5,12,14-17) y no en Yahvé. Otros textos incluyen una denuncia de la crueldad y la violencia, atribuibles a la supuesta dureza de corazón de la ramera (Nah 3:1; cf. Jer 3:3; Anchor V:509). A diferencia del adulterio, la figura de prostitución incluye la idea de fomentar y promover la misma corrupción en otras personas y naciones.

Juan nos informa también que la gran prostituta está sentada sobre muchas aguas (17:1). Obviamente, la metáfora de estar “sentada sobre muchas aguas” (epi hudatôn pollôn) no debe entenderse en sentido literal. En el Apocalipsis, la posición sentada significa autoridad, victoria o dominación. Comúnmente simboliza entronización (Ap 4:3,6); “Yo estoy sentada como reina”, dice la gran Babilonia (18:7; cf. Is 47:5-8). Según Beale (1999:848), kathêmai en Apocalipsis siempre significa soberanía. Como “sentada”, Roma controla al imperio (la bestia; 17:3,9) y a los pueblos (17:15).

La mención de “muchas aguas” es una clara alusión al oráculo contra Babilonia, “Tu, que habitas junto a muchas aguas y eres rica en tesoros” (Jer 51:13; cf. Sal 137:1, “Junto a los ríos de Babilonia nos sentamos”). La frase parece referirse a la extensa red de canales y arroyos para regar a Babilonia con las aguas del Éufrates. La iconografía y la retórica antiguas solían personificar a ciudades o países como una mujer, o diosa, entronizada a orillas de un río (Keener 2000:405). Otras comparaciones con ríos ocurren en Is 8:7-8 (Asiria) y Jer 46:8 (Egipto). En 1QpNah las aguas se refieren a los Kittim (1:3-4; los gentiles) y los nobles (guerreros) de Manasés (3:8-9).

De todo el capítulo queda claro que con esta frase Juan se refiere a la ciudad de Roma como capital del imperio. Es típico de su estilo aplicar simbólicamente al imperio romano detalles de naciones antiguas. Aunque Roma no era exactamente una ciudad “sentada sobre muchas aguas”, sí tenía todas las características de una nueva Babilonia. Además, como ciudad Roma no estaba bien ubicada para el comercio terrestre, pero sí para el comercio marítimo. De hecho, el Mediterráneo fue el medio vital para la expansión de su poder y su riqueza. Roma era, en verdad, una ciudad y un imperio “sentados sobre muchas aguas”.

********************

Apoc 17:2

A continuación Juan denuncia el pecado de Roma con dos metáforas: Con ella cometieron adulterio los reyes de la tierra (17:2). La primera acusación, de fornicación, es obviamente un simbolismo político, ya que son específicamente los reyes que cometen adulterio con la ciudad de Roma; son monarcas vasallos que se aprovechan de sus alianzas con el imperio. Estos reyes y naciones, como unos cuantos clientes de una prostituta, han vendido su dignidad e integridad con el fin de participar en los deleites de ella. Los reyes que compartían los deleites de la ramera, ahora compartirán su juicio y destrucción.

Aunque el simbolismo de fornicación y prostitución, como ya hemos visto, se refería básicamente a la idolatría, en muchos casos, como en este texto, tenía un significado económico y político (Ladd 1978:197; Beale 1999:849-850,856; Aune 1998B:960). Las denuncias de Ezequiel contra Samaria y Jerusalén como rameras (Ez 16 y 23), mencionadas arriba, se concentran en el culto a los ídolos (23:38-39), pero no dejan fuera el comercio explotador, la violencia y el asesinato como otros aspectos de su fornicación (Ez 16:29; 23:37,45). La descripción que hace Isaías de la corrupción de Tiro, al “prostituirse con todos los reinos de la tierra” (Is 23:15-17; cf. Ap 17:2), es mayormente económica (23:1-3,8,10,14,18). El profeta Nahum, también, acusa a Nínive, ciudad capital de Asiria, de prostitución (Nah 3:4) por la insaciable rapiña de sus mercaderes (3:1,16) y por los “encantos zalameros” con que seduce a las naciones (3:4).

La ampliación del tema en el capítulo 18 confirma este sentido enfáticamente económico de la acusación de prostitución. Siete vocablos de claro significado económico dominan el capítulo 18: plouteô (ser rico, hacerse rico; comerciar), strêniaô/strênos (vivir con lujos; lujo), liparos (costoso, lujoso), lampros (espléndido, lujoso), emporos (comerciante), tejnê/tejnitês (oficio/artesanía) y megistan (magnate). En 18:3, como evidente aclaración del adulterio y borrachera de 17:2, se añade como causa del castigo de Babilonia el que “los comerciantes de la tierra se enriquecieron a costa de lo que ella despilfarraba en sus lujos” (tou strênous autês eploutêsan; “con su lujo desenfrenado”, BJ). Según 18:7 (cf. 18:9), Babilonia “se entregó a la vanagloria y al arrogante lujo (strêniaô)”; en su fornicación borracha, los negociantes internacionales de la tierra se enriquecieron con el comercio de “cosas suntuosas y espléndidas” para Babilonia (18:14; panta ta lipara kai ta lampra). De las tres endechas de 18:9-19, el lamento por mucho más largo y detallado es el de los comerciantes (11-17a), seguido por el de los transportistas marítimos (18:17b-19). El juicio de Dios cayó sobre “Babilonia” por el comercio explotador con que sus magnates se habn enriquecido (18:18,23, eploútêsan) y por su sangrienta violencia (18:24). Estas evidencias exegéticas confirman, más allá de toda duda, el sentido enfáticamente económico de la prostitución de la ramera.

La segunda metáfora es la de la borrachera: y los habitantes de la tierra (hoi katoikountes tên gên) se embriagaron con el vino de su inmoralidad (17:2). La ramera no sólo seduce a los reyes de la tierra, sino también emborracha a todos los que le siguen. El simbolismo de la copa de vino embriagante es frecuente en el AT. En algunos pasajes, es Dios quien emborracha a alguna nación (Is 51:17-23; Ez 23:31-33 a Israel; Is 29:6-9, Jer 25:15-29, a enemigos de Israel; Jer 48:26, a Moab; Lam 4:21, a Edom). Según Jeremías 51:7-8, Babilonia había sido una copa de oro en la mano de Yahvé para castigar a muchas naciones (cf. Jer 46-49), pero ahora Dios va a castigar a Babilonia (capp. 50-51). La condición de embriaguez se describe con detalles muy vívidos: tambalearse y perder el juicio (Is 51:22; Jer 25:16; 51:7), caerse al suelo para ser pisoteado (Is 51:23; Jer 25:27) y revolcarse en su propio vómito (Jer 25:27; 48:26). Así son las consecuencias del imperialismo, sea el de Babilonia, de Tiro o de Roma.

El énfasis central en la fornicación como símbolo del imperialismo económico nos permite entender esta borrachera como la seducción embriagante de los lujos y deleites que ofrecía el sistema internacional bajo Roma (Aune 1998B:932). Se refiere al imperio del “lujo, ostentación y riqueza” que “seduce y atrapa a todos” con “la seducción del tener y del poder” (Arens y Mateos 2000:335). Osborne (2002:609) observa que, lo mismo como pasa con los borrachos, las naciones pierden el control de sí mismas y están controladas por un poder ajeno. G. K. Beale (1999:849) interpreta esta “pasión intoxicante” de las naciones como la oferta de seguridad con que el imperio las seducía. Era una especie de chantaje: coopera con el sistema y te garantizarás la seguridad material (2:9,13; 13:16-17), pero si no, el imperio te destruye. Bajo esas condiciones, afirma Beale, la seducción del imperio era irresistible y apagaba todo deseo de resistir. La seducción era irresistible, pero los cegaba a su verdadera inseguridad y a la seguridad que sólo puede hallarse en Dios y su voluntad.

Ap 17:3-6

Después de esta introducción por el ángel copero, comienza una nueva visión con un traslado extático: Luego el ángel me llevó en el Espíritu a un desierto (17:3). Curiosamente, la mujer sentada sobre muchas aguas se halla a la vez en la sequedad árida de un desierto. Este texto y 21:10 son las únicas veces que ocurre el verbo apoferô (“llevar”) en el libro, y ambas veces el ángel (probablemente el mismo) transporta a Juan para recibir la visión de una mujer: de la ramera en el desierto, y de la Esposa en (o desde) un monte. Este notable paralelismo, junto con muchos otros, subraya el contraste dramático entre las dos mujeres y las dos ciudades con las que concluye el libro del Apocalipsis.

La idea central de la palabra erêmos es la de un lugar inhóspito, que no puede sostener la vida; es el lugar de la anti-vida. Es también la morada de toda clase de espíritus malignos. Según Ford (1975:287), es el lugar de la ausencia de Dios. Como tal, es un lugar muy apropiado para la ramera imperialista. Este detalle completa también otro aspecto del cuadro de los tres aliados del dragón: la gran bestia surge del mar, el falso profeta de la tierra y la ramera tiene su morada en el desierto. De forma parecida, las langostas de la quinta trompeta suben del abismo, cuartel general de los demonios. Todos estos detalles corroboran el origen satánico de estos agentes del imperio y del culto al emperador.

A continuación Juan reporta lo que experimentó en el desierto: vi una mujer montada en una bestia escarlata (17:3). Es obvio que esta mujer es la misma ramera de los versículos anteriores. Aquí encontramos una tercera ubicación de ella: sobre muchas aguas (17:1), en el desierto y montada sobre la bestia (17:3). El estar montada sobre esa bestia corresponde bien a la identidad de ella como ciudad capital del imperio (17:5,18), sentada sobre las siete colinas de Roma (17:9). Como la bestia es una clonación del dragón, y la adoración del emperador es culto al diablo (Ap 13:2), aquí Roma, como ciudad y como imperio, es declarada, sin tapujos, satánica.

Es probable que la posición de la ramera como “sentada sobre la bestia” (kathêmenên) signifique el control que ejerce ella, como ciudad capital, sobre todo el imperio (Osborne 2002:610). En el Apocalipsis el verbo kathêmai (“sentarse, estar sentado”) lleva comúnmente el sentido de “estar entronizado” (Mesters y Orofino 2003:300; Aune 1998B:934), especialmente en el título divino de “el que está sentado sobre el trono” (4:2 y 12 veces más), pero también del Hijo de hombre (14:14-16, con corona y de los veinticuatro ancianos (4:4; 11:16). En el mismo sentido, la ramera (Babilonia) dice, “estoy sentada como reina” (18:7). La imagen sugiere que la mujer domina a la bestia y que anda orgullosamente en victoria y poder sobre sus súbditos.

Aquí Juan nos provee también una característica nueva de la bestia, la cual consiste en su color, que es escarlata (kokkinon). La descripción de la gran bestia en el capítulo 13 no le asigna ningún color, pero la del dragón sí menciona su color rojo encendido (12:3, purros, como fuego). Ahora en 17:3 el color parecido de la bestia reafirma de nuevo la estrecha identificación de la bestia con su amo, el dragón, y por ende, lo satánico del imperio y su culto. El versículo siguiente continúa con este empleo metafórico de colores al describir el vestido de la ramera como “púrpura y escarlata” (porfuroun kai kokkinon, 17:4). Aunque muy parecidos, la escarlata se derivaba de un pequeño insecto y la púrpura de un marisco llamado “murex” (Danker 554, 855). Osborne (2002:610) entiende el color escarlata de la bestia como una alusión a la riqueza y el lujo exorbitante del imperio. Ford (1975:287) sugiere que la escarlata era un color que se usaba para atraer la atención, a veces por una prostituta (Gn 38:28 por Tamar; Jos 2:18 por Rajab). Mientras la púrpura (porfura) era un lujo propio de reyes y magnates, la escarlata (kokkinos) era el color de la capa del soldado romano (Danker 554; cf. LouwN 79:29; Court 1979:147; Thompson 1998:159), por lo que podríamos tener aquí una nueva denuncia del militarismo del imperio.

Juan sigue su descripción de la bestia escarlata mediante la mención, a modo de repaso, de dos características ya presentes en el capítulo 13: La bestia estaba cubierta de nombres blasfemos contra Dios, y tenía siete cabezas y diez cuernos (17:3). Aquí también Juan introduce un cambio: la descripción anterior de la bestia hablaba de un nombre blasfemo contra Dios en cada cabeza (13:1), pero ahora afirma que toda ella está cubierta de esas blasfemias, lo que podría sugerir que el imperio entero estaba permeado de idolatría y blasfemia (Richard 1994:160; Swete 1951:215). Podría aludir también a las innumberales divinidades del imperio (Wikenhauser 1981:208) y las estatuas, templos y muchos otros edificios donde se afirmaba la deidad del imperio (Preston y Hanson 1949:112). La blasfemia, como observan Arens y Mateos (2000:337), no estaba sólo en las cabezas sino en el cuerpo entero; “ella misma (el imperio) es blasfemia”.

Para mayor identificación de esta bestia escarlata con la del capítulo 13, Juan alude también a las siete cabezas y los diez cuernos de la misma (13:1 de la bestia; cf. 12:3 del dragón). Menciona esas dos características porque son las que va a interpretar más adelante (17:9-18). Ahora omite las diademas de 13:2, porque no entran en la interpretación correspondiente. Son notables las grandes variaciones entre los diversos relatos de bestias. Daniel no menciona las siete cabezas, las diademas ni los nombres blasfemos de Ap 13. Por su parte, Ap 13 hace total caso omiso de todos los detalles de las tres primeras bestias (Dn 7:4-6), de la lucha de los cuernos y del surgimiento del cuerno pequeño (Dn 7:7-8,19-21). Ap 17 deja fuera las diademas sobre los cuernos (Ap 13.1), aunque los cuernos mismos son centrales al argumento del capítulo. Es obvio que Juan no piensa en términos de profecías predictivas literales y cumplimientos mecánicos de lo vaticinado.

Juan vuelve ahora a la descripción de la mujer: La mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada con oro, piedras preciosas y perlas (17:4). La combinación de porfura y kokkinos vuele a aparecer en 18:12 y 18:16, entre los lujos de consumo de Roma. El simbolismo puede referirse tanto al excesivo lujo en que vivía la aristocracia de la capital como también al muy lucrativo comercio internacional en estos productos (cf. Jer 10:9; Ez 27:7,16). El hermoso color de la púrpura, además del proceso sumamente largo y difícil de la extracción de su tintura de pequeños mariscos, resultaban en un precio que estaba al alcance sólo de los más ricos (cf. Lam 4:5; Lc 16:19). Vestida tan lujosamente, la ramera es “todo un cuadro de riqueza, extravaganza, lujo y comodidad” (Michaels 1997:192).

En el Antiguo Testamente la púrpura, como la más hermosa y más costosa de las telas, dominaba en los esquemas decorativos del tabernáculo y del templo. Las cortinas tenían que ser de ese color (Ex 26:1,4,31; 27:16), como también las vestimentas del Sumo Sacerdote y demás sacerdotes (Ex 28:5,33; 29:1), además del efod (28:8; Jue 8:26) y el pectoral (Ex 28:15). Según Números 4:7-8, el paño sobre la mesa de la presencia tenia que ser de púrpura, como también el que cubría el altar (4:11). Su uso se asociaba especialmente con reyes y gobernantes (Jue 8:26). El palacio de Asuero, rey de Persia, ostentaba cordones de púrpura (Est 1:6), y Asuero, para honrar a Mardoqueo, le dio “ropas reales de azul y blanco, una gran corona y un manto de lino fino color púrpura” (8:15). Lo mismo entregó Belsasar a Daniel, junto con una cadena de oro y el título de gobernador (Dn 5:7,16,29). Este es obviamente el sentido de la burla de dar a Cristo un manto de color púrpura y una corona de espinas, por haberse llamado rey (Mr 15:17; Jn 19:2,5). Bauckham (1993A:354) observa que vestidos de púrpura eran “el símbolo de status más constante en todo el mundo antiguo”, muy parecido a los automóviles de lujo hoy. Se vestían expresamente con el fin de demostrar el poder y la riqueza de sus dueños, como insignia de su rango social (Aune 1998B:935; Court 1979:147).

Además de estar vestida de púrpura, la ramera está adornada con oro, piedras preciosas y perlas (17:4). Esta triple descripción de las alhajas de ella refuerza la imagen de su exorbitante riqueza y su vanidad ostentosa. En 18:16 es Babilonia (Roma) la que ostenta estos mismos lujos, que son mercancías claves de su comercio (18:12). Va en primer lugar el oro, que en seguida reaparece en la copa que ella lleva en la mano. Para algunos comentaristas, la frase “dorada con oro” puede aludir a una práctica de las rameras de dorar sus cuerpos (Swete 1911:216; Verbum Dei 1959:490). El mismo simbolismo se aplicaba a la ciudad de Roma. En la famosa inscripción de Abercio (ca.180 d.C.), éste dice que fue enviado a Roma “para ver la majestad imperial y la reina adornada con un vestido dorado y llevando zapatos de oro” (Finnegan 1949:385; cf. Eusebio, HE 5.16.3).

Oro, piedras preciosas y perlas: estos tres lujos, junto con la púrpura, eran la obsesión apasionada de todos los ricos de Roma, o los que soñaban con parecerlo. En conjunto constituyen una especie de fórmula para la mayor riqueza imaginable (18:16; Ex 28:17-20; 39:10-12; Jer 4:30; Ez 16:10-13; cf. Ez 28:13). Las perlas, especialmente, eran codiciadas por todas las damas elegantes del imperio. El verdadero significado de todos estos lujos se revela en los contenidos de la copa dorada de la ramera: son inmundicias nauseabundas, abominables asquerosidades.

Llama la atención que entre las muchas descripciones de figuras impresionantes en el Apocalipsis, sólo de la ramera se destaca lo lujoso de su vestuario y sus joyas. En contraste, la Esposa se viste modestamente de lino fino (19:7-8) y se describe como “una novia hermosamente vestida para su prometido” (21:2).

Oro, joyas y perlas vuelven a reaparecer en la Nueva Jerusalén, pero ahora no van a estar prostituidas. Como las calles y los muros de la ciudad, no tendrán dueño sino serán de todo el pueblo. En la descripción del Reino de Dios, ni se mencionan la púrpura y la escarlata, que definían el status en el imperio. Ya no aparecen los vestidos lujosos por ningún lado. La prostitución económica, la ostentación orgullosa y el consumismo habrán terminado para siempre.

La ramera tenía en la mano una copa de oro llena de abominaciones y de la inmundicia de sus adulterios” (17:4). Las expresiones de lujo siguen con la imagen de esta copa de oro, pero se invierte el significado al revelar los contenidos de la misma. Esta copa, igual que las del capítulo anterior, es de oro, pero con la palabra potêrion (“copa”) en vez de fialê (“taza”). A diferencia de las demás copas del libro, ésta no está para ser bebida ni derramada, sino es esencialmente un adorno, junta con los demás lujos de la ramera. Y aquí, los contenidos de la copa no son vino sino inmundicias, como si la ramera hubiera vomitado en su propia copa de oro.

Con estas imágenes violentas, Juan sube el volumen de su retórica a un nivel muy agresivo contra el imperio romano. El sustantivo bdelugma significa “lo que es repugnante, detestable, abominable, aborrecible” (Ex 5:21, “somos unos apestados ante el faraón”; Gn 43:32; Danker 172; BalzSch I:627; Kittel I:598-600). En sentido religioso, significa lo que Dios repudia con asco y enojo (Is 1:13; Jer 44:22; Prv 28:9; cf. 8:7). Son cosas que no se pueden llevar ante Dios, porque sería ofenderle y profanar su sagrada presencia (Ez 5:11; Lc 16:15). Por eso, muchas veces se trata de politeísmo e idolatría (Lv 18:30 “las abominables costumbres” de los cananeos; Dt 12:33; 2 Cr 28:3; Jer 13:27; 32:35; Ezq 6:9,11; Sir 49:2); a veces puede ser un sinónimo para el ídolo mismo (Dt 7:26; 29:17 [Hebr 29:16]; Ez 5:9,11; cf. Os 9:10; Sab 14:11-12).

El término bdelugma tiene también un importante referente histórico muy específico en la frase “la abominación desoladora” (Mt 24:15; Mr 13:14; “el horrible sacrilegio” NVI). En Daniel (9:27; 11:31; 12:11) y 1 Macabeos, esta expresión se refiere a la abominable profanación cometida por Antíoco Epífanes cuando introdujo una estatua de Zeus en el templo, saqueó el lugar santo (1 Mac 1:20-24) y llegó hasta sacrificar animales impuros sobre el altar de Yahvé (1:47,54). Después Jesús, en su gran discurso apocalíptico, anuncia una nueva “abominación desoladora” con que los romanos destruirían y profanarían el santo templo (Mr 12; Mt 24; Lc 21). Es casi seguro que aquí también, la mención de las abominaciones en la copa de la ramera traería recuerdos de esta historia de blasfemias contra Dios y persecuciones de su pueblo.

Las palabras “abominación” y “abominable” tenían también un sentido ritual, para describir viandas prohibidas o contactos con lo inmundo, como por ejemplo cadáveres de humanos y de animales impuros. Este concepto de pureza, basado en los códigos de santidad, se hace explícito en el siguiente término, “inmundicias de sus adulterios” (17:4, akatharta tês porneias autês). Según Levi-Strauss, el “sistema dualístico de la pureza [katharismos] y la impureza [akarthasia] en la Biblia” era fundamental y constitutivo a toda la estructura social del pueblo judío (BalzSch I:2096). En el NT esta terminología ocurre especialmente en los evangelios, donde se refiere sobre todo a espíritus inmundos y a los leprosos (Mt 8:2; 10:8). Esta inmundicia ritual se aplicaba también a numerosos aspectos de la sexualidad: las emisiones de semen y otros fluidos (Lv 15:2,16,25), la menstruación (15:19), la misma relación sexual (1 Sm 21; ver Ap 14:5) y una serie de prácticas prohibidas (Gn 34:5; Lv 18:6-8,20,22). También la práctica de la idolatría constituía una inmundicia, tanto por su propia naturaleza corrupta como por la presencia de demonios detrás de tales prácticas (Beale 1999:856). En resumen, podemos concluir que estos términos se relacionan muy claramente con la idolatría del culto al emperador y con la analogía sexual de prostitución.

Es impresionante, y bastante sorprendente, la vehemencia del lenguaje del profeta en estos versículos. Para describir el imperio romano Juan emplea un conjunto semántico de fuerza devastadora: prostitución, borrachera, blasfemia y nauseas. Todo eso es aun más impactante, por el contraste dramático con todo el lujo y el esplendor con que se adorna esta ramera. Con estos cargados pincelazos Juan vuelve repugnante y ridícula la figura tan aparentemente seductora de la ramera.

Faltan dos características más en la descripción de esta ramera. Primero, En la frente llevaba escrito un nombre misterioso: La Gran Babilonia, Madre de las Prostitutas y de las abominables idolatrías de la tierra (17:5). En el pensamiento bíblico el nombre, más que una simple etiqueta, conllevaba la realidad de la persona misma (Beale 1999:857). Por eso, el sentido simbólico del misterio de este nombre nos revela la naturaleza más profunda de Roma: ¡es corrupta hasta los huesos, ramera y madre de rameras! En el NT la palabra metôpon (“la frente”) aparece sólo en el Apocalipsis, y siempre como lugar de algo escrito: el sello de Dios (7:3; 9:4), “el nombre del Cordero y de su Padre” (14:1; cf. 19:12), la marca de la bestia en la frente de sus seguidores (13:16; 14:9; 20:4) y este título de la ramera (17:5).

El título “Babilonia” muestra de nuevo que la ramera no es una mujer sino una ciudad, y que no se trara de la vida sexual. En el AT, desde Génesis 11, Babilonia representa la arrogancia de una superpotencia expansionista y agresora. Además, la figura alude a la idolatría que pretendía alcanzar a Dios por esfuerzo propio (la torre de Babel); su mismo nombre original, Bab-ilu, probablemente significaba “puerta de Dios”. Por otra parte, la frase “la gran Babilonia” expresaba el recuerdo de las incomparables glorias de la ciudad de Nabucodonosor (cf. Dn 4:30). Según Herodoto, el esplendor de Babilonia superaba “a todas las demás ciudades que ojos han visto” (Ewing 1990:150). La ciudad cubría más de 2.000 acres de muros, puertas, palacios y templos (NIDOTT IV:430-433), y sus glorias se recordaban aun en los tiempos del NT (Jos c.Apio I:140-141; Estrabón 16.1.5; BalzSch I:563; Kittel I:514-17). Pero para Juan, todas esas glorias eran más bien nauseas. Lo mismo tendrá que decirse de los esplendores de los imperios de hoy.

La expresión “Madre de las prostitutas” corresponde a un modismo hebreo según el cual “padre” o “madre” podía tener sentido superlativo. Entre los rabinos, “padre (AâB) de los rabinos” significaba “el rabino principal”, y en el mismo sentido Moisés era “el padre de los profetas” (Kittel I:515). Este es el probable sentido de Juan 8:44, donde Jesús llama a Satanás “padre de mentiras”. La palabra “madre” (AêM) aparece a veces con el mismo sentido: Débora era “una madre en Israel” (Jue 5:7), “La fornicación es la madre de todos los males” (T.Sim 5:3; Aune 1998B:937). K. B. Kuhn interpreta la frase de 17:5 como “la principal ramera de todo el mundo” (Kittel I:515).

La Biblia del Peregrino interpreta “madre” aquí como jefa o matriarca de todas las rameras. Ford (1975:288) ve en esta frase un eco de Ez 16:44, donde el profeta exclama sobre la infidelidad de Jerusalén, “Tu eres igual a tu madre”. El significado de ” progenitora” es también posible. Según Tobit 4:13, la ociosidad es madre de la indigencia”. Puede significar que Roma ha fomentado la idolatría (prostitución, abominación) en todo el mundo. Según la muy convincente interpretación económica de Beale (1999:859; cf. Torrance 1959:115-116), el título puede incluir una denuncia del consumismo materialista y el culto a los lujos que fomentaba la sociedad romana.

Era común en tiempos bíblicos referirse a un país con el nombre de otro, por una especie de seudonimia, según el país dominante del momento. Siendo Babilonia la superpotencia más poderosa y opresora del mundo de la época del AT, no sorprende que su nombre aparezca en diversos contextos como sobrenombre para otros regímenes tiránicos. K. G. Kuhn (Kittel I:516) observa que con ” Babilonia” Juan se refiere a una ciudad que existe en su propio tiempo (Ap 17:18) y afirma que “‘esta sólo puede ser Roma”. Kuhn enumera tres razones que considera contundentes: (1) la ciudad se ubica sobre siete colinas, (2) el judaísmo tardío solía emplear “Babilonia” como título de Roma como poder impío y (3) en 1 Pedro 5:13, “la que está en Babilonia” sólo puede significar la iglesia en Roma. En el contexto del Apocalipsis, si Juan no estuviera pensando en Roma, ¿por qué se arriesgaría a emplear lenguaje tan aparentemente subversivo?

Aunque las alusiones a Roma son irrefutables, llama la atención que en ningún momento Juan nombra la ciudad capital ni el imperio. Es claro que Juan está pensando explícitamente en el imperio romano, como contexto histórico de su propio ministerio pastoral y profético, y que esta realidad es el punto de partida para toda la exposición. Es probable también, que Juan estuviera presuponiendo la posibilidad de que la destrucción del imperio romano sería la inauguración del reino eterno de Dios. Pero el mismo hecho de ver sucesivas encarnaciones de la gran bestia — Babilonia, Tiro, Edom, Siria (Antíoco Epífanes, prototipo del Anticristo) y Roma — dejaba abierta la posibilidad de nuevas bestias y nuevas Babilonias. Además, detrás de todos esos poderes está el dragón, el poder supertemporal de la maldad. La referencia al imperio romano es explícita, pero no excluyente.

El último pincelazo en el retrato de esta ramera es la más repugnante: la mujer se había emborrachado con la sangre de los santos y de los mártires de Jesús (17:6 ek tou haimatos tôn hagiôn kai ek tou haimatos tôn marturôn Iêsou; cf. 16:6; 18:24). Ahora la Babilonia, que embriagaba a todas las naciones con su vino enloquecedor (Jer 51:7; Ap 17:2; cf. 14:8; 16:19), se emborracha ella misma, pero no con vino sino con sangre. Este simbolismo incluye dos aspectos: el beber sangre, y el embriagarse con ella. Como ya vimos en la exposición de 16:3-6, el beber sangre era prohibido por el Código de Santidad y era especialmente repulsiva para los judíos (Lv 17:10-14; cf. Dt 12:23; Hch 15:20,29; 21:25). De ahí es sólo un paso a la idea de embriagarse con sangre. Según Isaías 49:26, un oráculo contra los opresores de Israel, el anuncio divino, “Haré que tus opresores… se embriaguen con su propia sangre como si fuera vino”, significa que se matarán unos a otros. Con mucho más frecuencia, curiosamente, son objetos impersonales que se emborrachan: las flechas de Yahvéh (Dt 32:42), su espada (Jer 46:10, contra Egipto; Is 34:5, bañada en sangre 34:6), la tierra (Is 34:7 BJ; “se empapa”; Jdt 6.4, sus montes se embriagarán y las aves (Ezq 39:18-19).

Podemos ver en esta grotesca característica de la ramera una denuncia de lo sanguinario que era el imperio romano en tiempos de Juan. Tácito, un contemporáneo de Juan, describió el imperio bajo Augusto como “una paz manchada de sangre” (Anales 1.10.4), y después narra la cruenta masacre de cristianos por Nerón (15:44). Arens y Mateos (2000:337-338) analizan la forma en que Juan “se atreve a desenmascarar la verdad ‘oficial’ del imperio”:

El lujo y la seguridad del Estado se fundamentan sobre el crimen y el derramamiento de sangre, pero esas “son las exigencias idolátricas del sistema económico” (Beale 1999:859). El bienestar del imperio tiene un alto costo, porque exige víctimas. La borrachera y la prostitución son imágenes fuertes para hablar del pecado de todo imperialismo, insensible (desde el poder o el placer) al dolor de las víctimas y embriagado de poder hasta sentirse dueño de los hombres. Todo se sacrifica ante ese culto, incluso la vida de las personas (18:13)… Lo que oficialmente se llama riqueza, lujo o prestigio y poder, para Juan era prostitución, injusticia, rebelión e idolatría que desafían al cielo. Son presencia y poder satánicos que se oponen al reino de Dios. El poder hace suyas las palabras de Tácito en boca de Agrícola: “siembran desolación y lo llaman paz”.

Pikaza (1999:197) observa que “Roma ha construido su poder y lo mantiene sobre un fundamento de antropofagia ritual: vive de la sangre de sus sometidos. La persecución de los cristianos es la punta de iceberg de un sistema universal de opresión y muerte”. En el mismo sentido, Bauckham (1993A:349) comenta que “igual que toda sociedad que absolutiza su propio poder y prosperidad, el imperio romano no podía existir sin víctimas”. Para Bauckam, el Apocalipsis es quizá la crítica más penetrante y profunda del imperio romano temprano.


César Vidal Manzanares
Lutero y la necesidad de la Reforma (14)
Lutero y su crítica a la jerarquíaEl descubrimiento de la salvación por la fe que hace Lutero va a tener consecuencias en su relación con la jerarquía eclesial de su tiempo.

 

Como vimos en la última entrega, la pregunta que se impone tras examinar el comentario de Lutero sobre Romanos es cómo podía conciliar esa visión que había encontrado en la Biblia –especialmente en Pablo– con el sistema teológico del catolicismo, especialmente a partir de su desarrollo durante la Edad Media.

 Poco puede dudarse de que la lectura del comentario sobre Romanos nos revela a un Lutero que no advertía contradicciones y que si ya cuestionaba el funcionamiento del sistema eclesial en el que vivía, todavía no dudaba de su legitimidad.

Lo que deseaba era que el papa y los obispos abandonaran su mal comportamiento –caracterizado por el ansia de poder y de riquezas– y se volvieran hacia el pueblo al que estaban obligados a atender entregándoles el Evangelio.

Denunciar esa situación era una obligación suya como profesor de la Palabra:

 Mi disgusto me impulsa a hablar y mi oficio me exige que lo haga. La enseñanza se entiende con mayor claridad cuando su relación con las circunstancias del tiempo presente son más claras. Debo cumplir con mi deber como profesor que realiza su trabajo con autoridad apostólica. Mi deber es hablar de lo que veo que sucede y que no es justo, incluso en las esferas más elevadas ” (WA 56, 480, 3-7)

Ese disgusto se extendía, por ejemplo, al comportamiento de pontífices como Julio II, gran mecenas renacentista y notable político, pero poco escrupuloso a la hora de imponerse mediante la guerra:

 “¡Eso no es pecado! ¡La caída escandalosa y total de toda la curia pontificia! Es el sumidero más repugnante de porquería de toda clase, de lujuria, de pompa, de avaricia, de ambición y de sacrilegio ” (WA 56, 480, 10 ss)

 Para Lutero –y en eso ni era original ni estaba solo– el poder temporal de la iglesia católica era raíz de no poco perjuicio espiritual , razón por la que sería más conveniente que los asuntos temporales dependieran de la administración:

 Los dirigentes eclesiásticos cultivan la extravagancia, la avaricia, la lujuria y la rivalidad. Resultaría mucho más seguro que los asuntos temporales del clero fueran colocados bajo el control del brazo secular ” (WA 56, 478, 30 ss)

 Pero donde ese tipo de conducta, tan apartada del Evangelio, resultaba más escandalosa era en lo tocante a las cuestiones espirituales.  Al comerciar con ellas, al pretender obtener un beneficio meramente económico, al desatender la predicación del Evangelio, se estaba apartando al pueblo llano del Cristo al que, precisamente por razón de su obligación, debían acercarlo:

 Tanto el Papa como el alto clero, que son tan liberales al garantizar indulgencias para el sostenimiento material de las iglesias, son más crédulos que la credulidad misma. Ni por el amor de Dios son igual – o más – solícitos a la hora de dedicarse a la gracia y al cuidado de las almas. Han recibido gratis todo lo que tienen y deberían darlo gratis. Pero se han corrompido y se han convertido en abominables en sus comportamientos” ( Salmo 14:1 ). Se han equivocado de camino y ahora están apartando al pueblo de Cristo del verdadero culto a Dios ” (WA 56, 417, 27 ss).

 A estas alturas –es importante incidir en ello– el pensamiento fundamental de Lutero estaba cuajado en sus líneas maestras.

 Por un lado, hallamos la preocupación porque se anuncie el Evangelio de la gracia de Dios , un Evangelio que anuncia la justificación por la fe en el sacrificio de Cristo en la cruz.

 Y, por otro, percibimos su inquietud ante la necesidad de reformar moralmente a una jerarquía que no cumple con sus obligaciones pastorales de comunicar el Evangelio porque se encuentra más preocupada por el poder humano y la acumulación de riquezas.

Esta visión de Lutero, sin embargo, no era vivida como algo incompatible con su permanencia en el seno de la iglesia católica y no puede extrañar que así fuera porque las críticas a las costumbres del clero o al comportamiento de los papas que encontramos en la época no pocas veces son mucho más aceradas.

A fin de cuentas, Erasmo de manera pública -¡y popular!– se permitió excluir de los cielos al papa Julio II en una de sus obras más jocosas.

 Continuará

Autores: César Vidal Manzanares

©Protestante Digital 2011

Pisotean los valores del Reino

Publicado: agosto 19, 2011 en Misión Integral

Juan Simarro Fernández
Retazos del evangelio a los pobres (XXXIII)
Pisotean los valores del Reino“Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces, enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos…”. Lucas, 14:21.

 

Muchas veces no nos damos cuenta de estos pasajes que nos hablan de que la ausencia de preocupación por los pobres de la tierra, la ausencia del deseo de justicia, del deseo de acogida de los pobres y de la falta de lucha por su liberación, es señal de que no avanzamos en la instauración del reino de Dios en la tierra.  La ausencia de preocupación por los pobres de la tierra, es una forma solapada de negar los valores del Reino, de pisarlos, de hollarlos con las plantas de nuestros pies.

Así, en un mundo donde se da una pobreza que abarca a más de media humanidad, se está produciendo una burda negación de los valores del Reino ante la pasividad y apatía de muchos que se llaman seguidores de Jesús. Se pisotean los valores del Reino ante la presencia de cruces, templos y sacristías… ante la práctica de alabanzas vanas que no llegan a los oídos de Dios.

Cuando contemplamos el mundo sumido en pobreza, las cifras que nos hablan de que el ochenta por ciento, en mayor o menor medida, está sumido en la pobreza hasta llegar a los hambrientos de la tierra; cuando vemos las grandes masas de población sin acceso a casi nada, como sobrantes humanos, deberíamos darnos cuenta que eso nos habla de la lejanía que existe de los valores del reino de Dios en la tierra. Un clamor por los valores y justicia del Reino nos llevaría al compromiso con los pobres.

La presencia de los pobres de la tierra, de los injustamente tratados, de los acumuladores del mundo y de los que hacen violencia con tanta injusticia y desigual redistribución de los bienes de la tierra entre todos, está anunciando que el reino de Dios y sus valores están siendo negados en la tierra, lanzados al sucio rincón de los olvidos. El laceramiento de los pobres está anunciando que tanta pobreza está frenando la instauración del reino de Dios en la tierra, que está avalando, de forma escandalosa, el “todavía no” del Reino, que los cristianos no están viviendo con autenticidad la espiritualidad cristiana, que su espiritualidad, al estar de espaldas a la liberación de los pobres y a los auténticos valores del Reino, es una espiritualidad vacía que frena el avance del Reino de Dios en el mundo.

 Es la tragedia del mundo hoy. La falta de cristianos que vivan los valores del Reino en la medida y dimensión que Jesús quiere que lo vivan sus seguidores, está dificultando el avance del Reino de Dios en la tierra, la evangelización… la autenticidad del cristianismo.  Las formas insolidarias de vivir el cristianismo van en contra del modelo de cristianismo que nos dejó Jesús. Las insolidaridad y el cristianismo vivido de espaldas al grito y a las angustias de los pobres, es un NO rotundo al avance del Reino de Dios en la tierra, es como pisar estos valores, pues nadie puede ser neutral.

El estar de espaldas a la realidad lacerante de los pobres, aunque nos rompamos las gargantas en gritos de alabanza insolidaria, están frenando la expansión de los valores del reino en el mundo, están negando fría e insolidariamente los valores que Jesús nos trajo, los están enterrando bajo tierra.

Mientras Dios está con los pobres de la tierra, en los lugares de conflicto, con esas poblaciones que parecen un sobrante humano sin acceso al trabajo ni a la correcta alimentación, mientras Dios sigue sufriendo con los pobres de la tierra e identificados con ellos, los valores del Reino que nos trajo Jesús están ahí aparcados por la insolidaridad con la que se vive el cristianismo.

 Los cristianos en el mundo hoy, en general, no están trabajando con intensidad por la extensión de los valores del Reino que son rehabilitadores de los pobres, liberadores y que hacen que los últimos pasen a ser los primeros.  Parece que las parábolas del Reino, con su trastoque de valores, no se conocen. Parece como si sus seguidores no fueran hijos del Padre que envió a Jesús para identificarse con los pobres y oprimidos de la tierra como muestra en su programa, su forma de vida, su enseñanza y sus estilos y prioridades.

La presencia de los pobres en el mundo, que son legión, el hecho de que la sima entre pobres cada vez más pobres y ricos cada vez más ricos sea hoy una realidad incontrovertible, ante el silencio de tantos cristianos recluidos en sus templos, muestra que el Reino de Dios no se está acercando al mundo, no se está acercando a los pobres. Pareciera que el avance del Reino está paralizado.

Los pobres, con su presencia en indigencia y pobreza, con su pérdida de dignidad robada, con su permanecer tirados y apaleados al lado del camino, están gritando que el Reino de Dios está siendo frenado y que sus valores no se están poniendo en práctica. Los pobres son el grito de Dios que anuncia que el Reino que irrumpe en nuestra historia con la figura de Jesús, está siendo olvidado, que sus valores no han calado en las mentes y en los corazones de aquellos que dicen ser los seguidores del Jesús, el instaurador del Reino de Dios con sus valores liberadores y dignificadores.

 Así, los pobres no son sólo el escándalo humano que anuncian un gran problema en la humanidad, no son solamente esa vergüenza humana que debería hacernos reaccionar, sino que los pobres son también un problema teológico  que están negando la presencia de los seguidores de Dios en el mundo, la autenticidad con que el Evangelio debería ser vivido. Son la luz roja que anuncia el incumplimiento en seriedad de los valores trastocadores del mundo que nos trajo Jesús.

Los pobres nos están gritando que no basta con el discurrir sobre Dios, con el alabar y hacer largas oraciones. Dios necesita ser puesto en práctica o, lo que es lo mismo, los valores del Reino deben ser rescatados para ser practicados de una manera prioritaria y viva. Mientras no sea así, nos quedaremos con un cristianismo de ritual, de sacristía y de cumplimientos que dejan al prójimo tirado al lado del camino. Los cristianos deberían ser la voz de los pobres. La voz que clama en el desierto, aunque su eco podría llegar a cambiar el mundo.

El cristianismo hoy necesita una reflexión profunda sobre los pobres, una reflexión que lleve a los cristianos a la práctica de la auténtica espiritualidad cristiana que no puede ser vivida fuera de los valores rehabilitadores y dignificadores del Reino. Así, el cristianismo, para acercar el Reino de Dios al mundo y no frenar su expansión entre todos los hombres de la tierra, necesita ser practicado siguiendo las líneas de los valores del Reino que irrumpen en el mundo con la figura de Jesús.

 El cristianismo es ético y práctico , debe ser vivido en compromiso con los pobres y débiles del mundo. Dios y los valores del Reino son la negación continua del presente doloroso e injusto de los pobres. Los cristianos deberían ser consecuentes con la creencia en un Dios que niega, sufre y se pone del lado de los pobres. Puede ocurrir que mientras los cristianos disfrutan y se gozan en las iglesias alabando insolidariamente, se estén alejando de la figura de un Dios sufriente que se identifica con el dolor de los pobres de la tierra, alejándose del Dios experto en sufrimiento, frenando así la expansión del Reino de Dios en la tierra. Debemos seguir a un Dios que grita negando la pobreza injusta… aunque nos cueste.

Autores: Juan Simarro Fernández

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