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No existió un Voltaire ateo

Publicado: septiembre 1, 2011 en Literatura

Juan Antonio Monroy

No existió un Voltaire ateoTratado sobre la tolerancia, por François-Marie Arout, más conocido como Voltaire. Ciro Ediciones, Madrid 2011, 168 páginas.

Tenía yo 24 años cuando entré en contacto con la literatura de Voltaire. Por entonces ejercía como pastor en la Iglesia Bíblica de Tánger. Algunos domingos veía sentado, casi siempre en bancos de última fila, a un hombre vestido descuidadamente, pelo largo, gafas de aumento, pantalones oscuros, camisa a cuadros. En los años sesenta lo habrían confundido con uno de los hippies seguidores de Herbert Marcuse o Timoteo Leary, los dos hombres que más contribuyeron a que jóvenes norteamericanos recorrieran caminos de la tierra con collares de flores adornando las gargantas y el pelo, creyendo en la utópica idea de cambiar el mundo.

Me hice amigo de aquél hombre. Resultó llamarse Paul-Ives Río. Periodista francés miembro de la Academia Musulmana Internacional y de la Academia del Mediterráneo de Roma. Muy inteligente. De ideas comunistas. En ocasiones paseábamos o nos sentábamos en un cafetín moruno para tomar té y hablar, hablar siempre, hablar mucho. Una de esas tardes me trajo el libro EDIPO, la primera tragedia que escribió Voltaire en 1718. Devoré el libro. Desde entonces he regalado a mi espíritu todo lo que he hallado escrito por Voltaire. Los tres tomos de su DICCIONARIO FILOSÓFICO, publicados por Ediciones Daimón, de Barcelona, en 1976, están cubiertos de subrayados y anotaciones mías en casi todas sus páginas.

Fue la Iglesia católica de su época la que adjudicó a Voltaire el calificativo de ateo. Y por ateo se le tiene hasta hoy. ¡Mentira! Voltaire fue anticlerical, pero no ateo. Escritores españoles como Juan Ramón Jiménez, Pío Baroja, Antonio Machado, Miguel de Unamuno y tantos otros que no comulgaban con las doctrinas del Vaticano, también fueron incluidos en el ateísmo, cuando en realidad eran creyentes anticlericales.

Cuantas veces he escrito sobre Voltaire, he expresado lo que creo: No fue un pensador ateo; fue un anticlerical militante y valiente. Nacido en París en noviembre de 1694, durante seis años, entre 1704 y 1710 fue alumno en el colegio jesuita “Louis le Grand”. Tras publicar un número considerable de libros, Voltaire colaboró con Diderot y D´Alembert en la por tantos conceptos famosa Enciclopedia francesa, cuyo primer volumen se publicó en julio de 1951. Me considero muy afortunado al tener en un lugar especial de mi Biblioteca los seis tomos de texto y 12 tomos de grabados, edición facsímil del original francés de la Enciclopedia.

En TRATADO SOBRE LA INTOLERANCIA Voltaire se pronuncia contra todas las formas de intolerancia. Es duro con la ejercida desde las alturas por la Iglesia católica. Crítico con palabras razonadas por la intolerancia de los jesuitas en Japón, que dio origen a una guerra civil. Para Voltaire, “es una impiedad quitar, en materia de religión, la libertad a los hombres, impedir que elijan una divinidad”.

Para fundamentar sus opiniones recurre a algunos de los llamados padres de la Iglesia, prominentes figuras cristianas de los primeros cinco siglos: “La religión forzada no es ya religión: hay que persuadir, no coaccionar” (Luctancio). “Es una herejía execrable querer ganarse por la fuerza, por los golpes, por los encarcelamientos, a quienes no se ha podido convencer mediante la razón”. (Atanasio).

Sigue Voltaire afirmando que no se necesita un gran arte, ni una elocuencia rebuscada, para demostrar que los cristianos deben tolerarse los unos a los otros. Argumenta: “¿No somos todos hijos del mismo Padre y criaturas del mismo Dios?”.

Metido en el Nuevo Testamento, el filósofo ve “muy pocos pasajes en los Evangelios de los que el espíritu de persecución haya podido inferir que son legítimas la intolerancia y la coacción”. Jesucristo –dice- predica la dulzura, la paciencia, la indulgencia”. Las diferencias de criterios entre Pedro y Pablo Voltaire las interpreta como un ejemplo de tolerancia. Hubo entre ellos un tema de disputa violenta, porque se trataba de saber si los nuevos cristianos procedentes del mundo gentil debían someterse a la circuncisión o no. En otros casos tales diferencias habrían provocado un cisma. Pero –razona Voltaire- “la caridad no resultó herida, la paz se mantuvo. ¡Qué mayor lección para que nos toleremos en nuestras disputas y nos humillemos en todo aquello que no entendemos!”.

Llegado a este punto dejo a un lado todas las notas que preparé de antemano para la redacción de este artículo. El espacio que resta en esta escritura quiero que lo ocupe la plegaria que Voltaire eleva a Dios en uno de los capítulos finales del libro. Jamás he leído nada parecido de un autor católico o protestante. Así se expresa el tan denostado filósofo francés:
“Ya no es, pues, a los hombres a los que me dirijo; es a ti, Dios de todos los seres, de todos los mundos y de todos los tiempos: si está permitido a débiles criaturas perdidas en la inmensidad, imperceptibles para el resto del universo, osar pedirte algo, a ti que has dado todo, a ti cuyos decretos son tan inmutables como eternos, dígnate mirar en tu piedad los errores unidos a nuestra naturaleza; que esos errores no provoquen nuestras calamidades.
Tú no nos has dado un corazón para odiarnos, ni unas manos para degollarnos; haz que nos ayudemos mutuamente a soportar el fardo de una vida penosa y pasajera; que las pequeñas diferencias entre las ropas que cubren nuestros débiles cuerpos, entre todos nuestros insuficientes lenguajes, entre todas nuestras ridículas costumbres, entre todas nuestras imperfectas leyes, entre todas nuestras insensatas opiniones, entre todas nuestras situaciones tan desproporcionadas a nuestros ojos, y tan iguales ante ti; que todos estos pequeños matices que distinguen los átomos llamados hombres no sean signos de odio y de persecución; que los que encienden cirios en pleno mediodía para celebrarte soporten a los que se contentan con la luz de tu sol; que los que cubren su ropa con una tela blanca para decir que hay que amarte no detesten a los que dicen lo mismo bajo una capa de lana negra; que sea lo mismo adorarte en una jerga formada por una antigua lengua, o en una jerga más nueva; que aquellos cuya vestidura está teñida de rojo o de violeta, que dominan sobre una pequeña parcela de un montoncito de barro de este mundo, y que poseen algunos fragmentos redondeados de cierto metal, gocen sin orgullo de lo que ellos llaman grandeza y riqueza , y que los otros los miren sin envidia: porque tú sabes que en esas vanidades no hay nada que envidiar ni de que enorgullecerse.
¡Ojalá todos los hombres recuerden que son hermanos! ¡Que sientan horror por la tiranía ejercida sobre las almas, como detestan el bandolerismo que roba por la fuerza el fruto del trabajo y de la industria pacífica! Si los azotes de la guerra son inevitables, no nos odiemos, no nos desgarremos los unos a los otros en el seno de la paz, y empleemos el instante de nuestra existencia en bendecir por igual, en mil lenguas diversas, desde Siam hasta California, tu bondad que nos has dado este instante”.

Si después de leer ese texto alguien sigue pensando que Voltaire fue filósofo ateo, mal anda la salud de su alma.

Autores:Juan Antonio Monroy

©Protestante Digital 2011


by Ben Sternke

Post image for Do You Want to Learn How to Make Disciples?In our process of planting a network of missional communities, we’ve discovered that discipleship is an absolutely essential foundation to have in place if you want to see any fruit in terms of mission. Through our friends at 3DM, we’ve been learning how to build a discipling culture that is radically reproducible and leads to what Jesus called “fruit that lasts.”Through this process, here are a few things I have come to believe:

  • You can’t teach people into missional living, you have to disciple them into it, like Jesus did.
  • If you disciple people like Jesus did, it almost automatically leads to mission. It fundamentally changes the whole direction of people’s lives.
  • Making disciples is what Jesus told us to do. If you don’t know how to do this, your ministry won’t be producing kingdom fruit, no matter how “successful” you appear to be in terms of attendance at meetings or money in the bank.
  • You can’t take people where you’ve never been. If you’ve never been discipled into discipling people to disciple people, it is nearly impossible to create ex nihilo a community that can do that.
  • The church in the West is faltering because of a massive lack of intentional discipleship.

Which means that for you as a leader, the whole issue starts and ends with your own discipleship. Sadly, most of us have never been discipled into making disciples the way Jesus did.

If you find yourself in that boat, I want to make you aware of an opportunity.

In the next few weeks, I will be starting a few Coaching Huddles. They’ll be focused on helping you establish a discipling culture in your ministry context. We’ll be working with 3DM’s memorable and reproducible tools, practices, and skills for imitating the life and ministry of Jesus and discipling others to do the same. Each Huddle will have up to 5 people in it and we’ll meet for a period of 9-12 months. The Huddle will happen weekly on a conference call, and you will have access to me outside of the Huddle calls. (If there is enough interest in Fort Wayne, too, one of these Huddles could be local).

Many people are becoming more familiar with Huddles as they have been used by Mike Breen and 3DM, and this discipleship vehicle has produced some amazing fruit in my own life and many others that I know. Huddles are certainly not the only way to disciple people like Jesus, but they are the best vehicle I’ve come across for producing people that increasingly look more like Jesus and are able to do the things that Jesus did.

These Huddles come with a high commitment level:

  • You schedule other things around it. You get the most out of this if you commit to showing up every single week.
  • We take accountability seriously. At the conclusion of each Huddle you will be able to answer two questions: 1) What is God saying to me? 2) What am I going to do about it? There is no growth in the kingdom without action.
  • It will cost you financially. $100 a month, to be exact. I am doing this as a multi-vocational church planter, so your financial investment will not only help me feed my family, but it will go toward our mission of discipling people who can’t afford to invest financially and establishing missional communities in Fort Wayne and eventually all over the Midwest.
  • You will start a Huddle of your own. I’m assuming from the beginning that you’re going to grow a lot, both personally and in your ability to disciple people. Sometime during our 9-12 months together, you will be expected to start a Huddle of your own, because part of being a disciple of Christ is making disciples of Christ.

If that sounds like something you’re interested in, contact me ASAP and let me know why you’d like to be in one of these Huddles and what you’re hoping to get out of it.


Doug Paul

 

Before arriving to the central point of this post, allow me to recap some of the things I’ve been talking about in the past few months. As I see it, here are some of the enormous hurdles facing church planters as they are planting in the current landscape of things:

  • Many church planters are attempting to plant types of churches that are vastly different than any church they’ve seen or been a part of before. We use words like movemental, decentralized, discipleship-oriented, empowering, lightweight/low maintenance, gathering is a time to bring together the scattered pieces of the community so we can scatter again. The hurdle: Doing this requires a skillset that next to none of us have because there are next to no people who have done this and almost all of us have grown up in a different paradigm of church. Furthermore, even if we can find coaches who have done it, it’s still crazy hard because we’re trying to do something beyond our reigning paradigm that we’ve never experienced for any lasting period of time. It’s easy and fun to talk about the theory of all of this stuff. But at the end of the day, don’t we actually need to know how to do it? For instance, it’s one thing to read about a Missional Community or be coached by someone who’s led them…but I’d contend the learning curve is a Mount Everest of steep if you’re launching Missional Communities and you’ve never been in one yourself for at least a year where you’ve seen it start, grow, disciple people, see people come to faith and multiply. Church planting can be a volatile environment for learning something this hard when you’re starting from square one. Now I’m not suggesting it can’t be done without experiencing it first. Clearly every movement in history, at some point, did not exist. But I’m suggesting for a movement to grow and flourish it needs to be easily reproducible. This barrier of paradigm, training and experience is a monumental barrier to that flourishing on the wider scale of things.
  • I would contend that most church planters have never been discipled before. I have this running theory that the vast majority (I’d guesstimate it at 95%) of people age 40 and younger who grew up in the church have never been discipled in the way that the New Testament and every missional/discipling movement would qualify discipleship…and that includes pastors. There are two big problems here: First, Jesus cares first and foremost about our own discipleship. He cares more about us than he does about what we can do for his Kingdom. He doesn’t really need us to accomplish his purposes, though obviously he prefers it. Second, how are we going to be able to disciple someone if we’ve never been discipled yourself? We can’t take people to the places we haven’t been ourselves.
  • The financial stress cannot be overstated when you combine the two things above with the reality that church planters have to feed their families. Raising support, at least for most, isn’t a viable long term option. You can start the church that way, but eventually, most people’s support will dry up. Obviously bi-vocational is a great possibility, but to be honest, most church planters are trained to do one thing and one thing only: pastoring. That’s their skillset. So bi-vocational can be incredibly difficult (this is another post for another time, but we’ve started to work on some really exciting things for this). It’s difficult because it puts most bi-vocational planters in a position where the job has very little flexibility or pays peanuts (or both). This leaves church planters in a precarious position because they need the church to grow and prosper financially, which means they need more people…but in order to get more people they need to know how to disciple people (and they’ve never been discipled) and grow a new kind of church (which they’ve never really seen or been adequately trained to grow). That’s quite the Catch-22, isn’t?! Can you start to see how all of this puts church planters and their families on the precipice of a nervous breakdown? (not to mention a possible financial one)
It seems to me, from where I sit, that more and more church planters want to plant these kinds of churches; churches that can flourish in post-Christendom and embrace all of the ancient practices of discipleship and mission. We’re seeing that the future is found in a kind of return to the past. I would say many of them feel as if the Lord has spoken something deep inside of them to plant this kind of church. But for the reasons listed above, many will default back to the hierarchical, centralized, Sunday-centric attractional church model they know rather than sticking with it. And who can blame them? Their primary responsibility is to care for their own family! We cannot ask people to sacrifice their family on the altar of ministry. Clearly this isn’t what Jesus is after.In short, we need to address some of these massive gaps or we simply won’t be providing a way forward for scores and scores of church planters who long to be faithful, but need the means by which to do so. They need it financially, spiritually, relationally and from a training/experience perspective. 

In other words, we must radically re-imagine the way we are training and resourcing our church planters. In my next post I’ll throw out some of the practical ideas I’ve been kicking around with some people and where I believe all of this is going. Stay tuned.

 

http://dougpaulblog.com/


César Vidal Manzanares
Lutero y la necesidad de la Reforma (16)
Gálatas: Pablo/Pedro, Lutero/PapaVimos la pasada semana vimos que la afirmación de Pablo en la carta a los Gálatas resultaba tajante: la salvación se recibe por la fe en el mesías y no por las obras.

 

Este primer escrito del apóstol Pablo, la carta a los Gálatas, fue redactada en un momento de especial relevancia en que los no-judíos comenzaban a afluir al seno del cristianismo en número creciente. La cuestión de fondo que se planteaba era si debían convertirse en judíos –cumpliendo rigurosamente la Ley para ser cristianos o si su incorporación a Cristo podía darse de forma inmediata. El apóstol Pedro y Bernabé, posiblemente en un deseo de no provocar críticas entre los judíos que creían en Jesús como mesías, habían optado por aparentar plegarse a la primera hipótesis lo que, de manera inmediata, había provocado una reacción pública de reprensión por parte de Pablo:

“… cuando vi que no caminaban correctamente de acuerdo con la verdad del evangelio dije a Pedro delante de todos: ¿porqué obligas a los gentiles a judaizar cuando tu, pese a ser judío, vives como los gentiles y no como un judío? Nosotros, que hemos nacido judíos, y no somos pecadores gentiles, sabemos que el hombre no es justificado por las obras de la ley sino por la fe en Jesús el mesías y hemos creído asimismo en Jesús el mesías a fin de ser justificados por la fe en el mesías y no por las obras de la ley ya que por las obras de la ley nadie será justificado ” ( Gálatas 2:14-16 )

El enfrentamiento de Pablo con Pedro se produjo ante toda la iglesia de Antioquia y quedó definido en unos términos indudablemente claros. La salvación no era algo que pudiera comprarse, adquirirse, merecerse por las obras. No, por el contrario, se trataba de un regalo de Dios y ese regalo de Dios sólo podía ser recibido mediante la fe , una fe en que Jesús era el mesías y había muerto expiatoriamente en la cruz para la salvación del género humano.

Y afirma que no sólo había sido aceptada previamente por los personajes más relevantes del cristianismo primitivo sino que incluso podía retrotraerse a las enseñanzas de Jesús.

Con todo, obligaba a plantearse algunas cuestiones de no escasa importancia. En primer lugar, si era tan obvio que la salvación derivaba sólo de la gracia de Dios y no de las obras ¿porqué no existían precedentes de esta enseñanza en el Antiguo Testamento? ¿No sería más bien que Jesús, sus discípulos más cercanos y el propio Pablo estaban rompiendo con el mensaje veterotestamentario?

La pasada semana vimos que e l argumento de Pablo es de una enorme solidez porque muestra que más de cuatro siglos antes de la ley mosaica e incluso antes de imponer la marca de la circuncisión, Dios había justificado a Abraham por la fe y le había prometido bendecirle no a él sólo sino a toda la Humanidad mediante un descendiente suyo.

Ahora bien, la pregunta que surge entonces resulta obligada. Si la salvación se puede obtener por creer y no deriva de las obras ¿por qué había entregado Dios la ley a Israel?

La respuesta de Pablo resultaba, una vez más, de una enorme concisión y, a la vez, contundencia:

Entonces ¿para qué sirve la ley? Fue añadida por causa de las transgresiones hasta que viniese la descendencia  a la que se había hecho la promesa… antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, recluidos en espera de aquella fe que tenía que ser revelada de tal manera que la ley ha sido nuestro ayo para llevarnos hasta el mesías, para que fuéramos justificados por la fe, pero llegada la fe, ya no estamos bajo ayo , pues todos sois hijos de Dios por la fe en Jesús el mesías ” ( 3:19-26 )
(La negrita es nuestra)

También digo que mientras el heredero es niño no se diferencia en nada de un esclavo aunque sea señor de todo. Por el contrario, se encuentra sometido a tutores y cuidadores hasta que llegue el tiempo señalado por su padre. Lo mismo nos sucedía a nosotros cuando eramos niños: estábamos sometidos a la esclavitud de acuerdo con los rudimentos del mundo. Sin embargo, cuando llegó el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos ” ( 4:1-5 )

Para Pablo, resultaba innegable que la ley de Moisés ciertamente era de origen divino y, por supuesto, tenía un papel en los planes salvadores de Dios. Sin embargo, ese papel era cronológicamente limitado extendiéndose desde su entrega en el Sinaí hasta la llegada del mesías.

También era limitado su papel en términos espirituales. Fundamentalmente, la ley cumplía una misión, no la de servir de instrumento de salvación, sino la de preparar a las personas para reconocer al mesías. Igual que el esclavo denominado por los griegos paidagogos ( ayo) acompañaba a los niños a la escuela, pero carecía de papel una vez que éstos llegaban al estado adulto, la ley mosaica servía para mostrar a los hombres que el camino de la salvación no se podía encontrar en las obras sino en la fe en el mesías.

De hecho, intentar encontrar la justificación no por la fe sino por las obras de la Ley no sería sino una recaída en la esclavitud espiritual:

Por lo tanto, permaneced firmes en la libertad con que el mesías nos liberó  y no os sujetéis de nuevo al yugo de la esclavitud… del mesías os desligasteis los que os justificáis por la ley, de la gracia habéis caído… porque en el mesías Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión tienen valor sino la fe que actúa mediante el amor… porque vosotros, hermanos, fuisteis llamados a la libertad sólo que no debéis usar la libertad como excusa para la carne, sino que debéis serviros los unos a los otros por amor ya que toda la ley se cumple en esta sola frase: Amarás a tu prójimo como a ti mismo ” ( 5:1, 6, 13-14 )

El esquema teológico expuesto por Pablo en la carta a los Gálatas debió resultar especialmente atractivo al profesor Lutero e –insistimos en ello– seguramente ahí deberíamos buscar la clave para la elección del tema en sus lecciones de teología.

Lutero podía trazar con relativa facilidad paralelos entre el apóstol Pedro que, puntualmente, se había desviado de la verdad por razones humanas y una jerarquía presidida por el obispo de Roma al que se consideraba sucesor del mismo Pedro que, de manera continua, se dejaba arrastrar por comportamientos indignos. Igualmente, de la misma forma que Pablo había reprendido en público a Pedro insistiendo en que debía anunciar el Evangelio de la justificación por la fe, era lícito señalar a las autoridades eclesiásticas su deber de proclamar ese Evangelio al pueblo de Dios.

Cuando se capta esta perspectiva, resulta considerablemente fácil comprender todo lo que sucedería en los años siguientes con un catedrático de teología llamado Martin Lutero.

Continuará: La disputa sobre las indulgencias

Autores:César Vidal Manzanares

©Protestante Digital 2011

¿Quiénes son los pobres felices?

Publicado: septiembre 1, 2011 en Misión Integral

Juan Simarro Fernández
Retazos del evangelio a los pobres (XXXV)
¿Quiénes son los pobres felices?¿Quiénes son los pobres felices?“Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios”. Lucas 6:20. “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”. Mateo 5:3.

 

Si comparamos esta bienaventuranza en la visión de Lucas y en la de Mateo, vemos que en Mateo la bienaventuranza está más dulcificada, con un tono más espiritualista que en la versión de Lucas que es más realista y parece que está criticando más directamente a los que detentan la riqueza material, a los seguidores del dios Mamón.

Se puede decir que la versión de Lucas, adoptando el tono corto y seco de “bienaventurados los pobres”, se sitúa más cerca de los pobres de la tierra, de los despojados, de los oprimidos y de aquellos que son marginados y no les queda sitio en la sociedad. Mateo, quizás al escribir a los judíos con una ética del cumplimiento de las jotas y las tildes de la ley, ve la necesidad de subrayar, de una manera más fuerte, una vertiente espiritual.

Sin embargo, no están lejos el uno del otro en la versión que cada uno hace de la bienaventuranza o sentencia de Jesús. Yo creo que si analizamos con seriedad, es imposible ser pobre de espíritu y estar apegados a la riqueza , estar presas de las acumulaciones que desequilibran el mundo y empobrecen a más de media humanidad. Me cuesta trabajo creer que a alguien se le pueda llamar con seriedad pobre de espíritu, mientras sigue agrandando sus graneros, mientras deja las mesas de los pobres vacías.

Por todo esto, no me cabe duda que la bienaventuranza está dedicada especialmente a los humildes, los económicamente pobres, los oprimidos, los que están en desamparo, los despojados de dignidad y de hacienda, los que se quedan tirados al lado del camino. Es posible que la versión de la bienaventuranza que da Lucas esté menos mediatizada, responda mejor al original de la expresión de Jesús. Lo que puede ocurrir es que se mire más a la de Mateo “pobres de espíritu”, por el deseo que muchos ricos tienen de compatibilizar la riqueza material con la espiritual. El deseo de los que desean tener todo en la tierra y todo en el cielo. Esto choca con los valores del Evangelio.

Por otra parte, cuando se dedica la bienaventuranza a los pobres de la tierra, tampoco debemos a ensalzar la pobreza como cauce de salvación . La pobreza en sí no puede ser buena en ningún caso ni deseada. Es el resultado del egoísmo de los acumuladores, de la avaricia, de la falta de projimidad. Es producto del pecado de unos contra otros, es producto del despojo, del robo, de los desequilibrios que se dan en la naturaleza a causa del pecado. La pobreza es el resultado del pecado de unos contra otros.

Sin embargo, en la Biblia se observa un corazón especial de Dios para con los pobres. Es en este sentido que se puede afirmar que Dios es parcial con los pobres. Éstos están en el centro del corazón de Dios. Sin embargo, no me cabe duda que los pobres también necesitan arrepentirse para entrar en el reino. Lo que sí se muestra en la Biblia es que el pobre está más predispuesto a obedecer el llamamiento de Dios. En el banquete del Reino, cuando muchos de los ricos e integrados del mundo se niegan a acudir al banquete y Dios, en su lugar, llama a los pobres y tullidos de la tierra, éstos no se niegan a acercarse al banquete del Reino. En el banquete del Reino Dios recoge a los pobres y sufrientes de todos los lugares del planeta.

Por otra parte, en la Biblia, los pobres son un reto para la fe de los que se llaman seguidores del Maestro.  Esta es la línea que yo más trabajo en mis escritos. Con la actitud, con la insolidaridad o solidaridad que adoptemos ante los pobres, todos nos estamos jugando nuestro futuro al lado o separados de Dios. En algunos textos de teología católica he leído la expresión: “Los pobres nos evangelizan”. Están haciendo alusión a que los pobres son una gran oportunidad que Dios ha puesto ante los creyentes integrados para que muestren la fuerza y la vida de su fe. Se ofrecen como oportunidad a los integrados para que puedan cumplir con la afirmación de Dios de que el amor a Dios y al prójimo están en relación de semejanza.

Por tanto, los pobres en la Biblia y en la consideración de Dios ocupan un lugar especial y Dios se decanta por la defensa del pobre, del oprimido y del sufriente. Si el que se llama cristiano no sigue esta línea bíblica, es imposible que pueda vivir en integridad la espiritualidad cristiana. Tantos en el mundo han pecado contra los pobres practicando el despojo y la acumulación, que Dios, en su sensibilidad, les dedica la bienaventuranza. Les promete la felicidad del Reino.

Dios no puede estar indiferente ante la injusticia que empobrece a más de media humanidad y, por ello, se pone del lado de los pobres. Así, como sus señas de identidad a la pregunta de Juan el Bautista por si Él era el Mesías, responde: “A los pobres es predicado el Evangelio”, frase esencial para el tema que estamos tratando del Evangelio a los pobres. Dios siempre se pone del lado de los pobres y oprimidos del mundo, de los humildes, de los que sirven y no de los que mandan y ejercen la violencia del poder político o económico.

El corazón de Dios late al lado del de los pobres. Así, no me cabe duda de que a Dios se le encuentra de una manera muy especial entre los pobres de la tierra, en los focos de pobreza y allí donde se abusa de los trabajadores y se les oprime. Jesús ofrece la felicidad, la bienaventuranza y el disfrute del Reino a los pobres de este mundo. Aunque no sólo a ellos, si lo hace de una forma muy específica, siendo éstos el único colectivo específico nombrado como destinatario del su Evangelio. Jesús se considera enviado para dar buenas nuevas a los pobres, siguiendo un texto de Isaías en donde no cabe duda de que se está hablando de la pobreza real contra la que clamaban los profetas. Por tanto, no nos extraña la primera bienaventuranza de Jesús: “Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios”.

Sin embargo, la pobreza es bíblicamente algo condenable, una violencia a la que se condena al prójimo. La bienaventuranza no puede considerarse como un consuelo que adormece la sensibilidad de los pobres y permite la indiferencia de los ricos  e integrados en el sistema de riqueza del mundo. La pobreza debe de atacarse, buscar sus causas y comprometerse con aquellos que padecen las consecuencias de una pobreza creada por la insolidaridad, el egoísmo y la injusticia de muchos. Los pobres y Dios mismo nos llaman a aceptar del reto de la práctica de la misericordia y de la projimidad. Los pobres son una llamada del pueblo de Dios a la práctica de la justicia y de la misericordia. Quizás sea así como algunos piensan que nos evangelizan.

Señor: ayúdanos a comprender esta sentencia de felicidad a los pobres y te pedimos que tú nos ayudes a aceptar el reto de compromiso tan grande con la pobreza que supone tu Evangelio que, siendo para todos, se muestra de una manera tan especial para los pobres de la tierra invitándonos al servicio y a la práctica de la projimidad… porque la pobreza no es sólo una fatalidad natural, sino un escándalo humano que mueve y afecta muy especialmente a la sensibilidad de Dios mismo.

Autores:Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2011


José de Segovia  Barrón
Fernández Santos, en brazos de la Vieja Dama
La obra de este escritor español es un hondo testimonio humano de desesperanza. Sin embargo, conoció bien el cristianismo evangélico, sin saber si esto le puso en contacto con el mensaje bíblico, o todo lo contrario (*).

 

La madrugada del día 2 de junio de 1988 leía en mi cama el último libro de un escritor especialmente querido para mí: la Balada de amor y soledad  de Jesús Fernández Santos. Aquella misma noche la Vieja Dama de la que tanto escribió, “la que no tiene nombre”, se le llevó para siempre. Por lo que no pude evitar recordar aquel día que le conocí: una fría mañana de invierno, en su casa, al lado del madrileño paseo de la Castellana… Era entonces casi un crío, y hacía una revista literaria llamada Aura , con estudiantes de bachillerato de diferentes institutos de Madrid, que vendíamos al lado de la tradicional Cuesta de Moyano. Allí publiqué mi primer artículo, nada menos que sobre la Praga del 68 y la llamada Carta 77  de los intelectuales checos disidentes, a la vez que un breve comentario sobre mi héroe de adolescencia: Hemingway. Y fue en el último número de aquella revista donde apareció una entrevista que le hice a Fernández Santos en el salón de su piso, compitiendo su voz con el ruido de la máquina de escribir eléctrica, que aquella mañana arreglaba un técnico en su casa.

Jesús Fernández Santos había nacido en Madrid en 1926. Su madre murió cuando tenía apenas año y medio.  Fue al mismo colegio de mi padre, la famosa escuela de los Maristas de la calle Fuencarral, y, como él, vivió toda su infancia en el barrio de Chamberí, entre la soledad de su casa e interminables sesiones de cine. Con la guerra civil, sería evacuado Fernández Santos a Segovia, escenario que luego recreará en muchas de sus novelas. Curiosamente la guerra también le sorprende en la conocida colonia de verano de San Rafael, en el Guadarrama, donde yo mismo pasé de niño muchas de las tradicionales vacaciones estivales.

Al volver a Madrid, su padre morirá de repente. El mundo infantil se desvanece entonces bruscamente, para comenzar una nueva etapa que culminará con su paso por la Universidad durante los años cuarenta. Allí conocerá a Ignacio Aldecoa, que venía de Salamanca, Sánchez Ferlosio, Medardo Fraile y Carmen Martín Gaite, estudiando Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid. En aquella época empieza a dirigir también teatro universitario, representando obras de Tennessee Williams y de uno de sus autores favoritos, Eugene O’Neil.

Pero será el cine el que atraiga de modo especial a Fernández Santos . En la Escuela conocerá a directores como Carlos Saura, y hará sus primeros cortos. La mayor parte de su obra cinematográfica es de carácter exclusivamente documental, rodada mucha de ella para TVE. De hecho sólo hizo un largometraje, Llegar a Más , basado en uno de sus cuentos, que le costó cuatro años (1960-1964) y que fue un absoluto desastre comercial.

NI REALISTA, NI SOCIAL
Al dejar la Universidad, Ferlosio, Sastre y Aldecoa fundan Revista Española  (1953-1955), una publicación para autores jóvenes, financiada por un curioso mecenas llamado Rodríguez Moñino. Aunque no editó más de seis números, sirvió para dar a conocer los primeros cuentos de esta nueva generación de los años cincuenta, que se ha dado en llamar del “realismo social”. Aunque la mayor parte de esos narradores siempre consideraron que su literatura no era ni realista ni social.

Era la época del Café Gijón y las interminables tertulias, a las que, por otra parte, Fernández Santos no dejó de asistir a la hora de la sobremesa, toda su vida. El año 1954 publicará la editorial Castalia su primera novela, Los Bravos , que ya había aparecido como folletón en la revista Ateneo . En aquel tiempo, editar en España, “para un escritor joven y desconocido era prácticamente imposible. Vivían aún Azorín y Baroja y los editores se hallaban acostumbrados a sus nombres.”

Los Bravos es la historia de las grandezas y miserias de un pequeño pueblo de León, en las montañas lindantes con Asturias. La novela carece de protagonista principal, y utiliza una técnica de construcción de acciones paralelas y simultáneas. La obra fue particularmente bien acogida por la crítica literaria. También de ambiente rural, en este caso en la provincia de Segovia, es su segundo libro En la hoguera  (1957), que tendrá el primero de una larga serie de premios que acompañarán toda su carrera literaria.

Tras el estreno de su famoso documental sobre Goya ( España 1800 ), se publica su primera colección de cuentos: Cabeza rapada . Una descripción dantesca de la España de posguerra, en la que el hambre lleva a la muerte al niño protagonista de la narración que da título al libro.

SOBRE EL TIEMPO Y LA FUTILIDAD
La década de los sesenta va a suponer, para Fernández Santos, el nacimiento de una literatura fuertemente intimista. Laberintos  (1964) muestra el absurdo existencial de un grupo de artistas jóvenes que pasan unos días de vacaciones en un capital de provincias, en medio de un profundo tedio, que lleva al protagonista a buscar refugio en el abismo de su memoria.

“El hombre de los santos” recibirá el prestigioso Premio de la Crítica en 1969. Se trata de una singular novela basada en el análisis psicológico de un restaurador de arte que recorre los mismos caminos que Fernández Santos al hacer su serie de documentales sobre arte. La obra marca una clara línea divisoria que introduce un estilo mucho más renovador y personal, que va a caracterizar toda su prosa. En ese sentido hace Las catedrales  (1970), una novela en cuatro partes, sin otra relación que el escenario común de la monumental iglesia.

Ese mismo estilo fragmentado presentan las narraciones en torno al parque madrileño de El Retiro, Paraíso encerrado  (1973) , que ahonda más en los contrastes del tiempo y la Historia. Cuatro años después publicará el libro que ha sido considerado por muchos críticos como su obra maestra: La que no tiene nombre  (1977); otra serie de historias con el escenario común de la montaña de León, en sus límites con Asturias, donde ya desarrolló Los Bravos . El episodio histórico se sitúa en un tiempo todavía más lejano, la Edad Media, recreando la tragedia de una mujer que realmente combatió con los Reyes Católicos, siendo asesinada por otros caballeros que envidiaban su posición. La narración más actual se refiere a un pueblo en el que no quedan más que dos habitantes, que se resisten a abandonarlo, esperando la muerte y recordando la guerra. Todo ello en medio de un lirismo, una tensión contenida y una riqueza de lenguaje difícilmente comparable, en que la muerte es el principal protagonista.

MEMORIAS PROTESTANTES
Poco se podían imaginar aquellos evangélicos españoles que aquel hombre alto con gafas que asistía a sus iglesias, iba a describirlos de la forma cómo lo hace en el Libro de la memoria de las cosas , Premio Nadal 1971. En uno de sus viajes, Fernández Santos descubre unas tumbas en medio del campo de protestantes españoles, lo que le lleva a investigar la fe y la situación de discriminación de una minoría religiosa como es la evangélica en nuestro país. Visitará sus cultos, entierros y actos públicos, especialmente de las llamadas Asambleas de Hermanos. Misioneros, ancianos y conocidos predicadores aparecen en sus páginas con los nombres ligeramente transformados.

Los personajes fundamentales del libro son dos hermanas solteras, hijas de un “anciano” de una iglesia rural. Se trata de un retrato intimista bastante oscuro, en que la soledad y la frustración sexual se mezclan con las grandezas y miserias de esta pequeña comunidad. Fernández Santos resalta la grandeza del poder de la fe en una Iglesia perseguida, tanto como las miserias del legalismo religioso, hipocresía y excesos de la disciplina eclesiástica.  Acontecimientos reales, como el Congreso Evangélico de Barcelona, son narrados en la novela con todo detalle.

La intención del autor no podía ser mejor: “A mí personalmente no me gustan las vallas ni los muros, nada, en resumen, que separe a unos hombres de los otros, y me preguntaba cuánto tardaría aún esa tapia en caer” –en referencia al muro que separaba al cementerio civil del llamado “campo santo”, símbolo que utiliza en una de las escenas más poderosas del libro, que incluye la predicación en un entierro evangélico–. “Como yo soy narrador, quise hacer, y acabé haciendo, una novela, contada desde el lugar justo de esa misma valla, ni más allá ni más acá, desde la huella que dejará en la tierra un día, ese día que como tantos otros muros en España quede borrada y demolida y, lo que es más importante, definitivamente olvidada” ( Jesús Fernández Santos , Jorge Rodríguez Padrón. Ministerio de Cultura, 1982, pág. 28).

La reacción de los evangélicos, sin embargo, no pudo ser peor. Recuerdo cómo el autor me enseñó una de las muchas cartas que recibió, como protesta, de un conocido dirigente evangélico español. También me enseñó en aquella entrevista el libro de actas del consejo de aquella Asamblea de Hermanos, del que había transcrito literalmente los procesos y actas de excomunión narrados en la novela. Nada había, por lo tanto, de exageración, como pude comprobar personalmente en aquella ocasión. El lenguaje refleja muy bien el argot propio de este tipo de comunidades, y el drama de la chica protagonista se sigue repitiendo, desgraciadamente, todavía hoy.

LOS EXTRAMUROS DE LA INTRAHISTORIA
Pero no será hasta el año 1978 que Fernández Santos tiene verdadero éxito comercial. Extramuros  representa además el inicio de una nueva etapa en la obra literaria del autor, marcada por lo que se ha dado en llamar “intrahistoria”  –la reflexión histórica centrada en la vida psicológica cotidiana de aquellos que rara vez son protagonistas de la Historia, en mayúsculas–.

Extramuros , y la posterior película, tenían todos los ingredientes necesarios para ser un escándalo que atrajera la atención del gran público: una historia de amor lesbiano entre monjas heterodoxas, que inventan un falso milagro para salvar su convento de la ruina, en la España de los Austrias.

Al año siguiente publica una nueva colección de cuentos, A orillas de una Vieja Dama . Una serie de historias del Madrid de hoy, que incluyen las mañanas del Rastro, el mundo de los pubs , las primeras huelgas y elecciones, y una narración sobre la infancia de Picasso ( Pablo en el umbral ). En aquella época es también asiduo colaborador de opinión del diario El País , con artículos de viajes en la línea de Europa y algo más  (1977).

Continúa haciendo novela de la “intrahistoria” con Cabrera (1981), en el personaje de un niño en el campo de concentración napoleónico que fue esta isla. Luego recreará la vida de El Greco en El Griego  (1985), publicará una obra menor como Jaque a la Dama  (1982), un cuento de niños y una excelente novela de extraordinario lirismo: Los jinetes del alba  (1984).

PROTESTANTES Y ANARQUISTAS EN LA ESPAÑA DE PREGUERRA
Con Los jinetes del alba , Fernández Santos obtendría tal vez su último éxito crítico importante. Se trata de un singular retrato de preguerra en su paisaje favorito: las montañas del Cierzo en las fronteras de León lindantes con Asturias, que aparecen en Los Bravos . Esta vez, el protagonista ya no es todo un pueblo, sino algunos de los habitantes de la localidad que el autor denomina como Las Caldas. Entre ellos una familia protestante  que vive en un molino la época de la Revolución de Octubre y los albores de la guerra civil.

Encabeza el libro la famosa cita de Rilke a Rodin: “Se diría que un heroísmo sin objeto y sin empleo ha formado España: se levanta, se yergue, se exagera, provoca al cielo, y éste, a veces, para darle gusto, se encoleriza y contesta con grandes gestos de nubes, pero todo queda en un espectáculo generoso e inútil” (1912). Ese sentido de futilidad y absurdo marca la vida de la pareja protagonista, Marian y Martín.El molinero evangélico conoce al revolucionario Martín a causa de un dolor de espalda:

“– El Señor conoce bien el camino de las cosas. Si no es por tu enfermedad no hubiéramos llegado a conocernos.
Martín, herido en su espinazo, se decía que aquel Señor de quien tanto hablaba el nuevo amigo debía tener a su disposición otros remedios menos dolorosos” (pág. 52).

El padre del molinero trabajaba en el ferrocarril cuando conoció a un ingeniero inglés, con el que inició la primera capilla protestante en aquel valle leonés. “Primero tuvieron las reuniones en su piso pero, según crecía el número de los que asistían, fue preciso alquilar una sala de baile” (pág. 53). La amenaza de excomunión del cura del lugar provocó aún mayor interés, por lo que “buscaron gente para tirar piedras contra la fachada […] Hasta que llegaron a rociar gatos vivos con petróleo, prenderlos y buscar modo de lanzarlos dentro […] Martín se preguntaba cómo viviendo en la misma villa nunca supo de las aventuras que contaba el amigo protestante” (p. 53).

El aislamiento y la influencia foránea serían tal vez las dos características que más resalta Fernández Santos en este nuevo retrato de los protestantes españoles, tras el Libro de la memoria de las cosas . Hay momentos también de admiración ferviente, como cuando cuenta cómo “muchos hicieron profesión de fe viendo aquel hombre y a su mujer perdonar en el juicio a sus agresores, después de haber sufrido sus piedras y sus palos y hasta tronchos de coles” (p. 54).

Abundan también los errores de apreciación, tópicos y malentendidos. Así, la hija del molinero. Raquel, va a Madrid a la vez que Marian, la protagonista. Pero mientras que ésta tiene que servir en una casa de la capital, la chica evangélica consigue trabajo en un hospital por medio de su “obispo” (?), y “la Comunidad corre con sus gastos”. Sin llegar a ser el famoso bocadillo de Menéndez Pelayo (por el cual, según nuestro venerado pensador afirmaba en su Historia de los heterodoxos españoles , se asistía a los cultos protestantes), a ese tipo de argumentos recuerda la reacción de Marian: “Tan sólo por ser protestante se le brindaba una oportunidad que ella, en cambio, perseguía en vano” (p. 163).

Sin embargo, la documentación de la historia de la comunidad evangélica que recoge en las páginas 261 y 262, que incluye la conversión de algunas monjas por la introducción de una “biblia protestante” (el tópico de la diferencia de traducciones), es perfectamente creíble. Y más aún la reacción del anarquista Martín de habitual escepticismo.

Particularmente interesante es también la posición protestante frente a la situación política española : “Todo el mundo revuelto y ellos (los evangélicos) sin hablar con nadie […] O se está con unos o con otros. Aquí hay que dar la cara. Es muy bonito estarse ahí metido en tu molino esperando a que los demás te saquen las castañas del fuego […] Si en vez de andar como escondidos se pasaran por aquí como todos, sabrían que ese Señor que nunca se les cae de la boca no les va a salvar si se les tuercen las cosas” (p. 257).

Es el tradicional apartamiento protestante de la vida social y política de nuestro país: “Nosotros nunca nos metemos en nada. Nosotros trabajamos sólo para nuestro Señor […] Esta guerra es cosa de católicos” (p. 276). El resultado es un trágico desenlace. El molinero será fusilado por el ejército fascista, ya que para ellos “protestante es lo mismo que masón”. Pues “mientras aquí se pasa hambre, vosotros engordáis con esas ayudas que os mandan de fuera” (p. 282). Y como corresponde a la “gente de orden”, enterraron al protestante fuera de “campo santo”.

Ya gravemente enfermo, Fernández Santos escribe la triste Balada de amor y soledad  (1987), que nos muestra un mundo absurdo y sin sentido, en el que el tedio y el aburrimiento llenan la soledad del desamor.

La obra de Fernández Santos es un hondo testimonio humano de desesperanza. Sin embargo, no hay duda de que el escritor conoció bien el cristianismo evangélico, y queda la pregunta de si aquella experiencia le puso en contacto con el mensaje bíblico, o más bien, todo lo contrario… De cualquier forma, una vez llevado en los brazos de la Vieja Dama, responde ante su Juez y Creador…

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(*) Este artículo fue publicado originalmente en el nº 2 de la revista Kalos en 1988. Ha sido transcrito por Anna de Kraker y revisado por el autor.

Autores:José de Segovia Barrón

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Chile

Muerte de joven cristiano abre la puerta al diálogo entre estudiantes y Gobierno

Murió de un disparo, que testigos achacan a los carabineros.El caso es investigado por la Comisión de Derechos Humanos de la cámara de diputados.

01 DE  DE 2011, SANTIAGO

Manuel Gutiérrez Reinoso tenía 16 años y era miembro activo de una iglesia metodista pentecostal en la localidad santiaguina de Macul. El viernes 26 de agosto se encontraba presenciando -junto con su hermano minusválido Gerson- el desarrollo del segundo de los dos días de paro general convocado por la Central Única de Trabajadores, cuando recibió un disparo en el tórax. Manuel murió en el hospital tras dos horas de agonía.

El caso está siendo investigado por la Comisión de Derechos Humanos de la cámara de diputados, dirigida por el presidente parlamentario, Sergio Gajardo, quien expresó que “es inexplicable que el cuerpo de carabineros no abra una investigación por la muerte del joven”.

Mientras un hermano de la víctima y algunos testigos señalan que el disparo provino de un grupo de carabineros, las autoridades de ese cuerpo policial negaron cualquier implicación e incluso descartaron alguna investigación interna sobre el incidente. Finalmente la Policía de Chile (Carabineros) admitió que abrió fuego durante la protesta en la que murió el joven Manuel Gutiérrez.. El oficial que confesó “haber disparado al aire” fue dado de baja este pasado lunes.

Previo al entierro se celebró una ceremonia fúnebre en la Iglesia Metodista Pentecostal, de la que Gutiérrez era miembro activo. La familia del joven pidió no politizar su muerte y dejar que la Justicia cumpla su labor.

El cortejo fúnebre fue acompañado por varios centenares de personas al cementerio, en cuyas puertas otro grupo se manifestó pidiendo justicia y culpando a los carabineros por el homicidio.

Finalmente, los restos de Gutiérrez fueron sepultados el domingo en el cementerio evangélico “Camino a Canaán”, en las afueras de la capital chilena, mientras aún se debate y no se aclara la controversia sobre el origen del disparo que terminó con su vida.

INVITACIÓN AL DIÁLOGO
El presidente Sebastián Piñera se ha comprometido a hacer “todo lo necesario” para esclarecer su asesinato, que es ya considerado un hito en la revuelta del estudiantado chileno para lograr un cambio en el sistema educativo.

La Confederación Nacional de Estudiantes (CNE) que lidera desde mayo las protestas decretó para el pasado lunes 29 una jornada de “duelo nacional” y aceptó reunirse con Piñera. La invitación a dialogar había sido formulada el viernes anterior por el mandatario, pero los estudiantes advirtieron que el hecho de aceptarla, “no constituye una mesa de trabajo ni de diálogo ni de negociación”.

Ante la advertencia, Piñera les solicitó que acudan al palacio presidencial “con buena voluntad, con ánimo de resolver el problema, no de agravar el problema”.

LAS DEMANDAS
Las demandas estudiantiles incluyen el fin al lucro, eliminación de la banca privada en el financiamiento de la educación, una garantía de que recibirán una enseñanza de calidad, desmunicipalización de la enseñanza básica y secundaria y término del financiamiento compartido.

Ahora los universitarios han agregado dos nuevas exigencias: que el gobierno aclare el asesinato del joven Manuel Gutiérrez y que Piñera frene el envío al congreso de proyectos de ley relacionados con la educación, “por no haber sido consultados con los actores sociales”.

Han sido varias las cargas que la policía chilena ha otorgado a los estudiantes, pues desde el inicio de las protestas el mes pasado, la policía ha intentado que el orden social no sea alterado, utilizando cañones de agua y porras para dispersar a los manifestantes.

Fuentes:  Christian Post, MundoCristianotv

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