Archivos para septiembre 10, 2011


10º aniversario del 11-S

¿Variaron las creencias de los familiares de las víctimas del 11S?

Un estudio psicológico analiza la incidencia de los atentados en aquellos que perdieron familiares cercanos, hijos o amigos íntimos en los atentados.

11 DE SEPTIEMBRE DE 2011, NUEVA YORK (EE UU)

En los últimos tiempos se han realizado diversos estudios sobre los efectos que los atentados del 11-S ha tenido en la población estadounidense. El mayor trauma, sin duda, fue para los que perdieron a sus familiares cercanos, amigos íntimos o parejas.

La revista de la American Psychologist Association  publicaba recientemente un número en el que se incluía una docena de artículos sobre el impacto social, psicológico y político de estos ataques terroristas en la sociedad norteamericana. Uno de ellos expone los resultados de una investigación realizada por especialistas del New York State Psychiatric Institute, de la Universidad de Columbia, sobre el  efecto de los atentados del 11-S en la religiosidad de las personas  directamente afectadas por este episodio.

La investigación examinó, mediante encuestas y cuestionarios, los cambios auto-percibidos en  la “importancia de sus propias creencias religiosas” por los familiares y amigos de las víctimas del 11-S.

LA IMPORTANCIA DE LA RELIGIÓN
Para el estudio, se recogieron datos de un total de 608 participantes familiares de fallecidos, entre dos años y medio y tres años y medio después de los atentados.

En las encuestas, organizadas por el psiquiatra de la Universidad de Columbia, Yuval Neria, se les preguntó a los encuestados (todos ellos voluntarios) qué importancia daban éstos a la religión o la fe antes de los ataques, y que importancia le daban a después, en el momento de la evaluación.

Por otro lado, los participantes completaron cuestionarios para evaluar sus niveles de trastorno por estrés postraumático y de depresión, así como para analizar si sufrían o no un duelo complicado (con síntomas de una evolución patológica del mismo).

Esta última condición se caracteriza por síntomas o conductas de riesgo sostenidas en el tiempo y de intensidad peligrosa para la salud, dentro de un contexto de pérdida, como pensamientos acerca del fallecido que se interiorizan y afactan la vida normal, dolor incontrolable por la separación, incapacidad para seguir adelante con la propia vida, etc.

UNA FE ESTABLE
Los resultados de estos análisis fueron los siguientes: en primer lugar, la mayoría de los participantes informaron que la importancia que para ellos tenían las creencias religiosas no había sufrido ningún cambio  tras el 11-S.

Por otro lado, un 11% de los encuestados señaló que los atentados habían propiciado un aumento de la importancia  que le daban a sus creencias religiosas.

Por último,  un 10% de las personas evaluadas afirmó que la importancia de sus creencias religiosas se había visto reducida  tras los ataques terroristas.

Los investigadores pudieron establecer entonces que esta reducción de la importancia de las creencias religiosas personales estaba relacionada con la gravedad del trauma y la pérdida sufrida por los encuestados.

EL DOLOR DE PERDER UN HIJO
Aquellas personas  que habían perdido a un hijo o a una hija en el 11-S resultaron ser casi el doble de propensos a afirmar que su religiosidad se había reducido tras los ataques,  en comparación con aquéllos que habían perdido a otro pariente o a un amigo, informa Epiphenom.

Parece posible, por tanto, que la severidad de la angustia vivida en el momento de los atentados sea la causa de la reducción en la importancia dada a las creencias religiosas por parte de algunos de los afectados.

El hecho de que en las encuestas las personas que más habían sufrido en el momento de los atentados (aquéllas que habían perdido a sus hijos o que habían presenciado los ataques en directo) afirmaran el doble de veces que los demás que habían sufrido estrés postraumático, depresión severa y duelo complicado tras ellos, respaldaría esta hipótesis.

A partir de los resultados obtenidos, Neria y sus colaboradores concluyen que “el duelo por una pérdida traumática comúnmente conlleva sentimientos de falta de propósito y de futilidad acerca del futuro y puede exacerbar el sentimiento de ausencia de sentido que subyacería a la reducción de la importancia que los afligidos dan a la religión”.

Fuentes:  tendencias21

© Protestante Digital 2011


Cómo trabajaron los fotógrafos aquella mañana en la que el terror sacudió Nueva York

MOEH ATITAR DE LA FUENTE

 

Imagen de la fotógrafa Samoilova, el 11 de septiembre de 2011.- GULNARA SAMOILOVA (AP)

El último trabajo de un fotógrafo. En la mañana del 11 de septiembre de 2001 el fotógrafo Bill Biggart (54 años) se metió de lleno en la Zona Cero, poco después de que dos aviones se estrellaran contra las Torres Gemelas, en el peor ataque terrorista sufrido por EE UU. Llevaba consigo dos cámaras de carrete Canon Eos-1 y una digital D30 de la misma marca. Biggart, como muchos fotógrafos de su generación, se sentía más seguro en le mundo químico que en el nuevo digital.

El cuerpo de Biggart fue hallado dos semanas después de los atentados junto a su bolsa con las tres cámaras destrozadas y varios carretes reventados y seguramente expuestos a la luz, lo que les hacía inservibles. Su viuda Wendy , sin saber muy bien qué hacer, llamó a su colega y amigo Chip East, que rescató de la tarjeta digital la mayoría de las 150 fotografías que Biggart tomó.

A través de ellas, East reconstruyó la última hora de trabajo, la última hora de vida de su amigo. “Está cada vez más cerca, a medida que avanzas [por las fotos] ves la reacción de las personas, cómo la gente se está manejando con todo eso… Todas las fotos de Bill son sobre personas y cómo reaccionan en esta historia”, explicaba East en un artíuclo publicado en The Digital Journalist.

La última imagen la tomó a las 10.29, cuando se vino abajo el edificio del hotel Marriott, tras la caída de la primera torre. Por la localización de su cuerpo, se sabe que Biggart murió cuando se colapsó la segunda torre.

La guerra en casa. James Nachtwey y Steve McCurry, dos fotógrafos con una basta experiencia en zonas de conflicto, se encontraban ese día en su ciudad de residencia, Nueva York. Se pasaban la mayor parte de su tiempo viajando fuera de EE UU, en zonas de conflicto, pero esa mañana el horror que tanto habían documentado se presentó en sus ventanas.

Nachtwey es un tipo meticuloso y perfeccionista, como se puede ver en el documental War Photographer, en el que se le seguía con una cámara subjetiva mientras fotografiaba en Kosovo o Palestina. La edición de esos trabajos, según se ve en el documental, le llevó días de revisión y vuelta a mirar los contactos. Sin embargo, Nachtwey no ha vuelto a acercarse a las fotos que hizo aquella mañana del 11 de septiembre hasta que este año se lo pidió la revista Time, donde en una entrevista reconstruye esa jornada que se saldó con 27 carretes de fotos.

Estaba en su loft neoyorquino, en un mañana inusualmente clara, cuando vio como unos vecinos miraban desde un tejado cercano y con gesto atónito hacia la zona de las torres. Desde otra ventana, Nachtwey pudo reconocer el horror tantas veces visto por sus ojos a unos cuantos kilómetros de su casa. Como todos los fotógrafos de esta reconstrucción, no lo dudó y corrió hacia el World Trade Center.

“Siempre estaba fuera, implicado en las tragedias de otras personas y situaciones difíciles, y volver a América era siempre un refugio”, cuenta en Time. “Pero ahora la guerra nos había tocado a nosotros, y pienso que nos convertimos en parte del mundo como nunca lo habíamos sido antes”.

Allí estaba a las 10.29 cuando la primera torre se vino abajo. “Visualmente era impresionante”, recuerda en la entrevista, “una de las cosas más bellas que había visto jamás. Pero me iba a matar y no había tiempo de tomar una foto”. Nachtwey logró refugiarse en un hotel cercano, asfixiado por el polvo procedente del primer colapso. “Había policías y bomberos haciendo su trabajo, siendo muy profesionales”, cuenta, “yo por mi parte recordé lo importante que era tratar de fotografiar. Era lo único que podía hacer, era mi simple tarea”.Time ha publicado una selección de ese día, revisada por el propio autor, con fotografías hasta ahora inéditas, que en los dos primeros días superó los dos millones de visitas.

Steve McCurry se despertó esa mañana a las 6. El fotógrafo de la agencia Magnum no podía dormir porque acababa de regresar de un largo viaje y sufría de jet lag. “Un poco más tarde llamó la madre de mi asistente para decirnos que nos asomáramos a la ventana para ver al World Trade Center en llamas”, cuenta en su web. “Lo más irónico era que había cubierto guerras como la del Golfo Pérsico, Líbano, Afganistán, Filipinas y ahora podía tener esas particulares escenas subiendo del noveno al vigésimo piso de mi edificio de apartamentos”.

McCurry es de esa clase de fotógrafo que le gusta controlar la luz, el ángulo y todos los factores que componen una fotografía, como la de la niña afgana, su imagen más conocida. “Trataba siempre de manejar todo al mismo tiempo. A veces eso no es posible, como aprendí el 9/11”, recordaba recientemente en una entrevista para el fabricante de cámaras Leica. “Ese día, tuve que confiar en mis cámaras reflex porque no podía pensar en ningún tipo de variables de las fotos”.

Sus imágenes, primero distantes, desde esa azotea del edificio donde vivía, y luego en el corazón del horror, mucha más próximas, pueden verse en su blog o en la selección publicada por la revista Slate. Acostumbrado a la tragedia, Mccurry se sintió incapaz de editar con sus propios manos ese trabajo hasta pasados siete años, como confesaba en una entrevista donde explicaba una exposición con imágenes del 11-S inaugurada en 2008.

La imagen controvertida, imágenes icónicas. Richard Drew era ya un curtido fotógrafo en septiembre de 2001. Fue uno de los pocos fotógrafos que el 5 de junio de 1968 pudo fotografíar a Robert Kennedy poco después de ser tiroteado en un hotel de California. No dudó en tomar esa imagen, como tampoco lo haría con una de las imágenes más escalofriantes del 11-S.

Aquella segunda semana de septiembre Drew tenía el encargo de cubrir, como años anteriores, la Semana de la Moda de Nueva York para AP, la agencia para la que trabajaba. Pronto recibió la orden de dirigirse a las torres gemelas que estaban en llamas. Estaba tomando imágenes, cuando escuchó una voz que le decía “¡Mira!”. Instintivamente, Drew apuntó hacia arriba y vio cómo personas se precipitaban al vacío, a sabiendas de que no tenían otra salida. “Hice algo así como cambiar a piloto automático y empecé a tomar imágenes de la gente cayendo desde el edificio”, recuerda en una entrevista para AP. Captó una de las imágenes más icónicas y controvertidas del 11 de septiembre: El hombre cayendo. En EE UU solo The New York Times se atrevió a publicar esa imagen, lo que le valió un aluvión de críticas. “Espero que 10 años más tarde la gente sea capaz de mirar esa fotografía”, explicaba en una entrevista al diario británico Telegraph.

Nada se sabe de quién era aquel hombre, que como muchos otros, se arrojó al vacío. Tom Junod intentó averiguar quién estaba detrás de esa imagen en un artículo publicado en Esquire, con escaso éxito. En el campo de la ficción, Don DeLillo se inspiró en aquellas personas que se arrojaron al vacío – se evita la palabra suicidio en estos casos en los medios estadounidenses – para su novela también titulada ‘Falling Man’.

La autocensura de los medios estadounidenses hizo que apenas se vieran escenas de horror, de muertos. Por otro lado, la mayoría de las víctimas quedaron sepultadas entre los escombros, por lo que los cadáveres no fueron tan visibles. Una década después The Atlantic ha publicado imágenes como la que tomó Drew y que hasta hoy no se habían visto en medios estadounidenses.

Aquella fotografía se quedó a las puertas de ganar el World Press Photo de 2001, el galardón anual más importante del fotoperiodismo. Obtuvo un meritorio tercer puesto en la categoría de noticias de última hora. Con semejante ataque en una de las ciudades con más fotógrafos por kilómetro cuadrado, el 11-S se llevó cinco premios en distintas categorías. Muchas de esas imágenes, 10 años después, siguen en la memoria colectiva, y poca gente se acordará que ese año el galardón se lo llevó Erik Refner con la impactante imagen de un niño muerto de deshidratación en Pakistán.

El otro gran galardón, el Pulitzer, reservado solo para las fotografías publicadas en medios estadounidenses, se le llevó el equipo del The New York Times por todo el trabajo realizado esos días en su ciudad.

Gulnara Samoilova, también de AP, vio reconocido su trabajo aquel día con uno de esos cinco galardones del World Press Photo.

Samoilova se despertó por el ruido de las sirenas de bomberos. Puso la televisión, y se enteró de lo que pasaba a cuatro bloques de su casa. Tomó su cámara, con un objetivo de 85 milímetros. Estaba muy cerca de la primera torre, cuando escuchó cómo alguien gritaba: “¡Corred!”. Samoilova se refugió bajo un vehículo, y hasta que no pudo levantarse pensó que había quedado sepultada viva. Cambió de lente, una con mayor ángulo, y cargó otro carrete en su cámara. Fue entonces cuando tomó la fotografia, una de las más representativas del 9/11: en ella un grupo de personas cubiertas de polvo camina perdida poco después de que se desplomara la primera torre. “Me encanta esa foto. Para mí se parece a una escultura. Como congelados”, recuerda en una entrevista para la agencia para la que trabajaba. “Me pasé llorando casi a diario”, cuenta. Una década después, Samoilova ya no trabaja para la agencia AP y se ha alejado del fotoperiodismo. Hoy documenta la felicidad, en forma de bodas, en su propio estudio.

http://www.elpais.com/global/


Estado de Puebla (México)

Católicos de Tlanalapan lincharán a los protestantes que no abandonen el pueblo

Incitados por el cura del pueblo, les amenazan con crucificarles y quemar sus casas si no se han ido el próximo lunes.

09 DE SEPTIEMBRE DE 2011, MÉXICO

  Existe  un grave conflicto religioso en San Rafael Tlanalapan , perteneciente al municipio de San Martín Texmelucan, del estado de Puebla, ya que  los católicos tradicionalistas de la comunidad amagaron con “crucificar y linchar” a cristianos evangélicos , conel argumento de no tolerar a nadie que no comparta con la población la misma creencia religiosa mayoritaria (la católica).
   INCITADOS POR EL CURA DEL PUEBLO
  Incitados por  el sacerdote del pueblo, Ascensión Benítez González , y el presidente auxiliar Antonio García Ovalle, alrededor de las 22 horas de la noche del pasado miércoles, unos 200 vecinos  se congregaron en las afueras de la Capilla catóica de San Isidro Labrador, a fin de ir en grupo contra los 70 cristianos evangélicos de la comunidad, muchos de los cuales se encontraban orando en su templo.
  Los evangélicos respndieron ante las amenazas decidiendo abandonar el pueblo para evitar el enfrentamiento. Pero esta respuesta sólo sirvió para enfurecer más aún a los católicos, que querían en ese mismo momento sacarlos a golpes del pueblo.
  Finalmente se limitaron a dar un  ultimátum a los evangélicos de la localidad, poniéndoles como plazo hasta el próximo lunes para desalojar sus viviendas de Tlanalapan, o serán linchados. Además les amenazan con destruir y quemar sus viviendas.

  Incluso  se les advistió a gritos que iban a “crucificarlos” . Una mujer católica notoriamente molesta reprochó a los evangélicos por traer a la autoridad local y a los periodistas, a quienes agredieron con insultos e impidieron realizar con normalidad u trabajo.
  Caso de no haberse ido los cristianos evangélicos el lunes, los católicos reunidos en la iglesia católica del pueblo decidieron que actuarían de noche o de madrugada para evitar la presencia de autoridades o periodistas.
   UN GOBIERNO SIN INTERÉS EN EL TEMA
   El primer antecedente de este conflicto en Tlanalapan se remonta a 2006 , cuando los evangélicos exigieron a las autoridades municipales acceso a la red de agua potable, que les era negado por los católicos. Cinco años después, en su homilía del domingo pasado, el párroco Ascensión Benítez incitó a sus feligreses a que presionen a los evangélicos para que se vayan del pueblo.
  Tras saberlo  los evangélicos interpusieron ante el Ministerio Público de Texmelucan una denuncia de los hechos . Pero pese a lo grave del conflicto, al lugar sólo acudieron dos patrullas y cuatro elementos policiales de Texmelucan, además del delegado de Gobierno distrital Roberto Solano, quienes hicieron la labor de espectadores.
  Por su parte,  el secretario General de Gobierno, Fernando Manzanilla, minimizó la situación  y dijo que sólo se trata de “diferencias de fervor religioso, entre distintos grupos”. En una entrevista, aseguró que no hay otros municipios poblanos que estén experimentando conflictos religiosos, pero buscará a las autoridades eclesiásticas católicas en el estado para aclarar el tema.

Fuentes: La Jornada

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