Archivos para diciembre 19, 2011


“Siwar Situy” – villancico quechua

Publicado: diciembre 19, 2011 en Música

La fuga de Eck

Publicado: diciembre 19, 2011 en Historia, Iglesia, Luteranismo

César Vidal Manzanares
La Reforma indispensable (28)

Staupitz liberó a Lutero de sus votos monásticos para facilitarle así la huída y emprendió una apresurada salida de Augsburgo en compañía de Link sin siquiera despedirse del cardenal Cayetano.

El 16 de octubre, Staupitz y Link habían considerado que la situación era tan peligrosa que habían optado por abandonar Augsburgo. Lutero se había quedado peligrosamente solo.

Solo, pero no rendido. El 18 de octubre, escribió una carta “al papa mal informado que debería estar mejor informado”. En la misiva insistía en que sus posiciones habían sido tergiversadas y que estaba dispuesto a someterse a una audiencia en cualquier lugar que no fuera Roma ya que, en esa ciudad, el mismo papa había estado a punto de ser asesinado el año anterior. Las dos afirmaciones, dicho sea de paso, eran rigurosamente ciertas.

También escribió Lutero al cardenal Cayetano despidiéndose formalmente. Cayetano no se dignó responder y los partidarios de Lutero interpretaron aquel silencio como un pésimo presagio.

Durante la noche del 20 al 21 de octubre, Lutero fue despertado por un hombre de confianza de su amigo el canónigo Langenmantel. Sin darle tiempo a despejarse, fue empujado hasta la puerta de atrás y colocado sobre un caballo sin calzones ni botas. Sin una sola parada, fue llevado al galope hasta una aldea llamada Murheim, situada a una cincuentena de kilómetros. Lutero se desplomó al llegar a un establo y, a causa del dolor y del agotamiento, no pudo emprender el viaje durante un día completo que pasó oculto. Después partió hacia Wittenberg a través de Nuremberg. En esta ciudad, fue recibido calurosamente y recibió una copia de su orden de arresto, una circunstancia a la que había escapado por muy poco.

Cayetano estaba furioso después de que se le hubiera escapado una presa que daba por segura. Inmediatamente, escribió una carta muy áspera al elector Federico quejándose de lo que consideraba el comportamiento insolente de Lutero. Al final de la misiva, el cardenal se refería al agustino despectivamente como frailecillo ( fraterculus ). Federico pasó la misiva a Lutero que escribió una respuesta larga y sopesada –en ello le iba la vida– en la que acusó a Cayetano de romper las promesas que había formulado al Elector puesto que no había tenido lugar ninguna discusión y además se le había juzgado sin escucharlo. Sin embargo, Lutero no estaba dispuesto a que su situación significara riesgo alguno para el príncipe y la concluía afirmando: “Estoy dispuesto a dejar vuestro territorio y a marcharme a donde el Dios misericordioso disponga que vaya”.

Todo esto sucedía mientras Lutero se veía situado en unas circunstancias extraordinariamente perjudiciales. Al regresar a Wittenberg, procedió a escribir un relato de su entrevista con Cayetano y el texto de una apelación a un concilio general ante el que pudiera exponer con libertad su causa. Su intención no era publicarlo, sino conservarlo para el caso de que se produjera una reacción del papa en su contra. Sin embargo, sin conocimiento de Lutero, el texto salió a la luz. La gravedad de esa circunstancia puede comprenderse si se tiene en cuenta que la bula Execrabilis de 1460 condenaba como herejía el hecho de apelar a un concilio general. Al situarse en ese terreno, Lutero se convertía automáticamente en hereje, se veía privado del derecho de apelación por la ley canónica e impedía prácticamente que el Elector Federico le siguiera protegiendo salvo que deseara verse sometido a las más graves penas.

Por su parte, el 25 de octubre, Cayetano había remitido al papa un nuevo estudio sobre las indulgencias con un informe sobre el caso Lutero. La curia utilizó aquel material como base para una decretal de fecha 9 de noviembre que fue entregada a Carlos von Miltitz a fin de que se la hiciera llegar al cardenal. El texto – que iba dirigido contra “un cierto religioso en Alemania” – no pasaba de ser una reafirmación de la interpretación tomista-dominica de las indulgencias y del poder absoluto del papa en esta materia. No contenía, sin embargo, la menor referencia a los abusos que se cometían al respecto y, de manera previsible, condenaba las posiciones de Lutero como inadmisibles.

Se mirara como se mirara, resultaba obvio que la vida de Lutero estaba pendiente de un hilo. Tras unas semanas en que predicó todos sus sermones con la sensación de que podía tratarse del último, a finales de noviembre, el agustino dijo adiós a los habitantes de Wittenberg. El 1 de diciembre, celebró una cena de despedida que estuvo teñida por el dramatismo. En el curso de la misma llegaron dos cartas que eran fiel reflejo del momento por el que se atravesaba. La primera se debía a Spalatino y manifestaba la sorpresa que tenía el Elector porque Lutero no había abandonado todavía la ciudad; la segunda, indicaba que si no se había marchado, era mejor que no lo hiciera porque había una serie de cuestiones nuevas y urgentes que había que discutir.

El 8 de diciembre, Federico envió una respuesta a Cayetano. De manera sorprendente para el cardenal, se negaba a expulsar a Lutero de Wittenberg y manifestaba que tampoco estaba dispuesto a entregarlo a Roma.

Continuará: el papa antepone la política al dogma

Autores: César Vidal Manzanares

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La boca de los hambrientos

Publicado: diciembre 19, 2011 en Misión Integral, Teología

Juan Simarro Fernández
Retazos del evangelio a los pobres (XLIX)

“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”. Texto completo: Mateo 6:9-15.

Esta cuarta petición del Padre nuestro es central para el Evangelio a los pobres, para los pobres de la tierra, aunque no sólo para ellos. Nos implica a todos. Habla del “pan nuestro” como si quisiera dar una llamada de atención a los que creen que “su” pan es sólo de ellos, que no necesitan compartirlo, que no creen en el pan compartido. En la oración modelo nadie dice: Señor, dame “mi pan”. Es “el pan nuestro”. ¿Puedes orar esto posicionándote en la boca de los hambrientos?

El pan del mundo es de todos, es el pan nuestro, el pan solidario que hemos de desear para todos. Estar harto de “mi pan”, sin acordarse de los otros, del pan que es de todos, es egoísmo que separa de Dios. El “pan nuestro” es un pan solidario que pertenece a todos, del que todos han de participar de forma igualitaria. El acumular “mi pan” sin pensar en el “pan nuestro” , es una forma de despojo, es hacernos cómplices de los acumuladores del mundo, de los que no piensan en los pobres, en el prójimo hambriento… Desde ahí nunca se podrá entender, ni practicar, ni vivir el Evangelio a los pobres.

La cuarta petición del Padre nuestro, “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” , es una frase solidaria con los pobres del mundo y es una petición necesaria de los pobres de la tierra. Para nosotros, los que estamos integrados dentro del sistema y no nos hemos quedado tirados al lado del camino, debe ser una frase solidaria con los que sufren, con los que tienen hambre, con los niños que no superan los primeros días, meses o años de vida por falta de alimentación. “El pan nuestro” debería ser una petición que en la iglesia nos dejara inquietos hasta ponernos a trabajar en la diaconía, hasta abrir nuestras bocas para que salieran voces de denuncia y de petición de ayuda para nuestros hermanos que no tienen qué comer, hasta poner todo lo que tenemos en las manos del Señor para que se produjera de nuevo el milagro de los panes y los peces.

“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” . ¡Qué diferente suena esta frase, cuando se ora, o se reza, o se repite en ambientes cristianos del mundo rico, a cuando esta frase, esta petición se hace desde el mundo pobre, desde la pobreza o el hambre! Esta petición conmueve más cuando sale de la boca de los hambrientos del mundo, de las madres que están perdiendo a sus hijos por falta de alimentación.

Pues bien, los que estamos integrados en los parámetros del mundo rico, cuando hacemos esta petición, la deberíamos hacer pensando qué significa este ruego en boca de una madre que está viendo como su hijo se le va poco a poco por la falta de este pan cotidiano. Señor, danos el pan nuestro . Sería entonces cuando esta frase sonaría con autenticidad, cuando esta frase nos solidarizaría con los pobres de la tierra, cuando esta frase nos pondría a disposición del Señor para ser sus manos y sus pies en medio de un mundo donde reina el hambre y la pobreza, donde reina el despojo y la exclusión de tantos que deberían participar de ese “pan nuestro” . Sería entonces cuando comenzaríamos a entender lo que significa el Evangelio a los pobres.

El ruego en oración, “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” , dentro de nuestro propio contexto del mundo rico, también suena diferente cuando lo pronuncian los ciudadanos integrados en el mundo del trabajo, fundamentalmente en estos años de crisis, que cuando lo pronuncia un desempleado. Es diferente cuando lo pronuncia un integrado en el mundo de la economía, la sociedad y la cultura, que cuando la pronuncia un inmigrante desarraigado, mendigando que alguien le explote en algún empleo secundario y duro con tal de poder dar pan a sus hijos.

Esta frase, partiendo de las diferentes necesidades y sensibilidades ante el hambre, la deberíamos decir todos desde la solidaridad con los pobres, con los desempleados, con los inmigrantes desarraigados, con los pobres lacerantes del Cuanto Mundo Urbano, con los pobres del mundo. Deberíamos hacer un esfuerzo de identificación con los estómagos vacíos o infraalimentados para encontrar el auténtico sentido de esta petición. Este pedir por “nuestro pan” debería conseguir que las lágrimas se asomaran a nuestros ojos en solidaridad con el sufrimiento de los pobres y los hambrientos del mundo. Esta frase de oración la deberíamos decir siempre pensando en el que no tiene, en el que pasa hambre.

Esta frase oratoria, siguiendo las líneas de Jesús en su Evangelio a los pobres, la deberíamos decir en contextos donde pudiera sonar como denuncia, como sensibilización social. La deberíamos decir en compromiso con los pobres de la tierra y trabajando por la justicia en el mundo, por una justa y mejor redistribución de bienes del planeta tierra. Deberíamos hacer esta petición con temor y temblor pensando en nuestra parte de responsabilidad en el hambre del mundo.

No se habla de “mi pan”, del “pan mío”. Se habla del “pan nuestro” . El pan para el mundo, para el mundo pobre, para los excluidos del sistema, para los despojados y oprimidos, los despojados de hacienda y de dignidad. El “pan nuestro”, o sea el pan para mí y para todos los pobres y despojados del mundo. ¡Señor, danos nuestro pan!

Rogar por el pan nuestro, es una petición solidaria que nos hermana con los pobres del mundo buscando justicia y fraternidad universal. Los bienes de la tierra, todos, son el pan que Dios nos da para comer… para comer todos.

Señor, que al comer del pan, nos acordemos que es el “pan nuestro” , el pan que pertenece también a otros. Que nos referenciemos siempre en los pobres de la tierra, en los hambrientos del mundo. Que este recuerdo nos haga ser solidarios siguiendo tus líneas de projimidad. No nos dejes comer dando la espalda a los desnutridos del mundo. Si al darles la espalda no vemos sus rostros marcados por el hambre, los veremos cuando te miremos a ti, pues en tu rostro se refleja la angustia de los hambrientos del mundo. Si tampoco mirando tu rostro nos sensibilizamos, golpéanos de alguna manera, Señor, para sacarnos del sinsentido de la infravida y darnos vida abundante que sacie también a otros. Sólo en la solidaridad y amor, se encuentra la auténtica vida.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2011

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Mike Breen

In my last two posts I’ve tried to make the case why I think extended family (oikos in Greek) is crucial to understanding how God created the church to exist and function and began to explore what might need to start happening in our staff teams and laity if that’s to happen. We’ll do more posts like that in the near future.

Today, I want to pause in that discussion and give some practical handles on how to begin doing this in your context. I promise, this will be short and sweet.

It should also be noted that I didn’t come up with these 6 principles, my good friend Kheld Dahlmann is entirely responsible for these. So here are some principles for creating an oikos:

  1. Shared vision (What do we exist for? In other words, in what way is this community going to bring heaven to earth?)
  2. Shared resources
  3. Extended family (= more than a nuclear family, we’d say a minimum of 15-20 people, max of 50)
  4. Mom/Dad (leaders in “fathering” mode)
  5. Prayer
  6. Common meal

We show this video a fair amount at the Learning Communities that we do, but this is a window into the hunger that our culture has for these kinds of family expressions. It’s a short advert done by Walmart and Coke that one of the current team members in Pawleys led out two years ago with the advertising agency she was with.

http://mikebreen.wordpress.com/


Por Néstor Cornara

En el libro “Misión sin Conquista”, los autores nos invitan a una búsqueda –lo expresan así- “a buscar cómo llevar adelante la tarea de hacer conocer el evangelio en todo el mundo, en formas más eficaces que a la vez sean fieles al estilo de presencia que vivía y enseñaba Jesús”.

El Equipo Menonita se volcó a esta búsqueda hace más de 55 años. Dejando de lado todo intento “conquistador” y liberándose de la necesidad de dejar como legado una “iglesia denominacional”, encontraron un estilo alternativo de misión: “caminar al lado de otros que también están buscando la Vida”. Entonces, esta invitación que hacen es para todos los que están en esa búsqueda. Para ello:

–    Relatan históricamente el camino de fe del pueblo toba-qom en el Chaco argentino, desde los años de su conversión al camino de Jesús.

–    Describen el desarrollo de una iglesia autóctona que se fortaleció por el acompañamiento en pos de la autogestión de las comunidades receptoras del evangelio.

–    Cuentan la experiencia vivencial de uno de los matrimonios del Equipo Menonita.

A decir verdad, lo primero que me llamó la atención fue el título, que más que título es una proclamación, una declaración, una afirmación. Decididamente “Misión sin conquista” define explícitamente que hay otra forma de hacer misión, en contraste u oposición a la “misión” con conquista. En relación a este tema, René Padilla hace mención en el prólogo –con justa referencia– al libro de Juan A. Mackay, “El otro Cristo español”. Creo también, que para tener un cuadro completo de la realidad de aquellos años, habría que añadir a esta trilogía el libro “Las venas abiertas de América Latina”, del escritor uruguayo Eduardo Galeano. Willis Horst dice al respecto:

El Señor nos envió a los pueblos originarios del Chaco en un contexto posconquista. El legado de la conquista está sellado en cada célula de la memoria de los indígenas chaqueños. No pasa ni un día en que los efectos de la conquista no se hagan sentir. La conquista no se limitó a lo militar, sino que abarcó lo cultural y lo espiritual. Es más, las atrocidades del genocidio, el etnocidio y el deicidio se cometieron en nombre del dios de los conquistadores, los cristianos, y con toda su autoridad.

En  “Misión sin Conquista”, los autores nos comparten su historia junto al pueblo Toba-qom en el Chaco argentino. En este relato nos cuentan el camino que han transitado desde los inicios de la Misión Menonita en 1943 hasta nuestros días como Equipo Menonita: casi 70 años. Menciono esto con mucho respeto y reconocimiento a todos los misioneros extranjeros, los de antes y los de ahora, que han venido a dejar sus vidas en el monte chaqueño. También a los argentinos que se les han unido en estos últimos tiempos.

CAMBIOS DE PARADIGAMA

Jesús vino para compartir su vida con nosotros, así lo entienden ellos al tomarlo como ejemplo y modelo de misión integral. Lo que surge de sus páginas es para que reflexionemos sobre la forma en que hacemos misión, y es también un desafío a reconsiderar los caminos, las estrategias y los programas en los que hemos envuelto y condicionado la misión y, si fuera necesario, desandar esos caminos y cambiar los paradigmas de misión que tenemos.

MISIÓN AL ESTILO DE JESÚS

La “práctica misionera alternativa” que presentan los autores no es otra cosa que lo que ellos interpretan sobre lo que fue la misión de Jesús. Como lo hizo Jesús al venir hasta nosotros, ellos conviven –“viven con”–  el pueblo toba-qom: “Aquel que es la palabra se hizo hombre y vino a vivir entre nosotros” (Juan 1.14). Es lo que conocemos como misión encarnacional. Una misión comprometida “con” el otro, no “para” el otro.

Dios, en la persona de Jesús, se inserta en la historia, interviene e influye en el mundo y se involucra e inspira a la Iglesia. Así lo expresan los autores:

Cuando desde el Equipo Menonita hablamos de nuestra praxis misionera como una alternativa, la idea no es poner nuestro estilo en contra de otras formas de presencia misionera ni proponerlo como superior a otros. Lo que entendemos es que este estilo de acompañamiento es la manera más adecuada al contexto de los pueblos originarios chaqueños.

EN EL ACOMPAÑAMIENTO

El hecho de que se hable de “acompañar” o “caminar” no es algo metafórico, como el “peregrinaje del cristiano”, sino literal.

“La convivencia con gente indígena –dicen– nos convenció del acompañamiento mutuo.  La gente indígena también nos acompaña a nosotros. Nos hospedan, tanto cultural como físicamente. El anuncio del evangelio se hace en gran parte al escuchar, al prestar atención. La conversión se logra mutuamente”.

Me hizo recordar cuando Jesús comienza a caminar con los dos discípulos hacia Emaús. Jesús, el caminante, aunque es un “extranjero” (extraño, forastero, peregrino o visitante, como dice una versión de la Biblia) se une a ellos, se acomoda a su ritmo, ni adelante ni atrás, se pone a caminar a su lado para compartir la angustia, el dolor, el sufrimiento. El caminante desconocido se interesa por la vida de sus compañeros de camino. Se dice que el sufrimiento, compartido, es la mitad de sufrimiento. En este sentido, es un cambio de paradigma. Ni adelante, ni atrás ni desde arriba (que representa el poder), sin pretensiones de superioridad sino al lado, junto a… acompañando.

GIRO COPERNICANO

La Misión también tuvo su giro copernicano: de “Misión Menonita a Equipo Menonita”. En 1954 aprovecharon los servicios de especialistas en Antropología y Lingüística. Las Sociedades Bíblicas Unidas enviaron al Chaco al matrimonio Guillermo y María Reyburn para ayudar a comprender el contexto misionero y comenzar el análisis lingüístico del idioma toba. Alberto y Lois Buckwalter, quienes eran misioneros menonitas en el Chaco en aquel tiempo, a partir de la ayuda que obtuvieron comenzaron a reconsiderar cómo llevar a cabo la tarea misionera con creatividad y valentía. Dieron la espalda al proselitismo denominacional y pusieron todos sus esfuerzos en la traducción de la Biblia y las visitas pastorales. En definitiva, se convirtieron en los principales protagonistas de la modalidad de hacer misión sin formar iglesias denominacionales y sin imponer teologías importadas. Misión sin conquista: sin paternalismo y sin violencia. Así lo expresan:

Nos ayudaron a entender que cada pueblo tiene su historia, sus tradiciones, su enfoque cultural, su manera de encarar la realidad, y que cualquier novedad que llega es recibida e interpretada en términos de toda experiencia que ese pueblo ha tenido hasta ese momento, y que es imposible que respondan auténticamente a Dios de otra manera que no sea la propia.

LIDERAZGO

Un cambio de paradigma en el liderazgo. En 1955, después de un tiempo de búsqueda, se cerró la Misión Menonita. Los misioneros menonitas entregaron la tierra a las familias tobas que estaban viviendo en ella. También entregaron a los mismos dirigentes tobas las tres iglesias que habían comenzado. Confiaron en el poder del Espíritu Santo y en los hermanos. Pero a la vez, se comprometieron a no abandonar a los hermanos tobas. Así comenzó una nueva etapa en la relación de los misioneros menonitas con los indígenas tobas. Tomaron decisiones importantísimas.

–    Dejaron de considerarse los dueños de las iglesias de los hermanos indígenas.

–    Basaron su decisión en que Dios mismo era capaz de formar su iglesia entre los indígenas.

–    Se designaron simplemente “obreros fraternales” o “misioneros-huéspedes”.

Con respecto a esta decisión, ellos escriben:

Un misionero huésped llega como visita, no como dueño, guerrero, jefe, encargado o dirigente. Respeta a los dueños, comparte la vida, va conociendo las costumbres, saberes y capacidades de sus anfitriones e intenta ubicarse apropiadamente para no causar problemas o divisiones.
Nos ayuda mucho mantener en mente que estamos de visita y que no somos entrevistadores o investigadores. Entendemos que de esa manera también transmitimos a nuestros anfitriones que no hemos llegado con una agenda fija y que queremos acercarnos a su forma de pensar y concebir las cosas.

A fines de la década de los 50, los misioneros menonitas y algunos líderes espirituales toba-qom se pusieron de acuerdo para organizar una iglesia que fuera completamente indígena. Por eso no hay Iglesia Menonita sino la Iglesia Evangélica Unida. Hoy día, los toba-qom atribuyen esa idea al Espíritu Santo.

CÍRCULO BÍBLICO

También aquí hay un cambio de paradigma. Es muy sugestiva la imagen. Es un círculo, no una pirámide. El Círculo Bíblico, de acuerdo a como ellos lo entienden, es más que una célula como la conocemos nosotros o un grupo casero de estudio bíblico. El círculo en las culturas indígenas representa igualdad, unidad, plenitud. El círculo incluye a todos: mujeres, hombres, alfabetizados y analfabetos.

En el Círculo Bíblico no hay alguien que enseñe y los demás aprenden, como en el viejo concepto de la “educación bancaria”, donde uno sabe mucho y los demás poco. “Estar en círculo es como estar en casa: se puede conversar las cosas de Dios y de la vida de manera natural”, dicen ellos.

Los propios indígenas –siguen relatando- nos enseñaron el valor profundo del diálogo teológico intercultural. El formato del círculo para la conversación con los textos de la Biblia permite escuchar la voz de Dios desde la óptica indígena. En el Círculo Bíblico todos enseñan y todos aprenden. Junto a ellos, el Equipo Menonita sigue aprendiendo a estar presente sin conquistar —ni para la denominación cristiana que nos envía ni para la cultura en la cual nos formamos.

ESCUCHAR AL OTRO SIN INVASIÓN

En este sentido, también es un cambio de paradigma. Es un acercamiento hacia el otro que tiene otra cosmovisión del tiempo y del espacio. Mucho del acompañamiento a los indígenas incluye tiempos de conversación con ellos y  respeto de sus espacios, sin imposición, sin usurpación y sin adueñarse de sus tiempos. Hay que saber esperar en esos encuentros. Dicen los autores:

Nos ayuda mucho mantener en mente que estamos de visita. En el mundo blanco rigen otras costumbres, ritmos y reglas, como la de hacer muchas preguntas. Pero queremos entrar en el mundo aborigen como huéspedes respetuosos. Tratamos de esperar hasta que ellos toquen el tema que quieran, o hagan la pregunta que les importe. Eso puede tardar un buen rato. Ese rato se hace valioso una vez que llegamos a experimentar cuánto sucede en el silencio. Aguantar el silencio en los encuentros es como tensar las cuerdas de la atención y la intuición.

Ya en el final, expresan:

De la misma manera, la práctica misionera alternativa procura alcanzar el mismo resultado final que plantean las prácticas misioneras clásicas en que buscamos difundir el amor de Dios, hacer conocer el camino de Jesucristo, aportar a la transformación de la Creación y promover la sanidad integral tanto de otros como de nosotros mismos. Anhelamos inspirar a otros a caminar con la esperanza que Jesucristo puede dar.

DESDE LA RED MISIONES MUNDIALES / COMIBAM ARGENTINA RECOMENDAMOS EL LIBRO “MISIÓN SIN CONQUISTA” POR SER:

–    Útil en la tarea misionera que Dios nos ha encomendado. Lo usamos como libro de texto en nuestro Programa de Capacitación Misionera Básica (PCMB).

–    Desafiante para hacer misiones a la manera de Jesús “como práctica misionera alternativa”. En este sentido, lo recomendamos tanto para contextos transculturales como contextos urbanos.

–    De inspiración porque necesitamos aprender de los que saben, de los que ya han regresado, de aquellos que ya han experimentado tanto éxitos como fracasos (deseamos que estos últimos que cometemos frecuentemente sean cada vez menos).

* Este artículo fue leído por su autor en la presentación de la segunda edición de “Misión sin conquista” (Ediciones Kairós) realizada el 25 de noviembre de 2011 en el auditorio de la Sociedad Bíblica Argentina en la Ciudad de Buenos Aires.

 

http://www.kairos.org.ar


Por Juan Stam

¿Cómo vivir cristianamente en una sociedad consumista?[1]

(¿y cómo celebrar cristianamente la Navidad?)[2]

El consumismo es un fenómeno muy particular, que no es exactamente idéntico con la avaricia o el egoísmo. Éstos son pecados individuales y personales, mientras el consumismo es colectivo, es una cultura en la cual todos vivimos y participamos de una u otra manera. Como cultura social, nos envuelve a todos, mayormente de forma inconsciente. El consumo normal llega a ser consumismo cuando el comprar y el consumir llegan, inconscientemente, a ser compulsivos. Puede tomar la forma de “consumo conspicuo”, de comprar lujos para ostentarlos ante los demás, pero también puede tomar la forma opuesta, el impulso irresistible de comprar cosas solo porque están baratas (“consumismo de gangas”)
Consciente o inconscientemente, activa o pasivamente, de una u otra forma, todos somos parte de esta sociedad de consumo, como veremos si analizamos algunas de sus características:

Supremacía de valores materialistas. Es revelador la frecuente pregunta, “¿Cuánto vale fulano?”, para preguntar cuánta riqueza tiene. La misma palabra “riqueza” se suele entender en sentido económico, sin considerar valores morales, espirituales y sociales. En los mercados, “cuánto vale” se entiende como “cuánto cuesta”, que en realidad es algo muy distinto. Muchos dichos del pueblo reflejan estas mismas actitudes:

“Tanto tienes, tanto vales”

“Poderoso caballero es don dinero”

“Quíen dijo penas mientras las alforjas están llenas”

“Cuando se trata de dinero todos somos de la misma religión”

“El dinero no produce la felicidad pero produce algo tan parecido que es asunto de especialistas”

Puede ser sorpresa darnos cuenta de que vivimos en una sociedad materialista, y que ese materialismo penetra mucho en la iglesia. Es importante reconocer que hay diferentes tipos de materialismo. El materialismo metafísico afirma que sólo lo material es real. El materialismo histórico,en cambio, apela a lo económico como clave para entender el proceso histórico. Pero más sutil es el materialismo práctico de laactual sociedad capitalista. El materialismo consumista no afirma que sólo lo material es real sino que a fin de cuentas sólo lo material importa.

En varios pasajes de los evangelios Jesús advierte contra esta visión materialista-consumista de la vida: Lo repudia directamente en su palabra al rico insensato: “la vida de una persona no consiste en la abundancia de sus bienes” (Lc 12:15). Los tesoros de este mundo son frágiles; fácilmente se pierden, los ladrones las roban, se herrumbran y se quiebran (Mat 6:19). Los tesoros del reino venidero son imperecederos (6:20). En el pasaje paralelo en Lucas, Jesús aclara que es por compartir las riquezas que se convierten en tesoros eternos (Lc 12:32-34). Al materialista Jesús le dice, “¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida, ¿y quién se quedará con lo que has acumulado?” (Lc 12:20).

Nos toca a cada uno examinarnos y preguntarnos cuáles son las verdaderas prioridades de nuestra vida. En el transcurso de una semana, ¿qué es lo que más ocupa mis energías y mis esfuerzos? ¿Qué es lo que me da más satisfacción: ganar mil dólares, gastar mil dólares o regalar mil dólares? Si son las dos primeras, la primacía de ganar y gastar, estoy atrapado en el consumismo, a lo mejor sin darme cuenta. Solo la prioridad de compartir — hacer de la vida un proyecto de servir a Dios y a los demás — da verdaderas riquezas que perduran.

En el consumismo el consumo se considera una finalidad en sí, un valor propio inherente. Entonces vivimos para consumir (lo máximo posible), en vez de consumir (un mínimo conveniente) para vivir (mucho más plenamente). Es una cultura del consumo por el consumo. En su extremo, para muchas personas, el consumo es la meta suprema de su existencia. Un eslogan popular, que aparece todavía en muchas camisetas en inglés, reza “I shop, therefore I am” (“Hago compras, luego existo”). Es una relectura de la fórmula fundante del pensamiento del filósofo Descartes, “cogito, ergo sum” (“Pienso, luego soy”). Hay que dudar de todo, dijo Descartes, pero de una cosa no puedo dudar: si estoy aquí pensando, entonces existo o no estaría dudando. Hoy día, cuando algunos ni piensan, hay que reformular la consigna: “Hago compras, por eso (y para eso) existo”.

Un pionero en el análisis del consumismo fue Thorstein Veblen. En su clásico La teoría de la clase ociosa (1899) estudió los patrones de gastos de los “nuevos ricos” de la época con un alto componente de “consumo conspicuo” u “ostentoso”.[3] Ante la pregunta de por qué la gente compraba lujos que no necesitaban, descubrió que muchos de los muy ricos empleaban su fortuna para exhibir su estatus social y su superioridad económica en vez de la utilidad efectiva de lo comprado. Así la compra de joyas exorbitantes, ropa lujosa, mansiones y limosinas constituye consumo conspicuo o aun “invidioso” (sic), una forma más específica, consumo con la intención de causar envidia en otros. En décadas recientes el lujo ostentoso de las diosas de Hollywood a menudo ha sido consumo conspicuo. En otro sentido, la tiranía de “la moda” hoy día presiona a muchas personas a gastar mucho dinero para demostrar que están al día y tienen buen gusto.

Un reciente artículo de Roberto Torres Collazo analiza “La dictadura del consumismo”, precisamente en la época de Navidad. Los modernos medios de comunicación han perfeccionado los métodos de la mercadotecnia para hacernos desear cosas que sin ellos no hubiéramos deseado ni mucho menos necesitado. Su propaganda y sus “promociones” dictan muchas de nuestras decisiones. Nos manipulan para sacarnos el dinero, y en las temporadas electorales nos manipulan para creer toda la propaganda engañosa y votar por los y las candidatos que más les paguen a ellos. Los medios en gran medida nos han reducido a simples comparadores. Han convertido el “homo sapiens” en “homo emptor”, compradores por esencia.[4]

Junto con el consumismo va creciendo una pasión por acumular sin límites. Parece que el afán de acumular se apodera de la persona, impulsándole a querer siempre más y más, sin parar de acumular. La misma palabra griega para “avaricia” es un compuesto de un verbo y un adverbio, “tener” y “más”. Llega a ser obsesiva; la persona no puede vivir sin estar ganando más. Sólo por un milagro de gracia divina un ser humano va a decir “ya tengo suficiente, no quiero tener más”. Pertenece al proceso adquisitivo ser infinito, en ese sentido; suele ser un cáncer que crece en el corazón y en la vida.

Las escrituras ven muy negativamente a esta mentalidad de acumular. Del rey de Tiro dice, “Has acumulado mucha riqueza… Con tus muchas riquezas te has vuelto arrogante” (Ez 28:4-5; cf. Hab 2:6). “Ay de los que juntan casa a casa”, denuncia Isaías, “y añaden heredad a heredad hasta ocuparlo todo” (Is 5:8). Según Eclesiastés 5:10, “El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad”. Santiago condena esa mentalidad en los ricos del primero siglo: “Han amontonado riquezas, ¡y eso que estamos en los últimos tiempos!” (Stg 5:3).

Un fenómeno relacionado con el consumismo es el culto al éxito que es una característica de la moderna sociedad capitalista. Una sociedad basada en la competencia va a acentuar la diferencia entre los exitosos y los no exitosos, generalmente medida por su fortuna pero también por su fama (que generalmente van de la mano). Produce una sociedad estratificada por los grados de éxito logrados por cada individuo. Una sociedad de muchas comparaciones odiosas es el resultado lógico de nna economía basada en la competencia.

La peor expresión de este fenómeno es el desempleo, mucho peor porque es resultado del mismo sistema donde los trabajadores son esencialmente una mercancía en el “mercado laboral”, parte de la fórmula de ingredientes del éxito de otros.[5]

En 1973, en la Universidad de Tubinga, Hans Küng ofreció un brillante curso sobre “Teología de la gracia”. Como evangélico, escuché con sumo agrado las magistrales exposiciones de este renombrado pensador católico. Especialmente iluminador y conmovedor fue la actualización que hizo del tema. Hoy día, propuso, una de las formas de justificación por las obras es el éxito. Vivimos, afirmó Küng, en una “Leistungsgesellschaft”, una “sociedad de logros”, donde el valor de cada persona se mide por sus logros, Como todo sistema de justificación por obras y méritos, esto polariza la comunidad en “fariseos” y “publicanos”. Ambos resultados son anti-humanos y destructivos. Los “fariseos”, están confiados de su valor y mérito, ante la sociedad y ante su Dios, porque han logrado el éxito. Los “publicanos”, en cambio, se sienten fracasados y desacreditados por su poco o nulo éxito y sus pocos logros. Hoy día el prototipo por excelencia del “publicano” es el desempleado, que tiende a sentirse inútil, un cero a la izquierda, excluido del sistema y alejado del amor de Dios. Todo este sistema elitista es una negación del Dios de la gracia y una gravísima contradicción de la justificación por la fe.

Sin duda este análisis requiere mucho más profundización, y tampoco debemos generalizar más de lo que justifican los hechos. Pero la cultura consumista es una realidad innegable, y el primer paso para salir de ella es reconocer que existe y que estamos todos y todas metidos en ella. Sin embargo tampoco basta con sólo analizar y denunciar. Los profetas hebreos, que deben ser nuestros ejemplos hoy, denunciaban el mal de su pueblo pero también anunciaban la esperanza de cambios y al final del reino de Dios y su justicia. En ese sentido, ¿qué podemos hacer hoy para aportar a soluciones para este mal ético y social?

En primer lugar, habiendo reconocido estas realidades, debemos repudiar los anti-valores del consumismo y liberarnos de ellos. Como cristianos y cristianas, tenemos que hacer una gran declaración de independencia: no dejarnos reducir a meros consumidores; no dejarnos manipular por la propaganda para comprar cosas que no nos hacen falta; no medir a las personas por valores materialistas; y repudiar de una vez para siempre el culto al éxito. Contra los anti-valores del consumismo, debemos comprometernos con los valores cristianos y humanitarios de una sociedad alternativa. Lo expresó elocuentemente Facundo Cabral en muchos de sus canciones-sermones-adagios:

“Hay gente tan pobre, que lo único que tiene es dinero”.
“No es rico el que más tiene, sino el que menos quiere”

Aun más revolucionaria es la consigna de San Francisco de Asís:

“Deseo poco,

y lo poco que deseo,

lo deseo poco.”

Los extremos y abusos de nuestro consumismo hoy están estrechamente relacionados con el concepto de “propiedad privada” como un valor absoluto e incuestionable. Para la Biblia, estrictamente hablando, la propiedad privada no existe, porque Dios es el dueño de toda la tierra y nosotros no somos dueños sino mayordomos de bienes que no son nuestros (¡véase Lev 25:23!). En el Pentecostés “tenían todo en común” y “nadie consideraba suya ninguna de sus posesiones” (Hch 2:44-45; 4:32). El papa Pablo VI expresó bien este principio bíblico cuando declaró que “toda propiedad privada lleva una hipoteca social”. Aunque hoy día tenemos una economía de mercado y de propiedad privada, estos modelos bíblicos deben relativizar radicalmente nuestra pasión por acumular bienes personales a espaldas del bien común social.

Esta visión bíblica de la vida económica revolucionará nuestra actitud hacia el salario mensual. Lo normal es pensar, “Este sueldo es mío, ¿de él, cuánto debo dar a Dios y al prójimo? y el resto por supuesto me toca a mí”. Ahora vamos a pensar, “Dios me ha confiado la mayordomía de este sueldo pero ni un centavo me pertenece; ¿cuánto de él puedo retener para proveer una vida digna para mí y mi familia, y cómo sirvo a Dios y a los pobres con todo el resto?”

Segundo, nuestra liberación del consumismo significará simplificar radicalmente nuestro estilo de vida. La propaganda comercial y la presión social nos llevan a comprar muchas cosas que de hecho no nos hacen falta. Complicamos la vida más de la cuenta, y nos acomplejamos con ansiedad por mantener “un nivel de vida”. Pero la misma abundancia de cosas materiales suele ser obstáculo para un “nivel de vida” humana y espiritual.

No cabe duda que para la mayoría de nosotros nos convendría simplificar significativamente nuestra vida. Un bello ejemplo de eso es la fiesta de tabernáculos en Israel. Todo el pueblo — los que poseían mansiones y que ocupaban humildes chozas — por una semana vivían en enramadas en el patio, sin refri, televisor ni micro hondas (diríamos hoy), cocinando con leña, todos iguales unidos en una vida sencilla y solidaria.[6]

Lejos de consumismo y de cualquier teología de la prosperidad (versión religiosa del consumismo materialista), esta ética bíblica de las finanzas nos llevará a hacer de toda nuestra vida un proyecto de servicio a Dios y al prójimo en vez de un proyecto de acumular y consumir. Podemos tomar como modelo el famoso sermón de Juan Wesley, “Sobre las riquezas”, con sus tres puntos:

(1) Gana todo lo que puedas (pero justa y honestamente)

(2) Ahorra todo lo que puedas (estilo sencillo de vida)

(3) Dar todo lo que puedas, a Dios y a los pobres.

Dios ama al dador alegre, pero parte de la sociedad consumista comercial es la obligación de dar regalos de cumpleaños y de Navidad, a veces regalar por presión social más que por amor sincero y por gozo. Una actitud bíblica hacia mi sueldo hará mucho para liberarme de esa obligatoriedad, pues no estoy “sacrificando”, quitando algo de “mi sueldo”, sino al contrario, para eso Dios me ha confiado determinada cantidad de dinero más allá de mis necesidades básicas.

Aquí quiero agradecer a nuestra hija Rebeca por habernos enseñado la alegría de dar regalos. Para Rebeca, dar regalos lindos y bien escogido es una pasión, uno de sus proyectos vitales. Rebeca es aeromoza con American y no le sobran recursos, pero sí le sobra amor y tiene un montón de amigos y amigas, desde niños y niñas hasta ancianos, de toda cultura, religión y raza y todos relativamente pobres. Como ella vive en Miami, vive pendiente de las ofertas, pero casi sólo para sus amigos y amigas. Es capaz de ver en febrero, en un precio alcanzable, un regalo maravilloso para el cumpleaños de alguna amiga en noviembre. Otro principio de Rebeca es de comprar de unos amigos para dar a otros amigos (p.ej. alguna amiga que vende cosméticos, o artesanías. pasteles etc). Ha sido emocionante acompañar a Rebeca en sus visitas a esta tropa de amigos que tiene y ver la alegría de niños y viejos al abrir sus regalos. ¡Gracias, Rebeca, por habernos enseñado tanto!

Es interesante, y muy importante, que en los evangelios los únicos “regalos navideños” se dan a Jesús mismo. Los pastores no trajeron regalos, y los magos no dieron nada a José y María ni ellos intercambiaron regalos tampoco. Sólo muchos siglos después comenzó la costumbre de dar regalos en la Navidad, costumbre que el siglo pasado se comercializó vergonzosamente. En la Navidad, el único regalo que importa es la entrega total de nuestra vida (incluso billetera y cuenta bancaria) a Jesucristo el Señor, y de esa entrega nacerá una vida de compartir en vez de acumular y consumir.

En esta Navidad haremos bien en tomar al corazón las palabras del martir Oscar Arnufo Romero:

Que no se dé como limosna lo que ya se debe de justicia.

Y que antes de hacer caridades baratas, regalitos, fiestas navideñas, etc.,

revisemos nuestra justicia social,

que no puede haber paz de Navidad

si no hay verdadera justicia en las relaciones de los salvadoreños.

¡Es esa la Paz que anhelamos!” …

No busquemos a Cristo

entre las opulencias del mundo,

las idolatrías de la riqueza,

los afanes del poder,

las intrigas de los grandes.

Allí no está Dios.

Busquémoslo entre

los niños desnutridos que

se han recostado esta noche

sin tener qué comer.

Rand called her philosophy “Objectivism”, describing its essence as “the concept of man as a heroic being, with his own happiness as the moral purpose of his life, with productive achievement as his noblest activity, and reason as his only absolute.”[86] She considered Objectivism a systematic philosophy

“Salgan de ella, pueblo mío,

para que no sean cómplices de sus pecados”

(Apoc 18:4)

[1] Este artículo es la conclusión de dos anteriores, “¿Qué es la avaricia” (set 1, 2011) y “Jesús y las riquezas” (24 oct 2011).

[2] Si “Jesucristo es un verbo, no un sustantivo”, como tan acertadamente nos ha enseñado Ricardo Arjona, entonces “cristiano” y “cristiana” tampoco deben entenderse como sustantivos sino como adverbios: Se trata de vivir y actuar cristianamente.

[3] Por supuesto, el consumo conspicuo es muy antiguo; cf. Stam Apocalipsis Tomo II (2003:101-2) y Haciendo Teología, Tomo II (2005:332-2).

[4] Ver el artículo sobre la avaricia, citado en la primera nota.

[5] Esto fue vergonzosamente evidente en la reciente crisis de Wall Street, cuando millones de empleados perdieron no sólo su empleo sino también sus bonos y acciones, sus fondos de pensión, su seguro médico, y lo peor, su dignidad humana. En cambio muchos ejecutivos y otros privilegiados hasta ganaron más con la crisis.

[6] Ver “La Fiesta de las enramadas nos llama a un estilo de vida sencillo y solidario”, Stam Apocalipsis Tomo II (2003:151-153).

 

 

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