Archivos para febrero 16, 2012

Joan Osborne – One Of Us (Subtitulado)

Publicado: febrero 16, 2012 en Música

Los aeropuertos y yo

Publicado: febrero 16, 2012 en opinión

Juan Stam

Los aeropuertos y yo

(historia de mis calamidades)

Cuando el teólogo medieval, Pedro Abelardo, escribió su autobiografía, la tituló “la historia de mis calamidades” (¡qué visión más triste de su propia vida, pero tenía mucho que contar!). Santa Teresa. en cambio, escribió la historia de su vida bajo el título “el libro de las misericordias de Dios”. Mi propia vida ha sido muy similar a la de Teresa y nada parecida a la de Abelardo, excepto en un solo aspecto, ¡los aeropuertos! Quiero contar “la historia de las calamidades” (algunas de las muchas) que me han pasado en los aeropuertos.

En octubre de 1977 fui invitado a Rusia para una reunión de la Comisión de Fe y Constitución del Concilio Mundial de Iglesia. Mi viaje tenía un cambio de avión en Budapest, donde la salida del vuelo se atrasó por varias horas y llegué al aeropuerto de Moscú a la medianoche. Por supuesto ya nadie me esperaba y por teléfono no pude entenderme con nadie. Pasé la larga noche con unos cien rusos y rusas que cantaban, conversaban en voz alta, tomaban cerveza y celebraban fiesta todo el tiempo.

Al despuntar el amanecer vi que habían abierto una venta de café, y yo muerto de ganas para tomarlo y prepararme para las aventuras del día me metí a la larga fila y al fin llegué para comprar mi café. Aunque no acostumbro echar azúcar al café, decidí que el azúcar me podría dar un poco de energía para el día y eché bastante. Llegué todo emocionado a una mesa a tomar mi café, pero casi vomito, pues lo que había echado no era azúcar sino sal. Con solo recordarlo, vuelve ese mal sabor a mi boca.

De regreso de Rusia quería pasar unos días en Cuba. Fui a la Embajada cubana en Moscú a sacar una visa pero me dijeron que lo podía hacer en el aeropuerto de la Habana. Llegué ahí y no había donde sacar visa y en eso salió mi vuelo para Costa Rica, por supuesto sin uno de sus pasajeros (yo). Las autoridades de migración me citaron a una oficina de policía, donde me avisaron que estaba ilegal en el país, que eso era mi serio, que quizá tendrían que deportarme con helicóptero, etc. Desde mi hotel llamé al pastor Raúl Fernández Ceballos, a quien había conocido en San José. Con un cariño muy especial, el hermano Raúl dedicó su fin de semana a llevarme a conocer la Habana, las iglesias y pastores y líderes. Esa visita fue el inicio de muchas amistades y bellas experiencias en la isla. Se confirmó así ese conocido texto bíblico, “no hay mal que por bien no venga” (Ezequías 6:66).

En otra ocasión Doris y yo íbamos a visitar con mi hermano David y perdimos nuestro vuelo de Chicago a Syracuse, Nueva York. Cuando le llamé a informarle de la situación, me consoló con un texto bíblico, “Bueno, Juan, San Pablo dijo que todas las cosas ayudan para bien, pero, Juan… ¡San Pablo nunca estuvo en un aeropuerto!”.

En otra ocasión viajaba a Cochabamba vía Lima y La Paz. El vuelo para Lima se atrasó y corrí para encontrar el podio de Taca y conectar con el vuelo para La Paz. Cuál fue mi sorpresa cuando me dijeron que yo había llegado tarde (¡pero era TACA que me había traído!) y que el vuelo estaba cerrado. El personal de TACA me dijo que era culpa mía y se negaron ayudarme en ninguna forma. Una señora boliviana, avanzada en edad, estaba en la misma situación. Tuvimos que pedir a un taxista llevarnos a algún hotel, todo a expensas nuestras. El día siguiente TACA no tenía vuelo para la Paz y tuve que comprar un boleto en otra línea aérea. En Bolivia supe que cuando fueron a recibir mi vuelo, les dijeron que yo no había salido de San José. Claro, como no estaba en la lista de pasajeros, no me pasaron al avión para La Paz. Unos meses después TACA me reembolsó los gastos y me subió a primera clases en dos viajes futuros.

Omitiendo algunos capítulos más de “la historia de mis calamidades”, termino con el relato de un viaje que me tocó en setiembre de 2008 a Monterrey, México (vía Houston) y de ahí al Perú. Llevaba una tremenda carga de libros para vender en México. Al presentarme en el podio de Continental en San José, supe de una amenaza de huracán en Houston, pero opté por tomar el vuelo. Cuando llegamos a Houston ya entraba el huracán y habían cerrado el aeropuerto por cinco días. Gracias a Dios conseguí un cuarto en un Ramada Inn en las afueras de Houston. El huracán era espantoso, tormentas de lluvia y vientos feroces, que comencé a pensar si no sería una octava trompeta del Apocalipsis o aun el fin del mundo.☺ Estábamos sin electricidad, sin teléfono. sin noticias y sin comida, excepto unas galletas cada día.

El domingo por la mañana bajé al lounge para compartir lamentaciones con otras víctimas de la situación, cuando pasó una pareja que me miraron con curiosidad y me preguntaron, “¿Ud no sería Juan Stam?”. Me explicaron que eran Paulo y Olga Niño, miembros de la iglesia en Monterrey pero viviendo ahora en Houston y que el pastor de Monterrey, nuestro querido amigo Joel Sierra, les había llamado para pedirles que me sacaran por tierra. Fue por puro milagro y misericordia de Dios que me localizaron. ¡Qué sorpresa tan agradable como inesperada! Cargamos mis pesadas maletas en su carro, me llevaron a su casa para comer algo y de ahí por tierra hasta San Antonio. Sandra Alvarado, que también era de Monterrey, me llevo desde San Antonio hasta Laredo, de donde el pastor Sierra, junto con dos amados amigos, David Granados y Salvador Ávila, me llevaron hasta Monterrey. Llegamos a las dos de la madrugada del lunes. Fue un total de dieciocho horas en el camino.

Perdí un concierto y unas predicaciones del domingo pero pude dar completo el seminario de Apocalipsis. Comencé el taller con dos reflexiones teológicas: “¡Ahora sí creo en la Gran Tribulación, y es un aeropuerto!”  Pero por otra parte, dije, “Ahora más que nunca creo en los santos ángeles, como fueron para mi Paulo, Olga y Sandra”. Cuando los recuerdo, vuelvo a dar gracias a Dios por ellos, como si fuera ayer. Ahora, por este medio les mando un gran saludo lleno de cariño y agradecimiento.

Bueno, a pesar de los pesares, doy gracias a Dios por los aviones y los aeropuertos y los automóviles. A fin de cuentas, es mucho más rápido y cómodo que andar en barco, en carreta o a loma de caballo. Hay que admirar a los pioneros y pioneras del pasado que lograron tanto sin las comodidades modernas. Pero me pregunto, ¿no sería posible tener los aviones sin los aeropuertos?

Hace años nuestra hija Rebeca ha trabajado con líneas aéreas, por lo que a menudo hemos podido viajar gratis o sumamente económico. En 1994 fui con Doris a visitar Estambul y las ciudades de las siete iglesias del Apocalipsis. Sólo esa experiencia compensó con creces por mi historia de calamidades. Todo el viaje, ida y vuelta, nos costó la exorbitante suma de $220 cada uno. Hubiera sido más económico, pero el viaje de Amsterdam a Estambul tuvo que ser con KLM en vez de Continental.

Después del viaje envié una carta circular en que hablé maravillas de lo lindo de tener una hija que trabaja en aviación, y recomendé a todos los amigos hacerlo. Uno de ellos respondió: “Ya hemos hablado con nuestra hija, y está de acuerdo. Lo único es que ella sólo tiene siete años”.

Bueno, para viajes como el nuestro a Turquía, vale la pena esperar unos cuantos años a que crezca la niña.


Juan Simarro Fernández

Y se escandalizaban de Jesús (I)

Una nueva serie sobre principios de Jesús que escandalizaban a muchos de quienes le escuchaban.
 Apedrearon a los siervos y mataron al hijo para quedarse con los frutos, con la heredad. Poco se predica hoy sobre esta parábola dirigida a los religiosos de la época, a los principales sacerdotes y ancianos del pueblo. Quizás escandaliza la forma en que Jesús se dirige a los religiosos.Así dice uno de los textos de la Parábola dirigida a cumplidores de las normas religiosas: “Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió a sus siervos para que los recibiesen. Mas los labradores apedrearon a los siervos. Finalmente les envió a su hijo… mas los labradores cuando vieron al hijo dijeron: Venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad”.  Mateo 21: 34-38 .

 ¿Son los religiosos, acaso, los ladrones de los frutos del Reino? La parábola afirma como conclusión que el reino de los cielos se le quitará a estos labradores y se entregará a otro pueblo que produzca sus frutos . ¿Acaso eran los religiosos de la época de Jesús los que impedían que los frutos llegaran a su legítimo dueño, el dueño de la viña? ¿Causa escándalo el tildar a los religiosos, trabajadores de la viña, de ladrones? ¿Sigue siendo actual la parábola y los frutos del reino son frenados por los religiosos?

Esta es una parábola escandalosamente dura que nos presenta a un grupo de personas que trabajan en la viña del dueño, pero que impiden que éste vea el fruto de su viña.  Estos labradores malvados se creen en la libertad de apoderarse ellos de los frutos de la viña hasta el punto de que son capaces de matar a los emisarios del dueño que claman por sus frutos.

¿Quiénes apedrean o persiguen hoy a estos emisarios, a los profetas de Dios?  ¿Quiénes apedrean hoy a los que reclaman los frutos de la viña para entregarlos a su Señor?  ¿Quiénes son los que apagan la voz profética para que no se den los frutos de justicia que reclama el dueño de la viña? ¿Quiénes se oponen hoy a los frutos de justicia, de solidaridad humana, de dignificación de las personas, de liberación de la pobreza y de la miseria de tantos sufrientes del mundo? ¿Acaso son los propios religiosos?  A mí no me escandalizan las palabras de Jesús, pero la Biblia constata que muchos se escandalizaban de Él.

Religiosos que se preocupan de sus iglesias, de sus parroquias, de que se mantenga cierta “limpieza” interna intramuros de los templos… pero ladrones de frutos. Pero ¿se puede identificar la iglesia con el Reino de Dios? ¿Debe dar la iglesia los frutos del reino o se puede quedar con ellos apedreando incluso a los profetas?

Yo defiendo y amo a la Iglesia. Aquí la cuestión está en saber si las iglesias son todas iglesias del reino. Si son iglesias del reino, no pueden estar robando los frutos que éste demanda.  Yo espero que las iglesias no estén apedreando a los profetas, ni maten al hijo para quedarse con los frutos de la viña, los frutos del reino que deberían estar actuando en el mundo, como frutos de búsqueda de justicia, de práctica de misericordia, de estar sacando a los últimos y poniéndolos en los primeros lugares . ¿Se roban estos conceptos porque, quizás, causan escándalo?

Gracias a Dios que hay iglesias del Reino y no son identificables con los labradores de la viña que querían sólo para ellos la heredad y la posesión de los frutos que producía la viña. Pero puede haber iglesias del antirreino.

Quienes ejerciendo de labradores, de trabajadores de la viña, son malvados y matan a los profetas, a los emisarios de Dios e impiden que los frutos del reino lleguen a todos, al mundo, a los necesitados para que haya una sociedad nueva en la que prosperen esos frutos, no son dignos de ser labradores del reino. El reino se les quitará y se buscará otro pueblo que produzca esos frutos. Hay que acabar con los labradores homicidas para que los frutos del reino resplandezcan en el mundo de una manera clara.

 Tenemos que saber que en la viña del Señor no hay lugar para los que no están aportando continuamente frutos, para los que no están actuando para los demás, para los que desconocen los frutos de la projimidad, para los que sólo se dedican a la palabrería y alabanzas vanas, pero que, al final, se quedan con los frutos, los roban, impiden que los frutos lleguen a un mundo lleno de dolor y con el que Dios se siente identificado.  Pero, cuando se dice esto, muchos se pueden escandalizar.

¿Quién es el que puede quitar a los labradores malvados que, sintiéndose propietarios o amos impiden que el Señor recoja sus frutos? ¿Quién puede eliminar a los que apedrean a los profetas, a los que matan al hijo? ¿Quizás pensarán que con un Dios muerto van a poder quedarse con los frutos de la viña del Señor? Por eso matan al Hijo. Quieren matar al mismo Dios para que no les demande la entrega de los frutos. Esto sí es un escándalo real. Ante esto sí hemos de escandalizarnos en justicia.

 A Dios no se le puede matar, porque es el dueño de la vida y de la muerte. Es verdad que mataron a Jesús, pero éste venció la muerte, resucitó y sigue pidiendo cuentas sobre los frutos que los religiosos tienen que dar al Señor de la viña.  Esos falsos amos de la viña tienen que ser sustituidos y eliminados. Tiene que darse la viña a otros que produzcan frutos, frutos de justicia, de misericordia y de amor. Sin esto la religión no es válida, los cultos no son aceptos al dueño de la viña, las plegarias son una molestia para los oídos de Dios, las fiestas solemnes no las puede soportar el dueño de la viña. Éste lo que quiere son los frutos del reino, que éstos actúen en el mundo.

Creo que esto puede ser una gran lección para el cristianismo hoy, una lección que potencia la obra social cristiana, el compromiso con los pobres, con el mundo, con los oprimidos, con los que están esperando que los frutos del reino lleguen a todos los rincones del mundo eliminando injusticias, liberando, dignificando… Aunque esto escandalice a algunos.

Dios no puede bendecir una iglesia que no dé los frutos del reino, que no los entregue como ofrenda a su Señor. Si la iglesia y los cristianos intentan robar los frutos y apedrear a los profetas, será quitada de la faz de la tierra y entregada a otro pueblo que sea iglesia del reino.

No puede darse la vivencia de un cristianismo estéril que no produce los frutos que el dueño de la viña está esperando. El reino de Dios no está entre los religiosos que no producen frutos, en el pueblo que apedrea a los profetas y que es capaz de matar al hijo para quedarse egoístamente con los frutos y con la herencia que no le pertenece. Nadie que mate la voz de los profetas puede ser un agente del reino de Dios.

La iglesia hoy tiene que escuchar la advertencia de Dios a su pueblo: “El reino de Dios será dado a gente que produzca los frutos de él”, dice el texto de Mateo. La iglesia debe estar preparada con su cesto de frutos. Su privilegio será el poder decirle al Señor: Aquí están los frutos, Señor. Los frutos de mi fe, los frutos que nuestra fe ha dado a través del amor… aunque esto escandalice a los religiosos insolidarios.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2012


César Vidal Manzanares

La reforma indispensable (32)

Finaliza el encuentro en Lepizig.
 ¿Quién había vencido en la disputa de Leipzig? Por supuesto, Eck había logrado un tanto táctico al lograr que Lutero señalara que no creía en que los concilios estuvieran siempre exentos de error y, como era de esperar, proclamó que la victoria había sido suya. Mientras Eck se refería al premio que para él significaban “la buena cerveza de Leipzig y las bellas adoradoras de Venus” (una afirmación bien peculiar en un teólogo), el duque le regaló un ciervo, pagó todos sus gastos y le concedió una audiencia. En paralelo, el obispo de Brandeburgo solicitó su opinión sobre la denuncia presentada por los franciscanos de Juteborg contra Lutero lo que le permitió ganar quince coronas en un par de horas. Eck estaba tan entusiasmado que montó a caballo y fue al encuentro de Federico para convencerlo de que abandonara a Lutero a su suerte y cuando el príncipe lo remitió a Lutero y a Carlstadt, acudió a denunciar al agustino ante el dominico Hoogstraten, gran inquisidor de Alemania. No sólo eso. Envió un informe a Roma acusando a Lutero de hereje e indicando que, tras la disputa, la única salida es su condena fulminante. Sí, poca duda puede existir de que Eck se veía como el vencedor, recompensado por añadidura, y con el poder suficiente como para imponer condiciones.  Sin embargo, la victoria estratégica –y teológica- había sido para Lutero de una manera aplastante y así lo reconoce en la actualidad la mayoría de los estudiosos.  No se trataba sólo de que su príncipe estuviera más que dispuesto a seguir defendiéndolo nada convencido por los argumentos de Eck. Además se encontraba la reacción de las universidades. De entrada, los estudiantes y no pocos profesores de Leipzig emigraron a Wittenberg en masa. Por si fuera poco en Wittemberg, en Nuremberg, en Augsburgo, en Estrasburgo, en Selestat, en Heidelberg, en Erfurt y – no podía ser menos – en Leipzig las versiones escritas de lo sucedido unánimemente describieran a Eck como el indiscutible derrotado.

 De manera bien significativa, los eruditos y los humanistas también consideraron que Lutero había emergido de la disputa como el vencedor.

Erasmo, el príncipe de los humanistas, señaló que Lutero era demasiado honrado mientras que Eck no era más que un majadero ( jeck ). Lázaro Spengler de Nuremberg y Bernardo Adelmann de Augsburgo señalaron también la derrota espantosa sufrida por Eck e incluso W. Pirckheimer publicó un libro titulado  La bajada de calzones de Eck  que iba a provocar las carcajadas de toda Alemania.

 No deja de ser significativo que eruditos católicos como J. Lortz o el dominico D. Olivier compartan ese veredicto. Si Lortz señala que una prueba fatal de la debilidad católica fue la manera en que Eck se dedicó a su promoción personal durante las semanas siguientes y la forma en que las universidades se negaron a dar un veredicto en el que Lutero apareciera como derrotado. Por su parte, Olivier reconoce el juego sucio de Eck y acepta totalmente la victoria de Lutero. Con los datos históricos en la mano, no se puede llegar ciertamente a otra conclusión.

 Por añadidura, Eck había empujado a Lutero a asumir una posición que estaría cargada de consecuencias. Antes de Leipzig, el agustino se había manifestado profundamente preocupado por cuestiones de carácter pastoral y por la necesidad de regresar a una predicación bíblicamente pura del mensaje de salvación. Después de Leipzig y de los prolegómenos relacionados con el estudio de la Historia de la iglesia, Lutero ya no cuestionaría sólo el uso del edificio sino la bondad misma de su existencia. El teólogo y pastor estaba dando los pasos necesarios para convertirse en reformador.

Autores: César Vidal Manzanares

©Protestante Digital 2012


New York Knicks

La sensación de la NBA, Jeremy Lin: Dios es bueno
Algunos fans viajan desde Asia y pagan hasta 60 mil dólares por una entrada en primera fila para ver a Lin.

16 DE FEBRERO DE 2012, NUEVA YORK

 Jeremy Lin, con el dorsal 17 de los New York Knicks, se ha vuelto la sensación del momento en el baloncesto de la NBA. En el último partido del pasado miércoles realizó 13 asistencias, y con él los Knicks se adjudicaron su séptima victoria consecutiva, ante los Sacramento Kings.

Con este triunfo de los Knicks la euforia ha crecido, llegando casi a lo increíble, como que algunos fans que viajan desde Asia pagan hasta 60 mil dólares por una entrada en primera fila para ver a Lin. Incluso el presidente Obama se ha confesado admirador de Jeremy.

 Apenas hace unas semanas, Lin estaba jugando en la D-League  hasta que los Knicks de Nueva York decidieron que le necesitaban para reforzarse en la NBA. Hace pocos meses, en diciembre, Lin fue rechazado por los Warriors de Golden State y los Rockets de Houston.

Sin embargo,  después de siete actuaciones fenomenales en los NY Knicks, Lin se encuentra ahora con siete victorias seguidas, y como titular indiscutible en el equipo, además de figura mediática.

Los medios de comunicación ya llaman al entusiasmo por sus hazañas deportivas como “Lin-manía”, y está logrando un enorme impacto por los fans del baloncesto y del deporte en general en China, que busca su nuevo héroe de la NBA desde la retirada de Yao Ming.

 Lin tiene ahora 23 años, y asiste desde niño a la iglesia evangélica , aunque reveló en una entrevista en 2010 que “realmente” se convirtió en verdadero cristiano mientras estudiaba el primer año en la escuela secundaria.

 Después de su primer partido como titular ante los Nets de New Jersey, Lin tuiteó “Dios es bueno en nuestras momentos altos y bajos!  Me alegro de que nos llevásemos el triunfo”, escribió Lin; que considera su capacidad deportiva como una manera de mostrar la grandeza y el amor de Dios

 ATENCIÓN EN LOS MEDIOS
 Aunque Lin sólo ha estado en el centro de máxima atención las últimas semanas, antes de llegar a ser un jugador famoso ya recibía atención de los medios tanto por su origen asiático como por manifestar siempre su fe cristiana.

Sin embargo,  siempre que se trata con Lin sobre su trayectoria en el baloncesto, él tiende a centrarse poco en su propia persona y éxito y más en dar testimonio de su fe en Dios . Y esto no es algo nuevo. Ya en una entrevista de 2003 con Patheos, Lin explicó que para él lo más importante en su infancia eran tanto su “carrera” en el cristianismo como en el baloncesto; y que comprendió al llegar a la escuela secundaria que sus dos pasiones podían complementarse.

“Ahí fue cuando empecé a aprender lo que significa jugar por la gloria de Dios. Mis padres me habían hablado muchas veces sobre esto y me dijeron que debo jugar para la gloria de Dios, pero nunca había entendido bien lo que eso significaba”, dijo Lin. “Poco a poco, comencé a aprender a confiar en Él, y no centrarme tanto en si gano o pierdo, sino en confiar en que Dios tiene un plan perfecto.”

 UNA PROMESA FRUSTRADA
 Hijo de emigrantes taiwaneses, Lin fue uno de los mejores jugadores de las ligas universitarias menores con Harvard. Pero no le bastó para entrar en el draft de la NBA . En el 2010 se coló en la plantilla de Golden State Warriors. Fue un jugador marginal, luego trató de buscarse la vida en los Rockets de Houston y fracasó. Aguantó unas semanas de la pretemporada hasta que su destino cambió.

El 4 de febrero, ante los Nets, el Madison descubrió a Lin. Los Knicks, que luchaban por ocupar una de las últimas plazas que dan acceso a los “playoffs” en el este, se medían a sus vecinos de los Nets. El entrenador D’Antoni recurrió a él como medida desesperada. Ganaron los Knicks y Lin fue la gran sorpresa, anotó 25 puntos con 19 tiros de campo.

En el siguiente partido fue titular por primera vez. Nueva victoria ante los Jazz donde anotó 28 puntos. Ante Washington repitió. Triunfo y 23 puntos más. Así su cadena de éxitos en los últimos juegos donde ha marcado la diferencia y la sensación.

 EL ÉXITO, NUEVA ETAPA COMPLICADA
 A pesar de Lin ha experimentado la presión de representar a la etnia asiática-norteamericana y y cristiana en el pasado, nada es comparable a la NBA.

 “Estoy pensando en cómo puedo confiar más en Dios”, dijo el joven Lin al Mercury News, porque considera que “hay muchas tentaciones en mi carrera, sobre todo ahora”, reconoció.

Y explica que aprendió durante los momentos difíciles en los que fue rechazado por los equipos de la NBA a acercarse Dios, a buscarle en oración, y “entregarle a Él lo que soy. No estoy en una lucha por demostrar nada a nadie, ni en dar importancia a lo que los demás piensan de mí”, dijo al periódico.

Fuentes: Christian Post Mundo Cristiano

© Protestante Digital 2012