Argentina: luces y tinieblas entre los evangélicos durante la dictadura militar

Publicado: marzo 26, 2012 en Noticias, Sociedad

Especial aniversario “Golpe de 1976”

Argentina: luces y tinieblas entre los evangélicos durante la dictadura militar

Primera Junta Militar, de izda. a dcha.: Emilio Massera, Jorge Videla y Orlando Agosti (Fuente: Wikipedia)
La militancia anti-militar de sectores del protestantismo argentino tuvo su precio: desaparecidos, muertos, exiliados.

BUENOS AIRES

 El 24 de marzo es una fecha especial en Argentina. Ese día, denominado “Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia”, se conmemora la instauración de la última dictadura militar (1976-1983), la cual rompió el estado democrático, violando el orden constitucional y produciendo la desaparición de más de 30.000 personas.

Los militares dijeron que perseguían a las organizaciones armadas. Sin embargo, paralelamente a su propaganda e imagen pública como los ‘salvadores de la patria’, la dictadura implementó desde el gobierno una organización clandestina destinada a las tareas que no se podían mostrar públicamente. El ‘modus operandi’ fue la sucesión de secuestro, tortura, desintegración psíquica y física, y finalmente muerte de las personas capturadas.

 Miles fueron las víctimas que no estaban involucradas en la guerrilla pero igualmente padecieron horrendos suplicios por su oposición a la dictadura y su postura ideológica, por su participación en las luchas gremiales o estudiantiles, por tratarse de reconocidos intelectuales o religiosos que se oponían abiertamente al régimen de facto, por tratarse de familiares, amigos o simplemente por estar incluidos en la agenda de alguien considerado peligroso.

Según una investigación de la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (CONADEP), creada por el gobierno democrático después de la caída de la dictadura, fueron denunciados ante la misma 9.000 casos de desapariciones durante los años de dictadura. A esta cifra hay que sumarle aquellos casos que nunca fueron denunciados ante ese organismo y sumar también aquellas personas que aparecieron asesinadas, por lo que se estima un total de 30.000 víctimas de la represión.

 Algunas iglesias federadas en la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE), fundada en 1939 y que nuclea en mayor medida a las iglesias protestantes históricas (Iglesia Metodista, Iglesia Reformada, varias iglesias luteranas, Iglesia Valdense, Iglesia de los Discípulos de Cristo, Iglesia Presbiteriana y varias iglesias pentecostales), tuvieron una participación crítica activa en oposición a la dictadura  y su secuela de violación a los derechos humanos.  A ellas se sumó la Iglesia Anglicana  –que no es miembro de la FAIE-, y a comienzos de 1978 fundan el Consejo Consultivo de Iglesias (COCO). Este organismo, con gran capacidad de reacción y agilidad en momentos en que se lo requería, fue un instrumento muy útil para mostrar presencia institucional y posibilitar la denuncia de situaciones extremas. Tenía la virtud de poder autoconvocarse en pocas horas.

 “El resto de las iglesias evangélicas se mantuvieron al margen”, dijo a Protestante Digital el Dr Norman Rubén Amestoy  (PhD), Coordinador de la Sección de Historia de la revista ‘Teología y Cultura’, acotando que la comprensión de los evangélicos de la relación entre fe cristiana e historia social como esferas desvinculadas entre sí, en muchos casos les impidió ver la necesidad de denunciar los atropellos a la vida.

 CONTEXTO DEL “PROCESO”
 Este golpe militar no fue un hecho aislado . El pastor Amestoy lo explica del siguiente modo: “Durante las décadas de los 60 y 70 varios países de América Latina vivieron situaciones similares, como parte de un plan estratégico diseñado desde el gobierno de los Estados Unidos y compartido por sectores locales minoritarios pero poderosos cuyo sustento ideológico fue la llamada Doctrina de la Seguridad Nacional. Mediante esta doctrina la atención de Washington –por temor a una nueva experiencia revolucionaria como la llevada adelante en Cuba- se vuelve hacia el interior del continente americano, hacia posibles signos de rebelión que surgían en las masas latinoamericanas sometidas a condiciones de vida paupérrimas y limitadas en sus posibilidades de desarrollo real”.

 Norman Rubén Amestoy  es Doctor en Teología por el Instituto Universitario ISEDET de Buenos Aires. Su tesis doctoral como becario de Zending en Werelddiakonaat (Holanda) versó acerca de “Difusión y Cultura Protestante en el Río de la Plata; El rol del metodismo en la génesis del Uruguay; 1868-1904”. Es Licenciado en Teología por el ISEDET con una tesis sobre “El Imaginario Católico Integral Argentino (1880 1910). El Rol del Catolicismo en la Cultura Política”. Se desempeña como profesor invitado de “Investigación histórica de la misión de la Iglesia en la sociedad”, de la Maestría en Ciencias de la Religión, del Instituto Teológico FIET. Ha publicado artículos sobre Historia de la Iglesia en revistas especializadas de América Latina. Actualmente pastorea una iglesia bautista en la ciudad de Córdoba.

 El diálogo con el pastor Amestoy, miembro de la Fraternidad Teológica Latinoamericana, permite indagar sobre un tema del cual poco se conoce o debate en la mayoría de las iglesias evangélicas de Argentina.

Ubicando el golpe militar de 1976 en el contexto continental, Amestoy expresa: “Las Fuerzas Armada, con la ayuda y consejo de los Estados Unidos y con el apoyo de minorías políticas y dirigentes locales, comenzaron a jaquear a las democracias de los países del Cono Sur: Brasil (1964), Argentina (1966), Uruguay (1970), Chile (1973), nuevamente Argentina (1976), dejando a su paso un reguero de ausencias, dolor e impunidad”.

 Completando el cuadro, el teólogo destaca que la intervención de Estados Unidos en los procesos nacionales responde a la necesidad de crear una situación política equilibrada y sin sobresaltos a fin de garantizar negocios seguros a las inversiones norteamericanas y a las empresas transnacionales.  “La estabilidad política en medio de situaciones de extrema injusticia social sólo podía lograrse con gobiernos militares de facto que no dependieran del juego libre de las ideas y la búsqueda de consenso social propios de la democracia. De esta manera, los golpes de estado, mediante la supresión de las garantías individuales, la anulación de las instituciones democráticas y el control de las expresiones políticas opositoras, dejaban el terreno allanado para las inversiones extranjeras”, recalca.

 SOLUCIÓN A LA CRISIS
 Conocer este contexto ayuda a comprender la postura tomada más tarde por distintos sectores de la sociedad, la Iglesia católica y el protestantismo. Curiosamente, cuando el 24 de marzo de 1976 el gobierno argentino fue derrocado por un golpe militar -el cual se denominó a sí mismo ‘Proceso de Reorganización Nacional’-, el pueblo en su mayoría no reaccionó en su contra. Incluso  vastos sectores vieron en el golpe de Estado una solución a la crisis reinante, puesto que el gobierno peronista de Isabel Martínez de Perón navegaba con rumbo incierto y luchas intestinas entre distintas facciones del peronismo transformaban en un caos el panorama político . A este marco de caos institucional se sumaba la presencia y actuación de dos grandes grupos guerrilleros: El Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), de extracción marxista leninista, y los Montoneros, de extracción peronista de izquierda.

“Ya antes del golpe, el mismo gobierno había autorizado a los militares a poner mano dura para terminar con la guerrilla. De hecho, ya existía una fuerte represión política durante la etapa final del gobierno constitucional, en manos de un grupo llamado Alianza Anticomunista Argentina –conocido como ‘la triple A’- que amenazaba de muerte y ejecutaba de forma indiscriminada a todo tipo de opositor real o imaginario a su concepción ‘occidental y cristiana’”, señala Amestoy.

 SECTORES COMPROMETIDOS
 José Miguez Bonino, teólogo argentino conocido por ser uno de los iniciadores de la Teología de la Liberación de confesión protestante, expresa en el artículo “Presencia y ausencia protestante en la Argentina del proceso militar 1976-1983”, publicado en la revista ‘Cristianismo y Sociedad’ (México, 1985), que algunos sectores del protestantismo argentino jugaron un papel destacado en la defensa de los derechos humanos , tema en torno al cual se organizó la resistencia al proceso militar. “Varias iglesias –Reformada, Metodista, Discípulos de Cristo, Evangélica del Río de la Plata (de origen alemán), Pentecostal Argentina- vinculadas entre sí en diversas otras tareas, junto a una diócesis católica, crearon el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, prestando ayuda material, legal, psicológica y pastoral a presos, familiares de presos y desaparecidos”, afirma.

Menciona también que  dirigentes protestantes, judíos y católicos (“en algunos casos representando extraoficialmente a sus comunidades, en otros casos a pesar de ellas”) integraron con políticos, docentes, dirigentes obreros, artistas, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, entidad que asumió la coordinación de la denuncia pública.

“Jóvenes evangélicos participaron en el trabajo de estas organizaciones, así como en Paz y Justicia y de las entidades de Madres y Familiares”, expresa Miguez Bonino, único observador protestante latinoamericano durante el Concilio Vaticano II. Señala también que en el interior del país, pastores de algunas de estas iglesias asumieron el liderazgo en la creación de filiales locales y la convocatoria de participantes.

De hecho, templos metodistas, de la Iglesia del Río de la Plata y otros corrieron el riesgo de servir de sedes de estas organizaciones. Templos de Mendoza y Santa Fe sufrieron atentados, así como la Biblioteca del ISEDET.

 Después del ’81, el desgaste y debilitamiento de la dictadura hizo que fuera posible comenzar a arriesgar actos públicos, protestas, manifestaciones. “La presencia protestante fue visible , superando ampliamente su proporción en la sociedad argentina. Varias iglesias se pronunciaron públicamente sobre el tema, no sólo con respecto a las clásicas libertades y derechos ciudadanos sino sobre la situación económica, la condición de los sectores obreros, las condiciones sociales”, relata el teólogo Miguez Bonino, hijo de trabajadores inmigrantes, padre gallego y madre italiana.

 EL PUEBLO EVANGÉLICO
Cabe preguntarse qué representatividad tenían las dirigencias eclesíasticas y pequeños grupos que actuaron contra la dictadura.  Miguez Bonino reconoce que “amplios sectores de la membresía de clase media -dominante en todo el protestantismo argentino con excepción del pentecostalismo- e incluso dirigencia de iglesias pentecostales asumen su apoyo de clase a la dictadura militar”. Indagando en el motivo de tal actitud, el teólogo expresa que fueron seducidos por la apelación al orden y el trabajo, la propaganda anticomunista, la proclamada defensa de la cristiandad frente a las fuerzas disolventes del ‘marxismo’, la eliminación de la ‘violencia subversiva’ y la promesa de seguridad.

 También señala que incluso en ese momento trágico de la historia argentina “no faltan evangélicos que denuncian a sus hermanos ‘subversivos’. Destacados laicos de algunas iglesias colaboran activamente con el ‘proceso’, incluso en servicios de inteligencia . Los pastores y dirigentes comprometidos con la lucha por los derechos humanos confrontan conflictos en su iglesias”.

 EL PRECIO DEL COMPROMISO
 La militancia anti-militar de sectores del protestantismo argentino tuvo su precio: desaparecidos, muertos, exiliados . Al mismo tiempo, Miguez Bonino señala que “también esa militancia tiene su reconocimiento”, destacando que “en un país como la Argentina, donde el peso de la Iglesia Católica mantuvo al protestantismo ausente de la función pública, en la recuperación de la democracia han sido incorporados numerosos protestantes en el campo educacional, de salud, de la política indígena, de las comisiones investigadoras, incluso de la cancillería”.

De acuerdo con la documentación e investigación llevada a cabo por el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos,  la suma demostrada de desaparecidos y personas asesinadas evangélicas durante este período es de aproximadamente cuarenta. Aunque es probable que sean más, debido a que no se cuenta con información respecto a víctimas que hayan sido miembros de iglesias pentecostales, bautistas y otras denominaciones no vinculadas a esa institución , las que tampoco tuvieron mecanismos eclesiales propios para canalizar la denuncia pública o ante las autoridades militares.

Cálculos incompletos elaborados por la Comisión Nacional por la Desaparición de Personas (CONADEP), refieren el asesinato o desaparición de más 120 religiosas y / o religiosos, entre ellos de 2 obispos, 18 sacerdotes, 11 seminaristas, 46 católicos laicos, 40 protestantes. Otros 10 religiosos fueron encarcelados y luego liberados y 34 sobrevivieron a sus secuestros en centros clandestinos de detención. La represión no sólo alcanzó a religiosos argentinos sino también extranjeros y la Secretaría de Culto consideró posteriormente un compromiso con la verdad honrar a esas religiosas y religiosos que perdieron la vida, padecieron persecuciones, sufrieron torturas o simplemente se les impidió su labor pastoral.

 CASOS CONCRETOS
Pablo R. Andiñach y Daniel Bruno  recogen en el libro “Iglesias evangélicas y derechos humanos en la Argentina (1976/1998)” ,  publicado en 2001 por Ediciones La Aurora, Departamento de publicaciones de la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas, algunos hechos concretos que muestran cómo las amenazas recibidas por sectores comprometidos del protestantismo se convirtieron en actos concretos de agresión:

 El 4 de octubre de 1976 fue allanada la Primera Iglesia Metodista de la ciudad de Rosario donde funcionaba la Comisión Coordinadora del ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados). De esa iglesia se llevaron arrestadas a sesenta personas . El pastor Ernesto Nielsen en una predicación posterior a esos hechos decía: “Nuestra participación en los problemas actuales del país y del continente requerirá muchas veces correr estos riesgos, en obediencia a la vocación de servicio que el Señor Jesucristo nos dio”.

En esa misma época  una bomba destruyó el frente de la Iglesia Metodista de Mendoza. El 1º de enero de 1977 fue secuestrado y desaparecido el Dr. Mauricio López, reconocido intelectual en los ámbitos de la sociología y filosofía, miembro de la Iglesia de los Hermanos Libres , que en ese momento trabajaba en forma estrecha con la Iglesia Metodista de Mendoza. Algunos meses más tarde,  el 4 de mayo de 1977, es secuestrado y asesinado Oscar Alajarín.

 En noviembre de 1980 estallaron tres bombas incendiarias en el Instituto Superior Evangélico de Estudios Teológicos (ISEDET) , destruyendo en gran medida la planta baja de la Biblioteca de la Institución.

 Un caso que tuvo especial repercusión fue el de Victor Pablo Boinchenko y si esposa Lilian Coleman, miembros activos de la Iglesia Evangélica de Cosquín, Provincia de Córdoba.  Ambos fueron secuestrados el 4 de abril de 1976, con la presunción de que fueron llevados al campo clandestino de la Perla, donde  fueron torturados y asesinados . Boinchenko era licenciado en Ciencias Políticas. Al ser secuestrado tenía 31 años.

Otro caso, el de la socióloga  Elisabeth Käsemann , nacida en Gelsenkirchen, hija del profesor y teólogo luterano Ernst Käsemann y su esposa Margrit Wizermann, trascendió internacionalmente. Elisabeth  fue asesinada el 24 de mayo de 1977, cuando llevaba más de 8 semanas desaparecida . A fines de 1968 viajó hacia América Latina, y después de recorrer Perú y Bolivia se estableció en la ciudad de Buenos Aires, donde apoyó al movimiento barrial y a los trabajadores obreros en sus esfuerzos por la justicia social. Durante los años ‘70, Elisabeth ayudó a personas amenazadas de muerte a huir de Argentina. También organizó programas de alfabetización en zonas de chabolas. Junto con sus acciones de solidaridad con los más pobres de Argentina, desarrolló un compromiso de acción política en contra de toda forma de opresión.

Los autores Pablo R. Andiñach y Daniel Bruno señalan que “como era costumbre en esos tiempos, las víctimas de actos de represión terminaban siendo los culpables merecedores de tales actos”.

 CATOLICISMO Y REPRESIÓN 
 Los militares que se habían apropiado del poder político, se autodefinían como fervientes católicos que venían a defender el estilo de vida ‘occidental y cristiano’ de supuestas fuerzas extrañas que pretendían disolverlo. El Alte. Emilio Massera declaró a la revista Familia Cristiana en 1.977: “Nosotros, cuando actuamos como poder político, seguimos siendo católicos”.

“Sin embargo la brutalidad y saña con que fueron reprimidos estos sectores de cristianos comprometido, tanto católicos como evangélicos, dejó claro el hecho de que  su cristianismo declamado no era otra cosa que un instrumento ideológico para canalizar sentimientos despreciables hacia toda expresión de fe genuina que pudiera emerger de la vida cotidiana de los pueblos. Muchos testimonios de la represión recordaron ver símbolos católicos como crucifijos o imágenes de la Virgen María en las paredes de algunas salas de tormentos o en los lugares de detención. Esto que hiere la sensibilidad de cualquier persona católica fiel y sincera, era una forma hacia adentro de la fuerza militar de afirmar el carácter sagrado de la lucha que se llevaba a cabo  y de legitimarla invocando el resguardo de los verdaderos valores religiosos constitutivos de la nacionalidad argentina. A su vez ofrecía una contención psicológica para los torturadores que se sentían respaldados por Dios al llevar a cabo actos degradantes para la conciencia humana”, afirman los autores de  “Iglesias evangélicas y derechos humanos en la Argentina (1976/1998)” .

Andiñach y Bruno reconocen también que  “el sector comprometido de la Iglesia Católica” fue muy golpeado. El obispo Angelelli de la Rioja fue asesinado, así como el Obispo Ponce de León, de la diócesis de San Nicolás y las monjas francesas de las Misiones Extranjeras, Alice Domon y Leónie Duquet. Entre los seminaristas cabe mencionar a Salvador Barbeito y Emilio Barletti, de la comunidad Palotina.

 ACTO EN PLAZA DE MAYO
Los jóvenes de la Cuarta Región de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina participaron el 24 de marzo en el acto principal de recordación del “Día de la memoria por la verdad y la justicia”, en referencia al golpe de Estado de 1976, que tuvo lugar ese día a las 16.00 en la Plaza de Mayo, en Buenos Aires. Luego se dirigieron a la Iglesia Metodista del barrio porteño de Flores, donde hubo una mesa debate sobre “Las iglesias y el golpe” de hace 36 años, según informó el grupo juvenil a través de la red social Facebook.

Autores: Verónica Rossato

© Protestante Digital 2012

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