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EEUU y la fiesta en Cartagena

Publicado: abril 24, 2012 en opinión, Sociedad

Juan Francisco Martínez

EEUU y la <em> fiesta en Cartagena</em>

 Mi gran inquietud como cristiano es que la pena estadounidense en la “fiesta de Cartagena” no viene del mal de los agentes de EEUU, sino porque se dejaron pescar.

 La reciente Cumbre de las Américas en Cartagena de Indias, Colombia no produjo unidad entre los líderes de las Américas, ni ninguna declaración importante. Sin embargo, hubo un evento que ha causado mucha consternación en los Estados Unidos.

 Antes de la llegada del Presidente Obama un grupo de agentes secretos, la escolta personal del presidente, y unos soldados buscaron a unas trabajadoras sexuales y armaron una fiesta en el hotel en que después se quedaría el presidente .

Uno de los factores interesantes es que el asunto se descubrió porque los agentes no quisieron pagar los  servicios  que solicitaron, lo que hizo que interviniera la policía local. Varios de los agentes han tenido que renunciar y es probable que otros tengan que hacerlo en un futuro no lejano. (Otro dato interesante es que la mujer que denunció a los agentes ha tenido que salir de Cartagena por causa de la publicidad que ha recibido a la luz del evento.)

 Una de las reacciones comunes en este país ha sido que esto es un escándalo. El sentimiento es que estas personas hicieron quedar mal al país y al presidente.

Aún hay algunos que esperan que este asunto afecte adversamente al Presidente Obama en la campaña electoral. Para estas personas este evento demuestra la falta de disciplina dentro de la administración actual (y la razón por la cual hay que elegir a un presidente nuevo).  Sin embargo, para casi todos el mal principal fue que hicieron quedar mal al país. Parece que muchos no están inquietos por la búsqueda de servicios sexuales, ni que no quisieron pagar los servicios, sino que “nos hicieron quedar mal”. 

Desde esta perspectiva el mal principal que hicieron fue poner en peligro potencial al presidente. “¿Qué si una de las mujeres hubiera sido agente del narcotráfico o las FARC?” Estos hombres no cumplieron su tarea y pusieron en peligro al presidente.

Pero el sentir de escándalo ha llevado a la pena. Ya se hicieron las declaraciones oficiales que se hacen cada vez que se descubre a un representante oficial de los EEUU habiendo hecho algo malo: “esta acción (persona) no representa al _________ (Servicio Secreto, Ejército, Gobierno) de los Estados Unidos”.

 Hay cosas que casi ningún comentarista estadounidense ha considerado. Por ejemplo, a casi nadie se ha preocupado sobre las perspectivas de personas en otros países.

Rara vez se ha preguntado, ¿qué pensará la gente en otras partes del mundo sobre este evento? ¿Cómo nos ven en otros países por causa de esto? ¿Estarán cuestionando nuestra hipocresía? ¿Se estarán riendo de nosotros? ¿Preguntarán sobre la cantidad de dinero que gasta el país para “proteger” al presidente? ¿Se preguntarán por qué el Presidente Obama fue el único de todos los mandatarios que no comió con los otros presidentes de América Latina?

 Otro asunto que no se ha tratado es el hecho de que el abuso sexual se combinó con el abuso económico . ¿Cuál de los dos males será peor? ¿Quién cuestionará la actitud prepotente de hombres que no sólo buscan favores sexuales, sino que se les hace fácil luego tratar de estafar a las mujeres cuyos servicios solicitaron? Parece que esa acción no es digna de cuestionarse.

 Como cristiano sé que todos somos pecadores, así que no me sorprende que esto haya pasado. Los humanos somos propensos al mal. Lo que sí me sorprende es la “sorpresa” de muchos, una sorpresa que parece estar basada en la idea de que estadounidenses “bien entrenados” no son capaces de hacer algo así .

O tal vez se asume que debieran ser más inteligentes y que debieran poder evitar ser descubiertos.

 La inquietud más grande que tengo como cristiano es que tengo la impresión que la pena estadounidense sobre la “fiesta de Cartagena” no viene de que los agentes cometieron varios males, sino de que se dejaron pescar. Si eso es verdad lo único que habremos aprendido es que hay que ser más discretos a la hora de pecar.

Autores: Juan Francisco Martínez
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Financia la Fundación John Templeton

Nueve de cada diez médicos de EEUU se declaran religiosos, y la mitad cree que esto influye su práctica profesional.

CHICAGO

 Especialistas de la Universidad de Chicago, en Estados Unidos, han puesto en marcha un programa en cuyo marco se analizará la relación entre el cristianismo, el judaísmo y el islam -entre otras tradiciones religiosas- y la práctica médica.

El programa de investigación se llevará a cabo gracias a una ayuda económica de la Fundación John Templeton de 2,5 millones de dólares (1,9 millones de euros).

 El proyecto pretende desentrañar cómo la religión influye en la medicina, y si ambas pueden beneficiarse recíprocamente.   La cuestión principal a resolver sería si la religiosidad de los médicos puede ser vista como una amenaza a la práctica médica o, por el contrario, como un recurso adicional.

El proyecto –denominado ‘Program on Medicine and Religion’- arrancará el próximo mes de mayo, con la preparación de jóvenes estudiantes de facultad para que puedan realizar futuras investigaciones sobre el efecto de las creencias religiosas de los médicos en la vida profesional de estos. En total, el programa implicará a cuatro estudiantes cada año, durante dos años.

En concreto, los participantes examinarán cómo el cristianismo, el judaísmo, el islam y otras tradiciones religiosas influyen en las creencias de los médicos, en sus decisiones, y también en su satisfacción profesional.

 PROYECCIÓN DEL PROGRAMA
Según Farr Culin, profesor de medicina y co-director del programa, los investigadores esperan que “este sea un primer paso hacia una serie creciente de proyectos de preparación de personas, que modelarán la forma en que la religión se relaciona con la formación y la profesión médicas, en un futuro”.

 Hace unos años, Curlin y sus colaboradores realizaron una encuesta a 2.000 médicos estadounidenses, en la que se reveló que nueve de cada 10 médicos estadounidenses afirmaban tener alguna afiliación religiosa. Más de la mitad de los participantes señalaron asimismo estar de acuerdo con la afirmación “mis creencias religiosas influyen en mi práctica de la medicina”.

Además, aquel estudio también constató que, aunque el 86% de los médicos sí informaba a sus pacientes de todos los tratamientos posibles, también había un 14% de pacientes que eran tratados por médicos que les ocultaban información por motivos religiosos.

 EN BUSCA DEL EQUILIBRIO
 Estudios posteriores han demostrado que existe una relación entre las afiliaciones religiosas de los médicos y las actitudes de éstos ante temas clínicos controvertidos, como la atención al final de la vida, el aborto o el control de la natalidad.

Para Curlin, a menudo, la religión está formada por un conjunto de creencias personales e ideas que sí condicionan las prácticas o respuestas de los médicos a los pacientes, y que interfieren para bien o para mal con las obligaciones profesionales de los doctores.

En este presente estudio  Curlin y Sulmasy pretenden averiguar cómo sacarle partido a la espiritualidad de los médicos, en el marco de su ejercicio profesional. Para ellos, interpretar la medicina como una ‘vocación espiritual’, con un sentido sagrado, podría aportarle a esta profesión una dimensión espiritual contra la insatisfacción creciente entre los médicos hacia su propio trabajo.

 Esta insatisfacción afectaría actualmente, según un editorial de mayo de 2011 de la revista médica JAMA, a entre el 30 y el 40% de los médicos estadounidenses , un fenómeno que puede dañar la atención a los pacientes e incluso hacer que los especialistas abandonen su profesión.

Sulmasy afirma que “la práctica médica en sí misma genera una sensación de alienación cuando se convierte en pura tecnología, en simplemente algo que es hecho a personas vistas como objetos”. Según el investigador, la solución a esta sensación podría hallarse en la recuperación del equilibro entre el uso de una tecnología cada vez más avanzada y la capacidad de ver a los pacientes como un todo.

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