Archivos para mayo 1, 2012

God of this City – Chris Tomlin

Publicado: mayo 1, 2012 en Música


Juan Stam

Los cristianos y el primero de mayo:

Cinco razones para unirnos a la marcha

este primero de mayo

 

No recuerdo cuál año fue que participé por primera vez en la marcha de los trabajadores, pero recuerdo muy bien la experiencia. Eran mediados de los años 80, quizá 1985. Victorio Araya, mi estudiante de entonces y amigo de siempre, me animaba a acompañarle en la marcha. Me parecía un poco atrevido y tuve mis dudas. pero por lealtad a mi amigo decidí hacerlo. No me imaginaba la importancia que esa decisión iba a tener en mi vida futura.

Íbamos caminando cuando un señor desconocido se me acercó, me dio la mano y me hizo un comentario que nunca olvidaré. “Don Juan”, me dijo, “yo le he escuchado predicar en el Templo Bíblico, pero lo respeto mucho más ahora que lo veo presente con los trabajadores, en la calle”. Con sólo eso me alegré de haber decidido acompañar a Victorio — ¡y al pueblo costarricense! — aquel día. Por supuesto volví a mi casa esa noche todo emocionado y abierto para nuevas aventuras en el futuro.

Esa es mi primera razón para ir a marchar la semana entrante el primero de mayo. Aquel día, hace casi cinco décadas, Dios me abrió una puerta de testimonio del reino de Dios como reino de vida para todos y todas, por estar presente con los pobres en su gran día.

Puedo decir que mis vivencias después, cada primero de mayo, han sido bellas y realmente edificantes. Persuadimos a otros estudiantes del Seminario Bíblico acompañarnos, y después hubo un contingente de la recién fundada Universidad Nacional, con nuestra Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religíón. Había delegaciones de otras confesiones evangélicas, como los luteranos, y otros católicos, entre ellos estudiantes míos de la UNA.  En las marchas conocí muchos amigos nuevos, hasta del partido comunista costarricense. Uno de ellos me dijo una vez, “Vos sos diferente de otros protestantes. ¿Dónde predicás, quiero escucharte”. Se madrugó para acompañarme a un culto de resurrección.|

Con algunos de esos amigos sólo nos vemos en la marcha y otras manifestaciones. Algunos han muerto ya. He descubierto que existe todo un mundo de gente maravillosa, muy nobles y sinceros, que los evangélicos solemos tildar de “izquierdistas” y por eso, indignos de nuestra amistad y solidaridad. Me parece una gran lástima que en general los evangélicos brillan por su ausencia en estos actos de presencia y solidaridad.

Esa es mi segunda razón: en la marcha voy a encontrarme con mucha gente linda, en las que veo la imagen y la gracia de Dios, y espero yo, ellos y ellas podrán ver algo de lo mismo por medio de mi presencia al lado de ellos.

Mi tercera razón: Nuestro Maestro y Salvador nos manda “buscar primeramente el reino de Dios y su justicia”, orando que se haga la voluntad de Dios en la tierra como en el cielo (Mat 6:10,33). El vocablo “busquen” (o “buscad”) en Mat 6:33 es un verbo activo, tiempo presente, modo imperativo. Con estas frases el Señor nos manda (nos ordena, nos exige) vivir buscando siempre las maneras de promover su reino y luchar para que nuestros países vivan conforme a la voluntad suya. Hay muchas maneras de hacer eso, y la solidaridad y la presencia física es una de ellas.

Debemos orar por nuestros países y nuestros gobernantes, pero siempre recordando que “no basta orar”. De hecho, orar sin actuar y sin hacer lo posible, equivale a no orar. ” ¡A Dios orando, y con los dos pies dando” en la marcha!

Cuarta razón: el Antiguo Testamento nos demuestra que Dios está al lado de los pobres, los hambrientos y oprimidos, y si es así, nosotros también debemos estar al lado de ellos, físicamente, el primero de mayo.

El primer “carismático” de la Biblia fue José, “en quien mora el Espíritu de Dios” (Gn 41:38) y que profetizó por medio de sus sueños. En José se cumplió, por medio de un proyecto internacional de alimentación, la promesa que Dios hizo a Abraham, de bendecir — física y literalmente — a todos los pueblos del mundo conocido. Por medio de José se hizo la voluntad de Dios en la tierra, así como en el cielo, “para tener con vida a mucho pueblo” (Gn 50:20).

El Dios de la Biblia es el Dios de los huérfanos, las viudas, los desahuciados y los oprimidos y los hambrientos. El  eje central de la vasta legislación social del pueblo hebreo era la defensa del pobre. El año de Jubileo instituía una reforma agraria cada medio siglo para comenzar de nuevo en condiciones de igualdad.[1] En la visión de la nueva creación en Isa 65, un elemento esencial es la justicia para los obreros, superando la alienación de su mano de obra (65:21-23); “No trabajarán en vano, ni darán a luz para maldición” será la consigna de ese nuevo orden de cosas.

Quinta razón: Mi fe cristiana, orientada por el Nuevo Testamento, revela la misma identificación con los pobres y me llama al mismo compromiso con los trabajadores. Jesús tomó para texto de su sermón inaugural un pasaje arraigado en la tradición del Jubileo (Isa 61:1-3, en Luc 4:17-19). En ese sermón anunció que venía a traer buenas nuevas a los pobres (4:18). Lucas narra también que Jesús pronunció bienaventurados a los pobres pero declaró “Ay de ustedes los ricos” (Luc 6:20,24). El evangelio de Lucas destaca temáticamente la identificación de Jesús con los de abajo (pobres, samaritanos, publicanos, leprosos, y hasta “una mujer de la ciudad”).

Es muy evidente también que San Lucas interpreta el Pentecostés en términos del Jubileo. Por eso la comunidad pentecostal “tenían todo en común y vendían sus propiedades y posesiones, y compartían sus bienes entre sí según la necesidad de cada uno” (Hch 2:45; 4:32). Nuestro sistema social y económico hoy es todo lo contrario de ese modelo pentecostal. Por eso, unirse a la marcha del primero de mayo podría ser una fiel expresión del pentecostalismo integral de San Lucas.

San Pablo dedicó el final de su ministerio a este mismo “proyecto Jubileo pentecostal” para los pobres de Jerusalén.[2] El apóstol interpreta esta misión como la búsqueda de la misma igualdad económica que promovía la legislación hebrea del Jubileo. Para remachar el tema, Pablo emplea la palabra “igualdad” dos veces en un solo versículo (2Cor 8:14).  Pero nuestra sociedad actual, especialmente después del desastre de Wall Street, maximaliza la desigualdad en vez de maximizar la igualdad.

La primera epístola de Juan, en términos sorprendentes, relaciona la práctica de la justicia económica con el nuevo nacimiento, tan central a la teología evangélica:

Si saben que él es justo, sepan también que todo el que practica la justicia es nacido de él…

El que practica la justicia es justo, como él es justo…

Así distinguimos entre los hijos de Dios y los hijos del diablo:

el que no practica la justicia no es hijo de Dios,

ni tampoco lo es el que no ama a su hermano…

Si alguien que posee bienes materiales ve que su hermano está pasando necesidad,

y no tiene compasión de él,

¿cómo se puede decir que el amor de Dios habita en él?…

(1Jn 2:29; 3:7,10,17)

Es famosa la denuncia de Santiago contra los ricos que roban los salarios de los trabajadores:

Ahora escuchen, ustedes los ricos:

¡lloren a gritos por las calamidades que se les vienen encima!

Se ha podrido su riqueza…

Oigan cómo clama contra ustedes el salario no pagado a los obreros

que les trabajaron sus campos.

El clamor de esos trabajadores ha llegado a oídos del Señor Todopoderoso.

(Stg 5:1-6)

Surge la pregunta, ¿ha llegado a oídos nuestros el clamar de los y las desempleados, de los subempleados, y los miles que reciben sueldos injustos, por debajo del salario mínimo (de por sí, también imjusto), y que trabajan bajo condiciones infrahumanas?

Para responder a esa pregunta, ¡nos vemos en la marcha del primero de mayo!


[1] Por épocas Israel practicaba el Jubileo, y en otras épocas, al no cumplirlo sabían que ofendían a Dios (Jer 34). Ver www.juanstam.com 18 diciembre 2007.

[2] Sobre el tema “Jubileo” en el Pentecostés y en San Pablo, véase www.juanstam.com y 8 abril 2008, o solicite copia de estos tres artículos ajuanstam@gmail.com.


César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (38)

Erasmo reconoció que Lutero tenía razón, pero, de manera un tanto cínica, añadió que había cometido dos errores graves, atacar la tiara del papa y el vientre de los monjes.

 

 La actividad de Lutero durante la segunda mitad del año 1520 había transcurrido en paralelo con toda una panoplia de acciones papales encaminadas a lograr su aniquilación. Además de Eck –que está horrorizado por el avance de las tesis de Lutero entre el pueblo de Alemania– el principal protagonista de ese empeño es Aleandro. Su misión fundamental es convencer a Carlos, el nuevo emperador, de la necesidad de colaborar en esa tarea. Lo sucedido puede ser reconstruido con detalle.

El 31 de octubre de 1519, Carlos había enviado su primera carta a los Estados alemanes. Su intención era llegar a Aquisgrán, la capital de Carlomagno y lugar tradicional de la coronación imperial, y desde allí remontar el río Rhin hasta llegar a Worms, donde tendría lugar la primera Dieta de su reinado.

El 20 de mayo de 1520, Carlos se embarcó en La Coruña rumbo a Amberes. La decisión de realizar el viaje por mar se debe a que el trayecto por barco resulta más seguro que el terrestre a través de Francia.  Al llegar a Amberes, Carlos se encontró con los enviados del papa. Mientras que el nuncio Caracciolo le solicitó su colaboración en una cruzada contra los turcos, Aleandro le pidió que descargara su poder sobre Lutero.

Influido por su confesor, el franciscano P. Glapion, Carlos no dudó en acceder a las peticiones de Aleandro.  De momento, no podía hacer nada en Alemania al no haber sido coronado todavía, pero dictó un decreto ordenando la quema de los libros de Lutero  en Flandes y Borgoña, sus territorios hereditarios. El 8 de octubre, se encendieron en Lovaina las primeras hogueras. Una semana después, sucedió lo mismo en Lieja.

El 23, tuvo lugar la coronación en la Iglesia de los Tres Reyes Magos. Inmediatamente, Aleandro volvió a solicitar la firma de un decreto imperial que permitiera iniciar la persecución contra Lutero y sus partidarios en Alemania. Sin embargo, los consejeros del emperador no estaban nada dispuestos a apoyar al nuncio papal. En su opinión, iniciar el reinado con un acto de fuerza sólo podría ser considerado un grave error.

Aleandro comenzó a comprender que su empresa no iba a resultar fácil. Como ya hemos señalado, la resistencia frente a la misión de Juan Eck era considerable. Lejos de ser popular, su tarea no dejó de verse obstaculizada. En septiembre, aún pudo enunciar la bula en Meissen, en Merseburgo y en Brandeburgo, pero la universidad de Leipzig –donde había sido derrotado por Lutero un año antes y donde él se empeñó en que se había alzado con la victoria– le cerró sus puertas. Eck envió después el documento desde Leipzig a Wittenberg a donde llegó el 3 de octubre. El rector, Pedro Burkhard no obedeció la orden de ponerlo en vigor valiéndose de un tecnicismo legal, el de que Eck no había respetado las normas de estilo. Y Wittenberg no fue una excepción. Erfurt, Torgau, Doblen, Friburgo, Magdeburgo, Viena… todas ellas se negaron a obedecer las órdenes contenidas en la bula. Incluso en Ingolstadt, en sus propios dominios, Eck chocó con enormes dificultades a la hora de imponer la voluntad del papa.

 En esos momentos, Colonia se había convertido en la capital del imperio por unas semanas. En torno al nuevo emperador, se arremolinaron las figuras más diversas desde los nobles a los eclesiásticos pasando por los mercaderes y los eruditos como el gran Erasmo. El 29 de octubre, Aleandro llegó a la ciudad con la intención de que el emperador se decidiera, finalmente, por desencadenar la persecución contra Lutero y que en la empresa participara el elector Federico. Sin embargo, lo que encontró fue una hostilidad generalizada. 

De entrada, el elector de Sajonia se negó a recibirlo al igual que a su colega Caracciolo. Sin embargo, los nuncios, en el cumplimiento de su misión, no estaban dispuestos a dejarse desanimar. El 4 de noviembre, mientras se celebraba la misa, se acercaron al elector y le entregaron una carta del papa y la bula, dejándole de manifiesto que no tenía otra salida que proceder a entregar a Lutero y ordenar la quema de sus libros. Para zanjar la cuestión, los nuncios le comunicaron que contaban con el respaldo del emperador y de los príncipes. Pero el elector no era hombre para dejarse doblegar con facilidad e informó a los nuncios de que una misa no era ni el lugar ni el momento para abordar ese tema.

Al día siguiente,  el elector convocó a Erasmo para pedirle consejo. El veterano humanista reconoció que Lutero tenía razón en sus opiniones, pero, de manera un tanto cínica, añadió que había cometido dos errores graves, atacar la tiara del papa y el vientre de los monjes . En otras palabras, según el príncipe de los humanistas, Lutero no era un hereje, pero había sido un imprudente al cuestionar el inmenso poder del papa y los intereses materiales del clero.

Si lo sabría Erasmo que en una carta dirigida a Juan Lang el 17 de octubre de 1518 había escrito: “Veo en la monarquía del Sumo Sacerdote romano a la peste de la Cristiandad; los dominicos lo adulan constantemente de un modo vergonzoso. No sé si conviene tocar esta llaga abiertamente. Tendrían que hacerlo los príncipes, pero temo que éstos colaboren con el papa y se repartan el botín. No sé cómo se le ha ocurrido a Eck atacar de este modo a Lutero” (las palabras en cursivo aparecían en griego en el original precisamente para evitar complicaciones)

 Erasmo prefería mantenerse al margen. Sin embargo, ni el elector ni Spalatino estaban dispuestos a perder una baza como la que representaba la opinión favorable de Erasmo. Así, lograron, finalmente, persuadirlo para que pusiera por escrito sus opiniones sobre Lutero.

El resultado difícilmente puede ser más elocuente: “Los buenos cristianos, los que tienen un espíritu verdaderamente evangélico, se sienten menos golpeados por los principios de Lutero que por el tono de la Bula del papa. Lutero está en su derecho al solicitar jueces imparciales. El mundo tiene sed de la verdad del Evangelio. Resulta injusto enfrentar tanto odio a unas aspiraciones que resultan tan encomiables. El emperador estaría muy mal inspirado si inaugurara su reino con medidas de rigor. El papa está más empeñado en promover sus propios intereses que la gloria de Jesucristo. Lutero todavía no ha sido refutado. El conflicto debería ser confiado a hombres capacitados, libres de toda sospecha. El emperador es un prisionero de los papistas y de los sofistas”.

Aquellos Axiomas resultaban claramente comprometedores –y, a la vez, reveladores del pensamiento de Erasmo– y por eso no sorprende que el humanista pretendiera que se le devolvieran por temor a las consecuencias. Spalatino comentaría irónicamente que semejante comportamiento era una muestra clara de la “valentía” con la que Erasmo defendía el Evangelio. El juicio era sarcástico, pero lo cierto es que se correspondía con la realidad. Finalmente, el texto fue devuelto al humanista, pero no antes de sacar una copia que se dio a la imprenta.

Aleandro, desde luego, no estaba dispuesto a permitir que Erasmo se sumara al partido de Lutero y no perdió tiempo a la hora de ordenarle que compareciera ante él. El nuncio le entregó entonces una copia de la bula de excomunión en un acto cargado de simbolismo. El humanista podía darse por enterado de lo que le esperaba si no sabía elegir bando, desde luego, pero, a la vez, quedaban de manifiesto las limitaciones de la Reforma que había propugnado Erasmo. Había sido un intento brillante, dotado de altura, acertado en no pocos de sus planteamientos, pero carente del valor y, sobre todo, de la fe en Cristo que caracterizaban, con todas sus limitaciones y fallos, al agustino Lutero.

 Continuará: Prolegómenos de la Dieta de Worms 

Autores: César Vidal Manzanares

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Juan Simarro Fernández

Y se escandalizaban de Él (IV)

¿Por qué no vendes alguna de tus posesiones para comprarte una espada? ¡Cómpratela!

 

 Hemos estado viendo en el artículo anterior que debemos estar preparados con bolsa y alforja ante las injusticias del mundo, ante su problemática . La bolsa y la alforja pueden formar parte del Evangelio a los pobres, a los sufrientes del mundo. Debemos ir preparados, equipados, dispuestos, como buenos samaritanos, a usar nuestro aceite y nuestro vino para cuidar del apaleado… también nuestro dinero Pero no todo queda ahí. Jesús nos demanda algo más: la espada.  Así dice:  “y el que no tiene espada, venda su capa y compre una”.  (Ver texto completo en  Lc. 22:35-38 ). ¿Hasta dónde nos puede escandalizar esta afirmación de Jesús? ¿Estás dispuesto a vender algo que necesites para comprarte una espada, un arma?

 Si problemático es el tema de la bolsa, tan problemático o más es el tema de la espada.  Más aún, vender tu capa, tus posesiones para comprar una. No es que sean problemáticos, sino que nosotros los hemos hecho problemáticos. Nos escandalizamos por falta de entendimiento. La bolsa, según estas palabras de Jesús, no es la bolsa de los ricos y acumuladores insolidarios, no es la bolsa del necio acumulador que sólo sabe usar los posesivos “mi” y “mío”. No es la bolsa del que habla consigo mismo en un soliloquio insolidario y demoníaco diciendo: “Alma mía, muchos bienes tienes almacenados. Come y bebe y regocíjate”. Es el soliloquio de los ladrones del mundo, de un mundo que ha caído en manos de ladrones. Esto sí que es un escándalo humano, un escándalo de la humanidad.

La auténtica bolsa, es aquella de la que hemos de proveernos al salir a ayudar a pobres, a consolar, a comunicar las buenas nuevas en medio de un mundo de dolor y podrido por el pecado, es la bolsa que podamos conseguir para compartir y ayudar a los otros. Es una bolsa llena de palabras y de monedas… de ilusiones y compromisos. Es la bolsa del Evangelio a los pobres.

Tampoco es la bolsa para dejar en herencia a los nuestros, para dejar retazos de riqueza a los que queremos en la tierra. Basta a cada día su propio afán, danos hoy nuestro pan cotidiano. No os hagáis tesoros en la tierra. Así, pues, si consigues algo en tu bolsa, que sea para compartir, para ayudar, para curar heridas, para alojar al apaleado al lado del camino… No salgas, pues, sin tu bolsa, sin manos solidarias, sin una voz de denuncia. También en la bolsa deben ir voces y palabras.

 Además, en esta lucha por la justicia, en esta salida a echar fuera los demonios de la opresión, es necesaria la defensa. Hay que usar la espada . Si no tienes, ya sabes el consejo del Señor:  “El que no tiene espada, venda su capa y compre una”.  Hay que hacer defensa del Evangelio, de los pobres, de la justicia, de los robados de dignidad, de los proscritos, de los excluidos. Es el Evangelio a los pobres. No vale con la bolsa, no es suficiente con el anuncio de las Buenas Nuevas… hay que hacer también defensa, denuncia… como lo hicieron los profetas. Tenemos que defendernos de los injustos, de los acumuladores y opresores, de los impíos, de los pecadores e incrédulos. Por eso, si no tienes espada, vende tu capa y compra una. No te escandalices de los consejos del Señor. Te va a ser necesaria, imprescindible.

 Jesús, que nunca practicó la violencia, que rechazó el uso de las armas, ahora pide defensa y uso de la espada. Los débiles del mundo, no necesitan solamente de la bolsa y de la alforja. Necesitan también de una defensa simbolizada con el uso de la espada . Y digo simbolizada, porque, por mucho que nos empeñemos, no vamos a poder hacer de Jesús un violento. Aunque a Jesús lo vayan a matar, aunque se tenga que cumplir lo que está escrito, debemos sacar la espada, nuestros elementos de defensa, la espada simbólica del uso de nuestra denuncia, de nuestra voz… la espada de la palabra, no sólo de la Palabra, así con mayúscula, la espada de la voz que clama y denuncia sin cesar. ¿Por qué tenemos envainada tanto tiempo nuestra espada?

Los discípulos, ante esta llamada a la defensa, a la lucha por los derechos de los débiles del mundo, a la defensa de aquellos destinatarios del Evangelio a los pobres, se sienten desconcertados. El Maestro les decía que se tenía que cumplir lo escrito de él, que iba a ser contado entre los inicuos. Había que coger la espada porque iba a haber problemas. El Evangelio a los pobres también necesita de defensa y de denuncia, de compromisos concretos y activos que usen tanto la bolsa, como la alforja, como la espada. Espero que nadie se escandalice de estas palabras de Jesús.

Los discípulos, en su desconcierto, sacan dos espadas reales, de las que simbolizan la muerte, armas para destruir, matar o herir:  “Señor, aquí hay dos espadas” , dijeron mientas dejaban ver o relucir el brillo del metal, del acero. Estaban dispuestos a matar realmente, a degollar a los ladrones y acumuladores del mundo, a los que ejercen violencia sobre los débiles: El Evangelio tenía que ser para los pobres del mundo, necesitaban esta defensa… Así lo entendieron ellos al sacar las dos espadas. Y el Maestro, probablemente, dio un grito. ¿Se escandalizó Jesús?

No sabemos exactamente si Jesús gritó o no. No sabemos el tono en el que dijo una expresión de disgusto que quería poner freno a ese estilo de defensa con las espadas que matan. Él dijo, gritó o susurró: ¡Basta!

 Es el ¡basta! a los violentos, a los que ejercen violencia no sólo con la espada, sino con sus hechos, con sus acumulaciones, con sus robos… ¡Basta!  Pero, así y todo, nos dejó un mandato de necesidad de defensa. Yo me quedo con la espada de la palabra, también con la espada de la Palabra con mayúscula y, si es necesario, con la del grito. Palabras y gritos que, unidos a la acción, se pueden convertir en defensa profética. Y si no lo hacemos, Señor, sigue golpeando nuestras conciencias.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2012

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Living Lutheran

Serving_NewCity by LivingLutheran, on FlickrNew City Parish members advocating in the community.

Smoke from the 1992 civil unrest was still darkening the skies of Los Angeles when five pastors from neighborhood ELCA congregations sat down to study Scripture and pray.

Their communities had been rocked by riots following the Rodney King verdict. What, they wondered, was the Lutheran response to a city in anguish?

Their answer came out of the book of Nehemiah, where God called for a new city in the aftermath of the destruction of Jerusalem.

And out of that conversation New City Parish was born, rooted in a desire to address the underlying causes of inner-city violence: poverty, racism and injustice.

Today New City Parish is a nonprofit urban coalition of nine ELCA congregations serving south Los Angeles and neighboring Inglewood and Compton.

The goal is to share the gospel and forge relationships in support of more just and sustainable communities.

Grants from the ELCA churchwide organization and synods provide critical funding.

Scott Fritz, New City executive director and pastor at Chapel of Peace Lutheran Church, Inglewood, sums up their mission.

“We don’t just hand out food and a blessing and walk away. We sit down with our neighbors and ask questions. What are their real needs and concerns? And how can we better address them?”

The benefits of this intentional partnership can also be seen closer to home.

“Some of our congregations may have been forced to close their doors had we not banded together,” he notes.

“There is strength in numbers and in doing things together so we can share resources. When times get tough and things get scarce, we have to explore new ways to keep congregations alive and thriving.”

The ELCA’s commitment to diversity is a huge gift to their ministry, Scott believes.

“We’re dedicated to that vision and we want to be the answer.”

SIRVIENDO EN LA NUEVA CIUDAD DE DIOS

El humo de los disturbios civil de 1992 todavía estaba oscureciendo los cielos de Los Ángeles, cuando cinco pastores de congregaciones de la IELA vecinos se sentaron a estudiar las Escrituras y orar.

Sus comunidades se había visto sacudida por disturbios tras el veredicto deRodney King. ¿Qué, se preguntaban, fue la respuesta luterana a una ciudad en la angustia?

Su respuesta salió del libro de Nehemías, en el que Dios llamó a una nueva ciudada raíz de la destrucción de Jerusalén.

Y de esa conversación la ciudad de Nueva Parroquia nació, sus raíces en el deseo de abordar las causas subyacentes de la violencia dentro de la ciudad: la pobreza,el racismo y la injusticia.

Hoy en día la ciudad de Nueva Parroquia es una coalición sin fines de lucro urbano de nueve congregaciones de la IELA que sirven al sur de Los Ángeles y vecino de Inglewood y Compton.

El objetivo es compartir el evangelio y establecer relaciones de apoyo a las comunidades más justas y sostenibles.

Las subvenciones de la organización nacional de la IELA y los sínodosproporcionar fondos críticos.

Scott, Fritz, director ejecutivo de Nueva Ciudad y el pastor de la Capilla de la Paz la Iglesia Luterana, Inglewood, resume su misión.

“Nosotros no sólo por la comida y una bendición y se aleje. Nos sentamos connuestros vecinos y hacer preguntas. ¿Cuáles son sus verdaderas necesidades y preocupaciones? ¿Y cómo podemos abordarlos mejor? ”

Los beneficios de esta asociación intencional también puede ser visto más cerca de casa.

“Algunas de nuestras congregaciones pueden haber sido obligados a cerrar suspuertas si no hubiéramos unido”, señala.

“Hay fuerza en números y en hacer las cosas juntos para poder compartir recursos.Cuando llegan los tiempos difíciles y las cosas se ponen escasos, tenemos que explorar nuevas formas de mantener viva y floreciente congregación. ”

El compromiso de la ELCA a la diversidad es un gran regalo a su ministerio, Scott cree.

“Estamos dedicados a esa visión y queremos ser la respuesta.”


Juan Francisco Martínez

A 20 años de los disturbios en Los Angeles

 Murieron más de 50 personas y la destrucción de edificios y negocios superó a los mil millones de dólares.

 

 El 29 de abril de 1992 mi esposa y yo vivíamos en Los Angeles, CA y estábamos fundando una iglesia. Vivíamos en una zona (Compton) tradicionalmente afro-americana que se estaba convirtiendo en latina y que tenía pequeños negocios con dueños coreanos.Para ganarme la vida era maestro de escuela pública en Lennox, una zona de mayoría latina. Todos los días viajaba por lo que sería el centro de los disturbios.

 La zona estaba lista para una explosión . Meses antes una comerciante coreana había matado a una joven afro-americana no armada y el juez había declarado el evento un homicidio justificado, a pesar de que le disparó por la espalda.

El video que enseñaba a policías blancos golpeando a Rodney King, un afro-americano, aún cuando ya lo tenían controlado en el suelo, demostró, para muchos, que la policía maltrataba con impunidad a varones de raza negra.

El sentir de injusticia se hizo mayor cuando un juez decidió que el caso debía juzgarse en una ciudad (Simi Valley) de muchos policías, con un jurado de abrumadora mayoría blanca y una actitud claramente a favor de la policía.

 Dado todo esto no sorprendió cuando el dictamen, que declaró no culpable a los policías, creó el disturbio . El veredicto fue tan controversial que el alcalde de Los Angeles y aún el presidente de los Estados Unidos lo cuestionaron.

La reacción no demoró en hacerse sentir. La ciudad explotó y las consecuencias fueron abrumadoras. Murieron más de 50 personas y la destrucción de edificios y negocios superó a los mil millones de dólares.

 Sin embargo, los disturbios también crearon un ambiente para el cambio. En cierto sentido se rompió con el antiguo sistema “pro-blanco” y anti-minoritario . Se crearon puentes entre las comunidades latinas, coreanas y afro-americanas. Sirvió como base para que en la primera década del siglo XXI también se eligiera a un alcalde de descendencia mexicana, el primero desde el siglo XIX.

Pero también marcó el principio de un cambio demográfico significativo. Mucha de la población afro-americana decidió abandonar la zona “sur-centro” de la ciudad y, el día de hoy, varios sectores tradicionalmente afro-americanos ahora tienen una mayoría latina.

 Pero al mirar hacia atrás está claro que todavía hay camino por trazar . Al tratar de definir como recordar este aniversario nos dimos cuenta que existen interpretaciones encontradas sobre lo que significaron los disturbios. Es claro que nuestras experiencias y nuestras memorias quedan afectadas por nuestro trasfondo étnico y nuestra posición social. Pero también es verdad que algunos quieren tratar el problema por medio del “olvido” o ver el asunto como algo “del pasado”.

 Los Angeles es una ciudad que se “re-inventa” cada tantos de años, queriendo dejar atrás los eventos y personajes negativos y actuar como que sólo lo nuevo “vale”. El problema es que los proyectos nuevos casi siempre echan fuera a los pobres y marginados. Las reinvenciones también facilitan una amnesia colectiva .

Optamos por olvidar los aspectos de nuestro pasado que no cuadran con la “interpretación oficial” del momento.

 Por eso es importante recordar este aniversario. La ciudad de Los Angeles está llena de personas que creen en un futuro mejor y están trabajando por hacerlo realidad. Pero sé que la misericordia y la verdad se tienen que encontrar y la justicia y la paz se necesitan besar .

Así que oro para que en este vigésimo aniversario de los disturbios estemos atentos a las verdades incómodas de nuestra ciudad y que reconozcamos que la paz de nuestra bella ciudad vendrá cuando haya justicia para todos, particularmente para los que no tienen voz en las visiones oficiales de nuestro futuro.

Autores: Juan Francisco Martínez
©Protestante Digital 2012

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José de Segovia Barrón

R.L. Stevenson, la lucha de Jekyll y Hyde

Retrato de Robert Louis Stevenson
No duda en describirse como la persona más miserable. Demasiado agobiado por la culpa para disfrutar del mundo, pero demasiado mundano para la iglesia.

 

 Me ha llevado mi hija a ver una exposición de Robert Louis Stevenson (1850-1894) –el autor de  La isla del tesoro  o  El extraño caso del   Dr. Jekyll y Mr. Hyde – en Edimburgo, donde está acabando la carrera de filología inglesa. Ella tiene ahora la misma pasión que yo –cuando era adolescente– por este escritor, cuya obra todavía me conmueve.

“Una voluntaria convulsión de la naturaleza bruta”, son las últimas palabras que escribió en la amplia veranda de su casa en una isla del Pacifico, el día que murió de una hemorragia cerebral, cuando tenía 44 años. Enfermo de tuberculosis, observa: “durante catorce años, no he tenido un solo día de salud; me he despertado enfermo y he ido a la cama agotado”. Estaba increíblemente delgado, apenas una bolsa de huesos, pero sentía intensamente, lloraba fácilmente y amaba libremente.

 El exilio de Samoa le había traído la nostalgia de sus ancestros escoceses, que rememora en sus últimas cartas y la novela que dejó, como la historia de su vida, inacabada. El exilio es un estado de mente –como observa su biógrafo Ian Bell–, tanto como una condición del corazón o una situación física. Nos lleva a preguntarnos quiénes somos y qué hacemos aquí…

 EDUCACIÓN PRESBITERIANA
 Los padres de Stevenson –como los míos– fueron devotos presbiterianos, pero –como yo– tampoco tuvo una educación estricta. Su familia, por parte de padre, eran ingenieros constructores de faros. Mientras que por parte de madre, los Balfours, eran pastores protestantes. Ambas tradiciones no estaban contrapuestas. Aunque su padre rechazó tener responsabilidades en la iglesia, tomaba en serio su fe. Su calvinismo le daba “un morboso sentido de su propia indignidad”, recuerda el escritor.

 La tradición evangélica era tan importante entonces en Escocia como el whisky. Stevenson escuchó tantos sermones de su abuelo – Lewis Balfour (1777-1860) –, como historias de su niñera –Alison Cunningham, que llamaba cariñosamente Cummy– sobre los mártires de la fe reformada – los Covenanters–,  El progreso del peregrino  –la alegoría del pastor bautista John Bunyan– y la Biblia entera –tres veces, antes de saber leer–, mientras pasaba los días en la cama, enfermo . No es extraño que se dedicara a “jugar a la iglesia”, construyendo con sillas y mesas un púlpito, para hacer de pastor.

El  Shabbath  era guardado el domingo en Escocia, de una manera tan rígida que no se permitió el tráfico de trenes hasta 1860. El calvinismo dominaba la clase media, que tenía el control de los ayuntamientos, ordenando la vida pública como la escuela dominical.  El presbiterianismo se rompió en Escocia en 1843, cuando Thomas Chalmers –fundador de la Alianza Evangélica–, sale de la asamblea general para librar a la iglesia del patrocinio de los ricos, que podían establecer al pastor que quisieran en su parroquia. Como no era una discusión sobre los fundamentos de la fe, sino sobre la independencia de la Iglesia, sus padres se quedaron en la iglesia estatal .

 LA SOMBRA DEL PADRE
En 1867 su padre adquiere una casa de vacaciones, a los pies de los montes de Pentland. En ese lugar, en 1666, unos soldados buscaban Covenanters –presbiterianos aliados frente a la interferencia de la monarquía de los Estuardo en la Iglesia de Escocia–. Encontraron entonces un anciano, al que empezaron a maltratar cuando se negó a pagar una multa. Iban a marcarle con hierro ardiendo, cuando los habitantes de su aldea se enfrentaron a la guarnición. A causa de ello, murieron cientos de Covenanters, que inspiraron al joven Stevenson a escribir su historia –cuando tenía sólo 16 años–, en su primer libro –publicado privadamente por su padre en 1866, a los doscientos años de la matanza–.

Hijo único, hasta en su último libro inconcluso Stevenson lucha con la imagen de su padre, cuya justicia le alejaba del Padre celestial, en quien él creía.  Hasta el final de su vida, el escritor mantuvo un vago teísmo, imposible de relacionar para él con los terrores del infierno, sobre el que le advertía su niñera. Para ella, jugar a las cartas e ir al teatro era pecado –cosa que sí hacían sus padres–. En la Universidad tiene una crisis de fe y empieza a frecuentar el lado oscuro de las calles de Edimburgo . Según sus biógrafos, tiene entonces una relación romántica con una prostituta, cuyo nombre evoca el personaje de  Catriona.

Su ropa se hace cada vez más bohemia, dejándose crecer el pelo y no quitándose nunca la chaqueta de terciopelo, que aparece en la mayor parte de sus retratos. Entra entonces en un club con su primo, que se caracteriza por “rechazar todo lo que nuestros padres nos han enseñado”. Cuando su padre lo descubre, tienen una discusión que lleva a la ruptura entre ellos. “¡Qué condenada maldición soy para mis padres!” –escribe–. Mi padre me dice: Has hecho que toda mi vida sea un fracaso. Mi madre asegura: Esta es la más pesada aflicción que me ha caído. ¡Oh, Señor, qué agradable es haber condenado la felicidad de probablemente las dos personas que malditamente menos importas en esta vida!”.

 EL LADO OSCURO DE LA VIDA

 En la exposición que veo con mi hija, hay un mueble que tenía Stevenson de niño en su habitación, que perteneció a la legendaria figura del Diácono Brodie (1741-1888). Este fabricante de armarios que fue presidente de la Cámara de Comercio y canciller de la ciudad, se descubrió que llevaba una vida secreta como ladrón y jugador, siendo finalmente ejecutado en la horca. La dicotomía entre su fachada al mundo y su naturaleza oculta, inspiró la obra que da lugar a  El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde . 

Junto con otros relatos que leí en mi adolescencia, como  Markheim,  muestra la obsesión de Stevenson por la dualidad del ser humano. La exhibición sugiere también Romanos  7 como la principal fuente de inspiración del  Dr. Jekyll y Mr. Hyde .  Su protagonista “reflexiona profunda y repetidamente sobre esa dura ley de vida que constituye el meollo mismo de la religión y representa uno de los manantiales más abundantes de sufrimiento”, que llama “la doble naturaleza del hombre”.

El problema es de tal dimensión, que su personaje observa como: “a pesar de mi profunda dualidad, no era en sentido alguno hipócrita, pues mis dos caras son igualmente sinceras”. Ya que “era el mismo yo, cuando abandonado todo freno me sumía en el deshonor y la vergüenza, que cuando me aplicaba a la vista de todos a profundizar en el conocimiento y a aliviar la tristeza y el sufrimiento”. Es “en el terreno de la moral y en mi propia persona donde aprendí a reconocer la verdadera y primitiva dualidad del hombre”. Descubre así que “las dos naturalezas que contenía mi conciencia podía decirse que eran a la vez mías porque yo era radicalmente las dos”.

 EN TIERRA DE NADIE
 Cuando leí este relato sentí el vértigo que sobrecogió a Stevenson al mirarse hacía dentro. El descubrimiento de esa misma dicotomía en mi adolescencia, me hizo sentir un vínculo especial con su obra. Aunque no llego, como Fernando Savater, a leer  La isla del tesoro todos los años, yo también encuentro en este libro la aventura de la vida misma. “Esta radical ambigüedad es el secreto o, si se prefiere, el tesoro de este cuento impar”, como dice Savater.

Como si hablara de su propia biografía, el pensador vasco observa como “la figura intrigante de Jim Hawkins acumula inacabables ambivalencias”, pues “circula de un bando a otro en un tráfago vertiginoso y equívoco, incapaz de aquietarse en un campo, fiel solamente a su condición de prófugo, de infiltrado”.  Todo el que se ha sentido en tierra de nadie, como Stevenson, se identifica con su personaje . Aunque el conflicto de Stevenson es de una moral diferente a la que ha vivido Savater. Tiene que ver con la fe recibida de su padre, que llegó a escribir un libro en defensa de ella, al ver el Cristianismo confirmado. 

Como el filósofo reflexiona, es la relación entre Jim y Silver, la clave de la novela. El relato se inaugura con la muerte del padre de Jim y se cierra con la desaparición de Silver, el pirata que constituye la imagen paterna del muchacho, tras su orfandad. Savater lo ve como “el padre que enseña a renunciar a los padres”. Algo que Stevenson nunca logró, ni en su exilio en el Pacifico, como demuestran sus últimas páginas, que buscan la recuperación de la infancia.

 ENTRE DOS MUNDOS
 Los cristianos que nos hemos sentido atraídos desde nuestra adolescencia por lo que en círculos evangélicos se llama el mundo, nos hemos sentido como Stevenson intentando vivir entre dos mundos. Como describe Lloyd-Jones la experiencia de Romanos  7, no sería ni el Saulo inconverso, ni el apóstol cristiano. Es, según él, un creyente en transición, que no duda en describir como la persona que se siente más miserable en el mundo. Porque está demasiado agobiado por la culpa para disfrutar del mundo, pero es demasiado mundano para la iglesia. ¡Cuántos nos hemos sentido así!

 “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago”, cita el texto de la exposición. Estas palabras vienen del libro que la muestra dice que Stevenson leía, interesado incluso acerca de sus dificultades de distribución en España –tal y como cuenta el agente de la Sociedad Bíblica, George Borrow en  La Biblia en España,  que le acompaña en sus Viajes con burra  por Francia, cuyo ejemplar está expuesto aquí en el museo–.

Las dos mujeres de las que estuvo enamorado, tenían también origen protestante. Fanny Sitwell era doce años mayor que él y había estado casada con un pastor, pero ella prefiere a su amigo, el profesor de arte de la Universidad de Cambridge, Sidney Colvin, que edita luego su obra. La Fanny con la que se casa, se llamaba antes Osborne y era también once años mayor que él. Hija de un devoto presbiteriano americano – bautizado por el autor de  La cabaña del tío Tom – estaba separada, cuando la conoció Stevenson. Interesada por lo oculto, lleva al escritor a Francia y luego a California, para terminar en los mares del Sur.

 ESPERANZA QUE SALVA
 En el Pacífico, Stevenson encuentra cinco misioneros, tres anglicanos y dos metodistas. A pesar de su inicial rechazo, acaba apreciando su labor. Lee la Biblia cada día y durante un tiempo cantan un himno, orando el Padre Nuestro en un culto familiar , mientras su madre está con ellos, llegando a ser maestro de escuela dominical. Uno de los misioneros le da un entierro protestante en Samoa, donde escribe un libro de oraciones y moral cristiana. Todo parece indicar que volvió a sus raíces, después de una juventud rebelde . ¿Cómo podemos tener nosotros esa misma esperanza?

 Stevenson entendió dónde está la fuente de salvación. En su obra  El Almirante Guinea , el personaje John Gaunt –cuyo apellido significa literalmente Afligido–, que ha sido un esclavista como John Newton, dice a alguien llamado Christopher French: “la salvación viene de arriba”. Esas son las palabras de Jesús a Nicodemo en el Evangelio según Juan 3:3. En su poema  Muerte,  asegura que “Él perdona a pecadores, limpia al impuro” . Como uno de los personajes del  Príncipe Otto,  descubre que “ante la eternidad, es un pensamiento de consuelo que tenemos otros meritos que los propios”.

“La fe es creer en Dios”, escribe a su madre, pero Jesús dice que es también “creer también en mí” ( Juan  14:1). El Almirante Guinea dice: “Arrepiéntete, ora por un nuevo corazón, limpia tus pecados con lágrimas, huye del terror de la ira venidera”. A lo que Pablo y Silas añadirían: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” ( Hechos  16:31). Esa es la esperanza que salva. Puesto que, como dice el himno de Toplady,  Roca de los siglos:

 Aunque fuese siempre fiel,
 aunque llore sin cesar,
 del pecado no podré,
 justificación lograr.
 Ningún precio traigo a Ti,
 mas tu cruz es para mí.

Autores: José de Segovia Barrón

©Protestante Digital 2012

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