Archivos para junio 5, 2012


•”Los resultados son preocupantes, ya que 1 de cada 3 autoproclamados cristianos admiten que rara vez viven las enseñanzas de Jesucristo”, dijo R. Brad White, fundador de Changing the Face of Christianity, quien creó la prueba.

Estados Unidos | Por Nínro Ruíz Peña |

Un cuestionario en línea que comenzó hace un año examinó, cómo los cristianos viven constantemente las enseñanzas de Jesucristo, sin embargo se encontró un aumento en el número de creyentes que son “cristianos sólo de nombre”.

“Los resultados son preocupantes, ya que 1 de cada 3 autoproclamados cristianos admiten que rara vez viven las enseñanzas de Jesucristo”, dijo R.

Brad White, fundador de Changing the Face of Christianity, quien creó la prueba.

“Nuestra misión es revertir los estereotipos negativos de los cristianos, ayudar a los cristianos a ser más comprometidos con Jesucristo. Y así, que nuestro objetivo es trabajar con las iglesias locales y ayudar a transformar a estos no cristianos en cristianos espiritualmente maduros que caminen y representen mejor nuestra fe el mundo”.

Changing the Face of Christianity (Cambiando la Cara del Cristianismo), es una organización sin fines de lucro de educación cristiana y publicó la semana pasada los resultados de la auto-evaluación anónima de prueba, que les pidió a los cristianos que dijeran cómo actuaban en la vida real y sus dilemas.

Así que la organización, trató de determinar si los encuestados estaban “lejos de Cristo”, estaban actuando como “cristianos mundanos”, como “buenos cristiano,” o estaban siendo unos “cristianos maduros espiritualmente”.

La investigación inició en el 2011, los resultados iniciales indicaron que uno de cada cuatro calificaron como “cristianos mundanos”, o “cristianos sólo de nombre” como la organización los describe, pero ahora, los resultados más recientes muestran que el número ha aumentado del 23,7 al 30,9 por ciento – o casi 1 de cada 3 que ahora son “cristianos mundanos”.

Más de 1.500 personas, han respondido al cuestionario, que se inició en septiembre del 2011 y recoge los resultados hasta abril del 2012. En las otras tres categorías, sólo un 2,9 por ciento clasificó en “lejos de Cristo”, la sección, “buenos cristianos” un 38,5 por ciento dijo que lo eran, mientras que el 27,8 por ciento eran “cristianos maduros espiritualmente”.

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¿Qué es la Gracia?

Publicado: junio 5, 2012 en Teología

Óscar Margenet Nadal

¿Qué es la Gracia?

Para dar de gracia, primeramente debo saber bien (o recordar siempre) qué es la gracia y de qué maneras compruebo que lo que he recibido proviene de ella.

Dios nos hizo llegar su gracia en la persona de su Hijo .
La gracia divina es el don de Dios por el cual salimos de la condenación con que nacemos y de la pobreza en la que vivimos los años que pasamos por este mundo.
“La gracia y la verdad vinieron por Jesucristo” (Juan 1:17). “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” (2° Corintios 8:9)
Dios emplea su gracia para justificarnos.
Nunca es suficiente repetirnos que sólo por gracia nuestra deuda para con Dios ha sido pagada por Jesucristo en la cruz del Calvario. No podíamos, no podemos ni podremos hacer nada de nuestra parte para que Dios nos considere justos.
“Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:24).
Hay gracia prometida desde la Antigüedad .
Cuando todas las circunstancias terrenales eran negativas, cuando los hechos demostraban la imposibilidad de que la promesa de Dios se cumpliese por intervención humana, la historia de Abraham sirve para ver el camino que Dios nos ha abierto por su sola gracia.
“Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia” (Romanos 4:16).
La gracia viene para que estemos firmes .
La paz es difícil de lograr y mucho más de sostener en un mundo en crisis, saturado de mentiras e injusticias, que va acumulando indignación en los que han sido burlados y siguen siendo usados como solución a los problemas generados por la ambición, el orgullo y la soberbia que caracterizan a los poderosos.
“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.” (Romanos 5:1-2). “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” (2° Corintios 12:9).
La gracia es para nuestra vida eterna en Jesucristo.
Lejos de mermar el pecado va en aumento día a día. Obrar el bien no alcanza, aunque debemos seguir procurándolo por todos los medios lícitos y convenientes. No debemos cansarnos de hacer el bien, porque a su tiempo Dios obra de manera prodigiosa.
“Más cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.” (Romanos 5:20).
La gracia manifestada en Jesucristo incluye al remanente del Israel de Dios.
Hay indignación por todo lo que recorte beneficios sociales y reduzca los ingresos dinerarios por pérdida de puestos de trabajo. Hoy también se cometen en Israel toda clase de atropellos sobre los llamados “palestinos” desde el Imperio Romano. Uno se pregunta cuántos estarían dispuestos a indignarse por la tortura y muerte que se practica en la “Tierra Santa” sobre los sin tierra, a pesar de que la UNESCO ya reconoce a una nación palestina.
A pesar de estas atrocidades, La Biblia nos asegura que Dios tiene un remanente en su pueblo Israel.
“Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia. Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia.” (Romanos 11:5-6).
Dios es quien da su gracia a los suyos. (Romanos 12:3 y 6).
Sólo la gracia salva.
Cuando muchos temen perder su salvación si desobedecen leyes impuestas por líderes religiosos, y otros construyen imperios multimillonarios en base a un uso lucrativo del evangelio gratuito de Dios, el Espíritu de la Palabra que nos guía a toda verdad nos afirma:
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:8,9). “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.” (Gálatas 5:4). “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación (…) para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.” (Tito 2:11; 3:7).
Dios afirma que ya somos salvos, y que lo estamos siendo en esperanza de la vida eterna.
Nadie es mediador de la gracia fuera de Jesucristo.
Hay un culto que se le rinde a “María de todas las gracias”. En tierras hispanas y latinoamericanas se le rezan interminables rosarios y plegarias a la madre de Jesús. Los que sabemos que la Palabra de Dios no miente, proclamamos que no hay otro mediador de la gracia de Dios, fuera de su Hijo.
“Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” (Hebreos 4:14 -16).
¿En quién confiamos en estos días de prueba? ¿Qué no estamos dando a otros de lo que recibimos por gracia?
Cada día estamos a tiempo de rectificar nuestro andar diario. Encomendemos por fe nuestro diario camino, esperemos en el Señor y Él, a su tiempo, hará por nosotros lo mejor. Entonces tomaremos conciencia de la dirección y del sentido correctos de nuestro obrar.
En nuestra próxima entrega: Un desafío a la iglesia que vive y obra por gracia.
Hasta entonces, si el Señor lo permite.

Autores:Óscar Margenet Nadal

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César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (40)

Lutero, convocado a la Dieta de Worms
El emperador Carlos, finalmente, accedió a la petición del Elector. Lutero sería escuchado ante la Dieta y gozaría de un salvoconducto que garantizara que contra él no se emplearía la fuerza.

El 3 de enero de 1521, el papa León X firmó una última bula contra Lutero, la conocida como Decet Romanum . El plazo fijado para la retractación había expirado y Lutero era declarado hereje obstinado y excomulgado . Todos los lugares por los que pasara se verían sometidos a las penas de entredicho y suspensión. Además, los que se manifestaran como partidarios suyos quedarían condenados a las mismas sanciones. La bula debía ser publicada por todos los obispos y las órdenes religiosas debían colaborar en su publicación y cumplimiento. Quince días después, un breve del papa invitó al emperador a publicar la sentencia y proceder a su ejecución.
El padre Glapión, confesor del emperador, intentó mediar una vez más tratando de entrevistarse con el Elector. Pero Federico no consideró que mereciera la pena recibir al clérigo y lo desvió hacia Brück, su canciller. Como ha señalado, el dominico Olivier, Glapión fue muy claro en su exposición. Había leído con entusiasmo los primeros escritos de Lutero y, personalmente, estaba convencido de que tenía razón, pero su libro La cautividad babilónica de la iglesia  había cegado la vía para su causa. Si se retractaba de ese libro, había posibilidad todavía de remontar la situación. La respuesta de Brück no fue menos terminante. Glapión podía no encontrar objeciones a las opiniones primeras de Lutero, pero lo cierto era que la bula de excomunión había sido firmada antes de que Lutero escribiera La cautividad… y condenaba precisamente esas tesis. No existía, pues, razón para pensar que con una simple retractación de esa obra fuera a cambiar nada. Así, se lo comunicaría Glapión a Carlos.
Por su parte, el emperador, una vez más, había decidido dejar todo en manos de Aleandro – que tenía la bula desde el 10 de febrero y que, precisamente, había sido el personaje que había sugerido al papa que dictara los últimos documentos de condena – y le pidió el martes de carnaval que, al día siguiente, se dirigiera a la Dieta.
El discurso de Aleandro, pronunciado el 13 de febrero con el respaldo del emperador, duró tres horas. En el mismo, el nuncio no ahorró calificativos hasta el punto de que llegó a comparar a Lutero con Mahoma. Pero toda la disertación fue en latín y, posiblemente, esa circunstancia fue sufrida por no pocos de los presentes como una penitencia. Por si fuera poco, a pesar de la longitud de la exposición de Aleandro, el discurso no discutía ninguna de las afirmaciones de Lutero ni tampoco respondía a ninguna de sus críticas. A decir verdad, se limitaba a señalar que el único problema espiritual existente era la enseñanza del agustino que debía ser extirpada con la mayor energía. Lo cierto es que no sorprende que no fuera acogido ni lejanamente con entusiasmo.
Cuatro días después, estaba preparado un edicto que allanaba el imperio a los deseos del papa. Aleandro pretendía con este texto no sólo que se obedeciera a la Santa Sede sino que Lutero cayera en la provocación e, irritado por las concesiones de Carlos, lo atacara. Sin embargo, no se salió con la suya . Por un lado, Lutero no dio respuesta al texto y, por otro, la oposición que provocó aquella medida resultó extraordinaria. Para la mayoría resultaba obvio que el monje podía tener o no razón, pero no era de recibo que se le condenara sin haber disfrutado del derecho a defenderse de las acusaciones que se habían formulado contra él. La forma en que, finalmente, se conciliaron el deseo de respetar la legalidad germánica y el del emperador de complacer al papa resultó verdaderamente salomónica.
El 22 de febrero, la Dieta había decidido convocar a Lutero y el 2 de marzo, tras un encuentro entre los príncipes y el emperador, éste accedió a escuchar al agustino. Así, la invitación formal con valor de salvoconducto firmada por el emperador se cursó el 6 de marzo. Sin embargo, en paralelo, el 8 de marzo estaba listo un edicto para secuestrar y quemar los escritos de Lutero que se publicó el 26 de marzo . Ese mismo día, de manera bien significativa, un heraldo imperial, expresamente enviado a Wittenberg, entregó a Lutero en persona la invitación de Carlos.
En apariencia se había contentado a ambas partes. Sin embargo, la realidad resultaba muy diferente. A pesar de la victoria que implicaba el que Carlos ordenara la destrucción de los escritos de Lutero, el hecho de que éste tuviera el camino abierto para llegar a la Dieta significó una gran derrota para el nuncio Aleandro.
Sin embargo, no puede decirse que le cogiera de sorpresa. A decir verdad, sus cartas de la época constituyen una fuente extraordinaria de información sobre lo que había sido su calvario de los meses anteriores. Primero, había contemplado la hostilidad con que se había recibido la bula en las ciudades alemanas. En algunos casos, tanto él como Eck –que, de manera vergonzosa, había llegado a añadir el nombre de sus enemigos al texto de bula para poder así ejecutar venganzas personales- habían logrado que la bula se anunciara, pero, generalmente, para descubrir que al día siguiente los carteles habían sido sustituidos por escritos antipapales.
Aleandro había recurrido entonces a la panoplia habitual de la diplomacia vaticana que iba desde la persuasión a la utilización de argumentos espirituales pasando por la mentira y el soborno – había corrido nuevamente el rumor de que se le había ofrecido a Lutero un capelo cardenalicio todo ello sin éxito. En sus misivas, el nuncio deploraba que ninguno de esos recursos servía de nada, como tampoco el que continuamente lanzara injurias sobre Lutero llamándolo “este Mahoma”, “este Arrio” o este “hijo de Satanás”. Al final, como señalaría a sus superiores: “Toda Alemania está completamente sublevada. Nueve décimas partes levantar el grito de guerra de “¡Lutero!”, mientras que la consigna de la otra décima parte que es indiferente a Lutero es “Muerte a la curia romana””.
El papa León X no parecía, a pesar de las medidas que había firmado, especialmente inquieto.  En clara contradicción con su conducta de los años anteriores, había enviado, eso sí, una carta a Carlos afirmando que daba gracias a Dios por haber concedido a la iglesia un emperador como él. Sin embargo, mientras Aleandro se había enfrentado con la amarga realidad, el pontífice se distraía asistiendo al carnaval de Roma. Bajo su ventana del castillo de Sant´Angelo, se había levantado un escenario para una representación que se iniciaba con la oración de una mujer dirigida a la diosa Venus. Acto seguido, venía la historia de unos ermitaños que acababan despojándose de sus hábitos para combatir entre si para conseguir que Amor les entregara a una fémina. Se puede pensar lo que se quiera de lo oportuno y decoroso del espectáculo bajo las ventanas papales, pero poco puede dudarse de que León X no perdía el sueño por lo que estaba sucediendo en Alemania.
A decir verdad, es muy posible que en aquellos momentos fuera Aleandro el único que se diera cuenta de que estaba comenzando una nueva época y de que la Santa Sede no se percataba ni lejanamente de la gravedad de la situación.

Autores:César Vidal Manzanares

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