“Marrones” (Racismo: primera parte)

Publicado: agosto 11, 2012 en Sociedad

juancarlos

El público conformado, mayoritariamente, por jóvenes de los estratos altos de la ciudad, estaba risueño y animoso. Su programa favorito había empezado. Los animadores salían, uno a uno, tras la presentación del cantante / animador de televisión que presentaba a cada uno de sus acompañantes “Y con ustedes, el locutor más marrón de los marrones de la televisión peruana” el público grita chonguerísimo. Probablemente cómplice (sabiéndolo o no) asistía al nacimiento –en vivo- de una palabrita con la que un sector social define a una gran parte de la población peruana. ¿La palabra? “Marrones”

 

I

La primera vez que oí esa palabra fue en la televisión. Era la hora del almuerzo. No entendí hasta mucho tiempo después el por qué se me fue el apetito de golpe y el cantante/conductor me comenzó a caer mal. Por mucho “shanananá” y buena onda que le pusiese a sus canciones, el compadrito me caía bomba. La verdad es que en un primer momento no supe cuál era la relación de la chapa con el conductor; pero al oírla, esa palabra se sintió como lodo en los oídos. Existe, por ejemplo, palabras que uno no puede oír sin sentir cierta incomodidad. Palabras que zumban en el oído. “Marrones” siempre me sonó mal. Marrón es el color del cobre (ya bueno, colegas diseñadores, es el aproximado)
Cobriza es la piel de no sé si más del 50% de este país.
animador
Entonces, sospechemos:
A.- ¿El muy querido y risueño animador (y cantante) de televisión nos estaba informando que para definir a la “raza color cobrizo” el término a usarse para las siguientes décadas era “marrones”
B.- ¿Estaba filosofando?
C.- ¿Estaba haciendo algún mantra involuntario?
D.- Bah. Tres veces, bah.

Vaya uno a saber, pero un elemento tan, al parecer, insignificante puede quedarse en la mente de una persona. Pero ya vemos que se quedó en la mente de más de uno.
A veces no es tan fácil agarrar un recuerdo y ¡juash! borrarlo de un sólo tirón.
Tanda comercial y regresamos con ustedes.

II

Agencia Gris y gris fachada. Dos y media de la tarde de un verano caluroso y pegajosamente entrometido. Los estrategas de la mercadotecnia me han citado para ilustrar un story board* Su campaña perdió de pronto a su ilustrador habitual y me han llamado en el último minuto. Llego y espero sentado en la amplísima sala frente a unas escaleras que parecen salidas de una novela. Fríos y marmóreos escalones. Venas color caramelo en el mármol blanco. Frío cuero y aire tibio. La humedad limeña de Febrero.
Los estrategas del marketing y los medios, salen presurosos de una de las oficinas. Entre estos manipuladores del consumo se encuentra la encargada de producción que me contactó días antes para hacer el trabajo “sencillo pero urgente” (traducción de la lengua de publicidad hacia el diseñador gráfico: “no te pongas sabroso con la tarifa y lo queremos para ayer”) Nos saludamos y me hace una señal para que los siga. Los sigo.
Me conducen hacia el estacionamiento del local donde me explican que iremos a otro local donde los realizadores de este comercial que , me imagino, debe revolucionar los conceptos de la creatividad publicitaria nacional; tienen el guión y deben discutirlo con los creativos, el ejecutivo de cuentas y el productor para que, finalmente, me lo alcancen a mí y pueda ilustrar en cuadritos multicolores, todos los planos que habrán de presentar al cliente para que este otorgue su aprobación y luego de esta, los realizadores, estrategas hagan modificaciones para llevar a cabo la realización de una agresiva campaña publicitaria que modifique las mentes del público objetivo (su “target”) y compren la sopa instantánea que están tratando de vender.

En cristiano: Tengo que dibujar a un niño tomando sopa.
Perdón, digámoslo con el respeto que sienten que se merecen los estrategas de los medios de comunicación especializados en la direccionalidad de los hábitos de consumo de la población objetivo (uf): Debo ilustrar una escena de consumo donde se contemple a un niño tipo, arquetipo, modelo, target, del sector A/B tomando un consomé rico en proteínas.

Ajá, mi estimad@. Eso mismo que pensaste al leer todo eso que me dijeron a mí, pensé yo.

Subidos en el auto, se me ocurre la peregrina idea de bajar la ventanilla, porque me sofoco en un sedán con asientos sintéticos cuyo aromatizador de pino hace rato ya es leña.
“Sube la luna” me dice secamente la dueña del auto y a razón, ejecutiva de cuentas, ajustándose el cinturón y girando la llave del encendido del auto. Mi desorientación habitual se suma a mi fastidio; pero el creativo “junior” (y al parecer, sobrino de la ejecutiva de cuentas) dice: “Estás con plata Cocoa, aire acondicionado en el carro. Vamos bien” La ejecutiva se calza los Rayban y dice sin mirarlo “Tú crees que estoy para sancocharme como chofer de micro viniendo a trabajar”
El creativo junior se ríe, la encargada de producción sonríe cabizbaja y tímida mientras yo sigo con una cara de no enterarme de nada mientras me sigo cagando de calor.

publicistas
– ¿Tú sigues andando en el carro de tu viejo? pregunta la ejecutiva al creativo (junior)
– Nada que ver tía (¿Era su tía? Nunca lo supe) Yo voy en micro, en combi, soy misio y me junto con el pueblo. Yo me mezclo con los marrones (sic)

Mi cerebro ordenó como primera reacción instintiva encoger las piernas e impulsarlas con fuerza hacia adelante apuntando a la nuca del creativo (junior) para estrellarlo con el parabrisas y tomar el volante a la fuerza para cambiar de carril y estrellarnos contra el primer poste o auto que tengamos cerca y así, envueltos en una llamarada de fuego y fierros retorcidos llegar a convertirnos en un montón de cenizas para que la muerte venga con nosotros a llevarnos a su reino.

Nada más democrático que la decadencia de la carne para sentirnos iguales frente a los gusanos…pero no. No hago nada. Me quedo quieto, la pienso, vuelvo a pensar en todo eso que me dicen (a veces) “ser conflictivo no lleva a nada”, o lo que algún amigo me ha dicho con muy buena fe (después de más de dos vasos de Jack Daniels) “mira, broster, tú problemas esh…” Ya lo sé, mi problema es comprarme líos ajenos, sarcasmo por instinto y todas esas cosas que “ofenden” a los demás. Así que opto por hacer que no he oído y espero que el aire acondicionado me congele las venas. Calladito nomás sigo mirando los carros. Me sumo en autismo total y respondo con monosílabos: “Sí”, “No”, “ajá”, “ya”.

Siento que no me pueden salir más palabras de la boca.
Quiero que me salga fuego.
Quiero un sable samurai, quiero una ametralladora gatling y gritar “contacto“; pero no.
No logro hacerlo.
No debo hacerlo.
No llego a hacerlo porque la encargada de producción se ha dado cuenta y me mira con los mismos ojos del gato con botas (sí, el de la película “Shrek”) diciéndome sin decirme nada que por lo que más quiera no estalle, que no mute en Hulk y mande a volar todo, que si no me caen bien este par de cristianos, que tenga la bondad de meterme la lengua muy al fondo del arete.
Porque si hago lío, queda mal ella. Si queda mal estará en la lista de “problemáticos” de la agencia y en este mundito de la publicidad (donde todos se conocen) la pueden tachar. Y si te tachan te botan y si la botan no existe. Y si no “existe” no conseguirá chamba y sin chamba – qué duda cabe- no tendrá como pagar sus cuentas, su vida y el recibo de la luz. El recibo de la luz.

Maldito recibo de la luz. Cuántas palabras se ahogan en tu nombre.

(continuará)

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