Archivos para agosto 14, 2012


CLADE V – Región Andina

Reino de Dios-Reino de Vida
Realidad, signos y desafíos

Fotografía: Samuel Nieva

I. Introducción.
“El reino de Dios ya está cerca de ustedes” “Pero tengan por seguro que ha llegado el Reino de Dios” (Lc.10, 9, 11). Estas fueron las orientaciones que Jesús dio a los setenta y dos, y lo que debían declarar en la misión por donde quiera que vayan: “Pero tengan por seguro que ha llegado el Reino de Dios”.

Las reflexiones de esta ponencia surgen del intento de comprender cómo esta realidad del Reino de Dios, está presenteaquí y ahora, donde el Reino, en palabras de Jesús es un Reino de Vida, y vida abundante para todas laspersonas. “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundanacia”. ¡Vida para todas las personas y en abundancia! Donde Jesús es la esencia y sustento de la vida plena.

Discernir la manifestación del Reino de Vida en nuestros contextos latinoamericanos, más que el qué, cuándo y dónde del Reino, tema arduamente trabajado y reflexionado en la teología latinoamericana; nos convoca el cómo, cómo desde nuestros contextos, sociales y eclesiales, cómo se vive, se proclama y se manifiesta el reino de Vida en sus contextos. Es
decir, cómo el reino se hace visible en la realidad, cómo se expresan sus signos, qué retos nos plantea, y los desafíos a los que nos invitan.

II. Reino de Dios: Perspectiva teológica.
Discernir qué es Reino de Dios, caracterizado por ser Reino de Vida desde un abordaje integral, que toma en serio el texto bíblico, el contexto histórico, el contexto actual, y la cosmovisión del intérprete; demanda mucho trabajo pero a la vez, también una dependencia del Espíritu Santo de Dios, para que la luz de la verdad alumbre y genere vida en los
contextos donde nos toca vivir y anunciar el Evangelio de Jesucristo.

Hablar del Reino siempre será tarea inconclusa, no acabada; pretensión nuestra sería prestarnos para acallar todo el misterio que es el Reino de Dios en sus diversas dimensiones.

Es importante reconocer que cuando se habla del “Reino de Dios”, se habla de un concepto que nace del corazón de Dios y de la relación entre Dios y su pueblo, lo que implica una dinámica tanto divina como humana.

El concepto bíblico que más se acerca al concepto del Reino de Dios del NT es el del pacto, expresado en el Shalom (bienestar integral). Así se establece la idea de un Dios que desea bendecir a las naciones en un marco universal inclusivo (Gn. 12,1-3) representante de este Proyecto de fe, es Abraham. El proyecto se reafirma a través de diversos pactos que Dios establece con su pueblo Israel (Gn.17, Ex.19-24, Nm.25, 10-13, 2Sm.7, 5-16). El profeta Jeremías nos recuerda:

“Vienen días -afirma el SEÑOR- en que haré un nuevo pacto con el pueblo de Israel y con la tribu de Judá. No será un pacto como el que hice con sus antepasados el día en que los tomé de la mano y los saqué de Egipto, ya que ellos lo quebrantaron a pesar de que yo era su esposo afirma el SEÑOR. Éste es el pacto que después de aquel tiempo haré con el pueblo de Israel -afirma el SEÑOR-: Pondré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrá nadie que enseñar a su prójimo, ni dirá nadie a su hermano: “¡Conoce al SEÑOR!”,porque todos, desde el más pequeño hasta el más grande, me conocerán -afirma el SEÑOR-. Yo les perdonaré su iniquidad, y nunca más me acordaré de sus pecados”. (Je. 31, 31.34) 

Sin embargo, este proyecto se ve en constante tensión por la falta de fe e idolatría del pueblo de Dios. Es aquí donde los profetas comienzan a teologizar un nuevo pacto, un nuevo gobierno, un nuevo Rey, un nuevo orden de las cosas. En Isaías 65, 17-25 se dice:

“Presten atención, que estoy por crear un cielo nuevo y una tierra nueva. No volverán a mencionarse las cosas pasadas ni se traerán a la memoria. Alégrense más bien, y regocíjense por siempre, por lo que estoy a punto de crear: Estoy por crear una Jerusalén feliz, un pueblo lleno de alegría. Me regocijaré por Jerusalén y me alegraré en mi pueblo; no volverán a oírse en ella voces de llanto ni gritos de clamor. Nunca más habrá en ella niños que vivan pocos días, ni ancianos que no completen sus años. El que muera a los cien años será considerado joven; pero el que no llegue a esa edad será considerado maldito. Construirán casas y las habitarán; plantarán viñas y comerán de su fruto. Ya no construirán casas para que otros las habiten, ni plantarán viñas para que otros coman. 

Porque los días de mi pueblo serán como los de un árbol; mis escogidos disfrutarán de las obras de sus manos. No trabajarán en vano, ni tendrán hijos para la desgracia; tanto ellos como su descendencia serán simiente bendecida del SEÑOR. Antes que me llamen, yo les responderé; todavía estarán hablando cuando ya los habré escuchado. El lobo y el cordero pacerán juntos; el león comerá paja como el buey, y la serpiente se alimentará de polvo. En todo mi monte santo no habrá quien haga daño ni destruya», dice el SEÑOR”
El NT irrumpe con el Reino de Dios como eje central de vida y misión de Jesús y el plan de Dios para su pueblo. Pero la novedad, es que la propuesta del NT rompe las expectativas del reino mesiánico que tenia el pueblo judío, expectativas vinculados al poder político, militarreligioso, imperial, expresado en (Hch. 1, 6). Se trata de “una inversión de valores y
perfeccionismo ético” (Mt.5-7), de una nueva era, donde todas las piezas del juego cambian: Rey-Siervo, poder-debilidad, primero-último, grande-pequeño, exaltación-humillación.

Así, los evangelios tienen como tema central el discurso de Jesús: el Reino de Dios, y las cartas apostólicas, desde sus propios contextos van ampliando en términos prácticos la dimensión teológica y ética del Reino, bajo otros términos (Hch. 1, 3)

2.1Jesús como clave interpretativa del Reinado de Dios.
La mayoría de biblistas coinciden en que el tema central de Jesús y su pasión fue el Reinado de Dios, y la esencia de su enseñanza la encontramos en sus parábolas. La Constitución del Reino es el Sermón del monte (Mt.5-7), lo que el Decálogo es el pueblo de Israel (Ex 20). Pero entender a Jesús como clave interpretativa del Reinado de Dios es vital para el intento de comprender el Reino, dado que Jesús nunca definió el Reino, solo lo ilustró. Enseñó que el Reino es una dádiva de Dios (Mt. 6, 10; 13, 11), que trasciende lo político e histórico (Mt. 7, 21-23), que para participar en él es necesario la fe y el arrepentimiento (Mr. 1, 15), que demanda radicalidad en nuestras opciones (Lc.9, 51-62, 18, 29), que es una dicha para los pobres (Mt. 5, 3-12; Lc. 6, 20-26), y que los privilegiados y amados por Dios son los excluidos
y marginados de la sociedad (Mt.11, 5-6; Mt. 21, 31-32). Lo que caracteriza el reino de Dios es el amor, la justicia y la solidaridad (Mt. 6, 33:23, 23). El reino nos permite descubrir un nuevo rostro de Dios, el abba (Lc.11, 2). Pero lo más importante de Jesús como clave interpretativa del Reinado de Dios, es que él vivió y modeló la propuesta del Reino en su realidad histórica, fue la propuesta del Reino la que lo llevó a la muerte y a la resurrección
(Hch. 10, 38-43).
El reino de Dios representa, pues, la alternativa a la sociedad injusta, proclama la esperanza de una vida nueva, afirma la posibilidad de cambio, formula la utopía1. Por eso el reino de Dios constituye la mejor noticia que se puede anunciar a la humanidad y, a partir de Jesús, la oferta permanente de Dios a la humanidad que espera de ellos respuesta. Su realización siempre es posible. Vivir el Reino es globalizar la esperanza.
2.2 El reino y su alcance cósmico
En América Latina necesitamos diferenciar entre el proyecto de Dios y los agentes del Reino. El proyecto de Dios es cósmico. La idea de sobreponer o pensar que los agentes del Reino son los beneficiarios, hace que se identifique a la iglesia con el Reino; es una visión dualista. El Reino se expresa más allá del intramuros eclesial y alcanza el cosmos. Los principios cósmicos del Reino, desenmascara a los principios reductores de economía, ideología, religión, que levanta el Reino de muerte que se los que se opone al Reino de Vida en la tierra.
2.3 La pedagogía del reino, es vivir el Reino.
El proceso de reflexión, de enseñanza/aprendizaje del Reino, no solo debe ocurrir en las élites religiosas, denominacionales, institucionales, sino también en los Seminarios, en las iglesias y en todo espacio posible. La pedagogía por medio de modelar, vivir, experimentar el Reino es probablemente la pedagogía más efectiva para el contexto en que vivimos. El Reino no es “tener la razón” ni “la consigna”, sino el diálogo fraterno, la reflexión y la pedagogía sincera. Toda imposición niega la naturaleza del Reino y se asemeja a todo neocolonialismo vigente aún hoy en día. Repensar una teología desde el reino que sea encarnacional es una prioridad.

III. El Reino de Dios y nosotros: Perspectiva desde los contextos.
El Reino considera los diversos contextos de la realidad como “realidades que quieren tomar la palabra”, la que a su vez exige “la escucha de la palabra en la realidad”. La realidad nos exige articular nuestra comprensión y práctica desde el Reino de Dios, cómo la realidad ilumina el sentido del Reino, y cómo el Reino da significancia a la realidad.

Desde nuestros contextos se perciben signos de des-humanidad, que contrastan con el proyecto de bienestar del Reino de Vida:

3.1. La violencia está presente en muchos ámbitos de la existencia humana y sus relaciones con el entorno; entre las que se encuentran la violencia contra la mujer y la tierra, símbolos del clamor y sufrimiento del mundo tecnológico del siglo 21. Las mujeres gritan en todos los continentes, en todas las sociedades y sus extractos, y en todas las religiones también.2

El Estado boliviano declaró mediante ley al año 2012 como el año de la no violencia contra niños y adolescentes. Los datos nos muestran la creciente cultura de violencia que sufren los niños y niñas a manos de las personas adultas.3 Los datos de violencia a la niñez en la familia muestran que:
-El mayor porcentaje (83%) de casos de maltrato físico contra la niñez se registra en la familia siendo los principales agresores el padre y la madre, en la misma proporción, le siguen otros miembros del hogar, como los abuelos, padrastros, hermanos.
-De cada diez hogares en Bolivia, en ocho hogares el maltrato y la violencia es normal, se lo practica como sinónimo de educación.
-Siete de cada diez declararon haber recibido maltrato psicológico, y seis de cada diez maltratos físicos. En las escuelas el 90% ha recibido algún tipo de maltrato.
-Tres de cada diez son víctimas de acoso sexual o violación, ya sea en ámbito familiar, escolar, laboral o en la calle.

La experiencia de Colombia, un país con una historia de violencia y muerte de muchas décadas. La historia continúa, sin embargo aún en medio del dolor y de la rabia surgen la solidaridad, y el deseo de guardar las generaciones presentes y futuras de la muerte.

La resistencia pacífica, la esperanza y la apuesta por la vida, se da en contextos de muerte a  través del arte, de la música, de la acogida de los desplazados, de redes sociales juveniles,  de mujeres, de trabajo pastoral y de promoción de la vida entre quienes son perseguidos dentro y fuera de la Iglesia.

La solidaridad nos interpela a que el dolor no sea solamente de las víctimas sino también nuestro. Pero ese dolor no debe enceguecernos ni desesperanzarnos. La Palabra nos anima en Isaías 65 a creer que “los cielos nuevos y la tierra nueva son posibles y que vendrá el día en que cada quien tendrá su casa, cultivará su viña y no tendrá hijos para la guerra…la paz se hará presente aún en las relaciones entre los animales”
También se insiste que hay que eliminar la pobreza, en sentido positivo, pero el modo de intentarlo, aun sin tener en cuenta los resultados, es deshumanizante.
3.2. Otra victima es la tierra, que ha sido sistemáticamente maldita por causa del poderoso habitante quien se siente dueño y señor para esclavizarla a sus intereses.

En la carta a la Tierra se indica que: “Los patrones dominantes de producción y consumo están causando devastación ambiental, agotamiento de recursos y una extinción masiva de especies. Las comunidades están siendo destruidas. Los beneficios del desarrollo no se comparten equitativamente y la brecha entre ricos y pobres se está ensanchando. La
injusticia, la pobreza, la ignorancia y los conflictos violentos se manifiestan por doquier y son la causa de grandes sufrimientos. Un aumento sin precedentes de la población humana ha sobrecargado los sistemas ecológicos y sociales. Los fundamentos de la seguridad global están siendo amenazados. Estas tendencias son peligrosas, pero no inevitables”.4

Lo que vivimos y sentimos nos mueven a la responsabilidad de conocer más a Dios y vivir la vida como la vivió Jesús, buscar la santidad basado en el conocimiento de la palabra, aplicada a nuestra vida. Somos llamados a vivir en santidad con justicia para hacer la voluntad de Dios que es la mayor evidencia de la presencia del Reino entre nosotros, el
“hágase tu voluntad”, voluntad que promueve el bienestar para los seres humanos y la creación.
Las comunidades eclesiales actualmente están aprendiendo a colaborar, enseñar y educar para desarrollar el compromiso con nuestra sociedad. Esto no siempre se ha hecho, debido a ideas erradas de los líderes eclesiales, quienes hicieron de estas ideas, posturas de una doctrina religiosa divorciada de la realidad. Esto nos ha afectado con el pasar de los siglos.

La forma en que expresamos el Reino generalmente es por la expansión de nuestras  comunidades, basado en los números o cantidades de miembros, como signo de éxito a nivel pastoral, pero hay que ir más allá de los logros o resultados de la Iglesia.Entendemos que el Reino es más que la Iglesia. Hay mucho por hacer, aun la Iglesia tiene enormes retos por articular una acción evangelizadora desde un enfoque integral. Nos alegra y celebramos las iniciativas de compromiso, pero a su vez tenemos un gran reto para ser pertinente con la realidad y las necesidades locales.

Observamos que en nuestros contextos está emergiendo una consciencia de mayor compromiso con el reino, se evidencian manifestaciones a través del amor, transformaciones, cambios, diaconía para ayudar a los necesitados. Se visualiza más interés de las iglesias para dialogar y buscar respuestas ante el desafío de la realidad, para actuar en el contexto de su entorno y aprender en el camino, aplicando la Palabra de Dios y haciéndo relevante la presencia de Dios en nuestros pueblos.

La presencia del Espíritu Santo, como signo en el acompañamiento a la iglesia para desarrollar su ministerio. Los signos de solidaridad, compasión, compromiso y organización de una parte de las iglesias en los sectores vulnerables de nuestra ciudad es un testimonio evidente del ya está del Reino.

IV Desafíos.
El reino de Vida es eu-topia, lugar de lo bueno, por ello hay que trabajar con denuedo para transformar la realidad de muerte. El Reino es utopía especialmente para los pobres, para los que sufren el anti-reino, y las realidades de la muerte latentes en su realidad histórica.

Tenemos el reto de entender el Reino de Vida como un gobierno de liberación plena. Un gobierno de justicia, solidaridad, compasión que hay que aprender a construir nuevas realidades en nuestro medio, bajo el testimonio y demanda del Jesús histórico.

Las realidades de nuestros contextos y el compromiso con el reino de vida nos invitan a asumir la misión de proclamar el reino desde el interior de nuestras vidas y de nuestras comunidades. Dar las buenas nuevas de salvación. Reconocemos que necesitamos a Dios todos los días de nuestras vidas, lo que nos inspira a trabajar por los humildes, los enfermos y atender a los necesitados, bajo la dependencia total del poder del Espiritu Santo.

Pero los retos expuestos generan a su vez desafíos para ser asumidos desde la reflexión de las Iglesias, entre los que mencionamos:

4.1 Hacer del Reino de Vida nuestra agenda.
El reino de Dios, en discurso y práctica ¿qué conocen los creyentes de este tema? ¿De qué reino se habla desde el liderazgo? Percibimos que el tema del Reino de Dios no está en la agenda de la educación teológica latinoamericana, no está en las agendas de algunas agencias misioneras, instituciones y ongs cristianas, ni en la agenda de muchas iglesias.

4.2 Vincular el Reino y las realidades sociales.
El reino de Dios y las realidades locales: violencia, abuso, derecho, cultura, cooperación, ¿cómo se relacionan con la evangelización, como se los interpreta desde el marco de la misión, y con qué recursos cuentas las Iglesias para responder a estas realidades? Si bien es cierto se ha avanzado mucho en el tema de sociedad y evangelización, quedan aspectos de grandes desafíos por articular, como la perspectiva de derechos, lo ecológico, el abuso, los
nuevos modelos de familias, identidades sexuales, la teología del Reino y los planes de muchos gobiernos que parten desde el buen vivir.

4.3 El Reino como clave de diálogo interreligioso.
Aun no se ha explorado la perspectiva del reino de Dios en el trabajo interreligioso y los signos que esto puede generar. ¿Qué lugar hay para lo ecuménico en el Reino de Dios? ¿Cómo trabajar por el Reino con aquellos que no se identifican con una confesión cristiana? El Reino vivido y proclamado por Jesús en las calles de la Palestina del primer siglo como contrasta con la comprensión y anuncio de las Iglesias desde la institucionalidad de los siglos tres y cuarto. Esto nos desafía a preguntarnos ¿si la Iglesia misma, como institución religiosa, no ha distorsionado el Reino, y tenga que volver al Jesús histórico?

4.4 Articular el Reino de Vida y los derechos humanos.
Cómo articular los valores del reino frente a Estado de derecho que promueven el respeto, tolerancia y diversidad. El reino de Dios y la diversidad sexual plantea oportunos y necesarios desafía desde nuestros contextos ante los que urge una respuesta honesta, fiel al evangelio de Jesús pero que permite el diálogo dada la necesidad de un abordaje interdisciplinario que no siempre ha sido bien acogido. El gran desafío es ¿qué plantea el reino ante este tema?
¿Qué lugar ocupan en el Reino los movimientos GLTB y la lucha de sus derechos en un contexto de discriminación?

4.5 Contextualizar el lenguaje del Reino de Dios.
El poder desde la perspectiva del reino de Dios y la discriminación. El desafío del lenguaje, la contextualización del concepto reino de Dios, en un continente donde muchos han reinado para oprimir. El reino de Dios como reino de la vida y el reino del mal como reino de la muerte. El reino de Dios y la interculturalidad. Desde qué contextos planteamos el reino de Dios en nuestros espacios, qué significa para nuestras realidades que el Reino de los cielos  ha llegado.

4.6 El Reino de Vida para la pastoral.
El tema del reino y su soporte teológico deben ser tomados en cuenta más allá de las precisiones teológicas hacia una real expresión de los mismos en las situaciones concretas de los pueblos en América Latina. ¿Cómo responde, no sólo el reino, a las circunstancias actuales, sino la iglesia misma desde el reino? ¿Podemos hablar honestamente de una pastoral basada en el reino en nuestros contextos sociopolíticos, económicos, culturales? ¿Es posible afirmar un señorío de Jesucristo en la vida de las iglesias locales en América Latina?

4.7 El Reino de Vida como paradigma para la Iglesia.
El Reino tal como se presenta hoy desde las iglesias locales, ¿refleja en esencia lo que es? Si los procesos sociales son distintos en cada contexto, ¿tiene esa iglesia multifacética y multiétnica características que expresan esa variedad en la vivencia del reino?

4.8 El más allá del Reino de Vida.
Las implicancias del Reino van más allá del entorno eclesiástico. Se suele confundir el reino con aquellos que hace la iglesia y así se legitima. ¿Cómo llevar el reino si en las propias congregaciones no se practica? Una relectura de Mateo puede ayudar, la idea de arrepentimiento como entrada al reino, la inclusividad. ¿Cómo se define quiénes están? ¡Que
la iglesia lo refleje¡.
No sólo en la iglesia se disfruta del Reino, la sociedad misma está afectada. Depende de la concepción, el Reino es la iglesia o el reino es más que la iglesia. De ello depende la tareamisión y el involucramiento en la misma.

4.9 Reino de Vida y estructuras eclesiales.
¿Nuestra definición de Reino es la de Dios? Las estructuras y organización de la iglesia son modelo del Reino? Donde hay jerarquización, ¿puede haber una expresión del reino? ¿El principio del orden justifica la jerarquización, la verticalidad? Desde la misión integral, falta integrar: La teología de la comunidad como alternativa, una espiritualidad relacional, una
hermenéutica comunitaria, escatología de la comunidad restaurada y una eclesiología comunitaria.

V. Propuestas para asumir nuestro compromiso con el Reino de Vida ante la sociedad:
5.1 Formar redes de servicio e involucrarnos en los diversos grupos de trabajo solidarios que se organizan en la sociedad civil en nuestro país, región y global usando los recursos que disponemos y los que existen en otras organizaciones para combatir las diversas problemáticas que aquejan a nuestra sociedad y globalizar la esperanza y la vida.
5.2 Debemos hacer visibles en nuestras comunidades y en medio de la sociedad nuestro testimonio, recogiendo a través de la vivencia las necesidades, actuando y vinculándonos con otros estamentos para llevar a cabo las demandas del reino.
5.3 Generar procesos de desarrollo comunitario desde la perspectiva de los derechos humanos para crear conciencia y evitar la dependencia en otros. Es un desafío de retomar el rostro humano de la sociedad. El reino siempre ha estado y se ha manifestado en la historia.
5.4 Para comprometernos con la sociedad y su realidad e integrarnos a ella para su transformación, es necesario romper con paradigmas tradicionales, legalistas, a través de la capacitación de los creyentes, comenzando con el liderazgo hasta abarcar a toda la congregación. Es importante crear espacios para compartir entre las iglesias programas de servicio que se realizan para aprender. Así, visualizar el aporte de la Iglesia a la sociedad.
5.5 Integrarnos a la sociedad, sin ser espiritualistas, llegarnos a ellos, sin convertirnos a ellos, sino que nos encarnemos para permear el evangelio como lo hizo Jesús, con un discipulado real, práctico, andando y comiendo con ellos. 5.6 A nivel científico y académico, se precisa el tratamiento del tema del Reino de Dios en América Latina como parte del plan curricular.

Conclusión.
Las reflexiones generadas desde los diversos grupos de la Región Andina, desnuda la situación actual en la cual el Evangelio de Jesucristo trata de encarnarse en nuestro continente.

Por un lado, hay millones de personas que sufren todo tipo de violencias, injusticias y muerte, y por otro lado hay millones de creyentes en Jesucristo que pueblan nuestros templos. Las demandas del Evangelio registradas en la Palabra de Dios, pareciera que tienen que ser tomadas en cuenta en las agendas de los planes operativos de nuestras iglesias.

La novedad del Evangelio que trajo Jesús de Nazaret, donde el Reino de Vida era el anuncio central de su mensaje, está esperando que la generación actual de discípulos y discípulas de Jesucristo, se atrevan a vivir junto a Él las dimensiones integrales de esta buena noticia para toda la humanidad y la totalidad de la creación.

La guía del Espíritu Santo es el poder de lo alto que necesita la iglesia actual, este proceso de unir fuerzas entre el Creador y sus criaturas creadas, es una maravillosa propuesta que viene desde el mismo Creador y Sustentador del universo, el Dios que se revela a su creación humana, y la invita junto a Él, a construir y promover la vida plena que sólo puede venir del gran Dios de la vida, ante ello clamamos: guíanos Espíritu Santo.
Amén.

————————————————————-

1Juan Mateos-Fernando Camacho, El horizonte humano: La propuesta de Jesús, pp. 67.

2El 68,3% de las divorciadas, donde su expareja tuvo hijos de otras relaciones, según las cifras, ha vivido violencia en Guayas, frente al 71% nacional. En Guayas, el 70,4% de las mujeres que se ha casado más de una vez también han sido víctimas de maltrato, donde muestra que este grupo supera las estadísticas del 29,6% de las que solo tuvieron un matrimonio. El 60,6% de las mujeres en Ecuador ha vivido algún tipo de violencia. La violencia contra la mujer no tiene mayores diferencias entre zonas urbanas y rurales: en la zona urbana el porcentaje es de 61,4% y en la rural 58,7%. Según el estado civil, 8 de cada 10 mujeres divorciadas han vivido algún tipo de violencia de género, Encuesta de Violencia de Género realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) 2012.

3Datos generales: Según el censo 2001, Bolivia tiene 8.274.325 habitantes, de este total, la población menor de 18 años representa el 45%. De este 45%, el grupo de 0-6 años alcanza el 18%; le sigue el grupo de 7-12 años que llega al 14% y los adolescentes 13-18 años con el 13.%. De la población menor a 18 años, el 49.46% son niñas y adolescentes y el 50.54% varones.. Dos millones, aproximadamente, de niños, niñas y adolescentes se encuentran en situación de riesgo por sus condiciones y etilos de vida, dentro de un contexto de pobreza y exclusión.. En los niños y niñas menores de seis años se identifican elevadas tasas de mortalidad, aproximadamente 22.000 muertes anuales, índices elevados de desnutrición y baja cobertura en la educación inicial. De cada 100 niños y niñas que ingresan a la escuela solo 30 terminan la primaria. 800.000 niños, niñas y adolescentes se encuentran insertos en el mercado laboral, de ese número, aproximadamente, el 25% trabaja en Cochabamba. Estadísticas de la familia en Bolivia, http://comiteprofamilia.org/articulos/10-estadisticas-de-la-familia-en-bolivia; bajado el 6 de marzo, hrs. 10.02; 2012 año de la “no violencia contra niños y adolescentes”, La Paz, (Jornada/agencias, sábado 7 de enero 2012) http://www.jornadanet.com; bajado el 6 de marzo, hrs. 9.57

4La Carta de la tierra es una declaración internacional de principios, propuestas y aspiraciones para una sociedad mundial sostenible, solidaria, justa y pacífica en el siglo XXI. Promovida en el entorno de las Naciones Unidas y de sus organizaciones, ha sido traducida a más de 30 lenguas desde su lanzamiento en el año 2000. Desde entonces la Carta ha ido ganando difusión y reconocimiento en todos los países. La declaración contiene un planteamiento global y conciso de los retos del planeta, así como propuestas de cambios y de objetivos compartidos que pueden ayudar a resolverlos. Está redactada en un estilo accesible y en lenguaje positivo. Aunque abarca muchas áreas de atención y de detalle, su resumen es muy simple: todos somos uno. La Carta llama a la humanidad a desarrollar una visión universal y de conjunto en una coyuntura crítica de la historia. http://www.earthcharter.org/endorse/

*Presentacion de la regiona andina en el CLADE


JUAN STAM

Teología evangélica: Ubicación histórica

(Breve repaso de cinco siglos)

 

Los epítetos “conservador” y “liberal” son membretes que suelen manejarse con poca claridad y precisión. Son calificativas sujetivas, en que “conservador” es cualquier persona “a la derecha” mía (¡otro término muy relativo!) y “liberal” es cualquier persona  “a la izquierda” de donde me ubico yo. A quién no me gusta, fácilmente lo califico de “fundamentalista” o al contrario, de “modernista”, sin tener la menor idea qué significan teológica e históricamente esos términos.[1] De manera similar, para muchos “ortodoxia” significa “cualquier doctrina que me parece aceptable” y “herejía” equivale a “toda doctrina que yo rechazo”.

A veces esta confusión llega a tener resultados bastante cómicos. Muchos conservadores, quizá la mayoría, denuncian a Karl Barth como “liberal”, cuando de hecho la teología de Barth es lo contrario y él era el mayor opositor de la teología liberal. Barth creía firmemente en la deidad de Cristo, y en sus primeras décadas, según los críticos, tendía a menospreciar un poco su humanidad y lo humano en general. A diferencia de la teología liberal, Barth creía firmemente en la justificación por fe y basó toda su teología en la trinidad y la trascendencia de Dios como el “totalmente Otro”.

 

Menos cómica, y a menudo triste y lamentable, es la tendencia de algunos “liberales” de clasificar a todos los “evangélicos” como “fundamentalistas” y “derechistas” en teología e ideología, sin analizar el significado de esos términos y matizar sus juicios de acuerdo con la realidad.  Eso se complica porque actualmente muchos que se clasifican como “evangélicos”, especialmente en los Estados Unidos, son de hecho fundamentalistas y ultraderechistas, con una religiosidad más republicana y derechista que cristiana. Por eso “evangélico” hoy es un término contaminado, que tenemos que “descontaminar” si vamos a seguir llamándonos por ese honroso título.

 

Conviene aclarar desde un principio lo que no significa el adjetivo “evangélico”.  No significa fundamentalista, con un dogmatismo rígido y acrítico. Tampoco significa derechista, cerrado, reaccionario, sin conciencia social. No significa legalista o moralista, aunque lucha por forjar una ética personal y social fiel al evangelio y las escrituras. Tampoco significa simplemente “protestante”, como en muchas partes de América Latina, ni menos debe confundirse con los “conservative evangelicals” de los Estados Unidos.  En su sentido verdadero, “evangélico” es un término bellísimo, basado en las buenas nuevas de la gracia de Dios en Cristo, un adjetivo cuyo sentido tenemos que recuperar y proteger.

 

Lo que se suele olvidar es que cada uno de estos términos tiene un origen histórico, y por eso tienen que ser entendidos históricamente. La mayor causa de su abuso es la tendencia de emplearlos fuera de su sentido teológico original. Por eso, para aclarar estos términos vamos a resumir los movimientos históricos de los que nacieron estas diversas tendencias.

 
La Reforma protestante[2]: Son bien conocidas las líneas básicas del proyecto histórico de la Reforma protestante. (A) Fue un despertar, ante el dogmatismo y tradicionalismo existente, de libertad de la conciencia cristiana liberada por la Palabra de Dios. “Si no se me demuestra de las escrituras y de la sana razón, no retracto nada”, dijo Lutero en su desafiante declaración ante la dieta de Worms (1521).[3] Los Reformadores, a pesar de sus fallas humanas, eran pioneros de las libertades modernas y en su momento histórico promulgaban una teología verdaderamente liberadora.[4]

 

(B) Los reformadores afirmaron el principio de sola scriptura como fuente y norma de verdad revelada, de fe y práctica (aunque por supuesto no única fuente de conocimiento). Por eso, vivían con una pasión por la buena interpretación bíblica y la predicación expositiva. (C) Otra pasión de ellos fue la pasión por el evangelio, por las buenas nuevas de la redención en Cristo por la gracia mediante la fe (sola gratia, sola fide). (D) Para los Reformadores, la fe no era simple asentimiento a doctrinas sino la entrega de la vida entera. Para Calvino, “todo recto conocimiento de Dios nace de obediencia”. La fe erafiducia y praxis (para combinar un término latín de Lutero con otro griego de la sociología moderna).

(E) Los Reformadores entendían su misión como siempre inconclusa e imperfecta; no absolutizaron su `pensamiento como un sistema definitivo y final sino lo entendían como un proceso de búsqueda sin fin. Por eso fueron promotores de una “ecclesia reformata semper reformanda secundum verbum Dei” (“iglesia reformada siempre reformándose según la palabra de Dios”).[5] Por eso también Calvino nos dejó nueve ediciones de La Institución“, a veces una revisión casi total. Sin duda, si hubiera vivido unos años más, nos habría dejado también una décima edición. En ese aspecto, el pensamiento de los Reformadores mostraba una impresionante humildad y flexibilidad.

 

En Lutero encontramos una impresionante combinación de firme convicción junto con una humilde flexibilidad. Al declarar sus inclaudicables convicciones evangélicas solía decir, “Esto es ciertamente la verdad”, pero reconocía también que su propio conocimiento era finito y falible y que sólo Dios es absoluto (el “principio protestante”, según Paul Tillich). Lutero era un “teólogo irregular” que nunca organizó su pensamiento en una “teología sistemática”.

 

 

El segundo momento en nuestro resumen histórico, que afloró después de la muerte de los Reformadores, es la Ortodoxia protestante, o “el escolasticismo protestante” (aprox. 1580-1700).[6] Se caracterizó por “la cerrazón dal diálogo con otras iglesias, el gusto por las sutilezas teológicas, el dogmatismo epistemológico y el individualismo al ultranza” (Diccionario ilustrado de intérpretes de la fe, Justo L. González ed., p.477). A diferencia del pensamiento dinámico y fluido de los Reformadores, ahora se tendía a reducir la fe a un sistema cerrado y estático. Prevalecían las sospechas: algunos luteranos acusaban a los calvinistas de ser “cripto-católicos”, algunos calvinistas hacían lo mismo contra los luteranos, y hasta algunos luteranos acusaban a otros luteranos de ser “cripto-calvinistas”.  En esta época se formuló el dogma de la inerrancia de las escrituras, que no fue tema para los Reformadores, y ahora se extendió dicha infalibilidad hasta las copias y la vocalización del texto hebreo. Pero esa Biblia infalible se empleaba mayormente para textos de prueba y la exégesis bíblica solía ser pobre. De las enseñanzas del NT y del calvinismo moderado de Calvino mismo los ortodoxos sacaron inferencias para definir los “cinco puntos” del calvinismo oficial: la depravación total del ser humana, la gracia incondicional de Dios, la expiación limitada (Cristo murió sólo por los elegidos), la gracia irresistible y la perseverancia de los santos (Sínodo de Dort 1618-19).

 

Una de las razones de la actitud defensiva de la ortodoxia era el crecimiento de una ola de escepticismo racionalista inspirada por el Renacimiento humanista del siglo XV.[7] Muy importante eran los Ensayos de Miguel de Montaigne (dos tomo, 1580) y el pensamiento de Pierre Bayle (1647-1706), a quien Voltaire apodó “el maestro de la duda”. Después, en el siglo XVIII (“el siglo de las luces”), la llamada “Ilustración” profundizó mucho más las dudas y el escepticismo, inculcando un rechazo de toda autoridad y tradición, buscando la verdad más bien por el raciocinio, la observación y la experimentación.[8] En el XIX “los maestros de la sospecha” (Kierkegaard, Marx, Darwin, Freud, Nietzche) terminaron de revolucionar la filosofía occidental.

 

La teología respondió a estos desafíos de tres maneras: (1) con la ortodoxia dogmática, apelando precisamente a la autoridad que rechazaban sus contrincantes. Esto llegó a su reductio ad absurdum con una larga y sensacional polémica periodística entre G. E. Lessing y un pastor ortodoxo luterano, el Pfarrer Goeze. Al quedar claro que la teología ortodoxa del pastor Goeze no tenía respuestas, éste terminó el debate amenazando a Lessing con el castigo eterno. Otras respuestas fueron (2) el pietismo y (3) la teología liberal de Schleiermacher.

 

 

Frente al racionalismo escéptico, la respuesta del Pietismo consistió en un rechazo de la “ortodoxia muerta” del escolasticismo protestante y una búsqueda de una relación personal con Jesucristo. Su única confesión de fe era “Ningún credo, sino sólo Cristo”. Su fundador era Philip Jakob Spener (1625-1705), que en su libro Pia desideria (1675) ofreció una serie de propuestas para restaurar la religión verdadera en Alemania. August Hermann Francke (16631727), otro líder pietista, supo juntar la espiritualidad con la acción social y fundó un orfelinato, una escuela para los pobres y una clínica en su propia casa. El centro del pensamiento pietista era la recién fundada Universidad de Halle.

 

Los pietistas sentían que estaban llevando las enseñanzas de los Reformadores hasta sus conclusiones lógicas, enseñando que la justificación del creyente tenía que manifestarse en una nueva vida. Tenían mentalidad laica. El movimiento pietista comenzó con reuniones en la casa de Spener, para estudio bíblico y oración. Sus grupos caseros se llamaban “Collegia Pietatis” o “Collegia Philobiblica”. No cabe duda que su ardor y su pasión nacía del evangelio y que era más fiel a los Reformadores de lo que era la ortodoxia muerta o el liberalismo después. El pietismo tuvo un impacto importante en el Conde Zinzendorf, líder de los moravos, como también en Juan Wesley y el metodismo.[9]

 

El pietismo impactó a la iglesia y se extendió rápidamente por Alemania, pero lamentablemente sufría de una escasez de buenos líderes. Por eso se fragmentó y a veces cayó en un sistema legalista muy rígido. También a veces era excesivamente individualista y espiritual, desvalorando el cuerpo y la sexualidad humana.

 

 

Una tercera respuesta al racionalismo incrédulo fue la teología liberal, introducida por Friedrich Daniel Schleiermacher (1768-1834). Este destacado teólogo era de una familia morava y estudió en la Universidad de Halle, el centro del pietismo, donde conoció la filosofía de Kant, Spinoza y Leibnitz y el romanticismo de Schlegel. Su obra, Sobre la religión, para sus despreciadores cultos, fue publicada en 1799. Para rescatar la decaída credibilidad de la religión, Schleiermacher la redefinió como “el sentimiento piadoso de dependencia absoluta”, independiente de todo dogma.[10] En La fe cristiana (1821-2) reinterpreta toda la doctrina cristiana a partir de esa auto-consciencia religiosa. Entre los teólogos liberales figuran A. Ritschl, W. Hermann, A. Harnack, E. Troeltsch y en los Estados Unidos H. E. Fosdick, Albert C Knudson y Edgar Brightman. W. Rauschenbusch ensenó un “evangelio social”, con base en el Reino de Dios. La teología liberal fue criticada acérrimamente por Karl Barth, Emil Brunner y los hermanos Niebuhr.

 

La teología liberal viene marcada por el moderno rechazo de la autoridad, incluso la de la de la revelación divina, y por la “duda metodológica” del pensamiento cartesiano. Duda no sólo de la tradición y de las interpretaciones de las escrituras, sino también de la veracidad de ellas mismas. Se caracteriza por un racionalismo escéptico, dispuesto a creer sólo lo que su propio análisis racional logra comprobar. A menudo muestra cierta satisfacción en refutar la enseñanza bíblica, como afirmación de su propia libertad para rechazar toda autoridad externa.

 

Para la teología liberal, en términos generales, el ser humano tiene adentro una chispa divina que lo capacita para sentir conscientemente la realidad de Dios. El pecado es el debilitamiento de ese sentimiento piadoso, que sin embargo estaba presente en Jesús en su máxima fuerza. La justificación por la fe consiste en que Cristo inspira en nosotros esa consciencia de unión mística con Dios. La Biblia es una especie de antología de las experiencias espirituales de la gente piadosa. El Reino de Dios consiste en que se haga la voluntad de Dios en la tierra (Ritschl, Rauschenbusch), olvidando generalmente la dimensión escatológica (la vida venidera). Para Harnack, la esencia del cristianismo consistía en “la paternidad de Dios y la fraternidad de los hombres” (sic).

 

Esta teología tenía un valor positivo en muchas de sus afirmaciones pero era problemática en lo que negaba, especialmente la eterna deidad de Jesús (y así la encarnación), su obra expiatoria y su resurrección corporal. En su afán de convencer a los “cultos despreciadores”, a veces se adaptaba demasiado al mundo secular en vez de confrontarla como contracultura. Su énfasis en el “ya” del Reino era muy valioso, pero debían balancearlo con el “todavía no”. A Schleiermacher se le considera “padre de la hermenéutica moderna”. Para Ritschl, la tarea de la teología era la reconceptualización de la fe en diálogo con el contexto.[11] Estos eran aportes a la metodología teológica.

 

 

La tradición evangélica (hasta siglo XIX): Este adjetivo aparece por primera vez en 1531 cuando William Tyndale escribió, “los exhortó a continuar en la verdad evangélica” y el año siguiente Tomás Moro habló de “Tyndale y su hermano evangélico Barns”. Martín Lutero hablaba de la “evangelische Kirche”, a diferencia de la Iglesia Católica Romana, y afirmaba la centralidad inviolable de la justificación por la fe, lo que le ganó el epíteto de “evangélico”.[12]Después siguieron diversos movimientos y hasta denominaciones eclesiásticas que se llamaban evangélicos, que no estaban de acuerdo ni con los ortodoxos ni con los liberales.[13] En esta corriente figuraban grandes predicadores (Charles Simeon, Charles Spurgeon) e importantes pensadores, especialmente en las ciencias bíblicas de la época (Thomas Chalmers; A. B. Bruce; E Schürer; Adolf Schlatter: Karl Heim, H. Wheeler Robinson, H.R. Mackintosh y muchos más).[14] Hicieron valiosos aportes a las ciencias bíblicas y a la iglesia.

 

De estos movimientos evangélicos el más importante fue el wesleyano.[15] De 1830 en adelante la prédica de Charles G. Finney comenzó a ser levadura de transformación en la iglesia y en la nación del norte. En esas décadas, mucho antes del nacimiento del fundamentalismo, los evangélicos (que así se llamaban) ejercieron un liderazgo valiente y decisivo para la emancipación de los y las esclavos y para el sufragio de la mujer. En esas luchas fue importante la recién fundada Universidad Oberlin (Oberlin College), de la que Finney fue Rector.[16] En realidad, este “proto-evangelicalismo”, antes de las controversias en torno al modernismo, practicaba la misión integral de la que hablamos mucho los evangélicos de hoy.

 

Realizadas las metas sociales del movimiento, se debilitó mucho casi hasta desaparecer. En las décadas después de la guerra civil estadounidense crecía la teología liberal y aparecieron nuevos desafíos, especialmente los debates sobre la evolución y sobre la “alta crítica” de los textos bíblicos. Un sector amplio de la iglesia respondió muy a la defensiva, al estilo de la ortodoxia del sigo XVII, y comenzó la guerra teológica entre los fundamentalistas y los modernistas (o “liberales”).

 

 

Los fundamentalistas: Este término, un poco curioso, tiene una historia interesante. Durante las últimas décadas del siglo XIX los opositores del liberalismo no se llamaban fundamentalistas sino ortodoxos, conservadores o defensores de la sana doctrina. En esa guerra sin cuartel contra los liberales, dos multimillonarios petroleros, los hermanos Lyman y Milton Steward, ofrecieron financiar una nueva revista con el título de “The Fundamentals” (adjetivo sustantivado, para decir “las doctrinas fundamentales”). Entre 1910 y 1915 publicaron 12 extensos tomos. de los que circularon más de tres millones de ejemplares en forma gratuita a pastores, seminaristas y otros líderes. De ese proyecto quedó el nombre de “fundamentalistas” como movimiento histórico.

 

El fundamentalismo traía desde su nacimiento un virus mortal, que era el reduccionismo.[17] Les gustaba reducir todo a los cinco o seis puntos fundamentales. Ya en 1895 la famosa Conferencia de Niágara definió los temas del conflicto: la inerrancia de la Biblia y su interpretación literal, la deidad y nacimiento virginal de Jesús, su muerte en la cruz como expiación vicaria, su resurrección y su regreso físico a la tierra. Insistía también en la historicidad literal de todos los milagros narrados en la Biblia y de los primeros capítulos de Génesis (creación literal en seis días, diluvio universal). Muy importante además era el rechazo categórico de la evolución y la alta crítica bíblica. La temática se limitaba a los temas de controversia con los liberales, sin tomar en consideración otros temas urgentes como el reino de Dios, la iglesia y su misión, la humanidad de Jesús, la hermenéutica y mucho más.

 

En la ética fundamentalista ocurrió el mismo reduccionismo, resumiendo toda la moral en cinco o seis tabúes, mayormente irrelevantes: no ir al cine, no bailar, no fumar, no beber, no jugar naipes y no pertenecer a sociedades secretas. Implícita estaba otra prohibición: no participar en “el mundo”, la sociedad secular. Frente al “evangelio social” de los liberales, los fundamentalistas proclamaban un “evangelio anti-social”, de extrema derecha (diríamos hoy). El fundamentalismo no se preocupó por una integral ética personal, mucho menos una ética social. El trágico papel de William Jennings Bryant en el proceso contra el profesor Scopes por enseñar la evolución (Dayton, Tenessee, 1925) desacreditó significativamente la seriedad intelectual de los fundamentalistas.

Con el tiempo dos corrientes tomaron prominencia en el fundamentalismo. La primera fue el dispensacionalismo de la Biblia Scofield, con un fuerte énfasis en el rapto de la iglesia. La otra fue el separatismo, encabezado por Carl McIntire. Éstos enseñaron la “triple separación”: separarse personalmente de la falsa doctrina, separarse de cualquier iglesia que enseñe falsa doctrina y tercero, separarse de las personas que no se han separado de esas iglesias, aunque la doctrina de ellos sea sana.  Con cada década el fundamentalismo se volvía más ofensivo, hasta que el mismo término llegó a ser sinónimo de necedad y malacrianza, ignorancia y fanatismo.

 

En esas mismas décadas (aprox. 1910-1940) surgieron dos fuerzas más en el escenario teológico. En primer lugar Karl Barth logró lo que nunca pudo el fundamentalismo, de ofrecer una respuesta convincente al liberalismo y una alternativa teológica para el siglo XX. Barth afirmó vigorosamente la trascendencia de Dios, la deidad de Jesucristo y su resurrección, pero apareció también Rudolph Bultmann con su proyecto de “desmitificar” los milagros del N.T., incluso la resurrección. En segundo lugar creció fenomenalmente el movimiento pentecostal, con su muy fuerte énfasis en los milagros. Ese hecho histórico parece refutar el argumento de Bultmann y otros que “el hombre moderno no cree en milagros” (sic.). El pentecostalismo es un desafío muy importante a la teología liberal.

 

Gustavo Gutiérrez ha expresado una gran admiración por Karl Barth y su pertinencia para América Latina. Señala que Bultmann, que pretende hablar por el ser humano de hoy, de hecho “ignora las cuestiones que vienen del mundo de la opresión”, mientras que Barth, el teólogo de la trascendencia de Dios, es sensible a la situación de las víctimas de la explotación. “El que parte del ‘cielo’ es sensible a aquellos que viven en el infierno de este mundo, el que parte de la ‘tierra’ no ve sobre qué situación de explotación ella está construida”. (La fuerza histórica de los pobres, Lima:CEP 1979, pp. 372-3; cf. 326-28, 408-14 y para su crítica de la teología liberal pp. 323-5).

 

 

La teología evangélica (neo-evangélica; evangélica radical): A mediados de la década de los 40, un grupo de cristianos básicamente conservadores, reunidos alrededor del Seminario Fuller y la figura de Billy Graham, rompió con los fundamentalistas y rechazó ese título. Abogaron por una teología más centrada y abierta, una ética no legalista sino fundamentada en convicciones personales maduras, y una nueva preocupación social. No definían su fe por los dogmas de la ortodoxia y el fundamentalismo sino, como su nombre indica, se basaban en los hechos salvíficos que son las buenas nuevas para la humanidad. Se esforzaron escrupulosamente en ser objetivos y justos con otros teólogos en vez de traficar en caricaturas.[18] Era claramente un fenómeno nuevo en el escenario teológico.[19]

 

En 1947 Harold Ockenga, entonces presidente del Seminario Fuller, acuñó el término de “neo-evangelicalismo” para identificar este nuevo movimiento. Sin embargo, este título no se impuso y dentro de una década, más o menos, por razones no muy claras, fue sustituido por “evangélicos conservadores”.[20]El nuevo apellido correspondía a una clara derechización del movimiento, en estrecha alianza con el Partido Republicano, y una cierta vuelta hacia el viejo fundamentalismo. Así en una medida significativa los “conservative evangelicals”, que ya eran numerosos y poderosos, eran de hecho “neo-fundamentalistas”, más sofisticados y cultos pero bastante parecidos en teología y política.

 

Frente a ese retroceso surgieron “los evangélicos radicales” (progresistas) que buscaban recuperar el impuso original del movimiento y llevarlo más adelante. Estos ampliaron considerablemente la libertad del pensamiento, dentro de los parámetros de “las sagradas escrituras y la sana razón” de Lutero o el cuadrilátero de Juan Wesley,[21] Por otra parte, estos evangélicos, en sus publicaciones, congresos y praxis, han promovido un radical compromiso social.[22] En su lucha incesante por la justicia, este movimiento representa una especie de “izquierda evangélica”.

 

Como el nombre indica, la teología evangélica es la teología de las buenas nuevas de la vida, muerte y resurrección corpórea de Jesucristo. Como tal, la teología evangélica no se fundamenta en conceptos generales de religión ni en el sentimiento piadoso nuestro sino en la acción histórica de Dios para nuestra salvación, conocida también como el kerigma. Esas buenas nuevas son el evangelio de Dios (Rom 1:1; 1Ts 2:9) y de Jesucristo (Mr 1:1; Rom 1:9; de la gloria de Cristo, 2Cor 4:4), el evangelio de la gracia de Dios (Hch 20:24), el evangelio de la salvación (Rom 1:16; cf Ef 1.13) el evangelio del reino (Mt 9.35; cf. Hch 28:31) y “buenas nuevas a los pobres” (Mat 11:5; Lc 4:18). En su conjunto, estas frases descriptivas resumen mucho de lo que es la teología evangélica. Es una teología desde la fe, en busca de inteligencia y eficacia.

 

Los evangélicos damos mucha prioridad a la normatividad de las escrituras y por eso a la cuidadosa exégesis bíblica, incluso con el empleo de los métodos críticos de la moderna ciencia bíblica.[23] Tampoco insistimos en la interpretación literal de los primeros capítulos de Génesis. El libro de Bernard Ramm sobre la Biblia y la Ciencia abrió el camino hacia nuevos enfoques del tema de la creación, de modo que la polémica anti-evolucionista no pertenece a la agenda evangélica.[24] De igual manera han liberado la exégesis del Apocalipsis del literalismo a priori que distorsionaba su interpretación. En vez de rechazar a priori toda autoridad, los evangélicos persiguen la meta de “autoridad (las escrituras) sin autoritarismo, tradición (la historia) sin tradicionalismo, y dogma (la teología) sin dogmatismo”.

 

A diferencia de los ortodoxos del siglo XVII y los fundamentalistas del siglo XX, los evangélicos radicales buscan enseñar “todo el consejo de Dios”, no sólo una agenda polémica reduccionista. Buscan también ser radicalmente autocrítica, para cuestionar su propia tradición, y radicalmente honestos para aprender de otras tradiciones y movimientos (p.ej. de Karl Barth). Buscan también ser radicalmente comprometido con América Latina hoy, en la lucha por la justicia y la paz. Mantiene su identificación con los sectores evangélicos y pentecostales de la iglesia latinoamericana, esperando en Dios transformarla día a día en una iglesia más fiel a la Palabra.

 

Dos movimientos más recientes han enriquecido nuestro debate teológico. La teología de la liberación, en cuanto teología autóctona latinoamericana, ha sido en gran medida compatible con la teología evangélica radical. Muchos de ellos han hecho valiosos aportes bíblicos, pero otros han incorporado elementos de la teología liberal europea y norteamericana. Por otra parte, en recientes décadas la Fraternidad Teológica Latinoamericana ha logrado, y está logrando, renovar el protestantismo latinoamericana con una dinámica nunca vista antes. Los cinco “Clade” (Congreso latinoamericano de evangelización) y las publicaciones y diversos ministerios del Centro Kairós (como por ejemplo el CETI) desde Buenos Aires nos han vigorizado y nos han hecho madurar. Es un ejemplo inspirador de lo que se puede lograr, desde la Palabra de Dios, dentro de la gran comunidad evangélico-pentecostal.

 

José Miguez Bonino, con palabras profundamente conmovedoras, se describió como evangélico y fue miembro de la Fraternidad Teológica Latinoamericana. “Pero si se trata de definirme en mi fuero interior, lo que me sale de adentro es que soy evangélico. En ese suelo parecen haberse ido hundiendo a lo largo de más de setenta años las raíces de mi vida religiosa y de mi militancia eclesiástica. De esa fuente parecen haber brotado las alegrías y los conflictos, las satisfacciones y las frustraciones que se han ido tejiendo a lo largo del tiempo. Allí brotaron las amistades más profundas y allí se gestaron distanciamientos dolorosos… Si en verdad soy evangélico o no, tampoco me corresponde a mí decirlo. Ni me preocupa que otros lo afirmen o nieguen. Lo que en verdad soy corresponde a la gracia de Dios” (Rostros del protestantismo latinoamericano, BsAs/Grand Rapids 1995, pp. 5-6).

 

 

CONCLUSION: Los apelativos “fundamentalista”. “evangélico” y “liberal” deben entenderse estrictamente desde su origen histórico. Cada tendencia tiene sus raíces en los siglos XVI-XIX. El fundamentalismo es una reencarnación de la ortodoxia protestante escolástica del siglo XVII, mientras la teología evangélica tiene sus orígenes e inspiración en la Reforma evangélica del siglo XVI, a la cual busca ser fiel en nuestro moderno contexto tan distinto. La teología liberal, por su parte, surge del intento de Schleiermacher de responder al moderno escepticismo racionalista en los mismos términos de ellos.

 

s


[1] Sobre estos términos ver también juanstam.com, “Soy un radical conservador liberal” (27 marzo 2009) y “Soy un evangélico católico pentecostal” (28 marzo 2009). Cf, además “Teología evangélica: las buenas nuevas de la muerte y resurrección de Jesús” http://www.juanstam.com 1 de abril 2012.

[2] Bajo este término, en su sentido más amplio, incluimos no sólo Lutero y Calvino pero también la Reforma Radical, sin desconocer los aportes del movimiento wesleyano.

[3] Los wesleyanos amplían la “sana razón” de Lutero en el llamado “cuadrilátero wesleyano”: las cuatro fuentes de la teología son las escrituras, la razón, la tradición y la experiencia. (Según otra formulación, la fuente definitiva es la escritura, iluminada por la experiencia, la razón, la tradición y la creación). Las demás fuentes complementan el testimonio bíblico, pero no pueden contradecirla. “La norma del cristiano respecto de lo bueno y lo mal es la Palabra de Dios, los escritos del Antiguo y Nuevo Testamento…” (Obras de Wesley, Tomo I, Sermón 12, pp. 229-30; citado en Jorge Bravo, “La teología de Juan Wesley: un reto para el presente”.http://www.angelfire.com/pe/jorgebravo/teologia1.htm.

[4] Por eso José Martí admiraba a Lutero y opinó que todo amante de la libertad debía colgar un retrato de Lutero en la pared de su casa; ver “Sobre la teología de los reformadores: unas reflexiones” http://www.juanstam.com 31 octubre 2011.

[5] Parece que la frase latina fue acuñada por la iglesia reformada holandesa del siglo XVII, pero describe fielmente la actitud de los reformadores del XVI.

[6] Entre los teólogos ortodoxos figuran Abraham Calovius, Johann Gerhard,  Francis Gomarus, Amandus Polanus y los tres Turrettini (abuelo, hijo y nieto: ¡una verdadera dinastía!). Teólogos más abiertos eran Georg Calixto y Moise Amyraut,

[7] Humanistas del Renacimiento en Italia: Petrarco, Boccaccio, Lorenzo Valla, Pico della Mirandola. Algunos en Europa  del norte: Juan Reuchlin, Felipe Melanchthon, Juan Colet, Sir Thomas Moro, William Budé y Erasmo.

[8] En este proceso jugó un papel importante el pensamiento de René Descartes (1597-1650) e Imanuel Kant (1724-1804). En 1793 Kant publicó La religión dentro de los límites de la mera razón. Era muy popular el deismo, más que el ateísmo mismo.

[9] Interesantemente, los moravos introdujeron prácticas que siguen caracterizando a movimientos evangélicos hasta hoy: grupos pequeños, predicación fuera de los templos, himnología evangélica más personal, proyección misionera etc.

[10] Se puede decir que Schleiermacher centró su teología en la religión en lugar del evangelio o la revelación

[11] Sobre la teología liberal, especialmente de finales del siglo XX, son valiosos los escritos de Gary Dorrien de Union Seminary de Nueva York’: “American Liberal Theology” en Cross Currents 55:4, 2005-6 y los tres tomos de The Making of American Liberal Theology (John Knox Press)

[12] George Marsden, Understanding Fundamentalism and Evangelicalism (Eerdmans, 1991)., citado en en.wikipedia.org/wiki Evangelicalism).

[13] Aunque algunos de estos movimientos evangélicos apreciaban ciertos aportes del pietismo, no compartían su desprecio de la reflexión teológica y los credos. Estos “evangélicos antes de los evangélicos” insistían en la fidelidad a las escrituras, la deidad de Cristo y su obra redentora, la necesidad de una conversión personal y de la santidad. Se oponían a la ortodoxia muerta y el ritualismo como también a la corriente liberal.

[14] Charles Simeon, que tuvo un gran impacto en Cambridge, dijo que su tema central era “Jesucristo y éste crucificado”. Con espíritu evangélico, Heim dijo que la meta de todo su trabajo era “confrontar a las personas con el Cristo viviente”.

[16] Es especialmente valioso el libro de Donald W. Dayton, Discovering an Evangelical Heritage (Descubriendo una herencia evangélica), Hendrickson 1976 (revisión y quinta impresión 2005).

[17] Otros defectos congénitos del fundametalismo eran el literalismo, el legalismo y el dogmatismo.

[18] Por esta honestidad de de G. Berkouwer, Karl Barth reconoció su libro, The Triumph of Grace in theTheology of Karl Barth, como el mejor libro sobre su teología. La misma integridad caracterizó la tesis de E.J. Carnell sobre Reinhold Niebuhr y los trabajos de evangélicos como P.K, Jewett, B. Ramm. G. Ladd, R. Mounce y otros. Cf. Stam, “ética y estética del discurso teológico” en Haciendo teología en América Latina, Tomo I, pp. 23-45.

[19] Igual que los reformadores, este nuevo movimiento afirmaba el evangelio como buenas nuevas, y (junto con los ortodoxos y fundamentalistas) sostenía las doctrinas básicas de la deidad de Jesucristo y su resurrección, pero sin la rigidez escolástica. La espiritualidad de los neo-evangélicos tuvo raíces en el pietismo y el movimiento wesleyano, y su ética tuvo antecedentes en el evangelio social de Rauschenbusch.

[20] Este título puede verse como un oxímoron, ya que el evangelio no implica una mentalidad conservadora. El adjetivo y el sustantivo se contradicen.

[21] La fascinante historia de las casi ocho décadas de Fuller Seminary demuestra esa impresionante libertad, dentro de parámetros evangélicos.

S[22] Entre las revistas han sido importantes Sojourners, The Other Side y The Wittenberg Door. Sus encuentros sobre temas sociales han sido numerosísimos, comenzando con la consulta de Wheaton (1966), Lausanne (1974), Wheaton (1983), los Clade y la Red Miqueas en América Latina.

[23] Se destaca el extraordinario aporte de F.F. Bruce a la exégesis y la teología bíblica, empleando fielmente los métodos críticos. Cf. el libro de George Ladd sobre la Crítica Bíblica. De hecho, los biblistas evangélicos han estado entre los mejores de la época moderna.

[24] Cf. Stam, Las buenas nuevas de la creación (Nueva Creación 1995; Kairós 2003).


César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (44)

Lutero: <em> Mi conciencia, cautiva de la Palabra de Dios</em>
Al reanudarse la sesión, Von Ecken inició un discurso cuya finalidad obvia era doblegar a Lutero.
La petición de tiempo para reflexión que hizo Lutero desconcertó al tribunal, obligó al partido papal a esperar, impresionó a los laicos y a los nobles por la humildad y la honradez del monje y le proporcionó una noche para orar y reflexionar sobre lo que iba a decir al día siguiente.

 Contamos con notas de Lutero redactadas durante esa noche y por ellas sabemos que aquellas horas estuvieron marcadas por una soledad absoluta . Sus amigos estaban amenazados de muerte por Aleandro, habían sido condenados y excomulgados por la bula y carecían de permiso para estar en Worms. Sin embargo, el monje era consciente de que todo el mundo contemplaba lo que estaba sucediendo en Worms y, lo que era más importante para él, también lo hacía Dios.

A las cuatro de la tarde del día siguiente, 18 de abril, el heraldo vino a buscar a Lutero y lo condujo hasta el tribunal. Rodeado por una multitud, el monje tuvo entonces que esperar hasta las seis, dado el trabajo del que debían ocuparse los príncipes. Durante ese tiempo, algunos nobles se le acercaron para decirle que deseaban quemarlo, pero que esa circunstancia no se produciría porque antes tendrían que eliminarlos a todos. “No tendrán problema en hacerlo”, les contestó Lutero de manera irónica, pero realista.

 Cuando finalmente Lutero compareció ante la Dieta, se le indicó que se le había concedido un tiempo para deliberar a pesar de que no tenía ningún derecho a ello. Ahora debía responder si deseaba defender todos los libros que había reconocido como propios o quería retractarse de alguno . El anuncio fue realizado en latín y en alemán, y de manera bien significativa, el tono de la requisitoria fue más áspero en la primera lengua.

 Lutero respondió en alemán . Su tono fue humilde y tranquilo por lo que no pocos pensaron que pensaba retractarse. Sin embargo, tenía otras intenciones. Así, señaló , en primer lugar, que reconocía como suyos los libros  reunidos en el lugar en la medida en que no hubieran sido alterados por sus adversarios.

 Por lo que se refería a la defensa o retractación de los mismos, dividió sus libros en tres grupos. El primero abarcaba aquellos que la misma bula consideraba inofensivos . De ésos, no se retractaba.

 En segundo lugar, estaban los libros en los que lanzaba acusaciones contra el papado por torturar las conciencias y exprimir al pueblo. De esos no podía retractarse porque significaría “consentir esa tiranía y fortalecer su dominio”.

 Finalmente, se encontraban los escritos que había dirigido contra las personas que defendían “la tiranía romana” y pretendían tergiversar lo que había enseñado sobre la fe.  En este caso, reconocía que debería haber sido más considerado, pero lo cierto es que no era un santo y, por añadidura, le resultaba imposible retractarse. A pesar de todo, si se le convencía de sus errores, refutándolos de acuerdo con los escritos de los profetas y del Evangelio, “nadie estaría más dispuesto a una retractación” que él “y sería el primero en arrojar al fuego los libros” que eran suyos.

 Al terminar su exposición, se le pidió que la repitiera en latín , lo que Lutero hizo. Acto seguido, los príncipes se retiraron a deliberar. No da la impresión de que resultara muy difícil que se pusieran de acuerdo. A su juicio, resultaba indispensable que Lutero dejara de manifiesto con claridad si se retractaba o no. Por ello, pidieron a Von Ecken que intentara dejar convenientemente esclarecido este aspecto y optaron por continuar la vista.

 Al reanudarse la sesión, Von Ecken inició un discurso cuya finalidad obvia era doblegar a Lutero. Finalmente, le formuló la pregunta clave. ¿Se retractaba de sus libros y de los errores que contenían? . El monje reconoció que tanto el emperador como los miembros de la Dieta deseaban una respuesta sencilla y manifestó que la iba a dar en latín sin equívoco alguno:

 “Hela aquí: a menos que se me persuada por testimonios de las Escrituras o por razonamientos evidentes, porque no me bastan únicamente las afirmaciones de los papas y de los concilios, puesto que han errado y se han contradicho a menudo, me siento vinculado con los textos escriturísticos que he citado y mi conciencia continúa cautiva de las palabras de Dios. Ni puedo ni quiero retractarme de nada, porque no es ni seguro ni honrado actuar en contra de la propia conciencia” 

En ese momento, abrumado por la emoción, Lutero cambió el latín en que se había expresado por su alemán materno y exclamó: “No puedo más. Haced de mi lo que deseéis. ¡Que Dios me ayude!”.

La respuesta de Lutero no dejaba esta vez lugar a dudas y algunos de los príncipes hicieron ademán de abandonar la sala. Von Ecken intentó entonces controlar la situación y gritó a Lutero que olvidara su conciencia, que nunca podría probar que los concilios se habían equivocado en materia de fe, sino, como mucho en materia de disciplina. El monje le respondió entonces que sí podía probarlo. No tuvo, sin embargo, oportunidad.

 A una señal del emperador, dos guardias lo sacaron de la sala y en esos momentos se produjo el estallido .

Mientras la guardia española del emperador gritaba “¡Al fuego! ¡Al fuego!”, los alemanes –que no entendían lo que estaban diciendo- hacían la señal de la victoria.

Escoltado por los que llamaba sus “ángeles guardianes”, Lutero llegó al final a su alojamiento. Una vez allí, levantó los brazos al cielo mientras gritaba: “¡Ya está! ¡Ya está!”.

 Se encontraba embargado por la convicción de que había cumplido con su deber. Donde otros se habían retraído por miedo o por interés, él se había mantenido firme frente a los grandes poderes de su tiempo y fiel a los dictados de su conciencia. Lo había hecho además no por intereses políticos, por codicia o por ansia de poder sino por amor al Evangelio y sostenido en la fe en su Redentor.

Autores: César Vidal Manzanares

©Protestante Digital 2012

Creative Commons

¿Qué mentira es ésta?

Publicado: agosto 14, 2012 en Misión Integral

Juan Simarro Fernández

Y se escandalizaban de Él (IX)

 
Muchas veces las iglesias se convierten así en consoladoras y adormecedoras de conciencias.
 En las iglesias cristianas en general, los asistentes o miembros captan más el mandamiento de amar a Dios, de darle culto, de practicar el ritual, de mirar hacia arriba…, que el mandamiento de amar al prójimo, de servirle, de hacerle justicia . En las iglesias todas se predica más el amor a Dios que su semejante: el amor al prójimo, el amor al hermano. Menos aún se predica el amor al hermano pobre, excluido, injustamente tratado… No se predica bien la projimidad. Es la gran tragedia de las iglesias cristianas. No siguen bien al Maestro al que dicen servir. Le siguen cercenando y mutilando muchas de sus enseñanzas. ¿Les escandaliza amar al hermano pobre en una relación de semejanza con el amor a Dios mismo? Por eso, cuando se ven a personas que se confiesan cristianos y viven el ritual y dicen que se gozan con el amor de Dios y olvidan al prójimo en necesidad, le ven tirados al lado del camino de la vida y pasan de largo, se puede decir: ¿Qué mentira es ésta? ¿No es un escándalo?  NO me extraña que se escandalicen de las enseñanzas de Jesús.

Cuando vemos a tantos que se regocijan en la práctica del ritual, que quieren vivir de cara a Dios, pero viven de espaldas a los sufrientes del mundo, de espaldas a los excluidos de los bienes de esta tierra y robados de dignidad, se puede uno preguntar: ¿Qué desatino es éste? ¿Cómo se puede vivir la espiritualidad cristiana en tal mentira? ¿Qué mentira es ésta? El escándalo humano que se da debería avergonzar a todos los cristianos.

También, hablando del amor a Dios y al prójimo, se podría hacer la pregunta: ¿Qué amor es éste? ¿Qué amor es éste que se reduce a un sentimiento un tanto egoísta en búsqueda de goces pseudoespirituales, pero que se reduce a un sentimiento pasivo sin que pase a la acción y se convierta en el motor de la fe y en la fuerza que mueve las obras de la fe? ¿Qué amor es éste que digo profesar a Dios y que me permite pasar de largo ante los apaleados de la historia? ¿Qué amor es éste que no me lanza a practicar el concepto de projimidad que nos dejó Jesús? Podemos, así, volver a la pregunta de inicio: ¿Qué mentira es ésta? ¿Qué mentira es ésta en la que muchos viven pensando que están moviéndose dentro de la auténtica vivencia de la espiritualidad cristiana? ¿Qué mentira es ésta? ¿Acaso es porque se escandalizan de las enseñanzas de Jesús?

 Muchas veces las iglesias se convierten así en consoladoras y adormecedoras de conciencias, separándose años luz de la auténtica vivencia de la espiritualidad cristiana y del Dios al que dicen servir . ¿Qué desatino es éste? Al buscar fardos de adormideras que nos producen cierto placer pseudoespiritual, estamos olvidando el centro de la vivencia cristiana, lo importante que nos dejó Jesús: La justicia, la misericordia y la fe. Una fe que actúa por el amor produciendo las obras de la fe. No se puede amar a Dios y dar la espalda a tus coetáneos sufrientes, desentenderte de aquellos que te rodean que han sido robados, apaleados y dejados tirados a los márgenes del camino de la vida. Eso es un escándalo para Dios mismo.

La vivencia de la espiritualidad cristiana no es un estado de ánimo placentero. Amar a Dios es ponerse a su disposición para que Él haga su voluntad en nosotros, ponernos a su servicio, vivirle desde su voluntad. Centrarse en él para ser sus manos y sus pies en medio de inmundo de dolor. Amar al prójimo, no es un sentimiento de pensar en los sufrientes del mundo cuando hacemos una oración por los alimentos abundantes que tenemos -muchas veces de forma escandalosa-, sino centrarse en él o en ellos para servirles. Se les sirve con la acción asistencial, siendo la voz que a ellos les falta, denunciando, buscando justicia en el mundo, intentando cambiar los valores marginantes y excluyentes por los valores del Reino. No os escandalicéis de esto.

 Que la religión que se nos da desde las iglesias no nos embarulle. Que sus muchas normas y reglamentos no nos distraigan. Que sus costumbres no sean una trampa para olvidar lo esencial de la ley: La justicia, la misericordia y la fe. El amor al prójimo que está verificando el amor a Dios . Que las muchas normas, costumbres, predicaciones que adormecen las conciencias, no nos separen del núcleo central de todo el Evangelio: El amor a Dios y al prójimo que deben estar en una relación de semejanza. Escandalizarse de esto es errar el camino del seguimiento. Si no amamos al prójimo de forma semejante a como amamos a Dios, rompemos el núcleo del Evangelio, lo partimos, lo mutilamos. Es entonces cuando hay que volver a la pregunta del inicio: ¿Qué mentira es ésta? Esto sí que es un escándalo.

¿Qué religión es la que es capaz de callarse ante el sufrimiento y la injusticia del mundo? ¿Qué religión es la que se calla ante el hambre de tantos millones de personas, ante la exclusión de más de media humanidad? ¿A qué Dios sirve? ¿A qué Maestro sigue? ¿Qué mentira es ésta? Son escandalizados de la doctrina de Jesús que, a su vez, escandalizan. La única definición de religión que se da en la Biblia, comienza así: “Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones…”. Recordemos que los huérfanos y las viudas eran los prototipos de los marginados en el Antiguo Testamento, unido a otro grupo de mucha actualidad entre nosotros hoy: los extranjeros, los inmigrantes.

 El amor a Dios debe generar en nosotros una fuerza y una dinámica activa a favor del prójimo, una dinámica imparable de misericordia que nos lleve a amar al prójimo de forma semejante a la que debemos amar a Dios mismo . Si no es así, la pregunta volverá de forma insistente machacando nuestras mentes y nuestros corazones: ¿Qué mentira es ésta? ¿Qué mentira es ésta, hablar de un amor a un Dios que nos separa del amor a los sufrientes del mundo, que no nos compromete y nos lanza al servicio, a la denuncia y a la búsqueda de justicia? ¿Qué mentira es ésta? Estáis escandalizando al mundo. Os estáis escandalizando de la auténtica doctrina de Jesús.

El ritual salta hecho pedazos ante la falta de amor y servicio a los necesitados, a los hermanos pobres o sufrientes del mundo. La falta de un amor al prójimo, de semejante al amor a Dios, es lo que nos hace ser egoístas, acumuladores, servidores de Mamón, el dios de las riquezas. Es el gran escándalo del mundo, el escándalo de la pobreza, de los desequilibrios económicos y de la opresión.

El hombre se hace humano y, a su vez, roza la divinidad, cuando sabe vivir la espiritualidad cristiana amando a Dios y al prójimo de forma semejante. El hombre se hace realmente hombre cuando actúa, cuando sirve, cuando acompaña, ayuda…cuando ama. También, con la práctica de este amor se hace un tanto divino. Dios es amor y amar es participar de la naturaleza de Dios. Es la única forma de no escandalizarse de las doctrinas de Jesús.

 No te conformes con el ritual, con los goces adormecedores, sino busca el verdadero núcleo que te hará vivir la auténtica espiritualidad cristiana: El amor a Dios y al prójimo de forma semejante. Si no, plantéate la pregunta: ¿Qué mentira es ésta? Nunca te escandalices de las enseñanzas del Maestro.

Foto: Copyright (c) 123RF Stock Photos

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2012

Creative Commons

Dios y su misión

Publicado: agosto 14, 2012 en Iglesia, Misión Integral

Carlos Scott

Dios y su misión

 El enfrentamiento real se produce cuando la iglesia se transforma en agente de cambio.

 Cuando hablamos acerca de Dios y la misión es indispensable entender que la Misión no es nuestra y no pertenece a ningún proyecto privado .

Estamos hablando de la  Misión   de Dios .

 LA MISIÓN DE DIOS
Karl Barth se convirtió en uno de los primeros teólogos en articular la misión en términos de una actividad de Dios mismo . Entendió la misión como algo derivado de la misma naturaleza de Dios.  Dios es un Dios misionero . Se concibe  la misión como un movimiento de Dios hacia el mundo  y a  la Iglesia como un instrumento para esa misión.

El término  missio Dei (Misión de Dios)  nos ayuda para articular la convicción de que ni la Iglesia ni ningún otro agente humano pueden considerarse como el autor o portador de la misión.  La misión nace en el corazón de Dios . “Dios es una fuente de un amor que envía. Este es el sentido más profundo de la misión. Es imposible penetrar más allá;  existe la misión sencillamente porque Dios ama a las personas” [1] e invita a su iglesia a participar .

Por lo tanto nos acercarnos a definir a la « Misión de Dios   (missio Dei)  cuando el pueblo de Dios cruza intencionalmente barreras  de iglesia a no iglesia, de fea no fe, para proclamar por   palabra y acción  el advenimiento del  reino de Dios en Jesucristo , a través de la participación de la iglesia en la misión de Dios de  reconciliar  a las personas con Dios, consigo mismas, unas con otras, y con el mundo , y reunirlas en la iglesia  a través del arrepentimiento y la fe en Jesucristo por la obra del Espíritu Santo  con miras a la   transformación  del mundo  como una  señal de la venida del reino en Jesucristo » (Carlos Van Engen). [2]

 Carlos Van Engen en su resumen expone:

· El Pueblo de Dios es el Instrumento del amor universal de Dios para todas las gentes
· Las comisiones se basan sobre la misión universal de Dios en la historia de la revelación divina: Mat. 28:18-20; Mr. 16:15-16; Lc. 24: 46-49 – Hechos 1:8; Jn. 15:12-17 – 21:15-17
· Pablo entiende la misión universal de Dios de tal forma que él es “deudor” a todo ser humano: Rom. 1:14; el “misterio del Evangelio”, Ef. 2:11-3:21
· El Pueblo de Dios es una SEÑAL del amor universal de Dios para todas las naciones. – Isa. 11:12; 49:22; 62:10; Mt. 5; Jn. 3:14,15; 12:32; Rom. 1:14.
· La Cristología exaltada de Ef. 1, Col. 1, y Fil. 2.
· La Iglesia como el Cuerpo de Cristo es la presencia física de Jesús en este mundo – para la bendición y la transformación del mundo. Rom. 12; I Cor. 12; Ef. 4; I Ped. 2 y 4.
· La Iglesia está en camino hacia la Nueva Jerusalén, desde un jardín hacia una ciudad. Hechos 2, 6; Ef. 2:11-22; Fil. 2:10-11; Col. 1: 13-23; Apoc. 21

 ¿POR QUÉ PARTICIPAR EN LA MISIÓN DE DIOS?
· Porque Dios es un Dios de AMOR / la misión es de Dios / el propósito es de Dios.
· Porque es LO QUE SOMOS – somos elegidos para servir, somos el instrumento de Dios para la bendición de las naciones.
· Porque nos encontramos a nosotros mismos en cuánto participemos como instrumentos del amor de Dios para todas las naciones.
· Porque somos especialmente escogidos para participar en la misión de Dios.

 CONCLUSIONES
Hay un Reino y hay un Rey que quiere ser Señor.  “Jesucristo es el Señor”   y su deseo es que los ciegos vean, los tristes tengan gozo, los paralíticos caminen, los que no tienen ropa y alimento lo tengan, que se practique la justicia y el amor como señal del reino  (Lucas 4: 18-19 y Mateo 9:35-36).

 La misión de Dios es un atributo de Dios mismo que se expresa en su accionar por redimir a la humanidad y somos llamados a participar .

El enfrentamiento real se produce cuando  la iglesia  se transforma  en   agente de cambio . Cuando de alguna manera tocamos las realidades e intereses de determinados sectores  por presentar “Todo el Evangelio” nos enfrentaremos con el verdadero “costo de ser discípulos” .

Sólo cuando nuestras creencias cambian realidades humanas que son transformadas, comenzará una lucha de Poder contra Poder.

 Dios llama a todos los creyentes a participar y comprometerse en su misión.

 PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN
– ¿Qué implicancias tiene para la vida de la Iglesia participar en la Misión de Dios?
– ¿Qué significa compartir todo el evangelio?
– ¿Cuáles son las barreras que debe cruzar la iglesia para transformar el mundo y ser señal de la venida del Reino en Jesucristo?