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Worms: el último debate de Lutero

Publicado: septiembre 10, 2012 en Historia, Iglesia, Luteranismo

César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (46)

A pesar de que en Worms sobre Lutero pesaba ya la condena de la iglesia católica y del emperador, la opinión pública obligó a ambas instancias a un debate con el agustino.
Para aquel esperado momento que se había hecho esperar años, Lutero se hizo acompañar por Schurf y por Amsdorf. Por su parte, el arzobispo llevó consigo a Von Ecken, el fiscal ante la dieta, y Cochlaeus, un canónigo decano de la colegiata de Frankfurt. Con el tiempo, Cochlaeus iba a convertirse en un encarnizado enemigo de Lutero, pero, como ha reconocido el erudito católico Lortz, ni siquiera este personaje en el campo papal tenía una base religiosa para enfrentarse con el monje. Desde el principio, Cochlaeus recurrió a argumentos que pueden calificarse de cualquier manera, menos de teológicos. Así, por ejemplo, aprovechando que el arzobispo estaba ausente y que había que llamarlo para que acudiera, invitó a Lutero a retractarse de sus opiniones para no arrastrar en su caída a Felipe Melanchthon y a otros muchos jóvenes en los que se había confiado para una renovación del pensamiento cristiano. El monje debió quedar afectado por aquellas palabras porque, como tendremos ocasión de ver, Cochlaeus volvería a utilizar ese argumento.La llegada del arzobispo permitió, finalmente, el inicio del debate.  Von Ecken insistió entonces en que Lutero debía abandonar su interpretación de las Escrituras que era contraria a la de  la Iglesia . Semejante obstinación era la propia de los herejes. La respuesta del monje fue insistir en que tenía derecho a contradecir los decretos de los concilios . Las dos posiciones habían quedado establecidas y así la discusión continuó hasta la hora de la comida en que el arzobispo decidió interrumpirla.

 ENCUENTRO EXTRAOFICIAL
A esas alturas, Cochlaeus había llegado a la conclusión de que estaba al alcance de su mano conseguir que Lutero se retractara. Todo consistía en continuar pulsando sus sentimientos como había comenzado a hacer antes de la llegada del obispo. Así, el canónigo, seguramente sin consultarlo con nadie, fue a verlo a su hospedaje en la sede de los caballeros de san Juan y logró que lo pasaran al hipocausto. De esta manera, la conversación iba a contar con algunos testigos inesperados. Una vez más, los argumentos esgrimidos por Cochlaeus no fueron teológicos. Por el contrario, esgrimió un análisis de la situación ante la que se enfrentaba el monje.

Era obvio que Lutero no podía enfrentarse con el papa, con el emperador, con los príncipes y con los Estados del Sacro imperio. Ante un panorama tan obviamente sombrío, ¿no resultaba lo más sensato retractarse? Lutero comentó entonces que no sabía que Carlos había llegado a un acuerdo con los príncipes para declararlo hereje si no se retractaba, momento que Cochlaeus aprovechó para insistir en que debería renunciar a sus creencias en favor, al menos, del pueblo y de los jóvenes. Pero precisamente los jóvenes que se encontraban presentes protestaron al escuchar aquellas palabras y uno de ellos se atrevió a preguntar por qué atacaba a quien, como Lutero, estudiaba habiendo sido Cochlaeus un humanista. Una vez más, quedaba de manifiesto el corte generacional que estaba provocando la Reforma con una generación de estudiosos jóvenes especialmente proclive a seguir los enfoques de Lutero y sorprendida por la manera en que humanistas de mayor edad no eran consecuentes en sus planteamientos.

En ese momento de la conversación, Schurf invitó a Cochlaeus, que había escrito contra Lutero, a que citara al menos uno de sus errores. La respuesta del canónigo resultó un verdadero paradigma de lo que, desde hacía años, venía siendo el Caso Lutero. Ante aquellos testigos, Cochlaeus reconoció que no conocía a fondo las obras de Lutero ni las había leído todas, porque no les había dado importancia hasta la publicación de  La cautividad babilónica . Incluso este libro lo había leído sólo en parte, pero lo que había examinado le había causado un profundo desagrado. En otras palabras,  el experto escogido por el arzobispo de Tréveris era un firme defensor del papado que había reaccionado simplemente ante lo que Erasmo había definido como un ataque contra la tiara del papa y el vientre de los frailes sin saber a ciencia cierta lo que estaba combatiendo . Se trataba, sin duda, de una situación poco airosa y Cochlaeus intentó salir de ella indicando que no era de recibo que Lutero defendiera que en la Eucaristía los laicos participaran del pan y del vino. La respuesta del agustino no resultó una sorpresa. Señaló que la idea no era suya sino que era lo que se contemplaba en el Nuevo Testamento. Jesús había ofrecido a los apóstoles el pan y el vino, y la misma práctica había sido descrita por el apóstol Pablo (I Corintios 11, 26).

Cochlaeus dirigió entonces la discusión hacia el tema de la transubstanciación, pero el argumento contra esta doctrina ya lo habían señalado Erasmo y otros humanistas: el dogma estaba definido en los términos de la filosofía aristotélica ajena a las Escrituras y difícilmente hubiera sido comprendido por gente como los apóstoles. Cochlaeus intentó apoyarse entonces en el concilio de Letrán de 1215 que lo había definido. El argumento, de manera que no causa sorpresa, fue considerado más que insuficiente por los que asistían a la discusión dado lo tardío del dogma.

A esas alturas, Cochlaeus había comprendido que estaba perdiendo la discusión y recurrió a un último recurso. Afirmó que estaba dispuesto a hablar con Lutero de igual a igual si éste renunciaba al salvoconducto que le había otorgado el emperador. Dialécticamente, la propuesta era hábil. Si Lutero la rechazaba, el canónigo podía alegar que se había negado al enfrentamiento; si la aceptaba, se colocaba directamente en el camino que conducía a la hoguera. Pero el monje no cayó en la trampa y preguntó quiénes serían los jueces en esa disputa. Fue entonces cuando Cochlaeus señaló que tenía que decir algo a Lutero, pero que no podía ser en aquel lugar lleno de espectadores. El conde de Mansfeld propuso entonces que acompañara al monje a su cuarto y allí le comunicara lo que considerara pertinente.

 CONVERSACIÓN EN LA HABITACIÓN
Lutero aceptó la propuesta del noble, pero lleno de desconfianza. Temiendo cualquier peligro, pidió al hermano que compartía la habitación con él que se quedara. Cochlaeus, que había captado a la perfección los temores del agustino, se desabrochó la ropa para dejar de manifiesto que no iba armado, pero hizo subir a su sobrino para no ser menos que el monje.

La conversación comenzó entonces de manera relajada. Lutero reconoció que se hallaba en una situación delicada respecto al papa, pero afirmó también que se sentía satisfecho porque ya no se oía hablar de las indulgencias. Cochlaeus le dijo entonces que el nuncio le había dado a entender que lo único que debía hacer Lutero era retractarse de lo que estaba abiertamente en contra de la fe y de la iglesia católica. Con respecto al resto de sus escritos, el emperador y los príncipes designarían expertos que los leyeran y separaran la paja del grano.

 Una vez más, el agustino se veía enfrentado con la disyuntiva de aquellos años: retratación o destrucción. A esas alturas, Cochlaeus añadió un elemento nuevo. Como en el caso de Aleandro, del propio León X, en su interior albergaba la convicción de que todos los hombres eran susceptibles de doblegarse si el precio era el adecuado. Señaló así que comprendía que Lutero pudiera temer regresar a Wittenberg si se retractaba, pero no debía preocuparse por su futuro ya que el emperador y el arzobispo de Tréveris estaban dispuestos a proporcionarle los medios suficientes para vivir en otro lugar con sosiego y decoro. Sin duda, podría contar, si se retractaba, con un futuro brillante dedicado al estudio de las Escrituras. Como colofón de ese discurso tentador, el canónigo volvió a invocar el nombre de Melanchthon. Si Lutero no deseaba retractarse por él mismo, al menos que debía hacerlo para evitar daños al joven erudito. La mención de Melanchthon arrancó lágrimas a Lutero, que, por supuesto, era consciente del peligro por el que atravesaban sus amigos .

Se trató de un momento que Cochlaeus aprovechó para insistir en que el papa estaría dispuesto a perdonarlo aunque, por lo que se refería a las indulgencias, no le cabía duda de que tendrían un buen porvenir en el seno de la iglesia. A fin de cuentas, después de todo lo pasado, ante Lutero se abría un futuro prometedor y la posibilidad de librar de la desgracia a la gente a la que amaba si tan sólo accedía a pronunciar su retractación y regresar al punto de partida anterior a las Noventa y cinco tesis.

 Cochlaeus, un hombre que, en realidad, no se movía por motivaciones religiosas, no había comprendido a Lutero. El agustino no era un hombre de fe al que las amenazas o las ofertas de promoción profesional pudieran conmover. Sí le afectaban las referencias a la gente querida, como era el caso de Melanchthon, pero no tanto como para llevarle a abandonar un camino marcado por su amor al Evangelio y por los dictados de su conciencia. El Aleandro que se había valido de todos los medios para conseguir sus objetivos; el Cochlaeus que había hecho carrera en el seno de la iglesia y que condenaba a Lutero sin haber leído sus obras, el papa León X que, entretenido por las diversiones de Roma, no había captado en ningún momento la gravedad de lo sucedido en Alemania; el joven emperador que se guiaba únicamente por el principio de autoridad y, como ellos, tantos otros no podían comprender al monje. Esa circunstancia se revelaría fatal.

Al fin y a la postre, Lutero y Cochlaeus se despidieron. El primero se había mantenido en sus posiciones. Cochlaeus nunca se lo perdonaría y dedicaría el resto de su vida a atacarlo encarnizadamente.

 Continuará

Autores: César Vidal Manzanares

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Juan Simarro Fernández

Y se escandalizaban de Él (XI)

La boda y la fiesta de los “carrilanos”
El banquete se va a hacer. No va a haber eliminación del banquete de la esperanza, de la dignidad final de los proscritos, del banquete igualitario.

 

 Tendrán mil excusas fundamentadas en la rentabilidad, en la vida de los negocios, de los disfrutes… hay que abandonar estas lujosas avenidas llenas de sordos espirituales… y salir a los cruces de los caminos. Invitad a los “carrilanos”, a los que caminan por la vida por carriles y caminos, los “sinhogareños”.

El reino de los cielos es semejante a una gran boda. Hay una gran invitación pendiente. Gratuita, aunque muchos no valoren lo gratuito… pueden comprar todo. Una invitación que se vislumbra como nuestra esperanza final… a la que muchos no van a responder. Es necesario salir a los cruces de los caminos, allí donde se mueven los proscritos de nuestra historia, los “carrilanos”.

Dios invita. Está buscando a sus convidados: Venid a la boda, venid a la fiesta, venid al banquete. ¡Quién va a responder! En la no respuesta, comienza lo que puede ser escandaloso. “Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis”. El privilegio será de los “carrilanos”, de los que caminan por los carriles de la vida y del mundo en marginación y pobreza. ¿Nos escandaliza?

 La invitación que Jesús hace a través de esta parábola de invitación al gran banquete preparado para todos los hombres, sigue siendo actual hoy . Creo que la respuesta de los hombres también sigue siendo igual, con la misma actualidad: Muchos hombres no oyen la invitación. Están enredados en sus negocios, despistados y, otros, más violentos, pueden maltratar a los emisarios hasta la muerte. Palabras y formas escandalosas.

Si nos fijamos en el mundo rico, donde la adoración al dios Mamón es un elemento de prestigio, veremos a muchos preocupados por el tener. Son personas sordas al auténtico mensaje del Evangelio. Personas hartas, consumistas a quienes la invitación a un banquete no les importa mucho. Han perdido la capacidad de escuchar invitaciones gratuitas, invitaciones a las que se puede ir y comer sin dinero. Sus oídos están atentos exclusivamente a lo que es rentable, a lo que favorece sus intereses, sus cuentas bancarias. No tienen oídos para la invitación gratuita, por gracia y, además, en compañía de todos, también de los pobres y los proscritos de la tierra. Para algunos, escandaloso. El privilegio será para los “carrilanos”, los “sinhogareños”.

 Cuando se vive presa del poseer, del prestigio de la riqueza, cuando se valora a aquellos que suben en la escalada socio-económica aunque vayan dejando muchos cadáveres de sus semejantes atrás, cuando uno se pone en brazos del dios de las riquezas, del dios mercado, del dios Mamón, difícilmente se va a poner atención y escucha a la invitación al banquete gratuito de bodas que Dios prepara como final de la historia . Todos juntos a la mesa en donde habrá comida para todos en igualdad, en dignidad, en justicia. Donde no se va a mirar a nadie por su procedencia, por sus pertenencias, por lo alto que haya llegado en la escalada social de acumulación de bienes. ¿Es esto escandaloso hoy? ¿Será la ventaja de los “carrilanos”, de los que caminan por el mundo sin trabajo y sin hogar?

 Una invitación en donde a todos se nos iguala. Escándalo para algunos . El problema es cuando la invitación se comienza llamando a los mejor instalados socialmente, a los que viven en las mansiones de los integrados y acumuladores, cuando se llama a los que tienen los oídos embotados por la rentabilidad de los negocios, por los que se pasean en grandes coches por la lujosas avenidas de las ciudades… No vendrán. No oirán. Tendrán mil excusas fundamentadas en la rentabilidad, en la vida de los negocios, de los disfrutes… hay que abandonar estas lujosas avenidas llenas de sordos espirituales… y salir a los cruces de los caminos, hablar con los “carrilanos” e invitarles al gran banquete. Nada escandaloso. El escándalo está de la otra parte.

 El banquete se va a hacer. No va a haber eliminación del banquete de la esperanza, de la dignidad final de los proscritos, del banquete igualitario, del banquete que, quizás, los últimos van a ser sacados a los primeros lugares. ¿Cómo es posible este escándalo? -dirán algunos.

Hay que salir fuera de estos ámbitos y salir a los cruces de los caminos, allí donde están los pobres y los proscritos, “carrilanos” y “sinhogareños”, allí donde más de media humanidad ha sido despojada, apaleada y dejada medio muerta al lado del camino. No es un escándalo. Hay que comunicar allí la invitación para que se llene la casa, el lugar de bodas.

No se puede juzgar la situación espiritual del mundo sólo mirando a los enredados en los negocios de la vida, a los que luchan por la adoración al dios Mamón, a los que viven ciegos y sordos a la llamada del banquete gratuito. No creen en la gracia, en la gratuidad de la invitación. No hay que juzgar la situación espiritual del hombre de hoy fijándose sólo en los integrados en el sistema mundo. Hay que salir a los cruces de los caminos y comunicar la invitación. ¡Comunicadlo a los carrilanos, a los proscritos! Suya es la ventaja.

 No en todos los sitios se desprecia la invitación y se desoye por tener embotados los sentidos espirituales  por los negocios rentables de la vida. Quizás los pobres, los despojados y tirados a los márgenes del camino, están esperando una invitación de esperanza en su infravida y en su no-ser de la marginación, exclusión u opresión a la que son sometidos.

No vayamos solamente a los que están en su mundo egoísta en un soliloquio de rico necio, hablando con ellos mismos y sus alabanzas, cuando las hacen, son de autocomplacencia y de satisfechos egoístas… todo lo pueden comprar. No valoran lo gratuito, lo dado por gracia. Eso sí es un escándalo.

Hay que salir a los cruces de los caminos de la vida, allí donde están los prójimos abandonados, empobrecidos, excluidos y robados de dignidad. La invitación puede sonar diferente para ellos… los otros, los satisfechos, tienen cada día más embotados los sentidos, cada vez son más sordos a la invitación del banquete de esperanza.

 Así, los cristianos que creemos en la importancia de la gratuidad del banquete, del banquete que nos va a igualar a todos, en donde ya no habrá diferencias entre ricos acumuladores y empobrecidos por el sistema mundo, entre “carrilanos” y los que viven en grandes mansiones. Debemos esforzarnos para seguir la parábola que Jesús nos expuso y salir a los cruces de los caminos, de los focos de pobreza, de los lugares de conflicto.

Jesús hacía esta invitación de salir a los cruces de los caminos para que se llenara la sala del banquete, a la vez que hacía otra cosa: sentarse a la mesa con los estigmatizados, los tildados de pecadores, prostitutas y marginados.

Nunca la invitación es sólo de palabra. Afecta a nuestros estilos de vida, a nuestras formas de vivir y de actuar, a nuestras prioridades… a nuestros almacenes, a nuestras cuentas corrientes, a nuestro tiempo. Hay que sentarse a la mesa con los proscritos y pobres de la historia. Con los “carrilanos”. No te escandalices de esto.

Autores: Juan Simarro Fernández

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MEMORIAS DE JUAN STAM: Doña Olivia.

Publicado: septiembre 10, 2012 en Testimonio

Juan Stam

Doña Olivia

  Doña Olivia Silva de Guevara es una campesina nicaragüense de la comunidad contemplativa de Solentiname. Fines de los 70s ella y su familia vivían en los Cedros de Montes de Oca (Costa Rica), muy cerca de nuestra finquita y tuvimos el inmenso privilegio y la gran alegría de ser amigos de ella y su familia.

 

¡Y qué familia! Tengo entendido que en su larga vida doña Olivia engendró once hijos. Sus hijos e hijas, igual que ella, eran (y son) poetas, pintores y excelentes expositores bíblicos.[1] Sus nietos en esos años eran un encanto, llenos de chispa y alegría. En cualquier viaje que me tocaba, al aeropuerto o a los baños termales de Orosi etc, llenábamos nuestro Microbús de niños y niñas nicas. Todavía los oigo cantar, todas las estrofas de “Cristo ya nació en Palacaguina” o la misa campesina o el himno nacional de su patria.

 

Nosotros recién habíamos comprado nuestra finquita y repartíamos muchos racimos de bananos entre los refugiados. Un día, cuando les había dejado un racimo, doña Olivia me dijo, “Don Juan, ustedes no sólo nos traen bananos; nos traen esperanza”. En otra ocasión dos de sus hijos estaban en la cárcel por andar indocumentados (y por sospecho de ser guerrilleros Sandinistas), y expresé mi pesimismo ante las posibilidades de la liberación de ellos, ella me exhortó: “Don Juan,, hay que confiar en Dios. Dios es muy grande”.

 

Una vez ellos iban a visitarnos y nos llamaron a avisarnos que un camarógrafo europeo estaba completando un documental y necesitaba una escena de batalla. Nos preguntaron si podían realizar la filmación en nuestro cafetal. Dije que sí, con tal de que los fusiles no tuvieran balas. Al llegar llamaron a un compañero y le pidieron traer “cuatro lapiceros” escondidos en el piso de su jeep. Los hijos e hijas de Olivia, que estaban todos en la lucha, corrían arriba y abajo para simular un combate. Después el periodista los/las entrevistó. Recuerdo la entrevista con Nubia Arcia, acostada en nuestra hamaca, cuando ella explicó su actitud hacia la muerte: “No es que queremos matar, sino que estamos dispuestos a morir”. Después, estando en Ginebra. por una feliz coincidencia, vi el documental en la televisión suiza.

 

Alejandro, el esposo de Nubia, estaba de sub-comandante con el Frente Sur en las montañas de Nicaragua. Ella estaba encinta y me tocó llevarla a la Clínica Bíblica para el alumbramiento, y después recibir con ella a la preciosa Alejandra (con el nombre de su padre (por si él muriera en combate) y decir una oración por la madre y la niña. Una enfermera, que me conocía pero no conocía a mi esposa Doris, me dijo, “¡Qué linda tu esposa, don Juan! No sabía que estabas casado con una nica”. Le contesté que claro, mi esposa es bien bonita, pero no es nica. Después me tocó llevar a Nubia al Registro Civil y la Embajada para el certificado de nacimiento y demás trámites.

 

Los hijos e hijas de doña Olivia estaban en las montañas, menos los dos hijos menores. Iván, el “cumiche” de la familia, insistía con su madre en que él también tenía que estar en la montaña, con los compas, y se fue también a luchar por su patria. En una de sus primeras cartas, que trajo Ernesto Cardenal desde la montaña, Ivan dijo a su madre, “Diga a Juan y Doris que leemos la Biblia cada día y no dejamos de escribir poesía”. Después del triunfo Iván fue el encargado militar de todo el occidente de la frontera con Costa Rica. A veces, cuando nos tocaba cruzar la frontera, pasábamos bellos ratos con Iván en la base militar, escuchando sus últimos versos.

 

A doña Olivia le llevábamos a muchos lugares en Costa Rica para hablar con misioneros, estudiantes, profesores y otros grupos. Después del triunfo, llevábamos a muchas delegaciones a su casa en las afueras de Managua. Muchas veces eran profesores o estudiantes universitarios, y sus preguntas no eran siempre sencillas, pero doña Olivia siempre tenía una respuesta coherente. Cuando alguien le preguntó que pensaba de Karl Marx, ella respondió: “Me han dicho que Marx es importante, y traté de leer algo de sus escritos, pero no entendí nada. Pero para mi fe yo tengo a Jesucristo, y para mi política tengo a Augusto César Sandino, ¡y creo que eso es mucho!”

“Antes de llegar el Poeta con la Palabra”, solía decir, “vivíamos casi igual que los animales, y no nos dábamos cuenta. La Palabra nos hizo humanos”.

 

] Ver el artículo anterior sobre “Solentiname”.

 

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EL SEÑOR VOLVERÁ

Publicado: septiembre 10, 2012 en Teología

JAMES D. G. DUNN

Desde sus primeros balbuceos, la primitiva comunidad cristiana no dejó de expresar su firme esperanza en el retorno del Señor. El autor del presente artículo pone de manifiesto el hecho de que las descripciones bíblicas de la segunda venida de Cristo son diversas y metafóricas. Si las tomamos al pie de la letra, rebajamos la fuerza inspiradora de la esperanza cristiana, centrada en la revelación de Cristo que ya se nos ha dado.

A medida que se acerca el tercer milenio, aumentará sin duda el interés por la escatología que, en la tradición cristiana, va unida a la segunda venida de Cristo, un tema muy frecuente en los primeros documentos cristianos y en la liturgia de la primitiva Iglesia. Desde la más antigua formulación aramea Maranatha (Ven, Señor) (1Co 16,22; Ap 22, 20) hasta la aclamación eucarística actual — «Anunciamos tu muerte. Proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!»— se va repitiendo la misma esperanza.

¿Así es hoy la experiencia de los cristianos o más bien sentimos una cierta desazón frente a la expectación milenarista del hombre actual? ¿Qué podemos decir los cristianos ante la falta de esperanza y de ilusión que vivimos? ¿Qué queremos decir cuando confesamos que el Señor volverá?

La naturaleza de la esperanza cristiana

La Biblia subraya dos aspectos de la esperanza. Se trata, en primer lugar, de una esperanza confiada, segura, referida directamente a la confianza en Dios, único garante, muy distinta del concepto helenístico de incertidumbre ante el futuro. Abraham es el ejemplo de esta esperanza al aceptar la promesa de un hijo cuando su mujer ya no podía engendrar (Rm 4). Pero, en segundo lugar, se trata de una esperanza renovada, que se mueve sin cesar entre el «ya» y el «todavía no».

Los dos grandes paradigmas escatológicos de la Biblia son la entrada en la tierra prometida y el retorno del exilio. La carta a los Hebreos, por ej., aplica el descanso en la tierra prometida al momento en que el pueblo termine su peregrinar por el desierto (Hb 4). En otras palabras, la gran meta de la tierra prometida es incompleta, tan sólo una sombra de lo que aún está por venir.

De la misma manera, el exilio es para los judíos la imagen de su desobediencia a Dios y el largo retorno es la metáfora de su restauración como pueblo elegido de Dios. Los profetas de la escuela de Isaías pintan la restauración de Israel y el retorno a Judea con imágenes de renovación escatológica y de un nuevo paraíso donde «el niño jugará tranquilo con la víbora, y el lobo pacerá junto con el cordero» (Is 11,6-9; 65,25). El libro del Apocalipsis no es el único en usar la metáfora de Babilonia como la oposición final a Dios (Ap 14,8.17-18).

En ambos paradigmas (retorno del exilio y entrada en la tierra prometida), la esperanza cumplida queda por debajo de la esperanza expresada, es decir, la esperanza todavía no es completa. El cumplimiento parcial de la esperanza es un acicate para comprender mejor su sentido total. Así, el «ya» no expresa todo el contenido de la esperanza y el «todavía no» ayuda a reexpresarla.

Así ocurre también en la primera venida de Cristo que es el cumplimiento de la esperanza escatológica. Juan Bautista esperaba a alguien que traería el juicio final (los árboles sin fruto serían cortados y echados al fuego: Mt 3, 10-12), un Mesías que restauraría el reino de su padre David (Sal 2,7-9; Ez 34, 20-31). Jesús causó una gran decepción. A la luz de su venida, los cristianos tuvieron que redefinir la esperanza bíblica, sobre todo la esperanza en un Mesías que sufre y muere.

Al mismo tiempo, las imágenes que utilizaba Jesús —los ciegos ven, los sordos oyen, los cojos andan y a los pobres se les anuncia la buena nueva (Mt 11,5)— eran las mismas de Isaías para anunciar la nueva era del paraíso recobrado (Is 29, 18; 35,5-6; 61,1-2).  Era un cierto cumplimiento, aunque todavía no completo. Por eso, aún hoy rezamos «venga a nosotros tu Reino», el Reino que ya está entre nosotros, como Jesús decía en un exorcismo (Mt 12, 28). El «ya realizado» no agota la plenitud del «todavía no».

Así es la esperanza bíblica: afirmar para redefinir. No debe, pues, extrañarnos el hecho de que Jesús tampoco tuviera muy claras sus propias expectativas. Los datos son confusos. Su anuncio de la llegada del Reino (Mc 1,15) ¿significaba, como algunos interpretaron, la restauración de Israel (Hch 1,6) o el fin del mundo (Mc 13, 25.27)? No podemos atribuir a Jesús un sentido tan restringido de la esperanza, limitado a la gente de su generación que, además, tampoco sucedió. Su esperanza sigue la tradición bíblica de una realización todavía no cumplida del todo.

También resulta ambiguo el lenguaje de Jesús sobre la venida del Hijo del hombre. ¿Se trata de la exaltación de Jesús ante Dios, como sugieren algunos pasajes del Evangelio que se hacen eco de la visión de Daniel (Dn 7,13-14)? ¿O más bien anuncian la segunda venida de Jesús, como Hijo del hombre (Mt 14,62)? De nuevo, nos movemos entre una esperanza realizada y una esperanza renovada.

El acontecimiento de Pentecostés se nos presenta como el cumplimiento de la esperanza escatológica. El Espíritu derramado «sobre toda carne», signo de los nuevos tiempos, va acompañado, según el profeta (J1 3,1-5), de señales del fin del mundo (Hch 2,20) que, según Lc 2,17, se darán unos días antes de la segunda venida del Señor. Pentecostés es el cumplimiento de esta esperanza, aunque no de la manera anunciada por el profeta. De nuevo la esperanza es afirmada y, a la vez, renovada.

No debe extrañarnos que la esperanza en la segunda venida mantenga, por lo mismo, cierta ambigüedad. ¿Hablaba Jesús de la venida del Reino, que algunos verían antes de su muerte (Mc 9,1), o de su plenitud que se realizaría en Pentecostés?

Algunas expresiones de la primitiva Iglesia sobre la parusía, como la invocaciónMaranatha («ven, Señor nuestro»), es, según algunos, una plegaria eucarística donde se realiza la venida del Señor al hacer memoria de la cena. El Evangelio de Juan sugiere que la promesa de Jesús a sus discípulos de que no les dejará solos, sino que les enviará el Espíritu de la Verdad como intercesor, se cumplirá con la venida del Espíritu Santo (Jn 14). Así es la esperanza bíblica, una esperanza en tensión entre el «ya» y el «todavía no».

La esperanza bíblica no es, ante todo, una predicción segura. Confiados sí, pero sólo en Dios. Sin saber, a ciencia cierta, todo lo que comporta el cumplimiento de esta esperanza. Jesús mismo nos alerta contra todo tipo de especulaciones. La única certeza es que el mundo futuro no se regirá por las mismas leyes de este mundo (Mc 12, 18-27), aunque nadie conoce el día ni la hora (Mc 13,32). En otras palabras, ponemos nuestra confianza en Dios, no en su manera concreta de actuar. Dios, en efecto, puede cambiar de opinión y esperar otro año para ver si el árbol da algún fruto (Lc 13,6-9), o perdonar a Nínive por más que Jonás se enoje. Y sobre todo, en cuanto al Juicio final, Dios es siempre impredecible, pues su divina misericordia sobrepasa nuestro pensamiento.

La esperanza bíblica nos ilumina, pues, para formular la esperanza cristiana en el sentido de afirmar siempre nuestra absoluta confianza en Dios, dejando los medios concretos al «principio de indeterminación». La tensión entre el «ya» y el «todavía no» significa que la realidad del «todavía no» en parte se nos revela y en parte se nos encubre en el «ya», aunque esté en continuidad con él, pues su más íntima esencia permanece oscura para nosotros.

El lenguaje de la esperanza cristiana

Entramos, así, en la segunda parte de la reflexión. Llama la atención el hecho de que el lenguaje referido a la segunda venida de Cristo sea simbólico y pertenezca al estilo apocalíptico. «Mirad que viene entre las nubes» (Ap 1,7). En las visiones apocalípticas, las nubes son un símbolo de la majestad divina (Mc 13,26; 14,62; Hch 1,9; 1Ts 4,17; Ap 11,12). Los profetas usan a menudo este lenguaje. Ezequiel (1,4) contempla el trono de la gloria de Dios, en medio de «una gran nube luminosa», y Daniel (7,13) ve descender al Hijo del hombre entre nubes.

El libro del Apocalipsis es el ejemplo más claro de este simbolismo: trompetas, animales singulares, portentos cósmicos, etc. La exégesis bíblica tradicional no puede aplicarse aquí, ya que una interpretación literal es una interpretación falsa. La esperanza en la segunda venida de Cristo se describe en el estilo de visión y en lenguaje simbólico. Si olvidamos esto, caeremos en una total confusión, ya que la segunda venida de Cristo se refiere a un hecho que trasciende la historia, al fin de los tiempos.

De forma semejante, cuando hablamos de la creación, al principio de los tiempos, usamos el mito, no como un lenguaje no-histórico, sino más bien meta-histórico, aunque alusivo a la realidad, es decir, una verdad que sólo puede expresarse en lenguaje imaginario o poético. Los científicos que estudian cosmología o astrofísica emplean también conceptos similares —espacio curvo, anti-materia, big-bang— para explicar el origen del universo. San Agustín lo matiza con gran intuición cuando nos dice que Dios creó con el tiempo, no que creara en  el tiempo, ni que creara  el tiempo. Para expresar hechos que trascienden nuestras coordenadas espacio-temporales, hemos de acudir necesariamente al lenguaje metafórico o analógico.

Así también ocurre con las metáforas del fin de los tiempos (nubes, trono, tribunal, resurrección, que denota el levantarse), las cuales no son descripciones literales, sino otra forma de describir una realidad. La ascención de Jesús es un ejemplo del uso de un lenguaje acorde con la cosmovisión de su tiempo, en que el cielo se concebía como una bóveda situada sobre la tierra y sólo así podía describirse que Jesús «fue levantado hacia el cielo» (Hch 1,10). Bultmann señaló con lucidez el problema que luego intentó resolver en su ensayo sobre desmitologización, aunque de forma inadecuada. No es cuestión de calificar un hecho como verdadero o falso, sino de la capacidad de expresión del propio lenguaje.

Nosotros, herederos de siglos de conceptualización de ideas, no situamos hoy el cielo en un lugar físico, ni consideramos el mito como un engaño. Por eso, sonreímos indulgentes con las palabras de Yuri Gagarin, el primer astronauta ruso: «Dios no existe. Yo he viajado por el cielo y no lo he visto allí». El lenguaje metafórico parte de nuestra experiencia conceptual de la realidad y a la vez la trasciende. Sólo con la metáfora podemos expresar todo aquello que trasciende la experiencia humana.

Todo cuanto hemos dicho sobre la ascensión de Jesús puede aplicarse a su segunda venida. Si hablamos de mito o de metáfora, no negamos el hecho, sino que reconocemos el carácter específico del lenguaje de la esperanza, sin más especulaciones, tal como Jesús y los autores bíblicos repetidamente nos advierten.

El mismo lenguaje litúrgico está lleno de metáforas que son las expresiones más adecuadas para celebrar la fe, de la misma manera que el lenguaje poético sirve para expresar profundos sentimientos, a menudo inefables.

La visión bíblica del infierno es otro ejemplo del lenguaje metafórico. Nosotros estamos habituados a imaginar el infierno como un fuego inextinguible, imagen de la Gehenna, el gran vertedero de basura que había fuera de las murallas de  Jerusalén, en constante combustión. Pero Dante, en su Divina Comedia, lo imagina como un lago helado y C.S. Lewis como la espesa y permanente nube contaminada que cubre una gran ciudad. ¿Son imágenes contradictorias entre sí? En realidad, las tres son un intento de expresar un futuro desconocido e inimaginable, en términos de las experiencias más horribles de la vida humana.

De nuevo aquí, como en todo el lenguaje de la esperanza cristiana referido a la venida de Cristo, nos encontramos con la limitación de expresar una realidad que está más allá de toda experiencia y de todo discurso humano, «palabras inefables que ningún hombre puede pronunciar» (2Co 12,4).

En resumen, todo nuestro lenguaje acerca de Dios es como un icono y, como toda imagen, funciona como una ventana a través de la cual vemos, como en un enigma, la realidad espiritual. Y tenemos siempre el peligro de convertir el icono en ídolo, fijando la atención en él, en vez de mirar a través de él y dando al lenguaje metafórico humano una adoración que sólo debemos a Dios.

Jesucristo, centro de la esperanza cristiana

Esta tercera parte de la reflexión enlaza con la primera pregunta sobre la esperanza cristiana: ¿qué queremos decir cuando confesamos que el Señor volverá? Una respuesta concisa podría ser: confesamos a Jesucristo. Confesamos a Dios en Cristo, el plan de Dios realizado en Jesucristo.

La esperanza escatológica es característica de las tradiciones monoteístas que tienen su origen en la religión de Israel. Las religiones orientales tienen una concepción cíclica del tiempo. Las occidentales una concepción lineal. De ahí que la modernidad —occidental— conciba el progreso como irreversible.

Así como no podemos negar el papel inspirador que la teología cristiana y la escatología han tenido en el desarrollo del progreso, tampoco hemos de caer en el error de los protestantes liberales del siglo XIX que tenían una fe ciega en que el progreso científico nos conduciría a un progreso moral. Los acontecimientos del siglo XX lo evidencian hasta la saciedad. La escatología cristiana, junto a una clara visión del mal, mira hacia el futuro con la certeza de que triunfará el bien.

Para los cristianos, la venida de Cristo nos permite afirmar que él es la meta y el culmen de la historia humana. El progreso humano halla en Cristo su fin y su plenitud. Los cristianos comparten la esperanza judía de un mundo futuro que será inaugurado con la venida del Mesías (Rm 11,26 citando a Is 59,20-21), con la única diferencia de que nosotros sabemos quién es este Mesías: Jesucristo. Pero la esperanza es la misma, reafirmada y renovada.

Esta centralidad de Cristo al fin de los tiempos es similar a la del inicio de la creación, según la doctrina de Pablo. «Hay un solo Señor, Jesucristo, por quien todo existe y también nosotros (1Co 8,6). «Es el primogénito de toda la creación, pues por él fue creado todo en el cielo y en la tierra» (Col. 1,15-16).

¿Qué nos quiere decir Pablo? Según la interpretación de la mayoría, no pretende afirmar que Jesús de Nazaret estuviera presente al principio del mundo, lo cual nos llevaría a un bi-teísmo, sino que más bien enlaza con el lenguaje de la sabiduría para afirmar que la Sabiduría divina estaba con Dios, en el momento de la creación, «como artesano, disfrutando cada día, jugando todo el tiempo en su presencia» (Pr 8,30), o según la tradición de Jesús Ben Sira, «salí de la boca del Altísimo y como niebla cubrí la tierra» (Sir 24,3).

¿Qué sabiduría es ésta? Sencillamente, la Sabiduría de Dios por la cual la tierra fue creada (Sal 104,24; Pr 3,19). Esto significa que la creación no es algo irracional, que el cosmos tiene un sentido, ¡el sentido de Dios! La metáfora de la sabiduría es una forma de hablar de la acción creadora de Dios, como la sabiduría de Salomón es una forma de hablar de la acción de Dios en favor de Israel. La Sabiduría es el rostro de Dios vuelto hacia el mundo y hacia la humanidad.

Cuando Pablo aplica este lenguaje a Cristo no se refiere a otro ser divino, sino al único Dios de Israel y a su poder creador y redentor. Pero así como los escritores sapienciales encarnan la Sabiduría divina en la Torah, Pablo la encarna en Jesucristo. En él se nos revela Dios. Cristo es la síntesis y la encarnación de la Sabiduría divina. En él se nos muestra cómo es Dios y cómo es la creación. Cristo como Sabiduría nos señala un aspecto central de las Escrituras: que la espiritualidad cristiana no puede divorciarse de la creación y que la salvación no puede nunca estar al margen de la creación. En la cristología, creación y redención son dos caras de la misma moneda.

¿Pueden ayudarnos estas reflexiones, de alguna manera, en los problemas actuales? Si hay una relación entre el principio y el fin, ¿el lenguaje con que se describe la implicación de Cristo al final de los tiempos tiene una función semejante a su implicación al principio de la creación? ¿La segunda venida de Cristo como nueva creación es parecida a la acción de Cristo en la primera creación? En caso afirmativo, podemos hablar de Cristo como la forma de confesar nuestra fe en Dios cuya sabiduría inicial se completará al fin, y como fin, según el propósito manifestado al principio.

Dos pasajes bíblicos ilustran esta hipótesis. El primero (Sal 8, 4-6), interpretado según Hb 2,6- 8, destaca el plan de Dios sobre la humanidad, llamada a una vocación divina todavía por ver, pero realizada ya en Cristo, a quien todo le está sometido (1 Co 15, 25-27). El segundo (1 Co 15,20- 28) nos muestra a Cristo que, cuando haya completado su dominio sobre todas las cosas, incluida la muerte —el último enemigo— lo entregará todo a Dios «y así Dios será todo en todos». Entonces se unirán el principio y el fin.

De todo ello podemos concluir que una cristología y una escatología que establezcan una antítesis entre creación y salvación olvidan el papel central de Cristo en ambas; así como también, una espiritualidad y una teología que separen a Cristo de Dios, o lo destaquen por encima de Dios, está en contradicción con el monoteísmo central de las Escrituras. La doctrina cristiana de la segunda venida es el intento de expresar que el propósito final e inicial de Dios está centrado y configurado en Cristo.

Por eso, todo cuanto sabemos del fin de los tiempos es gracias al conocimiento que tenemos de Cristo. La escatología bíblica nos enseña que, en Cristo, ha llegado ya el final. El Reino de Dios está presente en los exorcismos de Jesús (Mt 12,28); la resurrección de los muertos ha empezado con su resurrección (Rm 1,4); Jesús es primicia de la cosecha final (1 Co 15,20); su Espíritu es garantía de la redención total (Rm 1,4) que incluye la transformación de nuestro cuerpo animal en cuerpo espiritual (1 Co 15,45-50).

Todos estos simbolismos de la primitiva Iglesia nacen de la profunda experiencia del dinamismo de la «edad futura» (Hb 6,4-5) y de formar parte de una «nueva creación» (2 Co 5,17; Ga 6,15). Por eso, el retraso de la parusía no supuso ningún problema para la primitiva comunidad, como algunos teólogos modernos piensan, porque lo constitutivo de su fe no era la inminencia del fin, sino el carácter definitivo de Cristo. Como señala Oscar Cullman acertadamente, la fuente de su esperanza era la primera venida de Cristo, el eschaton, la ultimidad ya realizada en Pascua y Pentecostés.

Sólo en esta clave pueden entenderse las afirmaciones de Pablo de «ser en Cristo», bautizados «en Cristo», que llegamos al Padre «a través de Cristo», que la comunidad es «el cuerpo de Cristo» y el Espíritu que nos vivifica es el «Espíritu de Cristo». Un Cristo, pues, que no sólo vivió y murió y fue un gran maestro, sino un Cristo resucitado, vivo y presente, Sabiduría de Dios, rostro de Dios vuelto hacia la creación, vivificando la comunidad y orientando su culto al Padre.

Así nos pasa también cuando los cristianos afirmamos que Cristo volverá. No se trata de rebajarlo banalmente a un reportaje en directo de la televisión. Las palabras y las imágenes no bastan para expresar el profundo significado de la fe, pero no por eso hemos de abandonarlas. Con la segunda venida de Cristo, los cristianos confesamos una verdad de alcance universal.

Conclusión

Puede aclararnos, para terminar, el paralelismo existente entre la confesión de la venida de Cristo y la confesión de Jesús como Hijo de Dios. La imagen del «hijo» no se aplica por supuesto en sentido biológico, a la manera del hijo de Zeus, en la mitología griega. Sin embargo, la tradición secular cristiana no ha encontrado una manera mejor de expresar la íntima relación entre Dios y Jesús que este lenguaje metafórico.

Así pasa también cuando hablamos de la venida de Cristo que sobrepasa toda humana previsión. No tenemos otro lenguaje más apropiado que la metáfora, pero con él podemos anunciar al mundo que el futuro no es una fatalidad, sino que tiene un sentido porque está en manos de Dios y configurado en Cristo. Que no será una sorpresa absoluta, pues el Dios que viene a nuestro encuentro al fin de los tiempos ya se nos ha manifestado en Cristo, a su tiempo, y guía nuestra historia hacia su plenitud. Y que el Cristo que volverá al fin de los tiempos es el Jesús que encontramos en los Evangelios al cual confesamos y adoramos, en Espíritu, como el Hijo del Padre. «Maranatha, ven, Señor Jesús».

Tradujo y condensó: JOSEP RICART

FUENTE: seleccionesdeteologia.net

Sobre el autor:

James D. G. Dunn es director emérito de la Cátedra Lighfoot del Departamento de Teología de la Universidad de Durham (Inglaterra). Mundialmente reconocido por su competencia en los estudios sobre el Jesús histórico, las tradiciones cristianas primitivas y Pablo de Tarso, es autor de la monumental obra El cristianismo en sus comienzos.

 

http://serviciosteologicos.wordpress.com/

Julian Assange ¿Figura del Apóstol Pablo?

Publicado: septiembre 10, 2012 en Teología

César Navarro, Guatemala.

Una lectura judicial, política, religiosa y periodística de Hch. 22-23

“¡Varones israelitas, ayudad! Este es el hombre que por todas partes enseña a todos contra el pueblo, la ley y este lugar” Hch. 21:28.

Quién no ha escuchado en estos días acerca de la figura de Julian Assange, un personaje muy famoso por sus intrépidas hazañas como divulgador de la información a través de internet, y ya saben que la información por lo menos está relacionada con dos cosas: ¡libertad y poder!

Julian Paul Assange nació en Queensland, Australia, en 1971. Assange fue el ganador de los Premios Amnistía Internacional de los Medios Británicos en 2009, por la exposición de asesinatos extrajudiciales en Kenia con la investigación de “El Llanto de la Sangre.”1 En el 2006, Assange fundaWikiLeaks, una organización sin fines de lucro para brindar noticias importantes e información al público en base a historias verídicas de valor para todos, que hasta el momento no se conocían.2Assange ha sido uno de los encargados de liderar esta organización para la divulgación de noticias a través de distintos medios de comunicación. El día 5 de abril de 2010, WikiLeaks publicó un vídeo del 12 de julio de 2007 en donde se muestra cómo el Ejército de Estados Unidos mató a once iraquíes, entre los que había un fotógrafo y un conductor que trabajaban para la agencia de noticias Reuters.3

El 22 de octubre de 2010 hace público Irak War Logs (Documentos de la Guerra de Irak)4 los cuales son una colección de 391.832 reportes de campo del Ejército de los Estados Unidos durante la Guerra de Irak en donde se muestra el uso sistemático de torturas, la cifra de 109.032 muertos en Irak, de los que 66.081 fueron civiles, el 63%; 23.984 enemigos etiquetados como “insurgentes”; 15.196 del “país anfitrión” (las fuerzas del gobierno iraquí) y 3.771 fueron muertos “amigos” (fuerzas de la coalición). El 28 de noviembre de 2010, WikiLeaks filtró a la prensa internacional una colección de 250.000 comunicaciones enviadas desde la Administración Central estadounidense (Departamento de Estado, Defensa, etcétera.) hacia sus representaciones diplomáticas en el mundo; en sentido inverso, desde estas delegaciones hacia Washington; mensajes compartidos entre diferentes embajadas de EE.UU., y también entre legaciones de ese país y misiones de otros países. The New York TimesThe Guardian,Der SpiegelLe Monde y El País han tenido acceso previo a las comunicaciones y publican de forma simultánea su contenido.5

Detrás de todo esto se encuentra la figura de Julian Assange, una tipo con cualidades sorprendentes en informática, pero también aplicado en las ciencias naturales, físicas, filosofía y matemáticas.6 Assange defiende un acercamiento transparente y científico a la carrera del periodismo al decir que no se puede publicar un artículo en física sin la completa información experimental al igual que los resultados.7

Julian Assange cuenta con dos órdenes de arresto en Suecia por presuntos delitos de violación, en el caso de Anna Ardin, y de acoso sexual, en el caso de Sofia Wilen. Al huir del país, la policía sueca solicitó la intervención de la INTERPOL. Tras un tiempo en Inglaterra donde, se le impuso arresto domiciliario, Assange acude a la embajada de la República del Ecuador en Londres, y solicita asilo político. Ecuador acepta la solicitud de Assange temiendo que al ser extraditado a Suecia, pueda ser extraditado luego a los EE.UU. y se violen sus derechos humanos, e incluso se le someta a la pena de muerte. A todo esto, Reino Unido rechaza cualquier salvoconducto para la salida del célebre Assange, e incluso intenta presionar a Ecuador a que lo libere, a través de amenazas de irrumpir en la embajada ecuatoriana y así violar los tratados internacionales, con la justificación de hacer valer la justicia.

Ecuador junto con otros países hermanos de Latinoamérica, al igual que Julian Assange señalan que no están en contra de que se haga justicia o se le enjuicie, sino que defienden la idea de que se busque un lugar apropiado para que Assange pueda tener un verdadero y justo juicio. Para ellos, definitivamente, no sería en lugares dominados por el gobierno de los EE.UU.

El caso de Julian me hizo recordar al apóstol Pablo y la persecución a la que se le mantuvo por parte de los judíos. Aunque por razones diferentes de fondo, hay ciertas conexiones con ambos personajes:

  • Ambos expuestos a persecución por causa de la esperanza. Pablo es enjuiciado por la esperanza de la resurrección (Hch. 26:6); Assange por la esperanza de la libertad de expresión.
  • Ambos acusados y perseguidos por enseñar y exponer cosas que van en contra de las máximas autoridades y sus acciones. En el caso de Pablo, autoridades religiosas (Hch. 21:28); en el caso de Assange, autoridades políticas.
  • Ambos sufren arresto domiciliario por causa de una persecución (Hch. 28:16).
  • Pablo sufre peligros de muerte por parte de los religiosos a razón de predicar sobre lo que él cree que es la verdadera religión de libertad y justicia (Hch. 21:30-31). Assange cree que está en peligro de muerte por parte de políticos a razón de divulgar información confidencial lo cual él cree que es la verdadera libertad de expresión y justicia.
  • Hay división en la opinión entre los representantes internacionales de los países involucrados que quieren que Assange sea extraditado y aquellos que desean para él un salvoconducto con el fin de llegar bien a Ecuador. En cuanto a Pablo, las multitudes que lo acusaban (y tal vez los que le defendían), tampoco estaban de acuerdo (Hch. 21:34).
  • Pablo estuvo en un lugar llamado “Fortaleza” hasta que las cosas se aclararan (Hch. 21:37); Assange está en la instalaciones de la embajada ecuatoriana, la cual está midiendo su fortaleza ante la presión de UK.
  • Pablo dio libremente su conferencia al pueblo desde la fortaleza, a causa de su situación, y del por qué era perseguido por una causa justa, (Hch. 21:37-22:21). El 19 de agosto del presente año, Assange libera una conferencia, desde la embajada ecuatoriana, sobre su causa.
  • Pablo es examinado con azotes por el Tribuno romano, para descubrir cuál es la causa de que esas personas quieran matarlo, la cual parece increíble que sea por motivos religiosos (Hch. 22:24). Los defensores de Assange creen que su persecución es por motivos políticos y ven como increíble que realmente Assange esté haciendo algo ilegal.
  • Pablo apela a un derecho de no ser azotado sin motivos dentro de la fortaleza, confirmando ser ciudadano romano (Hch. 22:26). Ecuador y Assange apelan al derecho garantizado en los tratados internacionales, de respeto al asilo político y la autonomía de la embajada, ante la presión de UK de irrumpir abruptamente.
  • Pablo usa sabiamente la información religiosa para traer reflexión y confrontación, haciendo que partidos religiosos discutan entre ellos sobre si la existencia de alguna justa causa por su culpabilidad (Hch. 23:6-9). Assange ha hecho lo mismo al traer a la reflexión a los distintos gobiernos envueltos, sobre si la existencia de alguna causa válida para su extradición y juicios, colocando en disensión a partidos de gobiernos que ven de distintas formas los hechos de Assange.
  • Algunos judíos influyentes traman algo contra Pablo. Esperan hacerle creer al Tribuno, que lo tiene en custodia, y a ciencia cierto protegido de que lo maten, que le lleve ante ellos para alguna rutina o juicio general (lícito y posible), en donde se le indagaría por ciertas cosas, pero con el fin de tenderle una trampa y matarle (Hch. 22:12-15). De esta manera van hacia los principales y ancianos, y manipulan y apelan a sus influencias políticas-religiosas para concretar su plan. Por intermedio de un concilio se podía exigir de las manos del Tribuno romano a Pablo, para simular un juicio, que era absolutamente justo, pero que en el fondo tenía una intención macabra. Assange piensa, junto con todos los que le apoyan, que la extradición a Suecia para el juicio que le corresponde por violar la ley, es solo un montaje para su extradición a los Estados Unidos y el riesgo de que termine muerto o se le violen sus derechos fundamentales.
  • Como algo divinamente conducido, el sobrino de Pablo descubre el complot religioso y avisa al Tribuno para que no crea sobre el juicio que se le quiere hacer a Pablo por parte de los judíos (Hch. 23:19-21). Ecuador y los países quienes apoyan a Assange, no creen que las intenciones de UK solo sean la de extraditar a Assange a Suecia, sino que todos piensan que se trata de un complot político para violar los derechos de Assange.
  • El Tribuno procura un “pasaje seguro” para que Pablo fuera a otro lugar (con el gobernador Félix), ya que en el que se encontraba, estaba en riesgo (Hch. 23:23-35). La intención del Tribuno no es precisamente solo salvarle la vida a Pablo, sino que procura que cualquier resultado legal y final, en cuanto a los hechos de Pablo, desenlacen en un ambiente seguro y lo suficientemente justo para que no se violen los derechos de Pablo como ciudadano romano. Assange y la embajada de Ecuador apelan a un salvoconducto para que Assange llegue Ecuador, ya que en Inglaterra está en riesgo. Como recurrentemente afirma el gobierno de Ecuador y sus aliados, al igual que el propio Assange, su intención no es eludir a las autoridades de Suecia, ni tampoco el juicio que debe enfrentar Assange por los cargos imputados en su contra en Suecia. El punto es buscar los medios y espacios necesarios para que sus derechos no sean violados, y tenga un justo y debido proceso. Para Assange y quienes le apoyan en este sentido, UK e incluso Suecia, no le darán un justo proceso, ya que pueden estar trabajando como marionetas para los intereses de los Estados Unidos, en destruir a Assange.

He dejado el capítulo 24 sin comentar para que el lector pueda utilizar su imaginación, y si bien quiere, profetizar algún desenlace en el interesante caso de Assange-Pablo. Pero para mí, a la luz de las conexiones que he tratado de hacer, me gustaría dejar algunas impresiones de lo que representa este caso desde una perspectiva lucana.

Los acontecimientos en cuanto a la divulgación de la información y los juicios concernientes a ella, deben ser siempre justos y cuando hay actos de conspiración y violación de la ley, ya sea por X o Y motivo, las personas en riesgo deben optar por los canales legales de seguridad existentes, que permitan que sus derechos no sean violados. No importa si se está dispuesto incluso a morir, como el apóstol Pablo (Hch. 21:13).

En ninguna manera pretendo decir que el libro de Hechos es un libro en donde podemos sacar doctrinas universales. Más cuando sabemos que es un libro descriptivo de los acontecimientos, y no ha sido escrito con la intención de especificar doctrinas que la iglesia debe seguir. Claro que aun cuando es descriptivo, eso no evita que se puedan sacar ricas enseñanzas y lecciones.

Lucas, como un buen investigador sobre la información de los acontecimientos tal como ocurrieron, también coloca la información que él cree más pertinente para sus lectores, y compuesta de una manera en particular. En éste caso, aunque Assange pueda creer que la historia contada, aun completamente, es 100% objetiva, la verdad es que quiérase o no, las personas envueltas en divulgar la información colocaran la historia en el orden y con el énfasis en el que más están inclinados. Sin embargo, Lucas tiene la fama de un investigador muy objetivo. Para fortuna nuestra, en el caso de la Biblia, el hecho de que cualquiera historia de los acontecimientos se incline por presentar cierta clase de información, y en cierto orden, nos permite ver las intenciones del Señor de esa historia. Así que esas intenciones pueden ser utilizadas para aprender desde los casos bíblicos.

Esta historia resalta la maldad de la humanidad detrás de los derechos y las leyes. Cómo pueden convertirse los derechos y leyes en torturas para uno, y consuelo para otros. Cómo pueden fuerzas políticas y religiosas mantener agendas ocultas de destrucción a través de tratados, apelaciones, leyes y concesiones.

De igual forma, en el curioso caso de Pablo, se resalta el hecho de que las agendas ocultas y pervertidas de alguna manera deben salir a la luz. En este caso nuestro héroe fue un joven que pirateóla información de los malandros judíos (¿las semillas de Wikileak en la Biblia?) y la divulgó para bien de aquellos (Pablo, el Tribuno y toda Roma) que eran afectados con estas pervertidas acciones. Definitivamente este acto es importante en el reportaje de Lucas a la luz de su narración del libro de Hechos. La divulgación y exhibición de las agendas ocultas.

Aun conociendo lo terco de Pablo, en hacer cosas como ir a Jerusalén, aun sabiendo que había sido profetizado que sería apresado, para mí es interesante notar que lo que se destaca en la historia es que todos los acontecimientos son para Pablo una vía para dar a conocer lo que él cree que es verdad. Pablo no duda en arriesgarse para divulgar la verdadera esperanza basada en Cristo. Esto es constante en la historia de la humanidad cuando se trata de exponer lo que uno cree que es verdad y tiene repercusiones para toda la sociedad: siempre hay peligros con los grupos opositores. No es entonces algo nuevo el caso de Assange en su lucha con la divulgación de la información que nos “libera” y nos hace ver todo el panorama. Todo esto le ha traído consecuencias que, yo creo, él está gustoso en sufrir, e incluso, creo que cada una de estas situaciones de riesgo permite avanzar sus ideas un poco más. En el caso de Pablo, este acontecimiento, con todo y el peligro, lo está llevando a Roma, lo cuál sería su parada final. Aun no sabemos en dónde terminará Assange, pero de seguro que sus ideas han avanzado en cada situación de escándalo.

A pesar de las situaciones peligrosas, aun podemos ver lo positivo y provechoso que es utilizar los canales de seguridad que existan a favor de los promovedores de alguna verdad con repercusiones valiosas para la sociedad. En el caso de Pablo, el Tribuno agotó los recursos para mantenerlo a salvo, dando así la oportunidad de que no se cometiera un evidente abuso contra Pablo. Defender sus derechos como ciudadano romano, aun en ignorancia de lo que ocurría en el fondo, y permitir un pasaje seguro para que Pablo tuviera un juicio más apropiado, es algo destacado en la historia de la cual Lucas ocupa un buen tramo en palabras y detalles para contarla. La justicia, el derecho y la protección de un individuo se deben de hacer valer indagando todos los canales posibles, a la vez que buscando lugares favorables para que desarrolle de mejor manera. Creo que la acción de Ecuador y los países aliados es completamente adecuada en este caso. Assange está en riesgo, y es una percepción que apela a las consciencia de los gobernantes que le apoyan. Claro que esta percepción no es a pesar de cualquier injusticia que haya cometido el periodista, sino con la suficiente ignorancia de fondo (como el Tribuno) y la suficiente sospecha como para saber que es mejor que el juicio o proceso de Assange sea en lugares intermedios más apropiados y justos.

Es evidente que esta historia tiene muchas disimilitudes, las cuales el lector ya podrá encontrar. Lo que quería mostrar eran las conexiones que encontré (que aun pueden verse como contrastes) y reconocer a Dios tanto en la historia de Pablo, como en la historia de Assange, y lo que se podía señalar como la forma en que Dios está viendo los acontecimientos. Tal vez, y si mis comparaciones son ciertas, en medio de lo que está sufriendo la familia de Assange y en lo que repercute en su propia persona, una voz de consuelo y estímulo le ha hablado ya, en la noche diciendo (Hch. 23:11):

“Ten ánimo, Julian, pues como has testificado de mí en UK, así es necesario que testifiques también en América Latina.”
__________

  1. http://blog.marsgroupkenya.org/?p=870
  2. http://wikileaks.org/About.html
  3. http://www.publico.es/304527/un-video-muestra-como-el-ejercito-de-eeuu-mata-a-un-fotografo-de-reuters
  4. La colección cubre desde el 1 de enero de 2004 al 31 de diciembre de 2009.
  5. http://www.elpais.com/articulo/internacional/Preguntas/respuestas/papeles/Departamento/Estado/elpepuint/20101128elpepuint_11/Tes
  6. Heinz Duthel, Julian Assange: el ilusionista, 7.Heinz Duthel, Julian Assange: el ilusionista, 7.
  7. Taft Johnson, Julian Assange: the Controversial Figure behind Wikilieaks, 4.
Acerca del Autor

César Navarro es Licenciado en Ciencias Químicas de la Universidad de Panamá, especializado en espectroscopía experimental. Con un Profesorado en Biblia y Teología del Seminario Teológico Centroamericano, Guatemala, actualmente realiza una Maestría en Teología en esa misma casa de estudios. Es el director general y fundador de la Sociedad Educativa Latinoamericana para Fe y Ciencia (SELFYC).

 

http://www.revista-rypc.org

LA TEOLOGÍA Y EL SUEÑO DE DIOS

Publicado: septiembre 10, 2012 en Teología

Luis Tapia

La teología, como reflexión crítica sobre la praxis histórica a la luz de la fe, se hace importante hoy más que nunca cuando hay ámbitos dentro de la religión cristiana que, al contrario de dar vida plena a la humanidad, hacen que los seres humano vivan en esclavitud y perpetúan aspectos que le quitan su dignidad y sus derechos. No debemos extrañarnos ante esta situación pues el cristianismo es una religión y, por más que algunos quieran negar esto, la religión es un producto cultural humano. No estoy diciendo que todo el cristianismo es un invento humano, sino que la manera en que el ser humano responde ante la revelación de Dios en la historia es, obviamente, humana. Es por lo mismo que no debemos sorprendernos cuando vemos que en la religión cristiana hay una gran pluralidad. Tenemos diversidad de iglesias, diversidad doctrinal, diversidad ritual y diversidad moral. Esto no es algo negativo, al contrario, ya en el Nuevo Testamento vemos que no existe una iglesia, sino una diversidad de iglesias pues diverso es el contexto geográfico, cultural y contextual en donde estas primeras comunidades cristianas siguen a Jesús.

 

Sin embargo, dentro de esa diversidad hay algo, o más bien dicho alguien, que no podemos olvidar si queremos seguir llamándonos “cristianos” Ese es, obviamente, Jesús llamado El Cristo. La esencia de su vida y su mensaje estaban en dar vida plena a todos los seres humanos. Jesús entendía que sólo se puede obtener esta vida plena cuando dejen de gobernar el egoísmo, el odio, la envidia, la hipocresía, la maldad, la esclavitud, etc. Ese día para Jesús es “hoy”. Hoy el ser humano puede aceptar el Reinado o gobierno de Dios. Gobierno totalmente distinto a los gobiernos que conocemos, pues es un gobierno o Reinado que da vida y libertad. Que no se impone, sino que se ofrece como regalo. Es el sueño que Dios siempre ha tenido. Es el sueño que un día se llevará completamente a cabo en una realidad totalmente renovada (cielo nuevo y tierra nueva en el lenguaje bíblico).

 

El problema es que el cristianismo como religión establecida olvida muchas veces el sueño de Dios evidenciado en Jesús. No es extraño, repito. Ya en el Nuevo Testamento vemos como otra religión, el Judaísmo, tendía a olvidar el sueño de Dios y ha mostrar que quien gobernaba muchas veces en aquella religión no era Dios sino el egoísmo, el odio, la envidia, la hipocresía, la maldad, la esclavitud, etc. El Evangelio de Marcos nos muestra que la buena noticia del sueño de Dios que Jesús viene ha mostrar y anunciar es sanidad de enfermos, expulsión de demonios (¿? tema para otro post), comunión con los enemigos (Mateo como parte de la comunidad de discípulos), preocupación por la dignidad de las mujeres y los niños, etc. Pero es curioso que la buena noticia, el evangelio, es, en su misma esencia, confrontación con la religión, esto es, denuncia los aspectos en que la religión se ha apartado de los sueños de Dios. La religión judía manifiesta en sí los mismos aspectos que debería erradicar del mundo y la sociedad en general.

 

Evidente ha sido que el cristianismo ha cometido los mismos errores que la religión Judía. Evidente es en el presente cuando las iglesias evangélicas, asumiendo una falsa obediencia a Dios, niegan los derechos y la dignidad de la mujer y de las minorías sexuales. Se hace evidente para nosotros entonces que el Reino de Dios se manifiesta muchas veces de forma más potente fuera del cristianismo que dentro de él. Evidente es que cuando luchamos contra la corriente religiosa y ponemos nuestros pies en el camino de Jesús podemos terminar en una cruz gracias a nuestros propios “hermanos”. Evidente es entonces que el ser críticos ante las creencias y prácticas del cristianismo, esto es, ser teólogos, es parte de hacer realidad el sueño de Dios.

Sobre el autor: Luis Marcos Tapia es chileno e investigador del Centro Ecuménico Diego de Medellín.  Es Bachiller en teología del  Seminario Teológico Bautista de Santiago de Chile. Licenciado en filosofía y educación de la Universidad Católica de Valparaíso.  En la actualidad cursa su  Magíster en filosofía en la Universidad de Chile.

http://serviciosteologicos.wordpress.com