Archivos para noviembre 1, 2012


El peruano Lurgio Gavilán relata en un libro su vida en Sendero Luminoso, en el Ejército y en un convento franciscano durante los años de conflicto en su país

Lurgio Gavilán en 1986 en la base militar de Huanta

El antropólogo peruano Lurgio Gavilán, de 39 años, presentó en México el pasado lunes su autobiografía, Memorias de un soldado desconocido: autobiografía y antropología de la violencia, una historia que comenzó a escribir en 1996 y que se ha demorado en publicar en su país por las sensibilidades contrapuestas en torno al conflicto armado que enfrentó al Ejército con el grupo terrorista Sendero Luminoso entre 1980 y 2000.

El autor nació en una comunidad campesina de Ayacucho, departamento de la sierra sur donde surgió Sendero Luminoso en 1980. Esta región concentra las mayores secuelas de la violencia. En la actualidad, Gavilán realiza un doctorado en Antropología en la Universidad Iberoamericana de México, becado por la Fundación Ford. Uno de los antropólogos peruanos más prominentes —y que investigó la violencia de Sendero Luminoso—, Carlos Iván Degregori, leyó el borrador inicial de su libro y recomendó su publicación. Cuando éste falleció en 2011, la edición peruana quedó en suspenso. En México ha habido gran interés por esta historia, explica el autor, quien ha vivido más de la mitad de su vida en tres espacios clave de la historia contemporánea de su país: Sendero Luminoso, el Ejército y la Iglesia Católica.

El autor ha cambiado el nombre de su comunidad y de algunas personas

Siendo niño, en 1983, entró en Sendero Luminoso, tras los pasos de su hermano mayor; dos años después, fue el único superviviente tras un combate con el Ejército: “Me perdonaron la vida porque era un niño, escuálido, desnutrido”, relató en una entrevista por Skype con EL PAÍS. Estos hechos ocurrieron durante el Gobierno de Fernando Belaúnde, el período más mortífero a causa del conflicto, según el informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Los militares lo llevaron a un cuartel: detenido primero, acogido, después; al cumplir la mayoría de edad hizo el servicio militar y se “reenganchó” dos años hasta convertirse en sargento. Entonces combatió desde el otro flanco: “Antes buscaba militares, luego buscaba a Sendero Luminoso”.

En el noviciado Ocopa.

A la pregunta de si fue difícil adaptarse al cambio, responde: “Poco a poco comenzó a educarme el Ejército, por eso me gustó. Lo he tomado como parte de mi vida, nunca sentí que fuera tan difícil. No me obligaron a entrar en Sendero Luminoso. Caí prisionero en el Ejército y me quedé. Siempre he vivido con mucho gusto, tal vez los quechuas, los campesinos, vivimos de esa manera. En ese momento era tan natural, y un poco mejor, porque cuando llegué al Ejército, eran pobres pero había una taza de quáker (avena), había ropa, en el fondo estaba agradecido”, explica con voz sosegada.

Mientras realizaba patrullas, unas religiosas que los acompañaban llevando la comunión a las comunidades, lo animaron a ser sacerdote “para hacer el bien”. Dejó el Ejército y se formó como fraile franciscano: “No me hicieron preguntas sobre dónde había estado antes”, comentó. Estudió en el instituto de los franciscanos en Lima y pasó un año en el convento de su orden en Puerto Ocopa (Junín, selva central), una zona en la que Sendero Luminoso diezmó a la etnia asháninka. “En el convento teníamos muchos momentos de silencio. Entre 1996 y 1998 empecé a escribir mi historia de vida para mí, por sugerencia de una tutora”, refiere.

La obra no se ha publicado aún en Perú por la sensibilidad ante el conflicto

Cuatro años después de iniciado este nuevo camino, y habiendo aceptado ya los hábitos de fraile, abandonó. “Es un poco difícil de contar, tuve problemas familiares, terminé criando a mi hijo”. En el año 2000 empezó a estudiar Antropología en la Universidad San Cristóbal de Huamanga, en Ayacucho. Después ganó un concurso para ser profesor, y allí enseñó durante dos años. Gavilán cuenta que sus exalumnos le preguntan cuándo va a dictar clases de nuevo, “pero no conocen esta historia”. “Uno de mis miedos es que me estigmaticen como Sendero Luminoso. Mis familiares no conocen mucho de esto, con mi hijo hablé poco, pero ya salió el libro”.

Una de las precauciones que ha tomado el autor ha sido cambiar el nombre de su comunidad y de algunas personas, dado que referirse a los actores del conflicto en Perú es delicado, no solo por las dificultades de diálogo sobre el tema, sino por la imputación fácil de “terrorista” a quien no lo es.

Durante un trabajo de campo en antropología.

Perú vive las disputas de la memoria histórica acerca de la violencia de Sendero Luminoso y del Estado entre 1980 y 2000, pero además, un remanente del grupo terrorista fundado por Abimael Guzmán, en asociación con el narcotráfico, sigue provocando muertes en una zona de la sierra sur. Por otro lado, expresos de Sendero hacen propaganda y reclaman la amnistía de Guzmán a través de un grupo que quisieron inscribir como partido político, elMovimiento por la Amnistía y Derechos Fundamentales (Movadef).

“Este libro no defiende a Sendero Luminoso, no defiende al Ejército, no defiende al convento, es un poco imparcial. No sé cómo lo interpretarán en el Perú, pero en México ha caído muy bien, les causa curiosidad que haya sobrevivido a ese tipo de guerra, y preguntan cómo es posible que un quechua venga a estudiar acá”, agrega. Gavilán cuenta que uno de los líderes del movimiento político prosenderista Movadef, Alfredo Crespo, dio una conferencia en una institución académica de México donde él acude a un curso. “Hablaba como fanático, pedía la liberación de Guzmán. Muchas personas hicieron preguntas”. Él tenía su versión: “Conté que una vez en Aranguay, Sendero Luminoso ató una soga al cuello de una campesina, la arrastraron hasta la plaza de armas, llegó muerta. Dicen que luchan por los más pobres ¿y los atan hasta matarlos?. Ni los animales se comportan así con sus semejantes”.

Gavilán hizo su tesis de maestría sobre las formas en que la comunidad de Aranguay (Ayacucho) ha intentado recuperar su salud física y mental después de las secuelas del conflicto.

 

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Carrera de templos como estadios

Las religiones compiten en Brasil en acoger a grandes multitudes en torno a los curas estrella

São Paulo estrena una iglesia capaz de albergar a 100.000 fieles

 Sao Paulo
Misa oficiada por el sacerdote y cantante Marcelo Rossi en la iglesia Theotókos, que se inaugura este viernes. / JUCA VARELLA (FOLHAPRESS)
Además de devotos, los católicos brasileños seguidores de los curaspopstar son fans de un estilo de celebración que incluye coreografías, estribillos pegadizos y músicas de los más variados ritmos. Las macromisas están de moda en un país con 123,3 millones de católicos (el 64,6% de la población). En una de ellas el pasado día 20, en Fortaleza, Reginaldo Manzotti, un representante de esta cosecha de clérigos de la organización Renovación Carismática, cantó y rezó para una masa calculada en 1,6 millones de personas. Este movimiento, que empezó en Estados Unidos en 1960, vive ahora su auge en Brasil. En São Paulo, las multitudes se apiñan en grandes carpas alquiladas para ver al sacerdote —y cantante— Marcelo Rossi, que más de una vez ha reunido a un millón de personas y ha sido uno de los pioneros en este tipo de misa de masas. Este viernes este cura inaugura un macrotemplo que se inscribe en un fenómeno que es, también, una manera de enfrentarse al auge de los evangélicos.

En el nuevo templo del cura Rossi en São Paulo habrá espacio para que 100.000 católicos puedan asistir a las misas y confirmaciones —20.000 dentro y 80.000 fuera, siguiendo el acto por las ocho pantallas que lo retransmiten—. Una misa inaugurará este viernes el recinto. El proyecto, que comenzó hace 10 años, está aún sin acabar, y el resultado será gigantesco. Más grande que la basílica de San Pedro, en el Vaticano, donde caben 60.000 personas.

El diseño del edificio, firmado gratuitamente por el renombrado arquitecto Ruy Ohtake, fue realizado para que Rossi pudiera “alcanzar con la mirada hasta al último fiel que asista”, explica el autor. Solo el suelo, 30.000 metros cuadrados ocupados antes por una industria de cervezas, costó 6 millones de reales (2,3 millones de euros).

El catolicismo pierde terreno entre los pobres ante los evangélicos

Rossi ha sufragado parte de la iniciativa, a la que también ha contribuido el empresario católico Antônio Ermírio de Moraes. Los costes de la construcción no han sido detallados, pero Rossi afirmó en la revista Época, del grupo Globo, que la pagó a través de la venta de sus CD y best-sellers y que “costó mucho dinero”.

Con una iniciativa como esta, los católicos emulan a las iglesias evangélicas, partidarias de los grandes templos y que a principios de los años noventa del pasado siglo empezaron a ocupar cines cerrados y a comprar parcelas para construir recintos de culto en la periferia de las grandes ciudades brasileñas. La proximidad entre pastores y fieles evangélicos es similar a la que también persigue ahora la Iglesia católica en el país.

Según el último censo, del 2010, del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, los evangélicos han crecido un 61% en los últimos 10 años. Han atraído nuevos fieles, incluidos antiguos católicos. “La perdida de terreno que han sufrido los católicos en favor de los evangélicos ha coincidido con los curas popstar , que tienen éxito porque sintonizan con la sociedad de consumo que se formó en el país”, explica Karla Martins, doctora en Historia de la Iglesia Católica.

Los evangélicos predican la “teología de la prosperidad”, es decir, el crecimiento económico como fruto de la bendición divina. “Los curas católicos han perdido a los más pobres porque los pastores evangélicos son más persuasivos y alcanzan el lado afectivo más fácilmente”, explica Valeriano dos Santos Costa, director de la Facultad de Teología de la Universidad Católica de São Paulo.

El auge católico —y el consumo de la creciente clase media— se traduce en cualquier gran almacén donde saltan a la vista las pilas de libros, CD y reproducciones en tamaño real de los curas estrella. Cuatro sacerdotes ocuparon los primeros puestos en el ranking de ventas de CD en 2011.

Omar Raposo, expárroco del Complexo Alemão —una de las favelas pacificadas de Rio de Janeiro—, vio la llegada de los evangélicos y culpa a la violencia de la reducción de la presencia católica en los barrios más pobres. Raposo no se siente un popstar, aunque tenga 100.000 seguidores en su página de Facebook. Afirma que lo que él y otros hicieron al poner la samba y el reggae en las misas es simplemente una “adecuación del lenguaje”.

Cuatro sacerdotes encabezaron las listas de ventas de CD el pasado año

“La Iglesia necesita salir de los moldes. No invento un nuevo contenido, solo intento preocuparme también por el aspecto”, plantea el cura Manzotti. La Conferencia Nacional de Obispos de Brasil publicó en 1994 un documento donde reconoce el movimiento de Renovación Carismática, entendido “dentro del legítimo pluralismo de la Iglesia católica”. Al mismo tiempo, se declaraba “preocupada por los desvíos que puede haber”.

El esfuerzo de los sacerdotes estrella por separar su imagen del mensaje que desean transmitir a los fieles es una ardua tarea. El cura de Taubaté —en el Estado de São Paulo—, Fábio de Melo, que cobra por concierto 100.000 reales (38.000 euros) y ocupa el segundo puesto de ventas de CD, fue elegido en 2011 uno de los 10 hombres más atractivos de Brasil. Pese a ello, ninguno de los curas entrevistados admite que los fieles confundan el propósito real de sus actos religiosos. Para el teólogo Costa, la presencia de jóvenes que saltan en las misas prueba la renovación de la Iglesia. “Si el joven no entra en el contexto religioso caminamos hacia la secularización y la indiferencia religiosa que vive Europa”, dice. “Si Jesús estuviera entre nosotros, utilizaría la televisión e Internet para predicar”, concluye el sacerdote Raposo.

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Los menores salieron a pedir caramelos y sus padres descubrieron que en realidad les dieron polvo blanco en bolsitas

Halloween: en lugar de golosinas, niños recibieron cocaína en el Reino Unido
Una persona permanece detenida como sospechosa de haber dado cocaína a los niños (foto referencial, REUTERS).

Londres (DPA). En la noche de Halloween, un grupo de niños de la ciudad de Royton, en el norte de Reino Unido, recibieron bolsitas con cocaína en lugar de caramelos o chocolate cuando salieron a pedir golosinas, informó hoy la policía en Manchester.

Los padres de los niños informaron de inmediato a la policía, cuando sus hijos regresaron a casa con las bolsitas con polvo blanco, indicaron fuentes policiales.

Los agentes detuvieron a un joven de 21 años y también a una mujer de la misma edad, pero esta fue liberada poco después.

“Los padres y la policía actuaron rápidamente cuando se informó sobre el caso, en el interés de la seguridad pública”, dijo una portavoz policial. “Entendemos que se trató de un incidente aislado”, agregó.

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