Después de Worms: se consuma el cisma

Publicado: noviembre 7, 2012 en Historia, Iglesia, Luteranismo

César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (48)

Con Pablo IV cualquier posibilidad de diálogo con los reformados o de una reforma católica en profundidad se extinguieron.
 Después de Worms, los intentos realizados para volver a remendar, siquiera en parte, la unidad eclesial resultaron, desde luego, fallidos.Quizá  el último se agotó en diciembre de 1549 a los tres años de la muerte de Lutero . En esa fecha falleció el papa Pablo III, un miembro de la familia Farnesio que con sus cuatro hijos y sus tres nietos –nombrados cardenales entre los 14 y los 16 años– era un paradigma del papa renacentista.

En esos momentos,  la mayoría de los cardenales apostaba porque el sucesor de Pablo III fuera el cardenal Reginald Pole. Primo de Enrique VIII y miembro del círculo erasmista inglés, Pole parecía el hombre adecuado para adoptar una serie de pasos reformadores que permitieran eliminar los males de 1517 y, a la vez, recomponer la unidad herida .

El 3 de diciembre de 1549, ante la oposición de los cardenales franceses, los partidarios de Pole le sugirieron que aceptara la elección por aclamación, pero el inglés –un erasmista que podría haber ocupado el trono papal– se retiró, según su expresión, “mudo como un buey” a su celda. Al día siguiente, el voto ya no respaldó a Pole que pasó el resto del cónclave, dos meses, escribiendo un libro sobre el poder y la misión del papa.

Las dudas de Pole –erasmista hasta en eso– provocó un cambio radical en el cónclave.

 El candidato de los franceses, fundador de la Inquisición romana en 1542, de la orden de los Teatinos, Juan Pedro Carafa logró maniobrar con la suficiente habilidad como para ser elegido papa con el nombre de Pablo IV .

El nuevo pontífice llevó a cabo una acción mezcla de antiguos y nuevos pecados.

En su lujosa corte, entregó cargos a sus sobrinos incompetentes y carentes de piedad –dos de ellos fueron ejecutados como malhechores por el sucesor de Carafa– y emprendió una guerra contra España, el emperador y, por supuesto, la Reforma.

 Con Pablo IV, la Inquisición se convirtió en institución e instrumento privilegiado, los escritos de Erasmo resultaron definitivamente condenados y cualquier posibilidad de diálogo con los reformados o de una reforma católica en profundidad se extinguieron .

 En adelante, con Carafa o con sus sucesores, ya de manera definitiva, para la iglesia católica la Reforma no sería ni una alternativa ni una instancia con la que debatir sino un enemigo al que abatir , cuestión aparte es que semejante visión estuviera condenada al fracaso.

¿Qué supuso la ruptura producida por la Reforma protestante que inició Lutero? A responder esta pregunta dedicaremos nuestro próximo artículo.

 Continuará

Autores: César Vidal Manzanares

©Protestante Digital 2012

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