EEUU: “No es Columbine o Virginia Tech. Aquí ha pasado en una guardería”

Publicado: diciembre 14, 2012 en Noticias

Cientos de personas acuden a una vigilia en la iglesia católica de Santa Rosa de Lima en Newtown para rendir sus respetos a las víctimas y sus familiares

Vigilia en la iglesia católica de Santa Rosa de Lima, en Newtown (Connecticut). / SHANNON STAPLETON (REUTERS)

El cielo estaba completamente limpio en Newtown, una pequeña localidad silenciosa situada en pleno corazón de Connecticut, a escasos 120 kilómetros de la frenética ciudad de Nueva York. Silencio que rompieron los disparos de Adam Lanza al entrar temprano por la mañana en un centro de enseñanza primaria con niños de cinco a 10 años iniciando las clases.

La jornada se torno de golpe oscura, rota por el dolor, tanto de los familiares de las víctimas como de los que sobrevivieron a esta acción horrible, congregados en masa esta tarde para participar en la misa vigilia en la iglesia católica de Santa Rosa de Lima. Una madre, acompañada por su hijo de 12 años, comenta que “todo el mundo conoce a alguien entre las víctimas”. “De alguna manera esta tragedia nos afecta a todos”, señala antes de levantarse.

La historia volvía a repetirse, esta vez en una pequeña comunidad de Nueva Inglaterra, tranquila, pacífica. Dicen que la libertad de la que goza EE UU debe ir acompañada por la responsabilidad de sus vecinos, sino ese equilibrio se rompe de manera incomprensible. Esta vez ese equilibrio acabó cuando el agresor, de 20 años, abrió fuego en casa contra su madre, que ejercía como profesora en Sandy Hook, y después contra los menores a los que daba clases. Es un centro conocido en la zona.

La ráfaga acabó con la vida de una veintena de niños y de seis adultos. El colegio cuenta con 626 alumnos matriculados. Tiene una guardería. A las 9.30am cierra las puertas como medida de seguridad. A partir de esa hora solo se puede entrar llamando a un timbre y con permiso. El autor de la matanza entró antes. La iglesia de Santa Rosa no está muy lejos de allí. Permanecerá abierta las 24 horas para el que quiera acercarse a rendir sus respetos. La gente se agolpaba en las ventanas para seguir el oficio.

La mañana fue larga para los vecinos, comenta una residente. Durante horas, los familiares corrieron por las inmediaciones del colegio sin saber dónde ir, intentando dar con alguien que les aclarara lo que estaban viendo por televisión. Justo al lado del centro de enseñanza hay una pequeña caserna de bomberos, que se convirtió en un lugar improvisado de consuelo para los padres. Allí se concentraron una treintena de adultos.

Si tenía un problema con su madre, que lo hubiera resuelto en casa, no en el colegio”

Los jóvenes se consolaban unos a otros y se abrazaban para darse fuerza mientras quienes esperaban afuera en la iglesia de Santa Rosa entonaban ‘Amazing Grace’. TJ, miembro del cuerpo de bomberos de Newtowm, se muestra incapaz de dar consejos a las víctimas incluso siendo un experto en situaciones de crisis porque “aun no me entra en la cabeza lo que ha pasado”. “Si tenía un problema con su madre, que lo hubiera resuelto en casa, no en el colegio”, dice. También comenta que otros conpañeros le han llamados desde distintos puntos del país para expresar sus condolencias y compartir su pena. “Les he dejado claro que esto no es un Columbine o un Virginia Tech. Aquí ha pasado en una guardería”.

TJ tiene una hija de cuatro años que va a un jardín de infancia muy cercano al lugar donde ha ocurrido la matanza. A su lado, Will Ruffles lleva en los brazos a un bebé de cinco meses. “Cuando llegué a casa y lo vi me eché a llorar”.

“Que pase esto, en esta comunidad”, comenta Catherine Urso tras la ceremonia de vigilia. Es profesora. Considera que lo sucedido es el reflejo de la educación y la cultura de violencia que se da a los niños. “Algo debe cambiar, porque cada vez sucede con más frecuencia”. A su lado una mujer mayor enseña un cartel en el que pide que se haga algo para contener “este veneno” para salvar la vida de los jóvenes.

Janet tiene 19 años. Es de origen ecuatoriano. Emigró a EE UU junto a su familia. Un primo va al mismo colegio de la matanza. “Pasamos mucho miedo hasta que supimos que estaba bien”. Esta joven admite que no puede saber lo que deben de estar pasando las familias de las víctimas. “Sólo puedo rezar por ellos”. La madre señala, al preguntarle si depués de vivir esto no se plantea volver a su país, que “esta es la muestra de que en ningún lugar se puede estar seguro”. Esa es la realidad.

A la entrada de la iglesia de Santa Rosa hay tres pizarras blancas en la que los vecinos dejan mensajes. “Que Dios bendiga a esta comunidad por todo lo que ha perdido y que bendiga a sus 20 ángeles”, dice el que escribe la familia Brackett. En otro al lado se pide “estar mas unidos y fuertes” frente a la tragedia. Un mensaje que repitió durante la misa moseñor Robert Weiss. “No vivimos en una zona de guerra. Esto no debería pasar”.

Si la mañana fue dura, la noche convirtió Newtown en una ciudad fantasma. Las carreteras de acceso están cortadas y únicamente circulan los camiones de la prensa. El silencio que rodea los alrededores de la escuela se ha expandido a las viviendas de la zona residencial cercana. John Hubbard ha decidido apagar las luces de navidad que adornaban su jardín. “Las luces se suponen que traen alegría, pero hoy el día ha sido una tragedia”. Su casa está enfrente de una de las paradas del autobús escolar que hace la ruta hasta el colegio Sandy. “No sé si algunos de los chavales que iban en el autobús estarán entre las víctimas”, murmura.

En el restaurante Mona Lisa, alejado de la zona en la que ocurrió el tiroteo, la congoja atenaza a los pocos clientes que esta noche se han acercado al lugar. “Hoy iba a ser un día agitado, con muchas cenas de Navidad. Se han cancelado todas”, indica su propietario, Tom Daoutis. “Claro que no tengo derecho a quejarme. Esto no es nada comparado con la tragedia que estamos viviendo”, añade.

En la barra hay dos televisiones encendidas. En una hay un partido de baloncesto, en la otra se ven las imágenes de la vigilia por las.víctimas del tiroteo. Nadie presta atención al partido. “Esto va a volver a pasar. No puedes parar a un tipo que lleva armas y que tiene planeado matar a la gente”, se lamenta uno de los clientes.

Como dijo Dannel Malloy, gobernador de Connecticut, este acto dejará huella en esta ciudad y en todo un país que cierra un año dominado por la violencia. La ciudad de Newtown fue fundada hace tres siglos. Era un territorio que pertenecía a la tribu de los Pohtatuck. Ahora viven unas 27.000 personas. El ingreso medio de sus vecinos es de uno 90.000 dólares, por lo que se puede considerar una comunidad acomodada. El 3% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza.En la última década, en Newtown sólo ha habido un asesinato.

 

http://internacional.elpais.com/

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