Archivos para febrero 5, 2013

Los premios Sony de fotografía

Publicado: febrero 5, 2013 en Fotografía

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Un niño espera para descargar bidones de diésel en un embarcadero del delta del río Níger, donde se vende combustible de contrabando. Muchas comunidades de la zona sobreviven gracias a este comercio. Fotografía premiada en la categoría de ‘Temas contemporáneos’ (©Samuel James, Estados Unidos, Sony World Photography Awards)

SAMUEL JAMES

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Un niño aprende a disparar un arma automática en el campamento de tiro de la OFASTS, una de las mayores ferias armamentísticas que se celebra anualmente en Oklahoma, EE UU. Fotografía finalista en la categoría de ‘Gente’ (© Pete Muller, Estados Unidos, Sony World Photography Awards) PETE MULLER

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Tomando como punto de partida la teoría de que cada persona está conectada en sexto grado con otra, esta serie muestra las conexiones humanas a través de la ciudad de Copenhague. Juul retrata personas al azar que se acoplan con las calles, que a su vez le presentan a otra persona para que la retrate. Fotografía finalista en la categoría de retrato. (© Jens Juul, Dinamarca, Sony World Photography Awards) JENS JUUL

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Familias visitan el santuario de Hazrat Ali, o Mezquita Azul, en Mazar-i-Sharif en Afganistán, el 11 de mayo de 2012. Miles de peregrinos viajan hasta esta mezquita todos los años. Fotografía finalista en la categoría ‘Estilo de vida’. ( © Kuni Takahashi, Japón, Sony World Photography Awards) KUNI TAKAHASHI

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Mirella, 71 años, ayuda a asearse a su marido, que sufre de demencia senil. El fotógrafo ha retratado en esta serie la vida de esta mujer que ha tenido que hacer frente a esta enfermedad. Fotografía finalista en la categoría de ‘Estilo de vida’ (© Fausto Podavini, Italia Sony World Photography Awards). FAUSTO PODAVINI

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El fotógrafo Schnabel retrató la vida cotidiana en varios lugares, para una campaña publicitaria de la marca BASF. Fotografía nominada en la categoría de ‘Campaña’ (© Michael Schnabel, Alemania, Campaña, Competencia Profesional, Sony World Photography Awards). MICHAEL SCHNABEL

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El proyecto ‘Territorio’ se centra en las fronteras del paisaje urbano. Fotografía finalista en la categoría de Arquitectura (© Reinis Hofmanis, Letonia) REINIS HOFMANIS

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Final de los 100 metros en los Juegos Olímpicos de Londres, donde se impuso el jamaicano Usain Bolt. Foto finalista en la categoría de ‘Deporte’ (© Adam Pretty, Australia, Sony World Photography Awards / Getty Images) ADAM PRETTY

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Retrato de una veterana de la Segunda Guerra Mundial en Bielorrusia. La Propaganda bielorrusa usa a los veteranos de la Guerra Mundial como ejemplo de buenos patriotas y ciudadanos. Fotografía finalista en la categoría ‘Retrato’.(© Agnieszka Rayss, Polonia,Sony World Photography Awards). AGNIESZKA RAYSS

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El fotógrafo retrata en este trabajo el viaje en trineo de tres días de una cincuentena de personas para participar en el mercado de Røros, una tradición que se remonta a 1854. Fotografía nominada en la categoría de ‘Viajes’ (© Agurtxane Concellon, Noruega, mánager, Viajes, Competencia Profesional, 2013). AGURTXANE CONCELLON

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El fotógrafo Daniel Duart retrata las ciudades desde un taxi. En la imagen, una niña vuelve del colegio en Marrakech. Finalista en la categoría de ‘Viajes’ (© Daniel Duart, España, Competencia Profesional 2013 Sony World Photography Awards) DANIEL DUART

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Cada año, justo antes de Navidad (calendario juliano) miles de cristianos ortodoxos acuden en peregrinación a Lalibela, un pequeño pueblo en Etiopía, conocida como la Jerusalén de África o Jerusalén Negra. Lalibela es famosa por sus iglesias del siglo XIII, talladas en la roca. Fotografía finalista en la categoría de ‘Viaje’ (© Gali Tibbon, Israel)

GALI TIBBON

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Campaña para la marca de zapatillas Jim Rickey. Las fotografías fueron tomadas con un teleobjetivo desde un rascacielos. El sujeto simula estar jugando a una partida de videojuegos de plataforma. Fotografía finalista en la categoría de ‘Campaña’ (© Christian Aslund, Suecia, Sony World Photography Awards). CHRISTIAN ASLUND

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La isla de Ghoramara, en la región del delta de Bengala Occidental (India), se ha visto afectada por la subida del nivel del agua debido al calentamiento global. Desde la década de los 80 más de 50% del territorio ha desaparecido debido a la erosión marítima. Fotografía finalista en ‘Temas contemporáneos’ (© Daesung Lee, Corea,/SIPA Press)

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Cinéfilos ven una película en pastún en el Cine Pamir en Kabúl, el 4 de mayo 2012. Fotografía finalista en la categoira de ‘Arte y Cultura. (© Danish Siddiqui, India,Sony World Photography Awards / Reuters) DANISH SIDDIQUI

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El 14 de noviembre 2012 el Ejército israelí lanzó una operación de siete días en la Franja de Gaza controlada por Hamás, conocida como ‘Operación Pilar de la Defensa’. El Centro Palestino para los Derechos Humanos dijo que 158 palestinos murieron durante la operación, de los cuales 102 eran civiles. Fotografía nominada en ‘Tema de actualidad’. (© Oliver Weiken, Alemania) OLIVER WEIKEN

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Un hombre es arrestado por la policía de Rochester (Nueva York, EE UU) después de haber asaltado a su padre con una espada samurai. Fotografía finalista en la categoría de ‘Temas de actualidad’ (©Paolo Pellegrin, Italia, Sony World Photography Awards) PAOLO PELLEGRIN

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Foula Amani, hija de refugiados, en las ruinas del campamento Kanyaruchinya, en la ciudad de Goma, República Democrática del Congo, tras el paso del grupo armado M23. Fotografía nominada en ‘Temas de actualidad’. (© Colin Delfosse, Bélgica, Sony World Photography Awards)

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Imagen para la campaña “Soy Gay”. Fotografía nominada en la categoría ‘Campaña’. (© Satirat Damampai, Tailandia, Lista, Campaña, Competencia Profesional, Sony World Photography Awards). SATIRAT DAMAMPAI

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El equipo olímpico de waterpolo australiano es retratado en una piscina vacía en Sydney. Fotografía finalista en la categoría de ‘Deporte’. (© Ryan Pierse, Australia, Sony World Photography Awards / Getty Images) RYAN PIERSE

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‘Lie Down’ es una colección surrealista de imágenes que crean la sensación de estar en posición vertical sobre una superficie vertical. Fotografía finalista en la categoría de ‘Conceptual’ (© Edurne Aguinaga, España, Sony World Photography Awards.) EDURNE AGUINAGA

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Kibera, la ciudad sin nombre

Publicado: febrero 5, 2013 en Noticias, Sociedad

A un mes de las elecciones en Kenia, todo el mundo mira a Kibera

En este suburbio en Nairobi, el más grande de África, murieron en las anteriores un centenar de personas.

Sus habitantes pelean por la normalidad. ‘El País Semanal’ estuvo allí.

El millón aproximado de habitantes de Kiberia han levantado un paisaje metálico de aluvión repleto de basura que nadie recoge. / CHRISTIAN ALS / HOSSEIN FATEMI

Un grupo de japoneses cruza las vías del Uganda Railway Line, que atraviesa Kibera, el mayor suburbio de Nairobi y de África, y asciende por la cuesta jalonada de chabolas. Algunos llevan paraguas para protegerse del sol; otros, botas de agua para cuidar los pies de todo mal. Van de excursión o prospección por esta zona antaño boscosa (eso significa el término kibera), que lo sigue siendo, pero con otra vegetación más densa y, digamos, más humana. En marzo habrá elecciones en Kenia. Y muchos miran ya de reojo hacia aquí, donde en las anteriores cundió la violencia. Este lugar sin nombre nació de manos de los colonizadores británicos en 1905, quienes, por los servicios prestados, permitieron a los sudaneses (nubios) del King’s African Riflesasentarse allí “informalmente”… Y esa “solución provisional” ha cumplido ya un siglo sin que, a día de hoy, esté del todo claro a quién pertenece siquiera la tierra (si a los nubios, a los kikuyus o a los luos). Kibera se ha convertido en una suerte de estrella del chabolismo (slum) mundial donde paran o habitan entre medio millón y un millón de personas, según el interés de los cálculos particulares.

Su fama (infernal) trasciende fronteras, aunque a su lado se levanten más de un centenar de suburbios, algunos aún peores, como Korogocho o Mathare. Tantos, que la mitad de los cuatro millones de la población de Nairobi habita en esas condiciones precarias, definidas por un dígito: vivir con menos de un dólar al día. Un efecto también de la sobrepoblación de las ciudades, fenómeno creciente y preocupante, según la ONU, que algunos expertos llaman slumificación. “Estos lugares son el más claro ejemplo del mal orden mundial o, mejor dicho, del desorden”, puntualiza el padre comboniano Alex Zanotelli, que lleva un proyecto escolar en Korogocho (significa caos) e invita a la movilización: “Nada vendrá desde arriba, la única solución para la gente es organizarse y demandar sus derechos”. Muchos ya lo hacen.

El único problema de Kibera es la extrema pobreza unido a la falta de viviendas e infraestructuras”

Los extranjeros solemos acercarnos a Kibera, por una razón u otra, como quien va a un museo: a contemplar o confirmar cuadros de miseria. Abundan. En cuanto pones el pie lo ves, suficientes para satisfacer toda mirada u objetivo: ¿que quieres enfermos de sida?, los hay a montones; ¿embarazos adolescentes?, ídem; ¿niños de la calle?, incontables; ¿ancianos sin medios?, todos (solo un 10% de mayores en Kenia tiene pensión); ¿malos tratos?, un hábito tan común y corriente como las famosas flying toilets (bolsas de plástico que son el único váter para muchos: se usan, se atan y se arrojan a la calle sin más), tan gráficas.

“Paisaje de miseria”, aparece anotado en mi libreta. “Paisaje metálico, chamizos improvisados donde trabajan de día fruteros, sastres, carpinteros, peluqueras, y duermen de noche decenas de personas hacinadas…”. Ni rastro de saneamiento o infraestructura. Aguas fétidas. Montañas de basura donde juegan los niños. “Siete de cada diez personas del África subsahariana no tienen acceso a la electricidad”, escribió Jeremy Rifkin en La tercera revolución industrial, pero aquí son nueve y medio de diez, siendo justos con la maraña de cables de luz que se ven al alzar la mirada. De ellos se nutre el grueso de residentes…

“Plástico, madera o adobe”, dice otra nota, “en las paredes exteriores”. Desechos fuera y ahogo existencial dentro. Descorres una cortina y ahí hay un drama en mil actos. En una habitación de ocho metros cuadrados, empapelada con periódicos, vive con sus cuatro hijos Mary Anyango, de 39 años. Su marido la abandonó. Peluquera sin clientes, Mary, enferma de sida desde hace cuatro, nos habla de estigma y dificultades cotidianas. Pero no haría falta. Podríamos guardar silencio. Su escueta morada, por la que paga 20 euros al mes (2.000 schilling), lo dice todo: una cama donde todos duermen, las judías viudas que cocina en un hornillo, su rostro herido por una caída reciente, las miradas suspicaces de los vecinos en un callejón pestilente donde debes pegarte a la pared para dejar paso, porque, te han avisado, la tuberculosis ha regresado a Kibera.

Las medicinas a Mary no le cuestan. Pertenece a un grupo de apoyo a enfermas (WOFAK). Todas las clínicas y centros hospitalarios aquí son mantenidos en mayor o menor medida por ONG y organizaciones en su mayoría estadounidenses (no en vano, el presidente Obama tiene en Kenia sus raíces), muchas nórdicas… Un programa de suministro y uso de medicamentos por el móvil se está introduciendo con éxito. Médicos Sin Fronteras, por ejemplo, hace llamadas personales con lo básico: “¿lo has tomado?, ¿qué tal?, ¿cómo te sientes?”. Para el enfermo, un mundo. La hija adolescente de Mary escucha y luego lo dice: quiere ser dentista. Su madre la mira y esta vez calla.

Los periodistas del International Reporting Project (IRP), de laUniversidad Johns Hopkins (programa financiado por la Fundación Bill & Belinda Gates, entre otros), nos interesamos por asuntos de planificación familiar, salud reproductiva o aquello que más mata en Kenia: el sida. En las oficinas del estadounidense CDC (The Centers for Disease Control and Prevention) nos dan la lista del top ten de asesinos en 2011: 38% por VIH; 10%, infecciones respiratorias; 7%, diarreas; 5%, tuberculosis; 5%, malaria… En Kibera, todo el doble.

Los políticos alientan los conflictos tribales 
para acceder al poder y fomentan así la violencia”

El CDC está aquí con el fin de detectar y controlar brotes de enfermedades en origen. “En 2011 respondimos a casi 250 brotes y situaciones de emergencia en 20 países”, se autopromocionan. “Las infecciones que aparecen en los slumsse extienden rápido a Nairobi, a otras partes del país o del planeta, por avión, en tan solo unas horas”. Con buenas instalaciones y personal, monitorizan con rigor a los enfermos. Solo en 2011 atendieron 4.000 consultas de niños con VIH. Geoffrey Bakhuya, desde el lado gubernamental, lo sabe bien, pues se encarga en el suburbio de cuatro centros de promoción de la salud, en general, y sexual, en particular. “Esto es imprescindible para los jóvenes, porque la mayoría de las veces el inicio al sexo es forzado, no libre; la falta de espacio obliga a compartirlo todo, también la cama”, dice. Ofrecen anticonceptivos, tratamiento para ETS e información para adolescentes (los embarazos y matrimonios tempranos están a la orden del día), asistencia 24 horas para abusos y hasta hacen campañas con conciertos para enrolar a jóvenes divulgadores. El aborto está prohibido, pero se practica mucho, asegura.

El grupo japonés asciende tras su guía. Así se suele venir aquí. Así vamos nosotros, periodistas, tras el nuestro, Jeremiah Tora, de etnia kisii. Él lo sabe todo del lugar, pues es de aquí y trabaja para Samuel Siringi, periodista de The Daily Nation, que coordina el programa del IRP y lo recomienda cuando hay necesidad. Y la hay. Porque en las calles y callejones de Kibera, en sus adarves y cuestas, no hay indicaciones ni números; un oriundo se orienta a ciegas, pero un foráneo no, y menos al caer la noche, cuando reinan las sombras.

“Tanques enormes de agua”, siguen las anotaciones. Se trata de contenedores instalados en algunas calles donde la almacenan cuando abren la cañería hacía allí dos veces por semana. Luego algunos la distribuyen. Y cobran tres schilling por 20 litros. ¿Mafias? Michael Mumo, director de la emisora Capital FM, nos dice: “Es complicado explicar lo mucho que se cuece en Kibera. No hay grandes mafias, solo las de la propia seguridad de la zona. Esperamos cambios en las elecciones cercanas”. Aquí preguntas o mencionas a según qué político y casi te escupen a la cara. Pero al tiempo se suelen creer lo que estos les cuentan. “Solo tenemos agua dos días porque en Nairobi no hay bastante”, cuentan los amigos de Alwin, del Youth Lindi Organisation. “¿Que no hay?, pero si los turistas tienen hasta piscinas”…, señala un visitante. “Protestad para tener suministro regular…”, otro. “Entonces el agua nos costaría”, puntualizan ellos. Cierto. Si no se tienen servicios, no se pagan servicios. Si no hay dinero, tampoco.

He ahí la cuestión. Hileras de envases amarillos esperan su turno ante las mangueras. Mujeres y niños (niñas casi siempre) la transportan a sus tugurios.

El día que hay agua es una fiesta. Su posesión crea conflictos. Como el negocio de la compraventa de chabolas. “Mucha gente gana aquí mucho”, dice Jeremiah. Hay muchas camas calientes que hacen imposible saber cuántos en verdad habitan. “Mil chelines al mes [diez dólares] cuesta una habitación, y algunos tienen muchas”. Negocios y trapicheos, economía sumergida pura. Mercaderes del renacimiento por todas partes: algunos venden diez zapatos; otros, tres pimientos; otros, botes de carbón. Los hay con aspiraciones: “Hot Line Electronics”, anuncia un cartel. Una pizarra propone partidos de fútbol de laChampions. “Butchery, carnicería”, apunta otro, entre moscas. Vemos entrega de compra a domicilio y hasta a un fotógrafo que se patea los senderos, cámara al hombro. Un dólar, una foto, dice que cobra, optimista. Los teléfonos móviles facilitan mucho las cosas.

Muchas chabolas se alquilan y hay muchas ‘camas calientes’, es imposible saber cuánta gente habita aquí”

Este podría ser el lugar “con más emprendedores del planeta”, apuntaba The Economist en un reportaje titulado Boomtown slum, donde describe las posibilidades de tanta clientela y avisa que reducir elslum a la sola realidad de la miseria es un error. Levantarse cada mañana así y ponerse en marcha hacia algo tiene su valor. Mucho. Vidas de callada desesperación, que diría Thoreau, somos todos. Pero aquí más, y su empeño para salir adelante impresiona a cualquiera. Aunque ni los medios ni el interés político les acompañen. Basta observar el entusiasmo con que Najat Mohammed, de 23 años, musulmana, expone lo que su grupo, el Lindi Youth, hace día tras día para generar ingresos y servicios que les ayuden a sobrevivir y sirvan a otros… Ayudados por la embajada japonesa, estos jóvenes levantaron un local y aseo público, y con el alquiler organizan eventos, ofrecen ordenadores, financian estudios y negocios… Los aseos públicos en Kibera son escasos (unos 50), suelen estar pagados por entidades internacionales cuyos nombres aparecen escritos en sus muros, cual grafitis de saneamiento universal.

La revista Forbes ya le dedicó espacio a los emprendedores kibereños hace un año, en una serie escrita por Chelina Odbert, quien se derrumbaba ante la visión de Kibera desde lo alto (desde lo que llaman Kiberapanorama, en Raila State): “Miras por encima de este paisaje sin límite de techos de zinc oxidados… y los datos, las estadísticas sobre las que tanto se discute, que si aquí habita un millón o medio, dejan de tener importancia. A pie de calle… están las personas, y en Kibera te cruzas con montones de ellas…”. Individuos que se mueven camino de Nairobi en busca de sustento o por las 13 villages (Kianda, Soweto, Lindi, Kisumu, Lindi, Makina…) que lo componen. Por no tener, Kibera no tenía ni mapa hasta 2009. “Era un agujero pintado pegado a Nairobi, sin más”, dicen los creadores de MapKibera.org. En formato digital, se puede seguir ahora la actualidad y hasta ofrecen consejos de seguridad: cómo defenderse de una violación, sin ir más lejos. O cómo tener los ojos abiertos ante abusos en todas sus formas.

“El único problema de Kibera es la pobreza”, afirma Ken Odhiambo, nacido en el suburbio de Majengo, en el este de la capital, y director de la Community Media House de Nairobi, que dirige el African Slum Journal(ASJ). Este es un proyecto periodístico audiovisual a iniciativa de Voices of Africa Media Foundation con la idea de fortalecer los medios continentales para dar a conocer la voz de sus ciudadanos (voamf.org). Durante los últimos años ha formado a más de cien reporteros en siete países. En Nairobi cuentan con doce: “Siempre deben ser residentes delslum, se les elige para ser el rostro de una zona, por ejemplo, Mr. y Mrs. Kibera”. La organización los recluta y entrena, pero las ideas son de ellos. Y ellos intentan ir más allá del discurso tópico de “solo miseria”. Y hay otros empeñados: dentro del suburbio hay una escuela de cine (kiberafilmschool), varios periódicos, radios…

Hasta 2009, Kibera no tenía ni mapa. Era un agujero pegado a Nairobi sin más. Ahora hay uno interactivo: mapkibera.org

Porque Kibera es todo lo que se dice, sí, pero también islas de limpieza, paz y solidaridad: familias que adecentan lo poco que tienen, vecinos que son comunidad, días de colada en los que huele a jabón y a telas al aire, escuelas bulliciosas, equipos de fútbol, música a todas horas en las chabolas… “Kibera sonó mucho y se magnificó con la violencia poselectoral que aquí se vivió en 2007”, asegura Odhiambo. Sin duda, es el barrio más cinematográfico (aquí se rodó El jardinero fiel), televisivo y literario: Robert Neuwirth lo incluye en su libro Ciudades de sombra, “las urbes del futuro” las denomina, allí donde, según sus cálculos, se están desplazando en este mismo minuto 180 personas desde áreas rurales. El slum preferido por los ejércitos de salvación, los predicadores y los estudiosos de todo tipo de asuntos sociales, científicos y hasta tecnológicos (la empresa Cisco quiere implantar aquí un proyecto robot de clínicas de detección electrónicas que permiten diagnosticar desde la distancia con el hospital de Nairobi). Tanta atención y afán que se calcula que el número de ONG y organizaciones podría superar de largo los 10.000 (según publicó The Daily Nation).

“Tierra rojísima”, otra nota en la libreta. En Kibera, si bajas la vista hacia tus pies, estarán cubiertos con ella en un minuto; si la subes, también; todo envuelto por ese polvo africano. Hay un modo de saber quién es de aquí y quién no. El visitante planta, al principio, los pies con cuidado en los surcos excavados en época de lluvias torrenciales. Luego se olvida. La suciedad se normaliza. Los oriundos solo miran adelante. Hay quien interpreta que es porque ya no ven. Quizá sea para no ver más. Y sentir menos. “La costumbre de la pobreza es el gran enemigo”, nos contarán en Radio Pamoja, en Kianda, fundada por Adam Hussein en 2007: 18 personas empeñadas en romper la atonía con sus programas. “Los de música de madrugada son excelentes”, se ríen, desde su piso alto con habitaciones acondicionadas como estudios, terraza y vistas.

Asunto informativo preferente son las próximas elecciones generales (presidenciales y parlamentarias) del 4 de marzo. Y el fantasma de la violencia tras las de 2007 se aparece cada día. Kibera fue punto caliente: un millar de muertos hubo en el país; más de un centenar por aquí. Un triste capítulo. Hubo desacuerdo con el resultado electoral que daba la presidencia de nuevo a Mwai Kibaki (de la tribu kikuyu). Raila Odinga (de la luo) se había creído ganador y luego resultó que no. Los kikuyu fueron perseguidos brutalmente. La mayoría hoy en Kibera es luo. Fácil de imaginar la expectación.

Menos fácil es aclarar si Kenia tiene tribus o son las tribus las que tienen a Kenia. Sus divisiones, privilegios y tradiciones marcan todo en este Estado del este de África con 41 millones de habitantes (una media de 4,6 hijos por mujer y una esperanza de vida de 58 años) y una renta per capita que no llega a 2.000 dólares… Lo marca más allá de lo recogido en la Constitución de 2010. “Hay 42 tribus en Kenia, kikuyus, masais, luo, kalenjin… y eso define nuestra identidad. Los políticos alientan los conflictos tribales sobre todo cuando se trata de acceder a cargos. Si uno de tu tribu ocupa el poder, a los tuyos les irá bien, esa es la idea”, cuenta Siringi, que vivió de lleno los episodios de violencia entonces, pues era jefe en la oficina de Eldoret.

Aquellos que estáis tuiteando sobre Kibera, hacedlo con responsabilidad, ofreced datos, pero no expandáis rumores”

Así pues, los políticos suelen aparecer con interés por la jungla. Cuando toca. Y ahora toca. A principios de enero estuvo el mismo Odinga. Kibera pertenece a su circunscripción, lo cual ya dice mucho de él y de sus promesas. Sobre todo si uno sube, como la periodista de Forbes, a contemplar el panorama desde ese Raila State, que lleva su nombre. Bloques de pisos cochambrosos, huertos imposibles en las cunetas, chavales jugando en los descampados… Raila State es un intento fallido y corrupto (pues ocuparon los pisos quienes no debían) de reasentar a los kibereños en 2009. Un teórico 2,5% del presupuesto del país va a un fondo de desarrollo para este tipo de colonias. Pero en Kibera se ve que se esfuma. “La corrupción”, dice Siringi, “hace imposible la prosperidad o lidiar siquiera con los asuntos urgentes de salud y de crecimiento de la población que lucha por los recursos. De ahí los enfrentamientos”. Gracias, dice, a que hay libertad de prensa. Un “a ver esta vez qué pasa…” se pronuncia expectante en todos los foros. Incluso en Internet: los tuits bajo #Kibera vuelan desde hace días. “Aquellos que estáis tuiteando sobre Kibera, hacedlo responsablemente. Mantened a otros informados, pero no expandáis falsos rumores”, pedían distintas organizaciones, como Uweza, cuando se supo de protestas por las nominaciones en la zona de Olympic Estate. Otros oriundos, como Mchizi Mtaani, se quejaban. “Es falso, siempre la misma canción con nosotros”. Su página (encoutersfromkibera) habla de héroes locales y de la ciudad de chocolate que es Kibera cuando llueve. “Hubo un tiempo en que me avergonzaba vivir aquí, ya no”, confiesa.

“La pobreza es invisibilidad”, escribió William T. Wollmann en su brutalLos pobres. El autor se fue por el mundo buscándolos para preguntarles: “¿Por qué eres pobre?”. “Porque es mi destino”, le decían. “Mis pobres”, concluye, “no están desesperados. Tienen buenos y malos días. Como todos”. Un día nosotros conocimos a las Vision Sister, grupo de 60 mujeres de toda tribu y religión que se protegen entre sí de la violencia en todas sus formas. Lo cuentan Dama Katana, que va vestida de azul (“aquí el color de las mujeres”), y Lydia Amunga, que puntualiza: “Salvo el royal blue, que es masculino”. Ellos, los hombres, ahora las toman en serio: comenzaron hace tres años sin local y tienen ya sus aseos comunitarios y un local bien dispuesto. “Kibera es el sitio con más abusos en todas sus categorías…”, dicen. Tierra de nadie, la llaman. “A largo plazo queremos ser centro de atención de referencia, con nuestros médicos, oficinas, incluso casas de acogida, pues ya tenemos terreno”. A corto, ayudan, asisten, protegen, aconsejan a otras… A Lydia le preguntamos por qué lo hace, por qué ayuda a otros. Ella es angli­cana. ¿Lo hace por cuestiones religiosas? Ni lo piensa. “Por humanidad”, contesta.


El Parlamento aprobó el matrimonio gay

El nuevo primado anglicano reitera su oposición al matrimonio homosexual
El actual arzobispo de Canterbury, Justin Welby, ha declarado que la Iglesia de Inglaterra mantiene su rechazo a la propuesta del Gobierno británico para legalizar el matrimonio homosexual.

05 DE FEBRERO DE 2013, LONDRES

 Welby, líder espiritual de casi 80 millones de anglicanos, efectuó esas declaraciones en un momento de especial trascendencia, como fue poco después de tomar oficialmente posesión de su cargo en una ceremonia celebrada en la catedral de San Pablo de Londres; y poco antes de la aprobación en el Parlamento inglés del primer paso legal para legalizar el matrimonio homosexual en la nación.

“Me atengo, como lo vengo haciendo siempre desde los últimos meses, a la declaración que hice tras el anuncio de mi nombramiento, que es que apoyo la posición de la Iglesia de Inglaterra”, señaló el primado anglicano.

Tras la ceremonia de confirmación, Welby, casado y padres de cinco hijos, afirmó que está deseando desempeñar su nueva labor al frente del credo anglicano, aunque reconoció que el puesto presenta “desafíos”.

 Welby ha llegado a cima de esta institución cuando el anglicanismo se encuentra inmerso en un controvertido debate respecto a la ordenación de mujeres obispos y sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo.

 El primado se ha mostrado siempre a favor de las mujeres obispos, aspecto que fue rechazado en el pasado mes de noviembre por el Sínodo general, al tiempo que es conocida su oposición al matrimonio gay en la Iglesia, aunque condena la homofobia.

  Welby, de 57 años, fue elegido el pasado noviembre 105 arzobispo de Canterbury por la llamada Comisión de Candidaturas de la Corona, formada por dieciséis obispos y laicos que evaluaron en secreto y durante varias semanas los méritos de los aspirantes e hicieron la recomendación al Gobierno de Londres.

Welby sustituye como arzobispo a Rowan Williams, del ala liberal y que es ahora rector del prestigioso Magdalene College de la Universidad inglesa de Cambridge, después de diez años como primera personalidad religiosa anglicana.

 PRIMER PASO LEGAL APROBADO
 El plan que propugna el primer ministro conservador británico, David Cameron, respaldado por los liberaldemócratas de Nick Clegg, ha generado fuertes fricciones entre los tories y ha sido aprobado tras presentarse por primera vez a votación parlamentaria este martes.

 La iniciativa promovida por el gobierno de David Cameron para legalizar el matrimonio homosexual en el Reino Unido ha sido aprobada este martes en su primera lectura en los Comunes por apabullante mayoría y, sin embargo ha encarnado una sonora derrota para el primer ministro después de que casi la mitad de sus diputados conservadores se pronunciara en contra de la medida . Ni siquiera los cálculos más pesimistas en el seno del partido de los tories, que concedió libertad de voto a sus parlamentarios ante una cuestión muy sensible, preveían las dimensiones de esa rebelión y desafío a su jefe de fila, cuyo liderazgo es crecientemente cuestionado desde un sector que no le cree capaz de ganar las próximas elecciones.

Han sido los votos de sus aliados liberaldemócratas y de la principal fuerza de la oposición, los laboristas de Ed Milliband, los que han hecho posible el desenlace de 400 votos a favor y 175 en contra, estos últimos mayoritariamente copados (150) por el rechazo de los parlamentarios del partido de Cameron.

 La ley pasará en mayo por la Cámara de los Lores y finalmente regresará a los Comunes para su aval definitivo . Con su entrada en vigor en Inglaterra y Gales prevista para 2014, la iniciativa permitirá a las parejas del mismo sexo casarse tanto en ceremonias civiles como religiosas, en este último caso siempre que esas instituciones lo hayan consentido formalmente. Ese no es el sentir oficial de la Iglesia Anglicana, como antes hemos informado respecto a la postura del nuevo arzobispo de Canterbury, Justin Welby.

Fuentes: Efe

Editado por: Protestante Digital 2013

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