Archivos para abril, 2013


En la raíz de ese nuevo concepto de martirio es donde se encuentra la clave del moderno terrorismo

 

Las religiones han vivido siempre al borde de un abismo. Y suelen atravesarlo aferradas al concepto del viejo martirio o del moderno terrorismo. Nacidas para dar respuesta al misterio de la vida, han acabado muchas veces atrapadas en máquinas de muerte.

El caso de los terroristas, nacidos al cultivo de la corriente violenta del islamismo, propone una reflexión acerca de la gravedad de la fe, que debería ser liberadora y acaba forjando nuevos terrores.

Las tres grandes religiones monoteístas han ido evolucionado en la visión de la violencia a lo largo de los siglos.

La religión del Libro, en su versión más antigua, defendía el ojo por ojo. No exigía la violencia contra los diferentes. Dejaba a Yahvé, que se encargase de defender a su pueblo contra los enemigos de Israel.

Más tarde, primero el talmud, y después Jesús de Nazaret, perfeccionaron el ojo por ojo judío, para colocar un muro a la violencia, pasando a aconsejar poner la otra mejilla a quien te abofetea.

En ese concepto de perdón heroico del cristianismo, de devolver bien por mal, es en el que se inspiraron más tarde los profetas de la no violencia.

El judaísmo no tiene en su credo el proselitismo, mientras que el cristianismo y el islamismo se hicieron misioneros tratando de convencer, unas veces por las buenas y otras por las malas, a abrazar su fe en los demás.

Llegaron más tarde las cruzadas y las inquisiciones que eliminaban al que no creyera como ellos. Y volvió la violencia del brazo de la intolerancia, del no respeto por la fe del otro.

Junto a ello, nació en el cristianismo el concepto de martirio. El creyente, antes de arrodillarse ante los ídolos, antes de renunciar a su fe, prefería morir. Moría él, no mataba a los demás.

En el islamismo, la última en el tiempo de las tres grandes religiones monoteístas, cuya esencia es la compasión, el concepto de martirio cristiano cambió de signo. El mártir ya no se inmola sólo, sino que arrastra con él la muerte de los demás, de los que no piensan como él o no viven como él.

En la raíz de ese nuevo concepto de martirio es donde se encuentra la clave del moderno terrorismo, que en el islamismo se apoya en los preceptos de la fe, y en el mundo político en la ideología, de derechas o de izquierdas. No importa la muerte del inocente si lo exige la pureza de la idea por la que se lucha y muere.

El peligro de ese cambio de martirio tanto en el campo religioso como político, es de una gravedad extrema en nuestro mundo tecnologizado en el que basta una olla a presión para que dos muchachos inteligentes puedan crear muerte y terror.

Así como hoy es infinitamente más fácil que ayer crearse los propios instrumentos de muerte, también resulta más fácil y aterrador el que sin necesidad siquiera de una organización nacional o internacional, cualquiera, dispuesto al martirio, por su fe, pueda actuar por su cuenta, como un David contra el gigante Goliat.

El David del terrorismo puede ser cualquier creyente que considere que ese Goliat de la vida moderna, del vivir a la occidental, es incompatible con su fe y debe ser eliminado.

El terrorismo se convierte así en un ideal individual, lo eleva su peligrosidad a la enésima potencia, ya que cualquiera puede convertirse en una Al Qaeda y actuar por su cuenta y riesgo.

No necesitan ni consignas del exterior. Les basta la convicción de que, por ejemplo “no entienden a esos americanos” o “a esos europeos”. No los entienden y juzgan que no tienen el derecho de vivir de forma diferente a la que ellos viven, o les han obligado a hacerlo.

Eliminar al que no actúa como ellos ni en su fe ni en sus costumbres, se convierte en un imperativo individual de su propia fe, casi en un mantra, en una llamada del Altísimo.

Y es ahí donde reside la peligrosidad de ese moderno concepto de martirio, que no se conforma con su propia inmolación en defensa de su fe, sino que arrastra con él la exigencia de eliminación del diferente.

Sin entender estos engranajes complejos y milenarios de la fe tanto religiosa como ideológica, y de sus fanatismos, no conseguiremos dar respuesta a las preguntas que surgen cada vez que el terrorismo golpea al mundo moderno.

Si para el islámico, la inmolación que conlleva la eliminación de los otros supone renacer a un mundo sobrenatural mejor, para el terrorista ideológico, el terrorismo que conlleva en sus entrañas la muerte de inocentes, es vista, como decía el ideólogo italiano de las Brigadas Rojas, Toni Negri, como “el amanecer de la revolución”.

Difícil en esa explosiva mezcla de fe e ideología defenderse del terror que nos acecha a cada esquina.

Si fueron necesarios dos mil policías y la paralización de una ciudad como Boston, para capturar a un muchacho de 19 años convertido en terrorista, es fácil imaginarse lo que podría ocurrir si millones de fundamentalistas religiosos o ideólogos de la revolución, se convirtieran, por su cuenta y riesgo, en otros tantos candidatos a mártires.

Bin Laden sigue vivo en cada fanático capaz de renunciar a su vida por la causa por la que él acabó muerto. Y las inquisiciones de cualquier color que sean, siguen coleando en la historia. Olvidar esa cruda realidad, o intentar minimizarla, sería la peor de las decisiones.

No basta la psiquiatría para entender el moderno terrorismo. Tenemos que acudir a las degeneraciones de los catecismos de la fe o a los manifiestos ideológicos.

 

http://internacional.elpais.com/internacional/2013/04/20/actualidad/1366473896_561415.html

La promesa de Cristo en la crisis

Publicado: abril 20, 2013 en Teología

Óscar Margenet Nadal

58853_N_21-04-13-0-55-50 La iglesia de Laodicea era una congregación asentada en una ciudad próspera. Los laodiceanos eran autosuficientes. Consideraban no tener necesidad de nada.

21 DE ABRIL DE 2013

Al escribir esta nota estoy al tanto, como cualquier persona informada, de las últimas noticias que muestran el estado de convulsión en el mundo, y la crónica desde nuevos países que, hasta hace poco, se concentraban en llevar adelante su existencia pacífica; y que ahora son focos de racimos de crisis, por aquello que los expertos llaman “efecto contagio”.
Entrar en detalles de cada situación sería caer en el morbo. Pero, la crueldad con que estos males afectan a familias enteras, amerita investigar las causas que llevan a muchos conocidos a exclamar con angustia “¡Esta situación me va a matar!” y a nosotros mismos a ser acosados por sentimientos de inseguridad.
De algo podemos estar absolutamente seguros todos -y queda hartamente demostrado por si todavía teníamos alguna duda– y es que nadie, por autoridad que tenga o títulos que ostente, es dueño de la solución. De allí que nuestra hipótesis aquí sea: “no existe fórmula humana que solucione de raíz los problemas que padece la humanidad”.
Convengamos que todos los humanos pasamos por enfermedades o lloramos la partida de un ser querido; también, que cada día hay más gente que es amenazada por inflexibles acreedores. Es muy posible que, frente a situaciones como esas, oigamos frases como: “Nunca le hice mal a nadie ¿por qué Dios permite que me pase esto?”; “Si Dios es amor ¿por qué no me sana?”; “Con tantos malos vivos ¿por qué se llevó Dios a esta persona que era intachable?”; “Voy siempre a la iglesia, pero ahora me quitarán la casa ¿Se olvidó Dios de mí?”; y muchas otras, hasta el cansancio.
Duele leer o escuchar esas frases de boca de quienes ignoran u olvidan que Dios es el  “que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.” ( 1)
¿ESTÁ DIOS AUSENTE EN LAS CRISIS? La Escritura nos habla de un Creador que todo lo hizo bien y que creó al ser humano para que administrase su Obra. También, nos dice que uno de sus colaboradores cayó sin retorno por cuestionar la soberanía de Dios; y que, para vengarse, indujo a la pareja humana para que desobedeciera al mandato divino  (2) .
Todo el AT muestra a Dios formando un pueblo, Israel, para que otros pueblos llegasen a conocerle como el único Dios que reúne en sí mismo al amor, la santidad y la justicia. En lo individual, la historia de Job es un claro ejemplo donde Dios revela tener un propósito eterno; con él da un sentido superior a la vida; y lo cumple a favor de sus escogidos aún permitiendo el accionar de fuerzas del mal, a las que destruirá finalmente  (3) .
El pecado, al abundar y propagarse, nos hizo olvidar a los humanos que Dios nos ama. Él es una Presencia viva y soberana en todas las circunstancias  (4) . Esa presencia es real tanto cuando Su Plan eterno avanza glorioso como también en las crisis causadas por sus enemigos con intención de frenarlo.
Eso tenía muy en claro el apóstol Pablo cuando visitó Atenas; admirado por la idolatría de la civilización más culta de la tierra; en el Ágora, se anima y predica a los filósofos griegos:
 “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. (…) Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.” (5)
El anciano apóstol Juan, poco antes de morir, recibe el mandato divino:  “Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas.” (6)
La Revelación (o Apocalipsis) es donde él escribe sobre las siete iglesias cuyas condiciones tipifican a todas las iglesias locales que existieron y existirán a lo largo de la historia, obviamente incluyendo las actuales  (7) .
Se describe a la iglesia en Esmirnacomo caliente; ardía como fuego en su celo; su fidelidad hasta la muerte era refulgente como un horno encendido a pleno. A Sardis se la describe tan gélida como el hielo. La última de las siete, Laodicea, era tibia; ni fría ni caliente  (8) .
Según podemos leer en cualquier fuente seria, la de Laodicea era una congregación asentada en una ciudad próspera, famosa en toda la región por su industria indumentaria de lana y por producir un efectivo colirio para los ojos.
Los  laodiceanos  se llevaban bien con todos y eran autosuficientes. Consideraban no tener necesidad de nada; es decir, creían estar bendecidos por el estatus alcanzado. Posiblemente estaban democráticamente organizados; por lo cual algunos miembros tenían inclinación por un líder, otros por otro, y había aquellos que no tenían preferencias o eran líderes de sí mismos. Pero todos diluían la Verdad con las tradiciones heredadas y con mandamientos humanos. Como resultado, nadie prestaba atención a la autoridad de la Palabra de Dios.
Por eso, no sobresalían por su fortaleza o por estar alertas frente a la crisis. Eran como aquél hombre que pierde los remos y su bote es llevado por la furiosa corriente; entonces, desesperado ruega: “Buen Señor, ayúdame; buen Demonio, ayúdame”  (9) .
Esta condición es nauseabunda para el Señor. No la tolera. Por eso les advierte que los vomitará de su boca  (10) .
Si leemos con detenimiento este pasaje veremos que la clave de todo está en esta declaración del Señor de la iglesia ( “el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios” ): “reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete”  (11) 
Notemos que no es una declaración de venganza por las transgresiones y ofensas de esa iglesia. Por el contrario, es la de un padre amoroso que corrige severamente a sus hijos para que no se pierdan. Muchas veces los padres estamos tentados a dar más cosas a un hijo desobediente con tal de aplacarlos en sus crisis de rebeldía (y que nos dejen en paz). En otras ocasiones, después de intentar contenerlos (y de contenernos) terminamos explotando con ira y los castigamos movidos por ella. El Padre celestial no obra así con nosotros.
¿Qué padre que realmente ama a sus hijos no sufre cuando los corrige?
El amor de Dios lleva al arrepentimiento genuino, única manera para ser perdonados.
La figura central es la de ese paciente Señor llamando a la puerta de la iglesia que lo ha dejado afuera.
 “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”  (12)
Notemos bien: mientras camina entre las luces del candelabro el Señor llama a los corazones de los miembros alejados o hipócritas; les pide que lo dejen entrar y les promete una íntima comunión espiritual a quienes le reciban. No está llamando a la puerta del corazón de un pecador irredento. Equivocan el sentido escritural quienes utilizan este pasaje para predicar a los incrédulos.
¡Jesucristo está llamando exclusivamente a la puerta de Su iglesia; al corazón del pastor, de los ancianos, de los encargados de los distintos ministerios, de los diáconos y de cada uno de los miembros de esa congregación que se autodenomina “cristiana”!
Esta es la manera en que, a menudo, Él hace sonar el timbre de la puerta espiritual en los hogares de los cristianos nominales cuyos oídos están prestos a escuchar los llamados de la moda, el placer, la ambición o los negocios; pero, que por esa razón, ya no prestan atención a los reiterados timbrazos de Quien pacientemente pasa una y otra vez, se detiene y llama con insistencia a quienes ama y le han dejado afuera. Él desea entrar.
Algunas veces Él llama por medio de la enfermedad, otras por medio de pérdidas financieras, y otras por una muerte en la familia. La enfermedad, la pérdida material y la muerte son reales y se sufren; pero los de la casa no siempre vemos en ellas que es el Señor quien está llamándonos.
Si en medio de una crisis nos diésemos cuenta que es el Señor quien nos llama a través de ella, no demoraríamos en abrirle la puerta.
Si le abrimos, comprobaremos que su promesa es fiel y verdadera: Él entra, quita la tibieza interior con su cálida presencia; nos brinda su inigualable comunión y con ella trae consuelo, paz y total confianza en sus propósitos.
Finalmente, notemos la importancia de la Palabra de Dios para las iglesias. Siete veces Cristo llama a las iglesias a oír lo que el Espíritu está diciendo.
Si las iglesias dejan de escuchar la voz del Espíritu mediante la Palabra, empiezan a escuchar las voces de los falsos maestros y se alejan de la verdad. No neguemos la fe, aunque nos cueste la vida. Guardemos Su palabra y no neguemos Su nombre.
Sin la Palabra de Dios no hay vida ni esperanza para las iglesias.
 “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.” (13)
Demos gracias a nuestro Padre celestial porque en medio de toda crisis Él permanece fiel, es nuestro pronto auxilio y nos recompensará si perseveramos hasta el fin  (14) .
————————————————————– Notas  Ilustración: los momentos de crisis son oportunidades para reflexionar y cambiar.  Link .
 1. Mateo 5:45   2. En los primeros capítulos del Génesis tenemos el origen del propósito divino desarrollado luego en toda la Biblia   3. Este libro enseña que Satanás existe y que es un ser creado que no hace nada que Dios no le permita; y que los seres humanos solemos confundir las riquezas materiales con las bendiciones de Dios (aunque de Dios sean el oro, la plata y todo lo que hay en el planeta, Él da dones a cada uno como Él quiere) y creer que los valores morales son méritos humanos que obligan a Dios a actuar en nuestro favor   4. Lucas 12:6,7   5. Recomiendo leer todo este incidente en Hechos 17:16-34   6. Apocalipsis 1:19   7. Ibíd. 2 y 3   8. Ibíd. 3:14-22   9. Comentario Bíblico- Volumen XII, El Apocalipsis, por B. H. Carroll, Ediciones CLIE, ISBN 84-7645-221-7   10. Ibíd. 3:16   11. Ibíd. 3:14 y 19   12. Ibíd. 3:20   13. Ibíd. 3:21   14. Salmo 46:1; Mateo 24:13

Autores:  Óscar Margenet Nadal

©Protestante Digital 2013

Sufriendo con Boston

Publicado: abril 20, 2013 en Sociedad

Juan Francisco Martínez

Sufriendo con Boston

 Quisiera sugerir que los eventos en Boston nos obligan a reflexionar de otra manera a la que se está produciendo.

21 DE ABRIL DE 2013

La gente en EEUU hemos pasado esta semana pasada siguiendo el desenlace de los eventos en Boston. Desde las explosiones el lunes pasado hasta la captura del segundo cómplice el viernes por la noche el país ha estado pegado a los medios de comunicación social.
Entre la zozobra, el interés macabro y nuestro dolor nacional hemos sufrido con los ciudadanos de Boston, recordando, de nuevo, que no estamos exentos de ataques, aun aquí en los EEUU.
Estamos contentos que los de Boston podrán descansar y seguimos orando que Dios esté presente con los que están doliendo y que traiga su paz a los que viven en la ciudad.
Entre los reportajes que se hicieron después de las explosiones del pasado lunes, estuvo uno que enfocó en el hecho de que los humanos tendemos hacia la negación cuando ocurre algo como esto.
En vez de reconocer que esto nos podría ocurrir a cualquiera comenzamos a racionalizar y “explicar” como es “imposible” que nos ocurriera algo similar a nosotros.
Este proceso mental nos da un sentido falso de seguridad y concluimos que nosotros nunca podríamos ser víctimas de eventos similares.
Quisiera sugerir que los eventos en Boston nos obligan a reflexionar de otra manera a la que se está produciendo.
En primer lugar, necesitamos recordar que personas en otras partes del mundo viven en medio de este tipo de inseguridad social. El mismo día del ataque de Boston hubo un bombardeo en Irak que mató a muchas más personas.
Este tipo de violencia es la experiencia común de muchos. Como cristianos necesitamos orar y trabajar por la paz y la seguridad en todas partes del mundo, especialmente en aquellos lugares donde casi parece ser parte del pan diario.
En segundo lugar, necesitamos reconocer que la seguridad es una ilusión. Los que vivimos en EEUU tendemos a creer que con suficiente inversión podemos crear la seguridad. Sin embargo, momentos como estos necesitan hacernos reflexionar.
En cualquier momento podría ocurrir un desastre que nos podría quitar la vida.
Nuestra vida terrenal es un regalo divino, pero terminará. A pesar de todos nuestros esfuerzos el 100% de los humanos hemos de morir. Nos podemos cuidar físicamente y podemos desarrollar sistemas de protección. Pero nadie evitará la muerte.
Es por eso que el salmista nos invita a “contar nuestros días” (Salmo 90:12). Es en el proceso de reconocer nuestra mortalidad que podemos encontrar la sabiduría para vivir nuestra vida terrenal a plenitud.
Que el Señor nos ayude a sufrir con los que están sufriendo en Boston, pero también a confesar que nuestra vida no está en nuestras manos.

Autores:  Juan Francisco Martínez

©Protestante Digital 2013


Leonardo de Chirico

Francisco encadena la Biblia a Trento

 El catolicismo romano cree que el Magisterio de “la” Iglesia tiene la autoridad definitiva sobre la Escritura. Esto es lo que también cree el papa Francisco.

Después de un mes de continuos acontecimientos alrededor del Vaticano, ha llegado el momento de cambiar a un estado de ánimo más rutinario.
El papa Francisco ha llamado tras su elección mucho la atención de los medios de comunicación y ha enviado varios mensajes de cambio y de renovación. Una vez pasada la sorpresa inicial, los diferentes departamentos vaticanos han llegado a un acuerdo para que haya un papado menos pomposo y el mismo papa está empezando a dar forma a sus propios puntos de vista en un gran número de cuestiones que estaban pendientes en la agenda vaticana.
Después de la primeras semanas marcadas por lo que parecía ser nuevo y extraordinario, el papa Francisco ha empezado ahora a hacer lo que un papa hace normalmente en Roma, p.e., presidir diferentes eventos litúrgicos, recibir a las delegaciones internacionales, reunirse con los obispos procedentes de todo el mundo, hablar en diversas ocasiones, etc.
El ritmo normal del papado está empezando a emerger. Tras haber utilizado un lenguaje más “pastoral” en su primera homilía que pareció gustar a todo el mundo, la inclinación más teológica del pensamiento de Francisco se ve a medida que tiene más oportunidades de pronunciar discursos en variadas formas.
Una de estas primeras ocasiones fue una disertación que hizo el 12 de abril a los miembros de la Pontificia Comisión Bíblica, convocada en el Vaticano para discutir sobre el tema “La inspiración y la verdad de la Biblia”. Este es un resumen de la dirección del pensamiento teológico de Francisco y algunas observaciones sobre este asunto tan importante para todos los cristianos en general, y para los evangélicos en particular.
LA TESIS DE LA NO IDENTIDAD Después de encomiar a la Comisión por la elección del tema, el papa destacó la naturaleza de la Escritura y su relación con la Palabra de Dios. La Biblia, según Francisco, es “el testimonio en forma escrita de la Palabra de Dios”. La Escritura no está asociada con la Palabra de Dios en correspondencia exacta, sino que es más bien percibida como un testimonio de algo co-inherente, aunque diferente.
Siguiendo este comentario, el papa añade que “la Palabra de Dios precede y supera la Biblia”. En otras palabras, el Papa no aprueba una visión identitaria entre la Escritura y la Palabra pero apoya un punto de vista dinámico de la relación entre la Palabra de Dios y la Biblia, por lo cual la Escritura atestigua la Palabra que es anterior y va más allá de la Biblia. La Palabra está presente en la Biblia pero no está confinada a la misma.
En la Palabra se habla y se indica de la Biblia pero las dos visiones no coinciden, puesto que la Biblia es solamente un testigo (parcial) de la (más completa) Palabra. De acuerdo con este criterio, lo que la Biblia dice es lo que la Palabra dice, pero lo que la Palabra dice no es necesariamente lo que la Biblia dice.
Francisco reconoce correctamente que el centro de la fe cristiana es una “persona” y no un libro, es decir, la persona de Jesucristo, la encarnada Palabra de Dios.
Sin embargo, la deducción es que “el horizonte de la divina Palabra (o sea, Jesucristo) abarca la Escritura y se extiende sobre ella”. En un lenguaje más técnico, Francisco continúa diciendo que la Biblia es el “memorial canónico que da fe del evento de la Revelación”. La frase necesita un poco de desembalaje teológico pero resulta claro que el lenguaje “memorial” acoplado junto con la noción de “atestiguación” apoya la opinión de que hay una brecha entre la Biblia y la Palabra de Dios. No hay nada original en esta consideración; ha sido el estándar teológico de la Palabra defendido por el Iglesia católica desde el Vaticano II.
LA ESCRITURA ESTÁ SUJETA A LA IGLESIA Una vez que la identidad entre la Palabra y la Biblia es rechazada y sustituida por el dinamismo de una Revelación “viva” que supera a la Biblia, surge la necesidad de un árbitro que sea capaz de reconocer la Palabra viva dentro y fuera de la Biblia.
Mientras que el liberalismo protestante somete la Biblia a la sentencia final de la conciencia o de la razón, el catolicismo romano cree que el Magisterio de la Iglesia tiene la autoridad definitiva sobre la Escritura. Esto es lo que también cree el Papa Francisco.
Al citar al Vaticano II (lo que es en realidad una cita del Vaticano I), dice que “todo lo que se ha dicho sobre la forma de interpretar la escritura está sometido al juicio definitivo de la Iglesia, que lleva a cabo la comisión y el ministerio divino de custodiar e interpretar la Palabra de Dios” ( Dei Verbum , 12).
Naturalmente, aquí Francisco está recordando el punto de vista católico romano de que hay una profunda unidad entre la Escritura, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia hasta el punto de que uno no puede medirse con los otros dos y viceversa.
El punto crítico es que el Magisterio representa la única voz “viva” de la Palabra y su interpretación de la Escritura es lo que en realidad importa y lo que finalmente cuenta.
De este modo, en lugar de dejar que la Escritura hable a la Iglesia y por encima de la Iglesia mediante el Espíritu, la Iglesia es la única voz autorizada de la Palabra, la cual está atestiguada en la Biblia y que también se extiende más allá de la misma.
El Papa cita de nuevo el Vaticano II (que a su vez cita el Concilio de Trento) cuando dice que “no es de la Sagrada Escritura sola que la Iglesia recibe su certeza acerca de todo lo que ha sido revelado. Por tanto, la tradición y la Sagrada Escritura están para ser aceptadas y veneradas con el mismo sentido de lealtad y reverencia”( Dei Verbum , 9).
Habrá otras oportunidades para que el Papa Francisco aborde temas teológicos y pueda expresar sus opiniones. No obstante, este discurso a la Pontificia Comisión Bíblica es una indicación del hecho de que el Papa presumiblemente no traerá el cambio a los asuntos fundamentales doctrinales y que es más bien conservador en su actitud teológica católico romana. Realmente, en el énfasis y el tono de la disertación parece que está dispuesto a dibujar una línea entre lo que la Iglesia Católico Romana cree y la “Sola Escritura”, que es el principio de la fe protestante.
 Traducción: Rosa Gubianas

Autores:  Leonardo de Chirico

©Protestante Digital 2013


Un pentecostal latino

‘Time’: un pastor evangélico entre las 100 personas más influyentes del mundo
Se trata de Wilfredo De Jesus, de las Asambleas de Dios, que vive y realiza su labor pastoral en Chicago.

 EE.UU.

En un reportaje que ha salido a la venta en el  número de hoy , la conocida revista Time presenta su ya tradicional lista anual de las 100 personas más influyentes en el mundo, que incluye a artistas, líderes políticos o ideológicos, personas pioneras, e iconos sociales.
Entre los nombres que la revista norteamericana Time ha colocado entre las 100 personas más influyentes de 2013 en nuestro planeta hay un pastor pentecostal: Wilfredo De Jesus.
Están en la lista el presidente de EE.UU. Barack Obama junto a la primera dama Michelle, la luchadora por los derechos de la mujer en el islam Malala Yousafzai, el papa Francisco, el director de cine Steven Spielberg, y el italiano Mario Draghi (presidente del Banco Central Europeo). El primer evangélico que figura con motivo de su fe es el pastor pentecostal Wilfredo De Jesus, conocido como Pastor Choco.
No hay ningún español en la lista.
SEGUNDA APARICIÓN EN EL “TIME” De Jesus había estado ya en la revista Time este pasado 15 de abril, en las páginas interiores, en el artículo titulado “La reforma de América Latina”, que abordó el tema del crecimiento de los latinos evangélicos en los EE.UU.
“Estar en una revista como Time -conocida en todo el mundo – dos veces en un mismo mes, es un honor, pero sin duda supone también una perspectiva que debe llevarte a la humildad”, dijo De Jesus.
“Es una gran distinción porque significa haber sido puesto junto con personajes que han hecho muchas cosas importantes, y esto a su vez implica la gran responsabilidad de ser la figura que representa al Reino de Dios y la denominación de ‘Asambleas de Dios” ante la sociedad.
UN PASTOR “A PIE DE OBRA” De Jesus es el pastor principal de Ministries New Life Covenant , una de las iglesias más grandes de EE.UU, que está ubicada en Chicago y es parte de la denominación de las “Asambleas de Dios”.
Las Asambleas de Dios es una denominación pentecostal presente en el mundo entero, y uno de los grupos evangélicos de mayor desarrollo y crecimiento en todo el planeta.
Cuando en julio de 2000 De Jesus se convirtió en pastor de esta iglesia local contaba con 120 miembros.
Hoy en día New Life Covenant tiene 17.000 miembros, que no sólo desarrollan su actividad espiritual sino también una intensa obra social, con 130 líderes y proyectos involucrados directamente en ayudar a los más necesitados.

Fuentes:  Time, Buonanotizia

Editado por: Protestante Digital 2013