Kent Albright: la iglesia multicultural tiene retos, nunca desventajas

Publicado: junio 6, 2013 en Iglesia

Jacqueline Alencar

Kent Albright: la iglesia multicultural tiene retos, nunca desventajas

 Espero que mi trabajo sirva para amainar las tensiones y asperezas que se han vivido cuando nuestras iglesias se han vuelto tan étnicamente plurales y multi-culturales en tan poco tiempo

 

Hoy hablamos con Kent Albright, de Wichita (Kansas). Es pastor de la iglesia bautista de Santa Marta de Tormes, en la provincia de Salamanca. Lleva ya 13 años en España, y está casado con Belén López Álvarez, una salmantina que apoya ampliamente su labor pastoral. Es antropólogo y acaba de obtener el doctorado en la Universidad de Salamanca abordando el impacto de la inmigración en las iglesias evangélicas de Castilla y León.

Pregunta.- Acaba de leer su tesis sobre un tema nada usual en las universidades: “El impacto cultural de la inmigración latinoamericana en las iglesias evangélicas de Castilla y León: un análisis de la encrucijada de nuevas culturas cristianas”. ¿Qué le llevó a elegirlo?
R.-Es cierto que es un tema poco estudiado a nivel universitario, pese al interés sociológico en las iglesias de etnia gitana. Se generalizan sobre todas las iglesias basadas en las dinámicas encontradas en las iglesias de Filadelfia, especialmente en los documentales televisivos. Es cierto que estas iglesias representan un gran porcentaje del total global, pero distan mucho de las iglesias payas en las maneras de celebrar cultos y vivir en comunidad. Era esta la realidad que encontré cuando empecé a adentrarme en los primeros estudios que realicé, el estudio piloto sobre las iglesias de Salamanca, por ejemplo.
Mi interés inicial brotó de lo que vivíamos propiamente en nuestra congregación de Santa Marta de Tormes de Salamanca. Quise saber cómo resolvían conflictos interculturales en otras iglesias de la comunidad autónoma, pero al investigar sobre este fenómeno descubrí que una fotografía socio-demográfica sobre dichas iglesias prácticamente no existía. El poder presentar al mundo académico, al pueblo evangélico-protestante y al público en general una visión actual de este colectivo, con pormenores sobre su composición confesional y demográfica, me motivaba a emprender un viaje de investigación que me ha consumido más de siete años en realizar.

P.- ¿Podría resumirnos su trabajo? 
R.-Con este estudio quise conocer más de cerca y analizar las vivencias, considerando tanto los conflictos como los aportes positivos, de los latinoamericanos en las iglesias de Castilla y León. Para ello desarrollé unos instrumentos de investigación que consistía de dos cuestionarios, uno para pastores y responsables de las iglesias, otro para los mismos latinos integrantes en las congregaciones. Se sumaron a unas 73 distintas preguntas/variables que, al evaluar en profundidad sus respuestas, nos dieron una radiografía del cuadro que viven en la mayoría de las iglesias.
Además, esperaba crear un nuevo mapa de todas las localidades de las comunidades evangélico-protestantes en la comunidad. Previo al trabajo de la tesis había preparado un trabajo piloto sobre Salamanca y provincia para poder entender mejor cómo el vertiginoso crecimiento de las iglesias, tras dos décadas de inmigración, particularmente latinoamericana, creaba un nuevo ambiente a raíz de la confluencia de sus distintas culturas cristianas.
Tras un capítulo de conclusiones antropológicas, agregamos a la tesis un directorio de las 228 iglesias de la región por provincia, también clasificadas entre las 16 distintas confesiones evangélico-protestantes existentes durante el período de investigación (unos cuatro años, 2007-11).

P.- ¿Cuál cree que es su aporte para el mundo?
R.-Al culminar este proyecto he querido ayudar al pueblo evangélico-protestantea conocerse mejor, y también hermanar con más firmes lazos de comprensión entrelos distintos grupos que hasta ahora desconocían tan siquiera la existencia de muchos de sus otroshermanos en la fe. Espero, asimismo, que sirva para amainar las tensiones y asperezas que se han vivido cuando nuestras iglesias se han vuelto tan étnicamente plurales y multi-culturales en tan poco tiempo. Confío que otros investigadores tomen el relevo de las numerosas otras líneas de investigación que ha iniciado mi trabajo.

P.- ¿Qué papel histórico se puede resaltar del protestantismo de nuestra comunidad autónoma? ¿Pretende seguir profundizando sobre dicho pasado? 
R.-Desde las primeras etapas de la Reforma luterana, las tierras geo-políticas que hoy día componen las provincias de Castilla y León han aportado renombradas figuras en destacado legado de reformadores españoles, como podrían ser Francisco San Román (el primer mártir protestante quemado en la hoguera de Valladolid), Francisco Enzinas (el primer traductor del Nuevo Testamento al castellano), Fray Luis de León (Salamanca), Pedro de Osma (Burgos), Martín Martínez (Cantalapiedra, Salamanca), Gaspar de Grajal (Villalón de Campos, Valladolid), “Julianillo” Hernández (el contrabandista de textos bíblicos) o el Dr. Agustín Cazalla y su familia (el primer pastor protestante de Castilla).
Sin embargo, cualquiera que sepa de la historia reformista de la antigua Castilla La Vieja, sabe que ser protestante aquí no ha sido reto para cobardes. El Santo Oficio aniquiló rastro alguno de ideas reformadas hasta la “Segunda Reforma” de España, a partir de la revolución de 1868. De aquí surgen nombres tan admirados como George Borrow (1835-40), el Agente bíblico y traductor de Inglaterra, precursor de los evangélicos modernos; Juan Bautista Cabrera, el anglicano, fundador de la primera iglesia protestante en España (Sevilla), Emilio Martínez (Valladolid), Atilano Coco y Antonio Puchades (Salamanca), Agustín Arenales (Zamora), o Gabriel Sánchez (Segovia). Misioneros británicos brindaron a la obra infinito valor evangelista, como Eduardo Turrall, Federico Gray, Guillermo Wilies, Arturo Shallis o Ernesto Trenchard (misioneros Hermanos).
Es una pena que la mayoría de los creyentes de estas nueve provincias de Castilla y León apenas conozcan la rica historia de personajes y movimientos que nos han traído a estos días de libertad religiosa. Tenemos un formidable trabajo didáctico por delante, como pastores e historiadores. Es mi intención ampliar un capítulo de mi tesis sobre el trasfondo histórico de este noble pueblo a una nueva publicación, que lleva por nombre provisional,  “La Rosa de Sarón: El pasado y la actualidad evangélica de Castilla y León”.

P.- ¿Cuáles las ventajas y desventajas de la formación de iglesias multiculturales? 
R.-La principal ventaja es que reproduce en la Tierra un mini-cosmos de cómo es y cómo será la Familia de Dios en su mayor expresión. Como nos dice  en Apocalipsis 5:9 (13:7 y 14:6), el pueblo del Señor proviene de “toda tribu, pueblo, lengua y nación”. ¡Cuán hermoso es ver una sencilla congregación con tan variopinta composición! Nos ayuda a estirarnos culturalmente y llegar a conocer distintas maneras válidas de vivir, e incluso de “hacer iglesia”. También ofrece la capacidad de alcanzar distintos grupos étnicos en su ciudad, ofreciendo frescor y novedad a la hora de plantear nuevos ministerios.
Evidentemente la multiculturalidad de las iglesias tiene sus retos y dificultades —no las llamaría desventajas. Existe el reto, por ejemplo, de la atención pastoral de personas con diferentes cosmovisiones. La dificultad de múltiples idiomas es quizás el más obvio de los desafíos, pero otros como distintas expectativas en el ministerio, las formas de culto, los estilos de música y los requisitos para el liderazgo —todos crean un cultivo a veces para la desconfianza y serios malentendidos. No obstante, ninguno de estos retos tienen por qué ser insuperables si se tiene en cuenta los numerosos principios bíblicos que nos amonestan a ponernos en el lugar del otro, comprenderle y perdonarle (Fil. 2:4, por ejemplo).

P.- Se dice que la inmigración que llega a las iglesias traía un buen bagaje de dinamismo pero poco de formación bíblico-teológica, ¿es cierto? 
R.-Con estas generalizaciones hay que tener mucho cuidado. Los estilos de expresión dentro de un culto y las maneras de vivir en comunidad varían considerablemente de país en país, pero también entre distintas regiones y dentro de las mismas denominaciones. Que estén más o menos solemnes o dinámicas las reuniones no tiene por qué reflejar en su fondo o en su calidad teológicos. En rasgos muy generales se sabe que el perfil de Latinoamérica de por sí se caracteriza por más emoción y dinamismo en su vida social, y esto pasa a su forma de celebrar cultos, especialmente en la alabanza y estilos de música —si los comparamos a las típicas iglesias de más arraigo en España. Sin embargo, existen muchas denominaciones en los países iberoamericanos que prefieren la reflexión, contemplación y solemnidad. Al mismo tiempo, España se conoce por su música intensa y emotiva como puede ser el flamenco o las sevillanas.
Otro factor en la transformación de las líneas de adoración de las iglesias acusa a la poca presencia del cristianismo Pentecostal hasta recientes años. Llegaron por vez primera en 1923, pero no se extendieron nacionalmente hasta las últimas tres décadas. Tampoco eran latinos los primeros pentecostales en introducir cultos más dinámicos, sino suecos. De todas estas agrupaciones se encuentra menos formación teológica entre las iglesias de etnia gitana que en las otras, y como indicamos anteriormente, son una parte enorme de la totalidad evangélica de España. Y las iglesias de Filadelfia son de arraigo español, no de inmigrantes. La inmigración de los países del este europeo ha influido mucho también. La iglesia más grande de España ahora mismo es una iglesia de rumanos en Madrid.
Algunos grupos como las Asambleas de Dios ostentan importantes seminarios en España que ofrecen títulos superiores incluso. Eruditos teólogos con extensos ministerios en el país, como el peruano Samuel Escobar, también desmienten el estereotipo de superficialidad teológica latina. Así que, es quizás más tópico que realidad que la inmigración latina sea la principal causa de la actual transformación de esencia de los evangélicos en el día de hoy.

P.- ¿Han sido nuestras iglesias mediadoras en la sociedad en lo referente a temas como la convivencia entre los autóctonos y los inmigrantes? 
R.-Yo creo que la experiencia exitosa de convivencia en el seno de la mayoría de las iglesias evangélicas de España (en especial las de Castilla y León, que conozco mejor), son un auténtico referente para el resto de la ciudadanía española. Los principios bíblicos de mutuo respeto y comprensión han aportado una dinámica ambiental que ha favorecido enormemente la pacífica confluencia de culturas tan dispares y opuestas como la española y las variedades que se encuentran en Centro y Sudamérica.

P.- ¿Podemos olvidar tantas y tantas recomendaciones que hace Dios a través de su Palabra referente al trato que se debe dar al extranjero, al desvalido…? 
R.-Además de que en el mundo somos extranjeros y peregrinos; sólo estamos de paso. En absoluto. ¡¿Cuántas veces amonestaba Dios que no se olvidara al foráneo que habitaba entre el pueblo de Israel?! Les recordaba una y otra vez que ellos mismos habían sido extranjeros por 400 años en Egipto, y hasta los últimos años bajo Faraón habían recibido un trato favorable y ameno. Aunque los sociólogos dirían que solo son asuntos pragmáticos de funcionalidad y sobrevivencia, creo que trascienden con creces meras cuestiones socio-antropológicas. Van al grano de las verdades troncales de la doctrina medular de nuestras iglesias, al concepto de amor incondicional para todos los pueblos, y otros conceptos, como Francisca Capa de  Alianza Solidaria  ha señalado tan perspicazmente: 1) nuestra debida actitud hacia los inmigrantes (p.e., Lev. 19:34), 2); 2) nuestro deber de celebrar cultos sin diferencia ni prejuicios étnicos ni económicos (Núm. 9:14); 3) nuestra obligación de no aprovecharnos de la condición precaria y vulnerable laboral, moral o espiritualmente del inmigrante (Ex. 22:21), ó 4) el respeto que habríamos de demostrar a los Derechos Humanos fundamentales, su nobleza nacional y su dignidad personal (Deut. 24:17).

P.- ¿Concluye usted en su trabajo que el cristianismo se puede vivir de forma intercultural?
R.-No solo creo que se puede vivir de esa manera, creo que se debe hacerlo. Aunque por circunstancias ajenas a muchas congregaciones han de existir las de culturas homogéneas, quizás de un solo idioma, o de una única cultura (particularmente en el Tercer Mundo donde la globalización comercial o cultural no sea posible). No pretendo ser crítico de aquellas comunidades que desean vivir en una comunidad de líneas singulares, como puede ser una iglesia coreana o nigeriana, como las que se encuentran en Salamanca. Hay iglesias de finlandeses en Fuengirola y otras de habla inglesa en zonas donde predominan turistas británicos. Pero estas han de ser la excepción y no la regla. Y deben no solo estar abiertos a la interculturalidad, sino a buscar la integración de otros miembros que no sean de su propia índole. El creyente que no quiere convivir con otros de trasfondos distintos a los suyos, no entiende ni el espíritu de Cristo ni el propósito de Dios de ganar almas de todas las “naciones” (gr. etnias) del mundo (Mat. 28:19). Él ha hecho a todos los hombres de la tierra de “una sangre” para que “busquen a Dios” (Hechos 17:26-27). No olvidemos que Cristo está activamente en búsqueda de aquellas “otras ovejas” para que lleguen al conocimiento de la salvación (Juan 10:16).

P.- ¿La falta de entendimiento y de corresponsabilidades ha podido generar las iglesias étnicas? 
R.-Creo que existen varias causas para el surgimiento de iglesias étnicas en España durante los últimos años, entre ellas las que ya señalé. Los inmigrantes cristianos que han ido llegando han buscado un espacio de participación e integración en las iglesias autóctonas. Debido a la llegada en masa de muchos de estos, que han migrado principalmente por motivos económicos, no siempre fueron recibidos como esperaban. La sensación de rechazo llevó a muchos a fundar nuevas iglesias según las características a las que se habían acostumbrado en sus países. Podemos acusar cierta torpeza de algunos responsables en saber recibir y acomodar a la nueva inmigración, pero también del mismo inmigrante de no desear integrarse y adaptarse a una nueva cultura cristiana. Este último tal vez no pensaba en una larga estancia en el país, o, como en otros casos, creyó que su propia visión de la vida cristiana era superior a la del autóctono. En cualquier caso, el paso del tiempo, el mestizaje matrimonial y la madurez de los creyentes suele dominar, y a la postre crear espacios de armoniosa convivencia y pluralidad.

P.- ¿Cuál su experiencia como antropólogo y pastor de una iglesia que acaba de celebrar su décimo aniversario?
R.-Celebramos 13 años desde la organización de la iglesia en Santa Marta por lo que estamos muy agradecidos, y por los cuales sentimos la bendición del Señor. No pensábamos en su principio crear una iglesia multicultural. Solo quisimos fundar una iglesia, predicando el evangelio y discipular a las personas que se convertían. Desde el principio trabajábamos con personas de varias nacionalidades, aunque españoles eran los que predominaban. Poco a poco vimos que tensiones y conflictos culturales surgían y comencé a enseñar sobre la necesidad de comprender a los hermanos de otros países, sin tener que renunciar a su propia etnicidad ni costumbres autóctonas. Empezamos a celebrar la Fiesta Internacional en el año 2000, y ha sido desde entonces la actividad predilecta de todas. En ella celebramos por lo alto nuestra pluralidad cultural y a su vez nuestra unidad espiritual.
Al llegar estudiantes de la universidad desde otros países me di cuenta que esta manera de entender la vida cristiana, en pluralidad y mutua comprensión, era la preferida, pero que muy pocos estudios se habían hecho sobre el tema. Un estudiante sugirió que me presentara en su facultad para hacer un doctorado en antropología. El director del programa me animó a apuntarme, a pesar de mi edad (48 años), y de mi formación en estudios bíblicos y pastorales. En nuestra promoción había una monja brasileña de la Amazonía, así que me di cuenta que había un lugar en esta disciplina para investigadores religiosos. Curiosamente no había ningún estudiante, de la veintena que éramos, que se hubiera licenciado en antropología, ilustrando la gran multidisciplinariedad de la ciencia.
Durante los dos primeros años de docencia e investigación descubrí que la Antropología era un área de trabajo académico muy compatible con mis labores pastorales, y me aportaría muchas oportunidades de conocer al mundo evangélico desde otro punto de vista. Dada mi condición de extranjero, de estar en un matrimonio étnicamente mixto y de trabajar entre un pueblo de idioma distinto al mío materno, pensé que se me presentaba una oportunidad única para desenvolver una seria de investigaciones que sería provechosa, no solo para el mundo de letras, sino para el mismo pueblo evangélico de Castilla y León en particular. Mis estudios me han enriquecido enormemente, y creo que por filtración, a nuestra congregación también. Además, me halaga tener la oportunidad de seguir profundizando en estas cuestiones y crear nuevas radiografías socio-demográficas de nuestra gran familia espiritual.

P.- ¿Por qué eligió España para su labor misionera? 
R.-Yo crecí en el ambiente de una iglesia bautista que creía fuertemente en misiones y en promover el evangelismo mundial. Traían muchos misioneros  cada año para presentar su obra. Desde una tierna edad Dios había condicionado mi corazón para presentarme como obrero suyo más allá de las fronteras de mi país. Mientras me preparaba para ser misionero en el instituto bíblico, otros muchos misioneros presentaban las necesidades de sus pueblos y países, pero una charla de apenas quince minutos dada por unos misioneros en España se me clavó en el corazón. Después de un tiempo de oración y ayuno, me presenté en mi iglesia para declarar mi llamamiento a colaborar en la obra en España, cuando el Señor me abriera la puerta. Años pasarían hasta que llegara (más de quince), pero nunca renegué de esa vocación y doy gracias al Señor por haberme dado el privilegio de sumarme, juntamente con mi esposa salmantina y mis hijas, al proyecto de Dios en nuestra querida España. Ha sido un honor y un privilegio también nacionalizarme como ciudadano español hace seis años.

P.- ¿Cómo piensa que debemos afrontar la crisis que vive España? ¿Están blancos los campos? 
R.-Como creyentes tenemos varios recursos para poder afrontar las penurias que castigan a España hoy en día. Tenemos, por ejemplo, la promesa de la permanente presencia de Señor para consolarnos y traernos su paz en medio de la angustia y ansiedad. La Biblia nos habla de otras muchas herramientas para poder mantener el sosiego y la tranquilidad a pesar de la falta de empleo y las limitaciones que presenta la actual economía. Pero también creo que el cristiano evangélico debe aprovechar estos momentos de algunas de las siguientes maneras: 1) ejercer compasión hacía los más necesitados en su congregación; 2) demostrar el amor de Dios para con sus prójimos pasando también estrecheces y dificultades; 3) invitar al que sufre a buscar a Dios cuando el gobierno es impotente a prestarle ayudas; 4) abrazar la oportunidad de sufrir, como muchos de nuestros hermanos viven a diario en el Tercer Mundo, 5) mantener la perspectiva —todavía no hemos llegado al extremo que vivían nuestros antepasados durante la Guerra o la pos-guerra, sin hablar de siglos anteriores, 6) orientarnos para priorizar el valor de las cosas materiales, y 5) poder sentir un poco del dolor y sufrimiento que Cristo padeció por nosotros.
Los campos están blancos (Mat. 4:35) y dos tercios del mundo está todavía sin ser evangelizado. Si sabemos algo de la historia, sabemos que el evangelio se ha extendido más durante períodos de opresión y persecución que durante tiempos de prosperidad y libertad. Esta actual etapa de aflicción no ha de sorprendernos; Jesús dijo, “En el mundo tendréis aflicción” (Juan 16:33). Sino que hemos de ceñirnos para el trabajo que nos atañe, y echar manos a la obra, anunciando el evangelio por los cuatro vientos. Los corazones son más sensibles que nunca y más dispuestos a escuchar palabras de esperanza y salvación. Es nuestra gran oportunidad para llevarlas a almas desesperadas.

P.- ¿Cuál es la misión de la iglesia en este siglo XXI? 
R.-Diría que es la misma que ha sido desde el principio de la era cristiana, de proclamar a Cristo a cada nación, y vivir como pequeños Cristos delante de ellas. Mucho debate se ha desatado sobre esta cuestión desde hace tiempos inmemoriales. A veces se inclinan por una respuesta más humana, o sea, de vivir el evangelio en la sociedad por medio de buenas acciones y solidaridad social. En otros el péndulo se mueve hacía un énfasis casi exclusivo en el evangelismo. En otros la lucha se ha percibido como una batalla contra el error y la herejía, he aquí la Reforma. No pienso resolver esta discrepancia en un instante, ya que cada generación ha de luchar sus propias batallas. Pero estoy convencido que la predicación de la Palabra por todos los medios alcanzables ha de ser siempre una prioridad. Vinculada directamente a esta prioridad, no obstante, está la necesidad de demostrar el amor de Cristo en maneras tangibles a un mundo dolorido. Hemos de ser Buenos Samaritanos independientemente de nuestra estación en la vida o momento histórico. Nuestra mayor baza a la hora de testificar es nuestro propio comportamiento. Que vean por medio nuestro, “Cristo, la esperanza de la gloria” (Col. 1:27), y nada ni nadie podrá impedir la marcha imparable de su Iglesia y del establecimiento continuo de nuevas iglesias locales para seguir su Obra.

P.- ¿Cree que los evangélicos debemos participar más en la arena pública, en
los medios de comunicación… para opinar sobre temas que nos atañen, como
la libertad religiosa, educación, familia, justicia social, etc.? 

R.-¡Indudablemente! Existen varias palabras en el Nuevo Testamento griego que traduce la proclamación del evangelio (trece, para ser exacto). Creo que hemos de seguir en esta misma trayectoria, anunciando, proclamando, publicando y difundiendo la Palabra de Dios por todos los medios posibles. Los aportes tecnológicos prestan cada vez más técnicas para extender el mensaje de Dios a un mundo perdido. Pero este deber se aplica a todas las áreas de influencia social. No debemos encubrir nuestra llama, hay que poner nuestra luz sobre un candelero para que alumbre todos los rincones del mundo. Que todos vean nuestras buenas obras y glorifiquen a nuestro Padre por ellas (Mateo 5:15).
Necesitamos cada día más en España, comunicadores, escritores, periodistas y activistas que apliquen los principios bíblicos a los dilemas éticos de una sociedad perturbada y confundida. Más de 120.000 españoles se matan cruelmente cada año, masacrados sin defensa, sin protección y sin lamento en su mayoría. ¿Dónde está la voz de los evangélicos que se opone al aborto, que defiende la familia, que lucha por la justicia? Más que nunca hemos de entrar en el ágora del pueblo para elevar el estandarte de Dios frente a los males de la sociedad, y proclamar libertad para el cautivo, esperanza para el desfallecido y condenación para el malvado, “que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él” (2 Tim. 2:25-26).

Finaliza la entrevista. Gracias, Kent, por sus valiosas aportaciones sobre el pasado evangélico de nuestra comunidad castellanoleonesa y, sobre todo, por esas esperanzadoras conclusiones acerca de que los evangélicos de esta región luchamos por convivir pacíficamente, intentando amarnos a pesar de nuestras diferencias étnicas, para ser unos cristianos como Dios manda.

Autores: Jacqueline Alencar
©Protestante Digital 2013

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