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Revelación, iglesia y crisis

Publicado: junio 13, 2013 en Teología

Óscar Margenet Nadal

59398_N_12-05-13-1-31-52Lo cierto es que la crisis de la iglesia de Jesucristo sólo puede comprenderse leyendo el Apocalipsis.

 

El último de los apóstoles de Jesucristo, siendo ya anciano, conservaba su lucidez mental y seguía escribiendo. El Espíritu que le había guiado a redactar uno de los cuatro evangelios, y tres maravillosas cartas universales, todavía le tenía reservada la tarea de escribir un libro realmente extraordinario.

Juan, aquél muchacho que llegó a ser considerado “el discípulo amado”  (1)  del Maestro de Galilea, y en quien delegara el cuidado de su madre desde la cruz  (2) , padece el exilio por su inquebrantable fe en Cristo. Está en la isla-prisión de Patmos, donde el emperador Domiciano lo confinó por muchos años hasta que murió en el 96, antes de regresar a Éfeso. Otrora el vivaz discípulo que junto a su hermano Santiago recibiera de Jesús el apodo de “hijos del trueno”  (3) , tendría presente la respuesta del Señor resucitado a la pregunta de Pedro “¿y qué de éste?”  (4) . Atrás quedaban los fuertes impactos causados por las noticias de que Pablo, y luego el mismo Pedro, habían sido ejecutados en Roma por el cruel imperio pagano.

Ahora, Juan está frente a una circunstancia que jamás podría haber imaginado. El fragor de la persecución y la muerte de miles de mujeres y hombres fieles a Jesucristo están a la orden del día. Este prisionero cargado de años, último sobreviviente de los doce elegidos por el Señor para iniciar el gran cambio en el mundo, está orando y meditando en el día del Señor. Es en esa situación que el Espíritu le habla y descorre ante él una visión que deberá escribir por mandato divino. Esa impresionante revelación será el libro elegido por Dios para cerrar el canon de la Biblia. 

En toda la literatura humana no hay libro escrito por mano humana que sea semejante al Apocalipsis.

Este libro –que trae bendición al que lo lee  (5) – es paradójicamente leído por muy pocos. Se le rehúye aduciendo que es difícil de entender, y hay quienes lo leen y lo interpreten de manera arbitraria.

Lo cierto es que la crisis de la iglesia de Jesucristo sólo puede comprenderse leyendo el Apocalipsis. 

UNA CRISIS DE TODOS LOS TIEMPOS
La visión que recibe el apóstol Juan no es una profecía para interpretarse de manera privada; por el contrario, es para ser compartida. Fue escrita para animar a los cristianos en su hora más dura. Ha sido clave para los creyentes de las siete iglesias a las cuales fue destinada inicialmente, y – por veinte siglos- para los de cualquier iglesia local que se considere parte del cuerpo de Cristo.La Revelación del Señor Jesucristo viene en los tiempos del Soberano Todopoderoso como oportuna medicina al cuerpo sufriente.

Este libro es clave para una iglesia en crisis. Porque ninguna iglesia cristiana –por bendecida que se considere- ha vivido, vive, o vivirá fuera de la crisis. No existe ningún limbo terrenal para el cristiano.

Mi modesto propósito es enfocarnos en este libro incomparable, sabiendo por testimonio de muchos –no sólo del propio- que es de fortaleza en la hora de aflicción, diáfana luz en días oscuros, consuelo seguro en el profundo dolor, esperanza gloriosa en la ansiedad y confianza plena en medio de la incertidumbre.

En este artículo inicial habremos de aproximarnos al carácter del libro y veremos en qué consiste la visión y qué se le revela al escritor.

SÍNTESIS INTRODUCTORIA DEL LIBRO
El versículo 19 del primer capítulo es la definición que el propio Señor Jesucristo nos provee: “Escribe, las cosas que has visto, y las cosas que son, y las cosas que han de ser después de estas.”  Como vemos, hay tres características de la revelación, cada una de ellas acotadas a un tiempo prefijado por Dios.

La primera las cosas que Juan vio,  es la referida a la visión citada en los versos 12 a 16 inclusive.

La segunda,  “las cosas que son” ; a ellas se hace referencia en los capítulos 2, 3, 4 y 5. Esta segunda característica, sobre la que ampliaremos, contiene dos aspectos reales a tener siempre en cuenta:

a)  Una escena desalentadora; que revela con realismo el estado de las iglesias a nivel terrenal. No es un informe eclesiástico presentado a Juan por los responsables de esas iglesias. Es nada más, ni nada menos, el informe que Dios presenta a los responsables de esas iglesias. No son las cosas “según yo las veo” sino “como las ve Dios”. El panorama visto así resulta desalentador en extremo.

b)  Una escena alentadora; la encontramos en los capítulos 4 y 5. Notemos que entre  las cosas que son , hay una escena celestial que revela el trono de Gracia, con todos sus agentes operando en favor de las iglesias imperfectas. Aquí encontramos, finalmente, una visión alentadora.

La tercera característica del libro,  las cosas que han de ser después de estas  comienza a ser desarrollada en el capítulo 6 y llega al final del libro. Es la parte profética, lo que el Espíritu revela a Juan que habría de suceder de allí en más. Por razones de tiempo y por no ser el objetivo de estas reflexiones, no habremos de considerarla en esta oportunidad.

Como veremos, el libro bien podría haberse denominado Revelaciones pues hay en él una serie de ellas y todas diferentes entre sí, que hacen a la gran revelación que recibe Juan para transmitir a los creyentes.

LA PRIMERA REVELACIÓN 
Lo primero que Juan vio es el pasaje ya mencionado, leamos:

 “Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro, y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza.” (6)

Esta es la primera gran revelación del libro. Juan ve a nuestro Señor en Su gloria y en Su relación con las iglesias y pastores. Es una revelación de nuestro Señor no en Su humillación, o en el estado que tenía antes de venir al mundo, sino en Su humanidad glorificada.

¿De qué manera influye en nuestra relación con Dios, nuestros semejantes y nuestro medio, la imagen que tenemos de Cristo? ¿Es Jesucristo en mí solo una imagen?

La visión de Cristo que tenemos en este texto contrasta con la que aún se tiene en muchos sitios del mundo de habla hispana, después de quinientos años de la llegada de los conquistadores desde España.

Como bien explica Samuel Escobar al comienzo de su notable libro “En busca de Cristo en América Latina”  (7) , hay una serie de figuras de Cristo en el dilatado territorio del Nuevo Mundo que provienen del ideario español: del niño acostado en un pesebre rodeado de animales, pastores y  reyes magos ; del niño en brazos de su madre ataviada como reina suspendida en áureo cielo; del cuerpo escuálido, lacerado y sangrante colgando exánime del madero. Estas figuras fueron, a su vez, mezcladas localmente con muchas otras paganas (animistas o panteístas), generando visiones distorsionadas, y en algunos casos hasta diabólicas, por doquier.

La cristianización incompleta de un continente dejó afuera al Cristo resucitado y glorioso que, sentado en el trono, ha tomado toda autoridad antes de consumar la tarea de completa liberación en su regreso.

Muchos cristianos usan sólo su memoria cuando piensan en Jesús. El día de su bautismo o en la cena del Señor piensan en Él como el que nació en Belén, un bebé en el pesebre, un niño en el templo, cuando fue bautizado en el Jordán, o cuando el Espíritu le guiaba como maestro a enseñar a las gentes por medio de parábolas o para realizar milagros. O lo piensan en la cruz, o en la tumba; todo en el pasado.

Recuerdo que la mayor parte de mi infancia y de la adolescencia, la figura que más acariciaba en mi mente era la de Jesús como pastor de ovejas, siendo yo una de ellas. De hecho, seguramente influyó en mí la prédica de aquél querido misionero británico –don David Morris- quien, con su colorido y apasionado acento, narró la parábola de la oveja perdida y nos invitó luego a abrir el corazón al amado Pastor.

Juan nos describe aquí un vivo retrato de Jesús como el que murió, pero que vive para no morir jamás. Esta primera revelación nos muestra una figura totalmente distinta a las estampas religiosas que se siguen vendiendo en las santerías. Nos resulta muy atractiva, pues nos revela a Jesús tal como es ahora en su estado glorificado. Pero no es una figura estática, por el contrario es la de alguien que está activo; en estrecha relación con las iglesias y pastores cuya razón de ser es reflejar Su luz en el mundo.

¡Es inmensamente importante para nosotros tener hoy una visión actual de Jesucristo!

LA SEGUNDA REVELACIÓN
En los capítulos 2 y 3, que recomiendo leer completos, se describen escenas del estado de las iglesias locales tal como Jesús las ve. No están descritas como ellas suponen que son, sino lo que la penetrante luz de la Omnisciencia y Santidad divinas revelan.

Se conoce a esta parte del libro como “las cartas a las siete iglesias”. Pero, en realidad, estas cartas simplemente dan una descripción a cada iglesia de cómo Dios la ve.

Veremos que una iglesia tiene nombre como de estar viva, pero Dios la ve como muerta; otra iglesia piensa que es rica y poderosa y que no tiene necesidad de nada, pero Dios la ve miserable y pobre, ciega y desnuda. Otra iglesia se cree sumamente ortodoxa, y Dios la ve comprometida con la peor forma de idolatría. Basten estos como anticipos de lo que ampliaremos más adelante, con la ayuda de Dios.

Algunos comentaristas nos recuerdan que estas cartas a las iglesias no son profecías. Otros sostienen que estas siete iglesias representan siete períodos de la cristiandad, que representan a siete períodos proféticos; por ejemplo: que el primero de esos períodos es cuando la cristiandad está en el estado de la iglesia de Éfeso; que el segundo coincide con el estado de la iglesia de Esmirna; y el último período con el estado de la iglesia de Laodicea.

Los más, sostienen que hoy día podemos encontrar iglesias que son fieles reflejos de lo que estas siete iglesias eran en aquella época  (8) . No todas las iglesias serán como la de Éfeso, Filadelfia, etc,; pero algunas de ellas lo serán en uno o más aspectos.

El resultado de analizar esta segunda revelación será devastador; pues nos bastará con compararla con la primera, en la que se muestra al mundo iluminado por las iglesias, para darnos cuenta cuán lejos están muchas de las iglesias cristianas de ser luces en medio de un mundo en tinieblas y en crisis. Pero no es el objetivo quedarnos en la lamentación. Nos abrazaremos a la esperanza que nos trae Dios en Su palabra.

Será hasta la próxima, entonces, si el Señor no viene antes.

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Notas
 Ilustración: palabras claves de revelación. Link: sinodosps.wordpress.com; El Apocalipsis o Revelación de nuestro Señor Jesucristo es el último libro de la Biblia. Bienaventurado el que lo lea y entienda (cap. 1, versículo 3).
 1. Juan 13:23; 19:26
 2. Ibíd. 19:26,27
 3.  Lucas 9:54
 4. Juan 21:21,22 – “ Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste? Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú.”
 5.  Apocalipsis 1:3
 6. Ibíd.1:12-16
 7. Samuel Escobar; “En busca de Cristo en América Latina”; Ediciones Kairós, ISBN 2012 9871355459, 9789871355457
 8. Recomiendo leer The Book of Revelation, por B.H.Carroll (1843-1914); CIHM 66598, University of Alberta; de él he obtenido material para escribir estos artículos

Autores: Óscar Margenet Nadal
©Protestante Digital 2013

Creative Commons

Entrevista (Church of Scotland)

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David Carmichael, reverendo conservador, explica cómo la nueva aceptación de líderes con relaciones homosexuales pone en jaque a la minoría evangélica.“En la Iglesia de Escocia hay ministros que dejarán su congregación si es necesario”.

13 DE JUNIO DE 2013, GLASGOW

Hace menos de un mes, la Asamblea General de la Church of Scotland (Iglesia de Escocia) tomó una decisión que marcará su futuro. Con 340 votos a favor y 282 en contra,  se aprobó que ministros de culto de tendencia homosexual puedan vivir en uniones civiles con personas del mismo sexo . 

La aprobación de la norma, que entrará en pleno vigor en 2015, muestra más que nunca la división entre cristianos conservadores y liberales dentro de la histórica denominación protestante de Escocia.

Para comprender mejor las implicaciones de esta decisión, Protestante Digital ha preguntado aDavid Carmichael, un reverendo de la Church of Scotland, sobre lo que puede pasar de ahora en adelante. El propio Carmichael participó en la polémica asamblea el pasado 20 de mayo y forma parte del grupo evangélico que defendió la postura bíblica ante la mayoría liberal que defiende adaptar la doctrina a los nuevos tiempos.

Este reverendo lleva 31 años liderando la iglesia Abbeygreen, en la población de Lesmahagow (unos 40 kilómetros al sur de la ciudad de Glasgow). Se trata de una congregación variada con asistentes de todas las edades. Carmichael la define como “una familia unida, liderada espiritualmente por una ‘Kirk Session’ [órgano de liderazgo de la iglesia local] unánimamente evangélica y reformada”. En el día a día de su comunidad, se enfatiza de forma especial la exposición bíblica, un enfoque en las Escrituras que el ministro prioriza también a la hora de interpretar la polémica actual.

Casado y con dos hijas, lidera una asociación de ministros interdenominacional y una organización misionera.

P. Antes que nada, explíquenos cómo es su iglesia.

R. Soy ministro de Abbeygreen, que pertenece a la Church of Scotland [en adelante, en este artículo, Iglesia de Escocia]. Esta comunidad se formó en 1844 durante la llamada ‘Disruption’, cuando más de 400 ministros dejaron la Iglesia de Escocia por el problema del Patrocinio: la noción de que el terrateniente (y no la gente del pueblo) tenía el derecho de elegir el ministro de una iglesia local. Como resultado, se formó la Free Church of Scotland. En 1929, muchas de estas iglesias independientes volvieron a la Iglesia de Escocia. Por los últimos 169 años, Abbeygreen ha sido una iglesia evangélica y reformada.

P. ¿Qué porcentaje de cristianos en Escocia son miembros de la Iglesia de Escocia?

R. No tengo esa estadística. Pero la Iglesia de Escocia asegura tener una membresía de 250.000 personas. Esto es un 5% de la población. Sin embargo, un domingo cualquiera nos encontramos menos del 3% realmente asistiendo a una iglesia.

P. ¿Viajó como representante a la Asamblea Nacional de la Iglesia de Escocia en Edimburgo? ¿Quién tiene derecho de voto ahí?

R. Sí, fui uno de los representantes en la Asamblea General de este año. Todos los presentes, ministros y ancianos, tienen derecho a voto.

P. ¿Cuáles fueron sus primeros pensamientos después de que se aprobara abrir la puerta a que ministros ‘abiertamete gays’ lideren iglesias?

R. Me entristeció profundamente, pero no me chocó ni me sorprendió. La Iglesia de Escocia está en gran parte en las manos de los que se describirían a sí mismo como ‘cristianos liberales’. En otras palabras, gente que opina, y déjeme ser directo con esto, que no siempre se puede confiar en la Biblia como la luz a la que seguir en el mundo de hoy en día. Según su punto de vista, la Biblia sufre bajo los condicionamientos de los tiempos del Antiguo y del Nuevo Testamento, de cuando se escribió. Por ello, creen, debe ser reinterpretada, bastante frecuentemente por lo que parece, para que encaje con las demandas del mundo. Así, la iglesia acaba consintiendo el pecado en lugar de condenarlo.

Un acercamiento así es totalmente escandaloso, deshorna a quien nos inspiró la verdad. Él, Dios, es el que no engaña, no cambia de opinión y con toda claridad no contradice su propia Palabra ni anima a llevar la contraria a sus estándares de justicia.

P. ¿Con esta nueva situación, qué pasará cuando la norma se ponga en práctica en 2015?

R. La Asamblea General votó por una solución que esquiva el problema con la intención de proteger la unidad de la iglesia. Por un lado decidió declararse a sí misma ‘tradicional’, reconociendo que la única relación sexual aceptable ante Dios es la que se da entre un hombre y una mujer en el matrimonio. Pero a la vez, se permitirá a cualquier iglesia tener a un hombre o a una mujer en una unión civil homosexual como ministro de culto. ¿Cómo puede una iglesia imaginarse que una decisión tan ilógica y antibiblíca es de alguna forma aceptable a un Dios todopoderoso, justo y santo? Un Dios que ha dejado abundantemente claro en su Palabra acreditada que la práctica homosexual es pecado y que será juzgada.

Tampoco hay nada bueno en que el Presbiterianismo le dé a cualquier comunidad local el derecho a hacer lo que le plazca, hasta el punto de declarar bueno lo que Dios ha declarado que no lo es. Si nada cambia entre ahora y el 2015, la Iglesia de Escocia tendrá que empezar a aceptar la formación teológica de hombres y mujeres ministros que estén en uniones civiles homosexuales. Esto seguirá llevando a un mayor deterioro espiritual.

P. ¿Qué ha sucedido dentro de la Iglesia de Escocia en los últimos años para llegar a la situación actual, en la que una mayoría rechaza la interpretación histórica de lo que la Biblia dice sobre la práctica activa de la homosexualidad?

R. Como ya dije, la Iglesia de Escocia está en gran parte en manos de ‘cristianos liberales’, que dominan la vida de nuestra denominación. Tienen el poder real y aunque les gusta describir la Iglesia de Escocia como una iglesia amplia con espacio para todo tipo de puntos de vista que coexisten, la realidad es que todo va en la línea de satisfacer la agenda liberal, es decir, la creación de una iglesia que agradará al mundo reflejando los valores y caminos de éste.

Cuando una iglesia se aparta de formas sutiles (y no tan sutiles) de la autoridad y la enseñanza clara de la Palabra de Dios o juega el juego de usar el lenguaje de Sión mientras le roba su verdadero significado, no nos debería sorprender que acabe cayendo en este tipo de caminos pecaminosos. Personas con este enfoque eran la mayoría en la Asamblea General de este año.

P. ¿Cree entonces que el voto mayoritario del “sí” es representativo de lo que piensan la mayoría de cristianos en Escocia? ¿Están los miembros de comunidades de la Iglesia de Escocia de acuerdo con ser liderados espiritualmente por reverendos que practican la homosexualidad?

R. No estoy seguro, no lo creo. En cuanto a los cristianos evangélicos, ni por un momento se me ocurre que entre ellos haya quienes piensan que es apropiado tener a personas abiertamente gays como ministros, sirviendo a la causa de Cristo. Y ni siquiera pienso que todos los cristianos mal llamados ‘liberales’ están comprometidos con el apoyo a un clero activamente gay. Muchos, estoy seguro, tendrán un instinto tradicional contra esa práctica. Por otro lado, sí hay claramente un número creciente de asistentes en las iglesias que toman su ejemplo del mundo y de las series de televisión.

P. Hay muchos evangélicos que no están dispuestos a cambiar su comprensión bíblica sobre la práctica de la homosexualidad. Entonces, ¿qué harán? ¿Dejarán la Iglesia de Escocia? ¿O se le ocurre alguna otra solución?

R. La situación es más complicada de lo que imagina. Indudablemente hay evangélicos que a título individual dejarán la Iglesia de Escocia y nadie puede culparles. Por otro lado hay ministros evangélicos que están sirviendo en ‘Kirk Sessions’ que están divididas sobre este tema o que de hecho tienen líderes con puntos de vista claros sobre la Escritura pero con una membresía dividida en cuanto a este tema. Muchos de estos líderes quisieran salir pero sienten una responsabilidad pastoral hacia la gente a la que han servido, especialmente hacia los hayan podido llevar a la fe. Hay que decir que otros ministros evangélicos han declarado que bajo ninguna circunstancia se plantearán abandonar su denominación.

En otras palabras, los propios ministros teológicamente evangélicos están divididos en cuanto a qué decisiones tomar. Hay los que están dispuestos a dejar atrás a su gente, si es necesario, los que se marcharían pero llevándose a su gente, los que quieren marchar pero que se quedarán por el bien de la comunidad; y por último hay los que nunca se marcharían.

A mí, personalmente, me parecería bien ver que la Iglesia de Escocia se divide en dos iglesias: la evangélica y la liberal, cada una de ellas siendo responsable de sus propios costes de mantenimiento y su propia misión. Pero, tristemente, eso nunca pasará.

P. En la práctica, si un reverendo decidiera dejar la Iglesia de Escocia, ¿qué significaría para su comunidad?

R. Si la congregación no se fuera con él, y el presbiterio considerara que la iglesia es estratégica, se permitiría llamara a un nuevo ministro. Sin embargo, encontrar a un nuevo ministro no es algo fácil, teniendo en cuenta que ya hay 301 iglesias vacantes en la Iglesia de Escocia, buscando desesperadamente a un ministro.

En cambio, si un ministro marcha y la gente de la comunidad decide seguirle, entonces se meterían en disputas legales con el presbiterio local, y los representantes del ‘establishment’ harán todo lo posible para que aquellos que desean marcharse lo hagan sin los edificios o el dinero en las cuentas bancarias de su iglesia local.

P. ¿Podemos decir, entonces, que después de esta votación el riesgo de fractura dentro de la Iglesia de Escocia es real?

R.- Algunos ministros ya han marchado y algunos pocos más marcharán muy pronto. Algunas iglesias ya han salido de la denominación, y algunas más saldrán pronto. Pero si hablamos de una fisura mayor que resulte en cientos de ministros evangélicos e iglesias marchando, no, tristemente no crea que vaya a pasar.

Autores: Joel Forster

Editado por: Protestante Digital 2013

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