Archivos para julio 8, 2013


Samuel Escobar

Una reflexión cristiana sobre Mandela

Nelson Mandela
Una reflexión inquietante del papel del cristianismo en la historia de Sudáfrica me ha hecho recordar cómo lo cristiano ha llegado a corromperse en la historia, y la valentía nutrida por la fe de algunos cristianos luchando contra el abuso y la injusticia.
 

Mi paisano arequipeño y premio Nóbel Mario Vargas Llosa acaba de publicar en  El País  de este pasado Domingo (30-6-2013) un artículo brillante y apasionado sobre el líder sudafricano Nelson Mandela. Es un elogio que resume y aclara la trayectoria política de quien evitó que un cambio social de grandes dimensiones terminase en la carnicería de una guerra civil.

No se puede negar que pese a su proclamado agnosticismo y su sospecha respecto a todas las religiones, Vargas Llosa mantiene una profunda sensibilidad moral y una conciencia de la dimensión ética de la vida que aparece en sus escritos sobre los temas más diversos.

He de confesar que este artículo de Vargas Llosa me ha llevado a una reflexión inquietante y turbadora acerca del papel del cristianismo en la historia de Sudáfrica. Me ha hecho recordar momentos singulares en los que llegué a comprender algo de la hondura del drama que vivió esa nación, de las formas en que lo cristiano ha llegado a corromperse en la historia, pero también de la valentía nutrida por la fe con que algunos cristianos lucharon contra el abuso y la injusticia.

El  apartheid , es decir la segregación racial impuesta por los blancos a los negros, en vivienda, relaciones humanas, salud y educación dominaba la vida social, cultural y religiosa de Sudáfrica.

Comprendí algo de lo que fue el  apartheid  en un Congreso de Evangelización convocado por Billy Graham en Berlín, en 1966. Los organizadores tuvieron que enfrentarse a las quejas de los líderes evangélicos sudafricanos blancos que protestaban de que los hubiesen alojado en el mismo edificio con los evangélicos sudafricanos negros que habían asistido al evento.

En la sección sobre obstáculos a la evangelización tuve el honor de conocer a Michael Cassidy, un joven y brillante evangelista que se atrevió a decir desde la plataforma, en su breve ponencia, que en Sudáfrica el apartheid era un obstáculo a la evangelización. También tuve que escuchar la defensa apasionada del apartheid de boca de evangélicos sudafricanos blancos, calvinistas celosos de la ortodoxia protestante, que intentaban explicar por qué el apartheid no contradecía la conciencia social cristiana. Ellos condenaban a Cassidy y lo acusaban de ser comunista.

En su artículo Vargas Llosa nos recuerda que el “progenitor intelectual” del apartheid fue Hendrik Verwoerd, un afrikáner, profesor de sociología en la Universidad de Stellenbosch. Los afrikáner eran la minoría blanca, descendientes de los calvinistas holandeses, alemanes y franceses que se habían establecido en territorio sudafricano desde 1652, fundando las colonias de Transvaal y Orange y que pasaron a vivir bajo el dominio británico en 1894.

Un calvinismo estricto era la religión oficial única de estos estados blancos hasta fines del siglo 19. Poseedores de una ética protestante de trabajo duro, ahorro y vida disciplinada los afrikáners habían creado una colonia rica y bien organizada, pero habían llegado también a la convicción de que su presencia en África y el régimen social inicuo que habían establecido eran de origen divino. La Unión Sudafricana, creada por los británicos en 1910, incluía también británicos, colonos procedentes de la India y por supuesto una mayoría (88%) de africanos nativos, pero siempre estuvo gobernada por aquella minoría boer de origen calvinista. [1] 

A lo largo del siglo 20, el régimen de dominio férreo de los blancos se mantuvo a sangre y fuego, pese a que fue criticado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1952, siendo Sudáfrica expulsada de la ONU en 1974.

La oposición de la población negra fue canalizada por el Congreso Nacional Africano, uno de cuyos líderes fue precisamente Nelson Mandela a quien el gobierno condenó a cadena perpetua en 1964. Vargas Llosa nos recuerda que para Mandela en esa época “el régimen racista y totalitario sólo sería derrotado mediante acciones armadas, sabotajes y otras formas de violencia”.

Lo que describe nuestro premio Nobel con una prosa magistral es el cambio de mentalidad, esa especie de “conversión” que se operó en Mandela durante su estancia en la prisión: “Debió de tomarle mucho tiempo – meses, años – convencerse de que toda esa concepción de la lucha contra la opresión y el racismo en África del Sur era errónea e ineficaz y que había que renunciar a la violencia y optar por métodos pacíficos, es decir, buscar una negociación con los dirigentes de la minoría blanca – un 12% del país que explotaba y discriminaba de manera inicua al 88% restante-, a la que había que persuadir de que permaneciera en el país porque la convivencia entre las dos comunidades era posible y necesaria cuando Sudáfrica fuera una democracia gobernada por la mayoría negra”.
 
La personalidad de Mandela es descrita por Vargas Llosa con lenguaje que recuerda las virtudes que admiramos en algunos héroes cristianos: “Maravilla pensar que Mandela perfectamente consciente de las vertiginosas dificultades que encontraría en el camino que se había trazado, lo emprendiera, y más todavía que perseverara en él sin sucumbir a la desmoralización un solo momento y veinte años más tarde consiguiera aquel sueño imposible…”

Hay que recordar, sin embargo, que Mandela no es cristiano ni se convirtió a la fe cristiana. Y nos hace bien, contra las tentaciones a la arrogancia que a veces nos asaltan, recordar que los cristianos no tenemos el monopolio de la virtud y el buen vivir ni de la lucha por la justicia en el mundo. Hemos de aprender a reconocer el bien allí donde éste se manifiesta y agradecer a Dios por eso que Calvino llamaba la “gracia común” por medio de la cual Dios hace que sea todavía posible la supervivencia de la raza humana en este planeta.

Sin embargo como cristianos también hemos de recuperar la memoria histórica. Hacia 1979 conocí en un encuentro académico al misionólogo sudafricano David Bosch con quien compartí una habitación del centro en que estábamos reunidos en Ventnor, New Jersey, Estados Unidos.

En nuestras largas conversaciones David me contaba el calvario que pasaban muchos académicos y dirigentes cristianos, africanos, ingleses o afrikáners, por su abierta crítica al apartheid. Recordamos al novelista Alan Patton con su magistral novela de protesta  Tierra Mártir , y a líderes cristianos como Trevor Huddleston, Desmond Tutú, Beyers Naudé , Manas Buthelezi.

También a organizaciones como el Consejo Sudafricano de Iglesias y la Comisión Católica Sudafricana para la Justicia y la Paz. Con sus escritos, sus posturas críticas y sus proyectos audaces estos cristianos contribuyeron a crear la atmósfera social y espiritual que hizo posible el milagro de la transición pacífica: la liberación de Mandela en 1990, las elecciones multirraciales en abril de 1994 y la investidura de Mandela como primer presidente negro del país en mayo de ese mismo año.

La prosa de Vargas Llosa adquiere tonos épicos cuando nos dice que “Habría que ir a la Biblia, a aquellas historias ejemplares del catecismo que nos contaban de niños para tratar de entender el poder de convicción, la paciencia, la voluntad de acero y el heroísmo de que debió hacer gala Nelson Mandela todos aquellos años para ir convenciendo primero a sus propios compañeros de (la prisión) Robben Island, luego a sus correligionarios del Congreso Nacional Africano, y por último a los propios gobernantes y a la minoría blanca de que no era imposible que la razón reemplazara al miedo y al prejuicio, que una transición sin violencia era algo realizable…”

En resumen, Vargas Llosa refiriéndose a la salud de Mandela y el desenlace que ya se espera dice “Por una vez podremos estar seguros de que todos los elogios que lluevan sobre su tumba serán justos, pues el estadista sudafricano transformó la historia de su país de una manera que nadie creía concebible y demostró con su inteligencia, destreza, honestidad y valentía que en el campo de la política a veces los milagros son posibles”.

Hoy que la corrupción campea a sus anchas en la vida política española y que los evangélicos se preguntan cuál puede ser su papel dentro de la realidad socio-política actual, vale la pena detenerse a considerar hazañas políticas como las de Mandela o más cerca de nosotros Martin Luther King. Eso nos permitirá saber cómo empezar por lo menos obedeciendo mejor el consejo paulino: “Exhorto ante todo a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.” ( 1 Tim 2: 1-2).

 
 


 

   [1]  Parte de la información sobre Sudáfrica que presento está tomada de dos libros: John Baur, 2000 años de cristianismo en África , Editorial Mundo Negro, Madrid 1996; y Todd M. Johnson and Kenneth Ross, Eds.  Atlas of Global Christianity , Edinburgh University Press, 2009.
 

Autores: Samuel Escobar

©Protestante Digital 2013

 

Juan Simarro Fernández

Derechos humanos, los cristianos y los pobres (4)

 
A los que viven sin conciencia y en la sinrazón
Cuando nos miramos en los rostros de hombres acumuladores y despojadores, parece que hay muchos hombres que deberían ser ayudados devolviéndoles la razón y la conciencia.

 

Los pueblos sufren precisamente porque tienen razón y conciencia, porque pueden razonar sobre la realidad adversa que les envuelve, pueden tener conciencia de su dolor y de su sufrimiento. Incluso pueden llegar a saber el porqué de su marginación, de su exclusión. Muchos seres humanos en el mundo, son tratados como si no tuvieran ni razón ni conciencia. Como si fueran fardos de paja… peor que los animales. No sólo que pueden ser explotados y abusados, sino que son totalmente excluidos. Como he dicho en otras ocasiones, sobrante humano… pero tienen razón, tienen conciencia. Son nuestros prójimos.

Una mujer inmigrante en mi iglesia, en un culto libre en el que los miembros pueden salir a dar su testimonio, nos contaba como la trataba la española a la cual servía en el trabajo doméstico: Después de decir varios detalles, concluía:  “me trata peor que a un perro. Mucho peor, porque yo tengo un perrito y lo cuido… no lo maltrato. Ella me grita, me insulta, me hace todo tipo de vejaciones… pero no puedo hacer nada, sólo aguantar… tengo que pagar una hipoteca…”. 

Esto ocurre dentro de lo que llamamos el primer mundo, el mundo rico. En el seno de una ciudad moderna como Madrid. Pero hemos de tener en cuenta que los pobres, los inmigrantes, los sufrientes del mundo, tienen razón y conciencia… y sufren por ello. Su sufrimiento es un grito por la ayuda que no les llega, un SOS a la conciencia del mundo y, por ende, a la conciencia de los cristianos.

Sin embargo, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 1 establece que todos los seres humanos,  “dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. 

No están los Derechos Humanos muy lejos de la Biblia, con los mandamientos de amor al prójimo como a nosotros mismos, amor en semejanza con el amor a Dios mismo.  “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros como yo os he amado” . Comportarse fraternalmente es amar, es hacer projimidad, es seguir las líneas marcadas por Jesús. Es por eso que los cristianos deben apoyar los Derechos Humanos porque éstos no están muy lejos de los mandamientos bíblicos.

Hablamos de los Derechos Humanos en medio de un escándalo humano, el escándalo de un mundo totalmente desigual, en un mundo en donde el 80% de la humanidad está en pobreza. El primer derecho humano sería el poder comer, beber aguas mínimamente limpias para que los niños no mueran por enfermedades que se pueden prevenir o vencer. Esos niños desnutridos, esos hombres que envejecen antes de tiempo y se debilitan, tienen razón y conciencia. Más aún, están creados a imagen y semejanza del mismo Dios, de ese Dios del que nosotros decimos que le conocemos y amamos.

En un mundo en donde no se cumplen los Derechos Humanos, en donde hay torturas, muertes por hambre, en un mundo donde están los “sin techo”, las infraviviendas, la miseria, mundo de dignidad robada… pareciera que pudiera haber hombres, mujeres y niños que no están dotados ni de razón ni de conciencia, pero la tienen. Eso hace que experimente el sufrimiento y la angustia a flor de piel.

Eso redunda en eso que hemos llamado un escándalo al que, a veces, desde el mundo rico queremos justificar o, simplemente, darle la espalda… pero seguimos diciendo en nuestros entornos consumistas que respetamos los Derechos Humanos… mientras tiramos comida a la basura o hacemos gastos innecesarios en cantidades sin límite. Los Derechos Humanos siguen diciéndonos que  “dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. La llamada es a un comportamiento fraternal. Lo podemos poner en línea, si queréis salvando las distancias, con el concepto bíblico de projimidad.

Pareciera que los Derechos Humanos se equivocan. ¿Por qué? Porque en otro sentido, desde el punto de vista humanitario, sí se puede decir que parece que hay hombres sin conciencia y sin razón, que hay hombres que no responden en nada a la imagen de Dios en sus vidas… pero no son precisamente los débiles y sufrientes del mundo los no dotados de conciencia y razón, sino sus amos, los que ponen sus escaseces en sus mesas y comen y consumen hasta quedar ahítos de espaldas al hambre de tantos coetáneos suyos. Se comen no sólo lo propio, sino lo ajeno, se alimentan del hambre de los empobrecidos de la tierra.

Cuando nos miramos en los rostros de muchos hombres insolidarios, acumuladores y despojadores, parece que hay muchos hombres que deberían ser ayudados devolviéndoles la razón y la conciencia. Son hombres que, más que conciencia, parece que ésta ha sido exterminada por un corazón duro, un corazón de piedra, un corazón con una potencialidad de cometer los mayores males que uno pueda imaginar. Devolved la conciencia a los malvados, devolved la razón a los despojadores.

Pareciera, si miramos los desequilibrios, abusos, injusticias y opresión a los que muchos son sometidos, que esta parte del primer artículo de la Declaración de los Derechos Humanos es falsa. Que sí hay hombres sin conciencia y sin razón. Que hay seres humanos que parece no estar dotados de esos dones que nos hacen ser semejantes al Creador. Muchos tratan a sus congéneres como si fuesen objetos o máquinas de las que se pueden servir sin ningún tipo de miramientos… o dejarlas tiradas en la basura, al margen del camino, en el olvido.

El amor al dinero y al poder embotan esas dos cualidades. Se mantienen adormiladas por el amor al dinero y al poder, son incapaces de comportarse tal y como piden los Derechos Humanos:  “fraternalmente los unos con los otros” … porque tenemos conciencia y razón. Porque todos somos hijos de un mismo Padre, hechos a imagen y semejanza de Él. Señor, mantennos con una conciencia alerta, limpia y solidaria, apoyada en la razón que tiene que estar en contra de la sinrazón del escándalo de la pobreza en el mundo.

 

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2013

 

Maquiavelo: vida y personaje

Publicado: julio 8, 2013 en Conciencia

Antonio Cruz Suárez

Grandes mitos sociales del mundo moderno (2)

 
Maquiavelo: vida y personaje
 

 Nicolas Maquiavelo (1469-1527): el mito del príncipe nuevo o del fin que justifica los medios. 

 

“Porque un hombre que quiera hacer en todos los puntos profesión de bueno, labrará necesariamente su ruina entre tantos que no lo son. Por todo ello es necesario a un príncipe, si se quiere mantener, que aprenda a poder ser no bueno y a usar o no usar de esta capacidad en función de la necesidad.” Maquiavelo,  El Príncipe,  (1996: 83).

¿Fue Maquiavelo la clase de monstruo pérfido que algunos de sus críticos y biógrafos han querido ver? Si nos atenemos a la definición de la  Encyclopaedia Britannica  parece que tal opinión no se corresponde con la realidad.

“Maquiavelo -se afirma- fue un hombre de complexión media, delgado, de rostro huesudo, frente despejada, pelo negro, ojos penetrantes, labios finos que dibujaban una sonrisa enigmática. Fue un hombre honesto, buen ciudadano y excelente padre” (Barincou,  Maquiavelo,  Salvat, Barcelona, 1985: 9). ¿Cómo es posible entonces que sus detractores vieran en él a un ser perverso, egoísta y corrupto? Quizá el dilema se deba a la original radicalidad de su pensamiento político y a las implicaciones que tales ideas iban a tener posteriormente. A veces, los hombres honestos pueden equivocarse también. El mito del maquiavelismo, entendido como la práctica de una política que ignora la dimensión moral y acepta cualquier medio para lograr los objetivos perseguidos, ha arraigado por desgracia en demasiados terrenos baldíos de la historia. Incluso hoy, a aquellos políticos de la democracia que se valen del engaño, la astucia o la maquinación, se les continúa llamando “maquiavélicos”. ¿Cómo se gestó este mito?

Niccolò nació en Florencia, hijo de una familia noble que se había empobrecido. Esta situación le obligó a formarse de manera autodidacta y a leer por su cuenta autores clásicos, como Lucrecio o Tito Livio, que le fueron muy útiles para madurar sus propios puntos de vista sobre la sociedad humana. Desempeñó tareas administrativas como secretario de la segunda cancillería de la República de Florencia, cargo que le permitió adquirir una notable experiencia política. A los 29 años tomó posesión de tal ocupación y poco después contrajo matrimonio con Marietta Corsini, de quien tuvo seis hijos.

Según afirman los biógrafos, Maquiavelo fue feliz en su matrimonio y supo hacer de su vida la mejor de sus obras de arte. En contraste con esta excelente situación familiar, el ambiente político en que vivió dejaba mucho que desear. Durante todo el siglo XV la inestabilidad institucional fue una constante de la República florentina. Los intereses de la aristocracia y de la burguesía mercantil eran las fuerzas predominantes en el delicado equilibrio social. Las divisiones internas y la impotencia militar contribuyeron al descrédito, así como al poco respeto que se tenía por los gobernantes. Italia era un puzzle de pequeños Estados envueltos en frecuentes luchas intestinas. De manera que la existencia de Maquiavelo transcurrió durante uno de los períodos de mayor confusión política de las repúblicas italianas. Fue testigo de numerosas guerras y vio como su Estado era invadido por los ejércitos franceses y españoles.
 
Cuando los Médicis volvieron al poder, Maquiavelo fue destituido de su cargo, encarcelado y torturado. Este sería el final de su vida pública ya que no volvería a ocupar ningún puesto oficial hasta dos años antes de morir.

Después de su liberación se retiró a una heredad familiar que poseía en las inmediaciones de Florencia y allí escribió sus obras más influyentes. Durante algunos meses del año 1513 elaboró  El Príncipe  y lo dedicó a Lorenzo de Médecis (el Magnífico) con el deseo de que sus pensamientos contribuyeran a la creación de un Estado moderno. Su intención fue influir para conseguir un “príncipe nuevo” que fuera política y militarmente eficaz. Un gobernante que restaurara la antigua libertad y la ruina en que habían caído todos los príncipes de Italia. Sin embargo, la obra no alcanzó mucho éxito entre sus contemporáneos ya que su receptor la despreció y circuló en forma de manuscrito hasta la muerte del autor. No obstante, la fama que logró después fue enorme. Se cuenta que Carlos V sabía de memoria capítulos enteros, que Enrique III y Enrique IV no se separaban del libro ni un solo día, que Cristina de Suecia redactó un largo comentario sobre el mismo y que Federico de Prusia escribió también, como príncipe heredero, un  Antimaquiavelo  (Marcu,  Maquiavelo,  Espasa-Calpe, Madrid, 1967).

Hoy Maquiavelo es considerado el fundador de la ciencia política moderna ya que sus ideas rompieron con la concepción religiosa que se tenía de los gobernantes hasta el final de la Edad Media. La profunda desconfianza que sentía hacia los religiosos se manifiesta a través de sus numerosas cartas personales. Estaba convencido de que la Iglesia de su tiempo había contribuido a la decadencia de la sociedad italiana al mezclar lo político con lo religioso y al oponerse a la creación de un principado civil. A pesar de creer que la actitud de la iglesia de Roma y de sus sacerdotes mantenía dividido al país, seguía pensando que las creencias religiosas eran el soporte más necesario de la sociedad ya que proporcionaban cohesión social. Sin embargo, sus razonamientos le llevaron a analizar la política, prescindiendo de cualquier consideración moral o religiosa, e incluso modificando conceptos anteriores.

Maquiavelo afirmó que para conservar el Estado el príncipe debía incurrir en ciertos vicios. Creía que las acciones de los hombres dependían de la perspectiva a través de la cual se mirasen. Había cosas aparentemente buenas que en realidad podían ser malas, así como vicios susceptibles de trastocarse en virtudes.

Propuso que el concepto medieval cristiano de “virtud” fuese cambiado por el de  virtù  política. Es decir, la aplicación de una fría y técnica racionalidad del poder, más preocupada por el éxito de sus logros que por los medios empleados en alcanzarlos. La  virtù  de saber acallar la conciencia cuando el gobierno lo exigiera.

Una auténtica “razón de Estado” que, aunque no fuera mencionada expresamente por Maquiavelo, podía en ocasiones violar las más elementales normas morales. Lo importante debía ser siempre el éxito del gobernante, para lo cual el empleo de la mala fe era a veces necesario. Esta manera de razonar revela un profundo escepticismo hacia la naturaleza humana.

Autores: Antonio Cruz Suárez
©Protestante Digital 2013

 

Óscar Margenet Nadal

Revelación, iglesia y crisis (4)

  Todo es diferente desde la óptica de Dios. Él rechaza a los soberbios y da gracia a los humildes. Por eso, nunca rechaza al arrepentido. 
 

Para concluir con nuestro anterior artículo, vamos a concentrar nuestra atención en la tercera frase que el Señor transmite a las siete iglesias del Asia Menor: El que venciere,o  Al que venciere  (1) .

Hay diferentes opiniones sobre el significado que tiene el verbo ‘vencer’ en esa frase, siete veces repetida.

¿Quién es ‘el vencedor’ o ‘la vencedora’?

¿A quién o a qué se debe vencer?

Antes de responder estas preguntas digamos que tres de las opiniones más difundidas sobre los destinatarios de la promesa de victoria de parte del Señor Jesucristo son las siguientes:

a) Que está dirigida a todos los creyentes. Solo los salvados por Jesucristo, son los vencedores. Los no vencedores son los que aún no alcanzaron su salvación  (2) .

b) Igual a la anterior; pero, los no vencedores son aquellos creyentes que no han sido fieles y desobedecieron, por lo cual pierden su salvación  (3) .

c) Que está dirigida a los creyentes fieles y obedientes que hacen lo que el Señor les encomienda; éstos son los vencedores. No vencerán los desobedientes y los infieles; perderán la recompensa, pero no su salvación  (4) .

Investiguemos, con ayuda de la Palabra inerrante de Dios, las respuestas a nuestras preguntas y analicemos cuál de estas tres posiciones es la correcta. Leyendo el contexto en el que el Señor habla, notamos que la frase sigue a una orden y a una recomendación específicas a cada una de las siete iglesias.

Como estamos considerando a la primera de esas congregaciones de fieles, el Señor recomienda y ordena: “ Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras.” (5) 

Notemos bien cuál es el contexto en el que se promete la recompensa a los efesios. En los estudios hermenéuticos siempre se aconseja conocer la situación real antes de interpretar. Una vez verificado el estado actual recién podremos compararlo con el inicial; entonces sabremos si ha habido un avance o un retroceso cualitativo.

Los seres humanos – en general – tropezamos con la misma piedra más de una vez; los cristianos – en particular- somos propensos a perder la memoria. Porque, tarde o temprano, todos cometemos el mismo error debiéramos frecuentemente hacer un ejercicio que nos ayude a ‘recuperar la memoria’; eso debían hacer los efesios  (6) .

El resultado de ‘recuperar la memoria’ es ‘darse cuenta’. Este es un proceso penoso. Al recordar sus comienzos como congregación de fe, los efesios se darían cuenta de su estado real; verían que –lejos de estar bien, como erróneamente les habrían inculcado sus líderes – estaban alejados del nivel requerido por el Señor. Llegarían por la vía del auto examen a ver el verdadero nivel espiritual que tenían, y que era inadmisible a los ojos de Dios.

Por tanto, la orden es:  ‘arrepiéntete’ .

¡CUÁNTA FALTA NOS HACE EL EJERCICIO DEL ARREPENTIMIENTO!
En occidente la lista de valores sociales aceptables y recomendables no incluye al arrepentimiento. Arrepentirse es admitir haberse equivocado; y nadie destaca en la sociedad por sus errores. Ahora, un ‘arrepentido’ es sinónimo de transgresor pasado a colaborador de la justicia; es noticia del día, y le brindan protección para preservar su vida. Muchos de ellos terminan viviendo en el anonimato para siempre. Lo paradójico es que la amplia cobertura dada al policíaco ‘arrepentimiento’ contribuye a confundir aún más su verdadero significado.

Nos enseñaron de pequeños a no equivocarnos. Nos castigaban cuando caíamos en un error; y después hicimos lo mismo con nuestros niños. Todos, desde la escuela primaria, sabemos lo duro que resulta equivocarse; por eso la temible papeleta de calificaciones escolares da lugar a situaciones extremas e inimaginables  (7) .

Como contrapartida, muchos adultos que destacan en estratos del poder político, social, económico, cultural, religioso, deportivo o científico se sienten realizados por sus logros y se comportan como si nunca se equivocasen. Algunos hasta hablan como si fuesen infalibles. No reconocer errores propios, fijarse sólo en los errores ajenos, y buscar destinatarios para nuestra culpa conduce a toda clase de autoritarismos. Ninguna iglesia es ajena a ellos.

Todo es diferente desde la óptica de Dios. Él rechaza a los soberbios y da gracia a los humildes  (8) . Por eso, nunca rechaza al arrepentido. Es más, sin arrepentimiento no hay perdón divino; menos aún, recompensa eterna  (9) . Al que se arrepiente de corazón, el Señor le indica cómo ser restituido; los efesios serían restituidos por seguir una instrucción precisa y concreta de parte del Señor:  haz las primeras obras .

¿Cuáles habían sido las  primeras obras  de los efesios cuando aún estaban en su  primer amor  a Jesucristo? Veamos:

1. Trabajar arduamente por amor del nombre del Señor.
2. Tener paciencia.
3. No soportar a los malos.
4. Probar a los que dicen ser apóstoles, y no lo son, y hallarlos mentirosos.
5. Sufrir.
6. No desmayar.  (10) 

COMER DEL ÁRBOL DE LA VIDA
Los que obedecieran haciendo estas obras típicas del  primer amor  recibirían una maravillosa recompensa:  “Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios”.

El  árbol de la vida  se menciona sólo al comienzo y al final de la Biblia (11) . Según el Génesis, la primera pareja humana desobedeció a la orden del Creador, comió del árbol del conocimiento; dejaron de tener intimidad con Dios; por lo que Él procedió a proteger el árbol de la vida para evitar que, al comer de él el hombre y la mujer eternizaran su nueva y mortal situación.

El mismo árbol reaparece en el Apocalipsis, ubicado en un sitio central del paraíso  celestial  (12)  espera que el Señor de señores consume el Plan de Redención de Su creación. Cuando haga entrar en la Nueva Jerusalén a su prometida, la iglesia, el Señor le dará de comer del árbol de la vida cuyas hojas son para la sanidad de las naciones.

Imposible hallar mejor figura que muestre con perfección la obra de la redención consumada por Jesucristo.

La recompensa es comer de ese árbol, vivir por la eternidad en salud, en plena comunión con el Rey de reyes. Se comprueba por la recompensa prometida, que no hay posibilidad alguna para la pérdida de la salvación  (13) .

Padre nuestro, perdónanos por haber dejado de hacer lo que hacíamos cuando nos adoptaste como a tus hijos e hijas; nos arrepentimos por descuidar nuestra salvación amoldándonos a pautas y metas mundanas. Te rogamos nos ayudes a volver a hacer aquellas primeras obras por amor de Tu nombre y para gloria de Tu Hijo. Amén.

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 Notas
 1. Apocalipsis 2: 7, 11, 17, 26; 3:5, 12, 21. ‘El que venciere’, o ‘Al que venciere’, anticipa la recompensa, que es individual y diferente en cada caso. No se le da la misma recompensa a otra iglesia 
 2. Basan su posición en 1ª Juan 5:4,5, ‘Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? 
 3. Basan su posición en Hebreos 2:1-3ª, ‘ Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? 
 4. Basan su posición en 1ª Corintios 3:15, ‘Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego’ 
 5. Apocalipsis 2:5a; nótese, también, que en Apocalipsis 2:7b los efesios reciben del Señor un reconocimiento por aborrecer a los nicolaítas, un grupo de herejes al que el Señor también aborrece; tema que vimos en nuestra anterior y sobre el que volveremos oportunamente 
 6. Efesios 2:1, 12, 13, 17 
 7. Estando en Tokio en oportunidad de dar unas conferencias, mis anfitriones japoneses me comentaron con gran tristeza que el hijo de un matrimonio amigo, cursando la secundaria, se había suicidado al recibir calificaciones inferiores a las esperadas  
 8. Santiago 4:6; 1ª Pedro 5:5 
 9. Lucas 5:32; 15:7; 24:47; Hechos 5:31; 11:18; 26:20; Romanos 2:4; 2ª Corintios 7:9; Hebreos 6:1 
 10. Apocalipsis 2:2,3 
 11. Génesis 3:22, 24; Apocalipsis 2:7; 22:2, 14 
 12. El término ‘paraíso’ es el mismo que usara Jesús al responderle al delincuente arrepentido, crucificado junto a él (Lucas 23:43). El apóstol Pablo lo usa cuando narra su experiencia sobrenatural: “que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar” (2ª Corintios 12:4); también se refiere a él como ‘el tercer cielo’ (Ibíd. 12:2). Ver también Apocalipsis 22:2 
 13. Que es la tercera opinión (c.) antes citada 

Autores: Óscar Margenet Nadal
©Protestante Digital 2013

 

Juan Antonio Monroy

El mensaje de los profetas (4)

 
Los profetas ante la depresión y la crisis
 
Nos hemos acobardado. Nos falta la valentía que tuvieron los profetas. No queremos enemistarnos y pasamos por todo, pasamos de todo.

 

Los profetas no eran superhombres. No eran héroes. Eran seres humanos. Ejercían su ministerio en un mundo difícil. Sufrían períodos de dudas. Padecían crisis y depresiones.

Eran tentados a dejar su ministerio. Elías es un claro ejemplo (Véase 1º de Reyes 19).

Otro ejemplo es Jeremías, llamado el profeta llorón.
Dolido por el acoso de sus enemigos, Jeremías desea perderse en el desierto, es decir, vivir apartado de todo ministerio público:

¡Oh, quién me diese en el desierto un albergue de caminantes, para que dejasea mi pueblo, y de ellos me apartase! Porque todos ellos son adúlteros, congregación de prevaricadores” (Jeremías 9:1-2).

En su desesperación reprocha a Dios que le sedujo para el ministerio profético y sólo cosechó amargura:

“Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí.

Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día” (Jeremías 20:7-8).

Decide olvidarse de Dios y renunciar para siempre a su misión: “Dije: No me acordaré más de Él, ni hablaré más en su nombre” (Jeremías 20:9).

Pero la palabra de Dios entra en acción y el profeta siente un fuego abrasador e irresistible en su interior, que le hace cambiar de opinión: “No obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo y no pude” (Jeremías 20:9).

Es entonces cuando experimenta la presencia todopoderosa de Dios: “Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante” (Jeremías 20:11).

Pocos predicadores se libran de estas crisis de dudas y de angustia. Hay que saber superarlas como las superó el profeta.

Los profetas clamaban contra la falsedad religiosa. Denunciaban la perversión religiosa a la que había sido llevado el pueblo hebreo.

En uno de los oráculos más duros, Miqueas condena a los jefes religiosos que ejercen su ministerio por lucro pretendiendo que Dios los apoye.

“Sus jefes juzgan por cohecho, y sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero; y se apoyan en Jehová, diciendo: ¿No está Jehová entre nosotros? No vendrá mal sobre nosotros.(Miqueas 3:11).

Estamos rodeados por todas partes de religiones falsas y de falsos ministros religiosos.

Pero nos hemos acobardado ante ellos. Nos falta la valentía que tuvieron los profetas. No queremos enemistarnos y pasamos por todo, pasamos de todo.

 

Autores: Juan Antonio Monroy

©Protestante Digital 2013

 

Verdad y medios de comunicación

Publicado: julio 8, 2013 en Lausana

Jose Pablo Sánchez

El compromiso de Ciudad del Cabo 2010 (4)

 
Verdad y medios de comunicación
 
Alcanzar la mayor cuota de audiencia es el objetivo inmediato de cada medio, pero no el final. La audiencia es el medio para un fin, el de la ideología y motivación del dueño.
 

LA VERDAD Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN GLOBALIZADOS
José Pablo Sánchez NúñezLos medios de comunicación han experimentado una revolución extraordinaria en los últimos años a la sombra de las nuevas tecnologías. La globalización del acceso a Internet ha abierto nuevas posibilidades insospechadas hace una generación y ha eliminado las barreras que por años había colocado a los medios de comunicación en las manos de una élite privilegiada. Ya no es así. Los Smartphone, la calidad de las nuevas cámaras de video, la potencia de los ordenadores y el software gratuito han dado la vuelta a las cosas y hoy, la producción audiovisual la generan principalmente aficionados que suben a YouTube más de 60 horas de video cada minuto, una hora cada segundo.En cierta manera esta explosión mediática abre puertas para que todo aquél que lo desee pueda acceder al sector audiovisual, pero lo cierto es que las producciones de calidad siguen en manos de una minoría selecta de difícil acceso y la profusión de contenidos y plataformas hace muy difícil alcanzar relevancia.Además hemos de entender la evolución que las redes sociales están provocando en los modelos de comunicación. Del “monólogo” de años pasados, hemos entrado en el “diálogo” que genera credibilidad. Este cambio implica una nueva perspectiva en nuestra iteración con los medios que va desde el sermón el domingo hasta el producto audiovisual más sofisticado. Lo anecdótico puede triunfar un día en Internet, lo significativo no. El camino sigue siendo estrecho y angosto para aquellos que quieren influir con los valores del Reino en un mar de anécdotas y simplezas.El Compromiso de Ciudad del Cabo afirma que “nos comprometemos a una crítica renovada y a una dedicación creativa con los medios de comunicación y la tecnología”. Este compromiso implica encarnarse (Jn.1:14) en los medios, siendo conscientes de que el pueblo de Dios se juega mucho allí. La visibilidad en los medios determina hoy ser o no ser, estar o no, contar o no, en la sociedad global. Nuestra presencia por lo tanto, no se justifica sólo por la posibilidad de aprovechar los medios para transmitir un mensaje. Es mucho más. Sólo cuando seamos conscientes de estas implicaciones, estamos preparados para invertir de verdad en ellos nuestros talentos, tiempo, profesionales y dinero. Pero para ser testigo de la verdad de Cristo necesitamos entender bien la motivación, estrategia y objetivos de los medios de comunicación.

 

La verdad y los medios de comunicación
José Pablo Sánchez, director de Buenas Noticias TV, aborda este tema desde la perspectiva cristiana y el documento de Ciudad del Cabo 2010 (Kausana 3). “Los medios de comunicación han experimentado una revolución extraordinaria en los últimos años a la sombra de las nuevas tecnologías. La globalización del acceso a Internet ha abierto nuevas posibilidades insospechadas hace una generación y ha eliminado barreras”. Una entrevist

 

Hay dos elementos sobre los que giran la motivación de los medios de comunicación hoy: dinero y poder. Aquellos que controlan los medios de comunicación lo hacen con uno de estos elementos o con ambos. Cada medio tiene su dueño. Cuando el dueño es un empresario, lo único que buscará es la rentabilidad económica. Si es un político, su afán será el poder y gestionara dicho medio para conseguirlo y mantenerlo. Es vital conocer quién es el dueño de cada medio para entender su motivación, así podremos aplicar mejor un análisis crítico de los contenidos y descubrir las tendencias, mensajes y símbolos.

La motivación de cada medio se expresa en una estrategia determinada cuyo fin no será otro que conseguir audiencia. El medio tiene sentido solo si hay audiencia dado que cuanto mayor sea ésta, mayor será el poder y el beneficio económico que genere. Por lo tanto, todos los medios están inmersos en una guerra a muerte por la audiencia y el valor que dan a los contenidos depende de su eficacia en generar audiencias con el menos costo de producción posible. Por desgracia es barato y bien fácil aumentar audiencia con contenidos que apelen a los bajos instintos: casquería emocional, grosería, charlatanería, pornografía, etc. No es de extrañar que las mayores búsqueda de internet sean palabras como “sexo” o “hot” y los programas de televisión más vistos sean aquellos que se dedican a despellejar a famosos o inventar melodramas. Es en este panorama que los cristianos debemos intervenir iluminando con la verdad de Cristo. Parece difícil, pero no lo es, empieza por algo tan sencillo como cambiar de canal. Dado que cada persona cuenta para la audiencia del medio, cuando cambiamos de canal, demostramos de forma tangible nuestra fe.

Aunque alcanzar las mayores cuotas de audiencia es el objetivo inmediato de cada medio, no es el objetivo final. La audiencia solo es el medio para conseguir un fin, que viene determinado por la ideología y la motivación del dueño. Una vez cautivadas las audiencias, llega el adoctrinamiento que pasa primero por la insensibilización. Es un proceso que puede durar años, pero que ha demostrado su eficacia vez tras vez. Romper estereotipos, asimilar conductas rechazadas por los antepasados, proponer nuevos estilos de vida, eliminar el pensamiento crítico, generar necesidades ilusorias, crear alarmas, son los objetivos finales de los medios que responde siempre a los intereses de sus dueños. Por lo tanto, es urgente e imprescindible desarrollar una conciencia crítica ante los medios e invertir en comunicadores cristianos que se encarnen en ellos y trabajen para redimirlos como agentes de la verdad.

Ahora bien, ¿Cómo ayudar a la gente a desarrollar una conciencia más crítica del mensaje que reciben?Una conciencia crítica sólo puede ser cristiana cuando esté alimentada por la Palabra de Dios (2 Cor.4:2). No es fruto del azar y la casualidad, ni sucede por asistir a la iglesia. Hemos de reconocer el fracaso en el siglo XXI de los sistemas tradicionales evangélicos de formación bíblica para los feligreses. Es verdad que cualquier evangélico español sabe más Biblia que sus vecinos, pero eso no quiere decir que haya desarrollado su conciencia a la luz de la Palabra. No es lógico esperar que un universitario cristiano que dedica al menos 20 horas a la semana para formarse en su especialidad, investigando, leyendo, escribiendo y discutiendo teorías académicas, con solo escuchar una charla sobre un tema bíblico alcance a desarrollar una conciencia madura. Sin una revisión profunda de estos modelos eclesiales evangélicos de enseñanza, seguiremos fracasando en el futuro. Es decir, los creyentes evangélicos no tendrán capacidad crítica para analizar los mensajes de los medios con la Biblia en las manos. Para conseguir un cambio, tendríamos que invertir más en el mentorado como discipulado que se enfoca en la formación del carácter más que en la transmisión de información teológica.

 
La segunda pregunta que debemos hacernos es ¿Cómo desarrollar comunicadores cristianos que sean agentes de la verdad?Comunicadores profesionales en informativos o entretenimiento que sean capaces de superar el obstáculo que suponer la visión seglar-sagrada que por tantos años ha condicionado la misión cristiana. Comunicadores que entiendan su llamado a ser sal y luz allí donde Dios les coloque para trabajar. Comunicadores que se sientan misioneros viendo su trabajo como campo de misión donde llevar el amor y la luz de Jesús. Aquí la iglesia tiene una gran responsabilidad que le costará dinero. Somos capaces de pagar matrículas para seminarios y enviar ofrendas a cooperantes en África o Oceanía, pero no nos sentimos responsables de invertir financieramente en nuestros jóvenes que sienten el llamado de Dios de servirle como profesionales de los medios. El problema pues estar en la propia iglesia y que sea ella misma la que haga la separación seglar-sagrado. Por lo tanta hace falta una revisión teológica de nuestra visión misionera para comenzar a poner un nuevo fundamento que de a luz este tipo de profesionales de la comunicación.

Por último, el Compromiso de Ciudad del Cabo nos plantea cómo comunicar el evangelio con relevancia cultural en los medios. Hoy es más posible que nunca llegar a la audiencia, pues los medios están al alcance de todos, pero también es más difícil que nunca, por la masificación y diversificación de los mismos. En ese contexto la relevancia implica enfoque.

Por mucho que lo queramos no vamos a ser relevantes para todas las audiencias. Hay que elegir bien a quién nos dirigimos, conocer sus necesidades y responder a sus preguntas. En la medida en que acertemos seremos relevantes.

Luego hay que ser excelentes, o al menos, intentarlo. La santificación del “todo vale” si se hace con un corazón sincero no es bíblica. Dios merece lo mejor. La descripción de los detalles tabernáculo (Ex. 28:37) demuestra que a Dios le agrada el color, el arte, la belleza sin escatimar en nada, aunque su pueblo esté en medio del desierto sin recursos. Cuando nos conformamos con la mediocridad, dejamos de buscar la relevancia y practicamos la endogamia espiritual que sólo sirve para engordarnos a nosotros mismos. Que seamos mediocres a veces es inevitable, porque carecemos de recursos y formación, pero que nos conformemos con ella, es pecado.

La relevancia cultural en los medios será el fruto de enfoque, excelencia y diálogo en busca de la santidad. Las redes sociales han colocado el diálogo como estilo comunicativo actual. Atrás han quedado los monólogos que por tanto tiempo caracterizaron a los medios. Ya no es así. Ahora todos nos vemos avocados a dialogar. Lo queramos o no la gente opina y a veces un blog puede llegar a tener más poder que una cadena de televisión histórica. Como cristianos debemos prepararnos para el diálogo (1 Ped.3:15) y entrar en los debates sin temor. Hoy más que nunca debemos santificar los medios encarnando la verdad de Cristo en ellos.

 Este artículo se corresponde a la serie que en un blog bajo el nombre de “Lausana”analiza y aplica el documento“Para el mundo al que servimos: La llamada a la acción de Ciudad del Cabo” , elaborado en el tercer encuentro del Movimiento Lausana (realizado en 2010 en África del Sur, al que acudieron cuatro mil líderes evangélicos de todo el mundo, y que se celebra cada diez años aproximadamente). 

 

Autores: Jose Pablo Sánchez

©Protestante Digital 2013