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¿San Pedro fue el primer Papa?

Publicado: julio 14, 2013 en Historia, Iglesia

Mario Escobar Golderos

Historia e historias de los Papas (1)

 

¿San Pedro fue el primer Papa?

 

 La Iglesia Católica en su defensa del papado como institución divina argumenta fundamentalmente el texto de Mateo 16: 13-20.

 

  Hace no mucho tiempo el actual papa de Roma, Benedicto XVI, sorprendía al mundo por su abdicación o renuncia. No es muy común que un Papa deje su cargo en vida, aunque tampoco es el único caso. En unas semanas estaremos hablando de los papas, su historia y contradicciones.

Espero que disfruten de esté viaje al corazón de la Iglesia Católica Apostólica Romana.

El título de papa ha sido discutido a lo largo de la historia. El obispo de Roma, que era como se conocía al papa en los primeros siglos de la Cristiandad, ha sufrido una evolución en estos casi dos mil años de historia hasta convertirse en lo que es hoy. De un sencillo obispo o pastor de los fieles de Roma a un representante del cristianismo en la parte occidental del Imperio Romano, para convertirse más tarde en representante de Dios en la Tierra, infalible en doctrina y uno de los hombres más poderosos del planeta. La pregunta es: ¿Realmente Cristo dejó a un representante suyo en la Tierra? ¿Es el papado una apropiación indebida de la Iglesia Católica?

Cuando Cristo se apareció a sus discípulos tras la resurrección y les ordenó la Gran Comisión de hacer discípulos por toda la tierra, tuvo un trato especial con el apóstol Pedro, que siempre había destacado como uno de los líderes del grupo.

La Iglesia Católica en su defensa del papado como institución divina argumenta fundamentalmente el texto de Mateo 16: 13-20en el que Jesús hace toda una declaración sobre Pedro, que ha reconocido que era el Cristo. El texto dice lo siguiente:

 13 Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?
 14 Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.
 15 El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
 16 Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
 17 Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
 18 Y yo también te digo, que tú eres Pedro,[a] y sobre esta roca[b] edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.
 19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.
 20 Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.

Jesús había cambiado con anterioridad el nombre de Simón de su discípulo por Pedro que quiere decir textualmente piedra. ¿Estaba reconociendo Jesús a Pedro como su máximo representante en la tierra?

Naturalmente, una lectura apresurada nos hace ver que Jesús se está refiriendo a Pedro como una especie de sustituto, pero cuando hacemos una lectura más detallada vemos algo muy distinto.

Jesús se había anunciado en varios momentos como la roca. El autor de la Epístola a los Romanos habla de Cristo como la roca de Sion [1] . El apóstol Pablo, en su primera epístola a los Corintios capítulo 10 y vero 4 dice textualmente: ”y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo”.

Pero el mismo apóstol Pedro reconoce a Cristo como la Roca en su epístola: “ Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, m porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados[2] ”.

Por otro lado tanto el libro de Los Hechos de los Apóstoles, como todo el Nuevo Testamento nos habla de un gobierno colegiado apostólico, sin caer en una monarquía dirigida por el apóstol Pedro.

Entonces, ¿cómo tenemos que interpretar el texto de Mateo?

Cuando Pedro reconoce que Jesús es el Cristo, está reconociendo que es el Mesías enviado por Dios para salvar al hombre. Entonces Jesús hace un juego de palabras, diciendo como tú eres Pedro, sobre esta piedra o declaración que has hecho edificaré mi iglesia. ¿Sobre qué declaración? La de que Jesús es el Cristo esperado.

Aún puede surgir una duda, ¿por qué le da a Pedro las llaves?

En primer lugar Jesús vuelve a referirse a la verdad que dice Pedro más que a su persona. En el evangelio de Lucas capítulo 11 y versículos 52 dice a los escribas y fariseos:

 “!!Ay de vosotros, intérpretes de la ley! porque habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis”.

El apóstol Pedro había encontrado la llave interpretativa de las Sagradas Escrituras al ver en Cristo el cumplimiento de las promesas, por eso él tenía las llaves y con su mensaje podía condenar o salvar al mundo al proclamarlo, ya que el que lo aceptaba era salvo, pero el que no lo aceptaba era condenado.

El hecho de atar y desatar cosas en el Cielo y en la Tierra es el resultado de la predicación de esa verdad de que Jesús es nuestro salvador, por eso el mismo Cristo incluirá en ella a todos los creyentes al decir en Mateo 18:18:

 De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo” .

En la profecía de Isaías 22:22 vemos como el profeta habla del poder de Cristo para abrir y cerrar: “ Y pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; y abrirá, y nadie cerrará; cerrará, y nadie abrirá”.  Aunque algunos católicos han interpretado este texto referido a Pedro y sus sucesores en Apocalipsis 1:18, vemos que únicamente uno puede abrir las puertas de los cielos y el Hades: “ y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades”.

Para concluir. ¿Es pues el papa el vicario de Cristo? ¿Necesitamos un intermediario para que Dios nos hable? La Biblia nos dice que el único abogado que tenemos para con el Padre es Cristo, que Él intercede por nosotros y que Él nos defiende de las acusaciones del Diablo.

Según la Biblia todos somos reyes y sacerdotes, no hace falta una casta sacerdotal que haga ciertos ritos, porque el Sumo Sacerdote, según el orden de Melquisedec, que es anterior al pacto de Abraham, es Cristo, convirtiéndose también en sacrificio vicario, una vez y para siempre [3] .

En las próximas semanas veremos la historia de los papas y su evolución hasta la actualidad.


   [1]  Romanos 9:33
   [2]  1ª Pedro 2:8.
   [3]  Leer el libro de Hebreos.

 

Autores: Mario Escobar Golderos

 

©Protestante Digital 2013

 

 


Rubén Gómez Cuenca

 

 

Revisando el concepto de salvación

 

Nunca se me hubiera ocurrido que la historia de Adán y Eva pudiera arrojar tanta luz para tratar este tema hoy.

 

  ¿Cómo tratamos el pecado con una generación que no cree en tal cosa? Ya expliqué en el artículo anterior cómo ante los retos que enfrentamos como iglesia algunos fuimos desafiados por el escritor y conferenciante Félix Ortiz a encontrar respuestas en la revelación de Dios, que es fresca y dinámica. Nos acercamos personas de diferentes trasfondos denominacionales a revisar nuestro concepto de pecado con el fin de completar nuestra visión actual y descubrimos que en estos días ciertos aspectos deben ser recuperados.

Nunca se me hubiera ocurrido que la historia de Adán y Eva pudiera arrojar tanta luz para tratar en el S.XXI un tema tan crucial en la fe cristiana como es el pecado. Siendo sincero, no me interesa mucho si esta nueva generación cree que la cosmogonía judeo-cristiana pasó tal y como se narra en el Génesis o no, pues lo más importante y sorprendente para mi es que esta historia está pasando hoy.

Adán y Eva nos recuerda que tú y yo podemos elegir, que no hay libertad ni relaciones significativas si no podemos decir no. También nos permite entender el concepto bíblico de pecado como rebelión por el deseo de ser iguales a Dios desde la independencia de su soberanía. Si bien esto último es difícil de aceptar si dudas o no crees en la existencia de Dios, no he encontrado ninguna persona que no acepte al menos tres de las cuatro consecuencias del pecado que vemos en la historia de Adán y Eva:

– La ruptura en nuestra relación con Dios: la generación del S.XXI, como Adán y Eva, se sigue escondiendo de Dios (…me escondí…, Gen 3:10).

– La ruptura interior: la generación del S.XXI, como Adán y Eva, experimenta temor, vergüenza, culpabilidad y otras emociones autodestructivas (…tuve miedo…, Gen.3:10).

– La ruptura con el prójimo: la generación del S.XXI, como Adán y Eva, conoce lo que es ser insolidario, al no asumir la responsabilidad propia y señalar a otros como culpables (…la mujer que me diste… Gen.3:12), ésta es la raíz de los problemas familiares, laborales, violencia de género, guerras…

– La ruptura con el medio ambiente: la generación del S.XXI, como Adán y Eva, experimenta la frase “maldita será la tierra por tu causa” (Gen.3:17) y parece que es más consciente que muchos cristianos de que nos estamos cargando el planeta.

Los cristianos tenemos un mensaje crucial para el S.XXI. Según 1ª Juan, que Jesús ha venido para deshacer las obras del diablo. Este Jesús es la imagen de un nuevo hombre, de una nueva creación. Podemos decir que él ha venido a restaurar lo que hemos estropeado.

Nuestro concepto de pecado determina nuestro concepto de salvación y cuando reducimos el pecado a una ruptura con Dios, la salvación puede ser expresada a esta generación sólo como conseguir un boleto hacía el cielo. No estoy desvalorizando el que Jesús nos otorgue vida más allá de la muerte, lo que estoy tratando de expresar es que en el siglo XXI hay una generación que reconoce que necesita ser salvada de su ruptura interior, de su ruptura con el prójimo y de su ruptura con el medio ambiente. Y sospecho que experimentar a Jesús en estas áreas nos acerca a conocer mejor al Padre con el que necesitamos ser restaurado.

Nuestro mundo actual necesita experimentar el ministerio integral de Jesús de la misma manera que lo experimentó Zaqueo, quien se sintió valorado y aceptado a pesar del rechazo de sus compatriotas y después decidió restaurar sus relaciones rotas. O el leproso, que fue tocado, sanado y conducido a recuperar el derecho de relacionarse de nuevo con su entorno.

Ante los zaqueos y leprosos actuales la iglesia se ha especializado en comunicar el mensaje de restauración con Dios, y he de confesar que a veces lo hacemos bien, sin embargo ante una generación que ha dejado de creer en los sermones, vamos a tener que ofrecer algo más que palabras si no queremos ser ignorados. Me importa bien poco si este mundo nos ignora cuando estamos haciendo lo que debemos, pero si lo hace porque hemos dejado de imitar el ejemplo de Jesús, tenemos un grave problema. ¿Cómo estamos tratando de restaurar la soledad y rechazo de nuestros compañeros de trabajo y vecinos ¿Qué estamos haciendo para restaurar las relaciones rotas en nuestra familia? ¿Evitamos la contaminación de todo lo que en este planeta refleja la creatividad y hermosura de nuestro Dios? La salvación que Jesús ofrece toca el centro de estos asuntos y su ejemplo y modelo nos libra de solo ofrecer un sermón. No tengas la menor duda, Él nos ve de manera integral y nos ofrece una salvación integral. El mensaje de que podemos ir al cielo es una parte valiosa del puzzle, pero debemos completar el cuadro si queremos que nuestro mensaje tenga un contexto de credibilidad en estos tiempos.

En  www.agentesderestauracion.org  encontrarás de manera gratuita un material audiovisual autóctono muy valioso para entender este marco teológico. Este espacio es un ejemplo de los resultados que puede llegar a tener revisar nuestra hoja de ruta con el fin de llevar las buenas noticias a las nuevas generaciones.

Hasta aquí hemos visto que para enfrentar el reto de ser iglesia en el S.XXI necesitamos revisar nuestra teología a la luz de la revelación, pues nuestra teología determina nuestro ministerio y no deja de ser una construcción humana. Hemos empezado revisando nuestro concepto de salvación y proponiendo una visión integral del mismo basados en la cosmogonía bíblica y el ejemplo de Jesús. El próximo punto a revisar será nuestra cosmovisión de la espiritualidad y como esta nos puede ayudar u obstaculizar en nuestro objetivo de conectar con las nuevas generaciones.

 Este artículo forma parte del Número 2 de la Revista Protestante Digital Verano. Puedes descargarla aquí (PDF) o bien leerla a continuación:

Autores: Rubén Gómez Cuenca

 

©Protestante Digital 2013

 

 


Juan Francisco Martínez

Reforma migratoria en EE.UU.

 

Entre la esperanza y el temor

 

 

 Lo que va a persuadir a los que están en temor no será un argumento político o económico, sino el poder visualizar un futuro de esperanza.

 

  Todos los que estamos involucrados en los procesos relacionados a la reforma migratoria nos encontramos entre esperanza y temor. Hace pocos días el senado tomó una acción histórica al pasar una ley de reforma, pero ahora nos vemos ante el temor de que la Cámara de Representantes trabe el asunto y no salga nada. Y en este momento muchos diferentes grupos en el país se encuentran en este mismo lugar.

Por supuesto, los indocumentados confrontan el temor de otra oportunidad frustrada.

Hace seis años hubo mucha expectativa sobre una ley de reforma, pero no hubo suficiente voluntad política ni entre demócratas ni republicanos. Los indocumentados se quedaron “vestidos y alborotados” y no vieron nada.

Hoy hay más esperanza, pero también más temor de que se queden a medio camino los esfuerzos, de nuevo. También existe el temor de que para cuando salga una ley que persuada a todos, tenga tantos “peros” que sean pocos los que verdaderamente puedan aplicársela.

Entre los políticos parece que los republicanos tienen más temores que esperanzas.El liderazgo nacional vive entre el temor de perder el voto latino por varios ciclos electorales y el alienar a su base que está en contra de la reforma.

A nivel local muchos congresistas republicanos le tienen más temor a su distrito local que a la realidad nacional. Ellos temen que si toman una postura positiva hacia la reforma su distrito los saque a favor de un republicano “más fiel” a la postura anti-inmigrante.

La esperanza del liderazgo nacional es que esto “se arregle” lo más pronto posible para que no les afecte negativamente con el voto latino en las siguientes elecciones.

También hay algunos líderes nacionales que están seguros de que pueden ganar un porcentaje alto del voto latino, si pueden romper la tensión interna del partido y caminar hacia una reforma.

Los demócratas tienen varias esperanzas. Si pasa o no pasa la reforma ellos son los “buenos del guión”. Sus temores son menos obvios. Un miedo suyo es que el voto en la Cámara no alcance una mayoría absoluta por culpa de varios demócratas que votarán en contra de la reforma.

Otro temor que no mencionan es que si hay reforma migratoria ellos paradójicamente perderán voto latino. La situación actual, donde no se aprueba una ley, les favorece políticamente siendo que muchos latinos que antes han votado por republicanos no lo harán de nuevo hasta que haya una reforma.

Mucha gente de “raza blanca” en este país también vive entre esperanza y temor.

Para muchos es difícil definir el temor. La mayoría no lo identifica como una perspectiva anti-latina. Sin embargo, existe el temor del cambio demográfico. El mundo está cambiando y eso crea temores hacia los “de afuera” que son la cara de esos cambios. Le cuesta a muchos de la mayoría tener esperanza porque el futuro representa cambios que afectarán su posición social en este país.

Es por eso que se habla de “defender la frontera” aún entre los que están a favor de la reforma. Le tienen miedo al vecino mexicano porque dicho vecino representa cambio y diferencia. Si darse cuenta insulta al vecino, siendo que lo trata como enemigo. Pero lo único que entienden es “buscar seguridad” aunque otros se vean afectados adversamente.

Desde las perspectivas políticas la situación está trabada. Y es por eso que la acción cristiana en este momento no puede tomar matices políticos. Nuestro papel tiene que ser orar por la intervención divina y ser agentes de la esperanza divina.

Es crucial ayudar a nuestros hermanos y hermanas “anglos” entender que nuestro mundo sigue estando en manos de Dios. Necesitamos caminar con ellos para que ellos puedan ver en una reforma migratoria una acción de esperanza para nuestro país.

Lo que va a persuadir a los que están en temor no será un argumento político o económico, sino el poder visualizar un futuro de esperanza. Los que estamos trabajando a favor de la reforma necesitamos vivir y demostrar esperanza en el futuro de nuestro país con la legalización de los indocumentados. Reconocemos que habrá una reforma migratoria cuando la mayoría tenga esperanza en el futuro.

Por eso oramos y trabajamos: por la esperanza.

Autores: Juan Francisco Martínez

 

©Protestante Digital 2013

 

 


Leonardo de Chirico

 

 

Lumen Fidei, primera Encíclica del papa Francisco

 

 

 La fe de la LF es la fe que el Concilio de Trento definió en sus decretos y cánones. Parte del lenguaje llega a ser evangélico, pero su núcleo teológico es católico romano.

 

  Como maestros supremos de la Iglesia Católico Romana (ICR), los Papas escriben encíclicas para exponer los aspectos de la fe cristiana católica que consideran que pueden ser particularmente relevantes o importantes para la gente de su tiempo.

Las encíclicas marcan el perfil teológico de un pontificado determinado y proporcionan un útil enrejado interpretativo del mismo. Por consiguiente, es interesante leer la primera encíclica del Papa Francisco que fue presentada oficialmente el 5 de Julio de 2013 y se titula:  Lumen Fidei  (LF), (La Luz de la Fe).

Es la primera obra articulada teológicamente desde que se convirtió en el Papa Francisco.

PROYECTO ORIGINAL DE BENEDICTO XVI
El primer elemento que cabe destacar es que realmente es un trabajo que procede de Benedicto XVI, ahora Papa emérito.

Ratzinger había planeado una trilogía de encíclicas sobre las virtudes teológicas del Amor, la Esperanza y la Fe (en este orden). A este respecto escribió  Deus Caritas Est  (Dios es Amor, 2005) y  Spe Salvi  (Salvados por la Esperanza, 2007) y estaba a punto de publicar la última sobre la Fe, habiendo ya completado el primer borrador.

Su inesperada dimisión trajo consigo una interrupción de la misma. Como es de suponer pasó el manuscrito a Francisco quien pensó que sería una buena idea publicarlo como una parte de su misma enseñanza y posteriormente añadir “algunas contribuciones” de su propia cosecha (7).

Nos enfrentamos, por lo tanto, a una encíclica firmada por Francisco, pero conformada en gran medida por Benedicto XVI.

La contribución de Ratzinger es evidente a través de todo el texto. Casi todas las citas proceden o bien de la tradición alemana (p.e. F. Nietzsche, 2; M. Buber, 13; R. Guardini, 22; L. Wittgenstein, 27; H. Schlier, 30) o de la mayor cultura europea (Dante, 4; J.-J. Rousseau, 14; F. Dostoevsky, 16; J.H. Newman, 48; T.S. Eliot, 75).

Queda claro que un erudito como Ratzinger está detrás de estas discusiones. El muy amado Agustín es, con diferencia, el Padre de la Iglesia más citado (p.e. 10, 15, 19, 23, 31, 33, 43, 48). La teología de Agustín fue el sujeto del doctorado de Ratzinger. Los temas y el matiz del pensamiento de Ratzinger también están fuertemente reflejados en la forma en que sus encíclicas tratan los asuntos de la verdad y el relativismo (p.e. 25) o la modernidad y su “totalitarismo” que excluye la fe (p.e. 54).

Aparentemente Francisco encuentra satisfactorio todo esto y, por lo tanto, no hace cambios ni modificaciones.

LF recuerda “el don de la sucesión apostólica” a través de la cual la memoria de “la” Iglesia tiene garantizada la continuidad (49) y la encíclica en sí misma testifica la sucesión ininterrumpida del Papado incluso en lo que se refiere a la doctrina.

LENGUAJE “EVANGÉLICO” PERO …
LF es una larga reflexión sobre la fe, dividida en cuatro partes. Empieza con el carácter bíblico de Abraham y la subsiguiente historia del pueblo de Israel. El lenguaje es bíblico (p.e. la fe se aparta de la idolatría, 13) y el tono es evangélico (p.e. la fe es un “encuentro personal”, 13). Hay un punto en que el texto va tan lejos como para decir que “Creemos en Jesús cuando lo acogemos personalmente en nuestras vidas y viajamos hacia él, aferrándonos a él en el amor y siguiendo sus pasos a lo largo del camino” (18).

Quedándose aquí se puede pensar que éste es un documento evangélico que acentúa el lenguaje personal de la fe. Pero, no es toda la historia. Si se sigue leyendo se encuentra una sección titulada “La salvación por la fe”. Se observa la ausencia del adverbio “sola”, la cual es desde luego fundamental para una comprensión evangélica de la salvación.

La Reforma Protestante del siglo XVI insistía en que la salvación es “por la fe sola”, pero desde el Concilio de Trento, la Iglesia Católico Romana no ha aceptado la doctrina de la salvación por la gracia sola a través de la fe sola.

En realidad, Francisco escribe que “el principio de la salvación es la apertura a algo más importante que nosotros mismos” (19).

La fe, indica el Papa, es únicamente el comienzo del proceso, pero el viaje del creyente requiere la fe más las obras, la fe mediante los sacramentos y la fe con la Iglesia que imparte los sacramentos. En otras palabras, la fe de la LF es la fe que el Concilio de Trento definió en sus decretos y cánones. Parte del lenguaje ha llegado a ser evangélico, pero en su núcleo la sustancia teológica es católico romana.

FE SACRAMENTAL
La tercera parte de la LF se explica con más detalle. En ésta Francisco (y Benedicto) quieren subrayar el hecho de que la Iglesia es “la madre de nuestra fe”(37-38).

Nuestra fe nunca surge en nosotros como individuos, sino que nos precede y nos sigue. Es mediante “la Tradición apostólica preservada por la Iglesia” que la fe nace y es alimentada. Citando al Vaticano II, Francisco escribe que “la Iglesia, en su doctrina, su vida y su culto, perpetúa y transmite a cada generación todo lo que ella misma es, todo lo que cree” (40).

Ya no es la Palabra de Dios la que guía el camino, sino “la” Iglesia. La forma en que lo hace es a través de los sacramentos. En un revelador pasaje, LF dice que “la fe en sí misma posee una estructura sacramental” (40). Según LF, la fe es un encuentro personal, pero la fe también se recibe mediante los sacramentos. Son las dos caras de la misma moneda. Lo que sigue es una breve explicación de la doctrina católico romana de la regeneración bautismal (41-43) y de la Eucaristía (44-45), las cuales son la puerta de entrada a la fe y a su más alta expresión. El Papa continúa diciendo que esta doctrina es una y la misma, es decir, las dimensiones sacramentales y personales de la fe son indivisibles (47-49).

Como es común en las encíclicas, LF también termina con una invocación a María, “Madre de la Iglesia, Madre de nuestra fe”(58-60). Mientras los discípulos pidieron al Señor que les aumentara su fe (Lucas 17:5), LF acaba con una oración a María: “¡Madre, ayuda a nuestra fe!”.

Lumen Fidei representa la apropiación actual del lenguaje evangélico por parte de importantes sectores de la Iglesia Católico Romana. Empezó con la “evangelización” y ahora continúa con la fe como “un encuentro personal”.

El Papa Francisco parece estar liderando el camino en este proceso. Esta apropiación, no obstante, debe ponerse en el contexto de la doctrina católico romana tradicional que es tridentina, sacramental y mariana.

Autores: Leonardo de Chirico

 

©Protestante Digital 2013