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¿Jehová, Yahvé, Señor…?

Publicado: septiembre 23, 2013 en Teología

Las traducciones actuales
 
 
Para quienes hemos nacido en la tradición evangélica y pertenecemos a las generaciones que crecieron con la Reina-Valera 1909 ó 1960, leer o decir «Jehová» para referirnos al nombre especial y singular del Dios del Antiguo Testamento es algo normal.
Sin embargo, a partir de la década de los setenta, con la aparición de nuevas traducciones y versiones castellanas, los lectores de la Biblia han descubierto, unas veces con inquietud y otras con sorpresa, que «Jehová»(1) no es la única manera de escribir ese nombre especial de Dios.
Tomemos como ejemplo cuatro de las versiones más recientes de la Biblia: Nueva Biblia de Jerusalén (1998), La Biblia *Latinoamérica (1995), Nueva Versión Internacional (1999) y Dios habla hoy (1994).

La Nueva Biblia de Jerusalén, siguiendo el ejemplo establecido por la versión francesa original, usa la siguiente forma del nombre especial de Dios: «Yahvé»:
Dios habló a Moisés y le dijo: “Yo soy Yahvé. Me aparecí a Abrahán, a Isaac y a Jacob como El Sadday; pero mi nombre de Yahvé no se lo di a conocer” (Ex 6.2-3).
 
Lo mismo hace La Biblia *Latinoamérica, sólo que en este caso usa una forma más castiza; es decir, evita incluir la «h» intermedia del nombre, y escribe «Yavé»:
Dios habló a Moisés, le dijo: “¡Yo soy Yavé! Me di a conocer a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios de las Alturas, pues no quise revelarles ese nombre mío: Yavé.”
 
Es importante indicar que ambas versiones son publicadas por editoriales católicas.
La Dios habla hoy sigue el ejemplo establecido por la versión griega desde el tercer siglo antes de la era cristiana (la Septuaginta). Esta versión, hecha por judíos para judíos, evitó escribir el sacrosanto nombre de Dios y en su lugar usó la palabra griega kyrios, que a su vez traducía la palabra hebrea Adonay. Ambas tienen el sentido castellano de «Señor» (lo que en inglés se denomina «Lord»). Así, Dios habla hoy dice en Éxodo 6.2-3:
Dios se dirigió a Moisés y le dijo: —Yo soy EL SEÑOR. Me manifesté a Abraham, Isaac y Jacob con el nombre de Dios todopoderoso, pero no me di a conocer a ellos con mi verdadero nombre: EL SEÑOR.
 
En la mayoría de lugares donde se cita este nombre de Dios, Dios habla hoy escribe «Señor». En Ex 6.2-3 pone el nombre con todas las letras mayúsculas por lo especial del pasaje. La Nueva Versión Internacional se coloca en la misma tradición, y se une a la mayoría de versiones modernas tanto castellanas como inglesas para usar el título «SEÑOR» en lugar del nombre especial o sacrosanto. Nótese que en esta versión el título aparece en versalitas o letras mayúsculas pequeñas (y no incluye el artículo con este tipo de letra):(2)
En otra ocasión, Dios habló con Moisés y le dijo: “Yo soy el SEÑOR. Me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob bajo el nombre de Dios Todopoderoso, pero no les revelé mi verdadero nombre, que es el SEÑOR”.
 
No conozco ninguna versión castellana que utilice, para referirse al nombre especial de Dios, alguna forma diferente de las tres indicadas en los párrafos precedentes: «Jehová» (o «Jehovah»), «Yahvé» (o «Yavé») y «Señor» (o «SEÑOR»). La versión portuguesa A Bíblia na Linguagem de Hoje (1988) había preferido usar la expresión «Dios Eterno»:
Deus disse a Moisés: —Eu sou o Deus Eterno. Eu apareci a Abraão, a Isaque e a Jacó como o Deus Todo-Poderoso, porém não deixei que me conhecessem pelo meu nome de o Deus Eterno.
 
Sin embargo, en la revisión de esa versión, que lleva el nombre de Bíblia Sagrada. Nova Tradução na Linguagem de Hoje (2000) se abandona la expresión «Deus Eterno» y se prefiere «SENHOR».
¿Por qué tales diferencias? Para responder a esta pregunta será necesario retroceder varios milenios. Debemos encontrar las razones que han llevado a traductores y exegetas a usar una o más de las posibilidades antes expuestas.
¿Cuál es la ortografía original y qué significa?
 
Empecemos con la explicación que da a la palabra «Jehová» la versión Reina-Valera 60, en su glosario:
JEHOVÁ. Nombre personal de Dios en el Antiguo Testamento. En el hebreo primitivo, que carecía de vocales escritas, las consonantes son YHVH. Por respeto, dejó de pronunciarse, y en su lugar se leía “Adonay” (el Señor). Para recordar esto al lector, los rabinos le pusieron las vocales e, o y a, sólo como contraseña, cuando inventaron un sistema de vocales escritas para el hebreo. En los medios cristianos empezó a leerse desde fines de la Edad Media con esas vocales y así resultó la forma latinizada “Jehovah”, de donde viene “Jehová”. Los hebraístas han llegado al acuerdo general de que la pronunciación original debe de haber sido Yahveh. Su significado se asocia con la idea de Ser o Existencia.
 
En esta explicación, resumida pero muy completa, encontramos todos los elementos necesarios para entender por qué algunas versiones usan «Jehová» (o «Jehovah»), «Yahvé» (o «Yavé»), «Señor» (o «SEÑOR»).
El «tetragrámaton» YHVH
 
Las cuatro consonantes que componen el nombre especial de Dios forman, en el Antiguo Testamento, el nombre divino que más se usa para referirse al Dios de Israel (unas 6,800 veces). Las cuatro consonantes hebreas (3)suelen transliterarse, con grafía castellana, de la siguiente manera: YHWH o YHVH.
Sin embargo, no está del todo claro, aun en el día de hoy, si, en efecto, fueron cuatro las consonantes que formaban parte, desde el principio, del nombre especial de Dios. En el Antiguo Testamento encontramos dos formas cortas del nombre: yh (Ex 15.2) y yhw, que aparece sobre todo como parte de nombres propios. La presencia de estas formas cortas en documentos extrabíblicos anteriores a Moisés, lleva a pensar que podrían ser las formas más antiguas del nombre. Sin embargo, al decir de Walter Eichrodt y otros, la forma larga, YHVH, es la apropiada para el nombre especial de Dios, y está directamente unida a la revelación divina a Moisés.(4) Es importante señalar, al respecto, que la forma larga del nombre divino se encuentra presente en la «Estela de Mesa» o «Estela moabita», documento extrabíblico del siglo 9 a.C. Esa forma larga de cuatro consonantes proviene, según el consenso general de los biblistas, de hwy/hwh, raíz semítica del noroeste, empleada en el imperfecto del tema verbal simple, qal.(5)
Un problema todavía mayor tiene que ver con la pronunciación original y el significado de la palabra, si es que lo tenía. Tal como se dice en el glosario de la Reina-Valera 60, el consenso entre los biblistas es que «Yahveh» («Yahvé» o «Yavé») fue, posiblemente, la pronunciación de la palabra. Varios textos griegos provenientes del período patrístico corroboran tal pronunciación: Iabé, como la transcribía Teodoreto de Ciro o Iaoué, como la transcribía Clemente de Alejandría. Además, la forma «Yavé» responde de mejor manera a las reglas gramaticales del hebreo bíblico. A esto debe añadirse el hecho de que esa secuencia fonética aparece en un buen número de nombres amorreos.(6)
En relación con el significado, aunque se han ensayado varias propuestas, el texto bíblico (de manera especial Ex 3.14; véase también Os 1.9), y los estudios filológicos en general apuntan hacia una forma del verbo «ser» en hebreo. El verbo hebreo, a diferencia del verbo castellano, tiene lo que en gramática se llama «temas verbales». En el caso específico del nombre divino, Yahvé, los biblistas han señalado que el nombre podría ser una forma del imperfecto del tema verbal simple llamado qal o una forma del imperfecto del tema verbal causativo «hifil».
La escuela norteamericana, iniciada por William Albright, se inclina más por el causativo y da al nombre divino el sentido de «el que causa la existencia» o «el que crea». Aunque este sentido ha gozado de gran aceptación, en las últimas décadas ha sido objeto de importantes objeciones.
De acuerdo con Tryggve N. D. Mettinger,(7) «YHVH» (o «Yahvé») significa simplemente «Él es». Esto se deduce como consecuencia lógica de la forma verbal en primera persona que aparece en Ex 3.14: (ehyeh) «Yo soy». Si Dios dice de sí mismo: «Yo soy», el pueblo dice de Dios: «Él es». Esta es la postura que actualmente goza de mayor aceptación. Véase como ejemplo la afirmación al respecto de E. Jenni:(8)
…parece que debemos limitarnos prácticamente al modo qal «él es, se manifiesta actuante» […]. Esta explicación etimológica del nombre de Yahvé, que es la más comúnmente aceptada entre los autores modernos, se parece mucho a la presentada en Ex 3.14.
 
Hasta aquí podemos decir que aquellas versiones como la Nueva Biblia de Jerusalén y La Biblia *Latinoamérica responden correctamente a las conclusiones alcanzadas por la mayoría de los biblistas. El uso del nombre «Yahvé» o «Yavé» para referirse al nombre especial de Dios es, en efecto, correcto. Sin embargo, todavía falta responder la siguiente pregunta: ¿por qué la mayoría de las versiones castellanas (o inglesas, francesas, portuguesas, alemanas) no sigue este consenso? …si blasfemare el Nombre, que muera (Lv 24.16, RVR-60)
Existen muchos testimonios, tanto en la literatura bíblica como en la extrabíblica, que demuestran lo sacrosanto que llegó a considerarse el nombre «Yahvé». La cita de Levítico, así como el tercer mandamiento del decálogo, son dos ejemplos importantes al respecto. A menudo leemos o escuchamos del cuidado con el que los copistas judíos de la antigüedad transmitieron con profunda reverencia los documentos que contenían el nombre de Dios. Se cuenta de varios escribas que dejaban en blanco el espacio donde se debía escribir el nombre de Dios, y sólo lo completaban después de una serie de ritos especiales de purificación. En otros casos, el nombre se sustituía por cuatro puntos o se escribía con una grafía especial, a menudo más antigua.
Aunque no se sabe la fecha exacta en la que se abandonó el uso del nombre en los textos bíblicos, la mayoría de los especialistas considera que eso debió de haber sucedido en algún momento de la época posexílica. Tanto la Septuaginta como los documentos procedentes del judaísmo rabínico (adyacente a las sinagogas) indican que, para la lectura pública, cada vez que se llegaba a un texto que contenía las consonantes YHVH, sustituían estas, especialmente, por la palabra hebrea Adonay. En la Septuaginta, la palabra griega correspondiente es Kyrios. Varios libros bíblicos muestran que la palabra Elohim («Dios») también sustituyó el nombre YHVH.
Además de las dos palabras ya mencionadas, se recurrió, también, a las expresiones «el Nombre» y «el cielo». Este último ejemplo se nota sobre todo en casos como el de Lucas 15.21 donde el «hijo perdido» le dice a su padre que había ofendido al «cielo», sustituyendo así el uso del nombre sacrosanto.
¿Por qué «Jehová» y no «Yahvé» en la RVR-60 y en la RVR-95?
 
Cuando los masoretas (grupo de eruditos judíos de la Edad Media) decidieron agregarle al texto bíblico hebreo la puntuación vocálica, con el fin de evitar la pérdida de la pronunciación correcta de las Sagradas Escrituras, trataron de manera muy especial el nombre divino. A las cuatro consonantes del nombre sagrado, YHVH, le agregaron los signos vocálicos correspondientes a la palabra hebrea Adonay, creando así lo que los especialistas llaman el qerê perpetuum; es decir, aunque las consonantes permanecen a la vista, la verdadera pronunciación del nombre quedó por siempre perdida. La combinación de las dos palabras (consonantes del nombre original y vocales del nombre sustituto) dio como resultado el nombre híbrido Yehovah.(9) Para la mayoría de los lectores de este texto hebreo acompañado de signos vocálicos (que hoy conocemos como «Texto Masorético», TM) no hubo problema alguno: cada vez que aparecía el nombre compuesto, su mirada se centraba en las vocales, no en las consonantes. Por ello, en la lectura pública jamás se pronunciaban las consonantes.
El problema vino cuando los lectores y traductores cristianos empezaron a leer el nombre híbrido. Sea por ignorancia o uso consciente, el caso es que para el año 1100 d.C. ya aparecía en las traducciones y lecturas públicas de la iglesia el nombre «Jehová». Los biblistas de la Ilustración y la Reforma no objetaron el uso de «Jehová». No fue sino hasta el siglo 19 de nuestra era cuando los biblistas empezaron a poner resistencia al uso del nombre híbrido, reconociéndolo como una aberración gramatical.
El hecho de que tal nombre aparezca en varias versiones antiguas conocidas, como la Reina-Valera y la King James (inglés), muestra que la fuerza de la tradición perduró en ellas. Los traductores y revisores de esas versiones, sobre todo en la antigüedad, lo tomaron del latín y lo transcribieron a sus respectivas versiones. Muchos himnos en la tradición evangélica castellana muestran ser también herederos de esa tradición.
¿Por qué «Señor» o «SEÑOR» en lugar de «Yahvé» o «Jehová»?
 
Cualquier lector de la Biblia que haya usado una buena variedad de versiones contemporáneas tanto en castellano como en los otros idiomas mayoritarios, descubrirá que la tendencia es evitar cualquiera forma del nombre sacrosanto de Dios. En su lugar, siguiendo la tradición iniciada por la Septuaginta, se usa el título «Señor» o «SEÑOR».
Así se respeta la larga tradición judía de no pronunciar el nombre sacrosanto de Dios, y se opta por usar la traducción de una palabra cuya pronunciación y grafía no tienen problema alguno: Adonay. Además, desde la perspectiva teológica, no solo se resalta el hecho de que el nombre sacrosanto guarda un misterio y encierra un secreto, sino que también reconoce que Jesucristo, a quien el Nuevo Testamento se refiere como «Señor», es el mismo Dios del Antiguo Testamento a quien la tradición judía también llama «Señor».
Conclusión
 
Con el respeto que se merecen todos aquellos que se sienten inclinados a usar versiones que han elegido tal o cual uso del nombre divino, quien esto escribe ofrece su opinión respecto del tema.
La tarea de las traducciones bíblicas ha demostrado lo difícil que resulta traducir los nombres y títulos de Dios a los diversos idiomas que hoy existen en el mundo. Para quienes nos dedicamos a la traducción de la Biblia a los llamados «idiomas indígenas», este es un asunto que no se puede tomar a la ligera, porque el problema no sólo se da en el ámbito de tradiciones y confesiones cristianas, sino sobre todo en el de las características lingüísticas de cada idioma. En este sentido, nuestras traducciones castellanas también tienen que tomar en cuenta a los traductores indígenas que usan nuestras versiones como modelo de traducción y como fuente.
Por otro lado, quienes traducen, revisan, publican y distribuyen las Sagradas Escrituras tienen que tomar en cuenta al público que las va a usar. La variedad de versiones, que manifiestan distintas maneras de enfrentar la tarea de traducción, responde a necesidades diversas de la misión de la iglesia. Por ello, es importante que todos perciban con claridad el valor de cada versión como proyecto singular, y no caigan en la tentación de valorarla o evaluarla a la luz de otra versión en particular.
Hay versiones que han sido traducidas o revisadas con el fin de servir al mundo académico y a los que necesitan, por su papel en la misión de la iglesia, profundizar más en la exégesis y la interpretación. Para ellos, me parece a mí, una versión que decida transcribir el nombre de Dios como debió de ser el original, «Yahvé», es algo excelente. Tales versiones, como es el caso de la Nueva Biblia de Jerusalén, también prestan especial atención a la trascripción de los otros nombres y títulos divinos, y de otros asuntos importantes para la exégesis.
Existen, por otro lado, versiones cuyo propósito es el uso litúrgico. Es decir, han sido preparadas para la lectura pública. En tales casos, la Dios habla hoy sería una buena opción por el uso de «Señor». Hay que reconocer que en el culto y en la proclamación de la Palabra no siempre están presentes o escuchan personas de la misma tradición o confesión cristiana. Por ello, el uso de la palabra «Señor» responde perfectamente a la sensibilidad interconfesional.
En la línea interconfesional debe colocarse la versión Dios habla hoy. Esta versión, que también usa el título «Señor», responde a la necesidad de servir a un público tan variado y tan diverso como es el de la cristiandad latinoamericana. La DHH, por ser una traducción del siglo 20 y para el mundo hispanohablante, reconoce tácitamente que el uso de «Jehová» o «Yahvé» corre el peligro de alienar o incomodar a importantes sectores de la cristiandad latinoamericana. De todos es sabido que el uso de «Jehová» es propio de la tradición protestante y el de «Yahvé», de la católica.
Y esto nos hace hablar de las versiones pertenecientes a la tradición de Reina-Valera. Aunque el nombre «Jehová» sea, como ya se ha dicho una y otra vez, un híbrido poco feliz, quienes hemos crecido en la tradición protestante de habla hispana veríamos como cosa extraña recibir una Biblia que sea Reina-Valera y que no tenga «Jehová» como el nombre de Dios. Estemos o no de acuerdo con la ortografía y uso de la palabra, ella pertenece a Reina-Valera, y no podemos retroceder al siglo 16 para cambiarla. Mi opinión es que toda versión que surja como producto de la revisión de Reina-Valera, debe, por respeto a la tradición, mantener el nombre «Jehová».
Las nuevas generaciones protestantes deberán estar preparadas para el uso de versiones que respondan mejor a los avances exegéticos y lingüísticos, así como a la sensibilidad interconfesional que tanto necesitamos para realizar mejor nuestra tarea misionera.
Bibliografía
 
Jenni, Ernest
1978 «Yhwh Yahvé», en: Diccionario   teológico manual del Antiguo   Testamento, Volumen I, cols.   967-975. Madrid: Ediciones   Cristiandad  Mettinger, Tryggve N.D.
1994 Buscando a Dios: significado y   mensaje de los nombres divinos en la Biblia. Córdoba: Ediciones   El Almendro  Rad, Gerhard Von
1972 Teología del Antiguo Testamento,  Volumen I. Salamanca: Ediciones   Sígueme  Vaux, Roland De
1974 Historia antigua de Israel, Volumen I.   Madrid: Ediciones Cristiandad
Notas:
1-La versión Reina-Valera Actualizada escribe el nombre de Dios de la siguiente manera: «Jehovah», como intento de reproducir las cuatro consonantes (o tetragrámaton) del nombre hebreo.
2- Lo mismo hace La Biblia de las Américas.
3- Recuérdese que el hebreo se lee de derecha a izquierda.
4- Walter Eichrodt, Teología del Antiguo Testamento I, p. 173.
5- Roland De Vaux, Historia antigua de Israel I, p. 336 y 339.
6- De Vaux, p. 332.
7- Buscando a Dios. Significado y mensaje de los nombres divinos en la Biblia, p. 45-51.
8- «Yhwh Yahvé», Diccionario teológico manual del Antiguo Testamento I, p. 969-970.
9- Algunos se preguntarán por qué si Adonay empieza con la vocal «A», la palabra «Jehová» tiene como primera vocal la «e». La explicación es esta: en el hebreo existe una semivocal llamada «shevá» que normalmente se translitera como una «e» volada (e). El sonido de esta semivocal se acerca más al de la «e»; sin embargo, cuando acompaña a ciertas consonantes hebreas especiales, su sonido y grafía varían un poco. De allí que la semivocal en la palabra se transcriba como «a» y no como «e».

Este artículo fue publicado originalmente en la revista La Biblia en las Américas, número 262/ 2003.

Sobre el autor:
El Dr. Edesio Sánchez Cetina es miembro de la FTL y consultor de Sociedades Bíblicas Unidas. Fue el coordinador de la traducción “Biblia en lenguaje actual”. Mexicano, radicado en San José, Costa Rica. Tiene un doctorado en Antiguo Testamento del Union Theological Seminary, Richmond, Virginia, EE.UU.

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Por C. René Padilla

Si el propósito central de la misión cristiana es hacer discípulos, según la Gran Comisión que Jesucristo dio a sus discípulos, según Mateo 28:16-20, cabe la pregunta: ¿Cómo se hacen discípulos de Jesucristo? Para empezar, precisamos tomar en cuenta que un discípulo es primordialmente un aprendiz, alguien que está en proceso de formación que tiene como fin que el aprendiz llegue a ser como su maestro. Desde esta perspectiva, el mandamiento a “hacer discípulos” es un mandamiento a formar personas que lleguen a ser como Jesucristo.

Por cierto, esta afirmación no coincide con una enseñanza que se difundió en círculos evangélicos hace unos años, según la cual la tarea del quien realiza la tarea discipular es formar discípulos a su propia imagen y semejanza. No creo que esa haya sido la intención del mandamiento. El Maestro por excelencia a quien todos los cristianos estamos llamados a seguir es Jesucristo. El apóstol Pablo reconoce esto cuando, escribiendo a los creyentes en Galacia, les dice: “Queridos hijos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ustedes” (Gálatas 4:19). Eso no niega, sin embargo, que sólo quien toma en serio su propio discipulado cristiano está en condiciones de formar discípulos de Cristo. Es por eso que el mismo apóstol exhorta a los creyentes en Corinto: “Imítenme a mí como yo imito a Cristo” (1 Corintios 11:1). En la tarea de hacer discípulos, como en la de criar hijos, la pedagogía más efectiva es la que depende mucho más del ejemplo que de las palabras.

Volviendo a nuestra pregunta inicial, ¿cómo se hacen de Jesucristo? Ya observamos en el artículo anterior que en nuestro texto el verbo matheteúsate (“hagan discípulos” en modo imperativo) va acompañado por tres formas verbales (gerundios), dos de las cuales responden directamente a esta pregunta: “bautizándolos” y “enseñándoles”.
El bautismo es el rito de iniciación en el discipulado. Este no es el lugar para profundizar en el tema de la tradicional controversia entre quienes practican el bautismo de infantes como señal del pacto y quienes lo practican como un acto consciente de identificación con Cristo por parte de personas creyentes. Para nuestro propósito basta señalar que en la Gran Comisión se da por sentado que el discipulado se inicia con el bautismo y que éste es “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (v. 19).

Con el bautismo se inicia todo ese proceso al cual nos hemos referido anteriormente: el proceso de formación del aprendiz para que llegue a ser como Jesucristo. Si no se toma en cuenta esto, se corre el riesgo de hacer del bautismo lo único que importa. ¿No fue esto lo que sucedió con la conquista ibérica de nuestro continente? Los conquistadores llegaron con un profundo sentido de misión, con la convicción de haber sido enviados por Dios. La cruz llegó acompañada por la espada, los soldados llegaron seguidos por los frailes misioneros. Y para “convertir” a los aborígenes al cristianismo se esforzaron por bautizar a miles y miles de ellos. Bautizaron pero no hicieron discípulos. Y así nacieron nuestros países: con masas bautizadas pero no evangelizadas. La pregunta es si hoy los evangélicos no corremos el riesgo de hacer lo mismo, impulsados por el afán de incrementar el número de miembros de nuestras iglesias pero sin el debido énfasis en la misión de hacer discípulos.

Sigue en pie la pregunta: ¿cómo se hacen discípulos de Jesucristo? La forma verbal “bautizándolos” es apenas parte de la respuesta, y es inseparable de lo que sigue: “enseñándoles a obedecer todo lo que les he enseñado a ustedes”.

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CINCO MITOS SOBRE PREFERENCIA HOMOSEXUAL

Publicado: septiembre 23, 2013 en Psicología

Por: José Dunker L.

El debate sobre la preferencia homosexual tiene dos sesgos, uno político, y otro religioso. Unos lo asumen como cuestión de fe, y otros como postulado político. En lo que sigue me propongo, con argumentos estrictamente científicos, desmontar cinco mitos comunes.

 

El primer mito es: la preferencia sexual es hereditaria. La verdad es que no hay base científica para sostener ese punto. Hamer lo propuso en 1993, pero al replicarse el estudio se descartó rotundamente. No conozco ningún autor actual que sostenga ese punto. Lo que se sospecha, tanto entre los pro como entre los contra, es que existen factores biológicos facilitadores, pero en ningún caso determinantes. Especialmente se citan factores hormonales durante el embarazo, y la idea de un ‘cerebro gay’ (Levay, 1991), lo cual apenas confirma la gran plasticidad del cerebro humano. Se trata, por consiguiente, de una conducta aprendida, y cuyo aprendizaje conocemos muy bien los psiquiatras que trabajamos esta condición.

 

Segundo mito: los psiquiatras descubrieron que la preferencia homosexual es normal. ¡Falso! El cambio vino por movilización política. El Movimiento de Liberación Homosexual atrajo al movimiento feminista y a otros grupos minoritarios para lograr una victoria por escaso margen. Luego vino una reacción en cadena: médicos, psicólogos, maestros, trabajadores sociales, y otros; luego algunos países y finalmente iglesias liberales inventaron el matrimonio homosexual. El argumento fue: ‘si los psiquiatras dicen que es normal, ¿Qué nosotros?’ La próxima meta del Movimiento de Liberación Homosexual es la “completa liberación sexual”, lo cual significa eliminar de la nosología psiquiátrica sadismo, masoquismo, exhibicionismo, abuso sexual, e incluso incesto, con los mismos argumentos utilizados para la homosexualidad.

 

Tercer mito: la preferencia homosexual es una opción natural, y existe incluso en el mundo animal. La verdad es que la preferencia homosexual contradice el esquema de la naturaleza para la reproducción de la especie: cópula entre macho y hembra a través de sus genitales. La cópula hombre-hombre o mujer-mujer contradice ese diseño natural y es por lo tanto una disfunción. El ano no fue diseñado como órgano sexual, y por eso carece de lubricación, de elasticidad, y tiene un PH alcalino que favorece las infecciones. Desde que un hombre lo usa como órgano sexual se expone a más de 20 enfermedades, desde SIDA hasta cáncer del ano. Las lesbianas usan sustitutos artificiales del pene, lo cual suele ser dañino. Asimismo se privan de los factores protectores de las hormonas del parto y de la lactancia. La preferencia homosexual, por lo tanto, se desvía de la función natural, y surge tanto en seres humanos como en animales superiores por defecto de los mecanismos normales de aprendizaje.

 

Cuarto mito: la preferencia homosexual no tiene consecuencias médicas negativas. ¡Falso! Homosexuales y lesbianas tienen más SIDA y venéreas, mas infecciones e infestaciones y más cáncer, especialmente de los genitales; más depresión, esquizofrenia, trastornos por ansiedad, trastornos de personalidad, trastorno bipolar, y exhiben más promiscuidad, violencia, abuso de sustancias, sexo de una sola noche, y otras conductas sexuales de riesgo. Debido a este exceso de enfermedades los homosexuales viven hasta 20 años menos que los heterosexuales, y su riesgo de muerte es similar a otras adicciones como drogas, tabaco, o alcohol.

 

Quinto mito: la preferencia homosexual no tiene cura, y si se intenta puede tener consecuencias negativas. ¡Falso! La evidencia científica es clara en este punto. El doctor Spitzer, portavoz de los que proponían eliminar la homosexualidad del DSM-III, fue retado a revisar el punto y al final confirmó que las “terapias reparativas” podían ser exitosas. Existen organizaciones que trabajan con homosexuales utilizando las mismas técnicas de AA, con los mismos resultados. Los pioneros de las principales escuelas en psicología confirmaron la posibilidad de modificar la preferencia homosexual. La mayoría de los individuos que siguieron un proceso voluntario de terapia en mi consultorio modificaron su preferencia sexual.

 

La preferencia homosexual es dañina para el individuo, dolorosa para su familia, y costosa para la salud pública, por lo que debe reconocerse como una conducta anormal.

 

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Josaphat Jarpa

A 40 años del Golpe en Chile: evangélicos y política
En 1975 nace el Consejo de Pastores, que agrupa al polo que, desde 1973 hasta 1978, manifiesta una adhesión irrestricta al golpe de Estado y a la persona de Pinochet.
El pasado domingo 15 de septiembre se realizó el ya tradicional Te Deum Evangélico en la Catedral Evangélica de la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile en Santiago, evento al que asisten las principales autoridades del país y que fue instaurado en 1975 por iniciativa de Augusto Pinochet. Cabe destacar que al mes siguiente del primer Te Deum Evangélico fue expulsado de Chile el obispo Helmut Frenz, de la Iglesia Evangélica Luterana, co-presidente del Comité Pro Paz y Defensor de los DD.HH. en dictadura. Entre las noticias posteriores que surgieron,  lamentablemente fueron más difundidas las palabras del ya célebre pastor Hedito Espinoza , donde critica a las nuevas generaciones chilenas: “Tenemos una generación que practica el satanismo y hechicería con las clases de Harry Potter que están infectando nuestro mundo”.

Estas burdas palabras más otras características de su puesta en escena como “orador premium”, opacaron una de las intervenciones más relevantes de la jornada, que fue la petición de perdón pronunciada por el pastor de la Catedral Evangélica, Eduardo Durán Castro :

“Perdonamos a quienes nos han ofendido, pero es justo también en nombre de las iglesias evangélicas aquí representadas que pidamos, con espíritu cristiano, valentía y humildad, perdón por no haber hecho lo suficiente cuando nuestro hermano era privado de sus derechos o cuando era hostilizado por pensar diferente. Pedimos perdón por nuestras actuaciones, reacciones y omisiones y por todo cuanto pudiéramos haber ofendido a algunos de nuestros compatriotas, pedimos perdón por lo que pudimos hacer y no lo hicimos cuando nuestra nación se veía convulsionada por un clima de violencia e injusticia que venían de todas partes”.

A esto viene una pregunta interesante para todas y todos quienes nos identificamos desde la fe evangélica y en especial para las nuevas generaciones: ¿Por qué “la Iglesia Evangélica” tuvo que pedir perdón por los hechos ocurridos tras el Golpe Militar? Este hecho tremendamente relevante y cubierto de manera muy superficial por los medios, creo necesario profundizarlo brevemente en este espacio.

Matás Maldonado, compañero del Observatorio Iglesia y Sociedad, describe la organización evangélica en el contexto de la Dictadura Militar  (1) .“ Las iglesias evangélicas se alinean alrededor de dos polos con relativa consistencia estructural, redes internacionales estables, líderes reconocidos y perspectivas teológicas identificables a pesar de su dispersión. Hacia 1984, en el contexto de las ‘Jornadas de protesta nacional’, nace la Confraternidad Cristiana de Iglesias, organización que agrupa al polo crítico no sólo del actuar del Consejo de Pastores sino también de la dictadura militar. Esta asociación establece intensas relaciones con el mundo ecuménico nacional, pudiendo ser considerada dentro de la compleja y heterogénea red de asociaciones civiles y religiosas que opuso resistencia a la dictadura de Pinochet en su fase de crisis social y económica. La principal expresión pública de la Confraternidad fue, sin lugar a dudas, la Carta Abierta a Pinochet entregada en la Oficina de Partes del Palacio de la Moneda el 29 de agosto de 1986 después del “Encuentro de oración por Chile”, con el que concluía la “Campaña de Oración por la Vida, la Paz y la Reconciliación en Chile ”.

En julio de 1975 nace el Consejo de Pastores, que agrupa al polo que, desde 1973 hasta 1978 aproximadamente, manifiesta una adhesión irrestricta tanto al golpe de Estado como a la persona de Pinochet. Desde el principio de la década de los 80’hasta el final de la dictadura, el Consejo de Pastores matiza su adhesión debido tanto a la evidente crisis económica y social vivida por el país como a la insistencia ‘mariana’ de las Fuerzas Armadas chilenas. Esta organización tiene en el Te Deum su principal expresión pública. Este culto fue realizado por vez primera el 14 de septiembre de 1975, sólo dos meses después de la creación del Consejo de Pastores, a menos de un año de la inauguración de la primera Iglesia Metodista Pentecostal de Chile (Jotabeche) y la proclamación de “Declaración de la Iglesia Evangélica Chilena (La Posición Evangélica)”.

El gran esfuerzo actual de algunos sectores evangélicos más conservadores en extremar la dicotomía Iglesia/Mundo, ha sido indiferente a lo que sucede en nuestro alrededor, dejando que las cosas del “mundo” funcionen en su orden, en este caso en el orden neoliberal/colonial, reflejado en desigualdad, discriminación y exclusión. De ahí la importancia de un aspecto omitido e ignorado por décadas en nuestras iglesias, la memoria de nuestra participación, que es relevante revisar a la luz de nuestra fe y en el caminar comunitario en el testimonio de quien también fue un torturado y muerto por el poder político de su época, Jesús.

El 13 de diciembre de 1974, tuvo lugar en el edificio Diego Portales un acto de apoyo al Gobierno Militar convocado por actores religiosos de las principales iglesias evangélicas del país, conocido como el “Portalazo”. Allí, se leyó una declaración de apoyo al Gobierno firmada por 32 obispos y pastores que representaban a la iglesia evangélica chilena. Esta jornada y declaración fue un requisito para que el presidente de facto aceptara ir a la inauguración de la Catedral Evangélica, evento que ocurrió con su asistencia el 15 de diciembre de 1974.En esta declaración, “La Posición Evangélica”, encontramos afirmaciones tales como:

 “Estamos ciertos que, si testimonios negativos fueran buscados dentro de los acontecimientos que se produjeron con motivo del pronunciamiento militar, sin duda se encontrarían hechos lamentables de abusos de poder e injusticias, que en un Estado de Guerra, por lo demás, es difícil evitar por la autoridad máxima. Pero no se puede constituir un argumento contra el gobierno sin demostrar mala intención, basados en hechos aislados (…) consideramos entonces que no es justo decir que por ello en Chile no se respeten los Derechos Humanos”

“El pronunciamiento de las Fuerzas Armadas (…) fue la respuesta de Dios a la oración de todos los creyentes que ven en el marxismo la fuerza satánica de las tinieblas en su máxima expresión.”

 “Todo gobierno es legitimo en la medida que responde a la voluntad de la mayoría y satisface las necesidades de la Patria; el nuestro lo es porque satisfizo la necesidad de ser liberada de un sistema marxista, esclavizante y foráneo”.

 “Los Derechos humanos están garantizados en Chile por la declaración de principios de la junta de gobierno.” (2)

Este documento fue ampliamente difundido por la prensa oficialista, y de alguna manera pasa a ser el eje político del quehacer de muchas iglesias evangélicas agrupadas en el Consejo de Pastores, defensoras de ideologías anti-comunistas, anti-católicas, anti-ecuménicas y anti-democráticas, quienes colaboran (conscientes o inconscientemente) con la instalación de un paradigma legitimizador del régimen autoritario-dictatorial.

En esta época se pueden evidenciar algunas características que hacen que se vaya visibilizando cierta ideología “evangélica” emergente, influenciada por un importante arribo de misioneros de Estados Unidos provenientes de iglesias evangélicas del sur, identificadas mayoritariamente con los sectores fundamentalistas, o de lo que hoy es conocido como la “Derecha Evangélica” conservadora y republicana, que maneja un importante poder en la política estadounidense.

La llegada “misionera” desde los EE.UU. no tan sólo viene con el mensaje del Evangelio, sino con una visión política que se alinea con control norteamericano. No es menor indicar que los principales predicadores evangélicos en los últimos años provengan de EE.UU. (Rogers, Mc Dowel, Graham, Dobson, MacArthur, Wagner, Piper, Washer, Stanley, Warren, entre otros), o bien latinoamericanos cuyos estudios o trabajos están relacionados con la “Derecha Evangélica” de EE.UU. (Palau, Motessi, Witt, etc.). La fuerte influencia norteamericana hasta nuestros días es una herida a la hora de hacer una reflexión en torno a las responsabilidades y los daños de las iglesias evangélicas 40 años después del Golpe.

La “ideología evangélica” post-golpe está marcada por el autoritarismo implantado en la institucionalidad evangélica, donde el liderazgo carismático viene a tener más importancia que la revelación bíblica y los espacios comunitarios de decisión.Las débiles estructuras horizontales y la relación de pastor como el nuevo “patrón de fundo”, pasan a ser las lógicas organizacionales que replican el modelo un gobierno dictatorial, elitista. La composición de los liderazgos religiosos por ex-agentes de las Fuerzas Armadas, principalmente en los sectores pentecostales más expansionistas, difunden una lógica de sumisión, el uso de un lenguaje militarizado, profundizan un patriotismo fascista y forman grupos más obedientes que pensantes, más alineados que críticos.

No obstante, es necesario denunciar que dicha declaración, “La posición Evangélica”, carece de legitimidad ética en su formulación. Desde la génesis del movimiento protestante jamás ha existido “una iglesia evangélica”, y el tratar de identificarla es una práctica que ahora tiene en sus memorias legitimar el gobierno más tirano de las últimas décadas.No es genuina, no nació de las mismas bases de quienes conforman las iglesias, a los pastores se les hizo firmar un documento ya elaborado que no tenia ninguna reflexión colectiva previa, representativa.La amenaza de quitar los beneficios obligó a muchos de ellos a firmar, sin el pleno consentimiento de sus congregaciones, a espaldas de sus hermanos e incluso de aquellos que se oponían al régimen dictatorial, rompiendo todo proceso consultivo y democrático valido dentro de muchas tradiciones protestantes. La falta de experiencia de los pastores evangélicos en la relación con el gobierno, la ingenuidad y las débiles estructuras institucionales democráticas, permitieron una fácil instrumentalización militar en la búsqueda de legitimidad religiosa desde algunos personajes evangélicos sedientos de reconocimiento político público.

En Chile han transcurrido 40 años de silencio de parte nuestras iglesias. Nos hemos preocupados de la salvación del alma, pero no la salvación de la vida, de sus memorias, de su clamor de justicia.

40 años donde hemos sido también victimas de una dictadura autoritaria que implantó con toda su fuerza un modelo neo-liberal y clasista, que corrompe la convivencia, que enseña a matar para ganar, vencer para triunfar, una cultura asesina y despiadada que no conoce de solidaridad y de amor al prójimo.

40 años que hemos pecado, y seguiremos pecando hasta que por fin no haya justicia en nuestro país. Los asesinos y sus cómplices disfrutan de su “victoria”, se esconden y no se hacen cargo, se cubren y se encubren. No hay nada que justifique la muerte, tortura, secuestro y desaparición de personas. El perdón nos invita también a la transformación, no basta con un discurso inflado creando falsas expectativas de una solución que no se hace cargo nada.

40 años que se escribió una amarga historia en nuestro país. Falta mucho de nuestra parte como evangélicos para la reparación de tanto daño. Por eso nosotros, las “nuevas generaciones”, debemos estar atento a los signos de nuestros tiempos, leer las historias desde los desprotegidos, acercarnos al testimonio del crucificado, quien fue resucitado y ser portadores de su esperanza, para que nunca más en Chile la sangre de nuestro hermano corra por nuestras manos.

“Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí”.(1 Corintios 11:24)

En memoria de los que fueron muertos, perseguidos, exiliados y torturados por pensar que se podía vivir diferente.

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 Notas:

 (1) Maldonado, Matías. “Evangélicos y política en la dictadura militar chilena. A 40 años del golpe de Estado”. Revista 95 tesis, Pastoral Juvenil IELCH. Edición Nº2.

 (2) Puente, Pedro. “La Posición Evangélica”, Editora Nacional Gabriela Mistral. S/f

Autores: Josaphat Jarpa

Fuentes: El Quinto Poder

©Protestante Digital 2013

¿Tiene precio la gracia?

Publicado: septiembre 23, 2013 en Teología

Jacqueline Alencar

¿Tiene precio la gracia?

 Afirmamos, como lo hace Dietrich Bonhoeffer en su libro El precio de la gracia, que la gracia no es barata porque a Dios le costó cara

  Preguntamos a: Isabel Pavón, Leonardo Chirico, Lidia Martín, Pablo Martínez, Emmanuel Buch, José de Segovia, Daniel Jándula, Luis Rivera-Pagán, Jaime Fernández, José A. Sánchez, Stuart Park, Antonio Iglesias, David Manso, Pedro Tarquis, Miriam Borham, Esteban Muñoz, Emilio Monjo y Óscar Margenet.

¿Tiene precio la gracia?

Como dice el apóstol Pablo en Efesios: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras…”. Es decir, que no tenemos que hacer nada, para no ufanarnos. Nada para recibir la llamada de Jesús, para recibir perdón y recibir vida. No obstante, de antemano Él ya había dispuesto que practicáramos buenas obras. Porque no podemos negar que la gracia debe ir unida a la acción.

Somos salvos por la obra de Dios en su Hijo; es decir, su gracia para con nosotros tuvo un alto precio: la vida de su Hijo. En este sentido, afirmamos, como lo hace Dietrich Bonhoeffer en su libro  El precio de la gracia,  que la gracia no es barata porque a Dios le costó cara. Y estando en el Hijo Dios produce en nosotros buenas obras. Que quede claro que es Él, para que no haya malentendidos.

Parafraseo a D.B. La gracia cara es el seguidor tomando su cruz y siguiendo a Cristo. Es como Abraham cuando fue llamado y dejó su parentela, sus amigos, su ciudad, sus comodidades y costumbres. Luego se le pide que sacrifique a su hijo. Dios entre él y su hijo, el hijo de la promesa. Sin embargo obedece. Como él, la gracia no nos cuesta nada, solo debemos obedecer. No debemos hacer nada. Solo tomar una decisión después de alcanzar la libertad y perderlo todo, para recuperarlo a través de nuestra comunión con Cristo. Es experimentar el Sermón del monte. Es dejarlo todo como aquellos a quienes les dijo: “Sígueme” y dejaron peces y redes; dejando su propia ley; aceptando no enterrar a sus muertos ni despedirse de lo más querido.

Es cara porque nos exige imitar la encarnación de Cristo para hacernos visibles en el mundo. Que vean que somos luz que ilumina las tinieblas; que ponemos sal en lo insípido. Que la Palabra, el Verbo, se hace visible en nosotros, el Cuerpo, un cuerpo vivo, dinámico. Es no malbaratear el perdón de Dios, porque ha costado un alto precio. Porque a pesar de su abundante gracia no debemos seguir pecando para que ésta sobreabunde. El precio es el seguimiento.

A veces se insiste en que la gracia es un regalo, ¡y lo es!, la representamos como tal, una caja con un lindo papel y un lacito. Y es que resulta que lo que nos regalan a los seres humanos y no se le pone un buen precio puede, a veces, despreciarse e incluso podemos darnos el lujo de darle el regalo a otro; o venderlo a un ínfimo precio, es decir, rebajarlo. No tenemos en cuenta que alguien se sacrificó para darnos ese regalo.

¿Corremos el riesgo de pensar así? Para responder a esta inquietud, hemos preguntado a algunos hombres y mujeres de nuestro ámbito evangélico lo siguiente:

¿Qué tipo de gracia se predica hoy en las iglesias y medios evangélicos? ¿Tiene precio la gracia?

 ISABEL PAVÓN. Es escritora y forma parte de la Junta de la Alianza de Escritores y Comunicadores Evangélicos (ADECE), donde también ejerce como secretaria. Ha publicado más de setecientos artículos en papel o en Internet ya sea en su columna de Protestante Digital titulada “Tus ojos abiertos”, o en la revista digital  Mujer de Hoy , entre otros medios. Además, es miembro organizador de la página www.sentircristiano.comy de la Asociación Malagueña de Escritores “Amigos de Málaga” (AME).

Conozco iglesias donde se vive una gracia que no requiere compromisos y predicadores que no transmiten su sentido auténtico sino lo que ellos deciden qué es la gracia porque así les interesa, de modo que la vida de antes y la nueva vienen a ser parecidas, con el aliciente añadido de que se van a cumplir todas las peticiones que se hagan al Señor.

En el mensaje del evangelio vemos con claridad lo que a Padre e Hijo les supuso abrirnos las puertas del reino. Sin embargo, nos predican una gracia de garrafón, a granel, donde cada cual va con su vasija y se empeña en llenarla (o se la llenan) de lo que más desea. Se enseña que esta actitud es legítima y que a Dios hay que pedir y Él nos dará lo que queremos con demasía. Se habla poco de dar gracias al Señor en todo y por todo, sea lo que sea. Las decepciones son grandes cuando los que han sido engañados y manipulados con estas enseñanzas se dan cuenta de que el evangelio no funciona como le habían dicho y rechazan al Señor por no darles lo que, según ellos, les pertenece.

Para volver al verdadero sentido de la gracia habría que retornar al ser humano pecador. Concienciarnos de nuestro estado y reconocer que simplemente con repetir la frase típica de “acepto al Señor Jesús en mi corazón” y a partir de ahí hago lo que quiero porque “abogado tengo ante el Padre”, es una descomunal falacia. El arrepentimiento nos lleva a morir con Cristo y a caminar con un nuevo compromiso de vida.

¿Tiene precio la gracia?La gracia tiene un alto precio de amor que desconocemos por nuestra torpeza, nos perdona los pecados y aunque la recibimos regalada requiere seguir a Jesús.

 LEONARDO DE CHIRICO es teólogo y Vicepresidente de la Alianza Evangélica Italiana.Actualmente está liderando un proyecto de implantación y desarrollo de nuevas iglesias en Roma. Conoce de primera mano lo que es y representa el catolicismo-romano. Obtuvo lalicenciatura en Historia(en la Universidad de Bolonia), en Teología (ETCW, Bridgend, Gales) y enBioética (Universidad de Padua). Sutesis doctoral de investigación teológica (PhD)la realizó en el King’s College (Londres) y fue publicado como Perspectiva teológica evangélica tras el Vaticano II en el catolicismo romano . Es Director Adjunto del Instituto di Formazione Evangelica e Documentazione  (Padua),editor de la revista teológica Di Teologia Studi , ydirector del Centro para la Ética y la Bioética (CSEB).

A finales de los años treinta, Bonhoeffer habló del peligro de predicar una “gracia barata” como un riesgo para las iglesias evangélicas. Es decir, una gracia intercambiada por un buenismo y un sentimentalismo que no tienen nada que ver con el amor radical de Dios revelado en la cruz de Jesucristo. Una pseudo-gracia que no cuesta nada a quien la da y que no cambia nada en el receptor. Yo creo que la predicación del Evangelio realmente corre el riesgo de propagar un mensaje de este tipo, confuso, cuando se libera de la historia bíblica de la salvación centrada en la muerte y resurrección de Jesús. La gracia siempre debe contemplar el mensaje de la total depravación del corazón humano y el costo incalculable del regalo de la vida del Hijo de Dios en nuestro lugar, además de subrayar la transformación que implica la recepción de la gracia en los que creen.

Otro peligro para la predicación del Evangelio es que aún es demasiado dependiente de una visión católica de la gracia. Esa es la idea de la gracia como el primer movimiento de la salvación para añadir un poco de esfuerzo, un trabajo, una buena voluntad para que se logre por completo. Gracia importante, pero no suficiente. Una gracia fundamental, pero no concluyente. Frente a esta idea de la gracia en la necesidad de la contribución humana, debemos redescubrir la belleza del mensaje bíblico de la “sola gratia” de la Reforma Protestante. La gracia de Dios no es el comienzo de la vida cristiana, sino que es el principio y el fin, el centro y el marco, la base y el motor.
Una gracia a un alto precio (pagado por Jesucristo) y la gracia de Dios es la única versión de la gracia que hemos sido llamados a predicar. El resto son imitaciones.

 LIDIA MARTÍN. Es licenciada en Psicología y Máster en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid. Desarrolla su profesión en la atención psicológica desde la clínica privada, combinando esta labor con otras facetas como la de escritora y docente. Además, colabora con entidades como la Fundación de Ayuda contra la drogadicción (FAD) o la Agencia Antidroga de la Comunidad de Madrid, entre otras. Es coautora del libro “Primeros Auxilios Psicológicos incluido dentro de la reconocida colección de Psicología clínica de la Editorial Síntesis, en su sección de guías técnicas.

Gracias a Dios, no tengo nada que objetar a la gracia sobre la cual he oído predicar en las iglesias de las que he formado parte. El mensaje siempre ha sido alto y claro: Dios obrando de forma generosa y abundante en beneficio del pecador arrepentido que nada merece y que, sin embargo, puede alcanzar aquello para lo que fue creado inicialmente por la sola fe. Incluso, pensando en los no creyentes, esa gracia se hace extensiva, porque Dios no nos trata, ni a creyentes ni a inconversos, como nos merecemos, sino en base a su gran misericordia y al retardo de su ira, dando espacio a su salvación para alcanzar a muchos. En la gracia bíblica, Dios y sólo Dios es el verdadero protagonista.
Sin embargo, lo que dice la consulta y muchos de los que acuden a ella es algo distinto. Culpa, vergüenza, frustración, incapacidad para una vida cristiana gozosa, mala comprensión de las bases del Evangelio y la subsiguiente esclavitud que se deriva de ella son sólo algunos de los resultados de una gracia mal entendida o mal proclamada desde muchos púlpitos y, más aún, desde la propia vida de la iglesia (no siempre son los líderes los que transmiten esa distorsión). Particularmente en los ambientes más legalistas y proclives a cierta manipulación espiritual, la gracia da mucho miedo. Y por ello, aunque se hace una tentativa bienintencionada en muchos foros por no faltar a la obediencia y a la rectitud, a las buenas obras y al servicio, a menudo se desvirtúa el mensaje y se traslada la idea de que “Gracia sí, pero sola no, no sea que la gente descarrile”.
La gracia de Dios costó precio de sangre inocente. Sólo Cristo pudo decir “Consumado es” y Dios no comparte Su gloria con nadie. Un mensaje de gracia que queda, no adornado por las obras que se derivan de haberla recibido, sino que está sujeto a ellas, haciéndola incompleta o ineficaz, no es un mensaje que dé la gloria completa al Señor. Y la diferencia es a veces muy sutil. Habremos de saber revisar nuestra visión de la gracia y ser lo suficientemente valientes y libres por ella como para ser capaces de cambiarla y manifestarlo, si fuera necesario.

 PABLO MARTÍNEZ VILA. Es médico-psiquiatra, escritor y miembro del Equipo de Acreditación de la Alianza Evangélica Europea. Ha sido Presidente de la Alianza Evangélica Española (AEE).

La gracia es la contribución más distintiva del mensaje cristiano y, por tanto, la aportación más singular que la iglesia puede hacer a nuestra sociedad tan necesitada de este “amor en acción”. En palabras de Gordon Mc Donald: “El mundo puede hacer casi todo tan bien o mejor que la Iglesia. Sólo hay una cosa que no puede hacer: no puede ofrecer gracia”. Y ello es así porque la gracia es inseparable de la persona de Cristo. Él pagó el más alto precio por darnos esta gracia: su propia vida. Precisamente por esta razón nunca podemos devaluar, rebajar, el inmenso precio de la gracia divina; no deberíamos predicar ni practicar una«gracia barata», en conocida expresión del pastor y teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer. La gracia barata declara “bueno” lo que está mal; pasa por alto el pecado y -en nombre de una mal entendida tolerancia- acepta toda conducta, incluso las que están abiertamente en contra de la voluntad de Dios. La gracia barata se aferra a las palabras de Jesús a la mujer adúltera:« ni yo te condeno »; pero olvida la segunda parte:« vete, y no peques más » (Jn. 8:11).En esta línea, si que observo una tendencia a devaluar la gracia en algunos círculos evangélicos. Ciertamente la salvación es gratuita, pero ello no nos permite predicar un discipulado de “rebajas”.

Esta forma de pensar se origina en la confusión ética y la crisis de valores sin precedentes que nos “asedia” (en expresión del autor de Hebreos). Vivimos en una época en la que se cumple como un calco la descripción del tiempo de los jueces cuando “ cada uno hacía lo que bien le parecía” y esto es “gracia barata” . Tal como expresé en el artículo “La Verdad ha muerto, viva mi verdad” (Declaración de Ciudad del Cabo), “la corriente de subjetivismo y crisis de la verdadestá afectando a la Iglesia de forma perceptible. La erosión de la autoridad de la Palabra de Dios como norma suprema de vida y de conducta es una de sus consecuencias más preocupantes. Para muchos creyentes la Biblia ha dejadode ser normativa para ser sólo orientativa”.
Posiblemente ahí está la raíz de la crisis de secularismo y superficialidad que predomina en muchas iglesias.La iglesia es mundana porque la Biblia es un libro orientativo, pero no normativo y, en consecuencia, la gracia de Cristo es una gracia barata que lo acepta todo y mira hacia otro lado ante aquellas conductas que antes se llamaban pecado yque ahora quedan excusadas por este manto de subjetivismo que envuelve toda la ética.
A fin de no caer en la “gracia barata” deberíamos revisar el concepto bíblico de tolerancia. La tolerancia es, sin duda, un valor cristiano, pero entendida como convivencia.La tolerancia es convivencia, pero nunca puede llevar a la connivencia(que contiene un elemento de complicidad o identificación).

 EMMANUEL BUCH. Es doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, Diplomado en Magisterio por la Universidad de Valencia y Graduado en Teología por el Seminario Bautista Español. Desde 2003 es pastor de la Iglesia Evangélica “Cristo Vive” de Madrid, y en marzo de este año asumió la responsabilidad como Presidente del Consejo Evangélico de Madrid (CEM).

Soy absolutamente incapaz de hacer un diagnóstico general de las iglesias evangélicas en España; no conozco, ni de lejos, toda nuestra realidad, que es muy plural. Sí es evidente que la enseñanza a propósito de la gracia es también plural y eso no deja de ser inquietante. La pluralidad en las formas, énfasis, o modos eclesiológicos no puede ser justificación también para una “pluralidad” teológica que a veces se parece demasiado a ese postmoderno “hágalo a su medida”.
La famosa expresión de Bonhoeffer sobre “el precio de la gracia” debe ser entendida en su contexto para que no se malinterprete. La gracia es gratuita por definición. Es vital mantener claro este punto de partida para evitar confusiones. La intención de Bonhoeffer era desenmascarar una manipulación de dicho concepto, de modo que sirviera como justificación hipócrita para los cristianos que se negaban a vivir los compromisos prácticos de su fe. En ese sentido, la gracia lo exige todo porque Jesucristo exige la vida entera de sus discípulos; no sólo su área religiosa sino todas las facetas de sus vidas.
Esa concepción de “todo o nada” es la que se refleja en la exhortación del apóstol Pablo: “que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo …” (Rom.12,1) y la que claramente expresa el Señor Jesús: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará” (Lc.9, 23-24).

 JOSÉ DE SEGOVIA. Es Presidente de la Comisión de Teología de la Alianza Evangélica Española.Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense y estudió teología en la Universidad de Kampen (Holanda) y laEscuela de Estudios Bíblicos de Welwyn (Inglaterra).Escribe una columna semanal los martes paraProtestante Digital y ha escrito varios libros, entre ellos,  Ocultismo  (Andamio, 2004), Historias extrañas sobre Jesús  y El príncipe Caspian y la fe de C. S. Lewis  (Andamio, 2008 ),Huellas del cristianismo en el cine  (Consejo Evangélico de Madrid, 2010) y El asombro del perdón  (Andamio, 2010).

Dice Robert Farrar Capon que no se puede llevar la gracia demasiado lejos, a no ser que digas que el pecado no importa. Creo que es así como se convierte en la gracia barata de la que hablaba Bonhoeffer. Es cuando llamamos a lo malo, bueno, y empezamos a justificar lo injustificable, que se confunden las cosas.

Este verano he tenido oportunidad de volver a estudiar el tema del perfeccionismo, a raíz de una serie de exposiciones que estoy haciendo en la iglesia sobre Primera de Juan. Me llama la atención que la idea de que el cristiano está libre de pecado, siempre nace de una redefinición del pecado.

El legalismo convierte el problema del mal en un mero código de conducta externa, que podamos cumplir sin dificultades, cuando Jesús dice en el Sermón del Monte que basta una mirada y una palabra, para ser culpable ante la ley de Dios.

Del mismo modo, el perfeccionismo insiste en que podemos ser libres del pecado consciente (fallando sólo inconscientemente, ya que nadie es perfecto), cuando la razón de la gran separación final que hace Jesús es una serie de pecados de omisión, porque no dimos de comer, ni de vestir al necesitado, no visitamos al que estaba preso, o sea lo que dejamos de hacer, no lo que hicimos…

Textos como Romanos 7 nos muestran que vivimos por la sólo gracia de Dios. Quien cree que está libre de pecado, como dice Juan, se engaña a sí mismo, llamando a Dios mentiroso. ¿Qué sería de nosotros sin su misericordia?

 DANIEL JÁNDULA. Estudió artes escénicas en Málaga y se graduó en unos cursos de Introducción a la Teología en la Facultad Protestante de Teología de la Unión Evangélica Bautista de España en Alcobendas (Madrid). En la actualidad es traductor y corrector para la empresa Producción Editorial. Colabora como periodista cultural con importantes publicaciones. Dirige la revista online  Suburbios , que explora el mundo de la cultura desde la perspectiva de la fe, y el programa de radio  Raíces . Tiene un  Blog personal  y ha publicado, entre otros, los libros:  El Reo . Noufront, 2009;  Pistolas al amanecer . Noufront, 2009 (En colaboración con el periodista y escritor Jordi Torrents) y  Huellas del cristianismo en el arte: El cine . CEM / Noufront, 2010 (En colaboración con el teólogo José de Segovia y el guionista Curro Royo).

Parece que se trata de este asunto en los púlpitos, ya que existe la costumbre de centrarnos en el momento de la “conversión personal”, como una especie de fin que hay que alcanzar en los no creyentes, sea como sea. Pero eso no constituye exactamente una predicación sobre la gracia.
En primer lugar, entender la gracia supone dejar de lado lo que podemos hacer por nuestros medios. La gracia excluye las obras (Romanos 11:6)… por lo tanto, por mucho que el coste de la misma sea elevado (que lo es), no es algo que podamos comprar, ni tampoco es un bien material con el que poder negociar. Tampoco es una doctrina o un principio ético en sí mismo, ni una cosa que se admita con completa naturalidad.
Pienso que la gracia es un atributo único de Dios, que solo puede darla él, de la misma manera que él es el único que puede rellenar ese espacio que hay entre los átomos. ¿Cómo va a ser atractivo hablar de lo que se recibe en herencia, sin que cuente para nada nuestro mérito? Es más sencillo acudir a la culpa, se habla con más tranquilidad de la expiación o del sacrificio… pero cuando la gracia hace su aparición, todo cambia para siempre. Sale al exterior nuestro verdadero yo… y eso es incómodo.

 LUIS N. RIVERA PAGÁN. (San Juan de Puerto Rico, 1942). Es Doctor por la Universidad de Yale y profesor emérito del Seminario Teológico de Princeton. Además, es autor de varios libros, entre ellos,  Evangelización y violencia: La conquista de América  (1992),  Entre el oro y la fe: El dilema de América  (1995),  Mito, exilio y demonios: literatura y teología en América Latina  (1996),  Diálogos y polifonías: perspectivas y reseñas  (1999),  Teología y cultura en América Latina  (2009) y  Ensayos teológicos desde el Caribe  (2013).

En 1937 la iglesia cristiana alemana enfrentaba un desafío grave y atroz, uno de esos que marcan decisivamente una época. Hitler y el nazismo preparaban la nación alemana para una guerra cruel e implacable; se fortalecía un régimen totalitario que castigaba con vigor toda palabra de crítica y resistencia; se excluía y reprimía a grupos humanos a los que se acusaba de corromper y contaminar la nación.

Además se presionaba a las iglesias para que acompañasen al régimen en ese sendero de violencia y deshumanización. Muchos ministros, sacerdotes y teólogos ajustaron sus homilías, catecismos y enseñanzas en armonía a las desoladoras y sombrías demandas del Führer y el estado. Configuraron un cristianismo alemán, agresivo y arrogante.

En ese contexto, un joven teólogo, Dietrich Bonhoeffer, escribió un libro -“El costo del discipulado”- sobre la relación entre la gracia y el discipulado, tema central tanto en los evangelios como en las epístolas paulinas. El gran riesgo, afirmó audazmente, es abaratar la gracia; desligarla de toda disposición al sacrificio, de todo compromiso ético. Para Bonhoeffer no se trataba de una postura exclusivamente teórica; apuntaba a una firme determinación de restaurar la memoria extraviada del mensaje bíblico sobre el vínculo íntimo entre la gracia divina y la praxis del discipulado de la cruz, con todas sus posibles consecuencias, que en su caso significó encarcelamiento y ejecución por el acorralado y desesperado régimen nazi.

Todo parece indicar que la predicación actual de muchas iglesias se aleja mucho de la conjunción entre gracia y discipulado articulada por Bonhoeffer. Se refugian estas iglesias en unas proclamas con desagradable flagrancia de exclusión y discrimen. Como bien ha escrito Fernando Picó, insigne historiador jesuita puertorriqueño: “Es una de las paradojas en la historia de Occidente que su tradición religiosa ha estado marcada por el afán de marginar, suprimir, invisibilizar y hacer callar al otro. Nada parecería más ajeno al Sermón de la Montaña de Jesús, y nada, sin embargo, más recurrente en el trasiego de los siglos llamados cristianos” (“Vocaciones caribeñas”, San Juan, 2013, p. 76). Son formas y maneras de abaratar la gracia.

 JAIME FERNÁNDEZ GARRIDO. Es Doctor en Pedagogía por la Universidad Complutense de Madrid.Diplomado en Teología, Compositor musical y profesor de piano, Miembro de la Sociedad de Autores de España desde el año 1980, así como Director del programa evangélico en Radio y Televisiónde Galicia “Nacer de novo” que se emite semanalmente en 10 emisoras locales de Galicia, así como en Europa y Sudamérica. Ha sido Capellán evangélico en cuatro diferentes Olimpiadas (Seul 88, Barcelona 92, Atlanta 96 y Sydney 2000). Es autor de varios libros, entre ellos,  “Compasión”  (Editorial Vida) 2007; “30 pasos hacia la amistad”,  Editorial Lid2010;  “Corazón indestructible”,  Editorial Vida 2010;  “Cambia de ritmo”, 4ª edición, Noufront, 2011;  “Mejora tu ritmo”,  Editorial Noufront 2012.

Desgraciadamente no solamente se habla muy poco de la gracia, sino que se vive en ella menos todavía. Cuando nos “alejamos” de la gracia de Dios, caemos en la religiosidad y los ritos, porque nos encanta ser “buenos” y mucho más parecerlo.
La gracia es un regalo de Dios y como tal no se puede pagar ni merecer, ni tampoco agradecer lo suficiente,ni aunque tuviésemos un millón de vidas y las dedicásemos a Él.La gracia le “costó” a Dios entregar a su propio Hijo, el Señor Jesús se dio a sí mismo, y el Espíritu fue derramado en nuestro corazón para inundar de gracia toda nuestra vida.El Dador de la gracia es Infinito, y por lo tanto el costo es infinito… pero el derroche de amor también es infinito.
Creo que vivimos pensando demasiado en nosotros mismos y muy poco en el que nos bendijo con TODA bendición espiritual. Esa es la razón por la que no vivimos absolutamente entusiasmados y enamorados de Dios, y tarde o temprano defendemos más los ritos, la religión y las ideas que la propia relación con el Señor: Cuando sucede así, no sólo perdemos de vista la belleza de la gracia de Dios, sino que también dejamos de disfrutar de ella: comenzamos a parecernos mucho más a hijos mayores que no quieren disfrutar de ninguna fiesta con su Padre Celestial… (¿Recuerdas Lucas 15?).
Esa es la razón por la que la Biblia nos recuerda una y otra vez que “nuestra fortaleza espiritual viene de la gracia de Dios, y no de las normas” (Hebreos 13:9).
Sólo cuando nos damos cuenta de que no merecemos absolutamente nada, podemos disfrutar de todo.

 JOSÉ ANTONIO SÁNCHEZ. Es diácono de la Iglesia Evangélica de Pº de la Estación en Salamanca. Conjuntamente con su esposa, Dori Alonso, son los responsables del grupo de jóvenes de la citada iglesia, así como de una actividad evangelística que cada quince días se lleva a cabo en Villaseco de los Gamitos (provincia de Salamanca).
Me parece una pregunta muy importante y necesaria, de una consideración concienzuda y valiente. Me consta o así lo quiero pensar, que en el contexto de las iglesias y medios evangélicos existe un concepto ortodoxo fiel y afín con la Palabra de Dios de lo que es la gracia desde la perspectiva bíblica. Desgraciadamente y sin pretender sentar cátedra, desde mi propia percepción me parece advertir una cierta y cada vez más creciente relajación que, consecuentemente, va derivando en una perversión de lo que es realmente la gracia.
La gracia es un regalo. El regalo de más valor que pueda existir. Pero los regalos cuestan, cuestan al que lo entrega, no al que lo recibe. El regalo, el don de Dios en Jesucristo tuvo un coste extremo, inmenso, exorbitante, infinito. Este don nos es ofrecido, sin coste para nosotros, pero no por ello pierde ni un ápice del coste pagado por Dios en Cristo. El problema viene cuando presentamos este don de Dios como baratija de mercadillo, ofertándolo como saldo, buscando una respuesta fácil en búsqueda de un cómputo de decisiones a veces generadas artificialmente, sin otorgarle su inmenso valor y minimizando la necesidad imperiosa de un arrepentimiento genuino. La gracia despierta el arrepentimiento.

 STUART PARK.(De Preston-Inglaterra). Es licenciado en Filología Románica por la Universidad de Cambridge; más tarde se doctoró en Literatura Española por la Temple University de Philadelphia (EE.UU.). También ha publicado comentarios sobre libros del Antiguo Testamento como Job, Rut, Jonás y Ester, entre otros. Ha realizado estudios monográficos sobre temas como la Resurrección de Jesús, la Hermenéutica Bíblica y el lugar de la Biblia en la literatura secular. Actualmente dirige Alétheia, revista teológica de la Alianza Evangélica Española. Sus últimos libros publicados son:  Cartas a mis nietos  y  El cordón de grana , publicados por Ediciones Camino Viejo.

No sabría dar contestación a la primera parte de la pregunta. Solo sé que la gracia constituye el corazón del evangelio, y que es la base firme de nuestra fe. Escribió S. Juan: «Porque de su plenitud tomamos todos, y  gracia sobre gracia . Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero  la gracia y la verdad  vinieron por Jesucristo» (Jn. 1:16-17). Añadió Pablo: «Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;por quien también tenemos entrada por la fe a  esta gracia en la cual estamos firmes , y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios» (Romanos 5:1-2).
Lo más fácil del mundo es caer un el legalismo o la moralización en la iglesia, subvertir el evangelio de la gracia con leyes y lastrar la vida de fe con exigencias que ni hace santos a los que las practican, ni atraen a los de fuera hacia Cristo (ver Col. 2:16-23). Dios siempre da una salida a las necesidades del hombre, y nuestra predicación debe ofrecer esperanza y salvación, y no llevar a la desesperación o la condena.
En cuanto a la segunda pregunta, la gracia no es ni cara ni barata. No tiene precio. Su valor reside en el infinito sacrificio de Cristo, el cual «mediante el Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios» (He. 9:14). No podemos pagar por esta gracia, solo rendir nuestras vidas para servirle al Señor con gratitud.

 ANTONIO IGLESIAS. Es miembro de la Junta de emsimision y anciano de la iglesia de AA.HH. de la calle Sant Jeroni, 37 de Santa Coloma de Gramenet.

Cuando leemos en la palabra de Dios la Pasión de Cristo, el altísimo precio que se pagó por todos los que profesamos fe en Él, surge una pregunta: ¿Cómo vivo y predico la gracia hoy? La primera parte de la pregunta se responde no por lo que la iglesia pueda pensar y decir al respecto, sino por cómo vive la misma. Un hermano muy conocido dijo:  “Nos hemos acostumbrado a Dios” , y realmente en una gran mayoría, así es. Pero lo peor no es eso, sino que tal vez hoy creamos más en un Dios formado en nuestra propia mente conforme a nuestra forma de vivir y de entender la Palabra que no al Dios Santo que se ha revelado en ella. Ante esto debería haber una profunda reflexión acerca de qué tipo de gracia se predica hoy y qué precio tiene la misma. C.H.Spurgeon dijo hace 150 años:  “La iglesia no cambia al mundo porque el mundo ha cambiado a la iglesia” . ¡Qué triste realidad! En la gracia que hoy se predica tiene cabida toda forma de vivir, se aceptan filosofías, costumbres culturales, todo tipo de espectáculos, modas, etc., etc. Esa es una falsa gracia, ya que la muerte de Cristo en la cruz fue precisamente para que todo aquel que haya nacido de nuevo (por medio de la gracia), entienda que las  “cosas viejas pasaron” . ¿De quién será la responsabilidad de todos aquellos que hayan creído en esa  “falsa gracia predicada únicamente para aumentar número”? , sin duda que de todos nosotros, los que la usan y los que callamos.
El apóstol Pablo dijo:  “Examinaos si estáis en la fe, probaos a vosotros mismos…” ,  “la fe”  es un absoluto, no en  “una fe”  que sería desestimar la auténtica gracia del evangelio. Gracia que costó la vida del Hijo de Dios, Jesucristo.

 DAVID MANSO. Es profesor en un instituto de Torremolinos (provincia de Málaga) y junto con su esposa Noemi colaboran en diversos ministerios en una iglesia de la misma ciudad.

La gracia (regalo inmerecido que Dios da a los hombres) no se recibe por una simple aceptación verbal, ni por recitar una oración, sino que es aquella que penetra en el corazón y transforma la forma de vida de todo aquel que cree en Dios y a Dios.
Es una pregunta un poco amplia. Habría que visitar periódicamente varias
iglesias/medios para ser objetivo. En mi caso sólo puedo decir lo que se predica en nuestra congregación: La Pura gracia.

¿Tiene un precio? Pienso que no. Pero sí tiene un coste, muy alto por cierto. Hay quienes pasan meses armando barcos dentro de botellas para luego regalarlos. Tienen un coste (creo que en Latinoamérica se usa más “costo”) muy alto, pero si luego lo regalan no tiene precio. Entiendo que con la gracia pasa algo semejante. Costó mucho poder ofrecerla gratuitamente, por lo que tiene un valor altísimo (la sangre del Hijo de Dios, ni más ni menos), pero por la misericordia de Dios se ofrece gratuitamente.

 PEDRO TARQUIS. Es médico, escritor, responsable de Imagen y Comunicación de la Alianza Evangélica Española y del Consejo Evangélico de Madrid. Forma parte del Grupo de Participación de la Vida Pública de la AEE y es director de Protestante Digital.

Creo que en general se está cayendo en la predicación y en la vida cristiana en la religiosidad, con dos aspectos opuestos: la moral como base de la fe (con lo que se cae en una religión formal y de “ritos”) y la “bendición de la prosperidad sobrenatural” como fruto de la fe (con lo que se cae o bien en la milagrería –nada que ver con los verdaderos milagros de Dios- y en un materialismo religioso o una religión de intereses, marketing y extorsión).

La Gracia es como la buena sanidad pública, gratuita pero que tiene un muy alto precio. Nos llega como un regalo de algo que es muy costoso. Sólo cuando hemos estado a punto de morir por falta de recursos sabemos lo que significa que nos regalen la curación. Si sabemos apreciar ambas cosas –gratuidad y alto precio- valoramos y recibimos la Gracia en su justa medida.

MIRIAM BORHAM es Doctora en Literatura Inglesa por la Universidad de Salamanca, donde actualmente trabaja como profesora de inglés. Ha colaborado como traductora en Protestante Digital y es la organizadora del encuentro anual centrado en el significado de la alabanza, “+ q músicos”, el cual ha alcanzado ya su octava edición.

Creo que, en general, desde las iglesias y los medios evangélicos se predica la gracia bíblica: la dádiva de perdón que Dios nos ofrece de manera incondicional. Sin embargo, a veces sí tengo la impresión de que, en una sociedad cada vez más  light  en sus mensajes, no se pone suficiente énfasis en la causa de que necesitemos dicha gracia. Es decir, no se incide en que Dios nos amó tanto,  a pesar de nuestras faltas , que dio a su Hijo por cada uno de nosotros. Y esta ocasional adaptación del mensaje de la gracia para una sociedad que ha olvidado el pecado puede llegar a darse en cómo se predica el mensaje de salvación tanto a aquellos fuera de la iglesia, como a aquellos dentro de ella. Por una parte, tememos que hablar de pecado “ahuyente” a la gente. Pero, si no hay conciencia de pecado o perdición, ¿cómo (re)conocer la inmensidad del amor de Dios en darnos tan inmerecido don? ¿Cómo rendirse ante Él? Por otra parte, si asumo, como creyente, que estoy haciendo todo bien a los ojos de Dios –y mi congregación, y el mundo en general− y me enorgullezco demasiado en lo que  hago , ¿cómo recordar cada día la gracia inconmensurable que llevó a Jesús a la cruz? ¿Cómo humillarnos ante un acto de amor que escapa a toda comprensión? ¿Cómo transmitir el maravilloso mensaje de gracia a otros? Hace poco leí el famoso libro de Henri J.M. Nouwen sobre la parábola del hijo pródigo y me fascinó la manera en la que describía lo perdido que en realidad estaba el hijo mayor: se muestra reticente ante la invitación del padre porque no tenía conciencia de lo mucho que necesitaba esa dádiva de amor y perdón. Pensaba que se lo había ganado. Y por ello era mucho más difícil que la gracia pudiera tocarlo. Tampoco entendía la paradoja de que la gracia es a la vez impagable y sin coste alguno. Nouwen se equiparaba al hijo mayor. A veces yo también puedo reconocerme en él. No deberíamos olvidar que la iglesia está llena de hijos pródigos que han sido llamados a casa, a pesar de no merecerlo. Sólo así predicaremos siempre el auténtico mensaje de la gracia y podremos recibir con los brazos abiertos a otros hijos igualmente perdidos y encontrados.

 ESTEBAN MUÑOZ DE MORALES. Es vicepresidente de FADE (Federación de las Asambleas de Dios de España) y miembro del Comité Lausana España.

Desde luego hay muchas iglesias con líneas y énfasis doctrinales diferentes dentro del contexto evangélico español, pero yo encuentro una tendencia muy generalizada, más de lo que me gustaría reconocer, a escuchar predicaciones que enfatizan la victoria del cristiano, sus logros, sus capacidades y sus sueños, centralizando el mensaje en el ser humano y no en Dios.
Considero que este tipo de predicación fomenta el individualismo, la codicia, el egoísmo y la sensualidad. Además, posiblemente sin pretenderlo, provoca que la vida espiritual sea el resultado de acciones humanas y de esfuerzos personales, siendo esto la base de una salvación por obras, que es antagónica a la Gracia.
Cada vez es menos frecuente escuchar en los púlpitos términos como pecado, arrepentimiento, justicia, santidad… Sin estos conceptos bien asimilados es imposible entender la Gracia de Dios, y se consigue que las Buenas Nuevas sean tergiversadas, proyectando un mensaje de la Gracia barato, manipulado y caricaturizado.
Ante esto, observo que en algunas iglesias se reacciona yendo al otro extremo, enfocándose más en el pecado y en sus consecuencias que en el motivo por el cual Jesucristo vino a nosotros: “que ninguno se pierda y que todos tengan vida eterna”.
La Gracia de Dios es gratis para el que, por la fe, desarrolla una relación eterna con Dios, pero… ¡desde luego que no es gratis!… ¡alguien ha pagado un precio!, y ese alguien ha sido Jesucristo. La gran tragedia de muchas congregaciones es que dejan de tener un mensaje cristocéntrico y se sumergen en contar “historias”, querer contextualizar con la sociedad por medio de la política o, simplemente, entretener para asegurar la asistencia a los templos.

 EMILIO MONJO (1953). Aunque es nacido en Monesterio (Badajoz) ha residido siempre en Sevilla. Es pastor, doctorado en la universidad de Sevilla, Ética y Filosofía Política, con la tesis “Sola scriptura y el derecho de resistencia en la reforma calvinista”. Además, es Director de las colecciones “Obras de los Reformadores Españoles del siglo XVI” e “Investigación y Memoria”, junto con un grupo de colaboradores que han sido rescatados por la memoria de esos hombres y mujeres fieles del XVI.

Es realmente un problema que tiene varios puntos desde donde mirarlo. Lo primero corresponde a la propia predicación; tomando las palabras de Antonio del Corro, siempre habrá los que “suelen buscar más bien el aplauso del teatro que la edificación de la Iglesia”. El discurso del pecador, el que está delante, con su buen semblante y buena sociedad, muerto en pecados, ajeno de la vida y enemigo de Dios, no es grato a sus oídos, y la predicación se torna una palabra que no resucita, no haría falta si no se considera muerto, sino que se presta a colocar nuevas mortajas.
Hay que explicarlo, pero creo que en muchos ámbitos evangélicos se anuncia (tanto en la predicación, cada vez más acortada, como en actividades) una gracia idéntica a la de la Iglesia romana. Se habla, incluso con abundancia, de ella, pero se deja en mero instrumento para la obra personal. Es como una cualidad o herramienta a todos ofrecida, pero que solo usan con resultado los que hacen buenas decisiones.

La cuestión del precio de la gracia nos coloca en diálogo, casi obligado, con D. Bonhoeffer en su conocido libro. Pienso que es un texto equívoco, incluso relacionándolo con su  Ética . De todos modos, sus reflexiones sí son útiles, pero me parece que no es muy feliz el uso de “gracia” en sus planteamientos. La gracia, si es gracia de Cristo, no es algo que él da, y que puede luego verse como barata o cara. Su gracia es su persona total. No da algo, sino que él se da. Y no se tiene algo recibido, sino al propio Cristo. Otra cosa es que se haya fabricado un cristianismo con mayor o menor sentido de responsabilidad, y que debemos reflexionar para rechazar las obras de la oscuridad y seguir la luz. Pero una gracia con precio, cara o barata, no es gracia.
Cristo, en su cuerpo de carne, nos ha reconciliado, por medio de la muerte, para presentarnos santos y sin mancha e irreprensibles delante de él. Las mortajas se venden y tienen precios y rebajas; Cristo es la vida.

 ÓSCAR MARGENET. Nació en Argentina. Está graduado en Construcciones y Arquitectura, ha cursado una Maestría en Diseño Urbano en Manchester (Reino Unido) y es miembro electo del Real Instituto de Arquitectos Británicos (RIBA) desde 1974. Además de ser co-fundador de ARC PEACE, una ONG de profesionales que promueven la Responsabilidad Social desde 1987, es conferencista y escribe sobre temas de sostenibilidad, desarme y conciliación internacional. Desde 2010, con su esposa Alejandra y sus hijos (Joan y Michel) afincaron en el pueblo del que era oriundo su abuelo materno, en Mallorca. Colabora en P+D con el blog ‘agentes de cambio’. Actualmente escribe su primer libro en el que narra las peripecias de los migrantes españoles al Nuevo Mundo y de sus descendientes al Viejo Mundo.

Entendiendo ‘tipo’ como ‘modelo’ o ‘ejemplar que puede imitarse’ la gracia tipificada en la Biblia es la decisión soberana de Dios de perdonar y justificar al pecador que se arrepiente y cree en Jesucristo (Efesios 2:8,9). La ley dada a Moisés vino para demostrar a Israel su total incapacidad de cumplirla. La gracia vino en la persona de Jesucristo como único medio de salvación (Romanos 3:19-26). Mucho de lo que se oye y lee tiene poco que ver con la gracia divina que nos ha sido revelada. Alabemos a Dios por los que predican y escriben testificando del Evangelio Cristocéntrico (Efesios 2:4-10). Porque siempre hubo desviaciones de la ‘sola gratia’; doctrinas antropocéntricas, mayoritariamente, aunque sus autores insistan con que les fueron reveladas por el Espíritu. No hay congregaciones perfectas, todas guardan características de las siete iglesias de Apocalipsis 2 y 3. Las más, de Éfeso: gracia sin amor; de Esmirna: gracia con sufrimiento; de Pérgamo: gracia relegada por falsas doctrinas; de Tiatira: gracia diluida en el secularismo; de Sardis: gracia minimizada por las apariencias; de Laodicea: gracia negada por la prosperidad material; las menos, de Filadelfia: gracia que hace fuerte al débil. Esta última nos enseña que solo el creyente fiel es agente de la gracia. (2ª Corintios 2:14-17).

La Biblia nos revela que la gracia tiene un altísimo precio; que todo el oro del mundo no alcanza para pagarlo (1ª Pedro 1:18-19); y que Dios ya lo pagó. Por nuestra tendencia a aferrarnos a lo efímero y lo terrenal más fácilmente que a las seguras promesas divinas el Señor afirma que difícilmente entrará un rico en el cielo (Mateo 19:23). Él, siendo rico, se hizo pobre para que por su pobreza nosotros fuésemos enriquecidos (2ª Corintios 8:9). Resulta paradojal que siendo lo más hermoso lo que más cuesta, Dios pagase tan alto precio por horribles pecadores; y que aún haya quienes lucren con Su gracia. El amor del Padre es clave en la instrumentación de su gracia: nos amó y salvó cuando aún estábamos muertos en pecado (Romanos 5:8); por el gozo que le fue propuesto su Hijo enfrentó la cruz (Hebreos 12:2). El Padre nos santifica gradualmente por obra del Espíritu (no de la carne) hasta que Cristo regrese, o el Padre nos llame a Su presencia (Filipenses 1:6), cuando no habrá más gracia.

Finaliza la entrevista. Gracias a todos por permitir recopilar vuestro pensamiento acerca de este regalo que es la Gracia, y así poder repensar en que a pesar de su gratuidad a Dios le costó lo más preciado para él: su mismísimo Hijo.

Autores: Jacqueline Alencar

 

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El Obamacare está en la UCI

Publicado: septiembre 23, 2013 en Sociedad

Juan Francisco Martínez

El Obamacare está en la UCI

 Los republicanos sólo han podido decirnos que no están de acuerdo con el Obamacare; nunca han propuesto una alternativa que responda a las necesidades de salud del país

  El Gobierno de Estados Unidos está casi paralizado mientras el país vive con la necesidad de sacar adelante una adecuada ley que garantice el cuidado médico de sus ciudadanos.

El pasado viernes la Cámara de Representantes de EEUU votó por una autorización de gastos para el nuevo año fiscal sin fondos para la nueva ley de salud pública comúnmente llamada “Obamacare”.

Este voto es crucial porque

1) el 1º de octubre es cuando comienza el año fiscal y sin un voto de autorización el gobierno no podrá implementar los planes de gobierno a partir de esa fecha

y 2) el 1º de octubre también es la fecha en que se comienzan a implementar muchas de las cláusulas de la ley Obamacare.

Los republicanos argumentan que la ley tiene muchos defectos, tantos que aún la propia administración Obama está permitiendo que algunos de los reglamentos no lleguen a entrar en vigor en este próximo año.

Pero es evidente que muchos republicanos ven este momento como la última oportunidad para frenar la realización esta ley. Ellos nunca han aceptado que se aprobara esta ley, y lamentan que no pudieron sacar a Obama de la Casa Blanca en 2012 entre otras cosas para dar marcha atrás a la misma.

Siendo que el Senado no votará por esta versión de autorización de gastos es posible que el país, la economía nacional y aun la economía mundial queden adversamente afectados a partir del 1º de octubre.

Pero hasta la fecha los republicanos sólo han podido decirnos que no están de acuerdo con el Obamacare; nunca han propuesto una alternativa que responda a las necesidades de salud del país.

Esto se da dentro de varias realidades que nuestro país, donde por ejemplo se opta por ignorar que:

1) Gastamos más  per cápita  para la salud que cualquier país industrializado;

2) Tenemos un nivel de salud muy por debajo de la comparación con esos mismos países,

y 3) tenemos el porcentaje más alto de personas sin seguro médico de cualquier país industrializado.

Sin embargo, cualquier esfuerzo por mejorar estos problemas crea una oposición vehemente y divide al país. A día de hoy más de la mitad de los estadounidenses están en contra de Obamacare como sistema, aunque están a favor de mucho de lo que establecería.

La realidad es que Obamacare no es un plan muy bueno, pero es lo mejor que se pudo aprobar dentro de la situación política del momento.

Pero incluso este plan limitado peligra con dejarnos trabados a nivel nacional.

Incluso a los demócratas no les importa demasiado que no logren lo que buscan, ya que están seguros de que esta acción republicana les favorecerá en las futuras elecciones del 2014. Así que no parecen tener voluntad política para evitar esta parálisis.

Como siempre los que son más adversamente afectados por este debate incesante son los más pequeños. Si se cierran oficinas de gobierno, afectará a trabajadores y a los ciudadanos que dependen de servicios gubernamentales.

Si no se implementa Obamacare los millones de personas sin seguro sanitario seguirán así. Y si queda bloqueado el Gobierno de EEUU podría afectar adversamente a la economía mundial, algo que haría más daño a los pobres del mundo.

Y en medio de este parálisis gubernamental se pierde de vista la necesidad de lidiar con otros asuntos que urgen en el país, tales como la reforma migratoria.

Así que, sigue sufriendo el que menos puede defenderse.

Mientras los republicanos y los demócratas se siguen peleando y existe la posibilidad de que el gobierno quede paralizado otros tienen que salir en ayuda de las necesidades de los pobres y los inmigrantes.

Que el Señor nos de la disposición a seguir sirviendo a los necesitados abandonados por nuestro gobierno y el compromiso de seguir llamando a nuestros líderes políticos a cumplir con su compromiso de legislar a favor del pobre y el inmigrante.

Autores: Juan Francisco Martínez

 

©Protestante Digital 2013


México

400 templos acogen a miles de desplazados por las tormentas

Inundaciones de esta semana en Tabasco (México).
Una semana de intensas lluvias torrenciales han provocado daños por toda la geografía del país.

 MEXICO D.F.

El paso de las tormentas Ingrid y Manuel por México han dejado 97 muertos y 248.477 personas afectadas, de las que 50.000 fueron evacuadas y llevadas a albergues y lugares de refugio habilitados especialmente ante la emergencia, como los templos que se han abierto a lo largo de la semana.La mayoría de los afectados están el estado sureño de Guerrero, informaron autoridades federales.

Unos 400 templos fueron habilitados como refugios temporales para los damnificados por las tormentas. Muchas de estas iglesias también funcionan como centros de acopio. A los afectados se les brinda alojamiento, ropa, comida y se organizan actividades para entretener a los niños. Iglesias de los estados de Guerrero, Oaxaca, Hidalgo, Chiapas, Tamaulipas, Veracruz, Colima y Michoacán se organizaron para alojar a los necesitados.

Buena parte del territorio mexicano se vio golpeado el fin de semana prácticamente de manera simultánea por el huracán Ingrid en el Golfo de México y por la tormenta tropical Manuel en el Pacífico.

Luego de haberse comenzado a disipar, Manuel volvió a tomar fuerza y el miércoles se transformó otra vez en tormenta tropical y avanzaba por el noroeste del país hacia el balneario de La Paz, en la península de Baja California.

Entre el 11 y el 18 de septiembre en México se han presentado lluvias inéditas con precipitaciones que superan los 987milímetros en la Sierra de Guerrero, los 661 milímetros en la Huasteca Potosina, 519 milímetros en la Costa de Michoacán y 465 mm en la de Oaxaca, de acuerdo con un reporte de la Comisión Nacional del Agua (Conagua).

La lluvia que afectó al estado de Guerrero es la de mayor intensidad registrada en la historia del país, producto de la saturación del suelo en varias zonas.

Fuentes: MundoCristianotv

Editado por: Protestante Digital 2013