Los niños de las piernas de hierro

Publicado: diciembre 21, 2013 en Fotografía, Reportaje, Sociedad

ÁFRICA Navidad en el Congo (VII)
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Louis, en su taller de prótesis. RAQUEL VILLAÉCIJA
RAQUEL VILLAÉCIJA
ALBERTO ROJAS Goma (RD Congo)

En Goma el taller de Gepeto fabrica piernas a medida. El artesano se llama Louis y es congoleño. No moldea madera sino forja. Tiene 33 años y desde hace seis esculpe extremidades de acero para niños mutilados por la guerra o la enfermedad. Él mismo porta una de las prótesis que diseña. “Cuando me colocaron la pierna decidí trabajar para ayudar a los que sufren problemas de movilidad como yo”, explica el artesano.

Tiene un taller humilde. Un torno, una fresadora, una maza, hierros de deshecho, un soldador, todo de segunda mano. Esta casa donde sólo viven hombres es de madera tosca y oscura como la lava. En el patio cocinan mandioca. “Este es el patrón”, dice mientras muestra un papel con las medidas de una pierna diminuta.

Una de sus prótesis hechas a medida con materiales de deshecho. A. ROJAS

Lo hacemos con precisión, a la medida de cada persona. Estas por ejemplo son para un niño”, explica. Sobre el pliego diseña el tamaño. Después moldea el acero. “Estos tornillos permiten mover los aparatos a la altura de la rodilla. ¿Veis? Cuando el aparato está recto la persona está de pie; cuando está doblado, es que está sentada”.

Bahati le observa trabajar con atención. Tiene 13 años y una malformación en el pie y otra en el fémur que le impiden moverse con normalidad. Las piernas que Louis está preparando son para él. El niño no tiene miedo al quirófano. Sabe que cuando le operen en el hospital Heal Africa estará preparado para que este Gepetto gongoleño le coloque sus piernas de forja.

– ¿Te da miedo ir al hospital?

“No, porque voy a poder tener unos aparatos como ellos”

– ¿Por qué quieres llevarlos?

“Porque voy a andar mejor y volver a la escuela”.

Bahati ha llegado a Goma desde Beni, en el norte, tres días en autobús por carreteras infames. Vivirá en esta casa junto a otras personas minusválidas, será operado e ingresará en un colegio de Goma para no perder el curso escolar. Meses después ya podrá volver a ver a su familia.

Artesano del acero

El mayor anhelo del niño es regresar a sus clases para convertirse en médico algún día “y poder ayudar a los otros”. Junto a él juegan y trabajan decenas de niños enfermos de polio o víctimas a las que la guerra les arrancó la movilidad. Conviven en el centro de ortopedia de la asociación ACDF, a la espera de que Louis les haga una pierna nueva.

En el centro también viven los que ya la tienen y quieren aprender el oficio de Louis. “Son como una gran familia, trabajan, cocinan para todos, juegan los unos con los otros y se ayudan”, explica Joseph Kay, colaborador británico en la organización.

Uno de los niños que vive en el taller de Louis. ALBERTO ROJAS

El taller de forja huele a esperanza y suena a acordes de guitarra. Uno de los chavales afina las cuerdas del instrumento, un regalo del batallón uruguayo de Naciones Unidas desplegado en Goma, mientras el resto de chicos hacen sus tareas entre muletas y risas. A menudo los militares se acercan al centro para repartir agua potable o arreglar alguna de las máquinas con las que trabaja el artesano.

El valor de una prótesis

“No tienen ayudas del Gobierno, el centro se sostiene gracias a la ayuda de ONG y de voluntarios”, explica Sebastián Alba, comandante del batallón. “Tienen un presupuesto de 55.000 euros anuales. Con eso hay que dar de comer a todos los niños y fabricar las prótesis. No es mucho pero nos apañamos”, explica Kay.

A la caída del sol Louis culmina su trabajo. “Utilizamos material de reciclaje y los modelamos en el taller”, explica el artesano. Todo se aprovecha bien en un país en el que si el material médico ya es un lujo, no digamos el acceso a una prótesis. El herrero tiene abiertas varias casas más por otras regiones del Congo para atender a otros que no pueden venir hasta aquí.

Bahati, recién operado de la malformación de una de sus piernas. R. VILLAÉCIJA

“La mayoría de los niños que los llevan sufren malformaciones, hay pocos que han sufrido mutilaciones durante la guerra, aunque también los hay”, explica Louis. Le preguntamos si cree que la paz llegará pronto a Congo. Nos mira extrañado, como si no supiera que su país sufre un conflicto armado desde hace dos décadas: “No entiendo de política, solo quiero hacer bien mi trabajo”, dice.

http://www.elmundo.es/internacional/

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