Archivos para junio, 2014


Juan Stam

Fundamentos teológicos de la predicación (1)

Predicar: proclamar el Reino, el Evangelio y la Palabra

Una ensalada de consejos vagos, sugerencias abstractas y exhortaciones muy generales, aunque vengan maquillados con textos bíblicos, no es un sermón, mucho menos palabra de Dios.

 El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios… Ya que Dios, en su sabio designio, dispuso que el mundo no lo conociera mediante la sabiduría humana, tuvo a bien salvar, mediante la locura de la predicación, a los que creen… Este mensaje es motivo de tropiezo para los judíos, y es locura para los gentiles, pero para los que Dios ha llamado, es el poder de Dios y la sabiduría de Dios. Pues la locura de Dios es más sabia que la sabiduría humana, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza humana…

 Yo mismo, hermanos, cuando fui a anunciarles el testimonio de Dios, no lo hice con gran elocuencia y sabiduría. Me propuse, más bien, estando entre ustedes, no saber de alguna cosa, excepto de Jesucristo y de éste crucificado  (1 Cor 1:18-2:2).

La predicación, en su sentido bíblico y teológico, es mucho más que sólo la entrega semanal de una homilía religiosa, con todo respeto por la importancia del sermón. Es más que una conferencia teológica o una charla sicológica o social. Es aún más que un estudio bíblico, elemento esencial de toda la vida cristiana. Entonces, ¿En qué consiste la esencia y el sentido de la predicación?

El griego del NT emplea básicamente tres términos para la predicación.

PROCLAMAR
El más común es kêrussô (proclamar), y su forma substantivada, kêrugma, ambos derivados de kêrux (heraldo; cf. 1 Tm 2:7; 2 Tm 1:11; 2 P 2:5).

En el vocabulario teológico moderno se ha creado también el adjetivo “kerigmático”, lo que tiene que ver con la proclamación del kêrugma.

Otros conjuntos semánticos son euaggelizô (anunciar buenas nuevas), junto con euaggelion (evangelio) y euaggelistês (evangelista) y kataggellô (anunciar) también de la raíz aggelô (llevar una noticia; Jn 20:18) y aggelos (ángel, mensajero).

En todos esos vocablos se destaca el sentido de proclamar una noticia o entregar un mensaje. La predicación no consiste esencialmente en comunicar nuevas ideas sino en narrar de nuevo una historia, la de la gracia de Dios en nuestra salvación, y esperar que por esa historia Dios vuelva a hablar y a actuar.

LA PREDICACIÓN Y EL REINO DE DIOS
Al estudiar los aspectos y dimensiones de esta tarea kerigmática, nada mejor que comenzar donde comienza el NT. Juan el Bautista vino predicando en el desierto, “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca” (Mt 3:1), y Jesús llegó con el idéntico mensaje, según Mt 4:17 (cf. Mr 1.14-15).

Jesús comisionó a los doce a proclamar el mismo mensaje (Mt 10:7; Lc 9:2). Más adelante el primer evangelista, escribiendo para los judíos, describe el ministerio de Jesús con las palabras, “Jesús recorría todos los pueblos y aldeas, enseñando (didaskôn) en las sinagogas, anunciando (kêrussôn) el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad” (Mt 9:35; Lc 8:1; cf. 4:43).

Según Lucas, el Cristo Resucitado también enseñó a los discípulos durante cuarenta días “acerca del reino de Dios” (Hch 1:3) y de la misión de proclamar ese reino hasta lo último de la tierra, hasta su venida (1:1-11).

El tema central de los tres primeros evangelios es la llegada del reino de Dios, que con seguridad refleja el mensaje original de Jesús. Muy relacionado con el tema del reino, Jesús proclamó también la libertad y la igualdad del Jubileo (Lc 4:18-19; cf. 7:22).

Aunque el tema del reino es menos presente en Pablo y en el cuatro evangelio, por las nuevas circunstancias culturales y políticas de su misión, sigue siendo muy importante (cf. Jn 3:3,5; 18:36). La labor misionera de Pablo se describe como “andar predicando el reino de Dios” (Hch 20:25), y en la fase final de su misión, ya como preso en Roma, Pablo “predicaba el reino de Dios y enseñaba acerca del Señor Jesucristo” (Hch 28:31). Es más, Jesús mismo, en su sermón profético, anuncia que “este evangelio del reino se predicará en todo el mundo” hasta el fin de la historia (Mt 24:14).

La expectativa del reino mesiánico pertenecía hacía siglos a la tradición judía; lo novedoso del evangelio del reino consistía en anunciar su inmediata cercanía (Mt 3:1; 4:17). Para Jesús, el reino no sólo está cerca sino que, en su persona, el reino se ha hecho presente (Mt 12:28; Lc 4:21; 11:20). Los apóstoles también proclamaban que los tiempos del reino habían llegado (Hch 2:16; 1 Cor 10:11; 1 Jn 2:18).

Por eso, predicar es “decir la hora” para anunciar que el reino de Dios ha llegado ya. La predicación es la proclamación de este hecho para interpretar bajo esta nueva luz el pasado, el presente y el futuro. “La predicación pone siempre en presencia de un hecho que plantea una cuestión” (Léon Dufour 1973:711). Esta nueva realidad exige una respuesta específica: arrepentimiento, fe y la búsqueda del reino de Dios y su justicia (Mat 6:33), o en una palabra, la conversión.

En conclusión: la proclamación del reino es parte central de la predicación, y también, la predicación es parte esencial de la dinámica del reino y un agente importante de su realización. Como señala González Nuñez, “La palabra de Dios es poder activo en la historia. Pero, además, ejerce en el mundo actividad creadora, empujando todas las cosas hacia su respectiva plenitud. Visto al trasluz de la palabra, el mundo se hace transparente… Creadora en el mundo, salvadora en la historia, la palabra de Dios es una especie de sustento, necesario para que la vida lo sea plenamente ” (Floristán 1983:678). La palabra creativa de la predicación va acompañando la marcha del reino de Dios.

LA PREDICACIÓN Y EL EVANGELIO
Si bien el tema “reino de Dios” predomina en los evangelios sinópticos, en las epístolas paulinas, por razones relacionadas con su misión, apenas se menciona el reino y son muy típicas las frases “el evangelio” y “predicar el evangelio”. Sin embargo, las epístolas de Pablo, por lo menos la mayoría de ellas cuya paternidad paulina no es cuestionada, son anteriores cronológicamente a los evangelios sinópticos. En ese sentido, la enseñanza del reino antecede a las epístolas (por venir del tiempo de Jesús) y a la vez es posterior a ellas (por la fecha en que fueron redactados los sinópticos). Eso refuta la tesis de que la iglesia había abandonado, o disminuido casi totalmente, el tema del reino y lo había sustituido con “el evangelio”. “Reino” y “evangelio” son dos lados de la misma moneda.

La proclamación de las buenas nuevas de salvación es esencial a la tarea de predicación, tan urgente que Pablo una vez exclamó, “¡Ay de mí si no predico el evangelio!” (1 Cor 9:16). Más adelante en la misma epístola, Pablo define “el evangelio que les prediqué”, y que él había recibido, como el mensaje de la muerte, sepultura y resurrección de Jesús (1 Cor 15:1-4). El anhelo de toda la vida de Pablo fue el de “proclamar el evangelio donde Cristo no sea conocido” (Rom 15:20). Toda predicadora fiel puede afirmar con Pablo, sin titubeos, “no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen” (Rom 1:16).

La predicación evangélica es en primer lugar “predicar a Jesucristo” y “el evangelio de Jesucristo” (Hch 20:24; 2 Cor 4:5; cf. 11:4), como Hijo de Dios (1 Cor 1:19; Hch 9:20), crucificado (1 Cor 1:23; Gal 3:1) y resucitado (1 Cor 15:11-12; Hch 17:18). En Gálatas 3:1, Pablo describe su predicación como si fuera dibujar el rostro de Cristo ante los ojos de los oyentes (kat’ ofthalmous Iêsous Jristos proegrafê estaurômenos). En algunos pasajes se llama “el evangelio de Dios” (1 Ts 2:9; 2 Cor 11:7) o “el evangelio de la gracia de Dios” (Hch 20:24). Con una terminología levemente distinta, se llama también “el mensaje de la fe” (Rom 10:8; cf. Gal 1:23) o “el mensaje de la cruz” (1 Cor 1:18). En Efesios 2:17, Pablo describe a Cristo mismo como predicador del Shalom de Dios (cf. Hch 10:36). En conjunto, estos textos nos dan el cuadro de un evangelio integral en la predicación.

LA PREDICACIÓN Y LA PALABRA DE DIOS
Esa relación dinámica entre la proclamación y el evangelio del reino implica también la relación inseparable entre la predicación y la Palabra de Dios. Por eso, se repite a menudo que los apóstoles y los primeros creyentes “predicaban la palabra de Dios” (Hch 8:25 13:5; 15:36; 17:13), o sinónimamente, “la palabra de evangelio” (1 P 1:25) o “la palabra de verdad” (2 Tm 2:15). Otras veces se dice lo mismo con sólo “predicar la palabra” (Hch 8:4). El encargo de los siervos y las siervas del Señor es, “predique la palabra” (2 Tm 4:2), lo cual es mucho más que sólo pronunciar sermones.

La frase “palabra de Dios” tiene diversos significados en las escrituras y en la historia de la teología. La palabra de Dios por excelencia es el Verbo encarnado (Jn 1:1-18; Heb 1:2; Apoc 19:13, Cristo es ho logos tou theou).

En las escrituras tenemos la palabra de Dios escrita, que da testimonio al Verbo encarnado (Jn 5:39).

Pero la palabra proclamada, en predicación o en testimonio, se llama también “palabra de Dios”, donde no se refiere ni a Jesucristo ni a las escrituras (Hch 4:31; 6:7; 8:14,25; 15:35-36; 16:32; 17:13; cf. Lc 10.16). Cristo es la máxima y perfecta revelación de Dios, quien después de hablarnos por diversos medios, “en estos días finales nos ha hablado por medio de su Hijo” (Heb 1:1-2, elalêsen hêmin en huiô, “nos habló en Hijo”). El lenguaje supremo de Dios es “en Hijo” y las escrituras son el testimonio inspirado de esa revelación, definitivamente normativas para toda proclamación de Cristo. Pero esa proclamación oral es también “palabra de Dios”, según el uso bíblico de esa frase.

Esta comprensión de las tres modalidades de la palabra de Dios, y por ende de la predicación como palabra de Dios cuando es fiel a las escrituras, fue expresada en lenguaje muy enfático por Martín Lutero y reiterado con igual énfasis por Karl Barth (KB 1/1 107; 1/2 743,751). Según la Confesión Helvética de 1563, “la predicación de la palabra de Dios es palabra de Dios” (praedicatio verbi Dei est verbum Dei). Lutero se atrevió a afirmar que cuando el predicar proclama fielmente la palabra de Dios, “su boca es la boca de Cristo”. Karl Barth hace suya esta teología de la predicación, para afirmar que la predicación es en primer término una acción de Dios (1/2 751) en la que es Dios mismo, y sólo Dios, quien habla (1/2 884).

Para muchas personas, que suelen entender “palabra de Dios” como sólo la Biblia, este descubrimiento tiene implicaciones revolucionarias para la manera de entender la predicación. Por un lado, magnifica infinitamente la dignidad del púlpito y el privilegio de ser portador de la palabra divino. También aumenta infinitamente nuestra expectativa de lo que Dios puede hacer por medio de su palabra, a pesar de nuestra debilidad e insuficiencia. Es una vocación demasiada alta y honrosa para cualquier ser humano. Así entendido, el carácter de la predicación como palabra de Dios nos dignifica y nos humilla a la vez.

Aquí vale para nuestra predicación la doble consigna de la Reforma de tota scriptura y sola scriptura. Pablo nos da el ejemplo de proclamar “todo el consejo de Dios” (Hch 20:20,27; Col 1:2), sin quitarle nada, y tampoco añadirle “nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron…” (Hch 26:22). Quitamos de las escrituras cuando sólo predicamos sobre ciertos temas o de ciertos libros y pasajes de nuestra preferencia. En ese sentido, predicar desde el calendario litúrgico tiene dos grandes ventajas: obliga al predicador a exponer toda la amplísima gama de enseñanza bíblico, y liga la predicación con la historia de la salvación (no sólo navidad y semana santa, sino ascensión, domingo de Pentecostés, etc.). Pero esa práctica no debe desplazar la predicación expositiva de libros enteros, teniendo cuidado de incluir en la enseñanza los diferentes estratos y géneros de la literatura bíblica.

Aún mayor es la tentación en la predicación de añadir al texto, como si él no fuera suficiente. Un sermón fiel a la Palabra de Dios parte del texto bíblico y no sale de él sino profundiza en su mensaje hasta el Amén final (Hch 2:14-36; 8:35). Muchos predicadores se dedican más bien a sacar inferencias del texto, que aún cuando fueren totalmente válidas lógicamente, no son bíblicas y puede hasta contradecir el sentido del texto. Una ensalada de consejos vagos, sugerencias abstractas y exhortaciones muy generales, aunque vengan maquillados con textos bíblicos, no es un sermón, mucho menos palabra de Dios. El sermón no debe ser una simple antología de ilustraciones, anécdotas y ex abruptos sensacionalistas. El sermón tampoco es el lugar para ventilar las opiniones personales del predicador, que no surgen de la palabra de Dios ni se fundamentan en ella. En la predicación contemporánea priva un “opinionismo” que raya con el sacrilegio.

El humor debe tener su debido lugar en la predicación (la Biblia misma es una fuente rica de humor), pero siempre en función del texto y no como fin en si mismo. El humor debe iluminar el mensaje del texto. Jugar con la palabra de Dios es pecado, como lo es también volverla aburrida. Los predicadores tienen que saber moverse entre la frivolidad por un lado, y la rutina seca y el aburrimiento por otro lado. La jocosidad frívola puede ayudar para el “éxito” del sermón y la popularidad del predicador, pero será un obstáculo que impida la eficacia del sermón como palabra de Dios. Hay dos peligros que evitar en la predicación: la frivolidad, y el aburrimiento.

La predicación es una tarea bíblica, es decir, exegética y hermenéutica. Bien ha dicho Bernard Ramm (1976:8) que la primera preocupación del predicador no debe ser homilética (¿Cómo predico un buen sermón?) sino hermenéutica (¿Cómo oigo la palabra de Dios, y la hago oír?). Antes del sermón la predicadora se encuentra con Dios en y por el texto, luchando con Dios y el texto hasta recibir de Dios una palabra viva que sea a la vez fiel y contextual. Al presentarse ante la comunidad, plasma ese encuentro en un sermón para compartir ese encuentro con los demás y buscar juntos la presencia del Señor y escuchar juntos su voz.

La única meta del sermón, la mayor responsabilidad del predicador y el criterio exclusivo del resultado de la predicación, todos responden a la pregunta central, si se proclamó fielmente la palabra de Dios. El predicador no predica para complacer a los oyentes, para manipular sus emociones ni para lograr cambios religiosos y morales en ellos. Su tarea es proclamar la palabra de Dios; no predica buscando esa transformación sino esperándola como resultado indirecto por la obra del Espíritu Santo. Mucho menos debe predicar con la motivación de lograr éxito y fama como orador o erudito bíblico.

Atreverse a predicar como Dios quiere, es un acto de amor, de humildad y de abnegación. William Willimon ha señalado que el verdadero predicador tiene que amar más a Dios que a su congregación. Es una gran tentación para el predicador buscar en su ministerio la realización de sus propios intereses y metas. La predicación fiel comienza en el corazón del predicador. Es un corazón con un supremo amor a Dios y su palabra, aun más que a la congregación y mucho más que a sí mismo.

PELIGROS DE LA FALSA PREDICACIÓN
Pasa con la predicación igual que con la profecía: la predicación fiel siempre va acompañada por la predicación falsa, que busca complacer a la gente, se dirige por las expectativas del público y les enseña a decir “Señor, Señor” pero no a hacer la voluntad del Padre celestial (Mt 7:21-23). Por eso, la iglesia debe vigilar su púlpito con todo celo en el Espíritu. No debe dejar a cualquiera que “habla lindo” ocupar ese lugar sagrado sino sólo a los que se han demostrado maduros, bien centrados en la Palabra y consecuentes en sus vidas. No cabe duda que el descuido en este aspecto ha producido desviaciones y aberraciones en las últimas décadas, produciendo daños muy serios en la iglesia.

Es urgente también ir enseñando a las congregaciones lo que bíblicamente deben esperar de un predicador y de un sermón. Mucho del desorden de las últimas décadas se debe a la gran falta de discernimiento de los mismos oyentes. A pesar del exagerado número de horas que pasan escuchando sermones, en general no se logra una adecuada formación bíblica y teológica para discriminar entre predicación fiel y predicación “bonita”, conmovedora o sensacionalista pero no bíblica. Hace años el destacado orador evangélico, Cecilio Arrastía — ¡un verdadero modelo de predicador fiel! — hablaba de la congregación como comunidad hermenéutica en que todos sepan interpretar la palabra y distinguir entre lo bueno y lo malo en la predicación (1 Ts 5:21; Hch 17:11; 1 Cor 14:29).

¡Imploremos al Espíritu de Dios que unja a nuestros predicadores y congregaciones con amor a la palabra y discernimiento acertado ante estos abusos!

 La próxima semana veremos la relación de la predicación con el Espíritu de Dios, los sacramentos, el culto y como voz profética.

BIBLIOGRAFÍA:
Barth, Karl, La proclamación del evangelio (Salamanca: Sígueme, 1969).
Fee, Gordon D. y Douglas Fee, La lectura eficaz de la Biblia (Miami: Editorial Vida, 1985)
Floristán, Casiano y Juan José Tamayo ed., Conceptos fundamentales de pastoral (Madrid: Cristiandad 1983), “Kerygma” 542-549; “Predicación”, 817-830.
Léon-Dufour, Léon-Dufour Xavier, Vocabulario de teología bíblica (Barcelona: Herder 1973)
Sacramentum Mundi, Karl Rahner ed (Barcelona: Herder 1984) 4:193-199, “Kerygma”; 5:147-159, “Palabra; Palabra de Dios” y 5:535-542, “Predicación”.
Ramm, Bernard, The Witness of the Spirit (Grand Rapids: Eerdmans, 1959).
Ramm, Bernard, La revelación especial y la palabra de Dios (BsAs: Aurora, 1967)
Ramm, Bernard, “Interpretación bíblica” en Diccionario de Teología Práctica, Rodolfo G. Turnbull ed. (Grand Rapids: T.E.L.L., 1976), pp. 5-19.
Stam, Juan, Apocalipsis y profecía (Bs.As.: Kairos 1998, pp. 26-50; 2004:33-64).
Stam, Juan, Haciendo teología en América Latina, Tomo II (San José: Ubila, 2005), pp. 379-389.

Autores: Juan Stam
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Leonardo de Chirico

Lo que Francisco piensa realmente de la Reforma (y de Calvino en particular)

El papa Francisco, en la grabación realizada por Tony Palmer el 14 de enero.

 Bergoglio asume un punto de vista despectivo y atroz de la Reforma que ha sido la lectura común de los polemistas católicos sobre la Contrarreforma hasta décadas recientes. 

 

Cordial y elogioso. Deseando siempre subrayar los aspectos comunes y dejar de lado las diferencias. Esta ha sido la imagen popular del Papa Francisco en sus relaciones con los no católicos, hasta ahora.

Muchos están impresionados por su estilo complaciente que con frecuencia busca influir en los demás. Esta puede que haya sido la norma, pero ahora hay una excepción y muy significativa. La reciente reedición de una conferencia perteneciente a la historia de los jesuitas, que el Arzobispo Bergoglio dio en Argentina en 1985, indica la clase de severa evaluación que dio de la Reforma Protestante en general y de Juan Calvino en particular. Esta conferencia se publicó de nuevo en España en 2013 y después se tradujo al italiano en forma de libro ( Chi sono i gesuiti  [Quienes son los jesuitas], Bologna: EMI, 2014). Puesto que no hay ninguna indicación de que haya cambiado su mentalidad, tenemos que considerar el contenido del libro una exacta reflexión de lo que Francisco todavía piensa de la Reforma Protestante.

 El protestantismo es la raíz de todos los males

Al examinar la historia de los jesuitas Bergoglio presta una atención especial a sus interacciones con la Reforma y a su papel en las misiones latinoamericanas. Según él, las consecuencias inevitables de la Reforma son la aniquilación del hombre en su ansiedad (dando como resultado el ateismo existencial) y un salto en la oscuridad por una especie de superman (conforme a lo previsto por Nietzsche). Ambos resultados conducen a “la muerte de Dios” y a una clase de “paganismo” que se manifiesta como el nazismo y el marxismo. ¡Todo esto surge a partir de la “posición de Lutero”! Bergoglio argumenta que la Reforma es la raíz de todas las tragedias del Occidente moderno, desde la secularización a la muerte de Dios, desde los regímenes totalitarios a los suicidios ideológicos.

Nada hay nuevo bajo el sol. Este punto de vista despectivo y atroz de la Reforma ha sido la lectura común de la historia moderna europea debido a las puntuaciones dadas por los polemistas católicos de la Contrarreforma hasta décadas recientes. Bergoglio no lo ha inventado. Más bien lo reafirma como si una más exhaustiva investigación histórica y análisis culturales y teológicos no hubieran nunca tenido lugar después del Concilio de Trento. ¿Qué podemos hacer con sus tonos amistosos hacia los protestantes si él realmente cree que tiene que culparse a la “posición Luterana” por todos los males de la civilización occidental?

 Juan Calvino el ejecutor espiritual

Todavía hay más. Bergoglio hace una distinción entre Martín Lutero el “hereje” y Juan Calvino el “hereje” y “cismático”. La herejía Luterana es “una buena idea nacida insensata”, pero Calvino es todavía peor porque desgarró al hombre, a la sociedad y a la iglesia; puesto que para el hombre, el Calvino de Bergoglio escindió la razón del corazón, produciendo así la “miseria calvinista”. En la sociedad, Calvino enfrentó la burguesía contra las otras clases trabajadores, convirtiéndose de esta forma en “el padre del liberalismo”. No obstante, el peor cisma sucedió en la iglesia. Allí Calvino “descabezó al pueblo de Dios de su unión con el Padre”. Dejó al pueblo de Dios sin sus santos patrones. También lo descabezó de la misa, es decir, la mediación de Cristo “realmente presente”. En resumen, ¡Calvino fue un ejecutor que destruyó al hombre, envenenó a la sociedad y arruinó a la iglesia!

Decir que a Bergoglio no le gusta Calvino es una atenuación. Experimenta fuertes sentimientos contra él. Pero, ¿estamos seguros de que entiende a Calvino más allá de los clichés anticuados y totalmente sesgados? El año 2017 será el 500º aniversario de la Reforma Protestante y Francisco tendrá una oportunidad para volver a los libros de historia más recientes y obtener una imagen más justa y precisa de lo que ocurrió desde el siglo XVI en adelante. Si no revisa su evaluación de la Reforma todo el lenguaje “ecuménico” será una máscara superficial que oculta un verdadero odio a Lutero y (especialmente) a Calvino.

Autores: Leonardo de Chirico

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Entrevista en TV

Richard Cohen

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`Derribo las dos bases del lobby LGTB: se nace gay y no se puede cambiar. Por eso me odian’. Cohen desgranó en una entrevista en TV las razones por las que cree que el cambio de ‘homo’ a ‘hetero’ es posible.

MADRID

Richard Cohen, cristiano, acudió a Intereconomía TV para ser entrevistado por Javier Algarra, conductor del programa “El gato al agua”. (Ver debajo el vídeo de la entrevista completa.)El autor de “Hijos gay, padres heterosexuales” (novedad de LibrosLibres objeto de la campaña difamatoria del lobby LGTB), contó con detalle durante el programa aspectos íntimos de su antigua vida como homosexual, y su origen en los conflictos con su padre y hermano y en los abusos sexuales que padeció por parte de uno de sus tíos. Hoy está casado y tiene tres hijos que le apoyan en su tarea.

Durante la entrevista, Cohen explicó su forma de pensar, las bases de su programa terapéutico, y también las razones de la animadversión de los colectivos homosexuales, que ya había analizado en otra de sus obras, “Abriendo las puertas del armario”.

LA ENTREVISTA
A continuación recogemos algunas de las frases de Richard Cohen en la entrevista. El vídeo completo de la misma puede verse al final de esta noticia.

La homosexualidad no es una enfermedad. En el libro hablo de diez causas potenciales, y siempre vienen de heridas en el corazón que no se han solucionado”.

No se trata de cambiar a nadie, sino de aprender a amarles de la manera correcta”.

“Científicamente sabemos que nadie nace homosexual. No hay causas genéticas ni biológicas de la atracción al mismo sexo. Si acaso puede haber algo biológico, es el temperamento, son niños extremadamente sensibles y se les hiere fácilmente”.

Es una batalla de amor. Quien ame más y durante más tiempo, gana”.

Es ridículo llamarme homófobo. La definición de homofobia es un miedo irracional a la homosexualidad. Yo amo a todos los homosexuales. [Cuando yo lo era] fui discriminado de una manera terrible, ¿cómo voy a tratar así a un homosexual? Si miras mi trabajo durante treinta años nunca encontrarás una palabra negativa contra la comunidad LGTB”.

Creo en el derecho de los individuos a la autodeterminación. Si alguien quiere vivir una vida homosexual, tenemos que respetarle. Si alguien quiere salir de la homosexualidad y cambiar de ser homosexual a ser heterosexual, también tenemos que respetarle”.

“Yo soy una prueba viviente de que el cambio es posible“.

[El lobby gay] tiene miedo. El movimiento homosexual es un edificio que se construye sobre dos pilares: un pilar es “hemos nacido así”; el segundo, “no podemos cambiar”. Ésa es la estrategia y la ideología del movimiento gay. Y en esto llega Richard Cohen y dice: científicamente las personas no nacen así, y por tanto las personas pueden cambiar. Así que les destruyo el edificio. Por eso me odian, es lógico”.

En todos los países del mundo el lobby LGTB en el interior de las organizaciones de psicólogos está intentando impedir que terapeutas como yo podamos ofrecer ayuda y esperanza a aquellos que quieren cambiar y a los miembros de sus familias. Esto no es ciencia, es política. No quieren que se practique esta terapia: si las personas quieren ayuda, hay que negársela [dicen]; esto no es libertad”.

La terapia tiene tras pasos: comprender las causas, resolver cada tema del pasado y crear vínculos con personas heterosexuales e internalizar esa forma de amar. Llevamos haciéndola 25 años con un 85% de éxito”.

Las carencias afectivas por el vínculo masculino (en el caso de hombres), en la adolescencia, se convierten en algo sexual. Y entonces todos dicen: ´Has nacido gay´. No es verdad. Es un niño que está buscando amor y el sexo no se lo va a suplir”.

Los hostiles no son (quienes forman) la comunidad homosexual (yo me llevo muy bien con ellos), sino sus líderes, son ellos los que están haciendo un problema de todo esto”.

Si unos padres nos traen un hijo para que le ´cambiemos´, no trabajamos con el hijo, sino con los padres. Les enseñamos a amar a su hijo correctamente, no a cambiarle”.

Yo no vivo para complacer a nadie, sólo a Dios. Vivo para ayudar a aquellos que quieren ser ayudados”.

Fuentes: ReL

Editado por: Protestante Digital 2014

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PCUSA 

Iglesia Presbiteriana de EEUU acepta el matrimonio gay

221 Asamblea de la Iglesia Presbiteriana en Estados Unidos. / Facebook PCUSA
Votaron a favor de considerar “cristiana” la unión de dos personas, sin importar su género, en su Constitución.

20 DE JUNIO DE 2014, ORLANDO

El principal órgano legislativo de la Iglesia Presbiteriana en Estados Unidos (PCUSA) ha votado por amplia mayoría el reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo sexo como cristiano, al cambiar sus estatutos para definir el compromiso como la unión entre “dos personas” y no sólo entre “un hombre y una mujer”.

Hubo 371 votos a favor de permitir a los ministros celebrar matrimonios entre personas del mismo sexo, frente a 238; y 429 a favor de modificar la definición de matrimonio en la constitución, con la oposición de solo 175 votos.

La enmienda aprobada por la Asamblea General Presbiteriana requiere ahora la aprobación de una mayoría de los 172 presbiterios regionales, que van a votar en el cambio durante el próximo año. Pero en un cambio de política adicional que entra en vigor al final de la reunión de esta semana, los delegados votaron a favor de permitir a los ministros que presidan bodas gays en los estados donde estos son legales y los líderes congregacionales lo aprueben. Diecinueve estados, además del Distrito de Columbia, reconocen el matrimonio entre personas del mismo sexo.

La votación realizada en la reunión nacional en Detroit culminó con una amplia victoria de aquellos que defendían el matrimonio homosexual. En 2011, esta denominación histórica eliminó las barreras a la ordenación de clérigos con parejas del mismo sexo, pero a los ministros aún se les impedía la celebración de matrimonios homosexuales, con el riesgo de sanciones para quien lo hiciese. Alex McNeill, director ejecutivo de “Más presbiterianos de luz”, un grupo de defensa gay, dijo que las decisión tomada este jueves es “una respuesta a muchas oraciones”.

El pastor Krystin Granberg, del Presbiterio de Nueva York, donde el Estado reconoce el matrimonio gay, dijo que recibe solicitudes “todo el tiempo” de amigos y feligreses para presidir en sus bodas.

“Ellos quieren casarse por la iglesia que aman y quieren que yo lo oficie”, dijo Granberg durante el debate.

Bill Norton, del Presbiterio de Cristo, que abarca partes de Arizona y Nuevo México, instó a la Asamblea a retrasar los cambios. “Estamos poniendo las manos en algo que es santo, que Dios nos ha dado, así que tenemos que estar seguros de cualquier cambio que hagamos está de acuerdo con la voluntad de Dios revelada en la Escritura”, dijo Norton.

El Comité “Lay Presbyterian” denunció los votos en Detroit como una “abominación”.

Tras el voto que permitió la ordenación de personas con pareja homosexual en 2011, 428 de las más de 10.000 iglesias de la denominación se han ido a otras denominaciones más conservadoras, aunque algunos conservadores teológicos se han mantenido dentro de la denominación. La iglesia ahora tiene cerca de 1,8 millones de miembros.

Las iglesias que salieron de la comunión presbiteriana formaron una nueva Confraternidad, conocida como la Orden del Pacto Evangélico de Presbiterianos (ECO), con un gran crecimiento en los últimos dos años.

En enero de 2012 este grupo celebró su encuentro, con alrededor de 2.100 presbiterianos de 500 congregaciones en Orlando. En agosto de 2014 celebrarán su segundo encuentro nacional.

 

Fuentes: AP, Christian Post

Editado por: Protestante Digital 2014

 
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El negocio del mercado cristiano musical 

Tim Lambesis: Soy ateo y la mayoría de ‘bandas cristianas’ son sólo negocio

Tim Lambesis / Charisma News
 
La estrella de “rock cristiano” Tim Lambesis (heavy metal), tras ser condenado por intento de asesinato de su ex esposa dice que ni él ni la mayoría de miembros de “bandas cristianas” son creyentes.

20 DE JUNIO DE 2014, EE.UU.

Después de dejar la banda Society’s Finest, donde tocaba la guitarra el vocalista Tim Lambesis, formó As I Lay Dying en 2000. Era considerada como una banda de Heavy Metal cristiano.

Tim Lambesis admitió el mes pasado haber contratado a un asesino a sueldo para matar a su ex esposa Meggan Murphy Lambesis. Fue condenado a seis años de prisión.

Lambesis estaba en una lucha por la custodia con su esposa por sus tres hijos. De acuerdo a los documentos del juicio en mayo de 2013 le preguntó a un entrenador personal en su gimnasio si conocía a alguien que pudiera matar a su esposa. El entrenador llamó a la policía y una operación encubierta llevó a su detención.

Ahora, el fundador de As I Lay Dying ha hecho otra confesión: el cantante de metal cristiano nominado al Grammy, ha declarado que él no es un verdadero cristiano. Ni siquiera es creyente.

En una entrevista reciente dice “Por supuesto que no soy un cristiano!”. Ante esta afirmación le preguntan “¿Y no sabías la gente pensaba en ti como un cristiano. ¿No estabas mintiendo por omisión?”.

Y Lambesis responde: “Tenía miedo de que afectase a As I Lay Dying en sus ventas, lo que afectaría también mis ganancias. (…) A decir verdad, yo soy un ateo, y la ‘estrategia’ que he seguido era una cobardía”.

Pero la revelación se hace quizás aún más inquietante, cuando Lambesis añade que As I Lay Dying ha realizado giras con otras muchas bandas “cristianas” que en realidad no lo eran. En 12 años de gira con As I Lay Dying, calcula que sólo una de cada diez “bandas cristianas” con las que él viajó eran verdaderamente cristianas.

“De hecho, no soy el primer miembro en As I Lay Dying que deja de ser cristiano. Creo que yo era el tercero en reconocerlo. Hablamos sobre si se debe seguir tomando dinero del ‘mercado cristiano”’, dijo Lambesis. “Y llegamos a la conclusión de que sólo estamos cantando sobre cosas de la vida real. Esos niños cristianos necesitan escuchar acerca de la vida real, porque viven en una burbuja.”

 

Fuentes: Charisma News

Editado por: Protestante Digital 2014

 
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“Soy un ateo que cree en Dios” 

<em> La espiritualidad según Frank Schaeffer: Jesús sí, Biblia no</em>
 
El hijo de Francis Schaeffer pretende convertir al “humanismo cristiano” a los jóvenes evangélicos.

17 DE JUNIO DE 2014, EEUU

Frank Schaeffer creció en el interesante entorno que impulsó su padre Francis Schaeffer: fe bíblica, arte, filosofía, conversaciones sobre espiritualidad… todo ello alrededor de la comunidad espiritual “L’Abri”, en Suiza. Sin embargo, hace años que el hijo de uno de los grandes pensadores protestantes del siglo XX se enfrenta al legado de su padre y a la fe bíblica en general.

Con su nuevo libro “Why I am an atheist and believe in God” (en castellano, “Por qué soy un ateo que cree en Dios”), Schaeffer hijo ha vuelto a ganarse la atención de los medios. Su indefinición, ni ateo, ni cristiano, podría servir de muestra de lo que a menudo se denomina ‘el supermercado posmoderno de las religiones’, la idea de combinar elementos de cosmovisiones distintas con el objetivo de crear una espiritualidad a medida.

Hijo de uno de los pensadores evangélicos más influyentes, Frank mismo explicaba en el documental “American Jesus” que siendo joven soñaba con seguir los pasos de su padre y convertirse en un famoso predicador.  En declaraciones para el film que emitieron televisiones en España , Schaeffer hijo se definía como “hijo de misioneros fundamentalistas” y opinaba, mirando atrás con desdén, que “si el bando en el que nosotros estábamos ganaba… habríamos convertido EEUU en una teocracia”.

Tras muchos años como conferenciante y autor internacional (primero en el entorno cristiano, después en el secular), Schaeffer es ahora conocido por sus ataques frontales contra las iglesias evangélicas y, especialmente, contra la Biblia, que define como “asquerosamente misógina”. Antes de esta, su nueva publicación, Schaeffer obtuvo cierto éxito con otros libros, como “Sex, mom and God” (una crítica de la visión evangélica de la sexualidad) o “Crazy for God” (una autobiografía en la que explica la ‘locura’ del ministerio de sus padres).

“SOY UN ATEO QUE CREE EN DIOS”
En su  página web oficial , el nuevo libro de Schaeffer es presentado como las reflexiones de “un hijo, padre y marido imperfecto cuya adoración de su familia, el amor y el arte superan las feas teologías de un Dios enfadado”.

Frank avanza algunas de sus nuevas ideas en un  artículo publicado en CNN. Su posición parece confusa: “Soy un ateo que cree en Dios. Déjame explicarlo. Creo que la vida evolucionó por selección natural. Creo que la psicología evolutiva minimiza el altruismo y desacredita el amor, y que la química del cerebro debilita la ilusión del libre albedrío y la personalidad. También creo que una realidad espiritual que se cierne sobre, en y a través de mí, me llama a amar, confiar y escuchar la voz de mi creador”.

Schaeffer no tiene reparos en reconocer sus problemas para encajar creencias opuestas. “Nuestros cerebros no están lo suficientemente desarrollados como para reconciliar nuestra hambre por tanto la absoluta certeza como por las experiencias trascendentes e inexplicables. Tampoco puedo reconciliar estas ideas: ‘Sé que lo único que existe es este universo material’ y ‘yo sé que mi redentor vive’. Dependiendo del día en que me lo preguntes, ambas declaraciones parecen ser verdad. Y no creo que esté solo en eso’.

No hay nadie que pueda vivir con certezas claras, defiende el autor. “He conocido personas que reclaman una etiqueta -evangélico o ateo- hasta que los llegas a conocer lo suficientemente bien. Entonces, las cosas se complican más. Muchos de nosotros, incluso los devotos, tienen muchas más preguntas que respuestas acerca de Dios y la religión. En otras palabras, gente como yo: ateos que oran y predicadores elocuentes que albergan dudas en secreto”.

Su objetivo a estas alturas de su vida, reconoce el autor, es convencer a quien quiera escucharle de que no hay una verdad absoluta inteligible: “No te engañes a ti mismo: no hay razones máximas para nada, solo circunstancias. Si quieres estar seguro de que tienes ‘la verdad’ acerca de ti mismo y de nuestro universo, entonces prepárate para volverte loco. O prepárate para apagar tu cerebro y aferrarte a alguna forma u otra de fundamentalismo, ya sea religioso o secular”.

APUNTANDO AL PÚBLICO EVANGÉLICO
Schaeffer también justifica su literatura en una reciente  entrevista del Huffington Post. Ahí apunta a los jóvenes evangélicos como su target principal. “Uno de mis objetivos es desenganchar a los jóvenes evangélicos de su lealtad a la Biblia como algo que seguir, en lugar de a su conciencia (…) Esta es la elección que tienes que hacer si vas a ser un cristiano humanista”, dice.

El autor desafía al cristianismo creando una división entre las Sagradas Escrituras y la propia persona de Jesucristo: “Quiero animar a los evangélicos más jóvenes a la idea de que tienen que recalibrar sus lealtades. Pueden vivir según la Biblia o según Jesús. Pero no es posible hacer las dos cosas”, opina.

¿CONFUSIÓN COMO ESTILO DE VIDA?
La espiritualidad que Frank Schaeffer presenta a sus lectores no es fácil de comprender. En algunos párrafos de su libro, el propio autor parece tener problemas para explicar las aparentes contradicciones: “No siempre creo, ni mucho menos sé, que Dios existe. No siempre sé si él, ella o ‘ello’ deja de existir tampoco, aunque hay largas rachas en mi vida en las que parece que Dios nunca existió. Lo que sí sé es que veo al creador en Jesús o en ningún otro sitio. Lo que sé es que veo a Jesús en el amor de mis hijos y mis nietos”.

Tras los años, Schaeffer hijo, ahora ya abuelo, ha ido deslizándose de una fe robusta en el Dios de la Biblia hacia una espiritualidad “sin etiquetas”, basada en sus propios principios. El autor ilustra esto explicando que rechazó ofertas de tres editoriales: dos religiosas y una secular. Todas, dice, querían retocar su libro para hacerlo “o más cristiano o más ateo”.

 

Autores: Joel Forster

Editado por: Protestante Digital 2014

 
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  • Brook HambyA screenshot of California student Brook Hamby delivering his graduation speech.
BY ANUGRAH KUMAR, CHRISTIAN POST CONTRIBUTOR

California’s Brawley Union High School denied a Christian student’s speech three times because he wanted to express his Christian faith, but the student decided to assert his freedom of expression by openly speaking about his belief at the graduation ceremony.

“In coming before you today, I presented three drafts of my speech, all of them denied on account of my desire to share with you my personal thoughts and inspiration to you: my Christian faith,” Brook Hamby, who was his class’s salutatorian, said, according to The Blaze.

“In life, you will be told, ‘No,'” added Hamby, who has been a mock-trial star, s cross-country runner and U.S. Senate page. “In life you will be told to do things that you have no desire to do. In life, you will be asked to do things that violate your conscience and desire to do what is right.”

As the speech caused whispering among the crowd, Hamby responded by saying, “No man or woman has ever truly succeeded or been fulfilled on the account of living for others and not standing on what they knew in their heart was right or good.”

He also quoted from the Bible, which he proclaimed is “the biggest best-selling book of all-time in history.”

Hamby read out Matthew 5:13, which reads: “You are the salt of the earth. But if the salt loses its saltiness, how can it be made salty again? It is no longer good for anything, except to be thrown out and trampled underfoot.”

 

Hamby is among the many Christian valedictorians whose speeches have been censored or denied by their schools.

Last June, 18-year-old Roy Costner IV from Liberty High School in Pickens County, South Carolina, chose to rip up his pre-approved speech and instead recited the Lord’s Prayer at his graduation ceremony.

He recited the prayer in defiance of the Pickens County School District’s change in policy, which banned prayer from school functions after “complaints” from groups like the American Civil Liberties Union and Freedom From Religion Foundation.

In 2012, another student, Kaitlin Nootbaar, earned the title of valedictorian at her high school in Oklahoma but was reportedly denied her diploma after using the word “hell” in her graduation speech.

“Her quote was, ‘When she first started school she wanted to be a nurse, then a veterinarian, and now that she was getting closer to graduation, people would ask her, what do you want to do, and she said, ‘How the hell do I know? I’ve changed my mind so many times,'” Kaitlin’s father, David Nootbaar, told Fox News at the time.

In 2011, valedictorian Angela Hildenbrand from Medina Valley High School in Texas was allowed to pray at her graduation ceremony only after a federal appeals court granted an emergency appeal, overturning a U.S. District Court’s ruling that banned an official invocation, benediction, or any message that could be considered a prayer at the school district’s commencement ceremonies.