David y Jonatán: amor de hombres

Publicado: julio 17, 2014 en Teología

Juan Antonio Monroy

Amor humano en la Biblia y la literatura (6)

David y Jonatán: amor de hombres
David no se sentía seguro en el palacio de Saúl, quien se había propuesto matarlo. En este punto entra en escena Jonatán.

 

Hay escritores que son auténticos maestros en torcer y retorcer las historias de la Biblia con sus interpretaciones descabelladas y partidistas. Esto ocurre con la hermosa relación de amor entre David y Jonatán.

Cuando tienen lugar los hechos que aquí relato David es un muchacho joven, apenas un adolescente, el más pequeño de los ocho hijos de Isaí, rico ganadero asentado en Belén, nieto de Booz y Rut.

David era “rubio, de hermosos ojos y bien parecido” (1º Samuel 16:12). No tenía el pelo negro ni el color del cuerpo tan oscuro como es el caso de los orientales.

Por aquél entonces gobernaba Israel su primer rey, Saúl, hombre de muchos problemas debido a su carácter melancólico y de celos enfermizos. Caído en desgracia ante los ojos de Jehová, éste ordena al profeta Samuel que en su lugar nombre rey a David. La ceremonia, llevada a cabo en secreto, fue celebrada en presencia de los padres y hermanos del nuevo rey. La unción tuvo un sentido apolítico, estrictamente religioso.

En una fuerte crisis de melancolía, atormentado Saúl por un espíritu malo de parte de Jehová, sus criados más cercanos le aconsejan que busque a alguien que sepa tocar el arpa. Uno de los criados dice al rey: “yo conozco a un hijo de Isaí, el de Belén que sabe tocar, y que además es valiente, buen guerrero, elocuente, atractivo, y el Señor está con él”(1º Samuel 16:18).

Saúl envía inmediatamente emisarios con la orden de llevar a David ante él. Es así como David se integra en la corte del rey. Sin darse cuenta, Saúl conducía al predestinado por Dios a su futuro.

El papel de la música para excitar y calmar el espíritu del ser humano, reconocido universalmente, ya se practicaba en aquellos tiempos, unos 1.200 años antes de Cristo.

A continuación ocurre el episodio de Goliat. Cuando David se enfrenta al gigante, éste lo menosprecia, “pues no era más que un muchacho de piel sonrosada y bien parecido” (1º de Samuel 17:42).

El desenlace del desigual enfrentamiento es bien conocido. David vence al gigante valiéndose sólo de una piedra de río que logró clavar en su frente con una honda.

Después de esta hazaña Saúl puso a David al frente de su ejército. “David caía bien a todo el mundo, incluso a los ministros de Saúl” (1º de Samuel 18:5).

Cuando el ejército judío regresa victorioso de una batalla, mujeres de todas las ciudades salieron a su encuentro cantando a coro: “Saúl mató a mil y David a diez mil”. Era antiquísima costumbre en Israel que salieran las mujeres al encuentro del ejército vencedor. El texto es ambiguo respecto a si las mujeres cantaron a Saúl o a David, aunque esto último es más verosímil.

A Saúl no le gustó la copla. Lo enfureció y despertó en él los celos: “muy enfadado, pensaba: a David le dan diez mil y a mí me dan mil. ¡Sólo falta que lo hagan rey! Y a partir de aquel momento Saúl sintió celos de David”. (1º de Samuel 18:8-9).

¡Los celos! Ver a otros poseer lo que quisiéramos poseer nosotros. Shakespeare, quien desarrolla una teoría de los celos en una de sus obras más leídas, OTELO, EL MORO DE VENECIA, escribió: “las almas celosas no siempre lo son con motivo: son celosas porque lo son. Los celos son un monstruo que se engendra y nace de sí mismo”.

A partir de entonces, David no se sentía seguro en el palacio de Saúl, quien se había propuesto matarlo. Huyó a Nayor de Ramá, donde se encontraba Samuel presidiendo una escuela de profetas.

En este punto entra en escena el segundo personaje de la historia: Jonatán.Era hijo de Saúl y por tanto supuesto heredero al trono de Israel. Sus linajes eran altamente desiguales: uno era príncipe, de esmerada educación; el otro era pastor, criado apacentando ovejas. Sólo una característica tenían en común: los dos eran valientes guerreros, curtidos en batallas contra los filisteos.

Los tres pisos del hombre, vida, alma y espíritu marcaban la profunda relación sentimental entre los dos jóvenes. Se amaban. No todo amor entre hombres tiene que resultar sospechoso ni dar lugar a especulaciones. “Amémonos unos a otros”, aconseja el apóstol Juan. No dice “amémonos unos a otras”. Lo supremo en la tierra es el amor, y este se da también entre hombres.

La historia del amor entre los dos guerreros se expone en los libros de Samuel. Ahorro palabras propias y dejo que lo explique la Biblia.

Acabada una conversación entre Saúl y David, en presencia del príncipe, “el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo” (1º de Samuel 18:1). “E hicieron pacto Jonatán y David, porque él le amaba como a sí mismo” (1º de Samuel 18:3).

El amor de David y Jonatán se considera siempre como uno de los más firmes de toda la literatura bíblica. Este amor lo expresa simbólicamente el príncipe dando a David las armas y los vestidos que llevaba consigo, acción que significaba la entrega de su propia persona: “Jonatán se quitó el manto que llevaba puesto y se lo dio a David, junto con su armadura, su espada, su arco y su cinturón” (1º de Samuel 18:4). Todo esto lo hizo porque “Jonatán, hijo de Saúl, amaba a David en gran manera” (1º de Samuel 19:1).

Este amor enfurece a Saúl. Enfrentado a su hijo lo insulta y lo maldice. “Le dice: hijo de la perversa y rebelde, ¿acaso no sé yo que tú has elegido al hijo de Isaí para confusión tuya, y para confusión de la vergüenza de tu madre?” (1º de Samuel 20:30).

El insulto no se dirige contra la madre de Jonatán. Según el Talmud judío quiere decir que Jonatán se muestra tan desnaturalizado y rebelde como si hubiese nacido de una mujer perversa.

El climax de éste amor entre los dos hombres llega cuando Jonatán cae muerto en las montañas de Gilboa. David desahoga su profundo dolor por medio de una elegía o composición poética que está considerada como uno de los más nobles y sublimes cánticos del Antiguo Testamento. Aquí David no sigue el estilo de los Salmos. Aunque no menciona el nombre de Jehová, toda la composición respira religiosidad y sufrimiento profundo.

La endecha ocupa nueve versículos en el primer capítulo del segundo libro de Samuel. En el versículo 26, David exclama: “¡Qué pena me has dejado, hermano mío, Jonatán! ¡Me eras tan querido! Tu amor me era más dulce que el amor de las mujeres”.

Centenares de miles de páginas se han escrito en la interpretación de este texto. Muchos autores han querido ver en él una declaración de amor homosexual. ¡Qué disparate!Jonatán estaba casado y tenía hijos. En cuanto a David, no se le conoce ninguna relación homosexual. Lo contrario. Sus biógrafos destacan el elevado número de mujeres con las que tuvo relaciones sexuales.

Cuando el inglés A. Rowse escribe el libro LOS HOMOSEXUALES CÉLEBRES EN LA HISTORIA, LA LITERATURA Y LAS ARTES, para nada menciona el amor entre David y Jonatán. Es el americano Down Teal, en LOS MILITANTES GAY, quien afirma: “Leyendo la elegía que David escribe cuando muere Jonatán no hay duda de que los dos se amaban con un amor homosexual”.

Será él quien no duda. Y otros muchos autores que han seguido la misma línea de interpretación. ¿Por qué? ¿Es que dos hombres no pueden amarse hasta con desesperación sin que intervenga el sexo?

Los poetas británicos Percy Shelley y George Byron vivieron juntos, viajaron juntos, juntos se hospedaron en hoteles, se amaban, pero su amor estaba definido en lo masculino, en una amistad sublime, la misma amistad y el mismo amor que David sentía por Jonatán y Jonatán por David.

Autores: Juan Antonio Monroy

©Protestante Digital 2014

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