Archivos para noviembre 5, 2014


La ciudad de Kobane, en el norte de Siria, protagoniza una resistencia agónica frente al Estado Islámico. Los kurdos son la única esperanza de Occidente para detener el avance del radicalismo en la región.

EDUARDO ESTRADA

Estos días en que Kobane está de actualidad, sencillamente porque la están destruyendo, he recordado cómo en una ocasión, hace algunos años, la ciudad de Kobane entró en cierto modo en mi vida. Fue durante un viaje a las ruinas bizantinas abandonadas del norte de Siria. Fuimos acompañados por un taxista de Alepo. Él nos guió entre los restos de aquellas urbes, cuyo abandono, por parte de sus habitantes, sigue siendo un misterio. El momento culminante de la visita nos condujo a las espléndidas piedras blancas que contemplaron, siglos atrás, la ascética terquedad de Simón el Estilita. No era difícil imaginarse al viejo Simón encaramado a su columna despreciando los bienes mundanos bajo el cielo azul turquesa del atardecer.

Como el territorio recorrido era amplio y el viaje duraba varias horas hubo ocasión de escuchar las explicaciones del taxista. Trabajaba en Alepo pero era de Kobane, una pequeña ciudad perteneciente al propio distrito de Alepo. Así se incorporó, por así decirlo, Kobane a mi vida. El taxista amaba su ciudad natal y siempre que podía viajaba hasta ella para permanecer unos días con su familia. Nos explicó que en un inicio era sólo un poblado y que debía su nombre a la compañía alemana que construía la línea de ferrocarril que tenía que llegar a Bagdad. Pese a ese inicio modesto Kobane tenía un próspero bazar, una docena de mezquitas y tres iglesias armenias. Por lo que contó, los armenios se habían instalado allí escapando del genocidio causado por los turcos. Sin embargo, el taxista era kurdo, como la inmensa mayoría de la población de Kobane.

Esto, naturalmente, acentuó mi interés por aquel personaje de poblado mostacho y maneras delicadas. En alguna que otra ocasión he relatado mi simpatía por los kurdos, pese a haber conocido a pocos de ellos y no haber estado nunca en el Kurdistán propiamente dicho. De hecho, como acostumbra a ocurrir con este tipo de simpatías, su neblinoso origen está anclado en impresiones ocurridas en la infancia o en la adolescencia, a menudo vinculadas a libros o películas. En mi caso esta impresión se desencadenó al asociar un titular de periódico con la secuencia de una película. En ambos casos se trataba del desigual enfrentamiento entre Ejércitos. El titular se refería a una carga de la caballería dirigida por Mustafá Barzani, legendario líder kurdo, contra los tanques turcos, y la secuencia de la película Lawrence de Arabia mostraba al rey Faisal —el actor Alec Guinness— encabezando a un grupo de jinetes a caballo que trataban de combatir desesperadamente contra los aviones enviados por el Imperio Otomano. En mi memoria ambas acciones quedaron asociadas. Con posterioridad, de modo casual, leí la necrológica de Barzani en un diario de Estados Unidos, país en el que acababa de morir, y se incrementó mi curiosidad por el personaje. El fiero caudillo, que en una fotografía aparecía armado hasta los dientes, se había confesado amante de los poetas románticos ingleses, a los que había estudiado en la Universidad de Moscú, en su época de estudiante exiliado, con una preferencia especial por John Keats, de quien, a juzgar por lo que refería la necrológica, recitaba de memoria varios poemas, singularmente Oda a un ruiseñor.

El taxista de Kobane conocía a la perfección los prodigios militares de Mustafá Barzani, al que equiparaba con el gran Saladino, también kurdo al parecer. Sin embargo, reservaba su mayor admiración para los combatientes guerrilleros y por él supe el significado de la expresión peshmerga con la que se los denominaba en la prensa: los que miran a la muerte de cara. Aquella tarde, entre las ruinas de las ciudades bizantinas y bajo la advocación de Simón el Estilita, recibí un curso acelerado de historia kurda.

Los ‘peshmergas’ se enfrentan con armas anticuadas a los modernos arsenales yihadistas

Cuando uno se adentra en ese escenario, al fondo siempre reaparece el arbitrario trazado de fronteras establecido en la Primera Guerra Mundial tras el desmoronamiento del Imperio Otomano. Este estigma de nacimiento, impuesto por las potencias coloniales, ha marcado el destino de Irak, Siria, Jordania, Líbano o Palestina. También, naturalmente, el de los kurdos, la principal etnia sin Estado propio de la zona, con alrededor de 40 millones de personas. Los acuerdos más o menos secretos de 1916 entre los diplomáticos Mark Sykes y François Georges-Picot, en representación de Gran Bretaña y Francia respectivamente, ilustran ahora a la perfección, casi cien años después, la magnitud del desastre que se avecinaba. Algo de esto quizá pudo intuir el coronel Lawrence cuando se opuso a esos tratados por creerlos perjudiciales para la causa árabe. Lo cierto es que después del acuerdo Sykes-Picot Lawrence de Arabia abandonó Oriente Próximo para sumirse en su ostracismo final.

Como ha venido sucediendo desde hace décadas cíclicamente los kurdos han vuelto a asomarse en las páginas de los periódicos y en las pantallas de los informativos. La razón es que los peshmerga son los encargados de detener a las fanáticas milicias del Estado Islámico. Las noticias que nos llegan al respecto, alrededor de la batalla de Kobane, son descorazonadoras aunque, al mismo tiempo, sugieren una repetición del dramático hado que rodea la historia kurda. Los peshmerga, con su valor habitual, se enfrentan con armas anticuadas a los arsenales de los milicianos yihadistas, saturados de armamento moderno, como si se volviera a los tiempos de Mustafá Barzani y sus heroicas cargas de caballería. La composición de lugar es tragicómica: los norteamericanos, escarmentados de sus guerras en tierra, lanzan armas y provisiones desde el aire con el propósito de abastecer a los kurdos aunque abasteciendo, en realidad, al bando contrario; mientras tanto, los dirigentes europeos hacen grandes declaraciones de intenciones que caen en el vacío; de otro lado Turquía, miembro de la OTAN, que simpatiza mucho más con la causa yihadista que con la kurda, procura acorralar a los peshmerga para que éstos queden encajonados entre el acoso de las milicias yihadistas y los tanques que ha alineado a lo largo de la frontera propia. En medio del cerco es improbable que Kobane resista. Su exterminio está casi asegurado.

Combaten en una lucha en la que, tal vez, esté comprometido nuestro entero futuro

La pregunta, una vez más, es: ¿cómo ha podido producirse este decorado? Europeos y norteamericanos, por lo general amnésicos con respecto a los kurdos, ahora parecen fiarlo todo a la valentía de los peshmerga frente a un enemigo abruptamente surgido de la tiniebla como el Estado Islámico. Pero es esa irrupción espectral la que es sospechosa, además de sorprendente. ¿Cómo puede aceptarse que en la época de la información total, cuando nuestras tecnologías nos abruman con datos a cada instante, pudiese pasar inadvertida la rápida maduración del huevo de la serpiente?

He seguido con mucha atención a lo largo de estos últimos tres años las noticias acerca de la contienda de Siria, país que siempre despertó mi fascinación y al que he viajado varias veces. Pese a ese detenimiento no tuve conocimiento del profundo enraizamiento yihadista hasta las fechas recientes en que el califato se ha dado a conocer sangrientamente en aquel país y en Irak. Durante mucho tiempo nuestros medios de comunicación únicamente informaban, de forma genérica, de los “rebeldes sirios”. De pronto, una buena parte de estos “rebeldes”, no sólo en Siria sino también en Irak, resultaron crueles yihadistas que decapitaban a los ciudadanos de los países que habían contribuido a armarlos. La ceremonia de la confusión aumenta cuando Occidente anuncia una cruzada contra el califato terrorista con una movilización fantasmal de fuerzas. Entre tanto error y tanto simulacro lo único que parece real, al seguir las noticias del conflicto, es la determinación de los peshmerga, realzados una vez más para ser relegados, probablemente, con posterioridad.

Al contemplar estos días las imágenes de la devastación de Kobane me he acordado con frecuencia del taxista sirio. Si vive debe hacer mucho tiempo que no puede acompañar a forasteros hasta las hermosas ciudades bizantinas abandonadas. Dada la situación en Alepo es posible que no haya visitado desde hace tiempo su ciudad natal. O quizá esté en ella, combatiendo como tantos voluntarios. En cualquier caso, si vive, puede estar orgulloso del comportamiento de sus hermanos. Ellos combaten en una lucha en la que, tal vez, esté comprometido nuestro entero futuro. Si la modesta Kobane cae, y es devuelta al anonimato de los espacios aniquilado, se confirmará el triunfo de la hipocresía y tendremos un nuevo motivo para la vergüenza.

Rafael Argullol es escritor.

http://elpais.com/elpais/2014/10/31/opinion/1414751165_052045.html

Lutero en el cine

Publicado: noviembre 5, 2014 en Cine, Historia, Iglesia, Luteranismo

José de Segovia

Muchos creemos que la Reforma fue la obra de un gran Dios, no la historia de un gran hombre.

MARTES AUTOR José de Segovia 31 DE OCTUBRE DE 2014 13:30 h
LuteroLutero, en la versión protagonizada por Joseph Fiennes (2003).

La víspera del Día de Todos los Santos –hoy más conocida como Halloween, que no es ningún invento ocultista, sino una fiesta católica–, el 31 de octubre de 1517, un joven monje agustino clavaba un largo papel con noventa y cinco tesis, en la puerta de la iglesia de Wittenberg. La lucha de este hombre contra el poder religioso inicia una Reforma, que continúa hasta el día de hoy. El cine nos muestra su figura, a lo largo de los años, con distintos resultados, pero una misma fascinación.

Hans Kyser era un guionista alemán que trabajó con directores como Murnau o Pabst. Como escritor, tenía una particular inclinación por la adaptación de sucesos y personajes históricos. La única película que dirigió era Lutero (1928). El reformador aparece así en el cine mudo con una obra de cierto presupuesto y gran dirección artística. Los decorados, el vestuario y los efectos especiales son espectaculares. No así la dirección de actores, que en general tienden a la sobreactuación o a ser tan inexpresivos como una figura de cera. La atmósfera está bien lograda y es correcta técnicamente, pero el resultado es algo monótono. La copia que se puede ver actualmente tiene subtítulos y una voz americana de fondo, que comenta aspectos de la vida de Lutero, ¡así que ya no es cine mudo!

En la época sonora, Lutero es un personaje de una película alemana de 1939, que se conoce en inglés como El corazón inmortal. La hizo el director Veit Harlan con Bernhard Minetti en el papel del reformador, pero no será hasta 1953 que se hace realmente la mejor película sobre Lutero. Es una coproducción americana con Alemania, dirigida por Irving Pichel, que se rueda en el país del reformador con el actor irlandés Niall MacGinnis como protagonista. Los amantes del cine de terror recuerdan siempre a MacGinnis por su papel del ocultista Karswell, en el clásico de Jacques Tourneur, La noche del demonio (1957).En la edición que se ha hecho en DVD por el cincuenta aniversario, Robert Lee cuenta la historia completa del film.

UN CLÁSICO NOMINADO A LOS OSCAR

Irving Pichel era actor y director desde los años treinta. Había comenzado en el teatro, pero llega a California con el comienzo del sonoro, a finales de los años veinte. Había sido guionista para la Metro, pero pronto destacó en papeles como Fagin de Oliver Twist o el mayordomo de La hija de Drácula. Su primera película es un film de terror para la RKO, El malvado Zaroff, en 1932.

 

Debido a su asociación con varios sospechosos de comunismo durante los años cuarenta –como Abraham Polonsky–, en la revista The Hollywood Quarterly, es llamado a declarar por McCarthy en la caza de brujas. Se logra librar de la lista negra y puede así trabajar en todo tipo de películas, desde musicales (Dance Hall) a filmes de aventuras (O.S.S.), cine negro (Ellos no creen en mí), ciencia-ficción (Con destino a la luna) o adaptaciones de Steinbeck (Donde nacen los héroes). Es también el narrador de míticas películas de John Ford, como La legión Invencible o ¡Qué verde era mi valle!

Pichel hace la película de Martin Luterojusto después de rodar un western con Randolph Scott, Santa Fe. Fue la penúltima película antes de morir de un ataque al corazón el año siguiente. Pichel ya tenía experiencia en otros proyectos cristianos, puesto que había colaborado con el pastor episcopal Friedrich y sus Cathedral Films para escuelas dominicales, en dos grandes producciones que llegaron a los cines: El gran mandamiento (1939) y Día de triunfo (1954). Esta segunda fue de hecho la última que dirigió, para la que contó con actores de la talla de Lee J. Cobb y Joanne Dru.

 

Lutero tiene dos nominaciones para el Oscar por la excelente dirección artística de dos alemanes (Fritz Maurischat y Paul Makwitz) y la impresionante fotografía en blanco y negro del francés Joseph Brun. Es una buena película, que merece la pena revisar, en cierto sentido superior a la versión actual. Un auténtico clásico, que debería tener una mejor distribución en DVD, accesible a un público general.

El año 74, vuelve Lutero al cine, interpretado por Stacey Keach, veterano actor de televisión, conocido sobre todo por su papel protagonista en series tan populares como la del detective Mike Hammer en los años ochenta o Prison Break (donde interpreta el papel del alcaide). La obra de teatro de John Osborne nos muestra a un sorprendente Lutero, casado aquí con Judy Dench, que hace el papel de Catalina de Bora. La obra del autor de Mirando hacia atrás con ira, que llevó al escenario Albert Finney, resulta en la versión de Guy Green demasiado teatral. No hay nada del asombro y la alegría que despierta el redescubrimiento del Evangelio, tan poderosamente capturado en la última película que se ha hecho sobre Lutero.

EL JOVEN REFORMADOR

La película más fácil de encontrar ahora en DVD, es la última versión que se ha hecho en el cine sobre la vida de Lutero (2003). Muchos tienen así la oportunidad de ver esta producción de habla inglesa, en la que el reformador aparece ante el gran público con el atractivo de un joven asombrado por el poder liberador de la Palabra de Dios.

 

El protagonista de Shakespeare In Love, Joseph Fiennes, resalta su fragilidad con una humanidad lejos de la figura monstruosa que ha fabricado de él la leyenda negra. Por eso, quien piense que la Reforma no es más que cuestión de política y crea que Lutero no fue sino un mero instrumento de los príncipes alemanes contra los campesinos, no reconocerá al personaje que tiene delante en la pantalla. Ya que en esta historia hay más Evangelio que en toda La Pasión entera de Mel Gibson. Porque el tema de esta película es en realidad la gracia de Dios, que nos revela a un Padre amante y lleno de misericordia.

La película arranca con la ya mítica tormenta por la que Lutero decide hacerse monje en Erfurt en 1505, a pesar de la oposición de su padre. Es allí donde conoce al vicario general de los agustinos en Alemania, Staupitz, magistralmente interpretado por el actor suizo Bruno Ganz, que tantas grandes películas hizo en el nuevo cine alemán con directores como Wim Wenders.

Su habitual papel contenido adquiere aquí un singular dramatismo en este interesante personaje, que ha venido a ser prototipo del catolicismo-romano más filo-protestante, siempre tan cerca, pero a la vez tan lejos de la Reforma. Para él, como para tantos católicos hoy, el problema del protestantismo es que no ve lo positivo que todavía hay en la Iglesia de Roma, aunque le recomienda a Lutero leer la Biblia cada día, mandándole a Wittenberg para estudiar.

La famosa visita de Lutero a Roma ha sido rodada en Italia misma por Eric Hill –director británico, afincado en América, que ha hecho hace poco una película sobre Bonhoeffer–. Se detiene allí en el inmenso circo, en que se ha convertido la religión papista. Esta experiencia deja a Lutero escandalizado ante semejante espectáculo de manipulación, superstición e inmoralidad por parte del clero.

Es esa pompa y lujo vaticano la que lleva a León X a hacer una venta masiva de indulgencias, que es mostrada en la película con todo detalle y exactitud histórica. Pero esta denuncia de la corrupción, lejos de verse como algo anacrónico, muestra una actualidad singular por su enfrentamiento contra toda tiranía y opresión espiritual. En ese sentido las noventa y cinco tesis de Lutero contra el comercio vaticano, no sólo inician un proceso de Reforma de la Iglesia el 31 de octubre de 1517, sino que siguen siendo una denuncia contra todo tipo de corrupción religiosa.

LA PALABRA LIBERADORA

 

El mensaje de Lutero va más allá que una mera declaración del valor de la libertad de conciencia. Pocas veces en el cine se ha visto un tratamiento tal de la Biblia como algo emancipador para el hombre. Cuando tantos identifican hoy el cristianismo bíblico con fundamentalismos e integrismos religiosos, basados en un fanatismo peligroso, Lutero nos presenta la Palabra de Dios como una realidad liberadora.

Ya que entender que la autoridad del Papa no está por encima de las Escrituras, ni que los Evangelios pueden ser negados por las palabras de los hombres, lleva a una fe que ya no está basada en el consuelo, sino en la verdad misma. Es por eso que Lutero se niega a arrodillarse ante la autoridad de Roma, que representa el cardenal Cayetano, porque su conciencia está ahora “cautiva de la Palabra de Dios”.

Es interesante también el papel que tiene la política en la Reforma. El apoyo del príncipe Federico el Sabio –interpretado aquí por un Peter Ustinov a punto ya de fallecer, pero lleno de una sabiduría e inteligencia que ya quisieran tener muchos actores jóvenes– hace posible la traducción de la Biblia. Es esta obra la que realmente produce la Reforma, pero también el redescubrimiento de la experiencia de gracia de Lutero.

Aunque ese apoyo de los príncipes en Augsburgo, con el que se cierra la película, se convierte en “el abrazo del oso” con la guerra contra los campesinos. Es ahí donde vemos las consecuencias prácticas de la visión de Lutero sobre los dos reinos, que divorcia en cierto sentido la realidad espiritual de la temporal.

GRACIA ASOMBROSA

Lutero es presentado aquí también como alguien entrañable por su relación con el personaje de una niña minusválida llamada Greta, que aparece a lo largo de toda la película. Es como la afirmación de Jesús de que el Reino pertenece a los niños.

Esa compasión de Dios por una criatura indefensa es la que resalta una y otra vez, como cuando entierra al enfermo mental que se ha suicidado en “campo santo”. Es en ese sentido que esta es una historia sobre la gracia de Dios, aunque no se mencione nunca la palabra. Tampoco se habla por cierto de justificación, pero no hay mejor explicación que la que da Lutero en su emotivo sermón, cuando predica entusiasmado por el pasillo de la iglesia de Wittenberg. Ya que una de las virtudes de esta obra es precisamente su lenguaje, capaz de hacer entender las ideas centrales de la Reforma de una forma clara y sencilla, perfectamente comprensible para cualquier espectador.

Ese amor activo es el que destaca al final de la película en el relato evangélico conocido como del hijo pródigo, cuando le explica a los niños que el Padre corre en busca de su hijo. Es la asombrosa gracia de Dios, que se muestra en un hombre como Lutero, con todas sus debilidades, capaz de confesar a su esposa Catalina que hay días que se siente tan deprimido, que ni siquiera se puede levantar de la cama. Es por eso que muchos creemos que la Reforma fue una obra de Dios. Ya que esta no es la historia de un gran hombre, sino de un gran Dios, que ama profundamente a criaturas tan miserables y atormentadas como aquel monje.

 

Artículo originalmente publicado en la sección mARTES, el 30 de octubre de 2012.

 

http://protestantedigital.com/blogs/375/Lutero_en_el_cine

Lutero en San Marcos de Lima

Publicado: noviembre 5, 2014 en Iglesia, Luteranismo, Testimonio

Por presión de la Iglesia Católica, la película “Martín Lutero” no pudo exhibirse en los cines de Perú. Inventamos el slogan “Venga a ver la película prohibida”.

Martín Lutero

El excelente artículo de José de Segovia sobre películas acerca de Martín Lutero me ha traído a la memoria un evento de mi juventud como universitario evangélico en la Universidad de San Marcos de Lima.

Hacia 1955 formamos un grupo de estudiantes evangélicos al cual llamamos Círculo Bíblico Universitario (CBU). Nuestra principal actividad eran los círculos de estudio bíblico en diferentes facultades usando el método inductivo que por su carácter participativo atraía a una gran variedad de estudiantes. Varios de ellos llegaron a tener una experiencia personal de fe en Cristo durante aquellos estudios.

Fue en octubre de 1957 que el CBU ensayó un impacto masivo en San Marcos con la película “Martín Lutero”. Yo invité a un colega de la Federación Universitaria (FUSM) a ver esa película en mi iglesia, y él me respondió que si la llevaba a la universidad él me ayudaría a conseguir el Salón General, un auditorio amplio y clásico, situado junto a la Biblioteca. Aunque con cierto temor interior acepté el desafío. Cuando se consiguió el local, pusimos manos a la obra en el grupo y empezamos a hacer propaganda en pizarrones y por medio de volantes y afiches.

Por la presión de la Iglesia Católica, que dominaba la comisión de censura de las películas que se exhibían en público,  la copia de 35 mm de la película “Martín Lutero” no pudo exhibirse en los cines del país. Así que inventamos el slogan “Venga a ver la película prohibida”. Pese a nuestro trabajo intenso no creímos que muchas personas viniesen.

Cual no sería nuestra sorpresa cuando la noche de la presentación, quienes llegamos algo atrasados con el equipo de proyección, el telón y la película, encontramos el Salón General lleno de tope a tope.

Una salva de aplausos nos recibió cuando entramos en el salón. Luego de la proyección de la película nos quedamos más de dos horas en un debate apasionado. Los estudiantes marxistas aprovecharon para atacar a la Iglesia de Roma y al Fascismo, y los pocos estudiantes católicos que hablaron trataron de referirse a los excesos de Lutero, según las versiones totalmente arbitrarias que en esa época todavía ciertos textos escolares de historia ofrecían, sin  ningún respeto por la verdad histórica.

Los del CBU tuvimos oportunidad de hablar con toda claridad sobre lo que significa la conversión personal, la justificación por la fe y las consecuencias sociales del Evangelio por el impacto de la Reforma. Lo que nos impactó y fortaleció nuestra fe y vocación fue ver el interés de la masa estudiantil en estos temas.

A pedido de los propios estudiantes y la Federación la película se presentó tres o cuatro veces más en el Salón General y luego fue a dar a otras escuelas y centros superiores. Así se generó en el CBU la convicción de que por lo menos una vez por año debíamos realizar una actividad masiva en la propia universidad, además de los grupos de estudio bíblico y la obra de evangelización personal.

Aquella película sobre Lutero estaba basada en una excelente biografía del reformador alemán que había escrito Roland H. Bainton, un historiador que era profesor en la Universidad de Yale. Su título en inglés era Here I stand es decir “Aquí estoy”[1] frase famosa con la cual Lutero se negó a retractarse como se lo pedían en la Dieta de Worms ante el Emperador Carlos V. Es todavía una de las mejores biografías del reformador en nuestra lengua.  La obra Lutero: un destino del historiador francés Lucien Febvre[2] pasa revista a las controversias históricas acerca de Lutero en la Iglesia Católica, y a la renovación de las investigaciones que se dieron en el ámbito protestante. Resulta sorprendente que escritores católicos reconocidos como progresistas, como es el caso de José Luis L. Aranguren, hayan mantenido sin embargo una línea hostil y pobremente informada en su tratamiento de Lutero.[3]

Sin duda Lutero tenía una personalidad vigorosa y apasionada que se puede ver aún en sus obras que no son de controversia.

Al acercarse la celebración de los 500 años de la Reforma Protestante en 2017 será deseable que los estudiosos evangélicos españoles vuelvan a evaluar la figura histórica de Lutero para entender mejor el genio,  espíritu y mensaje de la Reforma.

Sin embargo, como nos lo recuerda José de Segovia, los evangélicos tenemos la convicción de que la Reforma fue obra del Dios que actúa en la historia  y no simplemente un logro de la audacia de un hombre genial.

 

[1] La versión en castellano es, Roland H. Bainton, Lutero, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1955.

[2] Lucien Febvre, Lutero: un destino, Fondo de Cultura Económica, México, 5ta. Reimpresión, 1983

[3] José Luis L. Aranguren, Catolicismo y Protestantismo como formas de existencia, Revista de Occidente, Madrid,  2da. ed., Madrid, 1957.

 

http://protestantedigital.com/blogs/34374/Lutero_en_San_Marcos_de_Lima


EE.UU.

Nueva York cuenta con 2.8 millones de católicos, pero sólo el 12% va regularmente a misa. Al menos 19 iglesias de la Gran Manzana dejarán la actividad religiosa.

FUENTES El Diario NUEVA YORK
iglesia católicaIglesia católica de N. York / Getty images

Tal como estaba previsto, la Arquidiócesis de Nueva York anunció que más de un centenar de parroquias del estado deberán fusionarse y más de 30 iglesias dejarán de ofrecer servicios religiosos para hacer frente a la pérdida de feligreses y bajo número de curas ordenados.

El anuncio es parte del mayor plan de restructuración de la Arquidiócesis en sus más de 150 años de historia, que culminará en agosto del próximo año. Para ese fecha, 112 de las 368 parroquias con las que cuenta en el estado se unirán, dando lugar a 55 nuevas parroquias.

El cambio provocará también que 31 iglesias dejen de celebrar misas o sacramentos de manera regular, y sólo se utilizarán para eventos especiales, por lo que los parroquianos deberán cambiar su lugar de culto a partir del 1 de agosto de 2015.

“Este tiempo de transición en las historia de nuestra Arquidiócesis será sin duda difícil para las personas que dependen de las parroquias que se fusionarán”, dijo el cardenal y arzobispo de Nueva York, Timothy Dolan, a través de un comunicado. “Habrá muchos que se sientan dolidos y tristes por este cambio en sus vidas espirituales, y yo seré uno de ellos. Será nuestra responsabilidad facilitar la transición lo máximo posible”.

UN CAMBIO ESTUDIADO

Dolan nombró un comité de más de 40 personas, compuesto por miembros del clero, feligreses y personal de la Arquidiócesis, entre otros, para determinar los cambios necesarios ante la pérdida de fieles y fondos, ya que, aunque Nueva York cuenta con 2.8 millones de católicos, sólo el 12% van regularmente a misa.

Se ha intentado diseñar el plan de restructuración de la manera más eficiente, con el fin que los parroquianos que pierdan la iglesia a la que acudan regularmente, tengan siempre una en las cercanías. Las parroquias fusionadas serán evaluadas cada dos años para determinar cómo se han adaptado al cambio.

La falta de fieles no afecta sólo a los nortemaericanos, sino también a un sector tradicionalmente caólico como es el origen hispano. De estos templos 19 están en Manhattan, El Bronx y Staten Island, y vecindarios tradicionalmente latinos como El Barrio (3), el sur de El Bronx (2) y Loisaida (1) se verán especialmente afectados.

La Arquidiócesis determinará en el futuro que hacer con las iglesias que cesen sus servicios, cuyos terrenos podrían ser vendidos, aunque se dejará pasar el tiempo para tomar una decisión al respecto.

La transición no afectará a las escuelas católicas que comparten el nombre de las parroquias, ya que operan de manera independiente durante años.

La Diócesis de Brooklyn, que también supervisa a las iglesias católicas de Queens, se vio ya obligada también a llevar a cabo una reorganización en 2009, eliminando más de una decena de parroquias.

IGLESIAS QUE CERRARÁN EN NYC

STATEN ISLAND: Assumption/Saint Paul at Assumption. 15 Webster Avenue, Saint Mary of the Assumption. 2230 Richmond Terrace, Saint Roch. 602 Port Richmond Avenue, Saint Mary. 1101 Bay Street

MANHATTAN: Nativity Mission. 44 Second Avenue, Saint James/Saint Joseph. 5 Monroe Street, Saint Stephen/Our Lady of the Scapular. 142 East 29 Street, Saint Elizabeth of Hungary. 211 East 83 Street, Saint Stephen of Hungary. 414 East 82 Street, Our Lady of Peace. 237 East 62 Street, Saint Lucy. 344 East 104 Street, Holy Agony. 1834 Third Avenue, Holy Rosary. 444 East 119 Street

EL BRONX: Visitation. 160 Van Cortlandt Park South, Saint Ann. 3519 Bainbridge Avenue, Saint Roch .525 Wales Avenue, Saint Pius V. 420 East 145 Street, Saint John Vianney. 715 Castle Hill Avenue, Nativity of the Blessed Lady. 1531 East 233 Street.

 

http://protestantedigital.com/internacional/34395/Cierran_mas_de_30_templos_catolicos_en_N_York_por_falta_de_fieles


José de Segovia

La mayor parte de la gente no entiende realmente qué es el satanismo, empezando por los propios cristianos.

Crowley
Aleister Crowley, padre del satanismo moderno, se crió en una familia evangélica.

En medio de muchos viajes por Inglaterra, he podido parar unos días en Estbourne. Esta localidad costera tiene fama de ser el lugar más soleado del Reino Unido. Allí acostumbran a retirarse muchos jubilados británicos. Entre ellos está ahora el profesor Paul Wells de Liverpool, que ha estado enseñando teología en Francia, desde que llegó del Seminario de Westminster en Filadelfía, con su melena de “hippy” en los años setenta. Al recogerme en la estación de tren, pasamos por el impresionante colegio privado que ha dado fama a esta ciudad desde el siglo XIX. Su más famoso alumno –me dice Paul–, fue el padre del satanismo moderno, Aleister Crowley (1875-1947), que fue criado en una Asamblea de Hermanos.

El padre de Crowley fue educado en los cuáqueros –como el de Wells, cuya familia viene de la tradición pacifista del socialismo fabiano–, pero tuvo una conversión evangélica con los llamados Hermanos cerrados. Leía un capítulo de la Biblia cada día, a su esposa y a su hijo, después de desayunar. Era un predicador itinerante, cuando murió de cáncer, teniendo Crowley once años. Empezó a tener muchos problemas con su madre, que le mandó interno a varios colegios, donde se rebelaba contra todas las normas. Desesperada, la madre le envió a una familia de la Asamblea de Eastbourne, para que asistiera al famoso colegio, conocido por su estricta disciplina.

Crowley desarrolló aquí dos de sus mayores aficiones, el ajedrez y el alpinismo. Beachy Head es un impresionante acantilado, que no sólo sirvió de referencia a la aviación en la segunda guerra mundial, sino que es conocido por algo mucho más macabro. Es una de los mayores sitios de suicidio que hay en el mundo. Este mismo fin de semana, dos lo han hecho, pero van ya camino de cuarenta, este año. La prensa no dice nada, para no incitar a hacerlo, pero las iglesias de la localidad han organizado una capellanía de voluntarios, para recorrer toda la noche, el precipicio. En el borde mismo, hay una placa con el texto del Salmo 93:4 y las palabras: “Dios es mayor que todos nuestros problemas”.

 

Crowley es el alumno más famoso del prestigioso colegio privado de Eastbourne.

Fue aquí donde Crowley se acabó de distanciar de los Hermanos, ya que se encontró en medio de una disputa de la familia, donde estaba alojado. Una de las hijas se comprometió con un joven que no era de la Asamblea. Para poder casarse, los padres insistieron que tenía que convertirse. Como no podía, se rompió el compromiso. Había tal tensión en la casa, que él dice que incluso fue agredido físicamente, por animar a la chica a escaparse con su novio. Finalmente, ella se quedó, pero a él, le mandaron con sus tíos.

MAGIA SEXUAL

 

Crowley inventó el ritual mágico del satanismo.

La rabia de Crowley contra el cristianismo, le llevó a hacer todo lo contrario que le habían enseñado. Se convirtió en la bestia negra de la sociedad victoriana, por sus continuas provocaciones contra la religión y la moral. En su obsesión por las profecías de la Biblia, llegó a identificarse con la figura del Anticristo, anunciado en el Apocalipsis. En su complicada psicología, todo parece motivado por un odio a su madre. Como para ella, el mayor tabú era la sexualidad, crea una mentalidad enfermiza que busca la perversión sexual, a la que da un sentido mágico.

Al dejar Eastbourne, va a estudiar en Cambridge, donde hace una poesía de estética satánica. al estilo de Baudelaire, cada vez más pornográfica. “Mi propósito no es simplemente escandalizar, sino arrancar brutalmente el sentido de pecado”, dice. En 1898 se une a la Ordén Hermética de la Aurora Dorada, fundada en 1887. Su sistema venía de un libro encontrado por su fundador, Mathers, en una biblioteca de París. No tenía ningún ritual, sólo listas de ángeles y demonios a invocar, así como talismanes para consagrar y obtener todo tipo de poderes. Ya que aunque se dice siempre que hay dos escuelas de magia, la blanca y la negra, éstas fácilmente se entremezclan. Por eso Crowley en Londres tenía dos habitaciones que usaba como templos, una para magia blanca y otra para negra.

Después de romper con Mathers, Crowley se casa y en Egipto pasa una noche en la Gran Pirámide, invocando al dios con cabeza de ibis que representa la sabiduría. Su esposa recibe allí un mensaje de Horus, cuya estatua vieron que tenía en un museo el numéro 666. Así contactan con su Ángel Guardián: Aiwass, un mensajero de Set, dios destructor, que algunos llaman Satán. Este le dicta El Libro de la Ley, cuya máxima es que “no hay otra ley más allá de Ház lo que quieras”. Su misión ahora es enseñar que dios está dentro de nosotros (“no hay dios”) y que el alma o centro del hombre es la Verdadera Voluntad. En el libro presenta una parodia de la Santa Cena, que convertirá en un ritual sexual en la sociedad que origina el satanismo moderno: la Ordo Templi Orientalis.

ORÍGENES DEL SATANISMO MODERNO

 

Quiso hacer todo lo que le habían prohibido en su educación evangélica.

La O.T.O. había sido fundada por masones alemanes en 1902, y propugnaba una sexualidad mágica, adorando un ídolo androgíno, Baphomet, supuestamente relacionado con los templarios. Su fundador, Reuss, había sido de la ejecutiva socialista con la hija de Marx, hasta ser expulsado por su afición al cabaret. Entre ellos estaba Rudolf Steiner, el secretario general de la Sociedad Teosófica, que luego fundaría la Antroposofía. El propósito de su magia no era buscar el placer sexual, sino un poder sacerdotal, que se concretaba también en dinero. Ya que Crowley relacionaba el éxito de estos rituales con la llegada de los donativos que mantenían la secta

Crowley pasó años en Nueva York, donde llega a tener bastante influencia. Allí hace propaganda alemana, hasta que al final de la guerra forma una comuna en Sicilia. Pero tras la muerte de dos de sus miembros, es expulsado por Mussolini, para morir como un heroínomano en Inglaterra. Sus últimas palabras, temblando entre lágrimas, fueron: “estoy perplejo”. Según la compasiva biografía que ha hecho John Symonds, cada cinco minutos se creía alguien diferente. Utiliza cientos de nombres y personalidades, en relación con sus visiones de anteriores reencarnaciones, y piensa que puede controlar la realidad por el pensamiento mágico. Por eso en Berlin se cree invisible en una cafetería, o andando entre la gente. En ese sentido el satanismo tiene algo de fenómeno patológico.

En su mente enferma, Crowley encuentra justificación para todo. Aunque a veces se refugiaba en la idea de que estaba en las manos de un demonio como Aiwass. Nunca admitió ningún error, aunque escribe que en su corazón se sabía culpable. Tuvo una vida de total indulgencia con todo lo que creía que Dios odiaba (magía, sexo y drogas), llegando a ofrecerse a las autoridades revolucionarias rusas para ayudar a destruir el cristianismo. Pero al final de su vida, aquí en Hastings, durante los bombardeos de la segunda guerra mundial, repetía las palabras del Salmo 23, buscando la protección de aquel Dios que había conocido de niño.

ROCK Y SATANISMO

El mito de Crowley está intimamente unido a todo lo que significa la contracultura juvenil de los años sesenta y setenta. Su cara aparece en la portada del disco de los Beatles, Sergeant Pepper. Pero será el guitarrista del grupo Led Zeppelin, Jimmy Page, el mayor responsable de la “crowleymanía” de los setenta. Page leyó “Magia en teoría y práctica” con sólo once años. Colecciona sus manucristos, primeras ediciones, pinturas, túnicas, sombreras, bastones y cartas tarot.

Page compra en 1970 la casa Boleskine, al lado del lago Ness, que Crowley adquirió para ciertos rituales mágicos. Page contrata a un satanista para decorarla con murales que la devuelvan su condición original. Cinco años después financia una librería ocultista en Londres, que lleva su astrólogo, reeditando las obras de Crowley. Y hace inscribir en el vinilo de su tercer disco, el lema de Crowley: “Ház lo que quieras”. El director de cine Kenneth Anger era discípulo de Crowley. Le pidió a Page y a los Rolling Stones, que participaran en su película “La rebelión de Lucifer”, para la que Jagger compone la “Invocación de mi Hermano Demonio”.

 

El guitarrista de Led Zeppelin, Jimmy Page, compró la casa de Crowley en Escocia.

David Bowie hace también referencia a Crowley en su disco “El hombre que vendió el mundo”. Así como Bruce Dickinson del grupo Iron Maiden, que escribió incluso un libro sobre Crowley. Richard Ramírez es el bajista del músico más conocido hoy por sus provocaciones a la religión, Marilyn Manson. El define así el satanismo: “Es un proceso mental de ser tu mismo, de autopreservación. No implica necesariamente adorar al diablo. La palabra satanás simboliza la máxima rebelión”.

LA IGLESIA DE SATANÁS

Anton Szandor LaVey nació en Chicago en 1930, aunque vivió la mayor parte de su vida en San Francisco, donde fué domador de leones, fotógrafo de sucesos y organista profesional, antes de fundar en 1966 la Iglesia de Satán, siendo conocido por sus seguidores como el papa negro. “Los sábados por la noche –recuerda LaVey– podías ver a cantidad de hombres contemplando con lujuria a aquellas muchachas semidesnudas que bailaban en la feria. Cuando al día siguiente, por la mañana, tocaba el órgano en el servicio dominical de los evangelistas, volvía a ver a esos mismos hombres, ahora convertidos en padres de familia, acompañados junto con sus esposas e hijos. Descubrí entonces que la iglesia cristiana se asienta en la hipocresía.”

LaVey escribió una Biblia Satánica en 1969. En los últimos años hizo algunos discos, pero no le gustaba el rock, que no consideraba útil para sus propósitos. Muchos creen que aparece en la película “La semilla del diablo”, pero no tuvo nada que ver con la película de Polanski. En su sepultura, “sólo lamenta las veces que ha sido demasiado amable”. La hija de LaVey, Karla, fue sumosacerdotisa de la iglesia de su padre, pero fundó su propia denominación en San Francisco en 1999.

El Templo de Set es otra división del grupo de LaVey, encabezada por Michael Aquino en 1975. La simbología nazi identifica esta secta. Hoy hay otras muchas que son generalmente escisiones de las anteriores, pero tienen más relación entre sí de lo que parece. La mayor parte están en Europa y EE.UU., agrupadas bajo la Orden Estelar Antigua Mystical-Kindi.

Anton LaVey y Marilyn Manson son admiradores de Crowley.

 

¿QUÉ ES EL SATANISMO?

La mayor parte de la gente no entiende realmente qué es el satanismo, empezando por los propios cristianos, que tienen a veces ideas extrañas sobre el ocultismo. Ya que los satanistas no adoran a Satanás, porque como dicen ellos mismos, “en el satanismo cada uno es su propio dios”. Es algo chocante, ya que el nombre de Satán es onmnipresente en el satanismo, pero hay que darse cuenta que ellos lo entienden “más como un símbolo, que como una entidad sobrenatural”. Filosóficamente, podríamos considerar al satanismo como epicúreo, ya que pretende “gozar de la vida de la manera más intensa posible y convertir la voluntad en la única ley”.

Ese aspecto nihilista del satanismo es el que Julio Caro Baroja observa en las personas que asistían a misas negras en el País Vasco: “Son en general gentes hasta cierto punto sofisticadas, con una pequeña o gran tendencia a la hipertrofia del yo y una curiosidad morbosa por ciertas psicopatías, sexuales sobre todo”. Es gente, para el antropólogo, que “en suma poco tiene que ver desde todos los puntos de vista con las brujas campesinas de la Europa medieval y de los siglos XVI y XVII”.

LA GRAN MENTIRA

El diablo lleva diciendo desde el principio que nos libraremos del mal, si nos entregamos a él, pero en realidad lo que hace es anastesiar nuestra conciencia. Sus palabras suenan bien, y siguen atrayendo a todo aquel que se siente desesperado, al descubrir como Crowley, que no puede dominar sus pasiones. Es por eso que el satanismo nace de la Iglesia, y no del mundo ateo, porque es una expresión de apostasía, no de ignorancia. Es la subversión de la moral cristiana, llamando al dominio propio, pecado, y al abandono, redención. Y como en el Edén, nos lleva a la desintegración moral, la locura, e incluso una muerte temprana.

“Lo que entiendo del sistema de Crowley”, dice el músico Jimmy Page, “es que la represión es la mayor obra del pecado”. Por eso, era tal vez conocido por llevar una colección de látigos en su equipaje para humillar a sus seguidoras, con el mismo placer que mostraba su maestro. “Crowley no tenía una gran opinión de la mujer”, dijo el guitarrista de Led Zeppelin, “y yo creo que no estaba equivocado”. El satanismo se basa en la búsqueda de una “auténtica voluntad”, que deja los instintos libre de toda restricción moral. Las drogas, el alcohol, o los rituales sexuales, son en este sentido medios para conseguir una conciencia de autoliberación.

El hombre toma así el lugar de Dios. Cree que no está sujeto a nadie y se autorrealiza por la obediencia a su voluntad soberana (“no hay más ley que haz lo que quieras”). Pero lo que el satanismo llama “verdadera voluntad” no es sino el auténtico “mensaje de redención” de la serpiente en el Edén (Génesis 3), por el que “siendo como Dios”, estaremos más allá del bien y del mal.

El verdadero Evangelio nos trae, sin embargo, un mensaje de victoria frente al mal, por lo que Cristo ha hecho en la cruz. No se trata por lo tanto de aceptar el mal, sino de librarnos de su poder y su culpa, por la fe en su muerte y su resurrección. Así que “¡ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz” (Isaías 5:20). Pero Jesús dice: “la verdad os hará libres” (Juan 8:32).

 

http://protestantedigital.com/blogs/34381/aleister_crowley_la_bestia_negra