Archivos para noviembre 22, 2014


. Manuel Suárez

¿Qué ha sucedido en Rumanía para que se eligiese a un protestante presidente? ¿Qué podemos aprender?

Klaus Iohannis
Klaus Iohannis, ganador de las elecciones a la presidencia en Rumanía.

Contra todo pronóstico, Klaus Iohannis acaba de ser elegido presidente de Rumanía. Es un caso sorprendente y especial, porque Iohannis pertenece a la minoría de origen alemán, de la que hoy sólo quedan unos 60.000 habitantes en el país y –lo que más nos interesa– es protestante, cuando en Rumanía la mayoría de la población es ortodoxa.

En ese país la Iglesia Ortodoxa mantiene mucho poder social y político y no es raro ver iconos religiosos en los despachos oficiales. El adversario de Iohannis, el actual primer ministro, intentó en la campaña electoral descalificarle por esto mismo apelando a su identidad protestante, absolutamente minoritaria allí.

Vivimos en una situación semejante: somos una minoría igualmente reducida. ¿Qué ha sucedido en Rumanía para que se eligiese a un protestante presidente? ¿Qué podemos aprender?

Klaus Iohannis pertenecía a un pequeño partido, el Foro Democrático Alemán, pero fue reconocido unánimemente como candidato a presidente por todos los partidos de la oposición, algo poco frecuente. ¿Por qué lo hicieron?

Es cierto que Iohannis había sido alcalde de su ciudad y la había rehabilitado con creatividad y excelencia; fue reelegido por abrumadora mayoría durante cuatro mandatos consecutivos. El entorno municipal es útil para una minoría como la nuestra porque permite cercanía y visibilidad, no necesita grandes recursos publicitarios y financieros para darse a conocer.

Y después, ¿qué ha tenido de especial Iohannis para alcanzar ese reconocimiento de un amplio espectro del abanico político de su país? Ha venido siendo reconocido como una persona fiable, seria, trabajadora, rigurosa. Ese reconocimiento no sólo es personal, sino parte de una imagen pública ganada con el ejemplo por la comunidad protestante en Rumanía, una comunidad que ha conquistado el respeto de los demás, sin que su condición de minoría fuese impedimento alguno: ¿Es protestante? es fiable, trabaja con rigor. El lema de campaña de Iohannis ha sido “El trabajo bien hecho”.

No es un caso único en Europa del Este: Boris Trajkovski, miembro de la pequeña minoría evangélica de Macedonia, fue elegido presidente y su mayor capital fue igualmente el respeto ganado con la integridad y el trabajo riguroso.

Esas comunidades protestantes no han tenido complejo de minoría y se han esforzado en ser coherentes con su identidad, con excelencia y verdad en su forma de ser, vivir y trabajar. Durante décadas en España los evangélicos se han ido ganando esa misma imagen y cualquier empresario podía contratar a un protestante sabiendo que tenía un trabajador fiable. Me pregunto si hoy los evangélicos mantienen esa imagen; muchos se están conformando con la mediocridad, y además tienen vocación de mediocridad. Muchos han renunciado a la creatividad y se limitan a copiar y pegar ideas de otros, presentándolas como algo que “el Señor ha puesto en mi corazón”.

La comunidad evangélica española tiene que desembarazarse de la tentación de la mediocridad, pero también del complejo de minoría, reafirmarse con orgullo en su propia identidad, trabajar con excelencia y mostrarse como son, con transparencia.

La corrupción campa en Rumanía y en un momento en el que ya no es soportable, los rumanos han vuelto sus ojos a la minoría protestante confiando en Iohannis como alguien moralmente autorizado y profesionalmente preparado para abrir un nuevo camino en ese país. ¿No podría suceder lo mismo en España?

Ser minoría no es un impedimento. Lo que es un impedimento es la renuncia a la diferencia, a la identidad propia, a la conquista del respeto desde la integridad, la excelencia, el rigor ganado día a día en el trabajo, en los estudios, en la participación en la vida pública, en la ejemplaridad de nuestras familias; pero también en la unidad. Podemos discrepar entre nosotros lo que queramos, pero no podemos permitirnos una imagen pública de desunión, porque eso liquida toda posiblidad de influencia; para eso, hemos de renunciar a un concepto mundano de liderazgo y recuperar el sentido evangélico de la autoridad, que se basa en el servicio, no en la avidez de poder.

En determinados momentos el pueblo puede tornar su mirada a una minoría íntegra con conciencia de su identidad diferenciada y con las ideas claras. En España un movimiento como “Podemos” podría haber surgido de la comunidad evangélica; de otra forma y mejor.

 

http://protestantedigital.com/blogs/34520/como_se_hace_presidente_un_protestante

Dios en el banquillo

Publicado: noviembre 22, 2014 en Conciencia, opinión, Teología

Lidia Martín

Cada vez que las cosas no nos van como querríamos, sometemos a Dios a juicio.

El saber estar es probablemente una de las bases de lo que llamamos “la buena educación”. Más allá de cuestiones de modales simplemente, saber estar tiene que ver con escoger bien las formas, las estrategias, la manera de comportarse, en definitiva, en función del lugar y personas con las que estemos en cada momento. Pero saber estar también implica, de una u otra forma, ser conscientes de quiénes somos nosotros frente a los demás y de cuál es el lugar que verdaderamente nos toca ocupar en cada situación.

Poner a Dios en el banquillo ha sido una de esas meteduras de pata que todas las personas de todos los tiempos y épocas hemos venido cometiendo sistemáticamente de una u otra manera, precisamente en una clara puesta en evidencia de hasta qué punto no sabemos estar por no tener demasiado claro, parece, qué papel jugamos cada uno en este escenario nuestro que es el Universo creado.

Cada vez que las cosas no nos van como querríamos sometemos a Dios a juicio, como si intentáramos hacerle comprender cuán injusto es al actuar hacia nosotros de una forma y no de otra. Le sentamos en el banquillo para hacerle culpable de nuestros errores, de nuestros pecados, incluso, tal como ya sucedió en el Edén. Le exigimos, más o menos abiertamente, un trato justo hacia nosotros, porque pensamos que no nos compensa adecuadamente al seguirle, y esperamos que nuestra “secuencia lógica” de acontecimientos coincida con la suya. Le sometemos a juicio al no aceptar que, desgraciadamente, a los malos a veces les va aparentemente bien y los justos sufren mientras tanto. Nos da miedo obedecerle porque, en el fondo de nuestro ser, aún le percibimos como a un Dios tirano que, en el fondo, no está tan interesado en beneficiarnos como en probarnos y dudados de Su buena voluntad para con nosotros. En nuestra desconfianza de Él le sometemos a juicio, dudando de Su palabra, de Sus promesas, de Su carácter en definitiva.

Pero se nos olvida que no podemos sentar en el banquillo al juez. Incluso aunque en nuestros sistemas políticos, democráticos o sociales eso pueda darse (aunque escasamente, desde luego), no es posible en el orden establecido en nuestro mundo, en el que nosotros somos las criaturas, seres diminutos y ridículos al lado del Dios Altísimo, que es el Creador y sustentador de todo lo que se mueve alrededor nuestro. Ese es nuestro verdadero papel, y ceñirnos a él sería una verdadera muestra de saber estar de nuestra parte. Pero seguimos tratando a Dios de tú a tú, no tanto como hijos que se acercan a su padre en términos de confianza, algo que Él mismo nos permite, sino como el que se toma la licencia inadecuada de pedirle cuentas a quien no tiene por qué dárselas a nadie.

Por mucho que hayamos sentado a Dios en el banquillo a lo largo de la historia, el juicio está ya sentenciado y Él no sólo es un juez justo, sino que es el absoluto vencedor en el proceso. Él pedirá cuentas a todas y cada una de sus criaturas. Nosotros seremos verdaderamente los que un día tendremos que vernos respondiendo ante Su tribunal y nadie podrá jugar con Él a replicarle o contrarreplicarle. Toda rodilla será doblada ante Su presencia, no existirá otra forma de poder enfrentarse a ese momento que el reconocimiento de nuestro verdadero lugar, amparados en la sangre de Cristo aquellos que así lo aceptamos, con temblor y crujir de dientes quienes decidieron no hacerlo, pero todos y cada uno asumiendo sin posibilidad de error que Aquel a quien tanto juzgamos, ignoramos, enfrentamos o retamos era, desde el mismo principio, el Dios justo y bueno que siempre dijo que fue, empeñado en hacernos bien, en cumplir Su voluntad y Sus planes de bien para nosotros, sustentador de todas las cosas, las que vemos y las que no vemos, y la fuente directa de todo bien del que hayamos podido disfrutar en el tiempo que se nos ha dado en esta tierra.

No perdamos fuerzas ni energías en lugares inadecuados. Sepamos estar, desde esta nuestra posición frágil, ante el Dios de todo, ante Su poder, Su Santidad y Sus pensamientos, que no son como los nuestros. Cuando en un enfrentamiento ya hay un ganador, hay también un perdedor, y el saber estar obliga a saber también retirarse a tiempo de una contienda inútil, por mucho que a nuestro orgullo, prepotencia y autosuficiencia humanos les cueste.

http://protestantedigital.com/magacin/34527/Dios_en_el_banquillo