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Exodus-Más reyes que Dios

Publicado: diciembre 15, 2014 en Cine, Historia, Teología

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Disfruto de películas de Ridley Scott. A menudo se produce reales “guy” películaspesado en la testosterona, el heroísmo, la esgrima, la valentía y grandes acabados que resuelven los conflictos clásicos entre el bien y el mal. Admiro sus ataques sutiles sobre la injusticia sistémica y su celebración de mujeres fuertes y heroicas. Aprecio su interpretación de héroes profundamente erróneas, que en última instancia tienen éxito no por sus habilidades de liderazgo, sino más bien su integridad, auto-sacrificio por el bien común y el compromiso con la verdad. Dioses y Reyes sigue en la misma vena.

En resumen, es una película muy buena. Es un bien filmado, regalo visual (la versión en 3D es la pena del gasto extra) con fuertes actuaciones de los actores. El tema debe ser una foto “épica” y da un valiente esfuerzo para estar.

Aquí está el chasco: ¿Cuándo un cineasta quiere demostrar la confianza o el coraje para contar las historias reales de estas películas bíblicas las  titulan después?

Soy favorable a los argumentos esgrimidos por algunos en relación con la película de Darren Aronofsky en Noé (que tenía mucho menos de una conexión con el relato bíblico de Éxodo de Scott.) Entiendo por qué y cómo ciertas historias o ideas juegan mejor sólo si ciertos dispositivos temáticos son añadidos o líneas argumentales adaptados. Sin embargo, lo que Scott y Aronofsky no parecen darse cuenta es que muchos de nosotros que crecieron con estas historias creen, y realizan pruebas en nuestras vidas del poder de transformación de estas que historias ejercen. No hay ningún problema, incluso aconsejable, para permitir que los eventos principales de estas historias hablan por sí mismos. A menudo, nuestro primer encuentro con estas historias vino de un sacerdote, pastor o rabino que, a pesar de muy poca formación dramática, estilo retórico, o el ingenio creativo, fuerón transportados el impacto de estas ideas con efecto mensurable.

La Toma del Moisés de Scott. Ha sido representado como un guerrero, de principio a fin. Sin embargo, la historia bíblica capta que Moisés al  lado de los más humildes (a menudo traducido como “mansos” o “humilde”) hombres (Números 12: 3). Para Scott, la humildad llega cuando se enfrenta el ejército de Faraón en la cúspide del Mar Rojo. El Moisés de Scott aparece humilde después de criticar la acción de Dios a través de las plagas y todos sus intentos fallidos de llevar a la gente. Sólo entonces él tira su espada del poder. La historia bíblica describe largas conversaciones íntimas de Moisés con Dios que lo forman en el tipo de líder que se requiere para su tarea. Creo que a Scott podría haber transmitido magistralmente esta en la película al igual que la preparación y el desarrollo del carácter de Scott retrata maravillosamente en algunas de sus otras películas.

Lo que Scott y las representaciones de Aronofsky se pierden, y lo que la gente como yo lamentamos, es que el personaje principal en estos relatos bíblicos es Dios.

Las historias ponen de relieve el carácter y la fidelidad de Dios. No son principalmente acerca de las luchas de poder, la violencia, la liberación socio-económica, fenómeno natural que ocurre frente a los milagros sobrenaturales, ni siquiera sobre la libertad de la esclavitud. El tapiz bíblico es más de un autorretrato de Dios reflejada en contra de la lona de toda actividad humana. Sin embargo, en estas adaptaciones, el Dios de obtener muy poco tiempo en pantalla, no la formación del mucho carácter, y rara vez se presenta como bueno, mucho menos heroica, todo lo cual está muy lejos de lo que representan las historias originales y por qué existen.

Humildemente sugiero a los directores y escritores que narran acontecimientos bíblicos para permitir que los convincentes del drama, tensión, los matices, la ironía, la tragedia, la humanidad, y las maravillas de la bíblica representa a permanecer primaria futuras. Estas historias se conectan. Ellos han demostrado ser una generación tras otra, incluso cuando se le dijo en el más rudimentario de maneras. No descuento, luego diseccionar, adaptar, y finalmente volver a infundir una historia o motivo diferente en estas historias. Confía en ellos. Son tan irreductible como son infinitamente capaces en su capacidad de agregar valor a la vida humana. Por edades, se han involucrado y ha revelado verdades esenciales sobre la existencia humana, la naturaleza de nuestro mundo, lo que es bueno y verdadero, lo que es malo y doloroso, y los fines para los que la vida puede y quizás debe ser vivida al máximo. Su longevidad solo exige un mayor nivel de respeto.

Os animo a ir a ver la película. Disfrútalo por lo que es, una película con momentos maravillosos, ideas e imágenes para inspirar y desafiar. Pero entonces va a leer la interpretación de la vida de Moisés de Eugene Peterson en el mensaje. Después de lo cual, os animo a pensar profundamente acerca de que la visión de Dios, y que la representación de estos eventos, habla más conmovedora de la condición humana y los problemas potenciales y las caras de la humanidad en nuestro contexto contemporáneo.

Ojalá a Scott haya compartido la confianza de los cristianos y los Judios en el poder transformador de la historia original de cambiar los corazones y las mentes. Como Hollywood continúa produciendo películas basadas en la Biblia, por mi parte, nos gustaría ver estas viejas historias inalteradas, primero contadas alrededor de fogatas y mesas familiares, cobran vida en la pantalla envalentonado con los talentos y habilidades milagrosas casi ilimitadas de artistas que manejan el mejor de la moderna la tecnología. Y tal vez, un día, Dios obtendrá un Oscar a largo retraso.

O por lo menos un rol de miradas.

Gary Black Jr. es profesor asistente de teología en la Universidad Azusa Pacific. Su último libro, fue coautor con el fallecido Dallas Willard, es la Divine Conspiracy Continúa: Cumplir el Reino de Dios en la Tierra.

 

http://www.christianpost.com/news/exodus-gods-and-kingsmore-kings-than-god-131134/

Cristianismo y consumismo

Publicado: diciembre 15, 2014 en Sociedad, Teología

Celebrar cristianamente la Navidad (1)

El materialismo consumista no afirma que sólo lo material es real sino que a fin de cuentas sólo lo material importa.

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El consumismo es un fenómeno muy particular, que no es exactamente idéntico con la avaricia o el egoísmo. Éstos son pecados individuales y personales, mientras el consumismo es colectivo, es una cultura en la cual todos vivimos y participamos de una u otra manera. Como cultura social, nos envuelve a todos, mayormente de forma inconsciente.

El consumo normal llega a ser consumismo cuando el comprar y el consumir llegan, inconscientemente, a ser compulsivos. Puede tomar la forma de “consumo conspicuo”, de comprar lujos para ostentarlos ante los demás, pero también puede tomar la forma opuesta, el impulso irresistible de comprar cosas solo porque están baratas (“consumismo de gangas”)

Consciente o inconscientemente, activa o pasivamente, de una u otra forma, todos somos parte de esta sociedad de consumo, como veremos si analizamos algunas de sus características:

 

SUPREMACÍA DE VALORES MATERIALISTAS

Es revelador la frecuente pregunta, “¿Cuánto vale fulano?”, para preguntar cuánta riqueza tiene. La misma palabra “riqueza” se suele entender en sentido económico, sin considerar valores morales, espirituales y sociales. En los mercados, “cuánto vale” se entiende como “cuánto cuesta”, que en realidad es algo muy distinto. Muchos dichos del pueblo reflejan estas mismas actitudes:

  • “Tanto tienes, tanto vales”
  • “Poderoso caballero es don dinero”
  • “Quién dijo penas mientras las alforjas están llenas”
  • “Cuando se trata de dinero todos somos de la misma religión”
  • “El dinero no produce la felicidad pero produce algo tan parecido que es asunto de especialistas”

Puede ser sorpresa darnos cuenta de que vivimos en una sociedad materialista, y que ese materialismo penetra mucho en la iglesia.

Es importante reconocer que hay diferentes tipos de materialismo. El materialismo metafísico afirma que sólo lo material es real. El materialismo histórico, en cambio, apela a lo económico como clave para entender el proceso histórico. Pero más sutil es el materialismo práctico de laactual sociedad capitalista. El materialismo consumista no afirma que sólo lo material es real sino que a fin de cuentas sólo lo material importa [2].

En varios pasajes de los evangelios Jesús advierte contra esta visión materialista-consumista de la vida: Lo repudia directamente en su palabra al rico insensato: “la vida de una persona no consiste en la abundancia de sus bienes” (Lc 12:15). Los tesoros de este mundo son frágiles; fácilmente se pierden, los ladrones las roban, se herrumbran y se quiebran (Mat 6:19). Los tesoros del reino venidero son imperecederos (6:20). En el pasaje paralelo en Lucas, Jesús aclara que es por compartir las riquezas que se convierten en tesoros eternos (Lc 12:32-34). Al  materialista Jesús le dice, “¡Necio!  Esta misma noche te van a reclamar la vida, ¿y quién se quedará con lo que has acumulado?” (Lc 12:20).

Nos toca a cada uno examinarnos y preguntarnos cuáles son las verdaderas prioridades de nuestra vida. En el transcurso de una semana, ¿qué es lo que más ocupa mis energías y mis esfuerzos? ¿Qué es lo que me da más satisfacción: ganar mil dólares, gastar mil dólares o regalar mil dólares?  Si son las dos primeras, la primacía de ganar y gastar, estoy atrapado en el consumismo, a lo mejor sin darme cuenta. Solo la prioridad de compartir — hacer de la vida un proyecto de servir a Dios y a los demás — da verdaderas riquezas que perduran.

En el consumismo el consumo se considera una finalidad en sí, un valor propio inherente. Entonces vivimos para consumir (lo máximo posible), en vez de consumir (un mínimo conveniente) para vivir (mucho más plenamente). Es una cultura del consumo por el consumo. En su extremo, para muchas personas, el consumo es la meta suprema de su existencia. Un eslogan popular, que aparece todavía en muchas camisetas en inglés, reza “I shop, therefore I am” (“Hago compras, luego existo”).

Es una relectura de la fórmula fundante del pensamiento del filósofo Descartes, “cogito, ergo sum” (“Pienso, luego soy”). Hay que dudar de todo, dijo Descartes, pero de una cosa no puedo dudar: si estoy aquí pensando, entonces existo o no estaría dudando. Hoy día, cuando algunos ni piensan, hay que reformular la consigna: “Hago compras, por eso (y para eso) existo”.

Un pionero en el análisis del consumismo fue Thorstein Veblen. En su clásico La teoría de la clase ociosa (1899) estudió los patrones de gastos de los “nuevos ricos” de la época con un alto componente de “consumo conspicuo” u “ostentoso”.[3] Ante la pregunta de por qué la gente compraba lujos que no necesitaban, descubrió que muchos de los muy ricos empleaban su fortuna para exhibir su estatus social y su superioridad económica en vez de la utilidad efectiva de lo comprado. Así la compra de joyas exorbitantes, ropa lujosa, mansiones y limosinas constituye consumo conspicuo  o aun “invidioso” (sic), una forma más específica, consumo con la intención de causar envidia en otros. En décadas recientes el lujo ostentoso de las diosas de Hollywood a menudo ha sido consumo conspicuo. En otro sentido, la tiranía de “la moda” hoy día presiona a muchas personas a gastar mucho dinero para demostrar que están al día y tienen buen gusto.

Un artículo de Roberto Torres Collazo analiza “La dictadura del consumismo”, precisamente en la época de Navidad. Los modernos medios de comunicación han perfeccionado los métodos de la mercadotecnia para hacernos desear cosas que sin ellos no hubiéramos deseado ni mucho menos necesitado. Su propaganda y sus “promociones” dictan muchas de nuestras decisiones. Nos manipulan para sacarnos el dinero, y en las temporadas electorales nos manipulan para creer toda la propaganda engañosa y votar por los y las candidatos que más les paguen a ellos. Los medios en gran medida nos han reducido a simples comparadores. Han convertido el “homo sapiens” en “homo emptor”, compradores por esencia.[4]

Junto con el consumismo va creciendo una pasión por acumular sin límites. Parece que el afán de acumular se apodera de la persona, impulsándole a querer siempre más y más, sin parar de acumular.

La misma palabra griega para “avaricia” es un compuesto de un verbo y un adverbio, “tener” y “más”. Llega a ser obsesiva; la persona no puede vivir sin estar ganando más. Sólo por un milagro de gracia divina un ser humano va a decir “ya tengo suficiente, no quiero tener más”. Pertenece al proceso adquisitivo ser infinito, en ese sentido; suele ser un cáncer que crece en el corazón y en la vida.

Las escrituras ven muy negativamente a esta mentalidad de acumular. Del rey de Tiro dice, “Has acumulado mucha riqueza… Con tus muchas riquezas te has vuelto arrogante” (Ez 28:4-5; cf. Hab 2:6). “Ay de los que juntan casa a casa”, denuncia Isaías, “y añaden heredad a heredad hasta ocuparlo todo” (Is 5:8). Según Eclesiastés 5:10, “El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad”. Santiago condena esa mentalidad en los ricos del primero siglo: “Han amontonado riquezas, ¡y eso que estamos en los últimos tiempos!” (Stg 5:3).

Un fenómeno relacionado con el consumismo es el culto al éxito que es una característica de la moderna sociedad capitalista. Una sociedad basada en la competencia va a acentuar la diferencia entre los exitosos y los no exitosos, generalmente medida por su fortuna pero también por su fama (que generalmente van de la mano). Produce una sociedad estratificada por los grados de éxito logrados por cada individuo. Una sociedad de muchas comparaciones odiosas es el resultado lógico de una economía basada en la competencia.

La peor expresión de este fenómeno es el desempleo, mucho peor porque es resultado del mismo sistema donde los trabajadores son esencialmente una mercancía en el “mercado laboral”, parte de la fórmula de ingredientes del éxito de otros.[5]

En 1973, en la Universidad de Tubinga, Hans Küng ofreció un brillante curso sobre “Teología de la gracia”. Como evangélico, escuché con sumo agrado las magistrales exposiciones de este renombrado pensador católico. Especialmente iluminador y conmovedor fue la actualización que hizo del tema. Hoy día, propuso, una de las formas de justificación por las obras es el éxito. Vivimos, afirmó Küng, en una “Leistungsgesellschaft”, una “sociedad de logros”, donde el valor de cada persona se mide por sus logros.

Como todo sistema de justificación por obras y méritos, esto polariza la comunidad en “fariseos” y “publicanos”. Ambos resultados son anti-humanos y destructivos. Los “fariseos”, están confiados de su valor y mérito, ante la sociedad y ante su Dios, porque han logrado el éxito. Los “publicanos”, en cambio, se sienten fracasados y desacreditados por su poco o nulo éxito y sus pocos logros. Hoy día el prototipo por excelencia del “publicano” es el desempleado, que tiende a sentirse inútil, un cero a la izquierda, excluido del sistema y alejado del amor de Dios. Todo este sistema elitista es una negación del Dios de la gracia y una gravísima contradicción de la justificación por la fe.

 

http://protestantedigital.com/magacin/34725/Cristianismo_y_consumismo

EEUU quiere una Navidad centrada en Jesús

Publicado: diciembre 15, 2014 en Noticias

LifeWay Research

Ocho de cada diez estadounidenses consideran importante mantener el significado de la fiesta como la celebración del nacimiento de Cristo.

FUENTES LifeWay Research AUTOR Redacción P+D
washington en navidad
Washington, en Navidad.

Para algunos, la Navidad es una excusa para celebrar una fiesta familiar con regalos o banquetes suntuosos. Sin embargo en Estados Unidos la mayoría quiere que la Navidad no pierda el significado de celebrar el nacimiento de Jesús.

Según una encuesta realizada por LifeWay Research, un 79 por ciento de la población considera que la Navidad debería estar más centrada en Jesús.

Además, el 63 por ciento afirmó que visitará una iglesia durante la Navidad y que la fiesta es “una mejor experiencia si tiene un enfoque cristiano”.

La encuesta también quería averiguar cuántos estaban de acuerdo con la preexistencia de Jesús como Hijo de Dios. Cerca de la mitad, un 53 por ciento, dijo estar de acuerdo, mientras que tres de cada diez dijo que no estaba de acuerdo. Un quince por ciento no lo tiene claro.

Además una gran mayoría – un 86 por ciento – cree que las escuelas públicas deben permitir que se canten canciones de Navidad con contenido religioso.

 

http://protestantedigital.com/internacional/34744/eeuu_quiere_una_navidad_mas_centrada_en_jesus