Archivos para enero 27, 2015


Charles Darwin »

El naturalista siempre temió por la salud de sus hijos, fruto de su enlace con una prima

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Montaje de una imagen de Charles Darwin y su primogénito William con otra de su mujer Emma abrazando a Leonard.

Charles Darwin llegó a tener diez hijos con su mujer, Emma Wedgwood, entre 1839 y 1856 y, como es natural, temía por la salud de su prole. Pero sus miedos iban más allá de las preocupaciones habituales de un padre, ya que partían de un cierto sentimiento de culpa: un pecado original propio que podía provocar que sus hijos fueran enfermizos o, cuando menos, más débiles de lo normal. Charles y Emma eran primos hermanos. El más relevante de los Darwin sabía que la consanguinidad deteriora a las siguientes generaciones, ya sean plantas o animales. Ahora sabemos que sus temores estaban justificados: su estirpe sufrió muertes prematuras y falta de fertilidad por culpa de la endogamia.

Tres de los hijos de Darwin murieron antes de los diez años y otros tres no tuvieron descendencia aunque se casaron repetidamente

El problema no surge únicamente del lecho de Charles y Emma. Los Darwin y los Wedgwood se emparejaron entre ellos durante muchas generaciones, lo que provocaba que el naturalista y su esposa tuvieran muchos otros parentescos además de ser primos hermanos. Otros tres hermanos de Emma se casaron con sus primos y la hermana de Charles, Caroline, también se enlazó con un primo Wedgwood. El cuñado de Charles, Harry Wedgwood, se casó con Jessie Wedgwood, que era su prima hermana por partida doble: sus padres eran hermanos y sus madres eran hermanas.

Esta endogamia desbocada de los Darwin-Wedgwood los convierte en una dinastía perfecta para que los genetistas estudien las consecuencias de la consanguinidad, como ya hicieran con la familia real de los Habsburgo. La primera y más evidente es que los niños nacidos de estos matrimonios tenían menos opciones de llegar a la pubertad, como mostró un estudio publicado en 2010 que generó un ruido importante en la prensa británica. Tres de los diez hijos de Darwin murieron durante la infancia, en dos casos por enfermedades que hoy sabemos que generan menos resistencia en los menores fruto de la endogamia. Ahora, los mismos investigadores acaban de analizar en otro estudio cómo estas relaciones de consanguinidad mermaron la fertilidad de esta dinastía.

El naturalista fue el primero en estudiar el efecto de la endogamia: las plantas eran más débiles y pequeñas

“Actualmente hay una cierta unanimidad en que la consanguinidad afecta a la fertilidad y a la esterilidad en los humanos, el problema es que aún no se ha podido concretar el modo. En la dinastía de Darwin hemos encontrado que la culpa de que las parejas consanguíneas tengan menos hijos que las parejas no consanguíneas no es de la propia pareja, sino de los varones consanguíneos”, explica Francisco Ceballos, genetista de la Universidad de Santiago de Compostela. El resultado de sus análisis muestra que los varones Darwin-Wedgwood fruto de la endogamia tuvieron 1,2 hijos por mujer frente a los 2,1 que tuvieron los no consanguíneos, tras descartar otros factores demográficos o socioeconómicos.

De los hijos de Charles Darwin, tres no pasaron de los 10 años y otros tres fueron incapaces de tener descendencia. En concreto, William y Leonard (retratados en la imagen) se casaron dos veces pero no tuvieron prole y su hermana Henrietta tampoco, a pesar de disfrutar de un matrimonio estable. Siguiendo un análisis estadístico, Ceballos y sus colegas han encontrado que las parejas consanguíneas de esta dinastía tienen un intervalo reproductor más corto tras examinar las edades, la duración de los matrimonios y otros aspectos. “La calidad del esperma es peor y cuanto mayores son los varones menos posibilidades tienen de ser fértiles”, asegura Ceballos.

La calidad del esperma es peor y cuanto mayores son los varones menos posibilidades tienen de ser fértiles”, asegura Ceballos

Tanto preocupaba la consanguinidad al naturalista que fue el primer estudioso de sus consecuencias. Darwin publicó varios trabajos sobre el efecto nocivo de la endogamia en 57 plantas distintas: la descendencia era más pequeña, florecía más tarde, tenía menos peso y producía menos semillas que aquellas plantas que no eran fruto de la consanguinidad. Hasta tal punto le inquietaban los resultados que se sirvió de sus contactos políticos para conseguir que el Parlamento incluyera en el censo británico una pregunta específica para el estudio del matrimonio consanguíneo. Trasladó sus miedos incluso a su hijo George, que estudió detenidamente la materia para llegar a la conclusión de que los efectos negativos no eran importantes en familias criadas con buenas condiciones de vida, como la suya.

Nada hacía pensar que los Darwin-Wedgwood arrastraban esta desventaja genética, ya que estaba plagada de cerebros eminentes, con diez miembros de la Royal Society en la familia, y así opinan por lo general los darwinólogos. Sin embargo, estos nuevos estudios señalan que tanto enlace entre primos tuvo sus consecuencias en la salud de la familia. Como concluyen los autores de este examen, “las pruebas sugieren que los temores de Darwin sobre la salud de sus hijos como resultado de su matrimonio con su prima hermana Emma Wedgwood no eran ni exagerados ni injustificados”.

 

http://elpais.com/elpais/2015/01/26/ciencia/1422302286_328586.html


Un oficial del ejército soviético fue el primero en entrar al campo de concentración el día de su liberación hace 70 años

El primer hombre que entró a Auschwitz tras su liberación
Este fue el panorama que encontraron los soldados soviéticos cuando arribaron a Auschwitz. (Foto: AFP)

“Había tal hedor que era imposible estar ahí por más de cinco minutos. Mis soldados me rogaban para que los dejara ir. Pero teníamos una misión que cumplir”. Estas palabras pertenecen a Anatoly Shapiro, el primer oficial del ejército soviético que entró en el brutal campo de concentración de Auschwitz después de la derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial.

El 27 de enero de 1945, durante la etapa final del conflicto, las fuerzas soviéticas lograron ingresar al campo de Auschwitz, actual Polonia.

Por esa razón este martes, cuando se cumplen exactamente 70 años de ese hecho, se han realizado distintos actos conmemorativos de la liberación por parte del ejército soviético del que es considerado el lugar donde se cometieron los peores crímenes durante la guerra.

Se estima que en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau desde mayo de 1940 hasta enero de 1945 fueron exterminadas 1,1 millón de personas, la mayoría de ellas judíos polacos.

El hombre que abrió las puertas de aquel infierno y lo liberó del dominio nazi fue Shapiro, un comandante de batallón de 32 años, quien puso en libertad a los 500 prisioneros que estaban allí.

En una entrevista con el diario New York Daily News, pocos meses antes de morir en el 2005, el oficial ucraniano describió el horror de lo que vio hace 70 años.

LOS SOBREVIVIENTES

“No teníamos la menor idea de la existencia de ese campo. Mi comandante no nos había dicho nada sobre este asunto”, contó Shapiro.

“Entramos en la mañana del 27 de enero de 1945. Vimos algunas personas vestidas con harapos. No parecían seres humanos, lucían terrible, eran puro hueso”, añadió.

Shapiro, como comandante del batallón, les dijo a los sobrevivientes que eran el ejército soviético y que quedaban libres del dominio alemán.

“Pero ellos no reaccionaron, no podían ni mover la cabeza o decir una palabra”.

Recordó de aquella impresión sobre las personas, además de su aspecto esquelético, que no tenían zapatos y sus pies estaban envueltos en ropa vieja: era enero y la nieve rodeaba el lugar. “No sé cómo sobrevivieron a eso”, señaló.

MUJERES Y NIÑOS

Pero Shapiro no solo conversó con el diario estadounidense. En aquel entonces, el militar también dio una entrevista a la radio nacional israelí, donde entregó más detalles sobre lo que él y sus hombres hallaron en Auschwitz.

“Cuando nos aproximamos a las barracas que se suponían eran para mujeres, nos encontramos con una imagen terrible”, narró.

“Mujeres que yacían sin vida sobre el suelo, desnudas, porque la ropa se la habían robado las personas que sobrevivieron. Había mucha sangre y excrementos humanos alrededor”, añadió.

Todo aquel panorama dantesco estaba impregnado por un olor imposible. Los soldados de Shapiro comenzaron a rogarle que abandonara la misión.

La fatídica inscripición en la entrada de Auschwitz que significa en español: “El trabajo libera”. (Foto: Reuters)

“Pero no podíamos hacerlo. Nos habían dado la orden de estar allí”, relató.

En su testimonio al New York Daily News, en las barracas donde estaban los niños, el horror continuaba.

“En el último cuartel solo habían dos menores que habían logrado sobrevivir y cuando nos vieron comenzaron a gritar: ‘¡No somos judíos!, ¡no somos judíos!’. Estaban asustados porque pensaron que los íbamos a llevar a la cámara de gas”, dijo.

MATANDO POR COMPASIÓN

Pero el empeño de ayudar a los prisioneros no siempre fue exitoso, como se lo confesó Shapiro a la radio israelí.

“Apenas llegamos, montamos algunas cocinas de campaña y preparamos algunos alimentos ligeros. Pero algunos de ellos murieron al probar la comida, porque sus estómagos no funcionaban normalmente”, explicó.

“Estábamos furiosos. Los soldados querían matar a todos los alemanes, pero me tocó explicar que muchos de ellos no eran fascistas ni responsables de los crímenes que habían cometido los nazis”, añadió.

ESCONDIENDO LA EVIDENCIA

Pero más allá del lamentable estado del campo de concentración, los rusos no pudieron encontrar ninguna evidencia física relacionada con los experimentos médicos, ni siquiera a los pacientes que trataban en los hospitales.

“El 18 de enero de ese año los alemanes que dirigían el campo reunieron a toda las personas que pudieron. Nuestro servicio de inteligencia estimó que eran al menos 10.000 y que los nazis los obligaron a marchar, hambrientos y desnudos, hacia otros campos ubicados en el oeste. Ninguno de ellos logró sobrevivir. Todos murieron en el camino”, señaló.

Shapiro recordó que al inspeccionar las instalaciones de Auschwitz se encontró con hornos y máquinas de exterminio, mientras las cenizas de los cuerpos eran sacudidas por el viento.

Muchos niños fueron utilizados como objetos de experimentación médica mientras eran prisioneros de Auschwitz. (Foto: BBC Mundo)

“Si tengo algún mensaje para la siguiente generación sería muy simple: no permitir ni por un segundo que lo que ocurrió durante estos años se repita de nuevo“.

La mayoría de las personas que perecieron en este campo de concentración fueron debido a las cámara de gas, o por el hambre, distintas enfermedades o el agotamiento.

Shapiro recibió todos los honores militares posibles en el Ejército Rojo y después del desplome de la Unión Soviética, fue declarado héroe de Ucrania por el presidente Víctor Yushchenko en 2006.

En 1992 emigró a a Nueva York, donde murió en el 2005. Fue enterrado en el cementerio judío de Beth Moses en Long Island.

 

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