Archivos para noviembre, 2015


Este 31 de octubre se conmemoró en todo el mundo la Reforma Protestante, 498 años después de clavar Lutero sus 95 tesis en Wittenberg (Alemania).

El 31 de octubre de 1517, víspera de la fiesta católica de Todos los Santos, Martín Lutero dio a conocer públicamente sus tesis, y el impacto fue tal que se señala esa fecha como el comienzo de la Reforma protestante. Para unos, Lutero es el ogro que destruyó la unidad de “la” iglesia, la bestia salvaje que holló la viña del Señor, un monje renegado que se dedicó a destruir las bases de la vida monástica. Para otros, es el gran héroe que hizo que una vez más se predicara el evangelio puro de Jesús y la Biblia, el reformador de una iglesia corrupta. Él cambió el curso de la historia al desafiar con valentía el poder del papado y del imperio, sosteniendo puntos de vista contrarios a la práctica y ordenanzas de la religión establecida, el catolicismo romano, por considerarlas contrarias al contenido de la Biblia. La principal doctrina evangélica que Lutero alzó contra el sistema ritualista de penitencias fue que la salvación es por gracia solamente, no por obras. La chispa que movió al monje vino probablemente en 1515, cuando Lutero empezó a dar conferencias sobre la Epístola a los Romanos, pues él mismo dijo después que fue en el primer capítulo de esa epístola donde encontró la respuesta a sus dificultades. LARGA LUCHA Esa respuesta no vino fácilmente. No fue sencillamente que un buen día Lutero abriera la Biblia en el primer capítulo de Romanos, y descubriera allí que “el justo por la fe vivirá”. Según él mismo cuenta, el gran descubrimiento fue precedido por una larga lucha y una amarga angustia, pues Romanos 1:17 empieza diciendo que “en el evangelio la justicia de Dios se revela”. Según este texto, el evangelio es revelación de la justicia de Dios. Estuvo meditando de día y de noche para comprender la relación entre las dos partes del versículo que, tras afirmar que “en el evangelio la justicia de Dios se revela”, concluye diciendo que “el justo por la fe vivirá”. La respuesta que encontró Lutero fue sorprendente. La “justicia de Dios” no se refiere en la carta a los Romanos, como piensa la teología tradicional, al hecho de que Dios castigue a los pecadores. Se refiere más bien a que la “justicia” del justo no es obra suya, sino que es don de Dios. La “justicia de Dios” es la que tiene quien vive por la fe, no porque sea en sí mismo justo, o porque cumpla las exigencias de la justicia divina, sino porque Dios le da este don. La “justificación por la fe” no quiere decir que la fe sea una obra más sutil que las obras buenas, y que Dios nos pague esa obra. Quiere decir más bien que tanto la fe como la justificación del pecador son obra de Dios, don gratuito. En consecuencia, continúa comentando Lutero acerca de su descubrimiento, “sentí que había nacido de nuevo y que las puertas del paraíso me habían sido franqueadas. Las Escrituras todas cobraron un nuevo sentido. Y a partir de entonces la frase ‘la justicia de Dios‘ no me llenó más de odio, sino que se me tornó indeciblemente dulce en virtud de un gran amor”.   PRUDENTE Y RESERVADO Lutero parece haber sido un hombre relativamente reservado, dedicado a sus estudios y a su vida espiritual. Su gran descubrimiento, aunque le trajo una nueva comprensión del evangelio, no lo llevó de inmediato a protestar contra el modo en que la Iglesia católica entendía la fe cristiana. Al contrario, nuestro monje continuó dedicado a sus labores docentes y pastorales y, si bien hay indicios de que enseñó su nueva teología, no pretendió contraponerla a la que enseñaba el catolicismo. Cuando por fin decidió que había llegado el momento de lanzar su gran reto, compuso noventa y cinco tesis, que debían servir de base para un debate académico. En ellas, Lutero atacaba varios de los principios fundamentales de la teología escolástica, y por tanto esperaba que la publicación de esas tesis, y el debate consiguiente, serían una oportunidad de darle a conocer su descubrimiento al resto de la Iglesia. CONTRA EL LUCRO La controversia fue mayor de lo que Lutero se proponía. Lo que había sucedido era que, al atacar la venta de las indulgencias de Juan Teztel en Alemania, Lutero se había atrevido, aún sin saberlo, a oponerse al lucro y los designios de varios personajes mucho más poderosos que él. Según Lutero, si es verdad que el Papa tiene poder para sacar las almas del purgatorio, ha de utilizar ese poder, no por razones tan triviales como la necesidad de fondos para construir una iglesia, sino sencillamente por amor, y ha de hacerlo gratuitamente (Tesis 82). Pero aunque muchos abrigaban tales sentimientos, nadie protestaba, y la venta continuaba. LAS 95 TESIS Lutero clavó sus famosas noventa y cinco tesis en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg. Esas tesis, escritas en latín, no tenían el propósito de crear una conmoción religiosa. Lutero dio a conocer sus tesis la víspera de la fiesta de Todos los Santos, y su impacto fue tal que frecuentemente se señala esa fecha, el 31 de octubre de 1517, como el comienzo de la Reforma protestante y la reafirmación de que la Palabra de Dios es el punto de partida y la autoridad final de la Iglesia y de toda teología. La mayoría de historiadores conviene en que Lutero remitió sus tesis al Arzobispo de Maguncia, al Papa, a algunos amigos y a otras universidades en esa fecha. Con todo, las tesis fueron impresas muy pronto, y antes de 1518 habían sido extensamente leídas por toda Europa. REACCIÓN Y CISMA Su impacto sorprendió al propio Lutero. Las autoridades religiosas vacilaron, sin embargo, en condenar a Lutero. Este último continuará discutiendo con teólogos partidarios de las doctrinas de Roma, por ejemplo, con Johann Eck en la famosa disputa de Leipzig de 1519. Las 95 tesis son finalmente condenadas definitivamente el 15 de junio de 1520 por la bula Exsurge Domine del papa León X. Lutero, entonces abiertamente en conflicto con la Iglesia católica, es excomulgado a principios del año siguiente. El Papa León X exigió que Lutero se retractara por lo menos de 41 de sus tesis, pero el monje alemán, ya famoso en toda Europa, rechazó esta exigencia públicamente en la Dieta de Worms de 1521 jugándose la vida. Era el paso definitivo para lo que luego sería la reforma protestante.

 

http://protestantedigital.com/internacional/25175/La_Reforma_que_trastoco_Iglesia_y_mundo_hace_496_antildeos

ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

Publicado: noviembre 9, 2015 en Literatura

El mundo de Alicia tiene una fuerza hipnotizante porque acude a resortes secretos del lector

Alicia en el país de las maravillas

ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

A través del espejo

Madrid.

 No hay libro que merezca la pena leer a los diez años -dice C. S. Lewis-, que no sea digno de leer a los cincuenta y te resulta incluso mejor que entonces, como ocurre a menudo. Al cumplir medio siglo, me he propuesto volver a las lecturas que realmente han marcado mi vida. Y una de ellas, es sin lugar a dudas, Alicia, que ahora cumple 150 años.


Gil de Biedma aseguraba que a partir de los doce años, no nos sucede nada importante, o por lo menos nada tan importante como nos ha ocurrido hasta entonces. Es como si los cuentos infantiles nos enfrentaran a las cuestiones últimas de nuestra existencia. Hay libros que nos guían, nos iluminan, nos hacen más fuertes, aunque no sepamos siquiera cómo, ni por qué…

Las historias que siempre me han cautivado en la literatura o en el cine, tienen siempre un elemento onírico, que hace que uno no pueda distinguir fácilmente entre el sueño y la realidad. El mundo de Alicia tiene una fuerza hipnotizante, porque acude a resortes secretos del lector, que reconoce inmediatamente una situación, más por su instinto que por su inteligencia. Sus escenarios, más que lugares, son situaciones emotivas, que provocan el extraño sentimiento de reencontrar algo que uno ha vivido.

LA HISTORIA DE UN PASTOR

El pastor y profesor de matemáticas del Trinity College de Oxford, Charles Lutwidge Dogdson, acompañó una tarde de verano de 1862, a su colega, el reverendo Duckworth, w una excursión en barca por el Támesis. Llevaban a las tres hijas del deán de la iglesia de Christ Church, Lorina, Alicia y Edith Liddell. Las niñas aburridas, quisieron oír uno de los estrafalarios cuentos que solía narrar el reverendo Dogdson. Ese día decidió que lo protagonizara Alicia, que acababa de cumplir diez años.

Ante su asombroso argumento, el pastor Duckworth le preguntó si estaba improvisando. Dogdson le dijo que sí, pero que lo estaba ′inventando paso a paso, más por tener que decir algo, que por tener algo que contar′. La historia original se llamaba ′Las aventuras de Alicia bajo tierra′. La niña le pidió al pastor que lo pusiera por escrito y las navidades siguientes, se lo regaló copiado de su puño y letra, acompañado de unos encantadores dibujos. Tres años más tarde lo publicó, bajo el nombre de Lewis Carroll.

Hace 150 años nadie podía imaginar que este cuento infantil iba a tener tanto éxito. En cierta forma el libro abandona a su autor y se hace independiente de sus motivaciones. Poco importa en ese sentido, los sentimientos que tuviera por aquella niña. La obra ha seguido su propio curso. El texto revisado que publico MacMillan en 1865 -omitiendo algunas referencias personales y añadiendo otras narraciones adicionales-, junto a las ilustraciones de John Tenniel, se tituló ′Alicia en el País de las Maravillas′. Le sucedió otro, editado en 1871, ′Alicia a través del espejo′…

UNA MERIENDA DE LOCOS

Decía Cabrera Infante que ′ese modesto clergyman inventó casi él solo toda la literatura de nuestro siglo′. Antes de que Franz Kafkaescribiera una sola línea, ya había gritado la reina de Alicia: ′¡No, no! ¡Primero la sentencia… el veredicto después!′. Se ha señalado repetidas veces el parecido entre la obra de Carroll y la de ′El Castillo′, o ′El Proceso′, pero mientras que el mundo del escritor judío de Praga resulta opresivo y deprimente, el de Alicia es tremendamente revolucionario.

En el mundo de Carroll, lo absurdo se une a lo trágico, como en la vida misma, pero los libros de Alicia, más que enseñar, se burlan de los rituales mismos de la enseñanza -como observa Alberto Manguel-. Cuando es examinada por las Reinas Blanca y Roja (′¿cómo se dice turulululú en francés?′), ella contesta con su ′nosense′ (′Turulululú no es una palabra española′), para exasperación de la Reina Roja (′¿Quién dijo que lo era?′). Denuncia así, la injusticia de la condena del Mensajero del Rey, como la codicia y el despotismo de la Reina (′habrá mermelada ayer y mermelada mañana, pero nunca mermelada hoy′).

Alicia se enfrenta a la aparente insensatez de este mundo (′′no puedes evitar andar entre locos′, le dice el Gato de Cheshire, ya que ′todos estamos locos aquí′). Como dice su traductor, Jaime de Ojeda, ′el mundo del alma es complejo e imprevisible, y la vida nos obliga a atravesar circunstancias no menos complejas e ingobernables′. Es así como ′cada uno procura encontrar su propio camino en esa dicotomía laberíntica del propio ser y de la vida′. Pasamos así, del asombro y el miedo de la infancia, a la indignación ante la idiotez y la hipocresía de la adolescencia, que pone luego en evidencia, como adultos, nuestras infamias y fracasos.

ALGO EN QUÉ CREER

– Empecemos por considerar tu edad… ¿cuántos años tienes?

– Tengo siete años y medio, exactamente.

– No es necesario que digas ′ex-actamente′ -observó la Reina: te creo sin que conste en acta. Y ahora te diré a ti algo en qué creer: acabo de cumplir ciento un año, cinco meses y un día.

– ¡Eso sí que no lo puedo creer! -exclamó Alicia.

– ¿Qué no lo puedes creer? -repitió la Reina con mucha pena; -prueba otra vez: respira hondo y cierra los ojos.

Alicia rió de buena gana: – No vale la pena intentarlo -dijo. Nadie puede creer cosas que son imposibles.

– Me parece evidente que no tienes mucha práctica -replicó la Reina. – Cuando yo tenía tu edad, siempre solía hacerlo durante media hora cada día. ¡Cómo que a veces llegué hasta creer en seis cosas imposibles antes del desayuno!

¿Por qué algunas personas pueden creer cosas que a otros les parecen increíbles? En el mundo al revés de la Reina Blanca, la fe es sólo cuestión de esfuerzo. Pero al otro lado del espejo, nosotros, como Alicia, no lo vemos tan sencillo. No es lo mismo, la fe que lo que nos gustaría creer. No ver la diferencia es confundir la realidad con la fantasía.

Podemos mantener la respiración y cerrar los ojos, pero eso no es fe. Es hacernos creer algo. Y por definición, algo que tienes que esforzarte en creer, no puede ser verdad, porque la realidad se impone a sí misma. Los cristianos creen cosas extraordinarias: ¡Dios hecho hombre, andando sobre la tierra! Sin embargo, no parece que se tengan que esforzar en creer lo imposible. ¿Son más ingenuos que otros? No hay duda que algunos lo son, pero la credulidad no es lo mismo que la fe.

EL ENIGMA DE LA FE

¿En qué consiste el enigma de la fe?, ¿por qué algunos la tienen y otros no? ¿Qué no pueden creer, los no creyentes?, ¿por qué nosotros, sí? La fe se basa en la revelación de una verdad en la que podemos confiar. La cuestión como solía decir José Grau, no es si creemos en Dios, o no, sino en qué Dios creemos…

– Cuando yo uso una palabra -insistió Tentetieso (Zanco Panco en algunas versiones) con un tono de voz más bien desdeñoso- quiere decir lo que yo quiero que diga…, ni más ni menos.

– La cuestión -insistió Alicia- es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

– La cuestión -zanjó Tentetieso- es saber quién es el que manda…, eso es todo.

Si la salvación dependiera de nuestra capacidad para creer, los que tienen más imaginación, tendrían ventaja. Es Dios quien nos da seguridad. No es cuestión de esforzarse. Si no, alguno seguiríamos pensando como Alicia: ′simplemente, no puedo creer cosas imposibles′.

La fe no es cuestión de superación, sino de gracia divina: ′Ninguno puede venir al Padre, si el Padre que me envió no le trajere′ (Juan 6:44). Es su Voz, la que nos llama. Y esa viene con la autoridad de Él mismo.

Ese llamamiento eficaz del que habla la teología, es por el que Dios concede la fe a hombre y mujeres, no con la crueldad del violador, sino con la atracción del amante. Lo hace iluminando su Palabra, al abrir nuestro entendimiento y tocar nuestro corazón, liberando nuestra voluntad. Abrazamos así, por la fe, Aquel cuya Palabra es Verdad. Aunque parezca demasiado buena, para ser cierta…

http://www.entrelineas.org/leer.asp?a=alicia-en-el-pais-de-las-maravillas