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Ilustrador británico desnuda con ironía y ojo crítico la dependencia de los jóvenes a la tecnología, la explotación laboral y otros temas de interés actual.

Con un estilo similar al usado en la década de los 50, el ilustrador británico John Holcroft critica con ironía los grandes problemas y vicios de la sociedad moderna.

Desde la dependencia de los jóvenes a la tecnología hasta la codicia y el sedentarismo, nada escapa a la pluma de este artista, que ha trabajado para importantes publicaciones como Financial Times, The Guardian y Reader’s Digest, informó la web Bored Panda.

Puedes ver más del trabajo de John Holcroft en su cuenta de Facebook y en su página web oficial. ¿Cuál es tu ilustración favorita?

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La dependencia a la tecnología y la soledad de las personas. (Ilustración: John Holcroft)

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Las empresas y la explotación a los trabajadores. (Ilustración: John Holcroft)

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Los likes en Facebook: Una forma de subir el ego. (Ilustración: John Holcroft)

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Funcionarios cortados por la misma tijera. (Ilustración: John Holcroft)

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La adicción al tabaco. (Ilustración: John Holcroft)

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¿Es esto todo lo que se necesita para ser feliz? (Ilustración: John Holcroft)

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Contratos esclavizantes (Ilustración: John Holcroft)

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El sedentarismo y la caja boba. (Ilustración: John Holcroft)

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El sistema de salud y el dinero (Ilustración: John Holcroft)

 

http://peru21.pe/vida21/problemas-era-moderna-traves-mirada-john-holcroft-fotos-2206144/2#foto-gal

 

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Los templos más raros del mundo

Publicado: mayo 28, 2012 en Arte, Cultura

Por arquitectura o ubicación

Los templos más raros del mundo

Catedral subterránea en el interior de unas antiguas minas de sal, a 25 km. de Bogotá, Colombia.
No sólo fieles, sino que muchos turistas visitan estas iglesias entre las más raras del mundo en Islandia, Rusia, Grecia, Noruega, EEUU, Argentina, Brasil y Colombia.

MADRID

 Son edificios en ocasiones tan espectaculares que parecen hechos por ordenador e ideados para una superproducción americana. Se trata de templos raros, que no sólo atraen a fieles sino también a turistas que aprecian su originalidad.

Este es el caso de la  iglesia de Halgrimur en Reykjavík en Islandia . Esta iglesia luterana no sólo llama la atención por su original diseño, sino también porque con sus casi 75 metros de altura, se configura como el edificio más alto del país. Con estas dimensiones no es de extrañar que tardaran en construirla 38 años.

La iglesia de  Stykkishólmur, situada a 60 kilómetros del Círculo Polar Ártico , es otra de las maravillas del país. Con luces que cuelgan del techo en su interior y con una arquitectura casi alienígena, este edificio construido por el arquitecto Jon Haraldsson no sólo es atractivo en sí mismo, sino también por el entorno que lo alberga: un pequeño pueblo pesquero al norte de Islandia.

 MÁS EJEMPLOS
La silueta de la  Iglesia de Paraportiani, en Mykonos Grecia , completamente blanca, mezclándose en el profundo azul del mar y el cielo, en realidad no es una iglesia sino un conjunto de cinco capillas levantadas a lo largo de la historia de esta isla mediterránea.

Los templos más raros del mundo
Por arquitectura o ubicación. No sólo fieles, sino que muchos turistas visitan estas iglesias entre las más raras del mundo en Islandia, Rusia, Grecia, Noruega, EEUU, Argentina, Brasil y Colombia.

La  iglesia de Borgund, en Noruega,  está construida en madera y la revista Nathional Geographic la recomienda como una de las maravillas del país. Los detalles de su interior y su ubicación entre montañas, convierte en una aventura su visita.

Construida por Iván el Terrible,  la iglesia de San Basilio , imponente y colorida, es uno de las iglesias más curiosas del mundo y cuenta además con un asentamiento privilegiado: una de las plazas más grandes del mundo, la  Plaza Roja de Moscú .

Francia y Alemania poseen algunas de las iglesias más extravagantes, debido a su ubicación. La Capilla Bruder Klaus, situada en mitad del campo de Meternich al sur de Alemania, es un muro de hormigón que fue construido por los agricultores de la zona y de acceso casi imposible;  la Iglesia de Saint Michelle de Aiguilhe , se encuentra situada en la cima de una escarpada montaña.

 DEL OTRO LADO DEL MAR
Cruzando el Atlántico, en países como Brasil, Estados Unidos, Argentina o Colombia, se encuentran algunas maravillas de la arquitectura religiosa. Este es el caso de la  Iglesia Verde de Buenos Aires , cubierta de vegetación como si de un árbol se tratase, conocida popularmente como el “Huerto de los olivos”.

En Brasil,  la Catedral de Brasilia contrasta con la Río de Janeiro,  que bien podría ser una pirámide de la ciudad mexicana de Teotihuacán.

Pero quizás los estadounidenses, excesivos en todo, se lleven la palma. Por ejemplo, la Capilla en el Rock, en Arizona, es literalmente eso, una capilla incrustada en una roca.  La Iglesia de San Francisco de Asís en Nuevo México , es una estructura de adobe, como si de un dolmen se tratase, situada en mitad del desierto, o la  Trandsetters Iglesia en Phoenix, Arizona , parece un platillo volante, venido directamente del espacio exterior.

Pero nada es comparable con una  catedral subterránea construida en el interior de unas antiguas minas de sal de una montaña, a 25 kilómetros de Bogotá, Colombia.

Fuentes: El Economista

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Chagall, Jesús y la cruz

Publicado: abril 3, 2012 en Arte, Cultura, Espiritualidad

José de Segovia Barrón

Chagall, Jesús y la cruz
En su casa no había imagen alguna, pero pintó cien veces la cruz como símbolo universal del sufrimiento.
 Sorprende que un judío como Marc Chagall (1887-1985), tenga tal obsesión por la cruz, que llene muchos de sus cuadros con la figura misma del crucificado. Algunos se pueden ver en la exposición que ahora le dedica el Museo Thyssen y la Fundación Caja Madrid. El artista creció en la comunidad judía de Vitebsk –la actual Bielorrusía–, donde predominaba un jasidismo que prohíbe representar nada de lo creado. En su casa no había imagen alguna, pero pintó cien veces la cruz como símbolo universal del sufrimiento. No era fácil la vida para un judío en medio de las dos guerras mundiales y la revolución soviética. El mayor de nueve hermanos de una familia de origen levítico –su nombre es Shagal o Segal–, que vive del comercio del arenque –por eso pinta con frecuencia tantos pescados–, mientras su madre lleva una tienda de ultramarinos en casa. Cada mañana su padre va a la sinagoga, antes de trabajar, cargando pesados barriles –cuenta Chagall en  Mi vida,  su autobiografía–.

En aquella época, los judíos no tenían acceso a la educación rusa. Su formación era por lo tanto en una escuela religiosa judía, donde aprende hebreo con la Biblia. “Desde mi más temprana infancia, he sido cautivado por la Biblia” –le cuenta a su biógrafo Franz Meyer–. “Siempre me ha parecido la mayor fuente de poesía de todos los tiempos”. Tal fascinación le produce, que dice: “Yo no veía la Biblia, la soñaba”.

Logra entrar con un pasaporte falso en una academia de arte de San Petersburgo, pero en 1910 se establece en París, donde mantiene el folklore ruso y la espiritualidad jasidica. Vuelve a su pueblo, se casa y llega la revolución. Al regresar a Francia, tiene a Ambroise Vollard como marchante –que se encarga de la obra de Cézanne, Renoir, Picasso, Gauguin y Van Gogh–. Es él quien le pide que ilustre el Antiguo Testamento, viajando a Palestina en 1931.

 EL SUFRIMIENTO DEL CALVARIO 
 Chagall veía la Biblia como “historia humana”. Para él, “Cristo era un gran poeta, cuya enseñanza se ha olvidado en el mundo moderno” –dijo a la  Revista Partisana  en 1944–. Lo imagina como “un Jesús pre-cristiano”. Le dice a su hijo David después, que, para él, está en la línea de los grandes profetas judíos. En 1912 hace una obra Dedicada a Cristo,  que hoy conocemos como Calvario.  En el centro de la pintura coloca a Jesús crucificado, junto a Juan y María. José de Arimatea lleva una escalera y el cuerpo desnudo de Cristo está tapado por un chal de oración judío.

En sus representaciones del Antiguo Testamento incluye ya cruces, pero  a partir de la persecución nazi, ve en la crucifixión el sufrimiento del mundo.  Lo refleja como en un espejo. No es que esté concentrado en él, ni le sea transferido, para hacer un sacrificio, sino que forma parte de lo que considera “el destino permanente del hombre”.

 En  La crucifixión blanca  (1938), los judíos huyen de los nazis, mientras Jesús cuelga sobre ellos en la cruz. Está tapado con lo que parece un  tallith  por sus rayas negras, mientras sus píes se queman sobre un candelabro de siete brazos . Debajo una sinagoga arde, los rollos de la  Torah  se convierten en antorchas y los ancianos se lamentan. Y ¿qué hace Cristo para protegerles?

Chagall dice que “el hombre en el aire, que hay en mis pinturas, soy yo” –afirma en una entrevista de 1950–. En la vida y en el arte, el artista flota sobre la adversidad. Y parece que también sobre las distinciones humanas. En su experiencia y su obra, quiere ser nos sólo ruso para los rusos, o francés para los franceses, sino también judío para los judíos, y cristiano para los cristianos. ¿Se identifica entonces Chagall con Jesús?

 EL MESÍAS DE LOS JUDÍOS
 En  La crucifixión amarilla  (1943), Jesús lleva las filacterias de un devoto judío y sostiene el rollo de la  Torah  en su mano derecha, rodeado de un grupo de judíos que huyen en su sufrimiento. Durante la guerra empieza a pintar su famoso tríptico de  Resistencia, Resurrección y Liberación .  En el primero un judío con la  Torah  está de píe a la izquierda de la cruz, una mujer con un bebé extiende sus brazos al crucificado y Chagall cae boca abajo, junto al cuerpo de Jesús, como si él mismo fuera crucificado.

Después de la guerra, los judíos tienden a ver estas crucifixiones como un símbolo del sufrimiento judío, que no tiene carácter mesiánico alguno, hasta que el artista pinta la cruz detrás de la escalera de Jacob. En el catálogo de la exposición, Chagall le añade una cita de su amiga Raissa Maritain, convertida al catolicismo, que dice: “El Antiguo Testamento es precursor del Nuevo, y el Nuevo cumplimiento del Antiguo”.

Esto se hace aún más evidente en su representación del  Éxodo  de 1955. En este oscuro cuadro, se levanta la cruz en la esquina superior izquierda. En su famoso  Sacrificio de Isaac , Jesús está llevando la cruz, superpuesto en el fondo. El rojo que se derrama desde la cruz sobre la figura de Abraham, sugiere la idea de un sacrificio de sangre. Esa imagen de Isaac prefigurando a Cristo, aparece incluso en los tapices que hace para el Parlamento de la Knesset en Jerusalén.

 VARÓN DE DOLORES
 El registro de la Pasión no sólo ocupa gran parte de los evangelios. Está ya anunciada en el Antiguo Testamento. Jesús es presentado como el Varón de Dolores anunciado por  Isaías  53:3. Cristo conoció el sufrimiento antes, pero a partir de Getsemaní “se entristece y angustia en gran manera” ( Mateo  26:37), diciendo: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (v. 38) . En contraste con la dulce calma y paz del aposento alto, Jesús está alarmado ante la horrible perspectiva de un tormento sin igual, que le sobrecoge.

La muerte de Jesús no tiene nada que ver con la forma en que Sócrates bebe la copa envenenada. Su actitud no es serena y calmada. Los héroes, además, que los judíos admiraban, como los macabeos, se enfrentan a la muerte con gesto desafiante, presentando sus miembros para ser amputados. Cristo sin embargo aparece agitado y en completa agonía ( Lucas  22:44), pidiendo al Padre si no hay forma de evitar su muerte (v. 42). ¿Por qué tantos “ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas” ( Hebreos  5:7)?

 La muerte de Cristo es diferente a cualquier otra, porque no sólo experimentó un dolor terrible –tres horas sofocado y desangrado–, sino que esa muerte física supuso una muerte espiritual . Lo que la Biblia llama la muerte eterna, la maldición de ser separado de Dios. Cuando clama a Él, gritando “¿por qué me has desamparado?” ( Mateo 27:46), muestra la agonía de la ruptura que se produjo en el propio corazón de Dios. Verdaderamente –como el Credo Apostólico dice–, sufrió los tormentos del infierno.

 REDENCIÓN Y SUFRIMIENTO
 Jesús entró en la oscuridad, para que nosotros no tengamos que pasar por ella. El dolor físico que todavía sentimos, no se puede comparar con la experiencia espiritual de abandono cósmico que Cristo sufrió. En la cruz padeció un dolor que excede el que nosotros podamos conocer y soportar. Es por eso que el cristianismo es la única fe sobre la faz de la tierra que proclama que Dios se hizo verdaderamente hombre, para experimentar de primera mano nuestra desesperación, soledad, rechazo, angustia y muerte .

¿Por qué Dios permite el sufrimiento? No tenemos la respuesta a esa pregunta, pero  miramos la cruz de Jesús y sabemos que por lo menos no es indiferente a nuestro dolor . Dios lleva así nuestra miseria. Es verdaderamente Emmanuel –Dios con nosotros–, incluso en la hora más oscura, pero por su resurrección sabemos que nuestro sufrimiento no es en vano. Su victoria frente a la muerte, no sólo nos trae consolación, sino el anuncio de la restauración de la vida.

 Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, donde ya no habrá muerte, llanto, clamor, ni dolor ( Apocalipsis  21:4) . Porque Dios mismo estará con nosotros, limpiando cada lágrima. Será la renovación de todas las cosas, cuando el Hijo del Hombre esté sentado en su trono de gloria ( Mateo  19:28). La Creación danzará entonces, como en los cuadros de Chagall.

Autores: José de Segovia Barrón

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Con 48 años

Murió Whitney Houston, voz del gospel que atravesó el infierno de la droga
La noche antes de morir, entonó su última canción en público: “Sí, Jesús me ama”.

12 DE FEBRERO DE 2012, LOS ÁNGELES

 La cantante que popularizó el tema “I Will Always Love You” había reservado una suite en el Beverly Hilton porque iba a acudir a la fiesta que había organizado allí el productor musical Clive Davis, un evento anual que reúne a muchas estrellas de la canción y que se celebra en la víspera de la gala de los Grammy.

Houston, que tenía 48 años de edad, fue encontrada el pasado sábado con la cabeza sumergida bajo el agua en la bañera de su habitación y se especula con que pudiera haberse quedado dormida por los efectos de un ansiolítico que utilizaba habitualmente para calmar la ansiedad.

  La policía encontró botes con pastillas de este medicamento (Xanax) pero no hallaron sustancias ilegales.
   UNA NIÑA EVANGÉLICA
   Whitney asistió desde niña a una iglesia evangélica bautista,  donde pronto destacó por su voz, participando en el coro de la iglesia (la “New Hope Baptist Church” de Newark, New Jersey,) . Su madre, la directora del coro, era Cissy Houston, cantante de góspel que hizo coros para la Reina del soul, Aretha Franklin, y prima de Dionne Warwick .
  Ya a la edad de 11 años Whitney participó como cantante solista en Convenciones bautistas; hasta que fue “cazada” por un buscatalentos en 1983 que la llevó a la cima de la fama como cantante profesional.
   EN LA CIMA Y EL ABISMO
   En la cima de su carrera la estrella protagonizó en 1992 junto a Kevin Costner el filme “El guardaespaldas”, que supuso un enorme éxito –posiblemente el mayor de su carrera-.
  Y no fue por su actuación, sino porque  con “El guardaespaldas” llegó la canción “I Will Always Love You “, original de la cantante country Dolly Parton, ganadora de un Oscar, que  ha pasado a la memoria colectiva como una de las bandas sonoras más célebres de la historia .
  Pero  a partir de entonces inició una cuesta abajo en la que influyó además como un lastre un matrimonio tormentoso con Bobby Brown en 1992 . Su boda implicó además una paulatina separación de Whitney respecto a su madre, a la que hasta el momento se había sentido muy unida. El divorcio llegó en 2007 tras una progresiva decadencia profesional y en su estilo de vida.
  Durante todo este tiempo, llegó a ser pública su reconocida adicción a las drogas, llegando a la ruina social, económica y moral, pasando días viviendo en lugares marginales y en callejones abandonados de Estados Unidos junto a adictos de la heroína y el crack, donde fue fotografiada.
   UN CAMBIO ESPIRITUAL
   En 2009 inició una nueva etapa de su vida , centrada en su rol como madre y como hija: “Mi madre se está haciendo mayor. Quería pasar más tiempo con mi madre porque durante la mayor parte de mis veinte y treinta años estaba ocupada en grabar discos, viajar por el mundo y ser un icono, ya sabes, lo que sea que signifique eso”, declaró entonces.
   Después de atravesar la crisis profunda que siguió a su complejo y polémico divorcio con Bobby Brown, Whitney se refugió en su fe en Jesús,  volviendo a las raíces de su vida musical, surgida del gospel en iglesias evangélicas. “Le doy gracias a Dios por el cariño de la gente, pero también por Su amor. Le agradezco que nunca me abandonara” fueron sus declaraciones a los medios.
   Lanzó en esta época “Te miro a Tí” (I Look to You), el que a la postre ha sido su último álbum. En él hablaba de mirar a Dios en medio de las circunstancias difíciles de la vida . Whitney Houston hablaba en una de las canciones que tras “estar perdida” con la vida sumida en “tormentas de invierno”, necesitaba “que tu luz brille sobre mi”, y entonces “te miro a Ti”.
   SU ÚLTIMA CANCIÓN: “JESÚS ME AMA”
   La última canción que interpretó Whitney Houston en público fue la noche antes de morir, y llevaba el título de «Sí, Jesús me ama».
  Fue el viernes pasado, en un concierto de Kelly Price & Friends previo a la entrega de los Grammy. Se subió al estrado espontáneamente y entonó la canción a capela.
  Quienes la admiraban como artista y son creyentes seguro que esperan que allá donde ahora está pueda experimentar la realidad del título de esta última canción.

© Protestante Digital 2012

La duda y el secreto de El topo

Publicado: enero 19, 2012 en Arte, Cine

José Segovia Barrón
¿Cómo hablar de la verdad a una generación a la que ya no le interesa la solución a los enigmas, sino en quién poder confiar?

 

 La mejor película británica del año –según algunos críticos– está hecha por un sueco, Tomas Alfredson. El director de  Déjame entrar  ha sorprendido a los ingleses con una fiel adaptación de la novela de espías de John Le Carré,  El topo.  Convertida en una serie de televisión a finales de los setenta –protagonizada por Alec Guiness–, el film recupera prodigiosamente el ambiente de aquella época. Lo que a Le Carré le interesa sin embargo de la Guerra Fría, no es el conflicto ideológico, sino la duda que produce la desconfianza, que nos muestra al ser humano como alguien solo y vulnerable.

Un topo es un agente doble, que actúa infiltrado en este caso en el servicio secreto británico –donde trabajó Le Carré–, a favor de los rusos. La novela fue publicada en inglés con el título de un juego infantil – Tinker, tailor, soldier, spy – en 1974, una década después de que se descubriera que Kim Philby y otros altos oficiales del M16 estaban dando información a los soviéticos. Es evidente que el escritor, que era ya conocido por su tercera novela – El espía que surgió del frío  (1963), adaptada al cine dos años después, bastante correctamente por Martin Ritt y Richard Burton–, pensaba en su antiguo colega, Philby, como  el topo.

La película cuenta con la colaboración del octogenario novelista, que proporcionó detalles sobre muchos aspectos del funcionamiento del M15 y M16. El estilo frío pero melancólico del cineasta sueco se adapta como un guante a este thriller cerebral, donde cada gesto está estudiado. La matizada interpretación que hace Oldman de Smiley –el antihéroe que protagoniza muchos de los libros de Le Carré–, recuerda a Guiness, no sólo en las gafas y corte de pelo, sino en su soledad, introversión y elegancia. El personaje transmite una extraña sensación de abatimiento controlado, con la mirada taciturna e inquietante, que acompaña su dicción pausada.

 LOS DISFRACES DE LA TRAICIÓN
 El envejecido John Hurt –jefe de la cúpula del M16, conocido por el nombre de Control– advierte que “no se fíe de nadie”, a un joven agente de confianza, que envía en una misión a Hungría –Checoslovaquia en la novela, que leí de adolescente–, para descubrir al  topo .  Algo falla inesperadamente y Control es expulsado de la cúpula, junto a su lugarteniente Smiley, que es llamado de nuevo para desenmascarar al agente doble.

El número de sospechosos se reduce a cinco: el ambicioso personaje interpretado por Toby Jones (“el calderero” del título original), el elegante galán Colin Firth (“el sastre”), el implacable Ciaran Hinds (“el soldado”), el solícito David Dencik (“el pobre”), y para su sorpresa, Control incluía también en su investigación al propio Smiley (“el espía”), que tiene como ayudante a Benedict Cumberbatch (el peculiar actor que interpreta ahora la sorprendente serie que ha hecho la BBC de Sherlock Holmes).

La sutil música del español Alberto Iglesias acompaña la intrigante trama de conspiración y traición, que desarrollan unos lacónicos diálogos, conformando un ambiente de sospecha y ansiedad realmente enervante. Todo en torno a Smiley resulta falso: la información que supuestamente Jones ha descubierto, la pretendida lealtad al país de uno de ellos, y la fidelidad de una esposa, que le engaña continuamente. No hay nada genuino. Esto provoca la aflicción que demuestra su lúgubre rostro.

 EL PESO DEL DESENCANTO
En el libro de conversaciones con John Le Carré de la Universidad de Mississippi, el escritor dice que “Smiley es alguien entregado a la duda, en ese sentido, una figura totalmente contemporánea”. Esa es la explicación por la que una película así, sobre el final de la Guerra Fría en 1973, fascina a tantos, todavía hoy. Su intriga complicada y turbia nos presenta un héroe realmente postmoderno. A Smiley no le interesan las ideologías. Le preocupa más la confianza que la verdad.

 Esta excelente película, densa, compleja y sutil, revela la autenticidad encubierta tras la impostura de los disfraces de la traición . Es un film básicamente atmosférico, donde más que resolver misterios y desvelar identidades ocultas, lo que importa es sentir el peso del desencanto. Ya que el cansancio de Smiley nace de un hastío vital.

 En una sociedad donde disponer de más información no equivale a conocer mejor a las personas, todo se rige por el principio de la incertidumbre. ¿Cómo hablar de la verdad a una generación a la que ya no le interesa la solución a los enigmas, sino en quién podemos confiar? El cristianismo presume de conocer la verdad absoluta, pero carece de la confianza que haga que muchos estén dispuestos a escucharla.

 ¿VERDAD O CONFIANZA?
 La verdad que debemos presentar al mundo no es quiénes somos los cristianos, sino quién es Aquel, cuya verdad nos hace libres ( Juan 8:32 ). La imagen que muchos tienen del cristianismo hoy es terriblemente narcisista, tan ocupado en lo que hace, en sus logros espirituales y morales, totalmente absorto en sí mismo . La mirada que nos libera, sin embargo, es la que nos aparta de nosotros mismos, para ver al “Autor y consumador de la fe” ( Hebreos 12:2 ). Es Él quien merece toda nuestra confianza.

La principal diferencia entre el efecto práctico que produce la traición que la Biblia llama pecado, y la buena noticia del Evangelio, es que uno nos hace mirar hacia dentro, y otro hacía fuera. Cuando pensamos en nosotros mismos, nuestros errores y logros, buenas o malas obras, fuerza o debilidad, lealtad o traición, nuestra confianza flaquea, como la de Smiley. La fe viene cuando “ponemos nuestros ojos en Cristo”.

 La introspección que nos hace centrarnos en nosotros mismos no es el autoexamen que fomenta la Biblia. La Ley nos hace ver la realidad de lo que somos, pero el Evangelio nos hace confiar en Cristo . No es en nosotros que encontramos valor, fuerzas y capacidad. Es en Jesús, que encontramos seguridad.

 LA GRACIA DE OLVIDARSE DE UNO MISMO
 Pablo se veía al final de su vida como “el menor de los santos” ( Efesios 3:8 ) y “el mayor de los pecadores” ( 1  Timoteo  1:15 ). Su crecimiento espiritual consistía en una mayor dependencia de Cristo y su misericordia . Porque el objetivo de la vida cristiana no es que podamos llegar al momento en que necesitemos menos a Cristo, porque seamos ya mejores. Es poder decir como aquel viejo pastor en su lecho de muerte: “estoy seguro que voy al cielo, porque ya no recuerdo ninguna buena obra que haya hecho”. Conocer la gracia de Dios es olvidarse de uno mismo.

El énfasis en la Biblia no es en la obra de los redimidos, sino en la obra del Redentor. Ese el mensaje que tenemos que anunciar al mundo: no lo que hacemos los cristianos, sino lo que Cristo hace. Esa es la esperanza que nuestra sociedad necesita, la verdad que merece toda confianza.

Los cristianos también necesitamos esa seguridad, para enfrentarnos a nuestras dudas secretas: la confianza que no viene de nuestra fidelidad, sino de la fe en Cristo Jesús.  El creyente es el que ya no se mira a sí mismo, piensa en lo que era antes y lo que es ahora, como resultado de sus esfuerzos, sino que ve a Jesús y su obra, descansando sólo en ella. Esa es la verdad que nos libera: Aquel en quien podemos confiar, y olvidarnos de nosotros mismos.

Autores: José de Segovia Barrón

©Protestante Digital 2011

Cautivos del mal con William Golding

Publicado: noviembre 22, 2011 en Arte, Cine, Literatura

José de Segovia Barrón

Cautivos del mal con William Golding

El señor de las moscas es Beelzebú, un nombre del diablo en la Biblia.

22 DE NOVIEMBRE DE 2011

 Cien años después del nacimiento del autor de  El señor de las moscas,  William Golding (1911-1993), sus obras todavía nos enfrentan a la oscuridad del corazón humano. Al Premio Nobel de Literatura de 1983, le rechazaron su libro veintiún editoriales, hasta que un valiente editor publicó su novela en 1954, que arremete contra el mito contemporáneo de la bondad innata del hombre. El escritor de Cornualles escribe esta historia al volver de la segunda guerra mundial, donde participó en el desembarco de Normandía y la persecución, que llevó a la destrucción del acorazado Bismarck. Regresó entonces a su trabajo como maestro de escuela, cuando comenzó a escribir las notas del libro que llamó  E x traños desde el interior.  En él refleja sus experiencias en la guerra, pero también en el patio del colegio, por las que descubre que “el hombre produce mal, como la abeja miel”. La historia nos coloca ante la famosa pregunta de qué haríamos si estuviéramos perdidos en una isla . Piensa para ello en un lugar idílico como las islas de coral, y unos personajes tan inocentes como un grupo de niños. El resultado no puede ser más devastador. Si nuestro mundo confía con el ilustrado Rousseau que el hombre nace naturalmente bueno, pero es la sociedad quien lo corrompe, la alegoría de Golding nos demuestra lo contrario. Es por eso que  nadie quiso publicar su libro al principio. Les pareció terrible, aunque es tan real como la vida misma.

 PEQUEÑOS SALVAJES
 Cuando leí  El señor de las moscas  en el colegio, me pareció que estaba contando mi vida entonces . Recuerdo la escuela como un lugar de enfrentamiento brutal entre chicos. Unos pugnan por dirigir la pandilla –Ralph y Jack en la novela–, pero la mayor parte hace cualquier cosa para ser aceptado por los demás. Como el personaje de Golding, Piggy (Cerdito), yo me sentía más inclinado a la actividad intelectual que al ejercicio físico, y aunque no tenía problema de sobrepeso, a los doce años también llevaba gafas. Como él, me debatía entre la protección del líder y el camino solitario de Simon –una figura casi crística–.

 Si alguien piensa que el niño es puro e inocente, es que se ha olvidado de sus días de escuela . ¡Quién no se acuerda de la brutalidad de los chicos en un patio de colegio!, ¡o la presión por conformarse al grupo! Mi padre solía decir que las peores cosas las había aprendido en un centro religioso. ¿Está el problema, entonces, en la educación?, ¿o es el sistema el que corrompe al individuo?

Golding escoge por eso un entorno paradisiaco –como es la isla del Pacifico, donde se estrella el avión de los niños–, para mostrar nuestra relación con el mal. Si en el clásico de Ballantyne – La isla de coral  (1857) –, tres jóvenes marineros salvan a una mujer de la barbarie de un nativo que estrella a su bebé, para ayudar luego a unos misioneros a que se conviertan los indígenas, Golding imagina a los chicos convertidos en salvajes, parodiando la novela colonial hasta en los nombres deJack y Ralph.

 EL SEÑOR DE LAS MOSCAS EN EL CINE
 Peter Brook lleva  El señor de las moscas  al cine –en una versión que ha publicado ahora la Fnac de 1963– como un documental . La evidencia se la proporcionan en este caso un grupo de niños sin formación dramática, a los que pide que actúen sin inhibición alguna, soltándolos en una isla, al lado de Puerto Rico. Brook creía que no tardarían un fin de semana en comportarse como los niños del colegio de Salisbury, donde enseñaba Golding cuando escribió la obra: o sea, como auténticos salvajes.

La película que más fácilmente se puede encontrar en DVD, y se ha visto con frecuencia en televisión, es de 1990 –la dirigió Harry Hook–. Al ser en color, es mucho más atractiva. Su problema es que nunca creemos que los niños hayan sido inocentes. Como es norteamericana, los niños pasan de ser escolares británicos a convertirse en cadetes de una academia militar estadounidense. Se sugiere incluso un pasado criminal en algunos de ellos, como cuando se dice que Jack ha robado un coche, siendo detenido por exceso de velocidad. Los niños piensan en los programas de televisión que se están perdiendo. Cambian así el apodo de Piggy por el nombre de la cerdita de los  Teleñecos,  y convierten a Ralph en Rambo.

La violencia en la novela nace de las profundidades del hombre. Por eso cuando son encontrados por un barco, pintados como salvajes, los adultos piensan que los niños han estado jugando, pero “Ralph llora por las tinieblas de su corazón”. El paraíso de Golding no es de naturaleza darwiniana, sino teológica. Nos lleva a Milton y su trasfondo cristiano. El señor de las moscas es Beelzebú, un nombre del diablo en la Biblia. ¿Se nos está planteando aquí la Caída del hombre, como el relato bíblico de la expulsión del Edén? ¿En qué creía Golding?

 MÁS ALLÁ DEL PESIMISMO
Hijo de un maestro socialista de extraordinaria fe en la ciencia, Golding estudió ciencias naturales en Oxford, para complacer a su padre –que era profesor de ciencias–, hasta que decidió hacer literatura inglesa. De hecho,  su siguiente novela,  Los herederos,  nos muestra la maldad de la naturaleza humana en una familia de neandertales , que se enfrenta al homo sapiens para ganar la carrera de la evolución. La historia está narrada por la voz prehistórica de Lok, que cuenta la desaparición de los neandertales ante los sofisticados cromañones. El altruismo de los primeros es aplastado por la violencia destructiva de los vencedores, desde cuya perspectiva se concluye el relato.

Estaba estudiando en el extranjero, cuando leí su tercera novela,  Martín el naúfrago (1959). Basada en los acontecimientos reales ocurridos a un oficial de Marina, cuando su barco es torpedeado, el libro es una auténtica parábola de la necesidad de limpieza del hombre . Su lectura inspiró al cantante Bono de U2, la canción  White As Snow  ( Blanco como la nieve )  – en su disco del año 2009,  No Line on the Horizon–. 

Conocí  Caída libre  en la edición argentina de Losada. Su lectura provoca tal perplejidad en la crítica española de 1968, que Domingo Pérez Minik escribe: Cuando terminamos la obra ignoramos si William Golding es un católico, como muchas veces se ha escrito. Su catolicismo no tiene nada que ver con el de Newman, Chesterton o Graham Greene. Habrá que meterlo en el Purgatorio para que nos diga la verdad, si es capaz de resistirlo. Sería muy discutible aplicar el nombre de literatura negra a esta obra. Hay un viento de esperanza que lo inunda. O se trata de un cristiano o de un marxista renegado.”

 IRRECONOCIBLES
 A pesar de su reputación de pesimista, Golding cree que “el bien vencerá finalmente al mal” –como dice en un libro de entrevistas de 1962–. La cuestión es: ¿cómo será esto posible? Uno de los primeros libros que leí de él también es  Ritos de paso.  Lo compré cuando Alianza lo publicó –como  El señor de las moscas – en 1980. Es una novela de mar, que inicia una trilogía –que ahora ha llevado a la televisión la BBC–, que muestra la vida en una nave al final de las guerras napoleónicas.

Aunque yo no sé nadar y me mareo en los barcos, siempre me han atraído estas historias de personajes en un espacio cerrado en medio del océano. Porque muestran un universo moral, como las obras de Melville ( Moby Dick,   Benito Cereno ) o Conrad ( El corazón de las tinieblas, La línea de sombra, Lord Jim ), que revela la complejidad del corazón del hombre. Una secuencia de acontecimientos, aparentemente irrelevantes, nos llevan al momento crítico en que nos vemos obligados a repasar nuestra vida, para intentar entender cómo hemos llegado hasta aquí.

Como en  Caída libre o La pirámide  (1967), es como si nos deslizáramos por una pendiente imperceptible, que nos convierte en seres irreconocibles para nosotros mismos. Al final de la primera obra que publicó tras el Premio Nobel –  Los hombres de papel  (1984) –, Golding observa que “no comprendemos muchas de las cosas que hacemos, ¿verdad?”. En  La oscuridad visible  (1979) dice: “No somos inocentes. Somos algo peor que culpables. Somos ridículos.”

 CULPABLES, ¿DE QUÉ?
 Cuando uno ve el proceso doloroso de auto-comprensión que siguen los personajes de Golding, al contemplar como en un espejo su deformidad moral, uno no puede menos que pensar en las palabras del apóstol Pablo en  Romanos  7, cuando dice: “no entiendo lo que me pasa, pues no hago lo que quiero sino lo que aborrezco” ( v. 15 ). Descubre así el religioso judío que en él “nada bueno habita”. Ya que “aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo” ( v. 18 ).

Es más “de hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero” ( Ro. 7:19 ). Puesto que “el pecado habita en mí” ( v. 20 ). El diagnóstico bíblico no es fácil de aceptar, ya que nadie quiere asumir su culpa. Para escapar de ello, se busca como en las novelas de Golding, un chivo expiatorio para nuestra maldad. Nos consolamos con la idea de que “todo el mundo es bueno, excepto tal vez Hitler, Stalin o Gengis Kan”.

 En  El señor de las moscas,  el mal viene de ese monstruo –que se denomina con uno de los nombres bíblicos del diablo–, pero el enigmático personaje de Simon carga el peso de la culpa, como el pastor que muere de vergüenza en  Ritos de paso. En esas figuras crísticas encontramos ecos del Evangelio que nos anuncia que por la muerte de Otro, podemos reconocer nuestra miseria y dar “gracias a Dios por Jesucristo nuestro Señor” ( Ro. 7:24 ), que ha llevado nuestra culpa. Por lo que “no hay condenación para los que están unidos a Cristo Jesús” ( 8:1 ).

Autores: José de Segovia Barrón

©Protestante Digital 2011

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Ben Sternke

What emotions are you feeling as you see this painting? / ¿Que sientes al ver esta pintura?

My friend Caleb posted this painting on his blog a week or two ago and I can’t get it out of my head.

My amigo Caleb puso esta pintura en su blog hace una o dos semanas y no lo puedo quitar de mi cabeza

Ben Sternke

http://bensternke.com